domingo, 29 de abril de 2018

CINEMA REPORTER - 18 de Noviembre de 1.959 - México



Sarita Montiel, la preciosa mora que se consagrara con "El Último Cuplé" y que refrendara su éxito con "La Violetera" y "Carmen la de Ronda", nos obsequia con su espléndida belleza desde la portada. 


EL RECORTE CCLXXIX
En 1.983 la diva publicaba sus memorias en la revista Lecturas. Eran la guinda de una trayectoria y una leyenda que la actriz fue forjando desde El último cuplé. La revista Cambio 16, en su número de 4 de Julio de 1.983, hablaba con Sara de la efeméride. 

Personajes
La progre Sara
Las memorias de Sara Montiel descubren lo que hay detrás del mito

Pues no, no creo que me mande nadie a la cárcel por lo que digo en mis memorias. Lo que pasa es que soy muy sincera. Y además he topado con José (el periodista José Martí Gómez, redactor de las memorias de Sara Montiel), que tiene un sentido muy serio de la verdad; no es un señor juguetón que lo tome todo en plan frívolo. Claro, ¿cómo va a ser una frivolidad si cuento aquellas cosas que veía por el Madrid de los años cuarenta, cuando había una oficina de la Gestapo sobre el Capitol y desaparecía tanta gente? Yo siempre he ido tomando nota, aunque no lo creas, incluso desde la época de Méjico. José Martí lo que ha hecho es ayudarme mucho para aquellas cosas íntimas mías, secretas, de mujer, de esas que todo el mundo tenemos sea hombre o mujer. Cosas de esas que yo le decía mientras dictaba: esto te lo cuento, pero no. “¿Pero por qué no si han ocurrido?”, me decía. Y claro, depende de cómo se cuenten. Si con algunas gentes me pasaron cosas que ahora me doy cuenta que eran malas, pues eso, no me voy a callar. Si sufren que sufran, antes sufrí yo. No voy a decir que eran unos criminales o algo así, pero la verdad, sí. Igual que voy a contar mis verdades íntimas, de mujer, esas que ni a Pepe Tous ni a una íntima amiga le habré dicho. Sólo se las contaba a uno que es como mi hermano. No, no es mi amante, es mi confesor como aquel que dice, un chico que tiene ahora treinta y nueve años, y fíjate, apareció un día en mi casa como admirador, cuando El último cuplé, con su tía y su madre y lo quiero como si fuera de la familia. Se llama Fernando Carrasco. Desde 1958 para acá conoce cosas que nadie ha sabido, ha sido mi paño de lágrimas porque mi vida como mis memorias no son, ya te digo, de color de rosa”.
(Las  memorias de Sara Montiel han empezado a publicarse en la revista Lecturas en el número correspondiente al 24 de junio, de acuerdo con Rafael Borrás, hombre vinculado al mundo editorial catalán que las tenía en exclusiva desde hace unos diez años. “Borrás es un admirador mío –dice Sara Montiel-, por eso se las cedí, inclusive para el cine.” Aparecerán 24 capítulos, recogidas por el periodista catalán José Martí Gómez, aunque Sara se reserva la supervisión, continua sobre el propio montaje periodístico.)


Sara Montiel, madre y mito. Una vida por entregas. 

“La verdad –continua Sara-, es que las pudo escribir Terenci Moix y así lo teníamos mutuamente proyectado, aunque en un libro, pero como está muy atareado y salió lo de esta revista que tanto interés tenía, me decidí. Además salieron también Hola y Semana, todo hay que decirlo, pero yo me incliné por Lecturas, que siempre me ha sacado portada tras portada y porque su director, José Bou, es amigo de mi marido.”
“¿Cincuenta millones por las memorias?” Vaya perra que tiene la gente con el dinero. No, que no se sabrá digo. Lo que sí aviso es que mis memorias no van a ser para lectores de color rosa, porque yo tengo mi vida, tengo una manera de ser muy liberal y soy muy de verdad. Y claro, tengo que decir cosas duras, no sólo que he hecho El último cuplé y todo maravilloso, que mi marido es maravilloso o la casa maravillosa. No, porque no ha sido así. Entonces, lógico, ¿no?, empiezo con una cosa dura, muy tremenda, con lo de mi madre, que yo creo que la mujer no solamente en España sino en la vida, o sea, las circunstancias, como decía Ortega y Gasset, la mujer, digo, las ha pasado muy mal. Y como mi madre, guapo, ninguna.”


La Sara adolescente de "Veracruz". A la sombra de otro mito, Gary Cooper. 


"El útlimo cuplé", un hito en su carrera. Fumando y esperando el éxito. 

Madre valiente
(Los gritos de Thais, una monísima chiquilla brasileña, de cuatro años, que colma la frustrada maternidad de Sara Montiel sirven de fondo al monólogo evocador hasta que un balón se estrella contra un bosque de valiosos cachivaches. Una maceta rueda por el suelo. Sara reprime a su hija con dulzura: “Ahora la planta se queda sin maceta, morirá y será muy triste.”)
“Oye, no es que yo sea más atrevida o progre, como se dice ahora. Es que soy como mi madre, muy valiente. Mi madre, ya ves, que era guapísima y pobre, en un pueblo cerrado de la Mancha, ella sí que fue valiente y no como las feministas de hoy, porque ahora es muy fácil ser soltera y tener un hijo, o sea, estás admitida en todos los sitios. Pero hace sesenta y ocho años, pues no. Era el delo y hasta te tiraban piedras. Además, con un hombre que la provocó el hacer el amor, una cosa de casi, casi violación, como se dice ahora. Entonces yo que he estado y estoy orgullosa de mi madre –y de mi padre, que fíjate, se casó con ella hasta teniendo un hijo- y de todas las madres que llevan el hijo en vez de quitárselo, no sé si me explico, pues no voy a ir diciendo por ahí que mis padres eran reyes o doctores de la Iglesia. Eso no. Mis padres eran pobres y ¡paf!, eso pasó. Y con don Ángel Ezcurra pasó esto, ¡paf!, pues que estuve recogida con esta familia de ambiente fascista y me sentía como la cenicienta. Yo a mis cincuenta y cinco años, sí hijo, cincuenta y cinco tacos y con este aspecto, creo que debo ser muy honesta. Y que conste que no me quito años, como otras. Siempre he hecho lo contrario, me ponía años. Y con los hombres, pues igual, no he tenido amantes jóvenes, no conozco el amor de un chico joven.
(A sus cincuenta y cinco años Sara conserva los suaves vestigios del esplendor. Con un ligero toque de rímel en los ojos, labios pintados, desmaquillada, el pelo suelto –“recién salida de la piscina, ya ves”-, y con un vestido ad lib, no puede evitar un aire de coquetería. Pone cara de fumando espero.)


Las monjas de su infancia en un colegio de Orihuela.
"La dictadura de Franco sabía de qué pie cojeaba Sara Montiel"

“Era pobre, desde luego, pero bellísima. Ahora que me veo en las fotos, de niña, parezco una princesa y es porque pocos saben que mi madre de una sábana nos hacía dos vestidos a mi hermana y a mí. Y, claro, siempre salen fotos que estoy guapísima porque es así. Es que lo mío no parecía normal. Pero también tengo derecho a envejecer; yo estoy envejeciendo, gracias a Dios, si no, me hubiera muerto, aunque no tengo artrosis ni de eso que da cuando llueve. Lo que pasa es que el público siempre quiere verme arreglada, maquillada y con plumas todo el tiempo. Ayer mismo, un taxista me contaba que había tenido tres hijos viendo El último cuplé. ¿Pero, cómo, tres hijos a la vez?, le dije. “Sí –contestó-, es que no paraba de verlo y vinieron uno detrás de otro.” Y, fíjate, esas cosas, el escote muy generoso y la manera de cantar, sexual, sensual, la boca, etcétera, me parecía normal. Yo no era de este mundo, de España, no sé si me explico, porque culos había y tetas también por esos países donde yo iba. Para mí un desnudo es como enseñar un tobillo, me da igual, siempre que tenga una estética. Será como siempre he ido al Museo del Prado y los he visto así, tan naturales… Sin embargo, qué cosas, parece mentira, la belleza física me ha perjudicado en mi trabajo. Me ha pasado como a Marylin Monroe, por ejemplo, que la gente se quedaba con mi cara o con el famoso escote y no me veían como actriz. Por ser bella hasta he sido mujer objeto, y yo me daba cuenta, ya lo creo, aunque me pude zafar de esa persona que me estaba utilizando”.
(El silencio estival de la tarde en su casa, sobre la Bahía de Palma, se ve turbado, de pronto, por el aleteo cercano de un helicóptero de color blanco. Sara salta como impulsada del asiento y sale a la terraza agitando las manos en señal de saludo. “Es el Rey. Ya me parecía raro que no pasara por aquí. La de veces que el helicóptero real se para ahí encima”, dice con satisfacción y orgullo).


Una belleza poco común.
"Parecía una princesa"


El esplendor de ayer a hoy.
Musa y mujer-objeto

Pasaba de Franco
“Sí, claro, el Rey también sale en mis memorias. Uno de los disgustos más grandes de su vida le ocurrió conmigo. Bueno, fue que cuando yo fui a una cena de gala a Zaragoza, reciente el estreno del Último Cuplé, por disciplina en la Academia no le dejaron asistir. Y él enloquecido por ir. “Fue la noche más amarga de mi vida que no me dejaran.” Me lo ha dicho veintiocho mil veces. Y otra anécdota con él fue en una cena que dio el embajador norteamericano Cabot Lodge, pero esa no te la cuento ahora. A mí estos reyes me chiflan, son unos tíos morrocotudos.”
“Él es simpatiquísimo, además de ser un hombre al día, adelantando a los movimientos europeos y que pone a España siempre en primer lugar. Y ella es divina. Se ha acoplado tanto a España que no parece greco-alemana. Yo, que quieres que te diga, la primera vez que vi aparecer al Rey en la televisión, cuando el cambio democrático, lo dije, era como un soplo de aire fresco. La noche del 23-F es que no estábamos en España, pero lo pasamos como todos los españoles, asustados, hasta que apareció él. Yo de fascista, nada, ni de franquista. Pasaba olímpicamente de Franco. Lo que ocurre es que quería vivir en mi tierra, como otros, como Bardem, por ejemplo, que hizo su mejor obra en el franquismo y ahora que es libre no le sale nada. Qué raro, ¿no? Que te cuente Manuel Vázquez Montalbán cuando le dije en una entrevista, en 1962, que era socialdemócrata y casi nos meten a  los dos en la cárcel. Yo he sido y soy muy demócrata, respeto las ideas de cada cual siempre y cuando no me pongan el pie en el cuello. Con el franquismo me pasaba eso. Yo respetaba las reglas del juego en la dictadura y a mí no me molestaban, porque sabían perfectamente del pie que cojeaba. No comulgaba con la dictadura, que quede claro, aunque tuviera algún amigo, como don Fernando Fuertes de Villavivencio, que era jefe de la Casa Civil de Franco, pero es que era una persona muy humana y siempre me ha tratado muy bien, qué quieres que te diga. A El Pardo no he ido nunca, a La Granja sí, a actuar como todos, aunque de niña también actué para las Brigadas Internacionales. Allí, en la Granja, fue la única vez que hablé con Franco. Fue cuando se estaban haciendo la foto de los artistas con él, y yo permanecía apartada. Entonces me llamó: “Violeterilla, venga usted para acá” y fui y me puse en un rincón. Me hablaba de usted, fíjate, cosa muy rara. Me dijo que se pasaban los ratos de ocio viendo mis películas en El Pardo. Pero ya te digo, amistades, ninguna y favores, menos. Cuando estaba en el esplendor de la fama, esto para los progres que dudan, tenían a tíos míos en la cárcel por haber sido republicanos y socialistas en la guerra, condenados a veintitantos años, que cumplieron. Yo no pude vivir con la dictadura de favor. Ahora bien, ellos tampoco me hicieron daño. No se atreverían, digo yo, porque imagínate por los 57 al 64 si llego a hacer así con la mano porque me han molestado, inmediatamente todo el mundo detrás. Yo le he cantado las cuarenta hasta al mismísimo Goebbels, ese que mataba judíos en Alemania. “¿Es cierto –digo en las memorias, en una reunión misteriosa en Valencia, cuando vivía con los Ezcurra- que en su país persiguen y matan a los judíos?” Esto se lo decía a Goebbels siendo una niña, fíjate. Y contestó: “Eso serrr una absurrrda leyenda.”
(Desde la escuela de ballet del auditórium de Palma de Mallorca llaman a Sara para preguntarle qué ponen en el cartel de la fiesta de fin de curso, “con la colaboración de o entre ellos Sara Montiel”. La popular artista figura entre los alumnos, con un entusiasmo juvenil. “Que pongan entre ellos porque es lo que hago, aprender entre ellos”, indica.)
“Es que no paro, hijo. Y en enero inicio en el Covert Garden de Nueva York una gira de seis meses por toda América. Soy un mito, qué se le va a hacer. Creo que soy un mito porque he llegado a mucha gente. A los que tienen cuarenta años porque me conocían de entonces y a los chicos de ahora porque me tienen en el vídeo y me piden autógrafos cuando podían ser mis nietos. ¿Cuántas llamadas recibo, Pepe, cada semana de Australia para que vaya? Ahora me acaban de descubrir en Australia, llevan treinta años de retraso. A veces, si voy a Japón o a Alemania, es que no doy un paso sin ver una película mía anunciada. Boyer, que lo sabe todo, Boyer el de Hacienda, debería saber todas las divisas, todo el oro con el que he llenado las arcas españolas. Si yo hubiera sido inglesa me habrían dado un título, como los Beatles, sólo por eso, o si hubiera sido una señora como Brigitte Bardot, que no paga impuestos de tantas divisas como dio a su país. Fíjate que con La violetera, solo en Méjico DF, sacó Cesáreo González seis millones de dólares de los de entonces, de hace veintiséis años. Pero vamos, yo no soy rencorosa, ¡ah!, no, no, eso no. Yo creo que todo puede cambiar para bien. Con el socialismo, por ejemplo, ahora que ha llegado. Pero hay que dar un margen de confianza. No van a llegar y, ¡paf!, en seis meses, todo nuevo, cuando estamos mal desde tiempos de Isabel la Católica, aunque, claro, yo he hecho lo que sentía. Lo que pasa es que no todo el mundo ha nacido tan liberal como yo para aguantar a la vejez con una vida así: once abortos, tres maridos, muchos amantes –aunque esto de muchos depende de quién los cuente, claro- y películas por todo el mundo. Y aquí me tienes con un marido ideal, viviendo para él y para mi hija, amándole desde que en 1970 me enamoré, y de ser una señora que estaba de Nueva York a Madrid, de Madrid a Buenos Aires, y así, cogí las maletas y me vine a una isla. El Tous es mi amante perfecto. Hemos sido marido y mujer sin serlo, aunque según la Iglesia vivamos en pecado mortal, y nos llena nuestra vida en común quizá porque cuando decidimos unirnos ya éramos mayorcitos, sabíamos que no íbamos vírgenes al matrimonio, ni en un cohce tirado por caballos vírgenes.”


La Sara Montiel de este verano.
El tiempo pasará, parece

Personas – rana
(Detrás del torrente de palabras, de la cazurrería manchega de María Antonia Abad, a secas, cuesta trabajo sustraerse al recuerdo de la estrella esplendorosa y bellísima de tantas películas dulzonas y melodramáticas como Veracruz, de Robert Aldrich, junto a Gary Cooper y Burt Lancaster, Dos pasiones y un amor, de su marido Anthony Mann, o Yuma, de Sam Fuller. O aquellos candorosos filmes de la España del subdesarrollo que consagrarían su mito: El último cuplé, de Juan de Orduña; Carmen la de Ronda, de Tulio Demicheli y La reina del Chantecler, de Rafael Gil.)
“¡Huy!, no me nombres a Gil. Tuve la desgracia de trabajar con él. Es uno de los que salen malparados en las memorias, como Cesáreo González o mi segundo marido, Chente, un tal José Ángel, no es conocido, y otro que estaba muy ligado a mí y que salió rana, cuyo nombre no te doy para no ponerlo sobre aviso. Los que me salieron rana, mal, y los otros, los que te dieron amistad y confianza, como Miguel Mihura, que fue quien me llevó a Méjico, o León Felipe, cuyo recuerdo me enternece, o el gran fotógrafo francés Christian Matras, que tantos secretos me enseñó, a esos los trato con amor. Porque a mis amigos los amo mucho. No es el amor ese que tanto miedo da mentarlo a algunos reprimidos. Amor de verdad, de la amistad. Del otro también sé un rato. Sí, he tenido amantes, muchos, y buenos, porque toda la gente que se relacionó conmigo era importante, ya lo verás en las memorias, que como te digo, volviendo a lo del principio, son serias, sobrias. Lo mismo podían haber servido para un libro que para una película o para una serie de televisión porque no son algo ñoño, aunque ahora que hablo de televisión me hace una gracia negra ver cómo se gastan seiscientos millones en tonterías de Sancho Gracia o no sé quién, y a las figuras que podrían mantener shows permanentes explotando a otras figuras, como hacen las televisiones de los países que tienen televisiones con imaginación, a ésas les dan de lado.”
(Todo el universo de recuerdos, de fotos y regalos que rodea a Sara Montiel en su retiro de Mallorca parecen como ese vivo destello del tiempo que se resiste a pasar. El tributo sentimental de reyes, jefes de Estado, Papas, artistas, poetas y escritores, prendido en un instante para siempre. O quizá, como dice la propia Sara, “la evidencia de que detrás de aquellos escotes que producían desmayos y de aquella boca sensual que cantaba melosamente, también había una persona normal, humana, sencilla, que se hacía de querer”. Con toda seguridad.)

Sebastián Moreno


LA FOTO CCLXXIX


Espléndida, caracterizada de Carmen y fotografiada por Gyenes. 

sábado, 21 de abril de 2018

L' EUROPEO - 22 de Marzo de 1.959 - Italia


LA COPERTINA
Sarita Montiel. L'attrice e cantante spagnola si è presentata per la prima volta in Italia in un ruolo di primo piano col film La violetera. La Montiel, moglie del regista Anthony Mann, che realizzò Il piccolo campo, fu tra le ospiti più notate, per la sua bellezza, al Festival di Venezia. Il suo primo lavoro d'impegno fu nel film Vera Cruz, prodtto a Hollywood. 


EL RECORTE CCLXXVIII
Seguramente, la diva nunca pudo imaginar que 20 años después de los estrenos de 'El último cuplé' y 'La violetera' sería la estrella que fué, que se mantenía, y seguía enamorando al gran público. En este reportaje de Lecturas, de 17 de Noviembre de 1.972, vemos un ejemplo de ello. 


SARA MONTIEL,
EN LAS VEGAS:
“Desde hace años me doy una vuelta por aquí, siempre que puedo, para ver los ‘shows’ y coger ideas”
Desde Las Vegas, Sarita se fue a Los Ángeles, donde le dieron la “Llave de la ciudad”.

La imagen de Sarita en Las Vegas es realmente nueva. Sin embargo, la españolísima estrella asegura que va todos los años, para dar un "repaso a los espectáculos". 

La llegada a Las Vegas durante el día es sorprendentemente triste. La retina se acostumbra pronto al paisaje sin alteraciones del desierto; no hay perfiles, no hay desniveles…, luego, casi con sobresalto, se descubre el grupo de polvorientas casas que, agrupadas a lo largo de una ancha autopista, constituye Las Vegas.
La nota más pintoresca a la luz diurna quizá se encuentre en las pequeñas iglesias con luminosos cambiantes, ofreciendo sus servicios matrimoniales en días de veinticuatro horas: “Open 24 hours”, “Marriage day & night”… y un largo etcétera de sugerentes propuestas.
Ya con la puesta de sol y los largos y brillantes “carros” corriendo por el asfalto, se encienden las primeras luces. A esta señal acuden los luminosos de toda la ciudad en un intento de incendiar el horizonte. Las Vegas se convierte en una gran antorcha, una atrayente e inmensa luz, donde quedan atrapados los aventureros del mundo.
Hoteles altos y confortables en un supremo esfuerzo por atraer clientes convierten sus vestíbulos tragaperras se suceden a lo largo y ancho de la ciudad, incluso en la farmacia se pueden jugar unos níqueles, mientras se espera el benigno fármaco.
“Shows” a cargo de Sergio Mendes, Nancy Sinatra, “Sonny & Cher”, Belafonte… Caras conocidas del mundo del espectáculo se enfrentan a la ruleta, se entrecruzan en el “hall” de los hoteles e incluso hacen cola pacientemente para asistir al “show” nocturno.



Bajo los anuncios luminosos de los cabarets y salas de juego, Sarita posó para nosotros, en un completo recorrido por la famosa "city".

Es uno de mis numerosos vagabundeos y cuando ya la máquina tragaperras se hubo engullido mi último centavo, encuentro, no sin cierta sorpresa, a nuestra españolísima Sara.
Con unos kilos de más, con unas joyas de más y bien cobijada bajo una estola de visón, sale Sarita del “show” de Nancy Sinatra, que se presenta en el Hotel Riviera. Todo en ella resulta omnipotente, agresivo, trivial y maduro. La Sara que nosotros conocemos se ha atrincherado tras la personalidad que en su día difundió y de la que ha hecho su única dimensión pública. Pero esto es aparente o al menos parece aparente cuando se habla con ella.
Le pregunto si se le pueden hacer fotos en Las Vegas “by night”, a lo que accede encantada, mientras piensa en las posibilidades que ofrecen las luces de los neones para su rostro. En un recorrido por la “city” posa aquí y allá con auténtica profesionalidad, elige el luminoso, separa un poco la cabeza evitando primerísimos planos, se fotografía delante del Pionner Club, uno de los locales más antiguos de la ciudad.


Sarita se situó delante de las máquinas tragaperras, aunque aclaró que, a pesar de que hace muchos años que va a Las Vegas, nunca le gustó el juego. 


Sarita fue a recibir la "Llave de la ciudad", de Los Ángeles, de la que se ha hecho merecedora a través de la difusión que han tenido sus películas allí. 


A su regreso a España, Sarita comenzará a rodar una nueva película, esta vez a las órdenes de Angelino Fons, que llevará por título "De aire y de fuego". 

Se sitúa delante de las máquinas tragaperras, aunque rápidamente aclara que, a pesar de que hace muchos años que va a Las Vegas y de que su ex marido, Anthony Mann, era un gran jugador, no le gusta ni el juego ni la bebida.
-En estos momentos me encuentras en Las Vegas porque he venido a ver los “shows”. Desde hace años, y siempre que puedo, me doy un repaso a los espectáculos de aquí para coger ideas… Mañana, no obstante, vuelvo a Los Ángeles, donde me han dado recientemente la “Llave de la ciudad”. ¡Gonzalo, cuéntale eso!
Sarita delega la explicación en Gonzalo Checa, director de Metropolitan Theatres Corporation, quien se apresura a darme hasta el último detalle sobre la visita de quien él considera una de las diez actrices más populares en América.
-¡Encantado! La Cadena Metropolitana, la ciudad de Los Ángeles y la Casa de España, se han aunado para dar a Sara Montiel la “Llave de la ciudad”, de la cual se ha hecho merecedora a través de la difusión que han tenido sus películas acá. Por favor, transmita a los lectores de España nuestro agradecimiento por habernos proporcionado una artista de la categoría de Sara. Hace unos días hemos hecho su “premiere” de la película “Varietés”. Ha sido un éxito.
Interpelo de nuevo a la diva:
-¿Cuánto tiempo te piensas quedar en Los Ángeles?
-Bueno, tengo que regresar dentro de poco a España para empezar el rodaje de una película de Angelino Fons, titulada “De aire y de fuego”, en donde hago un papel de cantante. En principio se ha previsto por rodar exteriores en París, Roma, Londres y Madrid. Pero para la primavera volveré a estar aquí, pues voy a realizar una “tournée” por Las Vegas, Buenos Aires, San Francisco, Los Ángeles, Nueva York…


La actriz quiso que la fotografiásemos delante del Pionner Club, uno de los locales más antiguos de Las Vegas. 

-¿Continúas con tu estilo?
-Eso depende. De momento estoy preparando canciones modernas, que cantaré en inglés y en francés. Uno de los que componen canciones para mí es el hijo de Vittorio de Sica.
-¿Cómo estás de posibilidades?
-Perfectamente. Estoy en un momento tan bueno como siempre, además, debuto próximamente en el Olympia, de París. ¡Así que figúrate!
Comento sobre la expectación que causa la presentación, en Las Vegas, de Liza Minnelli, y sobre el éxito de su película titulada “Cabaret”. Sara me dice que no puede quedarse a presenciar el espectáculo porque su pasaje de avión es para la mañana siguiente.
-¿Cómo eres?
-Soy yo misma, sin imitar a nadie, por eso me mantengo siempre arriba. Soy igual fuera que dentro de la pantalla, y mis personajes se ajustan a mi personalidad sin alteraciones.


Sarita no descuida nunca su aspecto. Bajo las luces de Las Vegas, retoca su maquillaje. 

-Bien, pasemos a otra cosa. ¿Qué hay de tu finca en Palma de Mallorca?
-Me he comprado una casa en Palma, donde paso temporadas. Me gusta mucho la vida allí; además, puedo pintar y trabajar en cerámica, que es lo que me gusta.
-¿Te lo tomas en serio?
-Naturalmente, bonita. No quiere decir que me presente a una exposición, pero tomo muy en serio la cerámica, tanto es así que he hecho poner en mi finca un horno de ladrillos calentados.
Sarita me hace un caso relativo, está especialmente pendiente del fotógrafo.
-Oye, fotografíame aquí, que hay una luz muy suave. Espera, que me arreglo la cara…
-¿Sabes tanto de fotografía como dicen?
-Pues claro que sí, rica, tanto como tú tienes que saber de periodismo.
-¿Eres conocida aquí?
-Ya lo creo. Figúrate que esta tarde tomamos un taxi y el taxista me fue diciendo que le recordaba muchísimo a una famosa artista española. Al final, y cuando me pudo ver bien la cara, me dijo: ‘Tú eres la Montiel’, y, contentísimo, no me cobró el recorrido. Eso es bastante frecuente, ten en cuenta que soy una de las artistas españolas que más se conoce en América.


La popularidad de Sarita por aquellas tierras es considerable. Según ella misma nos explicó, en muchas ocasiones la reconocen por la calle. 

Sarita se pasea por medio de la calzada con sus altísimos zapatos de aguja y su estola de visón, se para de vez en cuando y justo en el momento que considera que la luz es buena para fotografiar. Los automovilistas frenan ligeramente perplejos y ella, con aire de abanderada, les da paso.
Se queja de que tiene hambre, y son ya las tres de la madrugada cuando en un local permanentemente abierto se come un par de bocadillos. Se acompaña con coca-cola, sosteniendo su afirmación de anti-alcohólica. Me comenta que tiene billete para Los Ángeles a las siete de la mañana y parece no importarle demasiado que por la noche se presente el “show” más importante del año en Las Vegas: la ‘premiére’ de Liza Minelli.
En la tarde del día siguiente, cuando suponía a la artista ya en Los Ángeles, la veo, no sin asombro, perdida en la cola del “Show Minnelli”, ligeramente inquieta de ser reconocida entre la multitud norteamericana.
Acabo el reportaje aún perpleja de que Las Vegas, en la noche, tenga la misma imagen dorada difundida por las películas de Elvys Presley y Ann Margret y que, a pesar del tiempo, a Sarita le dé cierto rubor confesar que le interesa la famosa “show-girl” de “Cabaret”.

Texto: G. F.
(Fotos O. M.)


LA FOTO CCLXXVIII


La diva a finales de los '50. 

domingo, 8 de abril de 2018

TRIUNFO - 25 de Septiembre de 1.958 - España


Portada: SARA MONTIEL ha logrado un impresionante récord para el cine español: año y medio de permanencia ininterrumpida en la pantalla del Rialto madrileño con solo dos títulos, "El último cuplé" y "La violetera". (Foto Ibáñez)

NUESTRA PORTADA
SARA MONTIEL
Efectivamente, nunca hasta ahora el cine español había conseguido un récord tan impresionante: un año y medio de permanencia ininterrumpida en la pantalla de un cine de estreno madrileño con sólo dos títulos. Y este récord, hasta hace poco increíble, ha sido conseguido por Sara Montiel, la sensacional protagonista de “El último cuplé” y “La violetera”, sus dos títulos consecutivos.
El viernes pasado, para solemnizar tan importante efemérides, en el cine Rialto se ofreció un gran homenaje de admiración a Sara Montiel, en el que le fue entregada una placa conmemorativa, que será colocada en el vestíbulo del conocido cine de la Gran Vía. De este acto, fecha destacada en la historia de nuestro cine, publicamos una amplia información en las páginas de este número.  (Foto Ibáñez)

SARA MONTIEL
RECIBIÓ UN GRANDIOSO HOMENAJE
LA EXCEPCIONAL ESTRELLA DE “LA VIOLETERA” HA BATIDO UN IMPRESIONANTE RECORD PARA EL CINE ESPAÑOL


Noche grande para el cine español. Se va a rendir un grandioso homenaje de admiración a Sara Montiel, estrella de primera magnitud que ha logrado permanecer en la pantalla del cine Rialto durante año y medio con sólo dos películas: “El último cuplé” y “La violetera”.


El público se agolpa a la entrada del cine para gritar su entusiasmo a la estrella preferida. Ella baja de un Mercedes color gris plata, acompañada de su marido, toda vestida de azul, con un escote grande y, sobre el escote, un collar de esmeraldas y brillantes que hace temblar hasta los focos. Custodiada por la fuerza pública y asediada por cazadores de autógrafos. Sara Montiel llega a la puerta del cine. Allí se vuelve, levanta su mano y saluda. Y después se dirige al escenario, donde el señor Vara, en nombre de la empresa del cine Rialto, le va a entregar la placa conmemorativa del acto. Ferman, el gran locutor, hizo la presentación de la actriz y le formuló una serie de graciosas preguntas, que Sara contestó con su habitual personalidad. A continuación, el escenario se llenó de cestas y ramos de flores y… Sara Montiel comenzó a llorar. Abrazada a su placa, apenas podía dar las gracias, y sólo pudo decir que ella intentaría superar su trabajo, que todo se lo debía al público, que se marchaba a La Habana para actuar en la televisión…



Los flases de los fotógrafos se disparaban con una velocidad increíble. Las ovaciones se sucedían sin cesar. El público aclamaba a Sara Montiel. Noche memorable para el cine español y noche memorable para una actriz para una estrella, para una gran figura que ha conquistado no sólo las pantallas españolas, sino también las del mundo entero.

 EN BREVE COMENZARÁ “CARMEN LA DE RONDA”
Una producción de BENITO PEROJO, que presentará DIPENFA


EL RECORTE CCLXXVII
En la revista Blanco y Negro con fecha de 2 de Junio de 1.973, la diva hacía su particular análisis del pasado, presente y lo que podría ser su futuro. Se mostraba, "tal cual es". 


SARA MONTIEL
tal cual es
-¿Le habría gustado ser Gloria Swanson en “Sunset Bulevard”?
-El único papel que he envidiado ha sido el de Ingrid Bergman en “Casablanca”.
Sara Montiel, más lista que el rayo, me desconcierta con su llaneza y vitalísima campechanería. Acude a nuestra cita con el pelo recogido, sin maquillar y afónica. Está ensayando las canciones de sus dos próximos L.P.
-No me importa ensayar resfriada. Me ambiento con el maestro, para memorizar los tonos y aprenderme las letras; no para cantar…
Cuentan que Rusiñol, Casas y Manolo Huguet se apostaban tras los acantilados mallorquines para contemplar las puestas de sol. Si les disgustaban, las silbaban. Pero su escenografía crepuscular les fascinaba, las aplaudían. Así me siento yo, después de dialogar con Sarita Montiel, de quien esperaba gran aparato y mayor fanfarria:
-Acepto que me tenga por “Monstruo Sagrado”, aunque prefiero me vea tal cual soy. Me quedan cinco o seis años aún para armarla; y crea que daré guerra hasta el último instante. Me disgustan las baladronadas, pero si insisto en augurarle que emplearé esos cinco o seis años para rematar mi odisea estelar, crea que lo digo en serio. ¿De qué me habría servido haber puesto a millones de personas de cara a la pared, durante veinte años, en la oscuridad de los cines, para soltarlos ahora, así, por las buenas? No, amigo…
Tiene la voz cansada. No es por el resfriado, sino por tener que repetir una vez más:
-Mi padre fue mayoral en Orihuela…, en la finca de unos marqueses. Yo era rubia, casi blanca; de ojos muy azules… ‘Tráete a la Princesa Dorada’ –le pedían a mi padre los amos-; querían oírme decir ‘Vapo’, deformación de guapo, equivalente a bello y hermoso. Sabían que jamás me equivocaba si decía ‘vapo’ ante una obra de arte, y dían antes habían comprado un nuevo cuadro. De ahí que, cuando sostuve pública refriega con un joven director, nuestras discrepancias lo fueran sobre la palabra ‘vapo’. Ese director no entendía por ‘guapo’ lo mismo que yo.


-Sé que no soy infalible en materia de estética. Pude equivocarme. Únicamente presumo de conocer bien mi oficio. Soy aficionada a la fotografía; aprendí montaje, y trabajé como ‘scrip’ con Tony Mann.
-A los ocho años gané un concurso que ‘Cifesa’ organizó en El Retiro, entre participantes infantiles de todas las provincias españolas, con Boby Deglané como presentador.
-A los catorce años, ¡que es la edad en que Marisol empezó como niña!, yo tenía ya que apartarme cuando se me acercaba un hombre de cara. ¡Siempre fui muy poderosa como mujer!
-No me gusta dar consejos. En especial, a las que comienzan. Pero esta vez lo haré. Primero: ¿Estáis bien convencidas de vuestra vocación. Segundo: ¡Aprovechaos de cuantos medios pongan a vuestro alcance, las autoridades y el dinero, para estudiar! Tercero: No os conforméis con pequeñeces; ¡hay que ser figura! Cuarto: ¿Poseeis buen olfato para saber elegir a la gente que tendrá que trabajar con vosotras? Quinto: Deberéis imponeros sin levantar la voz, a menos que no os importe ser devoradas, y no equivocaros jamás con los escritores. ¡Quien no sepa descubrir un buen guión, que se prepare a llorar la oportunidad perdida!
-¡Firmo más contratos que nunca, para actuar en pista! A la gente le gusta verme en persona. ¡Están deseando descubrir mis defectos! Y les doy gusto, sin derrocharme en recitales. No sé mantenerme dos horas seguidas ante el micrófono. ¡Me aburre! Las “galas”, en cambio, me divierten. Me “meto” con el público, y me convierto en un personaje ameno; lo paso en grande. ¡Ojo, a las que empiezan!: “Diviertes en tanto te diviertas. Si te aburres, acabarás también aburriendo”.
-No me sorprendería acabar descubriendo que yo intuyo mejor la psicología del público, que la de los personajes de guión. Sé lo que les interesa a los espectadores. Y lo sé, porque en todas partes el ser humano es igual.
-“Mi público” es, sobre todo, femenino. Tengo anécdotas que usted no podría publicar. Pero le voy a contar una, ocurrida el día del estreno de “Varietés”. A la salida, una mujer le decía a su esposo: “¿Ves? Con esa mujer no me importaría que me la pegaras! ¡Esta, sí vale la pena!...”
-Imagino que mi presencia no las hiere. Debe de ser algo así como que las hago sentirse importantes al pensar: “¡Tiene buen gusto mi marido!” No se sienten vejadas, y me son incondicionales en todo el mundo.
-Cuando no canto, intereso por los ojos. Cuando canto, por la boca.
-Sigo vigente y en alza. Se me avecinan tres películas. Una de ellas, con ese gran director llamado Sam Peckimpah…
-Mi vida ha sido tormentosa, con grandes altibajos. La gente le dirá que todo me fue fácil. ¡Qué saben ellos!... Por ejemplo: Recién había terminado el rodaje de ‘El último cuplé’, en Barcelona. ¿Sabe esa gente en dónde vivíamos mi madre y yo? En una ‘habitación con derecho a cocina’, con las doscientas cincuenta pesetas de dietas que me daba la Productora. Mientras tanto, los entendidos en cine –productores, distribuidores y exhibidores, todos grandes potencias- condenaban la película al fuego. Sentenciaron que yo estaba muy mal, y que no cantaba. Nadie quería estrenarla. Fue entonces cuando me fui a los Estados Unidos a reunirme con Tony Mann. Habíamos proyectado casarnos a la mayor brevedad…
-¿Sabe la gente que un día, en Los Ángeles, estando Tony y yo sin más dinero que mis últimos 38 dólares para toda la vida, él cayó enfermo del corazón. Fue en un 2 de mayo, como en la Guerra de la Independencia. Lo recordaré toda mi vida. Lo único que yo deseaba en aquellos momentos era encontrarme con alguien que adivinara lo que sería de nosotros al día siguiente. La mujer del guionista Philip Yordan se lo tomó en serio, y me presentó a Marlon Brando. Este actor me recomendó a una célebre astróloga, a quien facilité los datos de mi nacimiento para el horóscopo que me mandaría por escrito. A los dos días, o sea el 4 de mayo, esa señora me llamó urgentemente.
-¡Mi vida, según ella, iba a cambiar radicalmente de un momento a otro!: “Cuestión de horas”, me dijo. ¡Y acertó! ¿Coincidencias? No lo sé. Lo cierto es que “El último cuplé” se estrenó el día 6, cuarenta y ocho horas después, dándoles la razón a las estrellas. Tenía yo veinticinco años.
-Los días pasan igual para todo el mundo. Y todos nos adaptamos a la fuerza. Yo, que a los catorce hice de embarazada, y luego no me dejaron entrar en la Sala de estreno, por ser menor de edad; a lo mejor, dentro de poco hago de abuela de veras, sin fuerzas ya para asistir al estreno.
-Mi muerte no sé como será, ni me importa. Me coge usted en un momento muy triste, pues la fatídica huelga de los “controladores” de la aviación francesa, ocasionó la muerte de tres de mis mejores amigos –en especial, uno de ellos, aunque a los tres quise por igual-. Fallecieron en el accidente de Iberia, procedentes de Palma de Mallorca. Por la noche, bailaba con ellos; y por la mañana, después de despedirnos… ¿Cómo saber lo que será de nosotros hoy, si todo puede ser tan repentino mañana?
-¿Lo que más echo en falta en esta vida? A mis padres.


-Mi casa se asemeja a la de un pez. Soy Piscis. Pero si jugamos al parecido con animales o plantas, digo que soy un “mirlo blanco”.
-Si a flores, a la violeta; por “La violetera”…
-Si a un árbol, compáreme con un castaño. ¡Dura mucho!...
-Soy una “selft made-woman”. Inventé mi propio mito, y no estoy descontenta del resultado.
-¿Mis ganancias? Entre el dinero que me han robado, y lo que me han dejado… ¡bien! Jamás lo invertí en “petróleos” ni en “telefónicas”. Mi inversión fue familiar: educar a siete sobrinos y ayudar a mis tres hermanos. El primero tiene cuatro hijos, y gana once mil pesetas; el otro, con tres hijos y esposa, nueve mil. En cuanto a mi hermana, que no ha tenido hijos, su  marido está enfermo desde hace tiempo.
-Algo queda para mí… ¡La gran cantidad que me une a don Ángel Ezcurra y su esposa, doña Pura, quien hace unos días me hizo un regalo, que estimo en alto grado! ¡El permiso legal que mi padre les firmó para que pudieran tenerme bajo su tutela! ¡Me ayudaron mucho!
-¿Cómo no va a parecerme maravillosa la vida? Hay luz, aire, y paisajes alegres. Añada a eso que sólo se vive una vez, y ya me dirá si podemos despreciar algo de ella. ¡Claro que, a veces, se pasa mal! Se me malograron dos hijos. Uno, a consecuencia de una caída. El otro fue por otra causa. Pero sé que puedo tener más cuando quiera, y confío en el amor. Me gusta el cielo; una buena pintura; la sinfonía que me conmovió una vez; el libro que no pude soltar hasta la última página. ¿Y qué me dice usted de lo hermoso que es dialogar con gente humilde y sana; o con gente inteligente, que, aunque tenga mala intención, lo sepas de antemano?
-Sigo casada. De Tony Mann me divorcié del mismo modo que nos unimos, por lo civil. Luego, en Roma, contraje matrimonio eclesiástico con el que hoy sigue siendo mi marido, José Vicente Ramírez. Y prefiero no añadir nada más sobre este tema.
-¿Con Onassis? ¡No! No me habría casado con Onassis. Tampoco, con Stalin. ¿Con Hitler? ¡Menos! ¿Mussolini? ¡Menos todavía! Con el presidente Kennedy, tal vez. Coincidimos en un viaje, y me gustó como hombre.
-No pertenezco a partido político secreto alguno. Todo en mi vida es público. ¡Incluso mi ombligo! ¿Qué culpa tengo yo de que, durante unos días, el mundo entero estuviera pendiente de la operación de cirugía estética de mi ombligo? ¡Fue realmente divertido! Sobre todo, fue humano. Por eso, odio la guerra, y la política inmovilista, que se niega a humanizar sus relaciones con los seres humanos, que somos todos. Una estúpida huelga ha matado a tres amigos. ¿Por qué, pues, alentar odios, en vez de sembrar sonrisas?
-El mito que yo inventé para mí quise que fuera humano, o que no fuera. ¡Véalo usted mismo!: carecía de cultura. Pues bien, con la estima de Alfonso Reyes y León Felipe, y la ayuda de Miguel Mihura, aprendí que las cosas carecen de valor si no son humanas. Por ejemplo: la Administración me prohibió “Divinas Palabras”, en cuya posible interpretación cifré grandes esperanzas. ¿Pensaron aquellos señores de la Censura en el daño que me ocasionaban al prohibirme esa oportunidad? El mayor defecto del español es el de no ayudarnos. En Francia nace una señora con el pelo largo y rubio ¡y no vea usted cómo la ponen! ¡No paga ni siquiera impuestos!...
No era esa la imagen que yo tenía de Sarita Montiel, y se lo digo. Ella me replicará: “Soy muy sencilla y sensible”. Ciertamente es así. Me lo ha demostrado en este diálogo inquisitivo a que la sometí. He comprendido por qué se hizo mito. Proyectó la falsa imagen hologramática de un “monstruo sagrado”, con el fin de encubrir su amargura. Hoy empieza a estar cansada de hichar ese globo que la elevó por encima de los demás. Está cansada de ser una Sara para sí y otra para el gran público. Aún así, me sonríe: “Sobre mi ombligo, le diré la verdad: no fue por razones estéticas. Tenía una hernia umbilical que se me salía cada vez que tosía, y quise terminar con ese suplicio”. Me hace sentir admiración. ¿Por qué confesárselo así a su público, descubriéndoles mezquinamente el truco de un buen juego de manos? E hizo bien, pues fue grande y divertida hazaña la de tener pendiente de su ombligo a todo un país. Genio le llamo yo a esa figura.

Julio Coll
Fotografías de Jaime Pato

LA FOTO CCLXXVII


Otra de Ibáñez con el premio que reconocía su récord de permanencia en pantalla. 

viernes, 9 de marzo de 2018

martes, 27 de febrero de 2018

CINE MUNDO - 1 de Marzo de 1.958 - España


La diva aparece solo en la portada. Dice así:
SARA MONTIEL. Triunfadora absoluta, en votación popular, del V Referéndum de Artistas organizado por CINE MUNDO entre sus lectores de toda España. 





EL RECORTE CCLXXVI
El nombre de Sara Montiel se consagró para siempre (y en todo el mundo) con 'La violetera'. Un nombre que brilló hasta el final. La artista hacía un balance de su carrera y de su vida en esta entrevista concedida a la revista Diez Minutos, en su número de 29 de Abril de 1.986. 

UN NOMBRE DE mujer
SARA MONTIEL

"Ni fumo ni bebo, y eso es muy bueno para la salud"

Sara Montiel acaba de cumplir cincuenta y ocho años. El paso del tiempo no parece afectar a esta maravillosa mujer. Feliz e incansable ha estrenado en el teatro Victoria, de Barcelona, su nuevo espectáculo, “Sara, mes que mai”. Mucho más delgada –confiesa pesar 57 kilos- ha estado durante un año sometida a un estricto régimen alimenticio. Sara Montiel continúa siendo la mujer bella y sensual, auténtico ‘boom’ de los años 50 y 60…
“ESTOY EN LA MEJOR ÉPOCA DE MI VIDA”
-Con Pepe y con mis hijos me siento realizada como mujer y viviendo la época más feliz de mi vida. Artísticamente, no. En mi profesión fui el ‘boom’ de los cincuenta y los sesenta, pero como mujer, ahora, soy muy feliz. En lo que se refiere a mi trabajo, no me puedo quejar. Todo marcha perfectamente, pero, como es lógico, voy por la calle más tranquila que antes. También es verdad que todo el mundo, hasta los más jóvenes, saben quién es Sara Montiel.
-Dicen que eres la última diva de nuestro país. ¿Es cierto?
-Eso no lo debo contestar yo. Estoy trabajando desde los diecisiete años, cuando hice “Locura de amor”. A los veintisiete ya era famosa. No he triunfado a los cuarenta, como otros y otras compañeras de profesión. Cuando cumplí esa edad casi estaba a punto de retirarme. Ahora bien, si me he mantenido todos estos años es porque nunca he engañado al público. Siempre he ofrecido lo mejor de mí. ¿Que si soy la única diva? Eso tendrías que decirlo tú, ¿no crees?


"Soy una madraza maravillosa", dice Sara de sí misma. 


Es posible que Saritísima vuelva al cine. Se lo está pensando. 

“NO ME PODRÍA PLANTEAR LA VIDA SIN PEPE”
Sara habla dulcemente; sus palabras están llenas de una sensualidad especial, la misma que la hizo famosa en otro tiempo.
-¿Has roto corazones?
-Algunos, pero eso es historia pasada. Hace dieciséis años que encontré el verdadero amor y es lo único que me importa: Pepe y mis hijos. Pepe se ha convertido en una persona imprescindible para mí, desde que le conocí y me enamoré locamente de él, hemos estado juntos y no pienso dejarle escapar. Es un hombre muy inteligente, un buen esposo y compañero, y un padrazo. Mi marido es el hombre ideal de mi vida. Me ayuda y me aconseja mucho. Llegó a mis cuarenta y dos años y, como decía antes, no pienso dejarle escapar.


A veces se tiene que someter a regímenes alimenticios muy estrictos. 

“SOY UNA MADRAZA MARAVILLOSA”
-Estoy loca con mis dos hijos. El mayor premio para mi hija Thais es dormir con sus padres. A mí me adora. Y procuro no pasarles muchas cosas para que se eduquen bien, pero he de reconocer que soy un poco blanda. A Pepe le ocurre lo mismo. Es tan maravilloso verles crecer felices, que sólo por mis hijos sería capaz de dejarlo todo, hasta mi profesión. En una palabra pienso que soy una madraza maravillosa.
-A tus cincuenta y ocho años te muestras como una mujer espléndida. ¿Qué haces para mantenerte así?
-Un poquito de ejercicio. Cuando estoy en Palma de Mallorca voy a clase de ballet. Como productos muy sanos. Siempre verduras y pescado. Además, como soy muy feliz, se me refleja también en el aspecto físico. Elimino las grasas y como soy propensa a engordar, hago regímenes bastante estrictos. Una de las ventajas que tengo es que ni bebo ni fumo, y eso es muy bueno para la salud y el buen estado físico.

“NUNCA HE OCULTADO MI EDAD”
-A pesar de lo que muchos puedan opinar, nunca he ocultado mi verdadera edad. Siempre que he podido he festejado el cumpleaños. Cumplir años y saberlos llevar es muy bonito. No tengo ningún tipo de complejo ni trauma con lo de los años. La salud sí que me preocupa; los años, no.
-¿Cuál es el balance de tu profesión a lo largo de tu dilatada carrera?
-Maravilloso. He sido profeta en mi tierra y fuera de ella. ¿Qué más puedo decir? El espectáculo que he presentado en Barcelona ha funcionado perfectamente. Ahora me marcho a México y a Los Ángeles, donde permaneceré hasta mediados de junio. Creo que mi carrera me mantiene en forma y el público es tan maravilloso que me da ánimos para seguir trabajando.


Una mujer que ha triunfado en su profesión, pero que no le importaría abandonarla por sus hijos. 



A sus cincuenta y ocho años, Sara aparece espléndida. 
Tras el éxito en Barcelona, Sara marchará en breve a América. 

-¿Estás reñida con el cine?
-Dije adiós al cine en el 76, cuando el destape. Aquel cine era barato, de mal gusto. No me interesaba. Ahora he tenido alguna que otra propuesta. Me estoy pensando el tema. Pero de momento prefiero seguir con el teatro, que me subyuga y propicia el contacto directo con el público. Cuando hago teatro me lo paso bomba.
-Tu belleza ha llegado a ser mítica. ¿Crees que contigo se rompió el molde?
-Más bien creo que marqué una época. Nada ha sido ficticio. Mi forma de hablar, mi manera de cantar es totalmente mía, nada estaba estudiado ni preparado. Todo ha sido natural.
A sus cincuenta y ocho años, Sara dice que le quedan muchas cosas por hacer y que cumplir todavía… “La vida es maravillosa y a mí me gusta vivirla. Pero soy consciente de que tengo cincuenta y ocho años y dos hijos a quienes educar y criar. Quiero que ellos disfruten tanto de la vida como yo lo he hecho. La mayor satisfacción de Pepe y mía es ver cómo nuestros hijos crecen felices junto a sus padres”.
Sara Montiel, mujer Piscis y, sobre todo, bella. La última diva.

Chelo GARCÍA-CORTÉS
Fotos: GARCÍA-CORTÉS, CASALS
Vestuario: Emilio GUCCI, VALENTINO y SANT LAURENT


LA FOTO CCLXXVI


Inolvidable. Un fotograma de 'La violetera'.