Luís Pliego
Director
Sara vuelve al firmamento
“Le prometí a mi
madre que no sería nunca ni una fulana ni una borracha. Sólo cumplí lo segundo,
porque debo reconocer que siempre he sido un poco casquivana”, me dijo Sara
Montiel la última vez que la entrevisté. La gran diva del cine español había
cumplido 75 años y acababa de publicar un tomo de memorias sexuales que levantó
bastante polémica. Sara siempre tuvo claro que cuando dejan de hablar de ti se
muere un poco. Por eso fue muy generosa cuando le pedí que me diera un buen
titular. “Pon que a mi edad todavía aprendo cosas del sexo”, me contestó,
consciente de que así conseguiría más espacio en el periódico en el que yo
trabajaba entonces. Con la noticia de su muerte, seguiremos hablando de ella y
le rendiremos los homenajes que quizá ya debería haber recibido porque Sara ha
vuelto a su lugar natural: el firmamento.
SARA MONTIEL
MUERE A LOS 85 AÑOS
Lágrimas por una gran estrella
Sus hijos, Thais y Zeus, recibieron el cariño de
muchos amigos de la actriz manchega que acudieron al tanatorio a despedirla
Vivió brillando
como una gran estrella. Y se fue tranquila, sin poder despedirse de nadie, pero
cerca, muy cerca de los suyos. Sara Montiel moría el lunes 8 de abril en su
casa de Madrid a los 85 años. Por la mañana, mientras el sol brillaba en la
capital, su corazón se apagaba para siempre en brazos de su hija, Thais, y la
noticia corría como la pólvora. Había
muerto la gran diva del cine español y todos querían decirle adiós.
Amigos, familia y admiradores no tardaron en desfilar por la capilla ardiente
del tanatorio de San Isidro. No pudieron ver a Sara, ya que por expreso deseo
de la actriz su cuerpo no iba a ser expuesto, pero todos le dijeron adiós.
Emocionadas vimos a Marujita Díaz, Norma Duval, Encarnita Polo, Loles León y
Conchita Bautista, que recordaba la amistad que la unía a Sara: “Éramos amigas.
Se nos ha ido una estrella. Me quedo con el cariño que siempre me ha tenido”,
decía. Una de las primeras en llegar fue Natalia Figueroa con su nuera, Amelia
Bono, que dieron el pésame a los hijos de la actriz en nombre de Raphael, de
gira. Bibiana Fernández recordó con un punto de humor la figura de Sara. “Era muy
coqueta, yo me he maquillado en su honor”, dijo la actriz. “Aquí venimos a
reírla”, añadió Loles León. Y entre todos, sus hijos, Zeus (29) y Thais
(34), que destrozada no logró mediar palabra. Sí lo hizo Zeus, agradeciendo a
todos el cariño recibido. “Espero que todo el mundo se lleve un buen recuerdo de mi
madre”, dijo.
UNA HERENCIA INCIERTA
Ahora les toca
seguir solos, sin mamá. Por el momento, algunos han apuntado ya que Sara
Montiel ha muerto arruinada. Se contaba que llegó a tener una casa en cada
manzana del barrio de Salamanca de Madrid, pero que tantos años sin trabajar y
la crisis la obligaron a deshacerse de todo. Quizás hoy sus hijos no vayan a
heredar más que deudas. Con el tiempo se verá.
Por S.Quiroga
SARA MONTIEL
Vivió, soñó y fue libre
Con la marcha de la actriz desaparece una de las
grandes leyendas del cine universal
por Bob Pop
“Yo tengo mucho miedo a la muerte y
solo el pensar que puedo reencarnarme me consuela. He amado y sigo amando los
amaneceres, los paseos por las calles desiertas, el perfume de las flores o el
verdor diverso de las plantas. He gozado acariciando rocas y hombres, bañándome
en cualquier mar o sintiendo en mi piel un placer sensual. ¿Cómo pensar que
todo eso se acaba, se corta, se rompe cuando uno muere?”
Sara Montiel en sus ‘MEMORIAS’ publicadas en
LECTURAS
Cómo pensar que
todo eso se acaba, se corta, se rompe cuando uno muere?” decía Sara Montiel en
el primer capítulo de sus Memorias, publicadas por LECTURAS EN 1983. Fue
hace 30 años, cuando la actriz visitaba la redacción barcelonesa de esta
revista para contarle su historia al maestro del periodismo José Martí Gómez,
que durante 25 semanas fue escribiendo los recuerdos de una mujer que,
entonces, aún necesitaba demostrarse algo: “Ser una
actriz de teatro dramático. Y lo seré. Por la memoria de León Felipe”.
Así terminaban ‘Las memorias de Sara Montiel’. Y sin haber aprobado esa
asignatura ha acabado, a los 85 años, su vida. Hoy, ese logro no es tan
importante, porque Sara consiguió casi todo lo que se propuso y vivió a su
manera: “Me juré no tener ningún amo; ser pájaro
libre, y lo he cumplido”.
María Antonia
Abad, nacida el 10 de marzo de 1928 en un lugar humilde de Campo de Criptana
(Ciudad Real) fue tan libre como para vivir todas las vidas posibles, como para
hacerse un nombre en la historia del cine –Sara, por la bíblica esposa de
Abraham y Montiel por la tierra que la vio nacer- y poner a grandes hombres a
sus pies. Literalmente: el dramaturgo Miguel Mihura adoraba verla caminar
descalza por su casa, aunque prefirió sacrificar ese deleite por el futuro de
Sara. Fue el escritor quien la empujó a viajar a México, donde conocería al
poeta León Felipe, el hombre que la llamaba “pies bonitos”, y que se encargaría
de educarla y protegerla al otro lado del océano.
DE MÉXICO A HOLLYWOOD
Sara Montiel
llegó a México tras una breve carrera cinematográfica en España y en el país
norteamericano se consagró como una estrella en más de una decena de películas
antes de dar el salto a Hollywood en 1954 donde rodaría ‘Veracruz’, con Gary
Cooper y Burt Lancaster y ‘Serenade’ (1956), dirigida por Anthony Mann, que se
convertiría en su primer marido. Durante este rodaje entabló amistad con Liz
Taylor y James Dean, que filmaban ‘Gigante’ en el plató contiguo. “¿Qué sientes
cuando amas?”, le preguntó un día Sara a James Dean. “Que estoy vivo”,
respondió él.
“EL ÚLTIMO CUPLÉ”
“Será el éxito
de una mujer”, aseguró Lola Flores tras el estreno de ‘El último cuplé’. 1957
en España tiene un nombre: Sara Montiel”, decía el telegrama del director Juan
de Orduña que llegó a la mansión que Sara Montiel compartía con Anthony Mann en
Hollywood. “En la misma calle en la que vivíamos
Tony y yo residían muchos famosos: Joan Collins, Bárbara Stanwwyck, Mel Ferrer
y Audrey Hepburn…”recordaba Sara años más tarde a propósito de su vida
en Hollywood. Una vida doméstica sobre la que la manchega, años más tarde,
ilustraría a su amigo Terenci Moix con una historia desternillante que el
escritor relataba siempre que tenía ocasión, tal como hoy aún recuerda su gran amigo Boris Izaguirre.
Contaba Terenci que rememoraba Sara: “Teníamos una muchacha hebrea en el
servicio. Una muchacha que cantaba maravillosamente y que nos tenía enamorados
con su voz. Un día me acerqué a ella y le pregunté: ‘Muchacha hebrea, ¿qué
canción es esa tan hermosa que cantas?’ y ella me respondió: ‘Es una canción
que he compuesto yo, señora, se llama ‘People’.” “¡Sí!” –remataba Terenci en
éxtasis- “según Sara, esa muchacha hebrea sería después conocida como Barbra
Streissand”.
LA MEJOR PAGADA DEL MUNDO
Sara regresó a
España, tras el enorme éxito de ‘El último cuplé’, se convirtió en la actriz
mejor pagada del mundo (un millón de dólares por película), se separó de
Anthony Mann y se volvió a casar con José Vicente Ramírez Olalla, ‘Chente’, un
matrimonio que apenas duró dos meses.
Tras numerosos
éxitos en España, Sara abandonó el cine en 1973 tras ‘Cinco almohadas para una
noche’, una película que anunciaba el tímido inicio de la moda del ‘destape’ y
de la que Sara no se sentía especialmente orgullosa, si bien hay algo de aquel
filme que no olvidaría jamás: “El sonido de la última
claqueta siempre se queda grabado en el corazón”.
LA FELICIDAD CON PEPE TOUS
En 1979, tras
diez años de convivencia con Pepe Tous y después de haber adoptado a su primera
hija, Thais (1979), Sara Montiel y Pepe Tous se casaron. Cuatro años más tarde,
en 1983, adoptarían a su segundo hijo, Zeus. Durante esos años de armonía, Sara
se entregaría al teatro y a la televisión como protagonista de espectáculos
musicales donde seguiría inventando una voz personal, y desgranando sus
historias de Hollywood. Todo cambió en 1992 con el fallecimiento de Pepe Tous.
Todo había cambiado a su alrededor, y Sara no lo supo hasta entonces, cuando no
tuvo más remedio que enfrentarse a un mundo del que Tous siempre la había
protegido.
INVENTOS, SUEÑOS, VIDA´
“Pero,
¿qué invento es esto?”,
fue la frase antológica que pronunció Sara a las puertas del registro civil la
misma mañana de su boda con Tony Hernández, en el otoño de 2002. Una frase
icónica que, más allá de las chanzas que provocó, podría ser la pregunta
perfecta para responder a Sara: “Sara, ese invento eres tú. Y tú, Sara Montiel
has sido un invento maravilloso”.
Tras su muerte,
en su casa por la mañana, tranquila y en brazos de su hija Thais, desaparece la
narradora que mejor supo inventar su propia historia, la Sherezade que nos tuvo
hechizados con sus recreaciones, la mujer que ya no podrá contarse y que, allá
donde esté ahora, reencarnada como ella quería o quién sabe cómo, no tendrá que
enfrentarse a las historias de otros sobre ella.
“A
veces me digo a mí misma: ¡Qué tontos, qué inmensamente tontos hemos sido todos
dejando que nos destruyesen todo un mundo de sueños!” (‘Las memorias
de Sara Montiel’, publicadas por LECTURAS
a
lo largo de 1983).
Fotos: Archivo
EL RECORTE CCCLXXIX
Lo cierto es que, desde que la diva falleciera, no ha habido año que con algún u otro motivo, alguna revista haya recogido algún reportaje dedicado a ella. En este caso, la revista Lecturas, 15 de abril de 2020, hacía un recorrido por los hombres de Sara.
SE CUMPLEN SIETE AÑOS DE SU MUERTE
Lo que Sara nunca contó de sus grandes pasiones
Años antes de morir, la diva se sentó con Lecturas
para relatar sus memorias y destapar los secretos de alcoba de sus amantes,
como James Dean o Gary Cooper
El 8 de abril se
cumplen siete años de la muerte de la irrepetible Sara Montiel. El que fuera el
rostro más bello del cine español se fue a los 85 años reconvertida en la diva
gay más transgresora. Fue una superviviente desde su nacimiento en 1928 en el seno
de una familia pobre. Cuando su madre supo que estaba embarazada de ella se vio
obligada a abortar, pero no sabía que esperaba gemelos. Solo le quitaron una
placenta y la actriz se salvó. Que Antonia Abad –así la bautizaron- naciera fue
un milagro. Quizá por esto, su filosofía de vida siempre fue reírse de todo.
ADELANTADA A SU ÉPOCA
Su belleza
hipnótica la convirtió en icono sexual. Su mérito fue inmenso cuando debutó en
el cine. Miguel Mihura le había enseñado a leer muy poco antes, a los 16 años.
El escritor fue su primer amor. Sara hablaba de él con mucha pasión. “Fue el hombre que me hizo mujer, le volvía loco en la
cama y lo dejaba como un trapo”, confesó. En 1950, dio el salto a México
y, tras rodar trece largometrajes, desembarcó en Hollywood para gran
preocupación de su madre. “Le dije: ‘No te
preocupes, tu hija no va a ser ni borracha ni puta. No he sido borracha, y lo
otro… bueno, un poquito solo”, afirmaba entre risas. La Montiel fue muy
sexual, una mujer adelantada a su época. Su carácter indomable conquistó a los
hombres más atractivos, también a los más cultos. Fue el caso del Nobel Severo
Ochoa, con el que vivió una pasión clandestina porque él estaba casado. “Él fue sexo, me gustó nada más verlo”, afirmó
para disgusto de algunos. En 1953, mantuvo un tórrido idilio con Hemingway en
Cuba. Él fue el responsable de la afición de Saritísima a los cigarros habanos.
“Sentí una mezcla de admiración y deseo sexual. Me
llevó a su casa e hicimos el amor”, confesaba.
CONQUISTÓ HOLLYWOOD
Sara Montiel fue
la primera actriz española en triunfar en Hollywood y llegó a ser la mejor
pagada al firmar un contrato de un millón de dólares tras el éxito de taquilla
de ‘La violetera’. En 1954, rodó ‘Veracruz’ con Burt Lancaster y Gary Cooper,
con el que mantuvo un apasionado romance. “Hicimos
el amor sin amarnos, pero deseando el contacto físico intensamente”,
relató a LECTURAS. Su romance con
James Dean marcó a Sara. El actor posaba con ella en la última foto que se hizo
antes de morir. “Hicimos el amor. Dos días después
se mató”, afirmó para estupor de algunos que, por la comentada
homosexualidad del actor, veían imposible aquel romance.
CUATRO MATRIMONIOS
Sara Montiel fue
la más deseada. Fue muy libre y vivió el amor como quiso. Dio el ‘sí, quiero’
cuatro veces. Athony Mann fue su primer marido. Se enamoró locamente de ella y
se casaron en 1957. Tras seis años de amor, aquello terminó. José Vicente
Ramírez García-Olalla, con el que se casó en 1964, fue el único hombre del que
ella no quería hablar. Su matrimonio apenas duró dos meses. “Fue un error. Quería que dejara mi carrera”,
confesaba con rabia. El gran amor de su vida llegaría con Pepe Tous. Tras diez
años de noviazgo, se casaron en 1979. Cuatro años antes se había retirado del
cine y confesaba que el destape le parecía vulgar. Esos años se dedicó a la
música y formó una familia. Tous y Sara adoptaron a sus hijos Thais y Zeus y
fueron muy felices hasta que la muerte de Pepe, en 1992, los separó. Una
profunda tristeza invadió a la actriz. La Montiel no pudo tener hijos
biológicos. Fue uno de sus grandes sufrimientos, que afrontó con su sentido del
humor característico. A los 70 años, declaró con ironía: “Hasta ahora he tenido once abortos”.
Y LLEGÓ EL ESCÁNDALO
El escándalo
llegó a su vida cuando conoció al cubano Tony Hernández, con el que se casó en
2002 –ella tenía 74 años y él 36-. Descubiertos por la prensa tras organizar
una boda semiclandestina en el ayuntamiento de Majadahonda, Sara pronunció su
mítica frase: “Pero ¿qué invento es esto?”.
Pretendía pasar desapercibida, entre otras cosas, para que nadie pudiera
boicotear el enlace. No pudo ser, y la polémica fue brutal. Fueron momentos muy
tristes para ella. Sus hijos no aceptaron esa relación. Y Sara sufrió lo
indecible. A los 9 meses del enlace, presentó la demanda de divorcio. No podía
soportar estar lejos de Zeus y Thais. La manchega universal no volvió a
enamorarse, aunque vivió la vida con una intensidad que quemaba. Sara Montiel
fue pura leyenda y pasión hasta el final.
Por Martina Ataun
Fotos: Agencias
LA FOTO CCCLXXIX
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