sábado, 29 de agosto de 2015

FOTOGRAMAS - 18 de Enero de 1974 - España


SARA 74:
ENTRE LA BAÑERA Y LA TOALLA

Sara perseguida por los pasillos de un balneario… Sara voluptuosa emergiendo de una vaporosa bañera de aguas termales… Sara compartiendo cinco almohadas con cinco apuestos galanes… Sara cubriendo sus desnudeces con una simple toalla…
“Cinco almohadas para una sola noche”, actualmente en su cuarta semana de rodaje, se aparta del tipo de película al que últimamente nos tenía acostumbrados nuestra “Saritísima”. Este salirse de los caminos trillados ha causado sorpresa en el ambiente cinematográfico e indudable expectación para saber el resultado del experimento. De sobras es sabido que a la Montiel le gusta pisar fuerte, terreno firme, siempre muy Sara, muy ella misma y poco dada a las innovaciones. Veamos su personal opinión sobre el insólito experimento que está llevando a cabo.
-Yo no creo haberme encasillado: en todo caso me habrán encasillado. Que me den un buen guión, sin canciones y lo haré, haga de vieja, de joven, de buena o de mala; llorar o reír… Lo importante es contar con una buena historia. Acordaros que en México y Hollywood hice toda clase de papeles… incluso de india.


"AL PÚBLICO NO SE LE PUEDE EMPACHAR: HAY QUE DARLE POCO Y BUENO".


Sara no parece excusarse, simplemente aclara, da su opinión. Pero tras “El último cuplé”, los patrones han sido similares…
-No estoy totalmente de acuerdo en ello pero en todo caso la elección ha sido de parte de los productores, de los señores que ponen el dinero para hacer una película. Y hasta ahora no he arruinado, como otros, a ninguno de ellos, todo lo contrario. A mí me contratan para cantar y canto. He exigido una calidad y una dignidad en las películas que me han ofrecido, y la tienen. Ahí están todas, aún en plena explotación, reponiéndose año tras año. Un buen guión sin canciones también lo hubiera aceptado, pero exigiendo igualmente calidad y dignidad.
-¿Aceptaría el público a una Sara Montiel que no hiciera de cupletista? Es un paso que algún día, algún productor debería decidirse a dar…
-Personalmente no tengo ningún temor a dar este paso. Soy cantante pero también soy actriz y para cantar como yo canto más que voz, de la que nunca he presumido tener, se necesita ser buena actriz. Y lo soy. Pero actriz para un guión cuya temática sea importante, por ejemplo una buena adaptación cinematográfica de una de estas estupendas obras de teatro que ahora tienen tanto éxito, pero que después en la película se pueda decir lo mismo que se dice en el teatro porque esto de que la censura sea mucho más rígida para el cine que para el teatro no me parece justo. O todos moros o todos cristianos. Hacer un cine importante pero mediatizado por una serie de factores y circunstancias ajenas a la obra en sí, no me interesa. Para esto sigo haciendo mis películas, con dignidad y calidad, películas sin problemas insuperables que puedan echar a rodar el esfuerzo realizado.
-Pero algo ha variado en la línea interpretativa de Sara. La actual película que está rodando se aparta de los moldes de siempre.
-Sí, indudablemente. Hago un papel desenfadado, alegre, que requiere tener vis cómica, sentido del humor… O sea, ser actriz. Y lo hago muy satisfecha, entre otras cosas porque me dirige un experto en la comedia, Pedro Lazaga. Por eso cuando me ofrecieron la historia dije que tenía que ser Pedro el director porque lo considero el mejor en este género. A mí me gusta trabajar siempre con los mejores, por eso también he exigido que el fotógrafo fuera el catalán Juan Gelpi. Con Pedro y Juan estoy totalmente segura de la agilidad, gracia y ritmo de la película y de la calidad fotográfica de la misma. Sí, ya sé, otros no exigen tanto. Yo sí, porque soy muy profesional y responsable y también quiero gente profesional y responsable a mi lado. A mí no me gusta jugar a hacer cine. En este sentido mi mentalidad, como en otros sentidos, quizá no sea española, es más americana, dentro de la escuela y técnica de Hollywood. Por ello mismo no acepto todo lo que me ofrecen. 

Baño de espuma, como las superstars de Hollywood, y albornoz ruso.

-Sara y su mentalidad. Un tema a profundizar. Sara Montiel la máxima estrella del cine español no tiene mentalidad española. Insistimos.
-Conocí a Greta Garbo y no tenía mentalidad escandinava. Y tantos otros mundialmente famosos cuya mentalidad no se ciñe a la idiosincrasia de su país de origen. Hay que tener mente universal, amplia. Quizá ello te lo enseña el haber viajado mucho y el haber conocido a muchas personas importantes. La técnica del cine la aprendí muy bien en Hollywood, junto a Kazan y junto a mi primer marido Anthony Mann, del que me divorcié; valga el ejemplo, por eso, por tener los dos una mente amplia y liberal. A eso me refiero. El trabajo, el viajar, el aprendizaje, el saber escuchar a personas que no hablan por boca de ganso te lleva con el tiempo a saber lo que uno debe hacer y dejar de hacer, por ejemplo hacer una buena película cada cierto tiempo, cada año y medio o dos años, sin premuras, sin prisas y, claro lo contrario, el no hacer cuatro o más películas al año cosa que considero una barbaridad. Al público no se le debe empachar, hay que darle poco y bueno, esto es lo que el público más agradece.
-Poco, bueno, canciones, interpretación, algo distinto: ¿reúne estas características “Cinco almohada para una noche”?
-En esto el público es el máximo soberano. Cuando se estrene la película el público lo dirá. Personalmente, para mí, sí. Esta película es distinta para mí, porque se trata de una comedia alegre, divertida, sexy, pero, que conste, sin caer en la barata chabacanería. Voy a salir muy mona y espero que el público se ría con mis peripecias, yendo de almohada en almohada, con las situaciones de picardía que tiene la historia y que Pedro Lazaga está realizando con una gran agilidad y ritmo. Y también canto, ¿por qué no? Y ya verán que números musicales, a más de uno le va a dar un síncope, y que conste que no me refiero sólo al público. Tres canciones picarescas, muy moviditas, un tango muy arrastrao y porteño y dos canciones muy españolas y muy famosas pero que canto a mi aire, sin caer en tópicos.


Llevando a Sara en silla de ruedas, uno de los galanes de ésta su última película: Manuel Tejada. 

-Sara Montiel también tiene fama por lo que a los repartos se refiere. A la hora de elegir actores ella impone nombres. Nombres famosos le han dado la réplica en sus films.
-Creo que el éxito de una película también depende del reparto. Muchas buenas historias e importantes producciones no han tenido aceptación por parte del gran público por no haber sabido acertar en el reparto. Podría citar un montón de casos, algunos de ellos recientísimos. En la actual película me acompañan, me dan réplica, cinco actores fabulosos. Me refiero a los papeles masculinos estelares. Además hay un amplio y muy buen reparto de otros actores y actrices, por ejemplo Perla Cristal, María Baso, Tota Alba, Erasmo Pascual… Los cinco fabulosos, así les llamo yo porque de verdad que son cinco soletes y actorazos como la copa de un pino, son el americano Graig Hill y los españoles Rafael Arcos, Manolo Zarzo, Ricardo Merino y Manuel Tejada. El público lo va a pasar estupendamente con ellos, están lo que se dice “clavados” en sus papeles, cada uno distinto al otro, cada uno con su propia personalidad. Entre ellos estoy como pez en el agua, no sólo por su calidad artística sino porque además son estupendos como compañeros y excelentes personas. Da gusto trabajar con ellos, te lo digo de verdad. Ya sabes que a mí no me duelen prendas, si no lo sintiera así no te lo diría.


Por Vicente ZABALA
Fotos: Simón LÓPEZ


EL RECORTE CCXXIX
Este reportaje de Fotogramas, del año 1973, ilustra con detalle una jornada de rodaje del que sería el último film de la diva: "Cinco almohadas para una noche". Incluye interesantes entrevistas con el director, sastre...

Sara Montiel ha iniciado el rodaje de “Cinco almohadas para Rosa” a las órdenes de Pedro Lazaga. Nuestras colaboradoras Ana M.ª Moix y Colita se han trasladado hasta Alhama de Aragón, permaneciendo 48 horas en el rodaje de doña Sara. Fruto de su viaje es el siguiente reportaje.
SARA
sus almohadas y… algo más

La historia: 5 aventuras para una cupletista y paternidad desconocida. Cada aventura es una almohada. En la foto: dos de las almohadas de la Esmeralda (Sara Montiel): Craig Hill y Ricardo Merino.

El Balneario de Alhama de Aragón se ha engalanado por unos días. En el jardín que lo rodea, el sol otoñal, que diríase tan decimonónico como el edificio, arranca amarillos y rojos a las hojas de los árboles. Los modernos coches, aparcados bajo la avenida de plátanos parecen una broma del tiempo, y a la chica que corre, ligera y en bikini, perdiéndose hacia la zona de los lagos, habría que darle una azotaina por romper, con su atuendo y alegría antienfermiza, la armonía del marco romántico. Es Silvia Tortosa la que despojándose de la vestimenta habitual de los setenta se zambulle, con un garbo y energía que hubieran horrorizado a las damiselas del XIX, en el lago del parque del balneario. En pleno otoño, sale del agua, exclamando: “Qué barbaridad, qué calor”. Después, explica a mi extrañeza, que “las aguas de este sitio siempre están a una temperatura de 34 grados”. En los bancos que rodean el lago, un grupo de mujeres (a quienes más tarde reconoceré como camareras del hotel del Balneario), murmuran en voz queda, esas voces que más que voces parecen susurros y huelen todavía a verano cuando llegan de lejos, que “No la he visto todavía”. Y otra: “Es que no he llegado aún”. “¿De París?” “No digas tonterías, maña. ¿No sabes que vive en Madrid?” “¿Cómo voy a saberlo? ¿Te crees que la conozco?” “¿Tú, qué vas a conocerla? Pero, hija, la Sara Montié sale en todas las revistas”. “A ellos sí los he visto. ¡Madre qué guapos!” “¡Y con esos trajes que les han puesto!” “El americano es el más guapo”. “Pues el Merino ese, el alto, bien simpático que es” “¿Y qué hará con cinco hombres? A mí se me da que esa película debe ser de lo más verde. La harán para el extranjero, digo yo”. “Vamos, mujer, que tú oyes cinco almohadas y ya te crees…”


En el interior del edificio decimonónico, interminables pasillos vacíos, inmensos salones desiertos con cortinajes de terciopelo rojo, largos visillos bordados que apenas oponen resistencia al suave viento que se filtra por los balcones y entreabiertos, estatuas de terracota. Los mármoles relucen y las molduras de madera decorada de los techos parecen pintadas ayer. Aquí, en este caserón final de siglo, va a suceder una historia de los años treinta escrita por José Navarro. En la época actual, una muchacha (Sara Montiel) reúne a cinco viejecitos (Craig Hill, Rafael Arcos, Ricardo Merino, Manuel Zarzo y Manuel Tejada) para darles el susto, grave a sus edades, de que uno de ellos es su padre. Cada venerable señor se recuerda, por turno, guapote, sin canas, viviendo un “affaire” en este balneario, en los años 30, con Rosa López, la Esmeralda, cupletista ligera y descocada, quien no satisfecha con disfrutar de las cinco almohadas, encima, lleva un diario donde escribe lo que hace con cada una de ellas.
Llego a la otra ala del hotel, habitada. Los cables eléctricos se enredan con marmóreas estatuas, caballeros con barba, traje de mil rayas y zapatos bicolor, aguardan sentados junto a señoras con sombreros emplumados, y trajes de los treinta. Ricardo Merino, con traje gris, chaleco, y camisa de cuello redondo almidonado, se pasea de un lado a otro del salón-bar, sin sentarse, para no echar a perder la raya del ancho pantalón. “Soy uno de los amantes de La Esmeralda en el Balneario. Es un papel simpático y divertido. Un hombre que vive sólo interesado por la política y los acontecimientos de la vida civil y de repente me encuentro a la cupletista en mi habitación, en pelotas. Hablamos de política y me acuesto con ella. De momento es un rodaje tranquilo, muy cómodo, como suelen ser los de Lazaga, con quien ya he trabajado otras veces”. Durante casi toda la jornada de hoy, ha rodado Craig Hill. Entradas, salidas, asomando la cara por una puerta… Ahora parece ser que observando a Rafael Arcos que transporta una silla de ruedas, que Arcos no utiliza por enfermedad sino por… A Sara Esmeralda los besos se le dan mejor acomodada en la silla de paralítico. Craig Hill, actor de Hollywood de los años 50 (trabajó en “Trece por cena”, “Eva al Desnudo” y “El precio de la gloria”). “Todo marcha perfecto. Me gusta este papel, es muy diferente de los que hacía últimamente. Lazaga es un gran profesional”.
Por la mañana, en el vestíbulo, mientras espero el ascensor, me llega a los oídos, el cuchicheo de dos camareras. “Ya ha llegado, ¿la has visto?” “Sí, chica, qué guapa, y eso que decían que estaba muy mal la pobre”. “Mujer, la has visto maquillada. Simpática sí es, me ha dicho buenos días y todo”. “Sólo faltaría”. “Pues dicen que hay artistas, divas de esas, que te tiran el desayuno por la cabeza cuando se despiertan de malas”. “Toma, las extranjeras, como la Kennedy, pero las de aquí son otra cosa. Me ha dado propina y todo, bueno ella no, la mujer que la acompaña, debe de ser la secretaria, ¿no?; sí esa que le aguanta el perro. A ver cómo dejan la habitación con el perro ese…”
Rodaje en el gran salón. Pedro Lazaga se mueve tranquilo. A pesar de que el argumento (cinco aventuras para una cupletista y paternidad desconocida) huela a melodrama, Pedro Lazaga me explica que no lo es. “Es una comedia alegre, divertida, de enredo y musical. Sara canta siete canciones, de las cuales, cuatro van acompañadas por un ballet y es un montaje totalmente musical. Es la primera vez que Sara hace un papel desenfadado. ¿Presupuesto? No sé exactamente, pero debe andar por los 30 millones”. Juan Gelpi está manipulando con las luces, y León Revuelta, el figurinista, probando chalecos a Craig Hill y revisando el traje de Ricardo Merino. Ninguno de los galanes rueda ahora. (El salón plató se ha puesto de luces para que Sara Montiel descienda la escalera de mármol, atraviese el salón entre los endomingados asistentes, y se siente en un sofá hojeando una revista.) Pero Colita se ha empeñado en hacerles una foto, con Sara, y pacientes se mantienen dentro del uniforme de rodaje. Ahora Colita pide cinco almohadas. ¿Para qué? “Quiero hacer una foto de los cinco galanes agarrados a una almohada y Sara en medio”. Se busca a los restantes galanes. Tejado no ha llegado todavía. Arcos, aprovechando que no rodaba, se ha ido a Zaragoza a pasarlo bien. Manuel Zarzo ha tenido que irse por estar a punto de ser padre. Sólo quedan dos almohadas para Sara, y para la foto de Colita.
Sara ha hecho su entrada en el plató, con la señora que la acompaña y el perro (un caniche enano) que ladra cada vez que trasladan cualquier objeto que se halle a unos metros a la redonda de donde supone que es territorio privado de su dueña. Pánico entre el equipo. La acompañante de Sara tranquiliza. “No muerde, es que cree que todo esto es de Sara y que se lo quitan”.






El director, Pedro Lazaga, con la almohada, la actriz y el rodaje puestos.

NEGRO Y VERDE PARA SARA
En el salón-bar, León Revuelta que ha hecho el vestuario de las tres últimas películas de Sara, de todas las de Rocío Durcal, y acaba de terminar “Acelgas con champán”, con Celia Gámez. “Mi mejor trabajo, sin duda “El alcalde de Zamalea”. Siempre prefiero las películas de época, puedo lucirme más. ¿Presupuesto de esta película? Sólo Sara saca 35 trajes y 10 desnudos”. ¿Cómo se explica esto de vestuario para desnudos? “Mujer, las toallas, sábanas o colchas para taparse un poco. Para Sara ha habido un presupuesto de casi un millón de pesetas. Añade los demás actores, toda la figuración… medio millón más. En total, he diseñado unos 500 trajes.” ¿Qué color le va más a Sara? “El negro, ¡por supuesto!, y el verde”. ¿Muchas discusiones? “Mira, sabe muy bien lo que quiere, y hay que torearla bien. Hay que hacer ver que las cosas se le ocurren a ella. Llevamos trabajando juntos 6 años. Tiene aureola de monstruo, pero no lo es, en serio. Nos peleamos todo el día, pero no hay problemas”. La leyenda dice que las mujeres son más puñeteras que los hombres para vestir. “¡Mentira! Los hombres son más quisquillosos. Prefiero vestir a diez mujeres que a un hombre. El único actor que nunca me ha creado problemas fue Omar Sharif. ¿Qué actriz me gustaría vestir para lucirme? A Ava Gardner”. ¿Cuánto tiempo le ha llevado preparar los 500 trajes de esta película? “Ah, es el problema de siempre en este país: tiempo y dinero. Me han dado una semana y media para organizar todo este jaleo. Si tuviera que trabajar en Hollywood, con mucho tiempo y dinero, creo que me resultaría difícil por la falta de costumbre. No entiendo cómo los de fuera con los medios que tienen caen en los errores que caen. ¿Ejemplo? La pifia de “María, Reina de Escocia”, Vanessa salía con un velo de nylon, ¡imperdonable!”. En un rincón del bar, viendo la tele, María Basso, Tota Alba, Juana Azorín y Carmen Martínez Sierra. León Revuelta me dice que me quede un par de días más para no perderme una de las escenas más divertidas de la película: las cuatro actrices citadas, figuran cuatro viejecitas tías de Arcos, a quienes van a meter en el lago del Balneario. Menos mal que es agua caliente, sino las matan. “¡Les he hecho unos camisones de encaje para la escena!”.
Tota Alba es una de las tías del solterón Arcos, a quien suponen afeminado hasta que embaraza a la Montiel. “Prefiero los papeles dramáticos, pero los cómicos me divierten y cansan menos. La tensión nerviosa o sentimental agota al actor, en cambio en el papel cómico cuenta el texto, la picardía con que cuentas un chiste…”
En el salón, Sara Esmeralda ya ha descendido la escalinata y está sentada en un sofá rojo de terciopelo. Traje lila, turbante blanco, y de perfil a la cámara, chupándose las mejillas como antaño, como siempre. Entre plano y plano “Mary, Merche”, las maquilladoras acuden prestas. Sentada, este primer plano de perfil será todavía como los ya clásicos de “El último Cuplé”. “Sí, Pedro, ¿así? Vale, como digas, de acuerdo”, hace cuanto recomienda Lazaga y de vez en cuando acude al rincón para explicarle a Cuchi, que los focos no son suyos y que puede tocarlos quien quiera. Terminado el rodaje, se despide hasta la hora de cenar. “Si me permites quisiera subir a quitarme el maquillaje, me pesa”. No faltaría más. Mientras me quedo con Lazaga en el bar. Alguien le recomienda “¡Cuidado con lo dices, que los de Fotogramas siempre se cargan al cine español!”.


"Es una película diferente a cuantas he interpretado hasta ahora. Es una comedia divertida, desenfadada, pero, ¡humana, eh!", dice Sara Montiel.

PELÍCULAS PARA LAZAGA
Lazaga, realizador de 76 películas, empezó a trabajar en el 46, con un cine que podríamos calificar más de autor que de comercial. ¿Por qué este cambio? “Mira, del 46 al 48 hice el guión de “Abel Sánchez”, de Unamuno, rodé “Campo Bravo”, “Hombre acosado” y “Cuerda de presos”. Todo el mundo me decía que estaban muy bien, pero que no eran comerciales. Hasta el 52 no pude hacer nada. Por fin hice “La Patrulla”, me dieron premios y dio dinero. Total que desde entonces hasta ahora ruedo 6 o 7 películas al año, pero no me permito realizar una sola idea mía. ¿Por qué? Lo que más me gusta es el cine y, realizando ideas mías o no, es lo que he hecho: cine”. Tras 76 films y con el éxito comercial que ha tenido, ¿no puede permitirse hacer “un cine”? “Tengo muchas ideas, pero cuando voy a una productora me dicen que el guión bueno es el que tienen ellos y que es el que vamos a hacer. Dentro de poco voy a aventurarme a hacer una película mía”. ¿Cómo será este cine? “Pues… no me gusta anticiparme con explicaciones. A lo mejor resulta que es igual al que estoy haciendo ahora. Las estetas me reprochan que en mis películas no hay ideas fundamentales. Bueno. A mí me gusta la filosofía y la poesía, pero en libros de filosofía o de poesía. El cine es otra cosa, y sobre todo tiene que ser comercial. Una película hecha para cuatro o cinco personas es una “boutade”. ¿Qué director me gusta más? Ford. Creo que en general, el cine americano es el cine. ¿Españoles? Erice”. Lazaga, un profesional, ¿cree que el cine joven español le falta profesionalidad? “No, le falta sentido del cien, quiero decir que el cine tiene que ser comercial. Se hace para que lo vean millones de personas y se rían cuando tú quieras que se rían y se emocionen cuando tú has planeado que se emocionen. El director que se plantea una película para su sola satisfacción, más vale que se dedique a otra cosa”.



La historia transcurre en un balneario, en España; durante los últimos años anteriores a la guerra civil. 

SARA Y ALGUNOS RECUERDOS
Sara Montiel ha bajado al comedor. Sin maquillaje, el cabello suelto y un abrigo (¡de visón!) que la cubre por completo. “Este personaje es nuevo para mí. Es divertido, desenfadado… ¡pero cuidado!, es muy humano, eh. Hay cinco hombres diferentes en la vida de esta mujer, y ella es diferente para cada uno de éstos. Canto siete canciones. Interpreto el papel de la cupletista en el año 30 y el de la hija en el 73, cuando quiere saber quién es su padre. Nunca he trabajado con Lazaga, pero cuando me dieron el guión dije: si no lo hace Lazaga yo no hago esta película.” ¿No le asusta hacer un papel diferente a los interpretados hasta ahora con los que ya la identifica el público? “No, no. Me encanta renovar y hacer cosas nuevas. No se trata de un vodevil, ni de una astracanada, ¿eh? Es una alta comedia, como las americanas, bueno, como las americanas no, porque no podemos compararnos con el cine de allá, la comedia americana es una obra maestra”. Por TV anuncian el alto el Fuego en Oriente Medio. “Menos mal”. Dice Sara. “¡Esas guerras! ¡Total, para vender un fusil más… que barbaridad!” Dice que su canción preferida es “La Violetera”, y que la película de Amadori, del mismo título, es la que prefiere de cuantas ha intervenido. ¿Y aquel proyecto de dirigir cine? “Lo haré, lo haré. Una película musical, hecha con muchos medios”. Pero antes, le gustaría hacer una película. “Catalina de Rusia. ¡Qué tía la Catalina! Cómo me gustaría hacer ese papel”. ¿Qué director eligiría? “Un ruso. Y actores también rusos, son guapísimos. Me gustaría rodarla con mucho dinero, con escenarios inmensos, con 5000 personas, y poder repetir planos cuantas veces fuera necesario”. De nuevo, por TV la noticia de la muerte de Pau Casals. “Ay, qué pena me da”. ¿Le conoció? “Sí, claro. Él me dio el permiso para actuar en la Universidad de Puerto Rico. Me dieron un premio, a mí, a él y a Andrés Segovia. Era un ser maravilloso.”
Dice que también conoció a León Felipe, Alberti, Neruda… (ver reportaje escrito de puño y letra en págs.. 56 y 57). La lista de amistades, o conocidos de Sara es interminable. La noche y el silencio se mecen sobre los pasillos y salones ya desiertos tras la jornada de trabajo. Vacías las sillas de rejilla, focos y cables entre las sombras cobran identidad de insectos que aguardan la mañana para recuperar su funcionalidad. En este duermevela en que se ha convertido el entorno, la memoria de Sara despierta. Nos habla de entonces, de su estancia en USA. Anthony Mann. Su ataque cardíaco, en la Quinta Avenida, frente a la joyería Tiffany’s. La boda en artículo mortis. Amigos comunes de entonces. Mel Ferrer y Audrey Hepburn (sus vecinos) jugaban al tenis con Greta Garbo. “Me impresionó porque dominaba muchos idiomas y entendía mucho de política”. En aquella época, Sara, con 37 dólares en el banco, no podía comprender el alcance y verdad del horóscopo que la dictaminaran unos hermanos gemelos, expertos grafólogos a las órdenes de la policía de Los Ángeles: “éxito y dinero”. Dice Sara que no podía creerlo, pero que al día siguiente recibió un telegrama de España: “La próxima Sisí del 58 se llamará Sara Montiel. Firmado: Enrique Herreros.”
24 horas antes se había estrenado “El último Cuplé”.


Texto: Ana M.ª MOIX
Fotos: COLITA


LA FOTO CCXXIX


Con el último film de Sara Montiel, "Cinco almohadas para una noche", despedimos nuestro blog. Fue un placer compartir y disfrutar con todos ustedes de nuestra diva durante estos cinco años. ¿Volveremos...

domingo, 23 de agosto de 2015

GARBO - 7 de Julio de 1971 - España


SARA MONTIEL:
VIVO CON MI MARIDO Y SOY MUY FELIZ

Más guapa que nunca, estilizada y juvenil, Sara Montiel rueda su película número catorce, "Varietés", que con un poco de suerte puede resultar la mejor, porque su historia es bastante más creíble que las anteriores. En una pausa del rodaje, Sara descansa en el camerino. Con ella, una muñeca hecha a su imagen y semejanza, que la actriz utiliza como mascota. Sofisticada y atractiva, Sara renueva su imagen inmutable. 


La película “Varietés” sigue rodándose sin incidentes.
Sara Montiel está actuando en el plató, que representa un café; “Café Candelas”, reza el letrero que se ve encima del mostrador. Arañas encendidas, mesas y sillas blancas y doradas, un suelo de cristal que dos hombres cuidan afanosamente para que esté impoluto.
Un grupo de hombres, relamidos, bigotudos, rodean a Sara, vestida convencionalmente de camarera de café cantante: mallas negras, una especie de maillot transparente con un gran lazo en forma de mariposa colocado en la parte posterior, tres corazones en estratégicas zonas delanteras, lentejuelas y peluca de rizos rubios.
Y el estribillo de un largo “play-back” se repite una y diez veces con cada plano: “Yo soy alegre y cariñosa, / Soy amable y servicial, / Y si un cliente me necesita, / Estoy dispuesta a trabajar”.
Sara lo canta, sentada en las rodillas de uno de los bigotudos, sonriente y verdaderamente guapa.
Quién hace un cesto hace ciento, esto es lo que ha debido de pensar Sara Montiel, y en estos momentos, si no hace su cesto ciento, sí rueda su película catorce. Naturalmente, después de “El último cuplé” y con la misma fórmula que la llevó al mayor triunfo de su carrera artística. La muchachita ingenua y buena, pero “pícara”, que lucha por hacerse un nombre en el teatro, su amor contrariado, ¿se casará con el apuesto galán, el señorito despreocupado cuya familia se opone al matrimonio? La respuesta está en las últimas secuencias, que todavía no han sido filmadas.


El rostro increíblemente fotogénico de Sara Montiel ofrece primeros planos tan espléndidos como éste. 


En un dramático momento de la película, con Trini Alonso.

Está dirigida por Barden. El director de “La muerte de un ciclista”, “Calle mayor”, “Los pianos mecánicos”, “La siega”, “Las sonatas” se ha pasado decididamente a la sociedad de consumo. Sara no hace una película de estilo bardeniano, sino que Barden dirige una de las películas que siempre hace Sara. Una pasa en el rodaje, y la protagonista se viene a charlar conmigo:
-Me gusta la película musical ante todo, sólo hago esta clase de películas y serán las únicas que haga.
Naturalmente que sólo hace películas musicales, pero además sólo con un ambiente determinado y unas canciones que se parecen extraordinariamente unas a otra. Los felices treinta para los años setenta.
-No, esto no está pasado de moda, la lucha de una chica por abrirse paso en el teatro siempre es de actualidad; naturalmente está ambientada en el año treinta, la época en que transcurre la acción, pero el tema es actual.
Sólo hace una película al año, la prepara cuidadosamente, busca ella misma muchas de las canciones, ha incorporado a ésta una de un desconocido autor de 1885, otra del maestro Guerrero escrita por él cuando tenía diecisiete años y que le ha proporcionado su hermano Inocencio, busca canciones populares de distintos siglos y tipos.



-Sara, ¿tú has dado todo lo que podías como actriz?
-Nadie sabemos lo que damos cuando estamos haciendo una cosa; sobre lo que estoy rodando, cuando se termine lo sabré.
Se ha hablado mucho de la separación de Sara; ya es un tema pasado, que si vive con su marido, que si está separada de él.
-Naturalmente que vivo con mi marido, y soy una mujer muy feliz, nunca hemos pensado en separarnos, mi vida es muy equilibrada, no concibo la vida sin ser actriz y trabajo como tal asiduamente. Mi vida sentimental también es perfecta. Murió mi madre, con la que yo estaba enormemente unida, y eso ha sido la única tristeza que he tenido últimamente.
Le gusta actuar en el teatro, cara al público, hacer recitales.
-Pero hay que tener una salud de hierro y yo ahora no podría.
La televisión no le gusta:
-Hace cuatro o cinco años el cine de todo el mundo sufrió una crisis por efecto de la pequeña pantalla; entonces parecía que todos los actores, para subsistir, tendríamos que incorporarnos a la televisión, que abría brecha con furor; por suerte la gente se ha dado cuenta de que la televisión está bien para cuando estás acatarrada y no puedes salir a la calle, pero que es mucho más agradable el poder arreglarte para salir y ver una película en el cine que quedarte en casa viendo aquélla.


Se rueda en un plató que reproduce un café cantante, y Sara Montiel es atendida por los miembros del equipo. Un cigarrillo entre dos tomas ayuda a calmar los nervios. Aunque Sara está trabajando con mucho aplomo y su acostumbrada profesionalidad. Ella y Bardem se entienden a la perfección y no han surgido entre ambos el menor roce.

Los galanes que escoge son siempre de estos que decimos las mujeres que “son muy atractivos”; esta vez es un rumano, Cristi Abram, el que comparte los honores estelares con Sara.
-Cuando lo veas te caes de espaldas, es físicamente impresionante, además de ser un gran actor; lo descubrí hace cinco años en Rumanía, es un gran actor clásico, uno de los mejores de teatro que yo he visto.
Tiene que volver a repetir otro plano. El rodaje de “Varietés” sigue, otra película de Sara Montiel que, como casi todas las suyas, tiene el éxito económico asegurado de antemano.


Texto: MARIA LUISA LUACES
Fotos: JULIO WIZUETE


EL RECORTE CCXXVIII
En 1971 la revista Lecturas ofrecía este pequeño resumen de "Varietés".

Bardem,
Sara Montiel
y Vicente Parra: un trío verdaderamente interesante


La pareja protagonista de "Varietés".
Miguel es hijo de familia adinerada, que no ve con buenos ojos las aficiones de éste por el teatro, del cual no necesita para nada.
Pero Miguel está enamorado de Ana, enamoramiento que, en realidad, es el motivo de su incorporación a la compañía.
Cuando llega la compañía al pueblo de Miguel, éste dice a Ana que sus padres irán a la representación para conocerla, ya que parece ser que, en definitiva, la aprobación de los padres de Miguel a estos amores es indispensable para su boda.
Ana comprende que Miguel está demasiado sujeto a las tradiciones, y durante la representación en el pueblo de Miguel, interpreta un número algo más provocativo que los otros, con el fin de probar a Miguel ante la reacción de sus padres. Efectivamente, Miguel desiste.
Se prepara el nuevo espectáculo para debutar en fecha próxima. Los autores del nuevo espectáculo y don Antonio, el director de la compañía, dan a entender a Ana que el papel de primera “vedette” será para ella, y esto se corre por toda la compañía, dando lugar a que, durante toda la lectura de la nueva obra, todas las miradas vayan hacia Ana con cariño, ya que es apreciada por todos.
Sin embargo, todo sigue igual, y la compañía debutará con Carmen Soler de primera “vedette”. Ana conoce en estos momentos a Arturo, rico empresario teatral, que la ofrece su debut como primera “vedette” en una compañía que formará para ella, a cambio de que entre los dos se establezcan relaciones íntimas. Ana se despide de la compañía y accede a la propuesta de Arturo.



Sara y Bardem: un buen dúo para una próxima película. 


Fray Justo Pérez de Urbel conversa con Sara. Testigo: nuestra redactora, Sofi Diéz Tejerina. 

Un día, la llaman urgentemente para sustituir a Carmen Soler, que se ha puesto enferma, teniendo un clamoroso éxito. Ana piensa que, después de este triunfo, seguirá de primera “vedette”, liberándose de esta forma de sus relaciones con Arturo. No es así. Carmen Soler se recupera, y no hay más actuaciones de Ana.
Vuelve con Arturo, pero sin darse cuenta se han ido enamorando profundamente uno del otro. Lo que empezó por un interés mutuo termina en un cariño verdadero.
Por fin, debuta Ana de primera “vedette”, obteniendo un clamoroso éxito.


LA FOTO CCVIII



Ana Marqués momentos antes de interpretar "Celos". 

viernes, 14 de agosto de 2015

SINFONÍA - 1969 - España



SARA MONTIEL
Y
GILL MAYERON

Iván Rassimov es el protagonista de "Esa mujer", película que interpreta, en el principal papel femenino, Sara Montiel. Algunas de las secuencias del film tendrán que ser eliminadas en España, por ser consideradas demasiado fuertes.

Ivan Rassimov bien podría ser el prototipo de la elegancia masculina universal. Este actor, cuya presencia atrae todas las miradas, rueda actualmente su primera película española, titulada “Esa mujer”, al lado de Sara Montiel.
Pero no creamos que Iván Rassimov es desconocido de nuestros lectores, ya que su rostro ha aparecido en numerosas ocasiones en nuestras páginas, y no como tema de un reportaje, sino como protagonista de fotonovelas.
Iván es alto, enormemente alto. Tiene una gran personalidad. De origen ruso, lleva muchos años trabajando para las casas productoras de fotorromances. En “Esa mujer” encarna el papel de amante de Sara, a quien ésta, por motivos psicológicos, acaba asesinando.
El nombre artístico usado hasta el momento por este hombre es el de Gill Mayeron, tal vez porque en Italia es más fácil trabajar siendo súbdito americano. La primera manifestación artística del actor al llegar a la ciudad del Tíber, fue la de bailarín clásico. Su máximo sueño era debutar en el Bolshoi. Sin embargo, en una gira por la “bota” (ésta es la forma que ofrece el contorno del país italiano) le propusieron trabajar para el cine y las fotonovelas. Y, sin dudarlo, aceptó.
En los estudios italianos ha trabajado en muchos “westerns”, e incluso tiene en su haber varias actuaciones en la televisión italiana.
-¿Y en Rusia ha hecho cine?
-Sí. He intervenido en varios documentales. En Rusia los actores cobran muy poco, y la industria del cine es cosa poco importante.
-¿Qué supone para usted trabajar en “Esa mujer”?
-Mucho. Estoy muy contento con este papel que me han encomendado. Creo que es el más importante de mi carrera. Trabajar con Sara Montiel puede tener mucha repercusión en mi futuro artístico; ella es, para mí, una de las mejores actrices europeas. En mi país es muy conocida, pues sus films se proyectan con asiduidad.
-¿Cuántas figuras españolas son populares en su tierra?
-Aparte de Sara, son muy conocidos Antonio, Antonio Gades y Mikaela.
La entrevista transcurre en los estudios de Sevilla Films.
-¿Qué opinión le merece nuestro cine?
-La verdad es que conozco poco el cine español. He visto muchas producciones italianas con participación española, pero esa participación no es suficiente para juzgar todo el cine español. En Italia se habla mucho y bien de un director llamado Saura. Sobre mi actual realizador, poco puedo decirle, pero le adelantaré que me parece un profesional íntegro.


En la fotografía, la pareja de protagonistas de la película "Esa mujer". Acerca de la importancia de su papel en dicho film, Iván ha declarado que es el más importante de su carrera artística, y añade que considera a Sara como una de las mejores actrices europeas. 

Rassimov es amable y simpático, aunque en el transcurso de la conversación no he conseguido verle sonreír. Parece como si llevara grabado en su semblante el paisaje de sus tierras, enormes y heladas; como si el hielo siberiano hubiese encontrado un buen refugio en su rostro. Pertenece –dicho de otra manera- a esa clase de personas que, aparentemente, son ajenas a todas las sensaciones humanas.
-¿Qué si me gustaría seguir haciendo cine en España? Por supuesto que sí. Me encantaría poder trabajar una larga temporada en esta maravillosa tierra. Ah, y las mujeres españolas son capaces de hacer perder la cabeza a cualquier hombre.
Como para confirmar sus palabras, le rquiere en el plató; allá, al fondo, sobre una cama, Sara luce toda la esbeltez de su cuerpo, todavía joven. Y pienso si opinará lo mismo que Iván Rassimov esa egregia dama de nombre tan temido: doña Censura.


VEGA, Jr.
Fotos: A. RUIZ


EL RECORTE CCXXVII
Como toda película de Sara Montiel, "Esa mujer" causó mucha espectación, más cuando venía precedida del torbellino "Tuset Street". Este recorte mexicano de 1969 recoge una entrevista a la diva durante el rodaje del film. 

esa mujer,
SARA MONTIEL…

SARA MONTIEL, así, siempre bella, aparece en "Esa mujer".

SARA MONTIEL está guapísima. Viste un precioso traje de color rojo, de estilo mil ochocientos. Los ojos de la estrella brillan. El cabello, negro. Frente a ella, el galán ruso Iván Rassimov, un actor joven. Ambos se miran, casi en silencio, como si estuvieran dominados por un mismo amor.
La estrella está filmando su nueva película, “Esa mujer”, basada en un argumento original del poeta y dramaturgo Antonio Gala y dirigida por Mario Camus, el mismo que lanzó a la fama a Raphael con “Cuando tú no estás” y “Al ponerse el sol”. Sara no filmaba desde que hizo “Tuset Street”.
-Antonio Gala me llevó su libreto a mi casa. Lo leí y le dije: ‘Esto es lo que ando buscando. Me agrada el personaje…’. También me alegró que Mario Camus aceptara dirigirme. Todos ya saben lo que pasó con “Tuset Street”: el director Jorge Grau rompió el contrato y se marchó sin concluir el film. Tuve que terminarlo con otro director. Yo pensaba que, después de ese incidente, los “jóvenes genios” del cine español me volverían la espalda. Pero no ha sido así. Ellos saben que cuentan conmigo y a mí me agrada trabajar con ellos…


SARA con el galán ruso Iván Rassimov.

HISTORIA DE UNA MONJA
El nuevo film de Sara la obliga a interpretar un papel que ya ha hacho en otras oportunidades en el cine: el de monja. Pero una monja muy especial…
De acuerdo con el argumento, la monja heroína (Sara Montiel) sufre un dramático golpe: es violada cuando cumple una misión. Es acometida entonces por un intenso problema psicológico: debe elegir entre continuar en la orden religiosa o marcharse. La decisión es adoptada cuando descubre que está encinta. Dominada por el dolor, renuncia a la vida en el convento y se lanza a la vida mundana. Cuatro hombres se cruzan por su camino. Ellos están interpretados por el ruso Iván Rassimov, el argentino Hugo Blanco y los españoles Jesús Aristu y Ricardo Díaz.
-Me gusta hacer el papel de monja –explica Sara-. Siento un gran respeto por ellas.
-¿Sería posible que Sara Montiel concluyera su vida en un convento? – le preguntamos.
-Claro que sí –responde-. Tal vez sería el mejor lugar que yo podría elegir para concluir mi vida. Tras una vida agitada como la mía, la paz de un convento debe ser lo mejor para poner en orden todos nuestros recuerdos.
Sara Montiel sigue disfrutando de la misma popularidad que le dieron los films “El Último Cuplé” y “La Violetera”. Es a España lo que una Brigitte Bardot a Francia y una Sofía Loren a Italia.
Pero ¿qué ha querido decir con esto de los “jóvenes genios” del cine hispano?
-¿Se atrevería a realizar un papel de minorías con uno de los nuevos niños terribles del cine español?
-¿De minorías? No hay tal cosa. Eso de cine de minorías no es más que un modo de disfrazar el fracaso de una película frente al público. No creo en el cine minoritario. Todo realizador y todo actor quieren ganarse al gran público…
Y con un gesto gracioso, SARA se encoge de hombros. ¿Ella? Ella se ha ganado ese público…


Por Javier de Montini
(Desde España)


LA FOTO CCXXVII


Sara Montiel en una secuencia de "Esa mujer". 

sábado, 8 de agosto de 2015

LA ACTUALIDAD ESPAÑOLA - 18 de Enero de 1968 - España


SARA MONTIEL
EN
“TUSET STREET”

"Yo soy Sara Montiel, ¿te parece poco?"

Esta entrevista, en rigor, es el resultado de cuatro horas de plantón y de treinta minutos de movimiento continuo con el motor a nivel de carrera contra reloj. Esta entrevista se parece a la que yo quería hacer como la Sara Montiel que yo vi podría parecerse a la Sara Montiel que iba buscando, es decir, como un huevo a una castaña. Esta entrevista está aquí por pura casualidad. No, exagero un poco; esta entrevista está aquí porque yo no podía permitirme el lujo de regresar a Madrid y decirle a mi director: “Director, he vuelto con las manos vacías, sin entrevista, asqueado, muy triste, melancólico, un poco aburrido, porque a esta mujer no hay quien la aguante”. Por eso, sólo por eso, está aquí esta entrevista. Sólo porque esos lujos no se los puede permitir ningún reportero por mucha razón que tenga.
Llegué a Barcelona con el convencimiento pleno de toparme con una Sara Montiel distinta, nueva, a estrenar, transformada por obra y gracia de las exigencias del cine en una Sara Montiel “ye-yé”, o “beat”, o “hippy”, convertida en reina coronada del barrio más “último grito” de España. Esperaba verla con su rostro espectacular desfigurado por unas cuantas pecas postizas dibujadas bajo sus ojos endemoniados. Esperaba encontrarla con su cabello azabache oculto por una peluca de rubios bucles amontonados en estudiado desorden. Me la imaginaba sentada displicentemente en una terraza de la calle Tuset, encendiendo con la punta del anterior un nuevo cigarrillo, moviendo como con desgana sus piernas cruzadas, indiferente a lo que pudieran decir o pensar quienes se pararan a mirar las horribles calcomanías pegadas sobre su piel. ¡Qué imaginación la mía! En la calle Tuset, cuando llegué, estaba rodando “Tuset Street” y, entre todos, sabían de Sara Montiel lo mismo que yo, esto es, nada. Me aseguraron que aún no había comenzado a “rodar”, me llegaron rumores de que, no obstante, ya se había enfadado más de una vez con los de la película, me dijeron que ya había despedido a un cámara, me juraron que ya había chocado con los periodistas barceloneses, llegaron a decirme que me fuera con viento fresco y que no perdiera más tiempo. Y no lo perdí. Veinte minutos después ya había concertado una entrevista con Sara Montiel para las cuatro en punto de la tarde del día siguiente. Era entonces cuando iba a perder el tiempo. Todo lo que tuve que hacer para conseguir ser recibido por la “diva” fue prometerle que iba a salir en la portada de la revista y aceptar su imposición de que fuera su propio fotógrafo el que hiciera las fotos. Como no me gusta hacer esperar a nadie, llegué al hotel a las tres y media. Una hora después llegó el fotógrafo. A las cinco, el salón era un auténtico plató, adornado con media docena de focos; a las cinco y cinco, yo estaba cansado; a las cinco y quince, yo estaba indignado; a las cinco y veinte, yo estaba dispuesto a irme; a las cinco y media, el aburrido, cansado, indignado y dispuesto a irse –de haber podido, claro- era el fotógrafo; a las seis menos veinte, empecé a temer que iba a perder el avión de regreso; a las seis menos diez, el plantón era ya de ciento diez minutos, un poco más de lo que durará la película entera; a las seis perdí el sentido de la medida y llegué a autoconvencerme de que los periodistas somos unos hombres muy duros, capaces de hacer perder su tiempo precioso a las preciosas criaturas que nos citan a las cuatro y a las seis no han dado aún señales de vida. A las seis y cinco me dispuse a pedirle perdón por teléfono. Pero no me dio tiempo. Allí, en la escalera, con una sonrisa de 360 grados en su rostro, como una diosa que bajara del Olimpo para regalar con su presencia a los pobrecitos humanos, luciendo un modelo a lo “Último cuplé”, o a lo “Violetera”, o a lo “Bella Otero”, sin nada de “ye-yé”, ni de “beat”, ni de “hippy”, rodeada de su corte de honor –un peluquero, un maquillador y una doncella-, seguida por mil miradas de admiración, admirada de sí misma, admirándose a sí misma, apareció la cabaretera de “Tuset Street”, la productora de “Tuset Street”, en una palabra, Sara Montiel, a quien yo esperaba desde hacía dos horas y pico. “Estás muy guapa, Sara”. “Lo que estoy es cansadísima”. “No se te nota nada”. “Gracias al maquillaje”. Como yo no llevaba maquillaje pensé que se me notaría mucho que yo sí que estaba cansado. Pero ya, ya… En el improvisado plató se rodó durante otras dos horas, siempre en primer plano, el rostro, bello rostro, de la “diva”. Primero un traje; luego, otro; luego, otro… Primero una peluca; luego, otra; luego, otra… Primero una sonrisa; luego, otra; luego, otra… Primero un gesto; luego, otro; luego, otro… El peluquero siempre con el peine a punto; el maquillador, siempre con el maquillaje a punto; la doncella, siempre con los trajes a punto… Los focos, siempre a punto… El fotógrafo, siempre a punto… Sara, siempre a punto… 


Los colegas de un diario barcelonés también llegaron a la hora en punto en que fueron citados y se tuvieron que ir a la hora en punto en que Sara les dijo que, con tanto trabajo, se había olvidado de que, a la hora señalada para ellos, estaba citada conmigo. “¿Esperamos a que termines?” “Imposible, tengo una cena muy importante”. “¿Podemos hablar mientras te hacen fotos?” “¡Por Dios, qué cosas decís; mientras me hacen fotos!” “Entonces, ¿mañana?”. “Eso es, mañana a las cuatro en punto”. Sara siguió posando. En el mismo día había dado calabazas a cuatro diarios distintos. “El trabajo, ¿sabes?, tengo tanto trabajo…”. A las ocho, llevaba yo cuatro horas esperando. A las ocho, ella terminó de posar. A las ocho, me atreví a decirle: “Vamos a Tuset”. Y ella: “¿A Tuset?”. Y yo: “Claro, habrá que hacer alguna foto para el reportaje”. Y ella: “Pero es que tengo una cena muy importante”. Y yo: “Pero es que yo he venido para hacerte una entrevista”. Y ella: “¿Una entrevista?” Y yo: “Claro”. Y ella: “Pero si no tenemos tiempo…” Y yo: “Pues ya me puedes ir buscando un empleo”. Y ella: “¿No queda más remedio?” Y yo: “No”. Y ella: “Pues espera que me vista de calle y me haces las preguntas en el coche”. Esperé, se vistió de calle, nos fuimos a la calle, subimos en su coche, arrancó éste, llegamos a Tuset, fundimos la instalación eléctrica de “The Pub Tuset” por querer enchufar los focos, nos fuimos a Stork, bailamos en el club, hicimos muchas fotos sin apenas luz, paseamos por Tuset, montamos en el coche, volvimos al hotel… Se dice pronto, ¿verdad? Puesto todo esto lo hicimos en el transcurso de treinta minutos de movimiento continuo con el motor a nivel de carrera contra reloj. Y la entrevista, textual, al pie de la letra, mantenida con una Sara Montiel, ahora simpatiquísima, fue ésta:


-“Sara Montiel y Lola Flores son más populares que yo, pero las gano en prestigio”.
-¿Qué dices?
-No, yo no lo digo; lo ha dicho Nati Mistral.
-¡Ah!, Nati Mistral. Nati es maravillosa. Ha llevado el cine español fuera de nuestras fronteras. Como “Currito de la Cruz”, ¿sabes?; pero “Currito de la Cruz” el antiguo, no el moderno, ¿sabes?
-¿Es la mejor, Sara?
-¿Quién? ¿Nati? No, la mejor, no; es la más maravillosa y la que ha hecho más por el cine español, aunque yo creo que es la única película que ha hecho.
-No te ha sentado muy bien, me parece, que haya dicho eso.
-¿Qué haya dicho qué y quién? Pero si yo me acabo de enterar… Pero si yo lo sé porque me lo has dicho tú…
-¿Y te importa que Nati Mistral haya dicho eso?
-¿El qué?
-Eso, lo del prestigio y la popularidad.
-La gente puede decir lo que quiera. La gente, ¿sabes? La gente puede decir lo que le dé la real gana, porque para eso vivimos en un país libre.
-¿Tú también puedes decir lo que quieres?
-Yo, sí; yo también puedo decir lo que quiera; yo no tengo pelos en la lengua y tampoco tengo padrastros en los dedos cuando trabajo.
-¿Qué tienes tú: prestigio o popularidad en el cine español?
-¿Yo…? El cine español me tiene a mí.
-Y tú, ¿quién eres para el cine?
-¿Yo…? Sara Montiel. ¿Te parece poco?
-Eso depende de lo que se quiera ser.
-Yo siempre he querido ser más, mucho más; cuando empezaba, sobre todo. Ahora, la realidad ha venido a demostrarme que he llegado mucho más lejos de lo que nunca me atreví a soñar. Ahora, por ejemplo, tengo toda Rusia a mis pies, cosa que no tiene mucha gente.
-¿Te importa mucho la gente?
-A mí, muchísimo. ¿Cómo no? Tengo mucho respeto por la Humanidad.
-¿Y por ti misma?
-Hombre, también, porque también soy humanidad. ¡Pobrecita!
-¿Y además de humana?
-¿Yo…? Monísima; soy una monada, hijo.
-¿Eso es muy importante?
-Hombre, una mujer que sea una monadita, pues es muy rica.
-¿Y tú has llegado a ser algo en el cine español y a tener a tus pies a Rusia por ser mona, por ser una monada, por ser rica, por ser simplemente guapa, por tener una voz cálida, por tener unos ojos ardientes, o por ser una buena actriz?
-Mézclalo todo, anda. Pon un poquito de cada cosa y ya está. Porque de lo que estoy segura es de que, si llego a ser bizca, por muy buena actriz que hubiera sido, no habría llegado ni a la mitad; y de que sin o llego a saber cantar, por muy mona que hubiera sido, no habría llegado a nada; y de que… Bueno, etcétera…
-¿Y estás contenta con el resultado de esa mezcla?
-Muy contenta, contentísima. Y más contenta que yo, mi madre.
-¿Y por qué ella?
-Porque mi madre dice que está muy contenta conmigo.
-¿Has conseguido hacerla feliz?
-Yo le he dado todo lo que podía. La quiero mucho y la respeto. Pero no sé si es feliz, porque la felicidad es una cosa muy difícil de conseguir. Yo, eso sí, he hecho lo posible para que lo sea.


"Por la mañana soy sincera; por la tarde, sensata; por la noche, sensacional"

-¿Y para serlo tú?
-Eso es mucho más difícil todavía. Los humanos nos podemos hacer felices unos a otros, pero uno mismo es muy difícil que se haga feliz. Además, aunque no lo parezca, aunque no me lo creas, yo soy una mujer prudente y le pido muy poco a la vida. Me conformo en seguida y he logrado más de lo que quería. A veces he sido feliz; lo que no sé es si algún día llegaré a ser feliz completamente.
-¿Qué le pides ahora a la vida?
-¿Yo? Que me dure mi madre muchos años, todos los que pueda. Eso es lo único que de verdad le pido a la vida, y eso es lo único que quiero.
-¿Eres sincera, Sara?
-Depende de la hora; por la mañana mucho.
-Y ahora es de noche.
-Pues adivina si soy sincera o no. Anda, adivínalo. Pero no te preocupes: todo lo que estoy diciendo es verdad.
-¿A qué hora te toca ser sensata?
-¡Ay!, por la tarde.
-¿Por qué esos cambios tan raros?
-No sé, chico; debe ser cosa del horóscopo que me hace ser de una forma por las mañanas y de otra forma por las tardes; aunque yo me encuentro mucho mejor por la noche.
-¿Cómo eres por la noche?
-Sensacional.
-Modestia aparte, ¿no?
-Tonto, pero si todo es broma…
-¿Todo?
-Bueno, lo de sensacional, hombre.
-¿Es que no lo eres?
-¿El qué?
-Sensacional.
-Mírame. ¿Qué te parece a ti?
-Que si te miro, no puedo seguir escribiendo. No tenemos tiempo.
-Es verdad. Yo tengo una cena muy importante.
-¿Qué hay para ti más importante que una cena importante?
-Un hombre.
-¿El de la cena, por ejemplo?
-Por ejemplo. Es mi cuñado, Ricardito. Tuvo un accidente hace tres años y está recuperándose en un sanatorio. Me está esperando, ¿sabes? Por eso es tan importante para mí esa cenca con un hombre que sólo tiene diecisiete años.
-Ahora has cambiado.
-Es que soy muy rica en facetas y reacciono según el momento. No hay más que tocarme la fibra, y ya está.
-Pero a veces finges.
-Porque en la vida hay que hacerlo. Todo el mundo finge. Es natural.
-¿Tú has fingido durante esta entrevista?
-No; no podría hacerlo. Estoy cansadísima, y cuando uno está cansado no puede fingir. Yo, para fingir, tengo que estar muy descansada, tengo que estar muy tranquila. Te he dicho todo igual que lo siento y, por supuesto, no me arrepiento de nada de lo que te he dicho. ¿Sabes que me ha gustado mucho esta entrevista?
-Bueno.


J.M.C.
(Fotos: SIMÓN LÓPEZ)


EL RECORTE CCXXVI
Este reportaje de la revista Ondas, de Enero de 1968, no sólo hace un avance de lo que es el próximo rodaje de "Tuset Street" sino que, además, apunta un romance de nuestra diva con el protagonista: Patrick Bauchau. 

TODOS LA CREIAN ACABADA, TODOS CREIAN QUE ERA UNA FIGURA DEL CINE DE AYER Y LOS HA SORPRENDIDO AL CONSEGUIR FIGURAR COMO “VEDETTE” EN UNA PELÍCULA DE VANGUARDIA
SARITA MONTIEL
INICIA UN NUEVO CAPÍTULO DE SU VIDA AL SER LA INTÉRPRETE DE UN FILM DE LA NUEVA OLA:
“TUSET STREET”


Sarita está más cordial que nunca. Trata de "hijos" a los reporteros gráficos y les da consejos sobre el ángulo de su rostro que según ella, es mejor. Pero aunque se la pille de frente, de costado o de tres cuartos, Sarita es siempre sensacional. 


Sarita Montiel ha iniciado un nuevo capítulo de su vida que podría titularse “Sarita y los ‘hippies’”. No es que Sarita se haya hecho “hippie” propiamente hablando, pero sí pasa el día rodeada de esa nueva fauna que se extiende por Europa como una mancha de aceite.
Sarita ha encontrado a esos importantes personajes en el enclave “hippie” de Barcelona, que es esa calle Tuset, que hoy inspira a todo el mundillo artístico de la ciudad. Los ha encontrado para rodar con ellos “Tuset Street”, un film de vanguardia dirigido por Jorge Grau, el más lírico de los realizadores del nuevo cine catalán.
Todo el mundo se ha sorprendido de ver a Sarita metida en un film de vanguardia, ella que era uno de los más firmes pilares del cine convencional, que ha cimentado su fama a base de cantar tangos y cuplés consagrados por el tiempo y transmitidos de boca a oído de padres a hijos. Para dar ese importante paso, Sarita ha tenido dos razones.
La primera es de origen profesional. Cuando Cesáreo González canceló su contrato con ella, hizo valer varios motivos de orden legal: Sarita había  retrasado el rodaje al no presentarse el día en que estaba convocada, había engordado y los vestidos previstos para el film no le entraban, pretendía introducir cambios inadmisibles en el guión. Todos esos argumentos eran válidos para pleitear, pero la verdadera razón era que Cesáreo consideraba que Sarita se había agotado.


Sarita y Patrick patrocinan los primeros pasos en el cine de Emma, una muchacha que promete ser la B.B. nacional de nuestro cine de vanguardia. 


Todos creían que Sarita era una mujer acabada, pero ha aparecido ante nosotros como una auténtica "ye-yé". Una "ye-yé", es lo que será en el film de Jorge Grau, "Tuset Street", que se dispone a empezar. 

Una nueva generación ha irrumpido con fuerza en las taquillas cinematográficas y pide otra cosa que el cuplé, el tango y demás que constituían la especialización de Sarita. Es preciso hacer un cine nuevo y Cesáreo consideraba que Sarita no podría adaptarse a ese cine de la “nueva ola”. Por eso aprovechó el pretexto para romper su contrato con ella.
Sarita quiere ahora demostrar a Cesáreo que estaba equivocado. Y ha conseguido ya una gran victoria con sólo participar como “vedette” en “Tuset Street”, ya que es bien sabido que los de la “nueva ola” no hacen concesiones.
Son puros y van a su arte sin miramientos. Si Jorge Grau ha escogido a Sarita para su film, es porque cree en ella, cree que puede dar un rostro nuevo a esa nueva expresión cinematográfica.
“Tuset Street” representa pues una especie de resurrección para Sarita, es su Pascua Florida. Todos tenían tendencia a considerar a Sarita como una mujer que entra a marchas forzadas en la madurez, cuando en realidad tiene los mismos años que Brigitte Bardot. Tiene treinta y tres años, que es la edad de las grandes cosas, sobre todo si se tiene en cuenta que los “monstruos sagrados” del cine, Greta Garbo y demás, llegaron a la cumbre de su popularidad a los cuarenta años.



Sarita ha renunciado a un contrato que tenía firmado con los rusos para poder estar al lado de Patrick Bauchau. En la rueda de Prensa que tuvo lugar el otro día, ambos aparecían como dos enamorados. 

La otra razón es de orden privado. A estas alturas, Sarita no debía encontrarse en Barcelona. Debería encontrarse exactamente en Moscú, donde Sarita goza de una inmensa popularidad, rodando un film ruso basado en la vida de Catalina la Grande.
Pero si Sarita ha preferido las dulzuras de la Costa Brava a las brumas del Kremlin, no ha sido por el clima, puesto que tiene ya doce maletas llenas de pieles, capaces de hacerle soportar el más riguroso frío. Ha renunciado a su aventura rusa por un hombre.
Él se llama Patrick Bauchau. Es francés y ha protagonizado “La coleccionista”. Es bello como un Adonis y cuando Sarita lo vio en foto quedó prendada de él. Nunca en su vida había visto un hombre tan guapo (…) se pone a lanzar gritos estridentes, “¡Patrick! ¡Patrick!”, hasta que él viene.
Ambos se han ido a la Costa Brava para dar la primera vuelta de manivela del film y, a pesar del frío, ambos han nadado sin experimentarlo, uno al lado del otro, como dos enamorados.
Patrick parece ser el gran amor de su vida, el que hasta ahora Sarita ha perseguido en vano, de modo que ese film que se inicia ahora constituirá para ella el principio de una brillante segunda carrera y el principio de una nueva vida sentimental.
Sarita ha cambiado mucho en estos últimos meses. Come muy poco y ha suprimido por completo el chorizo que, como muy bien saben sus admiradores, fue el culpable de esa ofensiva que dio su peso en el momento de iniciar el rodaje de  “La guerrillera de Villa”, película que acabó rodando Carmen Sevilla.


Sarita no da un paso sin su Patrick, el cual la aconseja sobre su vestuario y demás. Se nota a legua que Sarita es una mujer enamorada que se está transformando. 


Cuando termine el rodaje de “Tuset Street”, Sarita Montiel saldrá probablemente con dirección a Rusia. Pero no está aún decidida. Ella querría también dedicarse a escribir. Desde hace tiempo empezó a escribir sus Memorias, pero sus contratos no le permitieron proseguirlas. Y ella quisiera pararse algún tiempo para dar cima a esta obra. Pero cuando se tienen los sentimientos revueltos por un loco amor, no se hilvanan muy bien las ideas.
Al final, acabará haciendo lo que diga Patrick, porque ella, cuando está enamorada, es muy mujer y le gusta verse dominada por un hombre.


FELIPE LUIS COLLADO
(Fotos: López Lacalle)
Agencia PRERA


LA FOTO CCXXVI


La diva da vida a Violeta Riscal en el film "Tuset Street".