martes, 26 de agosto de 2014

FOTOGRAMAS - 2 de Julio de 1954 - España


La diva aparece sólo en la portada.

EL RECORTE CLXXXII
Aunque en los últimos años de vida Sara Montiel siempre declaró no haber tenido ningún romance con Gary Cooper, no dijo lo mismo décadas atrás. Sea como fuere su rodaje americano le dio para muchas entrevistas y muchos 'chascarrillos' en prensa y programas de televisión. Este recorte es de la revista Lecturas con fecha de Junio de 1988. 

El sábado 10 los veremos juntos en “Veracruz”
SARA MONTIEL
recuerda su romance con
Gary Cooper

Sara Montiel y Gary Cooper besándose en una secuencia de "Veracruz". La escena se repetiría en la vida real. 

Han pasado treinta y cuatro años y Sara Montiel nunca pudo imaginarse que la misma película que le supondría el lanzamiento internacional en el mundo del cine, le traería también una relación que duró algo más de un año con Gary Cooper, un monstruo sagrado del cine americano.
María Antonia Abad, bautizada en el cine como Sara Montiel, ya tenía a sus espaldas una larga experiencia artística en el cine mexicano. Pero 1954 fue un año de suerte para la artista manchega: la Columbia, productora de la película “Veracruz” le ofreció interpretar un papel al lado de Cooper, “el actor de las piernas largas” y de Burt Lancaster.
El apasionado romance nació en San Miguel Allende, un pueblo mexicano en el que tuvo lugar el rodaje. Sara Montiel sólo tenía 26 años de edad, frente a los 51 del maduro actor, por entonces casado con la multimillonaria Verónica Balfe, de la que tuvo una hija.


Sara tenía en aquella época 26 años mientras que Gary Cooper ya había cumplido los 51. En "Veracruz", la actriz encarnó a la mexicana Lina. Arriba, los actores en un descanso del rodaje. 

En la rica y agitada vida de la actriz, este episodio tuvo su importancia. En su recuerdo quedaron muchos fragmentos de esa relación que Sara Montiel, narró en su día en sus memorias, publicadas por LECTURAS. Estas son sus propias palabras:
“A Gary Cooper le conocí el primer día de llegar a ese pueblo mexicano. Yo estaba en la tienda de campaña que se había habilitado como sala de maquillaje. A mi lado, casi estirado en un sillón de barbero había un hombre que tenía el rostro tapado con algunos paños y sus piernas, estiradas, eran larguísimas. Gary se incorporó y mirándome me dijo: ‘¿Tú eres la Montielito?’. Así me bautizó y así siguió llamándome siempre”.

“Gary siempre me llamaba Montielito”
Una mutua corriente de simpatía se estableció entre el actor y la joven estrella española, que se acrecentaba a medida que se evidenciaba el rechazo entre Sara y Burt Lancaster: “Burt Lancaster y yo nos miramos antes de dirigirnos la palabra y nuestro rechazo fue mutuo. Se creó, desde el principio, un distanciamiento entre los dos”, explica Sara.


En la actualidad, Sara Montiel es feliz junto a Pepe Tous, su tercer marido y junto a Thais y Zeus, sus hijos adoptados. 

Para la artista manchega, trabajar al lado de dos mitos consagrados era un sueño dorado. Sara encarnaría en “Veracruz” el papel de la mexicana Lina.
El actor de las piernas largas ayudó mucho a Sara en su debut internacional. En primer lugar con el idioma. Así lo recuerda ella: “El primer día de rodaje yo estaba muy nerviosa y Gary Cooper lo notó. Me cogió del brazo, me llevó aparte y me dijo: ‘Vamos a ver, Montielito: ensayemos la escena’. Mi nerviosismo y mi inglés deficiente pusieron la guinda y en lugar de decir lo que había en el guión, ¡¿Quieres luchar tú conmigo y con mi gente?’, lo que hice fue preguntarle: ‘¿Quieres hacer el amor conmigo’? Gary gritó: ‘¡Síiiii!’”.
En los descansos del rodaje, la joven Sara Montiel enseñó al actor a palmear al estilo flamenco. El rodaje de “Veracruz” llegó a su fin en el verano de 1954, un año mágico en la vida de la actriz.


"La atracción que sentíamos, adquirió plenitud durante la gira que realizamos juntos por los Estados Unidos", explica Sara. 

Pero la simpatía y atracción que unía a ambos actores tuvo la ocasión de desarrollarse unas semanas más tarde. Así es como Sara Montiel lo recuerda: “Esa atracción sexual que se había mantenido latente durante el rodaje adquirió su plenitud a lo largo de la intensa campaña publicitaria que Gary y yo realizamos por todos los Estados Unidos, asistiendo a los estrenos de “Veracruz”. En las distintas ciudades, Gary me decía: ‘Hazte la enferma y así deberán suspender la recepción’. En Chicago, nos escapamos y nos refugiamos en un cine. Estábamos tan cansados que nos quedamos dormidos, yo con mi cabeza apoyada en su hombro. Me despertó un murmullo que iba en aumento y al entreabrir los ojos vi la sala del cine iluminada y decenas de rostros sobre nuestros cuerpos mientras el murmullo decía: ‘Es Gary Cooper, es Gary Cooper’”.
Sara Montiel explicó así su romance con el actor: “Entre él y yo hubo una atracción física, pero no amor. Hacíamos el amor sin amarnos, pero si deseando el contacto físico. Durante el año que estuvimos juntos, Gary me enseñó a cantar algunas canciones en inglés y me ayudó mucho con su profesionalidad. Nuestra amistad perduró muchos años después. Y cuando ya estaba enfermo y aterrizó en Madrid, camino de Roma, me emocionó saber que nada más poner los pies en el aeropuerto preguntó a los periodistas que le esperaban: ¿Dónde está la Montielito?”.


"Veracruz" lanzó a Sara Montiel al estrellato internacional. Con Gary Cooper mantuvo una larga amistad durante muchos años. 

Desde la película de “Veracruz” han transcurrido muchos años y el éxito ha sonreído a esta artista manchega. En la actualidad, a sus 60 años de edad cumplidos el pasado 11 de marzo, Sara Montiel es una gran artista y una mujer feliz con su marido Pepe Tous, su tercer marido y con sus dos hijos: Thais y Zeus de 9 y 5 años de edad respectivamente. Treinta años después, Sara Montiel ha dicho: “Gary Cooper fue un gran compañero al que nunca olvidaré”.


LA FOTO CLXXXII


La internacional Sara Montiel durante su época en Hollywood. 

sábado, 23 de agosto de 2014

CÁMARA - 1 de Julio de 1945 - España


La estrella aparece sólo en la portada. 


EL RECORTE CLXXXI
Sara lo logró. Consiguió ser la súper-estrella que soñaba desde niña. La propia estrella recordaba su infancia en esta entrevista que concedía a la revista Miss en su número de 27 de Septiembre de 1974. 

ERASE UNA VEZ UNA NIÑA…
LLAMADA
SARA MONTIEL

"...cuando algo me gustaba, que yo veía que era fino, que venía bien a la vista, decía ¡vapo, vapo! Fueron las tres primeras palabras que yo aprendí: mamá, papá y guapo". 

El modista, supervigilar las obras en el piso que acaba de vendar a un amigo, un próximo estreno, el teléfono que no para de llamar, homenajes que le rinden en su pueblo natal, homenaje que le brinda un ‘ballet’ extranjero, los parientes cuyo afecto llama… y hay que acudir; el perrito, el amor, la amistad…, un carrusel girando en torno a Sara Montiel y ella que va y viene, desplazándose en medio de tanto requerimiento. Una mujer de nervio, de temple, que camina firme, erguida en esa seguridad que le ha dado la plenitud de su vida, la ausencia de frustraciones y ese algo de consentida que viene desde muy atrás, desde su misma cuna, desde cuando nadie osó contratarla…, y creo que no miento al decir que hoy tampoco. Quienes la rodean pareciera que no piensan en otra cosa que en tenerla a gusto.
Sara Montiel, la mujer de hoy, aparece en esta ocasión muy bien dispuesta, a nuestra entrevista, vestida románticamente en tonos rosa, cuadrillé y bordado, hasta el suelo; espléndidamente maquillada porque luego asiste a un homenaje, el del ‘ballet’ aquél que citó antes, la gruesa trenza de costumbre… ¡y a conversar, que agrada, de sus tiempos de niña! Los recuerda con absoluto placer, como toda su vida, la que quiere y aprecia en todos sus momentos, aceptando las condiciones vividas en cada uno, sin lamentos, con pura naturalidad. Estas son sus palabras:
-Soy hija de viudos y tengo hermanos de padre y hermanos de madre. La mayor estaba ya casada cuando yo nací. Vine un poco de improviso, porque, claro, mi padre, con tres hijos y mi madre con un hijo, pues… el matrimonio no quería tener más hijos y demoraron tres años hasta que llegué yo. Ante la negación de padres y familiares, pues mire usted, por dónde tenía que ser yo la que verdaderamente venía con el pan debajo del brazo. Fue en Campo de Criptana, soy manchega. Pero me crié allí muy poquito, estuve hasta los dos años de nacida y luego me llevaron a Orihuela, provincia de Alicante, donde en realidad me crié. La gente de allí es maravillosa, estupenda; tenía unas vecinas muy buenas y las tengo aún porque viven, gracias a Dios… Era una calle muy estrecha, la calle de la Acequia y la calle del Vado, una calle muy, muy estrecha y de gente muy humilde…, apenas entraba el sol; o sea, que en verano era una calle fresquita y en invierno bastante fría, aunque en Orihuela no hace demasiado frío.
-¿Cómo recuerdas Orihuela?
-Orihuela es uno de los pueblos más… más bonitos de España, que está, como tú sabes, rodeado del río Segura y tiene una huerta que es una maravilla. El pueblo está puesto a la falda de una montaña muy grande, muy grande, muy moruna en donde hay un castillo moro que me encantaba, porque de pequeñita me gustaba subir con mi hermano, el mayor, lo que me daba una gran alegría, y me hacía la idea de que yo era una princesa mora… ¿Y dónde me iba a imaginar que después, con los años, interpretaría un papel en una película que me iba a hacer, no famosa, pero sí lo suficiente para conseguir la película “Locura de Amor”, en la que hacía de princesa árabe?
-¿Cómo llenabas tus días de pequeña?
-Tengo un gran recuerdo. Desde muy chica, desde los tres o cuatro años, he estado siempre jugando en la calle con sábanas, o mejor dicho, con colchas de mi madre y manteles; manteles de esos de pueblo, de mujeres de pueblo a las que les gustan las flores, todo bordado. Los ponía como cortinas y me hacía mi teatro y cantaba todas las canciones. Eran los tiempos de Imperio Argentina, entonces la más famosa en España… y, no sé, siempre toda mi familia pensando que yo había nacido distinta a los demás, a todos mis hermanos; mi hermana, la más pequeña de mi padre; su madre, al nacer ella, murió de parto, y mi madre, al casarse con mi padre, la recogió con once meses de edad y aunque me llevaba cuatro años, es con quien me he criado más junta. Su vida ha seguido el curso normal, se ha casado, tiene sus hijos; los demás eran ya mayores, y sólo uno, José, estaba soltero. Hemos estado muy unidos toda la familia, hemos honrado a al padre y a la madre, nos ha gustado comer juntos y cenar juntos, estar reunidos en la mesa. Pero éramos gente muy humilde y la comida no era… así… muy espléndida, porque era imposible y menos después de la guerra: estábamos allí mi madre, mi padre, mi hermana Ángeles y mi hermano José. Mi padre vendía vinos al por mayor y mi hermano le ayudaba, aunque era muy pequeño. Yo no podía ayudarlo en absoluto y Ángeles, a mi madre, sí un poquito. A los ocho o nueve años, después de la guerra, me pusieron en un colegio de las dominicas, muy humilde, que pagaba entonces mi padre, creo que eran 15 pesetas. Claro que no eran las escuelas de ahora. Entonces la gente humilde  no podía estudiar, ni podía tener carrera, ni nada. No como ahora, que el obrero tiene muchas más posibilidades de ganar dinero, que está mejor puesto y todo es más fácil para llegar a ser alguien. A mí me pusieron en los párvulos un poco al… “aeiou”.


Antoñita vivió esa vida de pequeña sin dramas, sin experimentar complejos o traumas, sin ver un padre abandonado o una madre desdichada, siempre feliz con su familia. Consciente de vivir en la humildad, pero muy unidos, de forma muy sana y muy buena. Dormía ella junto a su hermana Ángeles en una habitación, José en otra y, por supuesto, sus padres en otra también. Tenían un comedor pequeño que hacía, además, las veces de sala de estar. A los cinco o seis años ya sabía leer porque su padre le había enseñado y éste se sentía muy feliz cuando Antonia le leía el periódico dando tanto énfasis a cada frase.
-¿Y de juegos… qué?
-Jugar… jugar, lo que se llama jugar, no he jugado. He estado siempre cogiendo cortinas para jugar al teatro, para cantar. Cogía unas sábanas de mi madre, le ponía unos volantes en el ruedo y unas cintas encima para adornarla y así me hacía una falda, toda cosida a mano. O sea, me interesaba el vestuario, las telas, los colores y adornarlo todo y no sé de dónde sacaba las ideas, porque en Orihuela no había ningún  museo, ni lo hay, creo. A mí me gustaba mucho la pintura.
-¿Te gustaba ya contemplar cuadros?
-Sí, yo me hacía siempre amistades, dijéramos… con gente pudiente, gente rica, para ir a los palacios, porque hay en Orihuela muchos palacios, hay muchos condes, muchos marquesados y todo esto. Me hacía mucha ilusión para ir a ver pinturas…y, claro, yo sabía que era en estas casas en donde yo podía ir a contemplarlas. Por ello me llevaba mi padre a las casas donde él vendía el vino; por ejemplo, a la casa de los marqueses de Robalcava, o de Arneva, y yo me iba… y era por ver, pues, las telas de las paredes, las pinturas y los muebles. Quería observar cómo estaban amuebladas las casas, saber de qué época eran, de qué estilo, a qué rey pertenecía y me recreaba en todo esto, que era otra cosa…, que no tenía yo en mi casa para mirar. Entonces, cuando algo me gustaba, que yo veía que era fino, que venía bien a la vista, decía… “¡vapo, vapo!”, significando que aquello era guapo. Fueron las tres primeras palabras que yo aprendí: mamá, papa y “vapo”.
-¿Recuerdas específicamente alguna pintura que te interesase mucho?
-Sí, fue un Goya, el primer Goya que vi aquí en el Museo del Prado. Me quedé horas contemplándolo.
-¿Y otras cosas que te gustaran mucho, de comer, por ejemplo?
-El melocotón con vino, que a mi padre le gustaba muchísimo y yo a su lado comiendo lo mismo y las sandías, que me gustaban mucho también…, y las naranjas sobre todo; las naranjas, a las que me une un especial vínculo. Desde muy chica mi hermana y yo nos pusimos a trabajar envolviendo naranjas. Cada naranja que envolvíamos en papel fino la íbamos tirando a una caja de madera de esas de los almacenes. Nos daban una peseta al día  y por ello a la naranja le tengo un gran agradecimiento, es algo importante en mi vida, porque fue el primer dinero que yo gané.
-¿Lo gastabas con libertad ese dinero, o qué hacías con él?
-Ayudaba a la casa. Mi hermana y yo reuníamos dos pesetas al día. Entonces costaba el litro de leche una y cincuenta, y comprábamos el litro de leche para mis padres.
-¿Qué llevabas puesto en aquel tiempo, cómo recuerdas tus vestidos?
-Bueno, yo he sido muy sencilla para mis vestidos. Sólo me ha agradado lo bello y mis exigencias están dirigidas nada más que a lo estético. Más que el vestido mismo, me gustaban los colores: el blanco, el negro y el verde turquesa.
-¿Y la cabecita, qué ideas la llenaban?
-He sido siempre muy amante de los animales. Tendría unos tres añitos y le hice un entierro a un gato. Fue así. ‘Cascabel’, mi gato, se murió y mi hermana, la mayor, quiso esconderlo para que yo no me enterase. Estuve dos días y dos noches sin dormir. Lloré tanto esos dos días que llamaron al médico para saber qué ocurría conmigo y yo en mi media lengua pedía a mi ‘Cascabel’, que no aparecía. Entonces mi hermana hubo de ceder y traérmelo muerto. Yo lo enterré y desde ese mismo momento quise ser médico. Desde entonces se me metió en la cabeza aprender algo para ayudar a la persona física. Y, efectivamente, ya de mayor, estuve estudiando para traer niños al mundo, pero no como doctora, sino como matrona, en obstetricia y me dieron mi certificado acreditándolo. Además, sirvo como para una enfermera maravillosa. Eso fue en México. Tuve la suerte de que llegué allí con diecisiete años y tuve muchísima amistad con León Felipe, el gran poeta español y también con don Alfonso Reyes; mi madre y yo vivimos con ellos dos años; eran muy mayores ya, y León Felipe me preparó bastante porque tenía mucha ilusión de que yo llegase a tener un nombre. Me preparó, dijéramos, intelectualmente. Él me enseñó a leer, a saber leer, o sea, a saber elegir. ¡Y en muy buenas manos estuvo! Ya empecé a leer todo el teatro griego, toda la literatura española rica, de los buenos; luego empecé a leer literatura rusa, es decir, comencé a prepararme.
Volviendo a la infancia, esta pequeñita se mostraba muy distinta, como ella se esfuerza en demostrarlo, del resto de su familia, de su padre y su madre. Tenían buen cuidado de elegir o comprar especialmente platos más buenos para ella y a la vez de presentarle sus tortillas bien hechas y todo agradable a la vista, pues de otro modo, la niñita apartaba el plato y no lo quería. Su padre, hasta consiguió una almohada de plumas para durmiera mejor, pues sabía que lo que no era fino, lo que era duro o molesto, Antoñita no lo soportaba. De pronto les preocupaba que la hermana Ángeles no se sintiera desplazada por estos tan especiales cuidados, pero no ocurría así, puesto que la misma “Angeletes”, como la llamaba Antonia, contribuía a estos halagos.
-¡Pero bueno, muchacha, tú eras muy regalona!
-No, regalona, no. Pero sabían que yo era distinta… Te diré, los primeros dineros que yo gané siendo ya Sara Montiel, los usé comprando a mi madre una jarra de cristal tallado…, ¡de cristal tallado!, y a mi padre un sombrero y unos zapatos nuevos, porque él siempre le gustaba llevar los zapatos muy lustrosos y a mí siempre me gustaba verlo con los zapatos muy limpios y la camisa y el sombrero, impecables.
-Otra vez tu niñez, por favor. ¿Qué te animaba al comenzar un nuevo día?
-He sido una niña muy optimista y a la vez muy pesimista. O sea, un contrasentido. No he sido la ¡huah…!, es decir, todo fenomenal. No. Estaba siempre ansiando y suponiendo que todo iría muy bien, pero también estaba reparando en lo que iba, desde ya, mal. Veía que mi padre, con sus constantes ataques de asma, se mataba a trabajar; estaban muy enfermos mi padre y mi madre y no se conseguía nada. Era una vida muy pobre, muy dura, o sea, muy mal. Mi madre, de sábanas, me hacía un vestido; tenía unas manos maravillosas, era muy pulcra, muy fina y de una cosita nos hacía a mi hermana y a mí, pues, maravillas. De pequeñita las sandalias que usaba mi hermana, las iba usando luego yo…, entonces yo siempre quería llegar a algo, y decía: “llegaré a ser una gran artista y haré muchas cosas y conseguiré mucha para mi familia”. Y de pronto pensaba: “¡No. Voy a ver si puedo estudiar y sacar alguna beca… a ver si…!”, y todo esto con cinco años.
De este ensimismamiento la sacaba, en su oportunidad, el llamado adorado de su padre: “¡Princesa, ven acá!”. Eran los momentos en que se sentía ella muy importante: cada vez que su padre se fumaba uno de los tres cigarrillos que gastaba al día y le pedía que ella se los encendiera. Tendría seis o siete años. A su madre también la unía una gran camaradería, una tremenda amistad con ella, quien la comprendía y animaba a seguir adelante.
-¿Y en qué disentían tú y tu madre?
-Mira, yo era muy personal y, por ejemplo, mi madre me quería llevar siempre con flequillos, el pelo muy corto y rizado con tenazas, que me lo rizaba ella y me quemaba las orejas cada vez. El flequillo me molestaba mucho en los ojos, pero para darle gusto a mi madre lo llevaba al salir de casa y a los pocos pasos, aunque fuera con ella, siempre me lo quitaba. Entonces mi madre me daba unos manotones y esto era lo que yo no podía soportar. Era la única cosa que tenía en contra de mi madre y decía: “cuando sea mayor me peinaré y me arreglaré como yo quiera”.
-Como la mayor parte de los niños, ¿tenías miedo de algo?
-De la oscuridad. Pero yo creo que eso tiene una razón. Cuando chica me daban una especie de barraqueras, podríamos decir; de llorar y llorar… por algo que no podía conseguir y que no me podían dar. Pero no por rabia, no sé si me explico. Lloraba inconscientemente, pero por algo concreto. Te daré un ejemplo: Tendría, pues…, cuatro años, pues Dios mío, no tendría más y recuerdo vagamente el escenario, pero el hecho, muy bien. Había tenido la difteria y llevaba un babero, me imagino que me lo ponían. Yo he sido muy limpia desde chica, muy limpia, muy señorita, y el babero me gustaba usarlo muy planchado y mi madre, ¡pues claro, con razón, me lo ponía y me dejaba todo el día con el babero que se ensuciaba! ¡Porque si la pobre mujer no tenía otro para cambiármelo, pues cómo me lo iba a cambiar! Pero de todas formas cogía yo una barranquera cuando venía el médico a verme para saber cómo seguía de la enfermedad, que me metía en un cuarto, pero a oscuras y me decía que el Rey vendría por mí si no era buena y me callaba. Seguramente por ello es que a la oscuridad es a lo que más miedo tengo.
En Orihuela había poco movimiento artístico, pero no fue obstáculo para que Antonia, nuestra Sara de hoy, pudiera ver más de una vez a Imperio Argentina y a Concha Piquer. Dos cantantes muy importantes: una en zarzuela y la otra como figura internacional. Allí veía la niña, más que nada, cine. No salió de Orihuela hasta el año cuarenta y cuatro, en que la llevaron a Valencia y luego a Madrid. Aquí pudo ver ya bastante teatro, ingresar al Conservatorio de Madrid a Declamación y estudiar con doña Anita Martos. Pero, ¿dónde encajan las raíces de sus primeros contactos con el teatro?...
-Me presenté en una obra de teatro en Orihuela: “Muñeca de trapo” y canté la canción del mismo nombre que me quedó para siempre como sobrenombre y esa actuación me dejó una impresión maravillosa.
-¿No te asustaba enfrentarte al público?
-No, no me asustaba; al contrario, disfrutaba porque yo siempre en la calle, en cualquier plaza, en la plaza del Ayuntamiento, en cualquier sitio de Orihuela, había un remolino de gente… ¡y ya, “la hija de Quintana está cantando, la pequeñita de Quintana ya está cantando”! Cuando yo me ponía a cantar, me hacían bailar y yo era feliz con eso, porque había nacido para cantar y bailar. 
-Háblanos de tus picardías.
-En Orihuela, en las calles del Vado y La Acequia, vivíamos en una casa de un solo piso; es decir, la planta baja y nosotros encima en el otro piso, con dos balcones a la calle, esos balcones pequeños. Me asomaba y cuando no veía a nadie bajaba con unas tijeras, porque siempre me ha gustado mucho cortar, sé corte ahora también, y cogía las colchas y las sábanas bonitas, las faldas que tenía la gente mayor… ¡Vamos, gente mayor, para mí que tenía cinco o seis, eran los de dieciocho años! ¡Claro!..., y las cortaba la ropa tendida y corría a hacerme faldas para mí. Hacía como una especie de plisado, las plegaba y las hilvanaba, las adornaba con aplicaciones de otros colores, ¡cortadas también por ahí!, y quedaban preciosas.
-¿Y aquella gente, cómo reaccionaba?
-Las vecinas levantando las manos llamaban a mi madre que se asomara al balcón: “¡Mariiiíaaa, tu hija, que me ha estropeado la ropa, la falda de mi otra hermana, y que tal que cual! ¡Mariiiía, que tu Antonia me ha cogido las tijeras y me ha cortado…!” o sea que era una cosa, de miedo. También había dos o tres personas que no me gustaban en su aspecto físico porque eran sucias. Eran gente sucia que pasaba por la calle y llamaban a mi madre desde la puerta del balcón; “¡Maríaaa!”… y se entretenían hablando y a mí me caían muy mal. ¡No sé por qué me tenían que caer mal!, pero cogía cubos de agua y desde adentro, ¡buac! Les echaba los cubos de agua y se alarmaban todas y daban voces: “¡ay, María, pero tu hija, ay pero ésta, pero hay que tu, tu, tu, tu pequeña… pero es que esto… ¡un diablo!, ¡pero es que no se puede aguantar!” Y mi madre conmigo, ¡azotes habidos y por haber!
-¿Sentiste amor por un pequeño cuando niñita?
-¡Sí, sí, sí! Yo tenía siete años y Pepito tenía, pues, nueve años. ¡Ahora lo he visto hace muy poco tiempo. (Sonríe con ternura, y su expresión se endulza llegando a mostrar una mirada casi, casi de niña.)
-¿Qué pasaba entre vosotros, te miraba, te regalaba un caramelo, qué?
-Me regalaba cintas de colores que a mí, por cierto, me gustaban mucho. Yo me he hecho casi siempre trenza con cintas de colores, ahora he tirado cintas de colores que me compré este verano para la trenza, que torcido cada cadejo con cintas de un color diferente queda muy bien. Pepito me regalaba siempre cintas que pedía a su madre comprar para mí, eran vecinos nuestros; le decía: “Mamá Dolores, así se llamaba su madre, mamá Lolica, dame una cinta para Antoñita, para, para la trenza de Antoñica”, que yo llevaba, por cierto muy larga. Y ese fue mi amor… ¡huy, el amor de mi vida, sí!
-¿Recuerdas otros vecinos?
-¡Sí, sí, sí, muchísimo! Estaba Montserratica, que yo la quiero muchísimo; era a la que le hacía todas las trastadas más grandes, a la que le cogía las tijeras y eso… y la pobre también Remedios, una mujer muy amiga de mi madre, una mujer maravillosa, con un marido estupendo. Me gustaba mucho porque ella trabajaba de pantalonera, de hacer pantalones, y una hermana de aquel novio mío, también, este importante Pepito. Era muy guapa la mayor, y siempre iba con su ropa muy bien planchada, y Remedios igual, siempre muy pulcras, muy bien arregladas.
-¿Qué condición te ha caracterizado desde niña hasta ahora?
-No he podido nunca con la mentira. He tenido una cierta intuición, una extrasensibilidad…, la veo venir, a la mentira… (esto lo dice con orgullo que no ofende pero que le da una seguridad y un porte de reina cuando lo asegura). Me ha dolido y me duele mucho cuando tú haces un bien a esas personas, o hacia, esas personas, desinteresadamente, porque haces el bien desinteresadamente, y luego la gente no es como tú esperabas. Esto lo he experimentado desde muy niña.
Antonia Abad Fernández adora su infancia y la extraña. Fue feliz entonces a pesar de que no tuvo el dinero, la fama, ni el prestigio de hoy; ni el nombre, ni la categoría, ni la casa, ni nada de lo que materia significa y de lo que el éxito involucra y dice ella con sinceridad y agradecimiento profundo hacia sus padres, hacia la vida: “pero esa felicidad no se compra con dinero ni con nada, esa dicha de los padres contigo y tu niñez…, además yo nunca he querido ser libre en el sentido como es hoy día la juventud, que quiere apartarse de los padres y estar ya viviendo su vida… ¡no, no, no, porque creo que eso es una equivocación! La niñez la tenemos que tener todos, vivirla, es muy hermosa. Yo la he vivido.
-¿Cuál es la vivencia de niña que mayormente te gusta recordar?
-Ver a mi madre y a mi padre en una segunda fila de un teatro de Orihuela, el Teatro Circo, aplaudiéndome y llorando de alegría porque yo había salido en el teatro y había hecho los movimientos bien y no me había equivocado en ninguna frase de tantas en “La muñeca de trapo”. Esto sí me acuerdo y me acordaré toda mi vida, que era muy pequeñita y estaba allí feliz sobre el escenario y que trabajé con ese traje azul lleno de adornos, con capota y un lazo grandísimo acá… ¡en el centro de la cabeza! Me ponían mi flequillo, mi pelo rizado, mi lazo y mis calcetines blancos, mis zapatitos, ¡y ya, una muñeca!



"Desde muy chica, desde los tres o cuatro años he estado siempre en la calle jugando con sábanas o, mejor dicho, con colchas de mi madre, y manteles de esos de pueblo. Los ponía como cortinas y me hacía mi teatro y cantaba todas las canciones...".

Y le ha gustado el molde de una muñeca a Sara Montiel, porque va adornada, muy femenina, luce bordados, colores y diseños románticos, collares que le van bien a su estilo y el pelo libre, para trenzarlo, cogerlo en moño o soltarlo nuevamente. Es que no aguanta que la tiranice ni su propio cabello y algo de esa autoridad que alimentaron en su hogar desde pequeña, le ha quedado como manera porque atraviesa su sonrisa que puede ser dulce, una mirada directa, cargada de voluntad que no necesita palabras aclaratorias.

Por Nora Ferrada


LA FOTO CLXXXI


Una jovencísima Sarita Montiel posa ya para el objetivo de Gyenes. 

lunes, 18 de agosto de 2014

PRIMER PLANO - 23 de Julio de 1944 - España


RODAJE VERANIEGO
EN LOS ESTUDIOS DE
ARANJUEZ
Enrique Herreros, jefe de publicidad de la distribuidora Filmófono y graciosísimo colaborador de “La Codorniz”, me dice por teléfono:
-¿Quieres venir esta tarde a los Estudios de Aranjuez? Saldremos a las siete para llegar a tiempo de ver rodar unas escenas muy graciosas.
-Muy bien Herrreros. La idea me parece excelente, y la hora, más excelente todavía. Os espero a las siete en punto.
Y, efectivamente, a las ocho y media pasan a recogerme en un magnífico ‘autobús’ de cuatro plazas, con un chófer que ocupa dos. Pero ni Herreros, ni Perchicot, ni yo somos muy exigentes y terminamos por acomodarnos, después de dejar sitio a los rollos de película que han recogido en el laboratorio, a una pequeña maleta de Perchicot y a una enorme garrafa destinada a llevar agua del Lozoya a los artistas para que puedan quitarse fácilmente el maquillaje.
Se pone en marcha nuestro coche, y salimos de Madrid con dirección a la vecina ciudad de la fresa, no sin antes haber hecho acopio de toda la prensa del día. Este detalle me extraña un poco, y pregunto a Herreros por qué compra tantos periódicos repetidos.
-Son para los que están ‘concentrados’ en los Estudios. Siempre que llego me acosan a preguntas…, me piden noticias todos a un tiempo, y he decidido comprar periódicos, y repartirlos.
-A usted también le preguntarán cosas –me indica Nicolás Perchicot, que va a quedarse unos días en los Estudios para rodar unas escenas-, noticias…, algo que les ponga al corriente de todo.

Desterrados en Aranjuez
Y hablando de esto y otras muchas cosas, agotamos el viaje sin darnos cuenta de que va cerrando el día y que llevamos la oscuridad tras de nosotros. Aranjuez está a la vista, y a dos kilómetros, los Estudios cinematográficos.
Nuestra llegada, como me habían dicho mis compañeros de viaje, es motivo de ansiedad en los allí ‘desterrados’. Da la sensación de que ha llegado el correo al frente de guerra. Con esa alegría se recibe en los Estudios a todo el que llega, aunque, en realidad, están llegando coches y visitas todos los días repetidas veces.
Naturalmente, no llegamos a tiempo de ver rodar ninguna escena. El trabajo del día ha terminado, y cada cual se ocupa en el quehacer habitual con que llenan las horas de descanso. Y esto es lo que me sugiere el reportaje: visitar uno por uno a todos los que allí viven estos días el rodaje de “Empezó en boda” y saber cómo ocupan su ocio.
He de esperar un poco antes de poner en práctica mi secreto proyecto para que Rafael Matarazzo, director de la película, y Manuel de Lara, productor, me hablen de “Empezó en boda”.


Sara Montiel, la joven protagonista de "Empezó en boda", gusta de estar sobre el agua sin peligro de mojarse. Además, la foto es bonita... y Sara más bonita todavía. 

Los protagonistas, Fernán-Gómez y Sara Montiel
Y director y productor me cuentan, entre otras muchas cosas interesantes que auguran un buen film para el cine español, algo que me produce franca alegría: es el entusiasmo con que hablan de todos los artistas, la magnífica actuación que cada uno pone en su metido. Pero donde más se detienen los elogios es en los protagonistas: Fernando Fernán-Gómez y Sara Montiel. Esta última, juventud de quince años, bonita, inteligente y simpática, hizo su debut cinematográfico con un papelito en “Mi novio el emperador”, y sin pasar por otro ensayo, salta a protagonizar “Empezó en boda”. A juzgar por lo que oigo de ellos mismos, la actuación de Sara Montiel inspira gran confianza en Matarazzo y Lara. “Será –me dicen- una verdadera revelación para el cine español y una agradable sorpresa para el público. Ya se puede contar con una nueva y excelente actriz”.
Entra en el turno de elogios Fernán-Gómez. Este magnífico actor, naturalísimo y acertado en las películas que le hemos visto, aun siendo más veterano que su joven ‘partenaire’, hace en esta película su primer papel de protagonista. Los dos, pues, llevan por vez primera la responsabilidad máxima de interpretación en un film, bien secundados por un magnífico elenco de ya consagrados artistas –Guadalupe Muñoz Sampedro, Julia Lajos, Pilar Soler, Manuel Arbó, Rafael Bardem, Gabriel Algara, Mariano Alcón, Nicolás Perchicot, Luís Alcaraz, María Cañete, etc.-, íntimamente compenetrados con sus papeles.
Esta es la impresión que saco de mi charla con Rafael Matarazzo y Manuel de Lara. Agreguemos a esto, antes de hacer mi recorrido por los rincones del ocio, la inteligencia y habilidad del director, base esencial del éxito que pueda alcanzar “Empezó en boda”.

…Y el reportaje corre a cargo del fotógrafo
Y, efectivamente, he girado mi visita de inspección, sacando tema sabroso para el reportaje. Charlo con unos y con otros, pregunto, observo… y observo también una dificultad con la que no contaba. Son tantas cosas las que me cuentan, contestan con tal abundancia a mis preguntas; es decir, ocupan tan ampliamente sus ratos de descanso durante el rodaje que sería preciso escribir mucho para recogerlos con todo detalle. Pienso entonces que lo mejor es contarla por medio de fotografías. Mas no hay luz para hacerlas. Esto es otra dificultad, pero no grave, afortunadamente. Queda un recurso. Voy a buscar a Ortas, el fotógrafo de la película, y hablo con él en secreto. Al día siguiente, por la tarde, están en mi poder estas fotografías. Ha trabajado con rapidez.

PIO GARCIA


EL RECORTE CLXXX
Esta entrevista de Isdiscreta (21 de Enero de 1985), es una reflexión a lo 'Sara' de la vida, la felicidad, la nostalgia... Con motivo de la reposición de 'Mariona Rebull', nuestra estrella decía esto...

SARA FUE UN ÉXITO EN LOS 40 Y TRIUNFA EN LOS 80
Las “nostalgias” de
SARA MONTIEL
El pasado lunes 7 pudimos ver por la Segunda Cadena, en la nueva etapa de “La noche del cine español”, la reposición de “Mariona Rebull”, película dirigida en 1947 por José Luís Sáenz de Heredia e interpretada por Sara Montiel, entre otros. No podemos olvidar que esta película fue descollante en su época y forma parte del “dossier” de lo mejor de este director. Conversamos con Sara Montiel para conocer de cerca la opinión de esta artista desde su punto de vista actual, en relación a las obras que la hicieron famosa cuarenta años atrás.

Sara Montiel disfruta viendo sus películas. Se siente muy bien contemplando a esa Sara mucho más joven, pero no por eso más bella: “La belleza es la felicidad que lleva uno dentro, y ahora soy mucho más feliz”. Lula Yepes, una bailarina enamorada… de Joaquín Ríus, un industrial de Barcelona que quiere a Lula como una aventura pasajera, ya que su gran amor es Mariona Rebull… El tema es archiconocido.
Hemos visto recientemente esta película, como primera de una serie que emitirá Televisión Española de cincuenta films.
-Sara, ¿a qué edad empezastes en el cine?
-Muy jovencilla, era una cría, pero en aquel tiempo nos vestíamos y nos arreglábamos de una forma que parecíamos mayores.
-Decías que te sientes muy bien viéndote en el ‘Último cuplé’ y en otras películas de esta época. ¿No te asusta el paso de los años?
-No me asusta, tengo muy asumido que la vida es una evolución constante, que primero se pasa una etapa y luego otra, y esta etapa de mi vida es feliz.
-Se te nota en la cara. ¿Fue un acierto conocer a Pepe Tous?
-Sí, totalmente. Nos conocimos en plan de trabajo, él era el empresario y yo tenía que trabajar en su teatro; desde el primer momento surgió el flechazo y ya no nos separamos…


-Tú eres una triunfadora en el cine, en el amor. Lula, sin embargo, persigue el amor de Joaquín Ríus y él sigue con su obsesión hacia Mariona Rebull. ¿Sabrías perder en el juego de la pareja, sabrías ser tú la que da el primer paso?
-Yo, en esto, soy muy clásica, a mí me gusta que el hombre esté por mí, que me lo demuestre; eso me hace estar más tranquila, más segura.
-¿Perdonarías la infidelidad?
-No me gustaría nada, pero hay cosas mucho más imperdonables. (Que no me oiga Pepe –dice, riéndose.)
-Veo que te pintas las uñas, te cepillas el pelo… ¿Cuántas horas dedicas a tu arreglo personal?
-Pues no muchas, lo que ocurre es que me pillas unos minutos antes de empezar la función “Nostalgias” y me estoy arreglando para salir.


Para Sara Montiel parece que no pasan los años, y quizá sea por lo que ella dice de que "esta etapa de mi vida es feliz". Su unión con Pepe Tous ha de ser uno de los triunfos de su vida, pues ya al conocerse surgió el flechazo... y ya no se han separado más desde entonces. 

Vuelve el romanticismo
-Un éxito apoteósico “Nostalgia”. ¿La gente siente nostalgia del cuplé, del romanticismo, del bolero…?
-Pues claro, la gente quiere volver a decirse cosas tiernas al oído, a mirarse a los ojos; ya se está pasando de moda eso de llamarse a gritos y no hacerse ni caso. Esta juventud, los que han vivido esa época tan despejada, no saben lo que se han perdido. No hay nada más bonito, no hay nada más tierno que ese preludio, ese irse acercando poco a poco…
-Pero, Sara, ahora están de moda los nuevos románticos y se lleva mucho eso de escuchar boleros…
-Sí, lo estoy viendo en el teatro. Vienen a vernos, a Celia Gámez, a Olga Guillot, a mí…, y ves a los más jóvenes disfrutando con esas canciones que decían tanto y tan bien. Seguro que salen más románticos…
-Tú te pones muy acaramelada con Manolo Otero en eso del ‘Acércate más’. ¿Pepe no es celoso?
-Pepe no tiene ningún motivo para ser celoso. Manolo Otero es un buen mozo, guapísimo, pero Pepe es toda mi vida. Una cosa es interpretar y otra muy distinta sentir… Pero ya veo que te ha gustado eso del ‘Acércate más’, nos ha quedado muy bonito.
-Sara, cuando ves tus películas, ¿no sientes nostalgia del cine?
-No, es una época cubierta. Yo ahora me veo muy compenetrada con el teatro, me gusta sentir al público cerca, saber que me quieren es un auténtico regalo. Soy Sara Montiel por ellos y me gusta que sigan queriéndome, saberlo y sentirlo. En el teatro hay más calor humano…, es otra cosa.

Sara ya es un mito
-Tú quedarás como un mito. ¿Qué películas romperías?
-Ninguna, cada una es un paso hacia adelante.
¿Te has sentido amada?
-Sí, en esto soy afortunada, he amado y me han correspondido.
-¿Te adelantaste a tu época?
-Pienso que fui una mujer que vivió muy avanzada, muy a mi aire… Creo que eso se lo debo a los hombres que me rodearon. Siempre me sentí atraía por hombres inteligentes y ellos me enseñaron a calibrar de una forma real las cosas de la vida, a no dar importancia a los prejuicios y a ser como soy.
-¿En tus Memorias dijiste toda la verdad?
-Sí, lo que ocurre es que eran unas Memorias reducidas. Pienso hacer un libro donde pueda relatar, paso a paso, lo que me ha ido sucediendo. Cundo tenga un poco de tiempo…


La felicidad es fuente de juventud
-¿Tomas jalea real?
-¡Ja, ja, ja! No tomo nada especial. Si me conservo, debe ser porque soy feliz. Ya te digo que no me siento mal cuando me veo en estas películas en las que casi era una cría, no me duele ver en mí el paso de los años. El alma todavía es joven y se refleja en mi cara.
-Tú jamás has negado que les hagan fotos a tus hijos. ¿Por qué?
-Mis hijos son parte mía, son mi vida, no creo que el salir en una foto les sea ningún trauma, todo lo contrario. Además, son tan guapos… ¿Te has fijado en la niña, qué bonita es? ¡Y el crío! Thais y Zeus son como mis brazos, parte mía, ya te lo he dicho.


Textos: Ana Teixidó


LA FOTO CLXXX


Nuestra estrella en los primeros momentos de su carrera como actriz. Eran los años 40. 

viernes, 15 de agosto de 2014

PRONTO - 5 de Septiembre de 1992 - España


EL MARIDO DE
SARA MONTIEL
TENIA 59 AÑOS
UN CANCER DE HIGADO ACABO CON LA VIDA DE PEPE TOUS

Pepe Tous, el compañero, marido y mánager inseparable de Sara Montiel a lo largo de 22 años, falleció el pasado martes 25, a los 59 años, en su casa de Palma de Mallorca, víctima de un cáncer de hígado. El conocido periodista y empresario teatral estuvo atendido hasta el último momento por el doctor Juan Buades, internista del Hospital Juan March, mientras su esposa y sus dos hijos, Thais y Zeus, aguardaban con serenidad el instante final, que se produjo alrededor de las cinco y diez de la tarde.
Las últimas palabras del fallecido fueron para Sara y sus hijos. A ella le pidió que continuara con su nuevo programa de televisión y que siguiera luchando por el futuro de sus hijos. Al parecer, había sido sometido a una fuerte sedación para aplacar los dolores de su estado, y toda la familia se había mentalizado para que fuera feliz en los momentos finales. El portavoz de la familia, minutos después del fallecimiento, declaró a los periodistas congregados a las puertas del “Edificio Mediterráneo”, situado en el Paseo Marítimo de Palma: “Sara se encuentra en un estado lamentable”. Minutos después de hacerse pública la triste noticia, las distintas floristerías de Palma se hallaban ya saturadas de peticiones. Los restos mortales del empresario fueron incinerados en el cementerio barcelonés de Collserola el jueves 27, y para este lunes 31 estaba previsto que se oficiara en Palma una misa por su alma.


El portavoz de la familia, Francisco Fernández, da la mala nueva a los periodistas, mientras a la puerta de la casa de los Tous empiezan a llegar amigos. 

“Sara, en estado lamentable”
La enfermedad de José Tous Barberán fue descubierta el pasado mes de abril. Como informara PRONTO en la edición del 11 de julio, el marido de Sara fue operado de hemorroides internas altas en el Hospital de Barcelona. La intervención corrió a cargo del doctor José Vidal y de su equipo. Por entonces, Sara declaró: “Ver a Pepe en una camilla camino del quirófano me ha causado mucho miedo”. Él se quejó de que el postoperatorio estaba siendo muy molesto.
Unas semanas más tarde, contra todo pronóstico, los médicos descubrieron en el paciente una metástasis en el hígado, por lo que fue precisa una nueva intervención en la que se le extirpó parte de una víscera. La situación era ya irreversible, y el empresario fue informado de ello.
En un reciente reportaje aparecido en la revista “Hola”, el matrimonio Tous se retrataba en la terraza de su casa, al lado de sus dos hijos, con un fondo maravilloso de la había de Palma. “No sabríamos estar el uno sin el otro”, declaraban al unísono Sara y Pepe.


Pepe Tous y Sara Montiel se conocieron hace 22 años, cuando él la contrató para actuar en uno de sus locales. Aquí los vemos el día de su boda, en 1979. 

Miembro de una rancia familia de Mallorca
José Tous Barberán dividió su vida entre el periodismo y la actividad de promotor teatral. El 28 de febrero de 1970 se produjo el acontecimiento más trascendental de su biografía: al pie de la escalerilla del avión, recibió en Palma a la estrella Sara Montiel, a la que había contratado para actuar en uno de sus locales. Hubo flechazo mutuo, y desde entonces él se convirtió en la sombra de Sara, tanto en la vida sentimental como en la profesional, hasta el punto de dedicarle en exclusividad sus dotes de empresario. Tous ha sido para Sara lo que Meneghini para María Callas.
Este hombre discreto e incansable, cuya elegancia natural y buena educación se hicieron proverbiales para quienes le conocían, había nacido en Palma en 1932 y era descendiente de una conocida familia mallorquina de gran tradición cultural y empresarial. Tras estudiar Derecho y Periodismo en Barcelona, entró a trabajar en el diario balear “Última Hora”, del que fue fundador su abuelo. En 1962 accedió a la dirección del mismo, cargo que ostentó hasta 1974. En ese periodo, impulsó la renovación del rotativo y lo convirtió en 1967 en el “primer diario offset de España”. Asimismo, bajo su dirección, “Última Hora” dio cabida a un periodismo crítico durante los últimos años del franquismo.


Pepe Tous, Sara Montiel y sus hijos adoptivos, Thais y Zeus, de 14 y 9 años respectivamente, componían una de las familias más estables del mundo del espectáculo. 

Vinculado también al mundo empresarial, fundó la sala de fiestas “Tagomago” y dirigió el Teatro Rosales. En el “Tagomago” contrató a grandes figuras de la canción como Tom Jones y Gilbert Becaud. Organizó la elección de “Miss España” en Palma, y creó también el concurso internacional de “Miss Naciones Unidas”, así como las Fiestas de Primavera. Últimamente era empresario del llamado “Bingo Balear”.

Un marido eternamente solícito
Pepe Tous, “Pepín” para los amigos, ha sido en el mundillo del espectáculo el cónyuge ejemplar, el consorte por excelencia. Desde que hace 22 años conociera a Sara Montiel, su figura se ha mantenido en la sombra de la estrella, arropándola con firmeza. “La trata como Armando Calvo cuidaba de María Luján en la película ‘El último cuplé’”, ha escrito con agudeza la periodista María Torres. Y él insistía siempre en decir: “Al lado de ella nunca me he sentido en segundo plano, tal vez porque no tengo ningún interés en exhibirme”.
Pepe Tous pertenecía a esa clase de hombres que siempre se quitan importancia y, según el testimonio de personas que le trataron, se llevaba bien con todo el mundo. Lo único que le sacaba de sus casillas era que alguien se metiera con su familia, es decir, con Sara, Thais y Zeus. “Entonces me convierto en una apisonadora”, confesaba.
Tous era un marido incansablemente solícito, que adoraba a Sara en tanto que diva y en tanto que mujer. De ella le agradaba lo mismo su talento en el escenario como los huevos fritos con ajo que sabía prepararle. Aprobaba de corazón sus vertiginosos escotes –“las cosas bellas de la vida están para ser miradas y admiradas”- y, en su trato doméstico con ella, le prodigaba toda clase de adjetivos cariñosos, que mantenían el matrimonio en perfecta solidez.


Tous pertenecía a la tipología cantada por el cineasta John Ford de “El hombre tranquilo”. Derrochaba una apabullante sensatez y se definía a sí mismo como un ser apacible. “Sólo me pongo nervioso cuando no duermo bien –aseguraba-. Y si alguna manía tengo, es la de que me molestan los gritos”.
Tous era un gran admirador del género femenino, particularmente de las señoras maduras. Consideraba que personajes como Marlene Dietrich, Julia Christie o Tina Turner eran muy seductoras a pesar de sus años, y afirmaba sin sonrojos: “Yo disfruto viendo a esas ancianas maravillosas que se ponen en ‘top less’ cuando vienen a Mallorca”. Por otra parte, con su mujer hacía sobrado honor a su temperamento sensual y mediterráneo. “Somos muy calientes el mallorquín y yo…”, había dicho ella alguna vez.

Un “padrazo” de sus hijos
Tous fue para Sara, con la que se casó en 1979 tras nueve años de convivencia, un excelente mentor y consejero. Gracias a él, la que fuera estrella de Hollywood ha mantenido hasta el momento presente en que ha estado protagonizando la revista “Ven al Paralelo”, un estatus artístico dentro y fuera de España. Tous se volcó en ella como mánager, y a lo largo de dos decenios, ya fuera con números de variedades u obras de teatro, ya fuera con disco o trabajos para la tele (“Sara y punto”, “Saritízate”…), la ha ayudado a mantenerse en el candelero, siendo todavía, a sus 64 años, un “sex symbol” increíblemente duradero. En el aspecto personal, el efecto de este hombre sencillo sobre la inestable personalidad de Antonia Abad ha sido decisivo: “Pepe me ha enseñado a corregirme unos cuantos defectos: la impaciencia, el mirar al pasado, el exceso de melancolía. Ha tenido conmigo mucha paciencia”.
Tous ha sido, en palabras de la propia Sara, “un padrazo”. En 1979, la pareja adoptó una niña brasileña, Thais, que hoy tiene 14 años. En 1983, adoptaron un niño, Zeus, que ahora cuenta 9 años. Cuando la prensa publicó que Zeus era hijo de una prostituta y cuando, hace sólo cinco meses, Sara negó haber pagado por la adopción de su hijo, el hoy malogrado empresario supo cerrar filas con su familia y defender el buen nombre de sus hijos.


Pepe y Sara estaban juntos en todas las ocasiones: ya fuera para celebrar los 64 años de ella, ya fuera para disfrutar de las delicias del mar. 

Pepe Tous, en fin, será recordado como un hombre de talante liberal, que en los años sesenta hizo un periodismo democrático, lo que le valió que “Última Hora” llegara a ser el diario de España más multado por el franquismo. Será recordado también como un ser sociable y abierto, que se hacía querer por toda clase de personas en la isla. El propio rey Juan Carlos, cuando sebrevolaba la finca de los Tous, enfila el helicóptero hacia la casa y saludaba a Pepe y a Sara desde el aire…

Texto: CARLES BARBA
Fotos: EFE, T. DUEÑAS Y GOLDEN PRESS


EL RECORTE CLXXIX
Con la desaparición de Pepe Tous la vida de Sara Montiel dio un giro de muchos miles de grados. En lo personal y en lo profesional tuvo que aprender a estar 'sola'. Su primera Navidad sin él, fue, sin ninguna duda, uno de los tragos más amargos. Compartía su estado de ánimo con la revista Lecturas en esta entrevista de Diciembre de 1992. 

La Navidad más triste de
SARA MONTIEL

La popular artista manchega en un rincón de su casa de Palma, rodeada de sus dos hijos: Thais, de 13 años, y Zeus, de 9. Juntos han preparado el árbol de Navidad que preside el salón. 

Sara Montiel y sus hijos, Thais y Zeus, han preparado estas fiestas de Navidad sin Pepe Tous, fallecido el pasado 25 de agosto. La ausencia del padre y marido está presente en el hogar de Sara y sus hijos. Lejos quedan las pasadas Fiestas en las que la familia al completo posaba ante el árbol navideño para felicitar a todos sus amigos. El luminoso ático donde viven, en la maravillosa bahía de Palma, es testigo silencioso de las noches en vela de la popular actriz. Sacando fuerzas de flaqueza, María Antonia Abad, rodeada de sus amigos más íntimos y de sus hijos, intenta que todo vuelva a la normalidad.
Sara Montiel se ha levantado pronto. Sus dos hijos ya acaban de adornar el árbol, ayudados por Nela, íntima amiga de Pepe y Sara, que desde Miami acudió al lado de la popular actriz para estar cerca de ella. Sara se maquilla, una vez más saca fuerzas de flaqueza.
“Pepe siempre quería que yo me arreglara, que estuviera bien. No te puedes imaginar lo que me cuesta hacer esto, pero sé que a mí marido le gustaba. No tengo ningunas ganas de adornar la casa con las cosas de Navidad, pero tengo que hacerlo por él y por mis hijos. Esta es la peor Navidad de mi vida, estos días sin él son terribles. Desde que murió, su ausencia se hace cada vez más insoportable”, dice.
Los ojos de María Antonia Abad están llenos de tristeza. Ella intenta sentirse bien, pero todos los rincones de su casa, del hogar que compartió con Pepe Tous, el amor de su vida, están llenos de él… “Todo está en su sitio, no quiero alejar nada que me recuerde a él. ¡Le necesito tanto! Sus cosas, sus fotos, me ayudan a estar más cerca de mi marido. Fue todo tan rápido… Sé que el tiempo me tiene que ayudar, pero hoy por hoy es todo muy reciente. Tengo la suerte de tener a mis hijos a mi lado y buenas amigas que intentan que la angustia no me invada, pero hay momentos en que ni siquiera ellos pueden alejar de mis pensamientos la ausencia de mi marido. Todo es distinto sin él, nunca pude imaginar esta situación, su falta y la de mi madre son los momentos más terribles de mi vida”.


-¿Cómo piensas pasar estas fechas tan familiares?
-Yo, como comprenderás, no he pensado en nada. ¡Me da todo igual! Pero mis amigos han pensado por mí. El día de Nochebuena cenaremos en casa de unos buenos amigos, y al día siguiente comeremos en casa de otros. Como ves, lo han organizado todo, pero ya les he dicho que la Noche vieja quiero estar en mi casa, que no quiero moverme. Entonces vendrán ellos a casa, no me han dejado decidir. Creo que ellos mismos han tomado esta decisión para que yo no pudiera decirles que no.
Thais y Zeus rodean a Sara. Ellos, a pesar de su corta edad, están siempre pendientes de su madre.
“Lo que de verdad me está ayudando a seguir adelante es pensar que mis hijos son muy pequeños y me necesitan”, nos confiesa.


Sara se traslada todas las semanas a Barcelona para grabar su programa “Ven al Paralelo”, que se emita los miércoles por la segunda cadena de Televisión Española.
-No, el trabajo nunca me ha cansado. Cuando termino las grabaciones, lo único que me preocupa es estar al lado de mis hijos. El piso que tengo alquilado en Barcelona produce angustia porque me recuerda los peores momentos de la enfermedad de mi marido. Por eso este año las fiestas de Navidad las pasamos en Palma, en nuestro hogar, cerca de mi marido, en la casa que compramos con tanta ilusión y en la que cada rincón tiene su presencia, su olor…
Desde que murió su marido, ella se ha tenido que hacer cargo de todo; no sólo de sus hijos y de su trabajo, sino de los numerosos negocios de Pepe Tous.
“Sin él he tenido que volver a empezar en todo, hasta en cosas tan normales como hacer un talón… Pepe no fue sólo mi marido, fue el hombre al que más respeté, al que más amé y que más me amó. Mi vida como mujer se terminó con él. Ahora, ante todo, soy madre”.


Sara, con traje negro y magníficas joyas de brillantes y esmeraldas, brinda junto a sus hijos por el Año Nuevo. Pepe Tous y Sara Montiel contrajeron matrimonio el 31 de julio de 1979. 

Thais pone su mano cariñosa y dulce sobre el hombre de su madre. Las dos se miran tiernamente.
“Sólo pido que mis hijos y yo podamos estar juntos como ahora, que yo tenga salud para estar con ellos y poder protegerlos durante mucho tiempo. Ellos son mi única preocupación”.


PALMA DE MALLORCA. Chelo García-Cortés
Fotos: G.-C. 


LA FOTO CLXXIX


Sara y Pepe, Pepe y Sara. Marcándose un baile.