viernes, 24 de marzo de 2017

SINGRA - 17 al 23 de Mayo de 1.957 - Brasil


La diva aparece solo en la portada. 

EL RECORTE CCXL
'El último cuplé' llevó a Sara Montiel a los cines del mundo entero. Pero también a las portadas del mundo entero. En 1.987, cumpliendo los 30 años del legendario film, la estrella hacía memoria de algunos entresijos de la película y los beneficios que le reportó. Fue para los Domingos de ABC en su número de 10 de Mayo. 

SARA MONTIEL
LA NOSTALGIA DE UN CUPLÉ
Parece que fue ayer, pero ya han pasado treinta años desde aquella primavera en que en Madrid se estrenaba “El último cuplé”. Sin embargo, Sara Montiel sigue siendo un mito. Media España está enamorada de ella y fue la guapa chica que despertó los primeros sueños eróticos de los adolescentes de posguerra. Ahora vuelve a Madrid a cantar sus cuplés, y lo va a hacer el miércoles en Scala, con sus canciones de siempre. Son las cinco de la tarde. La eterna Sara Montiel, con traje de seda estampado de pantera, apura su “Montecristo”, pero sin tragarse el humo. Está guapa, muy guapa, con el pelo tirante hacia atrás y recogido en un moño. Sobre su frente, una cinta dorada del mismo tono que los zapatos. Un cuidado maquillaje resalta aún más sus pómulos, y las uñas hacen juego con el terciopelo del sofá donde estamos sentadas, rodeadas de obras de Solana, Palencia, Grau Sala, Ramón Casas, Fuster, Cuillat Valera, Eduardo Vicente… y hasta un par de cuadros de la propia Sara; uno tiene las nubes algo alborotadas –“es que en acuarela no se puede corregir”-. Desliza su lánguida mirada mientras abre y cierra las pestañas enormes de sus ojos, a veces miel, a veces verdes. Habla suavemente, castizamente, deslizando las palabras, arrastrándolas más bien. Es la suya una voz sensual, genial. Apenas gesticula y sus palabras salen de la boca como estrofas de cuplé. El erotismo de Sara es tan familiar, tan cotidiano…


-Este mes se cumplen treinta años del estreno de “El último cuplé”. ¿Sigue viva?
-Vivísima. Acabo de venir de Estados Unidos y allí la tienen como un clásico mundial del cine. Igual pasa en Francia.
-¿Y en España?
-Aquí está en todos los video-clubs, y se matan por comprarla o alquilarla.
-Y eso le emociona, claro.
-Y también me sorprende. Pero creo que ver “El último cuplé” es algo así como ver “Casablanca” o “Lo que el viento se llevó”, porque es un clásico de la historia del cine.
-Tanto que cada vez que se acuerda le entra nostalgia.
-Sí, pero es humano. Fueron unos años muy bonitos, aunque también fue una lucha titánica la que sostuve para hacer la película. No existían los medios de comunicación de ahora, pues hoy cualquiera canta, aunque no tenga voz; sólo con que sepa decir ‘A-E-I-O-U”, graba un disco. Pero sí, tuve mucha suerte.
-Y mucho éxito…
-Un éxito que nadie se esperaba. Yo era muy joven y creía que no había hecho nada, pero resulta que sí.
-Tanto que sus cuplés siguen tan vivos como el primer día…
-Es terrible, pero no puedo cambiar de repertorio, porque el público quiere las canciones de “La violetera” y “El último cuplé”. Si no canto “Nena” o “Fumando espero”, no veas la que se organiza.
Sin arrugas
-Y aquellos cuatro meses de rodaje a 250 pesetas diarias de dietas estarán cargados de anécdotas…
-Pues sí, y además muy divertidas. Como no había dinero para nada, las cosas se hacían a ciegas. Fíjate, me tenían que maquillar de mujer mayor de más de cincuenta años. Yo entonces tenía veintiséis. Bueno, pues me pusieron arrugas por la cara y el cuello, bolsas en los ojos… En fin, hecha una pena. Como no se podían ver las pruebas, cuando admiramos el resultado fue en la proyección. Y, francamente, estaba guapísima, sin ninguna arruga, pese al maquillaje.
-Sería el destino, Sara, que ya vaticinaba su magnífico cutis.
-¡Madre mía! Ahora tengo cincuenta años y para que me salgan arrugas me las tengo que pintar.
Hombres a patadas
-Y de repente vino la Columbia y usted firma por un veinte por ciento de las ganancias del disco…
-Me hice, nos hicimos millonarios en tres meses. Porque entonces sí se vendían discos. Pasé de no tener una “perra”, a millonaria y a hacer ricas hasta a las taquilleras de los cines, pues revendían las entradas. He tenido y tengo un público maravilloso, fiel, tanto masculino como femenino; es más, los jóvenes me conocen ahora a través del vídeo (Sara pronuncia video) y a los de cuarenta para adelante pues les sigo gustando, me quieren, me tienen aprecio.
-Media España está enamorada de usted, pero en aquellos tiempos del cuplé ¿qué hombres importantes le tiraron los tejos?
-Mira hija, me he tenido que quitar de encima a los hombres a patadas. Era terrible. No podía salir a la calle porque me acosaban. Yo sí he sido profeta en mi tierra. Pero también he tenido problemas. Cuando volví de América me había casado por lo civil con Anthony Mann y eso aquí era un pecado. Así me miraba la gente, como una pecadora, y era perseguida moral y físicamente.
-O sea, Sara, que no tuvo ningún pretendiente ministro…
-Conmigo no va la erótica del Poder. Pretendientes ministros no tuve, pero sí presidentes de Gobierno, como los de México o Rumanía.
-Y la picaresca que conlleva la censura ¿hacía que en aquellos tiempos se amase más?
-Se amaba de diferente forma, más escondida. Ahora, más que libertad, lo que hay es libertinaje. Yo en aquellos tiempos me sentía bien, no vivía en España, donde había que llevar una doble vida, porque con la censura había que desdoblarse…


Sara Montiel con Carmen Fuentes durante la entrevista mantenida en la casa que la artista posee en Madrid

Unos lazos
-Y quién fue el primero que le dijo: ‘¿Quieres ser mi novia?’
-Adolfo Wondosell, marqués de Arneva. Y me regaló unos lazos.
-Y lo de: ‘¿Quieres casarte conmigo?’
-Miguel Mihura. Él fue mi Pigmalión, me enseñó a leer, y, francamente, yo estaba enamorada, pero no nos casamos porque era muchísimo mayor que yo. Pero sí mantuvimos un amor platónico muy importante.
-Ha tenido usted tres maridos, montones de novios y amantes. Pero de todos, y quitando a Pepe Tous, que nos está escuchando, ¿quién fue el mejor? ¿De quién guarda estupendos recuerdos?
-De Tony Mann, mi primer marido. Mira, el día que nos divorciamos, aquí en Madrid, a la salida del Consulado americano, alguien nos preguntó: “¿Y dónde vais ahora?” “Pues a nuestra casa”, le contestamos. Porque incluso después de divorciarnos seguimos viviendo juntos hasta que él se marchó a Estados Unidos. Fue una persona maravillosa, de la que aprendí mucho.
-Terenci Moix, su amigo, dice que la lengua de Sara es como el guante de Gilda.
-Son las cosas de Terenci, que es un amor.
La bofetada
-¿Y no ha tenido nunca que quitarse el guante?
-Yo soy una mujer bastante deslizona, melosa, mimosa.
-Que jamás ha dado una bofetada a nadie.
-Sí, y algunas incluso con guante.
-Porque algunos hombres que sí merecen una buena bofetada.
-Por supuesto. Yo tuve que darle una a un señor desconocido que tocó donde no debía cuando me senté en sus rodillas en el teatro.
-Pero bueno, una bofetada de Sara Montiel es casi como un beso…
-No te creas, que aquélla fue un buen guantazo.
-¿Y Sara ha utilizado mucho este tipo de “caricias”?
-Eso es otra cosa. Una puede estar enamorada y pegarle a uno una bofetada por algo. Es una buena terapia para la reconciliación. Pero el amor “a bofetadas” no me va. Soy tremendamente mimosa. Claro que a lo mejor pego una bofetada de esas que apenas se nota, porque lo hago suavemente. Tuve un amor muy turbulento, con un italiano, que duró siete años. Él era celoso y yo no, y así no se puede vivir.
Vuelta al cine
-Planes para el futuro: ¿tiene muchos?
-Tantos que no sé por dónde empezar. Dentro de unos días actúo con un nuevo “show” en Madrid, en Scala. Con un popurrí de mis canciones y dos nuevos temas con letras y música mías, “Amante” y “Amores de mi soledad”. Después me voy a Las Palmas, más tarde iré unos veinte días a Brasil a hacer televisión, y luego las galas de verano por toda España. Pero siempre regresando a casa, porque no quiero dejar a mis hijos.
-¿Y de volver al cine qué?
-Televisión quiere que haga un filmado importante y que vuelva al cine, pero lo veo difícil. Yo dejé el cine hace unos años porque se hacían unas cosas muy raras. Y me fui al teatro musical, a viajar… Ahora quieren que vuelva, y estamos en conversaciones, y me imagino que si todo sale bien volveré a finales de año o comienzos del próximo. ¿Ilusión? ¡Claro que me hace! Es volver a mis raíces.
-¿Y con quién le gustaría volver?
-¡Ah!, eso no te lo puedo decir.
-Siempre trabajando, siempre cantando, siempre en la picota…
-¿Retirarme yo? Nunca. Tina Turner tiene cinco años menos que yo y ahí está… Las cincuentonas estamos de moda; sobre todo las que podemos cantar y dar la cara.


Soy “punky”
-Me habla usted de Tina Turner. ¿Se siente “punky” o “rockera”?
-¿Por qué no se va a ser “punky” a los cincuenta y tres años? A mí me gusta el “rock”. Adoro a Miguel Ríos, y no es precisamente un pipiolo. Tampoco Ramoncín tiene dieciséis años, y ya ves, sigue haciendo “rock”; no se va a poner ahora a cantar misa…
-¿Y Sara Montiel tiene alguna manía?
-Sí, soy muy maniática con la comida de mis hijos. Hago exactamente lo que me dice el pediatra. Para mí no soy maniática. Ahora, a mi edad, tendría que estar gorda y ya ves tengo un peso ideal con cincuenta y siete kilos, cosa que de jovencita no podía conseguir, porque tenía una enfermedad que me hacía estar redonda y se me iba todo acumulando en el culito, en… Sí, la enfermedad se me pasó, y aunque no he estado nunca esquelética, ahora procuro comer verduras y carnes asadas.
-¿Prepara usted cocina científica (todo muy pesadito) o cocina por teléfono? (pedir ayuda a quien lo sabe hacer).
-No, yo preparo “cocina a ojo”, y hago un arroz pobre de “depende”, de depende de lo que haya sobrado, que le doy el punto exacto. No me preguntes cómo lo hago porque es algo muy mío.
-Pero sí tendrá una receta especial para invitados…
-La pata de cordero al champaña. Es un invento mío, y se hace añadiendo las copas de champaña poco a poco.
Al champaña
-Debe ser éste un menú casi afrodisíaco…
-No creo en esas cosas. Todo depende de la compañía. Si ésta no te estimula…
-O sea, que le va eso de “contigo pan y cebolla”.
-No, hija, lo prefiero todo regadito con champaña; al menos no pica los ojos.
-¿Y Sara sigue la moda y a los diseñadores españoles?
-No, porque soy anárquica, y depende de cómo me sienta para vestirme de una manera o de otra. Para mí no existe la moda. En verano me cuelgo unas faldas transparentes y unos collares exóticos y a correr.
-En más de una ocasión ha dicho que le gustaría para España un socialismo democrático, con justicia y libertad. ¿Cómo el que tenemos?
-Bueno, llevan poco tiempo, y el mundo no se hizo en cuatro días. Me gusta la libertad y la democracia y para mí los Reyes son intocables. Y lo han sido desde siempre. Fíjate, cuando me casé por segunda vez, en Roma, el ramo de novia lo dejé en la tumba de Don Alfonso XIII. Y fui muy criticada.
Ahora prepara el vestuario para su actuación en Madrid. “Sara en Scala” es el título del espectáculo, que hará reír a unos, soñar a otros y llorar de emoción a muchos: a toda aquella generación de “carrozas” que estuvieron y siguen aún enamorados del cuplé y de Sara Montiel.

Por Carmen FUENTES


LA FOTO CCXL

Inolvidable escena de "El último cuplé".


domingo, 12 de marzo de 2017

HOLA - 19 de Marzo de 2.008 - España


La popular artista, siempre sorprendente
SARA MONTIEL
Ochenta años, ochenta velas y sus dos hijos al lado
“He vivido y continúo viviendo muy intensamente, que es lo más gracioso”

Sara Montiel con su clásico cigarro puro y sus espectaculares joyas, posa en su ático de Madrid al cumplir ochenta años. 

Tiene, el aire de quien ha pisado Hollywood y la silueta de Gary Cooper en la retina. Ochenta años de historia viva nos contemplan. Intensa y emocionante. También triste. Que hay de todo en la vida de esta manchega universal, Dulcinea para sus grandes amores. Ochenta velas, ni una más ni una menos, aguardan dando lumbre a la sombra de sus hijos, Thais y Zeus.
-Ochenta años como ochenta soles, Sara.
-Pues mira. Gracias a Dios, voy cumpliendo años. Recuerdo que cuando celebré los sesenta y mi marido Pepe Tous me dio un fiestón, me dije a mí misma: “A ver si llego a los ochenta!”.
-Pues aquí estás.
-Sí, he llegado.
-Harás algo especial.
-Mi pueblo me pone una estatua en Campo de Criptana, mi tierra natal, el próximo veintinueve de marzo. Y luego también inauguraré el molino ‘El Culebro’, que lo han restaurado porque es del siglo once y se estaba cayendo. Aparte, el Museo Sara Montiel.


Momentos antes de apagar las ochenta velas de la tarta en su casa de Madrid y rodeada por sus dos hijos, Thais y Zeus. 

-Ochenta años muy intensos.
-Mucho. Porque he vivido, gracias a Dios, muy intensamente. Artísticamente y como mujer. Y lo más gracioso es que lo estoy viviendo ahora también.
-Con todos mis respetos, Sara, no es lo mismo vivir la vida a los ochenta que a los veinte.
-Por supuesto que no. A los veinte no piensas nada, no oyes nada.
-Pongamos a los cuarenta entonces.
-Eso ya es otra cosa, que están más cerca de los ochenta.
-Mujer, tanto como muy cerca…
-Me refiero a que puede ser un poco parecido en la manera de pensar. Yo tengo la suerte de que me voy deteriorando poquito a poquito. Pasan diez años, y un poquitín; pasan otros diez, otro poquitín. Son genes que se tienen, qué quieres que te diga.
-Si tú lo dices, Sara…
-Fíjate si me encontraré bien que ha venido un empresario maravilloso empeñado en que trabaje con él. Quiere que me presente en varios sitios de España y luego, en septiembre, en la Gran Vía de Madrid.
-Te has “liado la manta a la cabeza” seguro.
-Yo le he dicho que sí.
-Eres una valiente, Sara.
-Pero sólo es un sí momentáneo, porque estoy indecisa todavía. Lo único que tengo que hacer es irme a Melilla para ensayar con mi maestro de canto. Ya son veinte años los que llevamos trabajando juntos.
-Tú eres una artista muy seria, y si dices sí, es que sí.
-¡Por supuesto! Yo no hago “play-back”, sino que canto en vivo con mi orquesta, con mis coros. Por eso tengo que prepararme bien.


Sara Montiel, que tiene intención de regresar a los escenarios próximamente, sopla las velas de la gran tarta con la ayuda de sus hijos. 


Thais ríe divertida mientras le da un poco de tarta a su madre. 

“DE AQUÍ A LIMA”
-Habrá habido algún acierto a lo largo de todos estos años, pero también errores.
-Y muchos.
-Siempre hay uno mayor que otro.
-Casarme con el cubano, que no sé por qué lo hice.
-Pues si tú no lo sabes…
-De todas formas, creo saberlo, aunque no lo puedo decir, porque se trata de algo muy íntimo y privado.
-A lo mejor querías demostrarte a ti misma que aún tenías capacidad de seducción, Sara.
-Por ahí no van los tiros, porque yo he tenido tíos más importantes que el cubano “de aquí a Lima”.
-Pero lo de Tony Hernández ya forma parte de tu pasado.
-¡Por supuesto que ya lo he olvidado! Enseguida le mandé a “freír monas”.
-Y hasta hoy.
-Bueno, cuando se murió mi hermana me llamó el chico para darme el pésame.
-Mira, un detalle.
-Las cosas como son.
“SI TU ME DICES VEN, LO DEJO TODO”
-Giancarlo.
-Mira, precisamente ayer mismo estuve hablando con él por teléfono.
-Parece como el Guadiana.
-¿Qué dices? Él siempre ha estado ahí. Siempre. Yo no le llamo, él me llama a mí.
-Y ahí sigue.
-Ahí.
-Como dice el bolero: “Si tú me dices ven, lo dejo todo”.
-Lo mismo.
-Pero nunca te llegaste a casar con él.
-No lo veía claro.
-Te refieres como marido.
-Que no lo veía claro, y ya está.
-Tiene éxito con las mujeres.
-Bueno, sí, pero no era por eso. ¡Y mira que mis hijos le quieren! Zeus y Thais le conocen desde el noventa y tres, cuando apareció en la televisión allí, en Barcelona, al año de morirse mi marido.
-Quieres decir que tus hijos siempre han estado al tanto de tu vida pasada.
-Siempre.
-No sé por qué me da, Sara, que tienes por ahí algo.
-Fijo.
-Pues tú dirás.
-Tengo un africano hace ya tres años.
-Del Norte…
-No, de Marruecos, del Sur. Llevamos ya tres años juntos. Lo que pasa es que yo ya no digo nada. Fíjate que acaba de estar aquí cinco días y no se ha enterado nadie…


La popular artista brindando con sus hijos: "Thais y Zeus continúan viviendo conmigo. ¿Cómo van a dejar un hotel de cinco estrellas así porque sí?"

“UN COMPLEJO RESIDENCIAL EN EL ATLAS”
-¿Y quién es él?, como dice José Luís Perales en una de sus más famosas canciones.
-Es arquitecto, y está haciendo un complejo residencial en la cordillera del Atlas.
-Revela por lo menos su apellido.
-Bobet. Es de padre francés y madre española. Pero viene muy poco por aquí. Yo le conocí en Marruecos.
-Más joven que tú.
-Tiene cincuenta y seis años.
-No se te ocurrirá casarte otra vez.
-Pero, ¿qué dices?
-Conociéndote, Sara…
-¡Que no! Está divorciado. Es muy majo. Tiene los ojos claros.
-Tendrán tus hijos que dar el “visto bueno”.
-No lo conocen.
-No ha ido todavía a tu casa.
-Qué va. La experiencia es la madre de la ciencia.
-Lo dices por tu experiencia anterior.
-Por eso.
-Hablando de tus hijos: Zeus va como un cohete en su carrera musical.
-¡Como un auténtico cohete! Ni te lo imaginas. Trabaja con Oscar Gómez, y creo que su disco saldrá por abril o mayo. Está ahora grabando.
-He leído que es un chico muy romántico.
-Claro que lo es. Lo que pasa es que uno de sus primeros amores le salió “rana”, y entonces él era muy jovencillo.
-No me digas más.
-Y entonces, claro, ahora es más precavido a la hora de volver a enamorarse.
“LO QUE LE GUSTAN SON LAS LETRAS”
-Porque Thais estudió en Londres.
-Terminó Derecho hace mucho tiempo, pero no ejerce. Acaba de cumplir veintinueve años.
-No le gustan las leyes, entonces.
-No, no le gusta el Derecho. Va a Londres de vez en cuando. Seguramente se va a aquedar a vivir allí en el Discovery Channel.
-Como presentadora.
-Pienso que en un programa divulgativo. Thais hizo un máster sobre Shakespeare en Cambridge. Es una erudita en ese autor. Lo que a mi hija le gusta de verdad son las letras, la Historia, leer…
-Pero los dos continúan viviendo contigo.
-¡Cómo van a dejar un hotel de cinco estrellas así porque sí!
-Sólo te falta un nieto.
-Como es tan rara hoy la juventud… De pronto tienen hijos como de pronto no los tienen.
-Serías una abuela divertida.
-Yo sería una abuela sensacional. Una abuela cañón. Pues como soy.
-Mira que tienes vitalidad…
-Tengo una mentalidad muy abierta. La he tenido toda mi vida. Por ejemplo, me llevo de cine con los chicos de quince, de dieciséis, de dieciocho años… Hablo con ellos normalmente, como si yo fuera de su edad.


Sara Montiel y Thais posando delante del famoso cuadro de la artista que está en el salón de su casa y que ha dado la vuelta al mundo. "Mi hijo, Zeus, va como un cohete en su carrera como cantante", asegura la cantante, a quien van a erigir una estatua en la localidad manchega de Campo de Criptana (Ciudad Real), su tierra natal. 

“MUY DURO PARA UNA MADRE MAYOR COMO YO”
-Te ha tocado a ti bregar sola con tus hijos.
-Cuando murió mi marido, mi hija tenía trece años y mi hijo nueve. Tuve que entrar de lleno para levantarlos y cuidarlos.
-Sola.
-Sola. Eso fue muy duro para mí. Es muy duro para una madre ya mayor como era yo. Porque dices: “Bueno, me he quedado viuda con cuarenta y cinco años y tengo a mis hijos”. Pero es que tenía sesenta y cinco años cuando murió mi marido.
-Hablemos de cosas menos tristes, Sara, que estamos en tu cumpleaños.
-Te contaré que, de vez en cuando, me hago un regalo a mí misma.
-Una joya, dime que me equivoco.
-Pues mira, hace poco vi una sortija preciosa de brillantes y me dije a mí misma: “Mira, como ésa no la tengo”.
-Y cayó.
-¡Vaya que si cayó!
-Hablando de alhajas. ¿Sabes que va a abrir Tiffany en Madrid?
-¡Qué bien! Pero yo ya tengo un collar, unos pendientes y una pulsera de Tiffany. Me las regaló Tony Mann, mi primer marido.
-No te falta de nada, Sara.

Texto: TICO CHAO
Peluquería: MANUEL ZAMORANO
Maquillaje: CATI


EL RECORTE CCXXXIX
Si en el año 2.008 la diva cumplía 80 maravillosos años, en el 2.000, a la edad de 72, hacía un repaso por su dilatada vida y carrera profesional en su libro de Memorias. Así se expresaba la artista para la revista Magazine (La Vanguardia) en su número de 4 de Febrero de 2001.


SARA MONTIEL
una diva en su santuario



Con batín de seda de Christian Dior, perrito de aguas y cigarro habano, Sara Montiel posa en su dormitorio. 

A-no-na-da-da, a-bi-ga-rra-do, mo-rro-co-tu-do… Sara Montiel parece tener debilidad por los vocablos polisilábicos, enfáticos y recargados, unos vocablos que en su boca suenan aún más polisilábicos, enfáticos y recargados y que concuerdan perfectamente con las extensiones anaranjadas de su cabellera, con las larguísimas uñas postizas azules e imposibles y la copa de plata (vacía) que sostiene en la mano cuando nos recibe. “Hola-a-a… ¿No ha venido José Martí?”. Un muro recubierto de espejos, instalado al fondo del salón para crear la sensación de espacio, duplica la irrepetible figura de doña Sara.
Ya en el rellano de su apartamento –el ático de un edificio moderno en el corazón del barrio madrileño de Salamanca-, un retrato suyo de grandes dimensiones advierte que se está entrando en territorio saritísimo. Tras llamar a la puerta y obtener el huraño consentimiento de un perrillo de aguas, el visitante se encuentra súbitamente desbordado por los más variados estímulos ópticos, una especie de último cuplé de la decoración lujosa y abigarrada que desanima cualquier voluntad de establecer un inventario más o menos exhaustivo.
Todo tiene aire caro y de otra época, incluso un papel de Miguel Barceló –una especie de gato despatarrado y violento, fechado en 1.981-, al que hacen compañía un icono ruso y un rancio óleo de Palmaroli.
Desde el fondo del pasillo, tapizado de arriba abajo con retratos de la artista en diversos momentos de su larga carrera, llega el inconfundible resoplido de una olla exprés. “¿No ha venido José Martí?”.
El reportero José Martí Gómez es una de las personas que mejor conocen a Sara Montiel. Es más, podría asegurarse que Martí conoce incluso a María Antonia Abad. Durante muchas tardes, José Martí escuchó pacientemente a ambas para redactar unas “Memorias” que se publicaron por entregas, y con gran éxito de público, en un semanario de actualidades mundanas y sentimentales. Martí fue testigo de primera mano del insólito cambio que se operaba en María Antonia Abad, una criatura sencilla, manchega y entrañable, cuando Pepe Tous, su marido, interrumpía los coloquios con el reportero-biógrafo para anunciar una visita, tal vez el empresario de un teatro mexicano, el representante de una casa discográfica… Entonces María Antonia Abad se levantaba, hacía una cosa rara con la boca y, convertida repentinamente en Sara Montiel, estrella internacional, mito ibérico y superlativo, decía: “Hola-a-a”.
No, José Martí no ha venido esta tarde a Madrid, donde cae una lluvia de todos los diablos y en las emisoras de radio que sintonizan los taxistas se debaten, como si fueran cuestión de Estado, los amoríos de Sarita Montiel y un premio Nobel de Fisiología y Medicina, recientemente aireados por la primera en la versión 2000 de sus recuerdos. No ha venido José Martí y de María Antonia Abad parece no haber ni rastro en este apartamento decorado hasta la asfixia. Todo es Sara Montiel. El maquillaje feroz, el traje de noche para la tarde, el chal de pedrería roja, los zapatos negros con tacón alto y pompones emplumados, la joyería pesada y el generoso arrastre de vocales.


En las paredes no cabría ni un sello de correos. Los ciento cincuenta y tres cuadros –confesados- que posee la artista forman una de las pinacotecas más caprichosas nunca vistas: dibujos de Picasso, Casas, Guayasamín y Gutiérrez Solana; óleos de Urgell, Sorolla, Pruna y Cittadini; un retrato de la propietaria firmado por Roca Fuster –“mi preferido”-, alguna concesión al género abstracto y desproporcionado y unas payesitas mallorquinas de Coll Bardolet, prueba fehaciente de que la artista vivió muchos años en Mallorca, donde una casa no es una casa que se respete si en alguno de sus rincones no cuelgan, enmarcadas, algunas de las miles de payesitas minimalistas que pintó Coll Bardolet.
-Afuera, en la terraza, hay una piscina, pero no se puede salir a ver porque llueve- nos informa Sara Montiel mientras atiende con irreprochable profesionalidad a las peticiones de Montserrat Velando.
-No se preocupe; yo me entretendré mirando cosas.
Sofás, butacones, divanes y otomanas dan buena cuenta de la superficie inmobiliaria. El resto se lo disputan mesitas bajas, mesitas y muebles relativamente chinos, cubiertos de laca negra. Hay cuernos de marfil tallado y licoreras de Bohemia; estatuillas belle époque, arts déco y precolombinas; huevos de jade y ónices de formas caprichosas; jarrones, jarras, jarritos, cántaros y ánforas; una mesa de cristal sostenida por unos funcionales elefantes de cerámica y una colección de unos doce caniches del mismo material que parecen ladrarle a una lamparilla modernista.
Sobre la mesa de comedor, una urna de cristal protege un exuberante bodegón de flores y pájaros, ambos exóticos y disecados; en los exiguos lugares de paso acechan los miembros de una desperdigada sillería de maderas nobles dispuestos a hacernos tropezar innoblemente… Un paraíso del antidiseño. La pesadilla de un patoso.
Contra todo pronóstico, Sara Montiel insiste en ser fotografiada como una odalista traviesa y sensual. Convierte la chalina en chador, se arremanga con todo desparpajo las largas faldas negras y se deja caer de través en un butacón. “¡Antoñita! ¿Te has mareado?”, pregunta un amigo recién llegado al encontrarla en tal posición. “Llevo cincuenta y seis años de carrera i-nin-te-rrum-pi-da; soy una de las mueres más fotografiadas del mundo. Cuatro portadas en ‘Life’; tantas en ‘París Match’… ¡Qué sé yo! ¡La de fotos que me han hecho! Oye, que ahora no se te ha disparado el flash; vamos a repetir…”
El dormitorio es la apoteosis del estilo saritísimo. Un pasillo forrado de tejido damasquinado preludia una habitación en la que los elementos dominantes son un espejo veneciano –“comprado en Italia, claro”- un par de camas cubiertas por abullonadas colchas de raso blanco y un televisor de bastantes pulgadas. Para esta sesión de fotografías escoge un camisón de seda rosa de Christian Dior, un Montecristo del número cuatro y el perrito de aguas; nada más natural cuando una ha hecho el aprendizaje de estrella en el Hollywood de los años dorados, ha compartido cartel con Gary Cooper y Burt Lancaster y fue el propio Hemingway –“Ernesto; con él no fue amor, sino puro sexo”- quien le enseñó a fumar habanos prerrevolucionarios, cuando ella tenía apenas 22 años.
Nos sentamos a charlar en el salón, frente a una mesa baja de cristal abarrotada de objetos familiares: mandos a distancia (cuatro unidades), teléfonos móviles (tres), ceniceros de plata, puñados de calderilla, pañuelos de papel, cortaúñas, clips, recibos de empresas de mensajería, un platito de patatas fritas, colillas de puro… Ella habla de cosas glamurosas y lejanas –sus casas mallorquinas, sus amantes ilustres y maduros- mientras por la casa se esparce un olorcillo de casa española a las ocho y media de la tarde de un día lluvioso: olor a verdurita cocida.


-¡Hermana!- , grita de repente, en un fulminante relampagueo de María Antonia Abad; ¡Hermana, cena tú, que yo voy a salir!
-Mi hermana… Ocho años mayor que yo… La hemos des-hos-pi-ta-li-za-do recientemente… Fractura de meñisco –informa mientras se envuelve nuevamente en volutas de  humo y en los pliegues de su complicado personaje.
Volvemos a la Mallorca de Pepe Tous, pasando por California –donde tuvo una cocinera sureña que preparaba un “pavo americano que estaba de rechupete”-, Madrid –donde en una época le tiraban piedras por la calle si salía con pantalones- y aquel inolvidable Moscú soviético de otros tiempos en el que las masas obreras y campesinas se rendían clamorosamente a sus pies.
-Pepe Tous sigue estando muy presente… -le decimos, señalando las fotografías familiares repartidas por el salón.
-Sí; aquí lo tenemos, en ese jarrón…
-¿Disculpe?
-Ahí tenemos sus cenizas… En ese jarrón… Ahí está siempre.
-Euuuh… ¿Es un jarrón…? ¿Un jarrón chino?
-Chino, no, che-col-lo-va-co. De por-ce-la-na. Con incrustaciones de oro y de pla-ti-no.
Poco a poco van llegando los amigos que la sacan esta noche a cenar. La saludan con mucha zalamería y le preguntan si ya ha llamado a Umbral para felicitarle, si quiere ir el domingo a oír a Tamara, “a la de Farina, no a la furcia esa”, etcétera, etcétera…
Sara Montiel se enfunda en un elegante abrigo cerrado con cuello de pieles, pero los amigos la mandan a cambiarse, ipso facto y de arriba abajo. “Es que la llevamos a cenar a un sitio hippy, ¿sabes?”.
Afuera, la lluvia bate la terraza, la piscina doméstica, los muebles de jardín de hierro forjado y los arbolitos que crecen en enormes jardineras. Al enfilar el largo pasillo, dispuestos a abandonar el territorio Sarita, pasamos frente a la cocina, donde una señora mayor y circunspecta, recién hospitalizada, como un plato de judías verdes.
-¡Hermana! ¡No me esperes levantada!

Texto de: Emiliano Manzano
Fotos de: Montserrat Velando


LA FOTO CCXXXIX


Espléndida. 

viernes, 3 de marzo de 2017

SEMANA - 28 de Enero de 1.998 - España


Cumplirá 70 años el próximo 10 de marzo
SARA MONTIEL
se ha hecho un “lifting” en la cara y 
en las manos
Siempre le ha gustado cuidarse, y ahora quiere estar guapa para su novio, Nicolás

Desde la calle vemos a Sara en la habitación de la Clínica Planas, de Barcelona. 

El mantener una imagen cuidada y atractiva ha sido una constante en la vida de Sara Montiel, quien no ha tenido reparo en reconocer que se ha hecho algún ‘arreglillo’ para seguir estando guapa.
Como es sabido, Sara vuelve a estar enamorada. El hombre que ocupa actualmente su corazón se llama Nicolás, un abogado de origen austriaco. Esta relación ha hecho renacer en Sara muchas ilusiones, y la famosa artista también ha querido renovar su imagen. Acompañada por una amiga, Sara Montiel ingresó en la conocida Clínica Planas, de Barcelona, donde se sometió a un “lifting” –operación destinada a alisar la piel del rostro y del cuello- y a un tratamiento con rayo láser en las manos, con el que se consigue paliar manchas y arrugas.
Sara estuvo ingresada cinco días, y todo transcurrió bien, como la propia artista confirmó a la salida del centro hospitalario:
-Me encuentro bien, y ahora lo que necesito es descansar y estar tranquila.
Sara tenía previsto prolongar su estancia en Barcelona unas semanas para volver después a la clínica, donde pasaría la lógica revisión médica y podría ya comprobar los resultados de su paso por el quirófano.


Sara abandonó el centro hospitalario acompañada por una amiga. La admirada artista se protegía con un pañuelo y gafas, pues la operación estaba aún muy reciente. 


ESTAR GUAPA
El próximo 10 de marzo Sara Montiel cumplirá setenta años. Nunca ha ocultado su edad ni su convicción de que cualquier mujer, si lo desea, debe utilizar los medios que ofrecen la cirugía y las últimas técnicas de rejuvenecimiento para estar más guapa y atractiva. Siempre ha sido una mujer de espíritu joven, que ha dado y da una gran importancia al amor. A cada hombre que ha estado a su lado le ha dado lo mejor de sí misma.
Nicolás no es una excepción, y Sara quiere estar lo más guapa posible para él, sin olvidar tampoco que es una artista que debe cuidar su imagen.
Loable actitud la de Sara Montiel, pues, como ella misma ha dicho, no importa la edad, sino lo que uno lleva en el corazón, y el suyo está hoy plenamente ocupado por el amor a sus dos hijos y el cariño por Nicolás.
Kadena Press

EL RECORTE CCXXXVIII
Desde que falleciera Pepe Tous en 1.992, la vida para Sara fue un poco más difícil. Fueron años de cambios (y no sólo estéticos), de poca estabilidad personal (según ella misma contó) y de sus últimas incursiones artísticas de relevancia. En 1.995, como relata la revista Lecturas en su número de 11 de agosto, la diva preparaba su último trabajo discográfico: 'Amados míos'. 

SARA MONTIEL
“Mi hija Thais es mi mejor apoyo y mi confidente”
A los tres años de la muerte de su marido, la actriz vive entregada a su trabajo y a sus dos hijos, Thais y Zeus.
“Ellos son lo más importante de mi vida”

Madre e hija posan abrazadas en su casa de la sierra madrileña. "Mi hija es muy madura y ha sido mi mejor ayuda", confiesa la artista. 

“Pepe fue el hombre de mi vida, nunca podré olvidarlo”
El 25 de agosto se cumplirá el tercer aniversario de la muerte de Pepe Tous. Aunque dicen que el tiempo lo cura todo, Sara Montiel todavía no ha podido olvidar las horas tristes y amargas en las que quedó sumida tras la muerte de su tercer marido. “Parece que fue ayer cuando le perdí. Pepe fue el amor de mi vida, nunca podré olvidarlo. Su muerte me dejó muy sola”, dice Sara.


Sara Montiel y su hija Thais han pasado unos días de descanso en la casa que tienen en un pueblecito de la sierra de Madrid. Las dos esperan la llegada de Zeus, que está con sus compañeros de colegio de colonias. En cuanto él regrese a Madrid, los tres se trasladarán a Palma de Mallorca.
-¿Estaréis todo el mes de agosto de vacaciones en Palma?
-No, estaremos solamente unos diez días. Después volveremos a Madrid, porque yo tengo que estar en casa por cuestiones de trabajo.
-El día 25 es el tercer aniversario de la muerte de Pepe. ¿Cómo estás ahora, Antonia?
-A pesar de estos tres años, a mí me sigue pareciendo que fue ayer, que el tiempo no ha pasado y que el dolor de su pérdida está tan dentro de mí que nunca podré olvidarlo. Fue el amor de mi vida. Su muerte me dejó tan sola que aún me duele. Me pesa mucho su ausencia. Nunca podré olvidarlo.
Por un momento, los bellos ojos de Sara se ponen tristes, brillan intensos y frágiles. Es su hija Thais quien está a su lado y la coge tiernamente, la abraza con firmeza. A sus 16 años, Thais se ha convertido en toda una mujercita y, junto a su hermano Zeus, es la mejor ayuda para su madre.
-La verdad es que mi hija Thais ha sido mi mejor ayuda en estos tres años. Zeus, como es más pequeño, me ayuda con su alegría, con sus juegos. Mi hija es más madura y se está convirtiendo en mi mejor apoyo y mi confidente. Gracias a Thais y a Zeus he podido sacar las fuerzas que perdí cuando Pepe nos dejó. Ellos y mi trabajo son lo más importante de mi vida. 


Parece que el tiempo no pase para Sara, de 67 años, a quien le gusta adornarse con flores y joyas. 

-¿Qué lugar copa ahora el amor de tu vida? ¿Podrás volver a enamorarte?
-Nunca se puede decir de esta agua no beberé… A lo largo de mi vida he amado intensamente muchas veces, pero cuando me enamoré de Pepe pensé y deseé que fuera el último hombre de mi vida. Los dos queríamos envejecer juntos, pero no pudo ser así. Tras su muerte, quedé tan confusa que pareció que podría volver a rehacer mi vida, aunque no fue más que una ilusión. Me equivoqué y escogí al hombre que no era el adecuado… Ahora todo lo miro con más calma y serenidad. Mis amores son mis hijos, mi trabajo y mis amigos.


"Para mamá era muy duro estar en la casa de Mallorca, tan llena de recuerdos dolorosos", dice Thais, de 16 años, que quiere estudiar la carrera diplomática. 

Sara y Thais pasean por el jardín. Junto a ellas está Juan Erasmo Mochi y los tres cantan alguno de los temas que acaban de grabar para el nuevo disco de Sara Montiel, titulado ‘Amados míos’.
-Cuatro canciones son de Mochi, que es el productor de este disco. Tenía muchas ganas de trabajar con él, porque nos conocemos desde hace muchos años. Por cierto, he grabado unos temas de ‘bakalao’, pero de ‘bakalao’ duro…
Thais asiente con la cabeza:
-No está mal. Yo he participado en los coros, y me ha dicho mamá que me va a dedicar el disco.
Thais se siente orgullosa de su madre. Atrás quedan los malos tiempos, pues le costó dejar Palma, su colegio, sus amigos…
-Fue muy duro, pero ahora me doy cuenta de que mamá tenía razón, teníamos que vivir en Madrid. Mientras ella siga con su trabajo, es mejor que estemos aquí. Además, para ella era muy duro estar en la casa de Palma, tan llena de recuerdos dolorosos. Aquí, los recuerdos de mi padre son distintos.


La popular artista de Campo de Criptana (Ciudad Real), en un rincón del jardín, mostrando la abertura lateral de su vestido. Las vacaciones las pasará en Palma de Mallorca. 

“Canto ‘bakalao’ duro en mi nuevo disco”


En septiembre se presenta ‘Amados míos’, el nuevo disco de Sara Montiel. Lo ha producido Juan Erasmo Mochi, autor también de cuatro de las canciones, y supone el regreso de la artista al mundo de la música, tras cuatro años de silencio.
“He grabado unos temas de ‘bakalao’, pero de bakalao duro…”, dice Sara Montiel. Uno de ellos es una nueva versión de ‘Fumando espero’.
Otra sorpresa de este disco es la participación de su hija, Thais, en los coros.

 Se puso su traje de novia para una fiesta homenaje


De izquierda a derecha, Paquita Rico, Nati Mistral, Vicente Parra, Sara y su sobrina Beatriz.

De novia, con el mismo vestido blanco con el que celebró en Palma de Mallorca su boda con Pepe Tous, en el año 1979, Sara Montiel asistió al entrañable homenaje que le rindieron en la terraza madrileña ‘Bolero’.
La actriz se adornó con la más preciada joya de su colección: un impresionante collar de esmeraldas y brillantes. “También lo llevé en mi vida con Pepe”.
El homenaje a Sara fue una reunión de amigos. Allí estaban Nati Mistral, Vicente Parra, Paquita Rico, Emilio Romero, La Chunga, Encarnita Polo, Beatriz de Borbón y otros muchos rostros famosos.


La artista con La Chunga y el prometido de ésta, Pedro Ceballos. 

LA FOTO CCXXXVIII


...eternamente bella... Por Gyenes en los '60.