lunes, 9 de diciembre de 2019

CAMBIO 16 - 20 de Mayo de 1.996 - España


Ponemos sólo lo referido a Sara Montiel en un extensísimo reportaje dedicado a los 100 años del cine español. 

Curva Ibérica
Tras el duelo al sol entre la Piquer y la Argentina que remedaron en los tablaos del mundo Lola Flores y Carmen Amaya, también cinéfilas, hubo que esperar un tiempo hasta que el corazón le estallara al país con Sara Montiel, sin duda y hasta hoy, la actriz española más internacional, con joyas en su haber como Veracruz.
La de Campo de Criptana, con sus escotes de infarto y su decir castellano-chulapón, se ganó el cielo en 1957 con El último cuplé, melodrama de una generación de españoles a cargo de nuevo del Almodóvar del momento: el ilustre Juan de Orduña.


SARA MONTIEL. Es la actriz más internacional del cine español. Sus escotes de infarto y su acento chulapón conmovieron a Gary Cooper en "Veracruz". 

Con Letras de Oro

FOLCLÓRICAS
La primera gran vedette del cine español fue Raquel Meller. Pronto llegó y triunfó Imperio Argentina. Concha Piquer arrasó de la mano de Benito Perojo. Sarita Montiel incluso cruzó el charco. En el estrellato también están gentes del tronío de Lola Flores, Carmen Sevilla o la inolvidable Carmen Amaya. Incluso, recientemente, se ha pretendido relanzar el género con la viuda de España, Isabel Pantoja.
HOLLYWOOD
Antonio Banderas llegó a la Meca del cine cantando canciones de amor como un exiliado cubano. Pero enseguida venció. El actor malagueño recogió el testigo de latin lover, se lio la manta a la cabeza y se marchó a hacer las Américas. No fue el primero, ni será el último. Sara Montiel, Fernando Rey, Carmen Sevilla, y mucho después Aitana o Victoria Abril, también salieron a la conquista del Oeste.


EL RECORTE CCCXXIX
En 2007 era la propia actriz quien hacía un repaso de su carrera cinematográfica y el cine en general. Era para la revista Osaca de 25 de Febrero de aquel año.  


SARA MONTIEL
artista
“MIENTRAS TENGA VOZ Y FIGURA, SEGUIRÉ CANTANDO”
DURANTE SUS 78 AÑOS DE VIDA, HA HECHO DE TODO. HA CONQUISTADO EL MERCADO DEL CINE EN ESPAÑA, MÉXICO Y ESTADOS UNIDOS, HA PROTAGONIZADO HISTORIAS DEL CORAZÓN Y HA VENDIDO MILLONES DE DISCOS. ASEGURA QUE SU GRAN AMOR “COMO MUJER” HA SIDO SEVERO OCHOA, PERO QUE SU MADRE IMPIDIÓ QUE ESA RELACIÓN FUERA A MÁS. 

Pese a sus confesados 78 años, Sara Montiel, Antonia Abad en la intimidad, sigue siendo esa coqueta fémina irresistible, mujer libre capa de seducir cualquier instantánea con una pequeña mueca de labios. Sus ojos grandes, su piel tersa, más limpia que la traición de las fotografías, son tan universales como sus leyendas. No en vano, fue la primera actriz que se atrevió a cruzar el charco para trabajar, primero en el cine mexicano, luego con las grandes productoras norteamericanas. Pero en Sara casi todo es amor, destila pasión por los cuatro costados, recuerda sus historias como si fueran guiones. Pasado el tiempo, afirma que “como mujer” no hubo un hombre a quien quisiera tanto como a Severo Ochoa, ni amigos tan grandes como la hija de Hitchcock, de quien aprendió a montar largometrajes junto a su marido, Anthony Mann, y Paul Newman.
Es usted manchega, pero qué pronto abandonó su tierra.
Me vine muy jovencita. Llegué a Madrid con 14 años. Pero antes, en 1932, viví en Orihuela porque a mi padre, que era asmático y le iba muy mal el frío, le recomendaron un clima benigno que no fuera tan duro como el de La Mancha, que por supuesto es una tierra que adoro. Tengo calles en muchos pueblos.
Dice la leyenda que fue en Orihuela donde la descubrieron como cantante.
Sí, en una procesión de Semana Santa. Yo cantaba una saeta. Y entonces, Vicente Casanova me vio. Él era el presidente de una productora muy importante que se llamaba Cifesa. Eso fue lo que me dio la oportunidad de participar en un concurso de canción infantil, al que me presenté, gané, y ya me quedé en Madrid.
Significó su pasaporte a la fama.
De alguna manera sí. Ese concurso me dio la oportunidad de aprovecharme de un contrato con Cifesa para hacer cine. Con 15 años ya estaba haciendo un papelito pequeño para una película; más tarde me eligieron para hacer otro largometraje con Fernando Fernán Gómez en una comedia muy simpática. Entonces tenía 16 años. ¡Ah!, esa cinta sí que me dio fama.
Tenía clarísimo que quería dedicarse al mundo del espectáculo.
Primero quise cantar, pero luego me llegó el cine, que ha sido toda mi vida.


¿Qué hizo su familia? ¿La dejaron sola? Entonces no se llevaba eso.
Mi padre vino al estreno de la película en septiembre del 44; y el 22 de diciembre murió. Así que mi madre y mi hermana se vinieron a vivir conmigo a Madrid, hasta que, años más tarde, con fuimos a vivir a México. Siempre he estado rodeada de mi familia. No daba un paso sin ella. Hasta hace poco he dormido con mi hermana Elpidia, bueno, con ella, y con mi perrito.
Entonces usted era muy joven. ¿No lamentaba perder cosas de su juventud, de la vida de una chica normal?
Siempre he sido muy niña. Entonces, en aquel tiempo, las niñas éramos muy niñas. Llevé los calcetines hasta los 18 años. No me puse medias hasta, buf… Muy mayor. Fue cuando ya cambié radicalmente.
¿Ni siquiera en su primera película? Por cierto, que se la vio como una pipiola.
En mi primera cinta me enseñaron a caminar con tacones porque no sabía. Era una bebé, una nena. Tenía 16 años, no 16 años de los de ahora. Ahora una chica de esa edad sabe álgebra. Pero es que yo me enamoré del cine, y empecé a hacerlo, y sin darme cuenta me metí, me metí, hasta que me fui a trabajar a México.
¿Fue un cambio radical vivir allí?
Sí, sí, hasta entonces sólo había tenido dos o tres papelitos de protagonistas. El resto eran pequeños, muy buenos, pero pequeños. No me conformaba con eso.
¿Cómo le llegó esa oportunidad de México?
Con Locura de amor. Se estrenó en aquel país, y causó furor. Interpretaba a la princesa mora, Aldara, un personaje que gustó muchísimo, así que me llamaron ofreciéndome inmediatamente un contrato. Cuando me di cuenta, estaba trabajando en Furia Roja, con Arturo de Córdova, que era un galán muy importante. Después de ese largometraje hice otros tres con Pedro Infante, otro actor famosísimo en México. A raíz de esos papeles, me hice muy famosa allí.
Dicen que ese cine era de culto.
Es que fueron películas muy buenas. Fíjese, con Piel Canela me salió el trabajo para Veracruz en los Estados Unidos.
Pasó mucho tiempo al otro lado del Atlántico, ¿supo adaptarse?
Pasé varios años. Estuve muchísimo tiempo sin volver a España, al menos cuatro años, y mis hermanos estaban aquí, mucha de mi familia estaba en España. Lo que ocurre es que no tenía mucho dinero, en contra de lo que puedan pensar de las estrellas de entonces. A pesar de haber tenido la suerte de haber hecho siempre de protagonista, no teníamos tantos recursos.


¿Es verdad que cuando se fue a Estados Unidos le ofrecieron un contrato para siete años y usted finalmente lo rechazó?
Eso fue en el 51. Me lo ofreció Max Arnold, el productor de La Columbia, el que elegía a las actrices. Era un cazatalentos, como les llaman allí en América. Le gusté mucho. Había visto dos de mis películas mexicanas. Inmediatamente su productora me llamó y me ofreció un contrato durante siete años. Entonces no sabía inglés, y mi contrato estaba en inglés. Así que tuve que llamar a un abogado que hablara español para que me lo tradujera. Pero no me convino. Era durísimo. En siete años no me podía casar, no podía viajar, estaba atada de pies a manos. Y yo era muy, muy libre.
No por ello dejó de trabajar en el cine americano.
Claro que no. Luego me llamaron de la Warner para hacer tres películas. Después quisieron prorrogarlas, pero ya había hecho El último cuplé, con el que había tenido un éxito tremendo. Eso me aportó un contrato maravilloso con Francia e Italia, en coproducción con España.
Atrás quedaron los años de la Meca del Cine.
Una etapa muy bonita. Conocí a mucha gente. Allí descubrí a Hitchcock, de quien me hice amiga; conocí a mi marido, con quien estuve casada durante siete años. De vez en cuando venía a España, trabajaba, y luego me volvía a casa con Anthony. Guardo gratos recuerdos.
Con tan buenos amigos aprendería inglés en poco tiempo.
Claro. No he sido doblada nunca. Ni en español ni en inglés. Tuve una profesora muy buena, buenísima.
Cuando se casó con Anthony Mann ya sabría decir algo en inglés.
Cuando me casé con él hablaba un inglés perfecto… ¡Ay, la boda! Para los españoles fue un auténtico shock. Sobre todo porque me casé por lo civil. Aquí eso estaba muy mal visto.
¿Cómo se sentía la actriz española en esa cultura tan lejana a la nuestra?
En aquel tiempo, ser latina era un hándicap muy grande. Por supuesto, la gente de color no trabajaba. Si lo hacía, era de criado. En cualquier caso, no es como ahora, que hay actores maravillosos como Denzel Washintong, que incluso se hacen millonarios con una sola película. Y aunque yo decía I from Spain, me confundían con México. Cuando me lanzaron en Veracruz, me presentaron como española, de La Mancha, de El Quijote de La Mancha.
¿Quiénes eran entonces sus apoyos en Estados Unidos?
Mi madre estaba conmigo, incluso cuando me casé con Anthony. Mis novios se tenían que casar antes con ella que conmigo. Pero respondiendo a la pregunta, tengo que decir que tuve grandes amigos. Hice mucha amistad con Joan Fontaine, con quien trabajé en Serenade, también entablé relación con Sam Fuller, Glenn Ford y su mujer; con la hija de Hictchock, con quien me llevaba muy bien. ¿Sabe que era ella la que hacía los primeros montajes de las películas de su padre?
No tenía ni idea.
Y además yo se los hacía a mi marido, a Anthony.
Pero, ¿usted aprendió a montar?
Sí, sí, aprendí montaje, script, iluminación, fotografía… Aprendí en Estados Unidos, pero ya sabía cosas que asimilé en México.
Podría haber sido directora de cine.
Sí. No he sido directora de cine porque, desafortunadamente, no tenía estudios. Era un requisito tanto en Estados Unidos como en España. Y yo no tenía el bachillerato… Me hubiera gustado ser directora de cine, hubiera sido muy buena.
También conoció a James Dean.
Justo tres días antes de que muriese. Iba a ir con él a un sitio, pero al final no quise. Se mató por no llevar las gafas, era miope. Pero nuestra foto juntos ya había dado la vuelta al mundo… Ah, también fui amiga de Paul Newman y su mujer.


Y llegan El último cuplé, La violetera, Carmen la de Ronda, una saga de películas que marcan un punto de inflexión en su carrera. Ese éxito venía a demostrar que Sara Montiel era una buena actriz, que no se había ido a Estados Unidos porque sí.
Cuando me fui a Estados Unidos tenía 22 años, y ya había hecho varias películas en España y en México, pero yo quería papeles mejores. En realidad, fue Miguel Mihura quien me animó. Él fue el primer hombre de mi vida.
Sin embargo, y aunque estaba muy enamorada de Mihura como dice, prefirió abandonar España.
Le conocí con 17 años. Con 20, estaba dispuesta a casarme con él. Pero él no quiso. Nos queríamos muchísimo. Él tenía 42 años, y además estaba muy enfermo, padecía un tumor que le postró durante largo tiempo en la cama. Cojeaba un poco, y no quería contraer matrimonio porque me veía muy joven. No obstante, me pagó los billetes para volar a México… Lo eché mucho de menos. Hace poco encontré cartas suyas, estas cosas que ocurren cuando uno hace mudanzas y de repente aparecen recuerdos que dabas por perdidos… ¡Nos queríamos muchísimo!
Siempre ha dicho, sin embargo, que de todos los hombres que ha amado, que han pasado por su vida, Pepe Tous fue a quien más quiso.
Como mujer, en realidad, fue a Severo Ochoa a quien quise con locura. Porque Severo y yo estuvimos casi cinco años. Desde principios de 1951 hasta 1955. Él se quiso divorciar, y mi madre no lo consintió porque nos hubiéramos equivocado muchísimo. Cuando lo conocí, él tenía 46 años. Era un amor a escondidas. Y no entiendo porqué la familia me ha reprochado tanto. Sus sobrinos lo saben, un primo hermano suyo lo sabía desde el primer momento. Lo que pasa es que entonces él no era famoso, y yo no era tan conocida.
Ha tenido siempre mucho atractivo para los intelectuales…
También estuvo con León Felipe. Se enamoró locamente de mí. Era un hombre maravilloso.


Sara Montiel, que ha gozado de belleza, dinero, éxito, reconocimiento, seguro que siente alguna frustración en su vida.
El único error que he cometido en mi vida es haberme casado con el cubano. Creí que era un buen chico, un buen hombre. Hoy tiene 46 años, luego tampoco es un niño. No pude comprender que me engañara. Después lo entendí. Los valores humanos en Cuba no creo que estén muy bien con Fidel Castro.
¿Le habló de política en alguna ocasión?
Le dejé cuando me dijo que era de la seguridad de Fidel Castro. No lo intuí. Me lo dijo a los 11 días de casada. Al día siguiente de mi matrimonio, una persona que venía de Estados Unidos me llamó para decirme: “Antonia, te has equivocado con este chico, ten cuidado”.
Para una persona como usted, esta relación no habrá supuesto algo más que una pequeña piedra en el camino.
Ah, nada, no ha supuesto nada. Está olvidado. A los 10 días de casada le mandé la separación. Llevo ya tres años divorciada.
Volvamos al séptimo arte. Cuando se acaba aquella etapa dorada de esas películas tan bonitas como El último cuplé, llega el cine del destape. ¿Qué hace Sara Montiel entonces?
Ahí es donde yo me retiro del cine. Jamás salí desnuda en ninguna película. Ese cine era muy barato, muy descarado. No iba conmigo. Me ofrecieron muchísimos contratos. Si los hubiera aceptado, hoy sería millonaria. Me dediqué a mis espectáculos. Me presenté en todos los teatros del mundo. En Los Ángeles, en Nueva York, en San Francisco, en Buenos Aires…
¿Qué hay de ese nuevo disco del que se está hablando?
No, yo no. Es mi hijo el que va a sacar un disco. Lo que sí voy a hacer es un nuevo espectáculo musical en Madrid, con un repertorio de todas mis películas.
Morirá con las botas puestas.
Con las botas puestas no creo, porque yo no uso botas; pero sí con los zapatos puestos, con esos tacones con los que aprendí a andar cuando tenía 18 años.
Sorprende que una manchega como usted no haya trabajado nunca con un paisano, Pedro Almodóvar.
Pedro, Pedro… En una de las últimas películas que hizo Almodóvar, La mala educación, salgo actuando, cantando.
Eso puede entenderse como un homenaje. Nos referimos a una actuación en el tiempo real.
No, no. El cine ya se quedó atrás, y eso que me han ofrecido muchas cosas. Todavía me llegan muchos proyectos, incluso de la televisión, pero la televisión no me gusta. Además, mientras tenga voz y figura, prefiero cantar. Seguiré haciendo mis conciertos… Después de 50 años, todavía me sigue rentando El último cuplé, disco de oro no sé cuántas veces. He vendido millones.


Le molesta que comparen su carrera con la de Penélope Cruz.
Creo que el sol sale para todo el mundo, pensó que todos tenemos que luchar para abrirse camino. Me parece muy bien que Penélope lo haga en Estados Unidos, en Francia…
Cree que el cine español le ha rendido los homenajes suficientes.
Claro que sí. Me han hecho todos los reconocimientos que se pueden hacer. Tengo muchos premios. Estoy contentísima, me sobran los galardones.

 TEXTO CARMEN OBREGÓN
FOTOS RUEDA VILLAVERDE


LA FOTO CCCXXIX


Otra foto de Rueda Villaverde para el reportaje de 2007. 

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