martes, 15 de abril de 2014

LOS DOMINGOS DE ABC - 27 de Octubre de 1974 - España


SARA MONTIEL
LAS RAZONES DEL MITO

Foto: Simón López

Desde el llano –Campo de Criptana- hasta la cima, pasando por la vega baja oriolana, Sara Montiel ha sabido mantenerse en la categoría de actriz-“estrella” con la misma facilidad con que sabe concentrar en su persona el interés de un público a la espera de ver a la Sara de siempre, aquella de ‘El último cuplé’ y de ‘La violetera’, la Sarita revelación de un cine español con alifafes de raquitismo y la Sara de ahora, siempre en la brecha. Ella misma comenta, en las páginas que siguen, su deseo de dirigir películas ‘cuando se termine todo este barullo de juventud, de viveza’, porque lo lleva en la sangre como en el rostro lleva la belleza patente en esta imagen de su última película, ‘Cinco almohadas para una noche’.
Y sin embargo, a pesar de sus contestaciones –tan cercanas a la sinceridad-, a pesar de los miles de entrevistas, de sus espontáneas y explosivas declaraciones entre canto y canto de sus ‘shows’, de las novelerías que sobre ella se han escrito, de las películas en que se ha mitificado, Sara aparece hoy rodeada de una nebulosa bien próxima al misterio. Es posible que María Antonia Abad grite contra la personalidad de Sara, como también puede serlo que Marian, María Antonia, Antonia o Antoñita –que de todas estas formas la llaman sus amigos- sea la señora relajada, desmaquillada y como somnolienta que se sienta de forma que pueda abarcar con un leve giro de su cabeza el magnetófono y el televisor, de espaldas a un tocador barroco, vencido de potingues; enfrente de su buena amiga Perla Cristal, que le hace una visita, y dándole su perfil romo y achatado a una gran cama de matrimonio. La entrevista se realizó a la salida de un inmenso catarro ‘A estos catarros tan tremendos los llamo yo los amantes que no me dejan en paz’-, que mantuvo a la ‘estrella’ encerrada en su piso de la plaza de España madrileña. Un pantalón ceñido, un jersey de cuello cisne y una rebequina marrón, sin más alhajas que algún anillo en sus manos gordezuelas y pequeñas, constituyen el envoltorio del contraste: ‘Pues simplemente Sara Montiel, así, como me ve, con un poquito de catarro, vestida un poco a lo secretaria y nada más. Con la cara hinchada, los ojos hinchados y las narices rojas’. Algún sobrino querrá asistir a retazos de conversación, y todo el ambiente, recargado y caluroso, contribuirá a crear un clima de familia media española. Viéndola así, tan abrigada, entran unos irresistibles deseos de preguntarle por su cotizado ‘sexy’ y por el destape a la española.
‘Hombre, yo no soy una persona que da en pantalla la imagen de una mujer fría. Ni en pantalla ni en la vida real; vamos, creo yo que no soy un palo, y entonces eso lo recoge el…, el…, esto que es un canalla, el objetivo de la cámara. Hasta hace poco, hasta ‘Varietés’, no me habían visto las piernas y creía todo el mundo que las tenía torcidas, y no las enseñaba porque no llegaba la ocasión o porque el personaje no las tenía que enseñar. Yo creo que  lo del destape es absurdo, porque yo estoy enseñando la espalda en traje de noche, en ‘shorts’ y en bikini desde hace muchos años, o sea, que… Pero, en general, me parece bien, porque la gente se había olvidado en España que la mujer tenía ombligo.’
Habla reposadamente, elevando un poco las cejas, achicando los labios en cada coma, en cada punto imaginario de las frases. Velada y bronca le sale la risa, como subterránea. Quintales de candorosa ironía rezuma el tono de su voz.
‘¡Ay, tragahombres!, qué incómodo, ¿verdad? Con los hombres soy una gheisa. Me encantan los hombres y me aceptan muchísimo.’
Y momentos habrá en que, cerrando los ojos, se tenga la impresión de estar ante una niña con la cartilla perfectamente sabida. Pero, ¡atención!, nadie se precipite a sacar conclusiones:


-¿Cuántos españoles se han enamorado de usted, Sara?
-Pues, no sé. Así, que me lo dijeran, bastantes. Un día me salieron veinticuatro.
-¿Y cuántos de los otros, de los admiradores?
-Con éstos ocurren cosas muy curiosas. Una vez vino a verme un señor con su esposa. Querían darme las gracias porque a los nueve meses de ver 'El último cuplé' tuvieron una niña y le pusieron de nombre Sara. Fue gracioso, porque yo no sabía que una señora pudiera quedarse embarazada por ver una película, pero así fue la cosa...
(De una entrevista con Sara Montiel)

Cara al público
-La gente quiere verme en público porque a lo mejor soy más mona que otras personas. Yo he actuado muchísimo cara al público y me encanta lo personal, porque es más verdad. No hay cámaras, sino una cortina que se descorre y tienes que estar ahí delante. Y cuando se descorre la cortina pasa que se arma mucho follón, porque la gente cree que va a salir una retrasada mental y en lugar de eso sale una señora muy buena. Como en el cine me han criticado que si me he hecho operaciones en la cara, que si soy baja, que soy alta, que soy gorda, que soy delgada, que tengo un ojo más arriba que el otro, en fin…; pues el público llega al teatro, y se encuentra una señora de carne y hueso, una señora que es de verdad, que canta sus canciones a su manera y que gusta muchísimo. Entonces se dan cuenta de que en el cine no hay ningún truco.
Y puede sorprender que sea el público femenino, precisamente, su más adicto seguidor: ‘Las mujeres no van a verme para buscarme defectos. Yo me doy cuenta de que les gusto y me admiran, y me lo demuestran con aplausos, con sonrisas, con palabras muy, muy cariñosas. Me ha pasado sentarme en las rodillas de un señor, durante una actuación, y decirle su esposa: “Lo que tú habías soñado toda tu vida”. O besar a otro y exclamar su mujer: “¡Esos besos no dan celos!”, tan contenta.’
Entre circunspecta y extrovertida se va a mantener Sara a lo largo de una conversación que se fragmentó en dos días de la misma semana. En la segunda ocasión Sara se encontraba en cama, la sábana hasta la barbilla, desmadejada por la lipotimia de una inyección inoportuna. Su melena extendida sobre la almohada y sus ojos casi llorosos resaltaban la belleza de Sara, una belleza extraña y fulminante que entreabrió fugazmente las razones del mito. Ya repuesta explicó algunas cosas, incluso las ya sabidas. Como, por ejemplo, que nació en Campo de Criptana:
-Mis padres eran manchegos; lo era toda la familia de mi padre. Siendo yo muy niña me llevaron a Orihuela. Bueno, muy niña, era un bebé de cinco meses. Mi padre había contraído una enfermedad de tipo asmático y los médicos le aconsejaron que se fuera a la parte de Alicante, por la temperatura. Y allí, en Orihuela, me crié yo diez años. Mi padre tenía trabajo en casa de los marqueses de Arneva y tenía también una bodega, donde vendía vino al por mayor. Era un hombre con muchos amigos, un hombre que a pesar de haber salido del campo resultaba muy distinguido y sin ser culto tenía un don especial y una inteligencia natural. Se codeaba con mucha gente importante de Orihuela y yo, pues claro, iba a las casas de ellos. En el palacio de los marqueses de Arneva me encontraba yo, por ejemplo, con un cuadro. Yo no sabía entonces lo que era la pintura, pero me interesaba mucho, porque ya, desde muy niña, me tiraba la cosa del arte. Y me gustaba la música. La ópera me ha entusiasmado desde que era muy chica, y recuerdo que estos señores ponían los discos de cantantes célebres. Ya tenía yo dentro algo parecido a una intuición. Me acuerdo que me impresionó muchísimo ver una exposición de pintura importante, allí, en Orihuela, y eso que yo era muy chica y hacía años que había terminado la guerra. Hacia el año 41 o el 42 coleccionaba yo estampitas, pero ¡qué casualidad!, resulta que cuando fui mayor me enteré de que esas estampitas eran de Casas, del Miró de su primera época, de Picasso. O sea, que el arte era algo normal en mí, intuitivo de nacimiento. Cuando tenía yo diez años u once fue cuando lo del concurso en Madrid.


De Cifesa a “Veracruz”
(Sara y la pintura. En su salón-estudio destaca el gran lienzo de Roca Fúster que podría titularse: ‘Retrato cíclico de Sara Montiel’, en donde aparece la Sara-niña, la joven, la mujer. Está encariñada la actriz con su cuadro: ‘Los artistas somos muy raros, muy extraños; por algo somos artistas. El futuro es siempre hacer algo, crear algo. Claro que la vida se acaba. Se ve en el cuadro cíclico que me ha hecho este hombre: la niña, la salida, la luz, el mundo; luego, la mujer que quiere llegar a ser algo, el pavo real, la mujer mimada en las tablas, los aplausos, los claveles, las rosas; la mujer delante, la vida pisando fuerte, y después la muerte atrás. Eso es la eternidad, algo que empieza y se termina’. Tiene muchos cuadros en su casa de Palma de Mallorca, aunque no los retratos que le hicieron Alfaro Siqueiros y Rivera. Confiesa Sara que no le importa salir guapa en los cuadros: ‘Es que no soy tan retrasada mental como para que me importe mucho la belleza física, ni en el hombre ni en la mujer. Nunca ha sido para mí lo principal. Lo importante es la persona muy humana, comprensiva, muy cabal; el hombre muy entero, muy sincero, muy noble, con mucha personalidad, un hombre inteligente… La hermosura física siempre me ha traído sin cuidado’.) Y sigue:
-Cifesa convocó un concurso infantil entre todas las provincias de España. Yo vine a Madrid representando a Alicante. Me llevé el premio en el Retiro. Me acuerdo de una rival malagueña que era como Marisol, y que si hubiera sido Marisol en aquella época me habría arrebatado el triunfo. Entonces me pusieron a estudiar aquí, con una señorita de compañía. Mis padres dieron un permiso notarial y estuve estudiando declamación en el Conservatorio, con doña Anita Martos; pero en seguida me puse a trabajar. Empecé en doblaje también. Me interesaba el cine y el teatro sobre todo. Desde muy chica me hacía yo mis decorados; era muy mañosa: sé cortar y sé coser. Entonces, a finales del 44, interpreté un pequeño papel de colegiala en ‘Te quiero para mí’, de Ladislao Vajda, y luego ‘Empezó en boda’, con Fernando Fernán Gómez. Ya después hice un papelito en ‘Mariona Rebull’; en el 48, ‘Locura de amor0; en el 50, ‘El capitán Veneno’, y ese mismo año me fui a América. Hice unas cuantas películas en Méjico, hasta que me vino chico Méjico. Aunque no soy muy sajona, ni muy partidaria del cine sajón, procuré trabajar en Estados Unidos. Hice ‘Veracruz’, trabajé en dos películas más y me vine a España. ‘Veracruz’ fue realmente la película que me abrió las puertas, porque era un embolado muy fuerte, muy importante, que ninguna artista española que yo conozca había hecho. Y me pilló además muy desprevenida. Como no sabía inglés, tenía que aprenderme las frases fonéticamente para darle la réplica a Gary Cooper, un señor con el que no resultaba nada fácil trabajar, en el sentido del enorme prestigio que tenía. Fue un escalón muy alto el que yo subí. Me resultó difícil, pero podemos decir que de ahí partió el ascenso.
He hecho rica a muchísima gente, empezando por el Estado español y terminando por productores españoles y extranjeros.

(A pesar del catarro, de la afonía, es incansable Sara con el cigarrillo. Lo enciende poniendo los labios así, en forma de corazón, para expeler luego una profunda bocanada. Cruza un brazo a la altura del estómago y mantiene el cigarrillo hacia arriba, en una posición invariable, solamente interrumpida cuando lo dirige al cenicero o a la boca. Entonces parece lógico que se pueda temer por su voz: ‘¿Qué va a pasar con mi voz? Nada. Nunca he tenido problemas con ella. No solamente me siento igual, sino que canto mejor que antes. Eso sí, he tenido una bronconeumonía espantosa, que gracias a Dios se me ha curado. Lo que no haré más es rodar en invierno, porque en España no hay estudios adecuados. Se puede rodar una película con un buen ‘anorak’, si está nevando, pero lo que no se le puede pedir a una señora es que ruede en traje de noche con cinco o diez grados bajo cero. Es un disparate’. Y bueno será escuchar la teoría que Sara Montiel tiene de su voz como clave del éxito: ‘A los quince años cambié la forma de cantar. En la época aquella se gritaba mucho, y entonces llegué yo cantando muy normal, una voz muy pequeña, pero sin desentonar, porque he nacido con un oído increíblemente fino. Es algo con lo que se nace, no una virtud que yo tuviera. A esto de la voz hay que añadirle un tesón, un creimiento, una seguridad de llegar a ser algo importante’.)
-Cuando eres muy joven, muy joven, sientes que todo es pequeño en el mundo. Siempre he sido muy decidida, soy una persona que aunque aparento ser muy sosegadita he tenido y tengo una fuerza interior muy grande para mí trabajo. Entonces yo me creía que en el mundo era facilísimo todo. Yo soñaba y decía: “Dios mío, si yo hiciera algo importante en el cine”. Quería hacer algo importante que el público se tuviera que fijar en mí y que yo diera un ‘boom’. Y esto, efectivamente, lo empecé a desear cuando estaba haciendo ‘Veracruz’, aunque sabía que era una película que no me iba a importar gran cosa, porque entre los dos colosos que tenía enfrente, me iba a quedar pequeñita; lógico. Yo quería verme en un pedestal muy alto, pero a través de películas, de una obra de teatro o de una comedia musical. Cuando estaba en dificultades, llegó el cuplé.


Reportaje gráfico de Simón López. 

(Rehúye Sara la autobiografía con la misma firmeza que el ‘flash’ de un fotógrafo desconocido. Con endiablada habilidad entrecruza historias, incluye anécdotas, intercala apostillas hasta el momento en que la conversación toma por sí sola otros derroteros, sorteando de esta manera posibles escollos reveladores: ‘He tenido toda mi vida tantos deseos de llegar a ser alguien en mi carrera, que no me acuerdo mucho de mi niñez. Me acuerdo de cosas muy agradables y de otras muy desagradables, entonces inconscientemente me digo de olvidarlas, y las olvido’. Así que sus opiniones se refieren casi siempre, necesariamente, al presente. Los directores, por ejemplo: ‘Todos son amigos míos, por lo menos todos se matan por hacer cine conmigo’. Las listas: ‘Yo no tengo lista negra, porque me suena mucho a los hitlerianos y no me gustan los hitlerianos, nunca me han gustado. En mi lista blanca está casi todo el mundo, porque admiro a la gente que trabaja y respeta a los demás’. Las ganancias: ‘He hecho rica a muchísima gente, empezando por el Estado español y terminando por los productores españoles y extranjeros. Para mí es un orgullo servir de algo a mi patria, aunque sólo sea un granito de arena. ‘El último cuplé’ dio en España más de cien millones de pesetas y en Méjico más de tres millones de dólares, mientras que a mí me pagaron 150.000 pesetas y doscientas diarias como dietas de rodaje. Soy millonaria en amigos, sí’.)
Española y manchega
-Nadie creía en ‘El último cuplé’. Yo acepté la película y tan pronto la terminé me marché de nuevo a Estados Unidos, a vivir mi vida, hasta que se estrenó en Madrid y fue el suceso que todos conocimos. Ahora se está mejor, pero hace quince años el cine español era muy corto, muy reducido. Gracias al cuplé han salido después todas las películas al extranjero, sobre todo las mías, porque, ¿quién me iba a decir a mí que sería una mujer famosísima en la U.R.R.S., o en el Japón, o en toda Sudamérica, o en Canadá? No me lo podía ni sospechar. Después de aquélla ha habido de todo, películas buenas y menos buenas. ‘La violetera’ superó en éxito al cuplé. Tengo películas muy malas que me han dejado un sabor de boca maravilloso, por los recuerdos de gente queridísima que ya no existe, y películas estupendas que no me han dejado huella. Me acuerdo de una en especial. Cuando me enviaron el guión no me gustó nada, dije que iba a ser un fracaso y que no se la saltaba un gitano. Entonces, Cesáreo González –que en paz descanse el pobrecito, que Dios lo tenga en su gloria- me puso un pleito, diciendo que si no hacía la película iba a ser mi hundimiento definitivo. Perdí el pleito, pero la película no dio ni para publicidad.
(‘Me estoy manteniendo dentro de una línea bastante buena, dentro de como está el cine hoy en el mundo, porque Sofía Loren –y digo de ella, como podría decir de Brigitte Bardot o de Liz Taylor- ha tenido sus altos y sus bajos y yo, si se mira fríamente, estadísticamente, me he mantenido en el plano adecuado’, cuenta Sara, convencida de su huella, Sara, olvidada de que a sus ojos hay que darle el brillo justo que conecte con la palabra. Sara en Rusia, armando el bollo; Sara en Yugoslavia, considerada la mujer más bella del mundo; Sara detenida y admirada por las gentes en las ciudades de Rumanía: ‘¿Mi ideología política? Soy española y manchega’. Quienes la acompañaron a alguno de sus viajes cuentan y no acaban de sus salidas, de sus continuos esfuerzos de dar ‘la nota española’, no siempre discordante. Escrito quedó aquel gesto de su boda romana, cuando depositó su ramo de novia en la tumba de S.M. el Rey Don Alfonso XIII: ‘Recuerdo que fue en la iglesia de Montserrat. Dejé mi ramo de flores en la tumba de Don Alfonso XIII sin ningún ánimo de publicidad. Pienso que fue una cosa bonita por mi parte, y muy romántica también’. Distingue Sara claramente el amor-amor del amor-enamoramiento. A saber: ‘El amor-amor, yo creo que para todo el mundo tiene que ser lo más importante en la vida. Y en el enamoramiento, pues yo imagino que una mujer y un hombre que no vivan enamorados tienen que estar muy tristes…’. Y entonces se le dice que sería interesante hacer su historia a través de los hombres que ha amado. Y contesta Sara, fuera ya del paréntesis):


Sara Montiel con su primer marido, el director Anthony Mann, en 1957. 

Tres amores platónicos y un premio Nobel
-Soy una mujer todavía muy joven y me hace mucha gracia la mentalidad ibérica. Será que estoy acostumbrada a vivir muchos años en el extranjero y esta psicología me hace, pues eso, gracia. Puedes tener veinte años y ser maduro y puedes tener cuarenta o cincuenta y ser un torpón, y ya no tiene arreglo. Entonces la densidad con que puedes amar a los veinte, a los treinta o a los cuarenta años es muy relativa, son etapas muy extrañas en el hombre. Me podría preguntar que si he querido a un hombre cuando tenía los quince, los diecisiete, los veinte años, y yo, hombre, le digo que platónicamente, me enamoré de Miguel Mihura. Miguel Mihura para mí era y es un hombre maravilloso, pero mi amor fue platónico porque yo no sabía lo que era el amor ni nada hasta que no fui mayor y me di más cuenta. Después conocí a mucha gente importante, porque he viajado y me he pasado la mayor parte de los años entre los dieciocho y los treinta y cinco o treinta y seis fuera de España. Que me haya enamorado o no, pues a lo mejor he dicho: “¡Qué hombre más maravilloso, estoy enamorada de él!”, pero sabiendo que no podríamos convivir, ¿me explico? De esto sí que he tenido varias gentes importantes. Hay dos premios Nobel, por ejemplo, que, desde luego, pues sí, con uno al menos me podría haber casado perfectamente, pero como me conocía, porque siempre me he conocido desde muy chica y sabía la meta a la que quería llegar, pues supe que con este hombre sería imposible. Era un premio Nobel científico, pero no le voy a dar nombres, porque es una vida muy íntima mía. Si he llegado a los cuarenta años, he tenido la suerte inmensa de conocer a personas que dentro de su sencillez son muy importantes. Entonces, de enamoramiento, pues ya le digo: dos o tres platónicos, sobre todo el de Miguel, que es encantador. Y ya en Méjico tuve ocasión también de conocer a gente intelectualmente muy fuerte, hombres muchísimo mayores que yo. Hasta ahora, nunca jamás he tenido un romance con un hombre de mi edad; ni cuando tenía veinticinco años salía con un hombre de treinta, ni cuando tuve treinta con uno de treinta y cinco. Y ahora que tengo cuarenta, tampoco él tiene cuarenta, sino cuarenta y cinco. O sea, han sido hombres, pues, como mi primer marido, que me llevaba veinticinco o veintiséis años, o como Miguel, que me lleva unos cuantos, o como este hombre de América, que podría ser más que mi padre. Ahora, de enamoramiento fijo, pues no soy una mujer así muy facilona, ni tampoco difícil. Soy una persona normal, muy normal.


En Roma, a la salida de la audiencia pontificia, poco después de su boda con el industrial José Vicente Ramírez Olalla. 

Después de la juventud
(Cuando responde Sara al teléfono le sale la voz más tierna del mundo. Suena el timbre, se pone alguno de sus sobrinos, se vuelve a ella: ‘Tía, para ti’, y se levanta Sara, con un poco de esfuerzo por el catarro, y camina Sara un poco bamboleante por los restos de fiebre, y ya el auricular en la mano deja salir una voz de película cara, como son todas las de Sara Montiel: ‘No es que sean caras, sino que están más cuidadas. También después son superiores las recaudaciones y va una cosa por la otra. Haces una película que le cuesta cinco millones al productor y se gana nada más que un millón. Pues hombre, yo creo que para ganar un millón tiene que haber salido una película muy mediocre. En cambio, con las mías, aunque tengan un presupuesto muy fuerte, ya en el estreno se ha recuperado, porque, claro, en seguida se exportan a Rusia, a Rumanía, al Japón, a Estados Unidos, a Argentina, a Chile, a todos los países del mundo, en realidad, hasta la India. O sea, que es productivo.’ Y a toro pasado se puede encontrar uno con recortes que hablan de la ‘espantá’ de público en algún sitio, o de poca taquilla en alguna última película, y se le puede preguntar a Sara que después qué. Y ella, que es directora de cine):


-Lo que pasa es que yo llevo un atraso muy grande para ser directora de cine. Soy una mujer que de pequeña no ha tenido medios ni oportunidad de estudiar. Entonces lo que sé de la vida procede de lo que he vivido, de lo que he podido captar y sorber. Ahora me veo preparada para ser directora. Técnicamente no es que me las sepa todas, porque nadie sabe nada, pero sí estoy preparada. Estuve siete años casada con Anthony Mann y con él hice de ‘script’, de montadora, de dobladora, me he leído los guiones, o sea, que de eso puede ser que esté bastante enterada. Algún día dirigiré una película musical y lo haré muy bien, pero será más adelante, cuando se termine todo este barullo de juventud, de viveza. Entonces, cuando yo sea más mayor, que vea que la vida se va para otro lado, entonces quizá dirija cine, porque es algo que lo llevo en la sangre.

Manuel María MESEGUER


EL RECORTE CLIX
Es el verano de 1973. Sara, entre poses y modelos ibicencos, disfruta de su nuevo amor y prepara el que se convertiría en su último film: "Cinco almohadas para una noche". Así lo contaba Gaceta Ilustrada en su número del 29 de Julio de aquél año. 

SARA,
AHORA

Se fue a las Baleares, se vistió de ibicenca y, a la hora de las fotos, olvidó el traje y puso la pierna en primer plano. Posa, Sara. Melena alborotada, postura incómoda: es poco tiempo, clic, rápidamente otro escenario. Musa inspiradora de bellos pensamientos en medio mundo, Sara Montiel descansa ahora en Mallorca, después de actuaciones en directo en salas carísimas, primero, y salas asequibles más tarde. Cálida voz, cálida figura conocidísima que se resiste fácilmente a ser “camp”. Puede permitirse ese lujo, entre otros. Los papeles señalan que sus cuplés continúan como número fuerte de sus “shows”, y que “La violetera” provoca aún suspiros arrebatados entre la clase moderadamente acomodada del país, preferiblemente entre caballeros que rasparon la guerra y gastan bigote. 




No sólo eso. Sara prepara próxima película.  “Cinco almohadas para una sola noche” es el sugeridor título del filme que Sara comenzará en otoño. Pueden ser muchas almohadas o pocas, eso depende. Los informes escasamente confidenciales indican que la actriz y cantante logrará pronto estabilizar su situación legal relacionada con el pasado matrimonio, y sugieren que en Mallorca tiene Sara algo más que un chalé en construcción: acaso un hombre, dicen. Mientras buscan director y cinco galanes para la próxima película, Sara ha grabado un disco grande donde recoge incluso canciones de Facundo Cabral. Al tiempo, Sara, ahora, posa. No emplea el sistema de boca entreabierta común a otras actrices, sino que esboza pequeñas sonrisas, cruza las piernas y deja que el público haga todo lo demás. Las fotos, según explicaban al dorso, se llamaban: “Sara Montiel, vestida de ibicenca”.

Fotos: F. GOMEZ


LA FOTO CLIX


"Pobrecita yo, que pena me doy...."


domingo, 9 de marzo de 2014

FOTOGRAMAS - 17 de Noviembre de 1972 - España


EXCLUSIVA
SARA
EN LA TUMBA DE MARILYN
Por JESUS MARIÑAS

Sara Montiel, una vez más. La mujer que lleva como nadie, en el mundo del espectáculo, sus “public-relations”. La “star” que representa un momento y un gusto muy precisos dentro del cine nacional. La hembra –eso, la hembra- que pasea con orgullo por el mundo este cine y esta nación. Sara Montiel ha estado en Los Ángeles: fue para siete días y pasó veintiuno; allí se la nombró “ciudadana honoraria” de la ciudad californiana. “En esta ocasión –nos dice la Montiel- no fui para cantar. Me invitaron oficialmente como máxima representación de la mujer hispanoamericana.” La tímida jovencita que, hace veinticinco años, interpretara un papel secundario en “Mariona Rebull”, de Sáenz de Heredia, ha presentado en pantallas americanas su última película, “Varietés”, de Juan Antonio Bardem, con el curioso título de “Lágrimas negras”. “Además, la televisión del sur de California ha programado cuatro de mis películas. El ciclo estará compuesto por “Carmen, la de Ronda”, “El último cuplé”, “La bella Lola” y “Mi último tango”. Si alguien lo duda –siempre hay que pensar en los malintencionados- que repase cualquier revista especializada en programación.” La actriz que despierta entusiasmos entre amplios sectores de público español; la que se basta –y se sobra, quizá diría ella- para convertir en gran éxito comercial cualquier película. Sara Montiel, esa mujer, ha estado en Los Ángeles presentando sus películas. Aunque no para ahí la cosa: Sara volverá a California en abril con un programa bien concreto. Hollywood la de los mitos, la Meca y el sueño de tantos y tantos artistas, le dedicará una de sus calles. Esa mujer, Sara, nos lo cuenta:
-El alcalde de Los Ángeles anunció que bautizaría con mi nombre una calle de la ciudad. No, en España todavía no tengo ninguna. ¿Qué si me hacen más justicia allá? No hablemos de justicia, sino de una admiración reconocida por el Departamento de Justicia Latino que hay en Estados Unidos y que agrupa a cuarenta millones de personas. El cónsul español, don Andrés Drake, puede certificar cuanto digo. ¿Si me emociona pensar en esa calle? Me satisface. Pero sentí más emoción al izar nuestra bandera en el Ayuntamiento. En abril también pondrán mi nombre a una de las clásicas “estrellas” que adornan las aceras del Hollywood Boulevard. Y en el “Music Center” –que es como el Real madrileño- me van a dar un homenaje como el que recientemente tributaron a Sinatra. Será un acto completamente oficial, con invitados del cine americano y las adhesiones de la Academia Cinematográfica, el Cuerpo Diplomático y el “Sindicato de Show Bussines”. La convocatoria está firmada por Anthony Quinn, Ricardo Montalbán, Yvonne de Carlo, Burt Lancaster, Ida Lupino y Lucille Ball.


-¿Te quedarías a vivir en Hollywood?
-No. Aquello ha cambiado mucho. No es el que conocí cuando estaba casada con Anthony Mann. Allí hice tres películas y viví ocho años. En la práctica, Hollywood ya no existe. Únicamente queda su leyenda. Todo el cine norteamericano está en Europa. ¿Que si me recordaban en Los Ángeles? Naturalmente. Pero no como ex señora Mann o actual señora Ramírez: únicamente me conocen como Sarita Montiel.
Dato curioso y digno de todas las consideraciones: en la publicidad de “Lágrimas negras” –sobreentiéndase “Varietés”- no aparece el nombre de Bardem. Se anuncia a la “estrella” y a cuatro intérpretes: Vicente Parra, Chris Avram, Trini Alonso y José María Mompín.
-La película ha gustado tanto como en España. Y mucho más que “El último cuplé”. Un crítico bastante difícil –el de “La opinión”- escribió que si Hispanoamérica tuviera premios para el “Oscar”, mi película tendría el honor de ser premiada con varios “por su hermosa e inolvidable realización”.
-¿Y de ti qué han dicho?
-Que encontré el papel definitivo de mi carrera y que doy “un toque de alta escuela de imposición del arte dramático”. La película ha triunfado en toda Norteamérica. En Broadway la hicieron nueve semanas en dos cines, mientras que “Las petroleras” solamente aguantó una. “Varietés” también encabezó una lista para distribuidoras, seguida de “Adiós, cigüeña, adiós”.


Acompañada del alcalde de la ciudad californiana. 

Rosas para Marilyn
Sara ha vivido intensamente –por dentro y por fuera- sus tres semanas californianas. Y aprovechó los ratos libres para hacer turismo en compañía de Pepe Tous, el español que dirige sus destinos y que también fue invitado como propietario-director de “Última Hora” de Palma de Mallorca por aquello de ser un periódico de la patria chica de fray Junípero.
-Estuvimos visitando la tumba de Marilyn. Sólo pude ponerle tres o cuatro rosas. No cabían más en el “bouquet”. Es un nicho de mármol gris, impersonal y casi deshumanizado. Hace tiempo que deseaba rendir este tributo a la pobre Marilyn.
-¿Crees que hubiera sabido envejecer? ¿O murió en el momento justo para convertirse en mito?
-Marilyn ya era un mito. Hablas de envejecer. ¿Crees que eso importa? En Estados Unidos sólo triunfan los que han pasado de los treinta. Y todas las “estrellísimas” tienen más de cuarenta. Liza Minelli tiene 36 años; Barbra Streisand, 39; Ursula Andress, 40; Raquel Welch, 41… y tres hijos “así” de grandes que en Europa son prácticamente desconocidos. ¿Te digo también la edad de Clint Eastwood?: 49. Pasó veinte haciendo personajes de cuarta hasta que le llegó el triunfo. ¿Y qué decirte de Perry Mason?: es mi abuelo… En Norteamérica no hay “estrellas” de 23 años…
-¿En España, sí?
-En España tenemos muchas… jóvenes. En todo caso, la edad es una tontería como una catedral.
Vicente Minnelli la invitó a la presentación del “show” de Liza en Las Vegas. Sara cuenta y no acaba de cómo es Liza:
-Las estrellas de todos los “shows” hacen lo que yo: cantar y cambiarse de vestido cinco veces. Y aguantan bien. Liza se portó de una manera encantadora y hasta anunció mi presencia en el “Riviera”. Dijo: “Señores, entre nosotros está España”. Y dio mi nombre. También se refirió a Joes Fosse, Luci Ball y Dionne Warwic. En este viaje he confirmado una cosa: que el cine y el tiempo me están dando la razón. En el mundo entero lo que más está pegando son las películas musicales. Ahora se dedican a desempolvar las canciones del ayer. Dime, si no, cuántos años tiene “Cabaret” y cuántos hace que Liza Minelli arrastra el culo por estos mundos de Dios. Según mis noticias, a los cuatro años fue presentada por sus padres como solista de “ballet”. Pero no se consagró internacionalmente hasta protagonizar un musical. Y mira que Liza lo probó todo… Actualmente las máximas “estrellas” del cine americano son dos cantantes: Liza y la Streisand. ¿Cuál prefiero? Me quedo con la Minnelli. Me va más. La siento más cerca. Liza se entrega, es más caliente, más verdad. La Streisand resulta demasiado perfecta y menos humana. Liza es como su pobre madre: la humanidad le chorrea por cada poro. Es menos rutinaria, más desigual. Pero también más verdadera.


La acompaña Pepe Tous -director del periódico mallorquín "Última Hora"-, que también fue invitado a Los Ángeles. 

Antes del punto final, un toque a su próxima película. No se llamará “La pantera”, sino “De fuego y aire”.
-¿Insistirás en el cine comercial o piensas seguir la línea de cierta calidad iniciada con Bardem?
-Es que “Varietés” resultó una buena película y una película comercial. Fons, con sus 33 años, no se parece en nada a Juan Antonio. Pero tiene habilidad para aunar calidad y comercialidad. Al menos, lo viene demostrando con sus últimas películas. ¿Qué galanes me acompañarán? Todavía no lo sé. Como es una coproducción hispano-franco-italiana… ¿Mi personaje? Bonito y humano. Quiero seguir siendo la que soy.
Para qué va cambiar. El tiempo y el cine le están dando la razón. Y es que a lo mejor Sara no anda tan equivocada como algunos piensan.

J. M.

N. de la R. –Las informaciones de Sara, al parecer, no son del todo exactas. Liza Minelli no tiene 36, sino 26 años. Barbra Streisand, 29. Ursula Andress, 36, Raquel Welch, por su parte, sólo tiene dos hijos.



EL RECORTE CLVIII
Pase lo que pase y pese a quien le pese, la de Sara siempre fue una proyección internacional. Con su "Varietés" se paseó por Los Ángeles. Ama, en 1971, avanzaba a sus lectores algunos detalles del film, que en aquél momento se estaba rodando. 


 LA NUEVA PELICULA DE
SARA MONTIEL,

EN MARCHA


Ha comenzado ya el rodaje de la película “Varietés”, que dirige Juan Antonio Bardem, y cuyos principales protagonistas son Sara Montiel y Vicente Parra.
En el cóctel de presentación del film se dieron a conocer los pormenores de esta realización, que promete ser altamente interesante para los aficionados al cine, especialmente si se tienen en cuenta los nombres del director y de la primera actriz.
AMA les ofrece un resumen del argumento de la película, cuyo rodaje está ya en marcha.


La Compañía Varietés 30 recorre toda España con éxito. La “vedette” de la compañía, Carmen Soler, agota sus últimos tiempos como tal “vedette”, sin ceder su puesto a las que vienen detrás esperando. Ana Márquez, la segunda “vedette” de la compañía, espera con impaciencia el momento de tener su oportunidad, y poder demostrar que está capacitada para subir el último escalón de su carrera.
Recomendado por Ana, entra a formar parte de la compañía Miguel, en calidad de músico, para ayudar al director de orquesta.




LA FOTO CLVIII


Sara fotografiada por Wizuete. De la misma sesión que este número de Fotogramas. 

lunes, 3 de marzo de 2014

LOLITA - 6 de Diciembre de 1968 - España


(Agradecemos el envío de esta revista a Violeta Riscal)
SARA MONTIEL
Y SU NUEVO GALAN,
HUGO BLANCO,
RUEDAN
“ESA MUJER”

Después de su vuelta de Méjico, Sara Montiel ha empezado a rodar otra nueva película, y van… Nosotros ya hemos perdido la cuenta. Este film, titulado “Esa mujer”, está basado en un guión de Antonio Gala, con diálogos de Vizcaíno Casas.
Llegamos al plató donde daba comienzo la primera vuelta de manivela. La primera palabra que oímos cuando, indiscretamente, entreabrimos la puerta fue: ¡Silencio! Habíamos llegado un poco tarde. Las escenas consistían en unos primeros planos de Sara. El estudio es sumamente reducido, apenas pueden moverse los encargados de los trabajos manuales. El suelo era de moqueta, con dos grandes alfombras. Para tirar las colillas hubo un auténtico desfile toda la tarde; casi teníamos que salir a la calle. Todo esto son trivialidades que en nada repercutían sobre los auténticos protagonistas de las primeras secuencias.
Allí estaban, frente a las cámaras, Sara Montiel y el joven galán del cine español Hugo Blanco. Oímos de nuevo: ¡Silencio!, y Mario Camus continuó diciendo: ¡Acción! Hugo, el gran amor de Sara, es un joven teniente que la estrella espera con ansia. Se besan, ríen, se aman. De nuevo interviene Mario Camus: ‘¡Corten! Muy bien, vamos a hacer otra toma’.
Hablamos con Mario Camus, hombre sumamente agradable, muy joven y ya acreditado realizador de nuestro cine. Nos dijo que la mayor parte de los exteriores de la película se realizarán en Pontevedra. Tendrán secuencias en el monasterio de Oya y en Alcalá de Henares.
En esta película, Sara Montiel sufre una auténtica decepción: el galán terminará enamorándose de su hija, papel que incorpora una joven actriz española y que nada tiene que ver con aquella otra que le había salido a Sara en Méjico.
A Mario Camus no le gusta ver fotógrafos cerca. Le habíamos hablado de hacerle unas fotografías con Sara y con Hugo, y se disculpó. Repele todo lo que pueda ser el más ligero síntoma de aparecer en periódicos o revistas. Al final claudicó, ante la petición de Sara para que posase con los protagonistas. Trabajo le costó a la estrella. Le tomó de un brazo y trató de llevarle bajo los focos, diciendo: ‘Que luego van a hablar mal de nosotros…’. Todos rieron la ocurrencia y nuestra cámara hizo el disparo. Luego, al ver las fotografías, pudimos comprobar que el gran director es bastante fotogénico, aun con  gafas y todo. No nos extrañaría verlo algún día del otro lado de las cámaras.
Pero, por el momento, sigue desde el lado de acá del tomavistas, dirigiendo a la gran Sara, que, pese a su bien conservada belleza, para la que no parecen pasar los años, encarna esta vez a un personaje más cerca de la realidad de sus años floridos. La decepción que sufre Sara en la película, al ver como su hija cinematográfica le roba al galán, quizá sea pareja a la que padezcan ciertos ‘fans’ de la diva al contemplar la escena; pero otros muchos tendrán la satisfacción de ver a la estrella emprender el camino del gran cine dramático, de altura interpretativa.



Trío de ases: Sara Montiel, Mario Camus y Hugo Blanco. Son los tres grandes protagonistas de 'Esa mujer'. A ella no necesitamos presentarla. Hugo Blanco es un joven galán del cine hispano. Y Mario Camus es el director. 


Aunque los años no pasan por Sara, y los decimonónicos capitanes de Artillería siguen cayendo en sus encantos cupletistas, esta vez será desbancada por una hija suya, que le quitará el novio. Una hija cinematográfica sólo. 



M. MONTES-RADIAL PRESS

TODO ES DIFERENTE EN
SARA MONTIEL
Todo es diferente en Sara Montiel. Hasta las jornadas de rodaje que, normalmente comienzan cuando está rayando el día, con ella se inician después que el reloj marca las tres de la tarde. Es condición que ella impone en todos sus contratos: nunca rodará la estrella más internacional de nuestro cine antes del mediodía. Por eso, terminábamos de tomar café en el bar de los Estudios Sevilla Films, cuando aparatosa, importante y más guapa que  nunca llegó Sarita Montiel, repartiendo saludos, sonrisas y bromas. Inmediatamente una legión de maquilladores, peluqueros, masajistas, etc., se apoderó de ella y no la volvimos a ver más hasta que, transformada en otra persona, pero siempre dentro de ese torrente de personalidad que la hizo llegar al privilegiado lugar que ocupa, apareció en el plató, donde rueda, bajo las órdenes de Mario Camus, la historia de ‘Esa mujer’, con un guión de Antonio Gala, el afortunado autor de ‘Los verdes campos del Edén’, y diálogos de Vizcaíno Casas.
Sarita Montiel ha vuelto a trabajar para Suevia Films-Cesáreo González, una vez terminada las diferencias que surgieron con motivo de no poder intervenir la estrella en el rodaje de ‘La guerrillera de Villa’.
Todo se arregló afortunadamente. Todo se justificó y una vez más juntos la diva cinematográfica y la productora de éxitos multitudinarios volverán a proporcionar al cine español una película de éxito mundial.


Y aseguramos que será de éxito mundial, porque así lo garantizan los pilares que la sustentan: junto a Sara, y compartiendo honores estelares con ella, aparece el galán argentino Hugo Blanco, el protagonista de ‘Mestizo’ que, después de dejar en su tierra, allá por el Mar del Plata, un historial artístico de primera categoría, llegó a España dispuesto a ganarse limpiamente y por derecho propio todo lo que ya había superado dentro de los límites de las fronteras argentinas.
Hugo Blanco ha conseguido en menos de dos años de estadía en tierras españolas, ocupar un primer puesto en las filas delanteras del azaroso mundillo del cine y del teatro.
Como todo astro importante, alterna un trabajo con otro y así, antes de iniciar el rodaje de ‘Esa mujer’, redondeó una hermosa temporada teatral en el Marquina, de Madrid, al frente de su propia compañía y en unión a Trini Alonso y Teresa Hurtado, con la comedia ‘Coqueluche’, que hizo reír picarescamente a miles y miles de espectadores. Después que finalice su actual trabajo cinematográfico, debutará en Barcelona, junto a la delicadísima Elena María Tejeiro, con la traducción ‘La gata y el búho’. Y así, burla burlando, va apuntándose tantos a favor en el difícil peregrinar del mundo del arte.
Pero hay más todavía: Sara Montiel, por primera vez en su carrera, interpretará canciones del fabuloso Armando Manzanero, que este autor, ídolo actual, ha escrito expresamente para la estrella. 



Inicia su carrera cinematográfica, ya en serio, en esta película, una gran amiga de nuestras lectoras, una estrella de fotonovela que pasó al campo de la televisión y entra, ahora, por la puerta grande en el cine: Patricia Nicel, que muy pronto volverá con todas vosotras, dando vida fotográfica, una vez más, a otra de las heroínas de estos romances de amor que llenan las páginas de nuestra revista.
Comprendemos que Sara Montiel se haya decidió a interpretar ‘Esa mujer’, cuando ella misma nos da unos apuntes de lo que sucede en su nueva película, donde la protagonista de ‘El último cuplé’ vuelve a crear un personaje de los que nunca defraudan al público que ha mantenido a la Montiel en la supercima del éxito: una religiosa, ante la brutalidad de un desaprensivo, se ve obligada a abandonar su convento, a dejar atrás tocas, cilicios, rosarios y rezos, para enfrentarse fríamente con el torbellino del mundo.
Sara Montiel cambia los dulces cantos del coro por las canciones alegres de los grandes varietés. La celda del convento, por los camarines forrados de raso y cuajados de flores. El silencio del claustro, por la turbamulta de las fiestas mundanas, que se organizan en honor de la cantante de moda. Pero la felicidad no llega. Queda siempre el recuerdo de lo pasado y el vivir, actualmente, una vida sentimental turbulenta que llena sus ojos de lágrimas. Sin embargo, cuando aparece, por fin, la gracia estelar del amor definitivo y único, otra mujer se levanta para defender lo que hasta entonces había sido suyo. Es ahí donde empieza la tragedia, que hará suspirar a miles de corazones femeninos y apretar los ojos para que no aparezca el llanto.
Mario Camus, el director, acude para privarnos de la conversación con Sara. Comienza el rodaje. Se encienden los focos, cada cual corre a su puesto y a la voz de ‘¡Silencio; se rueda!’, comienza la escena de amor de una de nuestras fotografías:
-¡Amor mío! Mi vida empezó contigo, cuando te conocí, y acabará cuando te marches…
Volvemos al bar y allí encontramos a Patricia Nadal, que espera su momento de acudir al rodaje. La abordamos de prisa y corriendo, porque el tiempo apremia.
-¿Contenta, Patricia?
-Feliz.
-¿Difícil tu papel?
-No, pero sí lleno de matices, sabroso e importante.
-¿Volverás a la fotonovela?
-Desde luego. Nada tiene que ver que haga cine en este momento para abandonar mi trabajo en el foto-romance. Ya intervine anteriormente en otras películas y continué junto a mis amigas de SELENE.
-¿Qué películas fueron?
-Varias. Entre ellas, ‘Querido profesor’, a las órdenes de Javier Setó y en unión del propio Alfonso Paso, autor del guión, e Irene Gutiérrez Caba. Así, pues, no digo adiós, sino hasta luego. Nada tiene que ver el cine con la fotonovela. Son dos trabajos distintos, y los dos maravillosos. Todo es diferente. Tal vez en fotonovela el trabajo sea más duro, la interpretación más difícil, porque al faltar el gran apoyo de la palabra, la expresión en los ojos, en las manos, en el movimiento de todo el cuerpo deba cuidarse más, redondearse más. Y… perdonadme, pero me llaman para rodar y antes debo pasar a que repasen mi maquillaje. Muchas gracias por vuestra visita y decid a mis amigos de SELENE que pronto estaré con ellas. Adiós.
Volvemos a tomar café y salimos de los estudios de Sevilla Films, convencidos de que estos tres personajes llegarán a conmover a millones de personas, pues su historia cala hondo, muy hondo.


EL RECORTE CLVII
Mucha fue la expectación que causó el rodaje de 'Esa mujer'. Aparte de ser un nuevo film de 'súper' Sara, contaba con elementos novedosos en la trayectoria cinematográfica de la actriz y, además, venía precedida por la leyenda 'Tuset'. La revista Semana, en su número de 14 de Diciembre de 1968, mostraba un reportaje y entrevista realizado a la actriz durante el rodaje. 


¡JUICIO A
SARA MONTIEL!

Sara, en el banquillo de los acusados. El estudio se ha convertido en una sala de justicia. El fiscal acusa a Soledad (el personaje de 'Esa mujer') de asesinato. El periodista, sin embargo, prefiere juzgar a Sara. Y la estrella habla con la claridad que le caracteriza. 

La juzgan. Ha matado a alguien. Por amor. Viste de negro. Está altiva, orgullosa, ante el juez. Se llama Soledad. Sus manos se aferran a la barandilla del estrado. Tensión en la sala.
-¡Corten! ¡Vale! –y la tensión dramática se quiebra.
Ha sido una escena difícil. Sara Montiel –la ‘Soledad’ de ‘Esa mujer’- ha resistido impávida, sin mover una pestaña, unos primeros planos solo aptos para actrices de categoría. Sara, cada día más humanizada –aunque no diga que en otros tiempos no lo fuera-, acepta sumisamente las indicaciones del director o del cámara. Ella también aporta ideas, sin menospreciar o mermar la autoridad del director. Porque Sara entiende cada día más de cine; sobre todo, del cine que ella hace para su público.
-Sara –le digo erigido en periodista-juez-. Por ahí aseguran que ya no está usted en alza. Que sus películas no interesan…
-Pamplinas. Ahí está el control de taquilla. Mis películas son las que más dinero dan. Lo digo sin vanidad. Es un hecho evidente y no hay por qué ocultarlo. Quien quiera comprobarlo…



DOCE KILOS MENOS
Ha adelgazado. Está, claro, más llenita que hace unos años, pero mejor ‘silueteada’ que hace dos.
-He perdido doce kilos –reconoce.
-Confiesa que estaba gruesa…
-Sí, ¿por qué no? –surge la Montiel desafiante, rabiosamente sincera, española por los cuatro costados-. Cuando algunas colegas me insinuaban que estaba gorda yo les decía: “Sí, lo estoy, pero mis motivos tendré”. Y pensaba para mis adentros que la gordura tiene solución, pero la fealdad, no.
En efecto. Hoy, Sara Montiel está bella. Una belleza desbordante, muy joven, cuando en la cara se le marcan esos dos hoyuelos que en color y cinemascope son más taquilleros que otros atributos físicos de otras estrellas.
-Imagino, Sara, que disfruta usted de buen apetito…
-Lo normal. ¿Que engordo un poquito? Una dieta adecuada, y todo arreglado. Lo que pasa es que soy mujer ancha, grande…


La personalidad de esta actriz es arrebatadora. Ella sola llena el 'plató' y atrae la atención de todos. Hace gala de una profesionalidad ejemplar. 

Posa sus manos en las caderas. Levanta la cabeza. Se mira los hombros. Y sigue diciendo:
-¡Vamos, que no soy una melindres! Mido 1,70… Algo tendré que comer para mantenerme en pie, ¿no? Pero, lo dicho, es la fealdad lo que no tiene arreglo.
-Según usted, existen mujeres feas…
-Al menos, unas menos guapas que otras, sí existen.

CUATRO SARAS EN UNA
Sara es un compendio de actitudes y personalidades que se resumen en una sola: ella. La cosa está clara. Hay una Sara Montiel irónica, mordiente, que dispara dardos con hiriente gracejo popular. Hay otra Sara que se infantiliza, se torna indefensa… Pero yo no creo demasiado en esta Sara indefensa; sobre todo, desde que un día la oí decir ‘que a veces conviene hacerse la tonta’. Hay otra Sara, la desafiante, la altiva, la diosa erguida, que se sabe guapa y admirada. Una cuarta Sara es la que se humaniza y abre su corazón a la gente.
A esta última, pregunto:
-Sara, ¿hay cuerda para rato?
Pero surge la desafiante:
-¿Qué edad tiene Elizabeth Taylor? ¿Y Sofía Loren? Y ahí las tienen, más guapas que nadie, ganando más dinero que todas… ¡Pues yo tengo menos años que ellas! Así que…
-¿Cuántos años? –me apresuro a preguntar.
-Treinta y cinco, aunque algunos no lo crean.
-Hay personas que se empeñan en aconsejarla; que si lo que hace está mal hecho, que si ya está bien de cuplés, que si…
-No me entero de lo que dicen. Yo sé lo que hago.


-¿Se cree infalible?
-¡No, pobre de mí! Pero no soy una tonta…
-Sara, sinceramente, ¿en qué cree?
-En mi madre y en Dios. Tengo a mamá mala. Ayer creí que se me iba… Cosas de los huesos, ¿sabe? Parece que ha pasado la crisis…

LOS HIJOS
-¿Le gustaría tener un hijo?
-Me gustan mucho los niños… -se limita a decir.
-Pero no vienen –insisto.
-Así es la vida… ¡A lo mejor, el día menos pensado empiezan a venir y… me descuelgo con cinco! Como esa señora inglesa…
La entrevista sufre varias interrupciones. El rodaje no puede detenerse. El operador Christian Matras –francés- cuida con primor, hasta el detalle más insignificante, la iluminación sobre Sara, a la que califica como ‘una de las seis estrellas más fotogénicas del mundo’. Ella, prodigiosamente impávida, convertida en estatua de carne, soporta estoicamente los prolegómenos de cada escena. Sara derrocha profesionalidad. Hay que decirlo.
-¿Cuál es su mundo, Sara? –pregunto después.
-Mi madre, mi marido, mi perrita, mis siete sobrinos, mis amigos…
-¿Ha sufrido muchos desengaños?
-En mi vida artística, algunos; en mi vida privada, bastantes…
¡Quién no!
-¿Algún desengaño ha dejado huella en usted?
-Sí, claro. La vida es así. Pero yo sigo adelante… No me amilano tan fácilmente ante las contrariedades.
-¿Qué sabe usted de la venganza?
-¡Nada! Yo no soy de las que ponen la mejilla para que me den un segundo guantazo. ¡Eso, desde luego! Pero no soy vengativa. Todo tiene arreglo menos la muerte.


Una Sara arrogante y hermosa. Ahora la dirige un hombre joven, Mario Camus. En 'Esa mujer' Sara canta poco. Es un papel fundamentalemente dramático. 


EL AMOR
Se echa un chal sobre los hombros. Pide un café con leche. Nos vamos a un rincón, ‘para no molestar’.
-Sara: siempre le preguntan por su matrimonio… ¿Es que le ocurre algo a su matrimonio?
-Nada, que yo sepa. Es que hay personas que no saben preguntar otra cosa… Cuestión de imaginación, quizá.
-¿Se han enamorado de usted muchos hombres?
-Habría que preguntárselo a los hombres…
Encajo el golpe. Los reflejos de Sara están siempre a punto.
-Y usted ¿a cuántos ha enamorado?
-No me dedico a eso… Ahora he enamorado a uno: mi marido.
La reclama Mario Camus, el director, un hombre joven.
-Voy, Mario, perdona…
Sara pide siempre perdón. Está amable con todos. Hay una leyenda negra de Sara Montiel. Yo la desmiento. No es la tirana del ‘plató’, no es indisciplinada.
-Disculpa, Sara, hay que repetir… -dice luego el cámara.
-¡Por Dios, no hay nada que disculpar! Es un plano muy difícil, para vosotros y para mí. Hala, vamos…
La cámara capta sus ojos. Un primerísimo plano. Esos ojos vierten lágrimas. La cámara retrocede lentamente. Sara sigue llorando… Ella misma se ha maquillado. Sabe de luz, fotografía y maquillaje como el que más. Está en el estudio desde las doce de la mañana. Ya son las diez y media de la noche. El coche espera en el patio.
-Hasta mañana a todos –dice cuando abandona el ‘plató’.
Uno cree reconocer ya un poquito más a esta mujer sorprendente. Porque a mujeres como Sara Montiel nunca se las llega a conocer del todo.

H. S. M.
(Fotos Urech.)


LA FOTO CLVII


Otra imagen de Soledad, Sara Montiel, en 'Esa mujer'.