Ponemos sólo lo referido a Sara Montiel en un extensísimo reportaje dedicado a los 100 años del cine español.
Curva Ibérica
Tras el duelo al
sol entre la Piquer y la Argentina que remedaron en los tablaos del mundo Lola
Flores y Carmen Amaya, también cinéfilas, hubo que esperar un tiempo hasta que
el corazón le estallara al país con Sara Montiel, sin duda y hasta hoy, la actriz
española más internacional, con joyas en su haber como Veracruz.
La de Campo de
Criptana, con sus escotes de infarto y su decir castellano-chulapón, se ganó el
cielo en 1957 con El último cuplé,
melodrama de una generación de españoles a cargo de nuevo del Almodóvar del
momento: el ilustre Juan de Orduña.
SARA MONTIEL. Es la actriz más internacional del cine español. Sus escotes de infarto y su acento chulapón conmovieron a Gary Cooper en "Veracruz".
Con Letras de Oro
FOLCLÓRICAS
La primera gran
vedette del cine español fue Raquel
Meller. Pronto llegó y triunfó Imperio Argentina. Concha Piquer arrasó de la
mano de Benito Perojo. Sarita Montiel incluso cruzó el charco. En el estrellato
también están gentes del tronío de Lola Flores, Carmen Sevilla o la inolvidable
Carmen Amaya. Incluso, recientemente, se ha pretendido relanzar el género con
la viuda de España, Isabel Pantoja.
HOLLYWOOD
Antonio Banderas
llegó a la Meca del cine cantando canciones de amor como un exiliado cubano.
Pero enseguida venció. El actor malagueño recogió el testigo de latin lover, se lio la manta a la cabeza
y se marchó a hacer las Américas. No fue el primero, ni será el último. Sara
Montiel, Fernando Rey, Carmen Sevilla, y mucho después Aitana o Victoria Abril,
también salieron a la conquista del Oeste.
EL RECORTE CCCXXIX
En 2007 era la propia actriz quien hacía un repaso de su carrera cinematográfica y el cine en general. Era para la revista Osaca de 25 de Febrero de aquel año.
SARA MONTIEL
artista
“MIENTRAS TENGA VOZ Y FIGURA, SEGUIRÉ CANTANDO”
DURANTE SUS 78 AÑOS DE VIDA, HA HECHO DE TODO. HA
CONQUISTADO EL MERCADO DEL CINE EN ESPAÑA, MÉXICO Y ESTADOS UNIDOS, HA
PROTAGONIZADO HISTORIAS DEL CORAZÓN Y HA VENDIDO MILLONES DE DISCOS. ASEGURA
QUE SU GRAN AMOR “COMO MUJER” HA SIDO SEVERO OCHOA, PERO QUE SU MADRE IMPIDIÓ
QUE ESA RELACIÓN FUERA A MÁS.
Pese a sus
confesados 78 años, Sara Montiel, Antonia Abad en la intimidad, sigue siendo
esa coqueta fémina irresistible, mujer libre capa de seducir cualquier
instantánea con una pequeña mueca de labios. Sus ojos grandes, su piel tersa,
más limpia que la traición de las fotografías, son tan universales como sus
leyendas. No en vano, fue la primera actriz que se atrevió a cruzar el charco
para trabajar, primero en el cine mexicano, luego con las grandes productoras
norteamericanas. Pero en Sara casi todo es amor, destila pasión por los cuatro
costados, recuerda sus historias como si fueran guiones. Pasado el tiempo,
afirma que “como mujer” no hubo un hombre a quien quisiera tanto como a Severo
Ochoa, ni amigos tan grandes como la hija de Hitchcock, de quien aprendió a
montar largometrajes junto a su marido, Anthony Mann, y Paul Newman.
Es usted manchega, pero qué pronto abandonó su
tierra.
Me
vine muy jovencita. Llegué a Madrid con 14 años. Pero antes, en 1932, viví en
Orihuela porque a mi padre, que era asmático y le iba muy mal el frío, le
recomendaron un clima benigno que no fuera tan duro como el de La Mancha, que
por supuesto es una tierra que adoro. Tengo calles en muchos pueblos.
Dice la leyenda que fue en Orihuela donde la
descubrieron como cantante.
Sí,
en una procesión de Semana Santa. Yo cantaba una saeta. Y entonces, Vicente
Casanova me vio. Él era el presidente de una productora muy importante que se
llamaba Cifesa. Eso fue lo que me dio la oportunidad de participar en un
concurso de canción infantil, al que me presenté, gané, y ya me quedé en
Madrid.
Significó su pasaporte a la fama.
De
alguna manera sí. Ese concurso me dio la oportunidad de aprovecharme de un
contrato con Cifesa para hacer cine. Con 15 años ya estaba haciendo un papelito
pequeño para una película; más tarde me eligieron para hacer otro largometraje
con Fernando Fernán Gómez en una comedia muy simpática. Entonces tenía 16 años.
¡Ah!, esa cinta sí que me dio fama.
Tenía clarísimo que quería dedicarse al mundo del
espectáculo.
Primero
quise cantar, pero luego me llegó el cine, que ha sido toda mi vida.
¿Qué hizo su familia? ¿La dejaron sola? Entonces no
se llevaba eso.
Mi
padre vino al estreno de la película en septiembre del 44; y el 22 de diciembre
murió. Así que mi madre y mi hermana se vinieron a vivir conmigo a Madrid,
hasta que, años más tarde, con fuimos a vivir a México. Siempre he estado
rodeada de mi familia. No daba un paso sin ella. Hasta hace poco he dormido con
mi hermana Elpidia, bueno, con ella, y con mi perrito.
Entonces usted era muy joven. ¿No lamentaba perder
cosas de su juventud, de la vida de una chica normal?
Siempre
he sido muy niña. Entonces, en aquel tiempo, las niñas éramos muy niñas. Llevé
los calcetines hasta los 18 años. No me puse medias hasta, buf… Muy mayor. Fue
cuando ya cambié radicalmente.
¿Ni siquiera en su primera película? Por cierto, que
se la vio como una pipiola.
En
mi primera cinta me enseñaron a caminar con tacones porque no sabía. Era una
bebé, una nena. Tenía 16 años, no 16 años de los de ahora. Ahora una chica de
esa edad sabe álgebra. Pero es que yo me enamoré del cine, y empecé a hacerlo,
y sin darme cuenta me metí, me metí, hasta que me fui a trabajar a México.
¿Fue un cambio radical vivir allí?
Sí,
sí, hasta entonces sólo había tenido dos o tres papelitos de protagonistas. El
resto eran pequeños, muy buenos, pero pequeños. No me conformaba con eso.
¿Cómo le llegó esa oportunidad de México?
Con
Locura de amor. Se estrenó en aquel
país, y causó furor. Interpretaba a la princesa mora, Aldara, un personaje que
gustó muchísimo, así que me llamaron ofreciéndome inmediatamente un contrato.
Cuando me di cuenta, estaba trabajando en Furia
Roja, con Arturo de Córdova, que era un galán muy importante. Después de
ese largometraje hice otros tres con Pedro Infante, otro actor famosísimo en
México. A raíz de esos papeles, me hice muy famosa allí.
Dicen que ese cine era de culto.
Es
que fueron películas muy buenas. Fíjese, con Piel Canela me salió el trabajo para Veracruz en los Estados Unidos.
Pasó mucho tiempo al otro lado del Atlántico, ¿supo
adaptarse?
Pasé
varios años. Estuve muchísimo tiempo sin volver a España, al menos cuatro años,
y mis hermanos estaban aquí, mucha de mi familia estaba en España. Lo que
ocurre es que no tenía mucho dinero, en contra de lo que puedan pensar de las
estrellas de entonces. A pesar de haber tenido la suerte de haber hecho siempre
de protagonista, no teníamos tantos recursos.
¿Es verdad que cuando se fue a Estados Unidos le
ofrecieron un contrato para siete años y usted finalmente lo rechazó?
Eso
fue en el 51. Me lo ofreció Max Arnold, el productor de La Columbia, el que
elegía a las actrices. Era un cazatalentos, como les llaman allí en América. Le
gusté mucho. Había visto dos de mis películas mexicanas. Inmediatamente su
productora me llamó y me ofreció un contrato durante siete años. Entonces no
sabía inglés, y mi contrato estaba en inglés. Así que tuve que llamar a un
abogado que hablara español para que me lo tradujera. Pero no me convino. Era
durísimo. En siete años no me podía casar, no podía viajar, estaba atada de
pies a manos. Y yo era muy, muy libre.
No por ello dejó de trabajar en el cine americano.
Claro
que no. Luego me llamaron de la Warner para hacer tres películas. Después
quisieron prorrogarlas, pero ya había hecho El
último cuplé, con el que había tenido un éxito tremendo. Eso me aportó un
contrato maravilloso con Francia e Italia, en coproducción con España.
Atrás quedaron los años de la Meca del Cine.
Una
etapa muy bonita. Conocí a mucha gente. Allí descubrí a Hitchcock, de quien me
hice amiga; conocí a mi marido, con quien estuve casada durante siete años. De
vez en cuando venía a España, trabajaba, y luego me volvía a casa con Anthony.
Guardo gratos recuerdos.
Con tan buenos amigos aprendería inglés en poco
tiempo.
Claro.
No he sido doblada nunca. Ni en español ni en inglés. Tuve una profesora muy
buena, buenísima.
Cuando se casó con Anthony Mann ya sabría decir algo
en inglés.
Cuando
me casé con él hablaba un inglés perfecto… ¡Ay, la boda! Para los españoles fue
un auténtico shock. Sobre todo porque me casé por lo civil. Aquí eso estaba muy
mal visto.
¿Cómo se sentía la actriz española en esa cultura
tan lejana a la nuestra?
En
aquel tiempo, ser latina era un hándicap muy grande. Por supuesto, la gente de
color no trabajaba. Si lo hacía, era de criado. En cualquier caso, no es como
ahora, que hay actores maravillosos como Denzel Washintong, que incluso se
hacen millonarios con una sola película. Y aunque yo decía I from Spain, me confundían con México. Cuando me lanzaron en Veracruz, me presentaron como española,
de La Mancha, de El Quijote de La Mancha.
¿Quiénes eran entonces sus apoyos en Estados Unidos?
Mi
madre estaba conmigo, incluso cuando me casé con Anthony. Mis novios se tenían
que casar antes con ella que conmigo. Pero respondiendo a la pregunta, tengo
que decir que tuve grandes amigos. Hice mucha amistad con Joan Fontaine, con
quien trabajé en Serenade, también
entablé relación con Sam Fuller, Glenn Ford y su mujer; con la hija de
Hictchock, con quien me llevaba muy bien. ¿Sabe que era ella la que hacía los
primeros montajes de las películas de su padre?
No tenía ni idea.
Y
además yo se los hacía a mi marido, a Anthony.
Pero, ¿usted aprendió a montar?
Sí,
sí, aprendí montaje, script,
iluminación, fotografía… Aprendí en Estados Unidos, pero ya sabía cosas que
asimilé en México.
Podría haber sido directora de cine.
Sí.
No he sido directora de cine porque, desafortunadamente, no tenía estudios. Era
un requisito tanto en Estados Unidos como en España. Y yo no tenía el
bachillerato… Me hubiera gustado ser directora de cine, hubiera sido muy buena.
También conoció a James Dean.
Justo
tres días antes de que muriese. Iba a ir con él a un sitio, pero al final no
quise. Se mató por no llevar las gafas, era miope. Pero nuestra foto juntos ya
había dado la vuelta al mundo… Ah, también fui amiga de Paul Newman y su mujer.
Y llegan El
último cuplé, La violetera, Carmen la de Ronda, una saga de películas que
marcan un punto de inflexión en su carrera. Ese éxito venía a demostrar que
Sara Montiel era una buena actriz, que no se había ido a Estados Unidos porque
sí.
Cuando
me fui a Estados Unidos tenía 22 años, y ya había hecho varias películas en
España y en México, pero yo quería papeles mejores. En realidad, fue Miguel
Mihura quien me animó. Él fue el primer hombre de mi vida.
Sin embargo, y aunque estaba muy enamorada de Mihura
como dice, prefirió abandonar España.
Le
conocí con 17 años. Con 20, estaba dispuesta a casarme con él. Pero él no
quiso. Nos queríamos muchísimo. Él tenía 42 años, y además estaba muy enfermo,
padecía un tumor que le postró durante largo tiempo en la cama. Cojeaba un
poco, y no quería contraer matrimonio porque me veía muy joven. No obstante, me
pagó los billetes para volar a México… Lo eché mucho de menos. Hace poco
encontré cartas suyas, estas cosas que ocurren cuando uno hace mudanzas y de
repente aparecen recuerdos que dabas por perdidos… ¡Nos queríamos muchísimo!
Siempre ha dicho, sin embargo, que de todos los
hombres que ha amado, que han pasado por su vida, Pepe Tous fue a quien más
quiso.
Como
mujer, en realidad, fue a Severo Ochoa a quien quise con locura. Porque Severo
y yo estuvimos casi cinco años. Desde principios de 1951 hasta 1955. Él se
quiso divorciar, y mi madre no lo consintió porque nos hubiéramos equivocado
muchísimo. Cuando lo conocí, él tenía 46 años. Era un amor a escondidas. Y no
entiendo porqué la familia me ha reprochado tanto. Sus sobrinos lo saben, un
primo hermano suyo lo sabía desde el primer momento. Lo que pasa es que
entonces él no era famoso, y yo no era tan conocida.
Ha tenido siempre mucho atractivo para los
intelectuales…
También
estuvo con León Felipe. Se enamoró locamente de mí. Era un hombre maravilloso.
Sara Montiel, que ha gozado de belleza, dinero,
éxito, reconocimiento, seguro que siente alguna frustración en su vida.
El
único error que he cometido en mi vida es haberme casado con el cubano. Creí
que era un buen chico, un buen hombre. Hoy tiene 46 años, luego tampoco es un
niño. No pude comprender que me engañara. Después lo entendí. Los valores
humanos en Cuba no creo que estén muy bien con Fidel Castro.
¿Le habló de política en alguna ocasión?
Le
dejé cuando me dijo que era de la seguridad de Fidel Castro. No lo intuí. Me lo
dijo a los 11 días de casada. Al día siguiente de mi matrimonio, una persona
que venía de Estados Unidos me llamó para decirme: “Antonia, te has equivocado
con este chico, ten cuidado”.
Para una persona como usted, esta relación no habrá
supuesto algo más que una pequeña piedra en el camino.
Ah,
nada, no ha supuesto nada. Está olvidado. A los 10 días de casada le mandé la
separación. Llevo ya tres años divorciada.
Volvamos al séptimo arte. Cuando se acaba aquella
etapa dorada de esas películas tan bonitas como El último cuplé, llega el cine del destape. ¿Qué hace Sara Montiel
entonces?
Ahí
es donde yo me retiro del cine. Jamás salí desnuda en ninguna película. Ese
cine era muy barato, muy descarado. No iba conmigo. Me ofrecieron muchísimos
contratos. Si los hubiera aceptado, hoy sería millonaria. Me dediqué a mis
espectáculos. Me presenté en todos los teatros del mundo. En Los Ángeles, en
Nueva York, en San Francisco, en Buenos Aires…
¿Qué hay de ese nuevo disco del que se está
hablando?
No,
yo no. Es mi hijo el que va a sacar un disco. Lo que sí voy a hacer es un nuevo
espectáculo musical en Madrid, con un repertorio de todas mis películas.
Morirá con las botas puestas.
Con
las botas puestas no creo, porque yo no uso botas; pero sí con los zapatos
puestos, con esos tacones con los que aprendí a andar cuando tenía 18 años.
Sorprende que una manchega como usted no haya
trabajado nunca con un paisano, Pedro Almodóvar.
Pedro,
Pedro… En una de las últimas películas que hizo Almodóvar, La mala educación, salgo actuando, cantando.
Eso puede entenderse como un homenaje. Nos referimos
a una actuación en el tiempo real.
No,
no. El cine ya se quedó atrás, y eso que me han ofrecido muchas cosas. Todavía
me llegan muchos proyectos, incluso de la televisión, pero la televisión no me
gusta. Además, mientras tenga voz y figura, prefiero cantar. Seguiré haciendo
mis conciertos… Después de 50 años, todavía me sigue rentando El último cuplé, disco de oro no sé
cuántas veces. He vendido millones.
Le molesta que comparen su carrera con la de
Penélope Cruz.
Creo
que el sol sale para todo el mundo, pensó que todos tenemos que luchar para
abrirse camino. Me parece muy bien que Penélope lo haga en Estados Unidos, en
Francia…
Cree que el cine español le ha rendido los homenajes
suficientes.
Claro
que sí. Me han hecho todos los reconocimientos que se pueden hacer. Tengo
muchos premios. Estoy contentísima, me sobran los galardones.
TEXTO CARMEN
OBREGÓN
FOTOS RUEDA VILLAVERDE
LA FOTO CCCXXIX
Otra foto de Rueda Villaverde para el reportaje de 2007.









No hay comentarios:
Publicar un comentario