domingo, 17 de febrero de 2019

GARBO - 29 de Marzo de 1.972 - España


SARA
POST – OPERACIÓN:
Parecía la escena de cualquiera de sus películas: la “estrella”, sonriendo y saludando desde una silla de ruedas, llegó hasta los periodistas que llenaban la sala de visitas de la clínica. Nadie diría que Sara estaba recién operada. Los “flashes” y las preguntas eran disparados sin tregua ni descanso. Sara nos ofrecía lo que posiblemente haya sido la noticia más humana de su vida. Por primera vez recibía a la prensa en zapatillas y camisón. ¡Y qué camisón!... Claro que la generosidad del escote -¿cabría llamar escote a los estrechos tirantes?- había sido elegido meticulosamente. Lo mismo pasaba con el tono de la prenda, rosa ciclamen. A pesar de la aparente improvisación todo estaba calculado, previsto, estudiado. Sara cuida personalmente de sus relaciones públicas y no deja ningún cabo suelto. Hasta en esto sabe dar lecciones.
AHORA PODRÉ LUCIR MI IMPORTANTE OMBLIGO

-He querido recibir a la prensa por cortesía… y para anticiparme a posibles comentarios malintencionados. Me han colgado ya muchos sambenitos. Siempre están inventando que me hago operaciones de cirugía estética. Y yo juro que no me he tocado ni la cara. La gente disfruta inventando. “Si sale guapa –dicen- es por el maquillaje, o porque le han dado ya bastantes estirones.” ¿Recuerdas cuando contaban que me quitaba muelas para acentuar los pómulos? Sí, ya sé que son tonterías. Pero alguien puede creerlas. Efectivamente, yo misma escogí el camisón con este pronunciado escote. Lo hice para demostrar que no me han tocado ni la cara ni el busto. Me han operado de una hernia. Así de sencillo.
UNA HERNIA DE TRES AÑOS
-¿Y por una simple hernia se desplazó a Barcelona y se puso en manos de uno de los mejores especialistas de cirugía estética…?
-Sólo por una hernia. No olvides que tengo un ombligo muy importante. Para que me quede bien redondo y muy visible, me he gastado un montón de duros. No era una simple operación de hernia; había que realizar esa operación y, encima, no dejarme cicatriz. Ninguno como Jaime Planas para hacerlo de forma inmejorable. ¿Por qué tardé tanto en operarme, si llevaba ya tres años con la hernia? Tenía miedo. Últimamente ya no podía aguantar los dolores. De vez en cuando me ponía un cinturón, pero resultaba incómodo y antiestético. En los últimos tiempos, ni siquiera podía agacharme a recoger una maleta. Tampoco podía hacer esfuerzos al cantar. Y como en agosto tengo una película con muchos bikinis y trajes de hawaiana, no podía demorarlo más.


EL ANTES Y EL DESPUÉS DE LA INTERVENCIÓN
En esta operación de Sara Montiel existe para nosotros un antes y un después. Acompañamos a la “estrella” hasta el mismo pie de la clínica, tras una tarde desasosegada de estancia barcelonesa, donde Sara Montiel sólo hizo bien una cosa: ir a la peluquería. Supo prever la invasión de periodistas y se anticipó en el cuidado de la cabeza, claro que únicamente le hicieron un simple lavado. “Así –nos dijo- bastará con unas cepilladas para estar lista.” Conocíamos a Sara Montiel en muchas facetas. Pero nunca la habíamos visto como el día que ingresó en la clínica. Es la única vez que la observamos turbada y vacilante, con los nervios a flor de piel. Tenía miedo y no trataba de ocultarlo. De vez en cuando, con su proverbial causticidad soltaba: “Vosotros estáis muy tranquilos. Como es a mí a quien abren…” Sólo le preocupaba la mujer. La actriz había dejado su máscara. En sus reacciones nada estaba estudiado. Pero sus miedos y vacilaciones duraron lo que la operación: unas horas. En seguida reapareció la Sara Montiel triunfadora, punzante, irónica y diva de la cabeza a los pies. Reconozcamos que tuvo vista incluso para ser operada. Antes de entrar en el quirófano lo dejó todo arreglado y a punto de entrevista: “Si alguien llama, decidle que empezaré a recibir tal día y desde tal hora…” Mucho tiene que enseñar. El día que se retire podría escribir un libro sobre cómo llegar a ser estrella. A las diez de la mañana entró en el quirófano. La sacaron a las dos de la tarde. “Estuvieron rajándome y cosiéndome durante cuatro horas. Y total para una hernia”, nos diría. Cinco horas después, “soltó” la anestesia. Y a las diez de la noche del mismo día, pedía que le pusieran la televisión. Veinte horas más tarde, asombraba al doctor Planas, que cuando la visitó se encontró a una Sara Montiel con ganas de maquillarse. “En toda mi vida profesional no había visto nada así. No hace 24 horas que te operé y ya estás despejadísima”. Planas también dijo otras cosas. Multiplicó sus elogios a la piel de Sara.
-Es cierto. Comentó que sería normal que la tuviese una chica de veinte años, pero es mucho más difícil encontrarla en una señora de treinta y nueve.
-¿Qué le resulta más incómodo en el momento de la recuperación?


NO SE OPERÓ PARA EXHIBIRSE MÁS
-La inmovilidad. Este no poder moverte de la cama me pone nerviosísima. Debe de ser porque nunca me había visto así. ¿Si he tenido otras operaciones? Ni una. Todavía no sé lo que es la consulta de un dentista.
¿Cómo se entretiene?
-Leyendo. No paro. Leo todo lo que cae en mis manos. Igual me da que sea novela, relatos policíacos o narraciones históricas. Lo trago todo.
-La hernia ya está fuera y su ombligo es más redondo que nunca. ¿Ahora piensa enseñarlo más?
¿Más que en “Varietés”? No. Lo mío no es exhibirme. Yo nunca me había preocupado de la cintura hasta que se presentó esta dichosa hernia. Me había limitado a lucir cara, espalda y piernas.
-Si algún día llegase el caso, ¿le importaría someterse a una operación de cirugía estética?
“NI DENTRO DE VEINTE AÑOS ME HARÉ LA CIRUGÍA ESTÉTICA”
-No sé qué decirte. Tengo tanto miedo a las operaciones, que no creo. Ni dentro de veinte años. Mi madre murió a los 73 y tenía una piel preciosa y una figura estupenda. Yo sólo concibo la cirugía de cara en los casos de gente muy fea o cuando se tienen las facciones demasiado duras.
-¿Cómo entretuvo la Montiel sus largas horas de clínica? Jugando con “Cuchi”, su perra, leyendo, cavilando o hablando por teléfono. Desde Mallorca la llamaban seis veces al día. Vicente Parra tampoco se quedó atrás en conferencias.
-El resto del tiempo lo dediqué a planificar mi próxima película. Se llamará “La pantera” y estará dirigida por José María Forqué. La historia sucede en una “boite” al lado del mar. Empezaremos el rodaje a primeros de julio. Ya tengo seleccionadas las canciones. Habrá cuatro temas de Glen Miller y Cole Porter, varias españolas y dos de Los Beatles primitivos, de lo que ellos cantaban antes de ser famosos. Nada de grititos desaforados. Son canciones basadas en temas clásicos. Cuando salga de la clínica estaré unas semanas en Mallorca. Quiero reponerme al sol. Después viajaré a Rumanía para presentar “Varietés”. Me lo ha pedido el Gobierno de aquel país. A continuación me esperan otras galas en Puerto Rico, Méjico y Miami, donde mi película lleva ya ocho semanas de exhibición…


Sara ha olvidado los puntos, el dolor y la hernia. María Antonia vuelve a ponerse la máscara. En el fondo aséptico de la clínica ha surgido nuevamente la primera estrella del cine español. Tenía que ser así. Sara sonríe. Acaricia a su perra “Cuchi”. Piensa con ilusión en esos proyectos de trabajo. La película con Forqué puede ser un éxito. Forqué es uno de los pocos realizadores españoles que, en cierto modo, sabe compaginar la comercialidad con lo digno. “La pantera”, por supuesto, tiene un buen taquillaje asegurado. Porque Sara Montiel sigue siendo la más “star” de nuestras actrices. Con sus cosas, sus desplantes, sus “salidas” a lo diva. Su indiscutible visión publicitaria. Sus contradicciones. Su vedetismo y su profunda humanidad, sus fantasías y su sano sentido práctico de mujer del pueblo.

Texto: JESÚS MARIÑAS
Fotos: CID


EL RECORTE CCCXVI
En el ocaso de su carrera cinematográfica, muchos reclamaban a Sara que no eligiese nunca un 'partenaire' español. Su vida privada irrumpía cada vez más en la prensa mezclada con la expectación de sus proyectos. Un ejemplo es este humorístico montaje que la revista Fotogramas le dedicaba en su número de 23 de Febrero de 1.973. 

¿PUEDE SER UD. EL PRÓXIMO GALÁN DE SARA?
Ante la indecisión de Sarita Montiel para elegir coprotagonista de su próximo y campanilludo film, “De aire y de fuego” –aunque se ha hablado ya de contratar a Bekhim Fehmiu-, nuestra revista se une a los esfuerzos de la diva convocando unas feroces oposiciones para ocupar la plaza. El futuro galán debe ser de planta jacarandosa, hechuras retrecheras y músculos sabrosones. No importa si ha nacido en Astorga, pero su aspecto habrá de ser lo más exótico posible, así como el nombre o pseudónimo. Sara, que últimamente se daba mucho al este –recordemos que en “Esa mujer” tuvo al ruso Ivan Rassinov, y en “Varietés” al húngaro Chris Avram, necesita para su próximo film un galán orientalesco. Usted puede serlo, si satisface alguno de los requisitos que apuntamos a continuación.


Si es usted un tailandés de saltito fácil y pelo en pecho. 


O un gigoló tibetano que sabe enrrollarse el turbante. 


Si lo suyo es ligar al estilo de Damasco. 


O en plan de exhibición muscular a lo israelita. 




En último caso, los egipcios, en sus diversas alternativas -permanente a lo Sinubé, para estar por casa; tocas rayadas para días de feria y modelo lujoso para ir de picnic al Nilo-, resultarán muy propios para darle la réplica a Sasasasarita. 


LA FOTO CCCXVI


Sara, peinada...

domingo, 10 de febrero de 2019

PUEBLO - 12 de Julio de 1.962 - España


La diva aparece solo en la portada. Dice esto:

SARA MONTIEL,
elegida la más popular
La bella Sara Montiel muestra contenta su premio “Triunfo”, que a los más destacados valores cinematográficos del año concede la popular revista. Sara fue elegida, por los lectores y por un jurado compuesto de críticos y directores de cine, como la mejor actriz de 1.962. Mezclada con la ovación que se ganó la guapa iban también las protestas de cierta parte del público, que no estaba de acuerdo con el fallo. Recibieron junto a ella el mismo galardón el actor Paco Rabal, el director García Berlanga, Sofía Loren, Maximilian Shell y el director italiano Zurlini.

(Fotografía Torremocha)


EL RECORTE CCCXV
En los '60 Sara Montiel lo era todo. Ello lleva consigo, también, cosas menos positivas como críticas o premios. En esta ocasión ofrecemos las impresiones de la actriz al recibir el premio "Limón". Pertenece al número de 11 de Mayo de 1.966 de Cine en 7 días. 

DOLIDA pero CONTENTA
SARA MONTIEL
después de recibir el premio “Limón”

Sara Montiel suelta una carcajada si alguien le da el pésame por lo del premio “Limón”.
-¿Antipática yo? No se lo creen ni ellos. Todos cuantos me han tratado son testigos. Que hablen. Y no digo si se realiza un referéndum a escala nacional…
Está guapísima. Con unos ojos que son ascuas. Refulgen cuando miran de frente. La acompaña una hermana. Y también vive en casa, y pronto aparece en el cuarto de estar, su madre. La verdad, a la familia no le ha sentado nada bien eso de que premien a Sarita por antipática. No está su marido en la mesa. Está Vicente Parra, muy atareado con ensayos de su nueva obra en estas fechas, que es vecino y que ha subido a celebrar con la estrella su nuevo premio.
-¿Le ha afectado ese premio?
-¿A mí? Lo importante es que hablen de una: bien o incluso mal. Todo da popularidad. Todo ayuda a la fama.
Sara Montiel, quiérase o no, es la número uno. Dentro y fuera. Continúa en plena forma. No puede estar mano sobre mano. Es una mujer que necesita la actividad. Vive del trabajo.
-Ahora estoy a la espera de coger el avión y marcharme de nuevo a Méjico. Allí interpretaré “Adelita”, con la famosa y popular canción… Y más tarde, aún no hay fecha fija, haré la novela “Pepita Jiménez”, de Juan Valera, con el mejor realizador checo, Hoffbrigh.
-¿La gusta trabajar fuera de España?
-Sí, claro. Sin embargo, podía trabajar más. Pero debería multiplicarme.
-¿Y de discos?
-Acaba de salir un nuevo disco: el de “La mujer perdida”.


La chica trae un limón a la mesa. Sara Montiel hace que lo va a morder. Se ríe abiertamente.
-¿Está segura de que no es… antipática?
-Eso que lo diga la gente. La que me conoce. Ahora, que yo sepa, hay una persona que puede decir que lo soy. Es el periodista barcelonés que me comunicó la noticia del premio. Me arrepiento de haber sido antipática con él. Pero me llamó una noche. No estaba yo. Le dijo a la chica: “Mañana la llamaré porque le hemos dado un premio”. A las nueve y media de la mañana me llamó. Me dijo: “Le hemos dado el premio ‘Limón’ por su antipatía con nosotros…” Y me preguntó que cómo me sentaba. Le dije que estaba adormilada, con bastante sueño y que me sentaba como a él le sentaría que le despertasen para una cosa así tan temprano… Con él tal vez fui antipática.
-Entonces, ¿hay champán?
-Por supuesto, nada de indignación. Yo no soy agria. Yo no soy enemiga de nadie. Entonces, ¿qué? Hay que estar contenta. Además, me honra estar al lado de una Liz Taylor y de un Orson Welles…


Sara está convencida de que España no la cree antipática. España la quiere. Por eso, siempre presume de ser millonaria en cariño. A su vez, corresponde dando su corazón a sus admiradores. Porque trabaja con el corazón. Sin exagerar, con elegancia. Sara Montiel está hecha un torbellino. Necesita vivir así. Como un vendaval. Oculta a veces tristezas de su vida privada. Pero es admirable. Y tan joven y guapa como para empezar de nuevo la conquista del mundo…


LA FOTO CCCXV


En su piso de Plaza España con la miniatura de "La mujer perdida". 

sábado, 2 de febrero de 2019

CINESPAÑA - Diciembre de 1.961 - Francia



La diva aparece solo en la portada y contraportada. 


EL RECORTE CCCXIV
La revista Tele Indiscreta, en su número 16 al 22 de Febrero de 1.985, traía como inéditas estas fotografías de la actriz de su época méxico-americana. Las acompañan un texto que resalta la importancia de la estrella a lo largo de toda su carrera hasta aquel momento. 

LAS FOTOS NUNCA VISTAS DE SARA MONTIEL

El tiempo no pasa para Sara Montiel, que todavía conserva intacta su belleza y el innegable “sex-appeal” que la convirtieron en la primera diva del “star-system” nacional, de la mano de Juan de Orduña.
Esta semana, la noche del lunes, por la Segunda Cadena, TVE nos ofrece una de sus películas, “Don Quijote”, en la que aparece junto a otros dos nombres importantes de la cinematografía española, Rafael Rivelles y Fernando Rey.
En Sara podemos destacar el enigmático magnetismo de los Piscis que atrae poderosamente, sin opción de sustraerse a su influjo. Su extraordinaria sensualidad la convirtió en la estrella española preferida por Hollywood, en una época en la que lo nuestro pasaba en la Meca del cine prácticamente inadvertido.


Hollywood también supo apreciar la gran belleza y la enorme sensualidad de la actriz española, comparándola con nombres tan famosos como Elizabeth Taylor y Ava Gardner. 


Pocas veces se ha producido en nuestro país un fenómeno como el de Sara, que ha sabido mantenerse en la cima durante años y que en la actualidad sigue atrayendo multitudes, tal como ha quedado demostrado con su último espectáculo, “Nostalgias”, que ha obtenido un clamoroso éxito durante todo el tiempo que se ha mantenido en cartelera en un conocido teatro madrileño. Y lo más sorprendente es que Sara sigue triunfando con sus canciones de siempre, con su estilo de toda la vida, sin necesidad de cambios de imagen ni otras cosas parecidas.


París le ofreció hace aproximadamente un año un cálido y sentido homenaje, porque también allí, el paraíso de los artistas, es reconocido  el talento de Sara Montiel. Y París, precisamente, escogió la estrella este año para descansar unos días antes de emprender una gira por Norteamérica que tendrá una duración de tres meses, durante los cuales Sara pisará los escenarios de los más importantes teatros de Puerto Rico, Santa Cruz, Boston, Filadelfia, Washington, Nueva York, Chicago, Los Ángeles, San Francisco, San Diego, San Antonio, Houston, Nueva Orleáns y Miami, recogiendo los aplausos de miles de personas que saben valorar el talento y el arte de nuestra Sara Montiel, uno de los rostros más bellos que ha tenido el cine mundial.

Marta de la Vega


LA FOTO CCCXIV


Otra foto de aquella maravillosa sesión. 

viernes, 25 de enero de 2019

ARRIBA - 30 de Enero de 1.958 - España


La diva aparece solo en la portada. Dice lo siguiente:
LOS FOTÓGRAFOS, ANTES SARITA. En flagrante delito de belleza sorprenden las cámaras a Sarita Montiel, subida en el pasamanos de las escaleras que llevan a Montmartre. Sarita ha hecho furor en París, como era de esperar. Entre ingenua y traviesa ahí la tienen, durante una pausa del rodaje de algunas escenas de "La violetera", que los fotógrafos aprovecharon eligiendo perspectivas y disparando con ilusión.  - (Torremocha)


EL RECORTE CCCXIII
El número 4 y último de la breve biografía que la revisto Mucho Más le dedicó a la actriz entre Enero y Febrero de 1.991. 

Serie –DETALLES ÍNTIMOS DE SU VIDA –
Capítulo 4 y último
SARA MONTIEL
DE NIÑA POBRE A FULGURANTE ESTRELLA
A la tercera… boda y dicha con Pepe Tous

Sara consiguió la estabilidad sentimental con el empresario teatral Pepe Tous. Ellos se casaron en 1979. 

Tras su matrimonio con Anthony Mann, Sara Montiel vivió algunos romances con actores de la época, como Raff Vallone, Maurice Ronet o Mario Montuori y se casó, finalmente, con el bilbaíno José Vicente Ramírez Olalla. La actriz lo conoció en casa del fotógrafo Berenguer y comenzaron su romance. Vicente, al que llamaban familiarmente “Chente”, tenía treinta y tres años cuando se casó con la actriz, era licenciado en Ciencias Económicas y Derecho, y trabajaba en el departamento de relaciones públicas de una empresa de automóviles españoles.
La boda tuvo lugar en Roma, en la iglesia española de Montserrat, el 2 de mayo de 1964, algo menos de un año desde que su matrimonio con Anthony Mann quedara anulado. La ceremonia fue oficiada por un viejo amigo de los novios, fray Justo Pérez de Urgel, abad del Valle de los Caídos, y a su término Sara asombró llevando su ramo de novia a la tumba del rey Alfonso XIII, cuyos restos mortales aún estaban en Roma en aquella época.


En 1960, con el entonces príncipe Juan Carlos. 

La pareja de recién casados emprendió una larga luna de miel alrededor del mundo. Pero este segundo matrimonio tampoco funcionó, como poco después confesaría la actriz: “Mi matrimonio con Chente fracasó nada más salir de la iglesia”. Al parecer, el amor entre Vicente y Sara se fue desvaneciendo poco a poco y entonces decidieron solicitar el divorcio. Concedido éste en 1977, pasarían tan sólo dos años hasta que la famosa estrella decidiera casarse de nuevo.


Un momento de su segunda boda, con José Vicente Olalla, en Roma. 

El amor, poco a poco
Conoció a Pepe Tous en el año 1970. Él dirigía el periódico mallorquín Última hora y trabajaba también como empresario teatral. Po aquel entonces, Sara llenaba los teatros a los que acudía con su espectáculo y estaba muy cotizada. El público no se cansaba de aplaudir sus éxitos de siempre, Fumando espero, Nena, El relicario, La violetera y otros muchos. A lo largo de los setenta, presentó espectáculos como Sara Montiel en persona, Saritísima, Increíble Sara y Doña Sara de la Mancha, con los que siguió triunfando.
Pepe la contrató para actuar en el Teatro Baleares y fue a esperarla al aeropuerto con un gran ramo de flores. Aunque por aquel entonces la actriz mantenía relaciones con el italiano Giancarlo Viola, la amistad entre ambos se enfrió.
“Pepe me cayó bien y pronto nuestra amistad se tornó en algo más. Poco a poco, fuimos intimando, hasta que un buen día nos dimos cuenta de que estábamos enamorados”, explicaba Sara.


Durante los años setenta, Sara presentó varios espectáculos. Entre ellos, Doña Sara de la Mancha obtuvo un enorme éxito. 

Pero tras los dos fracasos matrimoniales que había sufrido, ella no estaba dispuesta a casarse de nuevo, por lo que iniciaron una convivencia que resultó ser todo un éxito. Según comenta la actriz en sus memorias. Pepe Tous has sido el único hombre que ha sabido estar en su lugar y ser al mismo tiempo marido de una estrella: “Me deja ser Sara Montiel y me trata como Antonia. Es decir, sigo siendo Sara pero él no renuncia a tener junto a sí a Antonia”.
Con Pepe Tous no sólo ha conseguido la felicidad de pareja, sino que además se han hecho realidad sus sueños de ser madre. Juntos, pudieron adoptar a Zeus y a Thais, gracias a los cuales se desvaneció definitivamente la terrible frustración maternal que arrastraba la actriz desde su juventud.


En su sesenta cumpleaños. 


Sara Montiel rememorando su interpretación de La violetera. 

El sueño de ser madre
A lo largo de estos años, Sara ha sufrido once abortos. Con su primer marido perdió a dos niños, el último a los ocho meses de gestación. “Me caí de nalgas en la puerta de mi casa –relata en sus memorias-. El pequeño murió en mi vientre y tuvieron que hacerme la cesárea para extraérmelo.” El feto fue enterrado en el cementerio de Orange, en Nueva Jersey, donde reposaban los restos de la madre de su esposo.
Los posteriores intentos de mantener un embarazo fueron inútiles. Sara padece una extraña enfermedad, el edema de Quint, que le impide disfrutar de un período normal de gestación. Después de consultar a los mejores especialistas, y ante la evidencia, la actriz se decidió finalmente por el sistema de adopción.
Su primera hija, bautizada con el nombre de Thais, la adoptaron en el Brasil cuando contaba con dos meses de edad. Poco después, Sara y Pepe se casaban civilmente el 31 de julio de 1979, en el Palacio de Justicia de Palma de Mallorca.


La adopción de Thais y Zeus desvaneció su frustración maternal. En la actualidad, forman una familia feliz. 

Cuatro años más tarde, y tras dos de espera, llegó el segundo hijo del matrimonio, Zeus que nació en Santo Domingo el 21 de mayo de 1983.
Sara y Pepe Tous forman hoy en día un matrimonio estable y una familia feliz.

Paloma Escario
Efe/Reportajes


LA FOCO CCCXIII


Esplendorosa madurez. Sara en New York. 

sábado, 19 de enero de 2019

CINE MUNDO - 21 de Diciembre de 1.957 - España


La diva aparece solo en la portada y en una sección al final de la revista. 

APUNTES DE MI FICHERO


¿LA RECONOCEN? – Estas fotografías son rigurosamente inéditas. Corresponden a los años de adolescencia de Sara Montiel, cuando principiaba a soñar con el cine y a su deseo inmenso de convertirse en actriz.

Por Jorge  FIESTAS


EL RECORTE CCCXII
Aquí el número 3 de la biografía que le dedicó a la actriz la revista Mucho Más en Enero-Febrero de 1.991. 

Serie –DETALLES ÍNTIMOS DE SU VIDA – Capítulo 3
SARA MONTIEL
DE NIÑA POBRE A FULGURANTE ESTRELLA
El primer fracaso:
su matrimonio con Anthony Mann

El 31 de agosto del año 1957, Sara se casó en Los Ángeles con Anthony Mann. Él era treinta años mayor, y el matrimonio duró seis. 

El éxito de Veracruz, la película de Robert Aldrich, proporcionó a Sarita Montiel la época más resplandeciente de su vida profesional, internacionalmente hablando. Su foto junto a Gary Cooper y Burt Lancaster, los más famosos galanes del momento y compañeros suyos de reparto, dio la vuelta al mundo. Sara podría haber sido toda una estrella del cine americano si no hubiera sentido tanta nostalgia de su tierra. Yuma y Serenade lo confirmaron.

Intimidades con los famosos de Hollywood
Entre sus amigos se encontraban nombres que hoy son ya glorias de Hollywood: Marlon Brando, Alfred Hitchcock, James Stewart, Barbara Stanwyck, Maureen O’Hara, Ernest Hemingway, John Huston, Anthony Quinn y un largo etcétera. Con algunos incluso vivió aventuras amorosas, como es el caso de Gary Cooper.
En sus memorias, la actriz cuenta muchas curiosidades: “Marlon Brandon –dice Sara- aparecía en mi casa a las horas más intempestivas para que le hiciera café o unos huevos fritos con ajos, a la española”, o y “en la misma calle en la que vivíamos Tony (Anthony Mann, entonces su marido) y yo, residían muchos famosos: Joan Collins, Mel Ferrer, Audrey Hepburn, Claudette Colbert… Pero, sobre todo en aquella calle de Hollywood vivía Barbara Stanwyck, gran amiga de Tony. Guardo un recuerdo imborrable de ella, una mujer cargada de humanidad y de vuelta de todo. No era la típica americana fría y banal. Todo lo contrario. Diría que se parecía mucho a los personajes que interpretaba.”


El público le fue incondicional desde sus comienzos, cuando sólo tenía ilusiones y muchas ganas de triunfar. 

No estuvo en el estreno de El último cuplé
En 1955, en pleno apogeo de su éxito hollywoodiense, María Antonia Abad vuelve a España. Hacía cinco años que faltaba de su tierra. Se hospedó, junto con su madre, en uno de los hoteles más lujosos de Madrid, siendo agasajada por aquellos que antes le habían vuelto la espalda.
Fue entonces cuando Juan de Orduña le ofreció protagonizar el que sería su mayor éxito cinematográfico en España, El último cuplé. Al principio, hubo dificultades para encontrar financiación para la película, pero el rodaje empezó en el mes de septiembre de 1956, en Barcelona. La película desbordó toda previsión y Sarita Montiel se convirtió en la figura más importante de la época. Sin embargo, no estuvo presente en su estreno, el 5 de mayo de 1957, pues se encontraba en Los Ángeles con Anthony Mann, con quien se casaría tres meses después.


Con Raf Vallone protagonizó uno de sus mayores éxitos en La Violetera. 

Boda con Anthony Mann
Había conquistado el corazón de uno de los directores más afamados del momento, el responsable del descubrimiento de estrellas del celuloide como Susan Hayward o Ava Gardner. A María Antonia no le importaba nada lo que ella consideraba entonces un pequeño detalle: Anthony Mann tenía treinta años más que ella.
A pesar de la diferencia de edad, se enamoraron y se casaron. La ceremonia, que se ajustó al rito judío, tuvo lugar en Los Ángeles el 31 de agosto de 1957.
Mann acompañaba a su esposa a todos los viajes que podía y llegó a enamorarse de España y de sus gentes. En 1958 ambos llegaron al aeropuerto de Barajas aclamados por la multitud.
Sara era ya una gran estrella y sus miles de admiradores la acosaban sin descanso. El éxito de El último cuplé y el hecho de estar casada con una de las glorias de Hollywood la habían convertido en una verdadera diva. Recibía ofertas de todas partes, incluso aquellos que antes la habían ignorado le ofrecían contratos millonarios, desorbitados para la época. Finalmente, aceptó una de las propuestas, la de Benito Perojo que lehizo ingresar casi cien millones de pesetas por protagonizar La violetera, Carmen la de Ronda, Mi último tango y Pecado de amor.


En los 70, se retiró del cine con Cinco almohadas para una noche. En la misma época dejó las huellas de sus manos en Hollywood. 

Primer fracaso matrimonial
Al marido de Sara le gustó tanto España que decidió rodar aquí su última película. “Se trataba de El Cid, que Tony quería que yo interpretase –contaría años más tarde la actriz-. Sin embargo, no pudo ser. Me había comprometido en una serie de contratos en Argentina, Puerto Rico, Chile y Cuba y el papel de doña Jimena se lo ofrecieron finalmente a Sofía Loren.”
Los primeros años de matrimonio fueron felices para Sara y Anthony. No obstante, un buen día las cosas empezaron a marcharles mal. Sara quería instalarse definitivamente en España, pero para Mann la vida estaba en Hollywood. El divorcio fue inevitable. Seis años después de la boda, el Juzgado número 3 de Madrid consideró nulo el matrimonio.
Atrás quedaban dos abortos, de los once que ha sufrido la actriz en su vida. Sara guardó, sin embargo, un gran recuerdo de aquel hombre que marcó una de las etapas más importantes de su vida amorosa.


Además de fama, La Violetera le aportó la importante cifra de 100 millones. 

“Me casé con Anthony Mann porque ambos estábamos muy enamorados, y si nuestro matrimonio fracasó fue por razones puramente personales. La más importante era la edad. Yo estaba empezando a vivir, pletórica de vida, acababa de lograr el triunfo, y él era un hombre bastante mayor que yo, cerca de treinta de años, que ya venía de vuelta, cansado y con ganas de tranquilidad. Por eso decidimos divorciarnos. No obstante, hasta su muerte hemos seguido siendo excelentes amigos e incluso a mi segunda boda vino una de sus hijas. Puedo decir que Anthony ha sido un marido ejemplar, un buen amigo y un gran director, y que lo he querido y respetado mucho”. Pero su vida sentimental no termina con este matrimonio. Aún pasará dos veces más por la vicaría.


Paloma Escario
Efe/Reportajes
Próximo capítulo: Sus bodas con españoles


LA FOCO CCCXII


Besándose con su primer marido: Anthony Mann. 

sábado, 12 de enero de 2019

PRIMER PLANO - 23 de Junio de 1.957 - España


La diva aparece solo en la portada. Este es el texto que acompaña:
SARA MONTIEL. La bellísima y magnífica intérprete de "El último cuplé" ha firmado un importante contrato con el productor Benito Perojo para cuatro películas, siendo la primera "La violetera", bajo la dirección de Luís César Amadori (Foto Ibáñez)


EL RECORTE CCCXI
Número dos de la biografía que le dedicó la revista Mucho Más en Enero y Febrero de 1.991. 

Serie –DETALLES ÍNTIMOS DE SU VIDA – Capítulo 2
SARA MONTIEL
DE NIÑA POBRE A FULGURANTE ESTRELLA
Del éxito en México a la llamada de la
 Meca del cine

La deslumbrante belleza de Sarita hizo que le llegaran contratos de Hollywood y trabajar con los grandes del cine. 

En 1944, Sara Montiel, con apenas 16 años, llegó a Madrid dispuesta a ganar el concurso de cantantes infantiles organizado por Cifesa, la famosa productora de cine. Estaba muy nerviosa, pues era la primera vez que iba a actuar delante de personas entendidas, pero la fortuna y su preciosa voz estaban de su parte. Vestida con un traje largo de color rosa, el primero que le hacían, interpretó La morena de mi copla y deslumbró al jurado. “Gané el primer premio –recuerda Sara-, que consistía en unos cursos de declamación que impartía doña Anita Marcos y un premio en metálico de 500 pesetas mensuales, que naturalmente envié a mis padres”.
Tras el concurso de Cifesa, la suerte de María Antonia Abad estaba echada.
Como una Cenicienta moderna
Era todavía una niña, pero los productores cinematográficos no tardaron en llamarla. Ladislao Vajda la contrató para hacer de jovencita rebelde en Te quiero para mí, trabajo con el que ganó 2.500 pesetas, una millonada en aquellos tiempos. Sarita, que entonces todavía se llamaba María Antonia, se sentía como una Cenicienta moderna.
Se instaló en la casa de sus amigos José Ángel Ezcurra y Pura Carrillo y, con ayuda de ellos, luchó por abrirse camino. Envió fotografías a estudios de cine, de radio, de publicidad… “Un buen día –dice Sara- me llegó una oferta de trabajo de la productora Filmófono. Había salido un reportaje mío en la revista Semana y querían conocerme. ‘Si es como aparece en las fotos, nos sirve’, dijeron los de la productora. Desde luego, yo era la misma de la revista, aunque por poco no me dan el papel por ser menor de edad”. La película se tituló Empezó en boda y compartía cartelera con Fernando Fernán Gómez. “No se me olvidará nunca. Me llevaron al gabinete de belleza de Rosa Zavala. Me tiñeron el pelo de rubio, me enseñaron a vestirme…”
El filme se estrenó en octubre de 1944, tuvo buena aceptación y, además, contribuyó a dar fama a la joven estrella.
“Por mi participación, gané 7.000 pesetas, que gasté en regalos a mi familia”.
Después de Empezó en boda, Enrique Herreros se convirtió en su representante. “Él me bautizó como Sarita Montiel. Mientras ojeaba una Biblia me dijo que me apellidaría Montiel, por los campos donde había nacido, y de nombre, Sara”.


En la mítica Veracruz, de Robert Aldrich, tuvo como compañero de reparto al galán Gary Cooper. Para Sara Montiel fue como un sueño. 


Junto a Jorge Mistral en Locura de amor, un filme del que guarda ingratos recuerdos. En su rodaje, Sara enfermó de tuberculosis. 

Enferma de tuberculosis
Conocida ya por el nombre artístico de Sara Montiel, la actriz desempeñó numerosos papeles en películas como Mariona Rebull, Don Quijote de la Mancha, Confidencias o Locura de amor, sin duda la más famosa.
Sin embargo, a pesar del éxito de este filme, en el que trabajó con Fernando Rey y Aurora Bautista, Sara no se llevó un buen recuerdo de él. El rodaje se realizó en Burgos, en pleno mes de enero. Las temperaturas eran bajísimas y el director ordenó que los actores tuvieran hielo en la boca para que no se les notara el vaho. Esta medida hizo que todo el equipo contrajera unas fuertes anginas. Pero en el caso de Sarita fue peor. Con un historial médico repleto de gripes, resfriados y problemas respiratorios, la joven actriz enfermó de tuberculosis. Ingresó en el sanatorio madrileño de San Rafael y allí permaneció un año entero. “Parecía que la vida se me había terminado –recuerda Sara-, mis ilusiones como actriz, todo se me caía por el suelo en aquel año. Además, la película fue un gran éxito para Aurora, pero no para mí. Las críticas ni siquiera me nombraron”.


En México, rodó Cárcel de Mujeres, un título en el que Sara tuvo que demostrar su valía como actriz dramática. Lo consiguió plenamente. 

A la conquista de América
Quizá no recibió ninguna crítica, ni positiva ni negativa, pero el público se quedó prendado de su rostro. Pedía a gritos su presencia en las pantallas. Además, en aquella época de desesperación contó con el apoyo de personalidades como el escritor Miguel Mihura, que se convirtió en su Pigmalión. “Yo no era una chica con cultura, ni siquiera tenía los conocimientos suficientes para desenvolverme en el medio que había elegido. Mihura fue el primero en ayudarme intelectualmente. Me aconsejó sobre los libros que debía leer y luego me alentó a viajar a México”. Sara siguió al pie de la letra los consejos del dramaturgo.
En 1950, recibió una invitación del gobierno mexicano con motivo de la celebración de las Fiestas de la Primavera. Aceptó de inmediato. “Mi madre me acompañó. Los mexicanos me trataron muy bien. Primero, me surgieron dos películas y luego muchas más. Recuerdo especialmente Cárcel de mujeres, El enamorado, La furia roja y Piel canela, que fue la que me dio mayor popularidad y la que me abrió las puertas de Hollywood”.
Tras convertirse en la actriz favorita del cine mexicano, Sara decidió dar el gran salto a los Estados Unidos. No le resultó difícil. Allí habían proyectado Piel canela, y público y profesionales del medio quedaron entusiasmados con aquella muchacha de aterciopelados ojos negros.


Una escena de Serenade, con Joan Fontaine y Vincent Price. Sara Montiel, ya estaba a la altura de las grandes estrellas de Hollywood. 

Pareja de Gary Cooper
Al poco de llegar, la United Artist, productora con la que trabajaban actores como Gary Cooper o Burt Lancaster, le ofreció un contrato muy sustancioso. Con ella rodó tres grandes películas: Veracruz, de Robert Aldrich, con los intérpretes antes mencionados; Yuma, bajo la dirección de Sam Fuller y junto a Rod Steiger, y Serenade, de Anthony Mann, con Joan Fontaine y Vincent Price. La experiencia no pudo ser más positiva. “Cuando me llamaron de Hollywood para hacer Veracruz probaron conmigo a otra muchacha. Sin embargo, la rechazaron y me eligieron a mí. Aquella chica se llamaba Shirley MacLaine.” Sara Montiel estaba en la cumbre de su carrera y llena de sueños para el futuro. Alejados los recuerdos de la tuberculosis y del desdén en la crítica de cine española, Sarita volvió a sentirse Cenicienta. Mientras, en España empezaron a oírse rumores del éxito de la actriz en Hollywood. Hubo quienes se mofaron de ellos, pero fueron los menos. En realidad, el público ya la adoraba y pedía su vuelta para permitirle lo que ella deseaba: destacar en su tierra.


Paloma Escario
Efe/Reportajes
Próximo capítulo: Su primer matrimonio: con Anthony Mann


LA FOTO CCCXI


Durante su época norteamericana en una joyería.