martes, 28 de septiembre de 2010

SEMANA - 26 de Enero de 1971 - España



NUESTRA FAMOSA ESTRELLA, ACOSADA POR DOS HOMBRES: DOS “IRRESISTIBLES” DEL CINE EUROPEO SE DISPUTAN EL AMOR DE SARA MONTIEL: 
Vicente Parra y el rumano Chris Avram

Sara Montiel es una rendida admiradora de Vicente Parra. Además son vecinos, pues viven en la mia casa. Me encanta que Vicente quiera casarse conmigo, en la película naturalmente...

 Chris Avram es el más caracterizado rompecorazones de Rumanía, y rival de Vicente Parra en la disputa del amor de Sara Montiel. Chris guarda un extraordinario parecido con Fernando Lamas.

 Sara revela que sigue tan ingenua como siempre. Por eso, gusta de dialogar con su muñeca favorita.


 Sara Montiel, rubia y traviesa.



 El reposo de la estrella, envuelta en aparatosas plumas.

 Sara Montiel y Vicente Parra, la pareja de fuego del cine español.

 Un primer plano de Sara, lleno de hondura dramática.

 Sara, actriz sumisa, pese a su fama de no serlo, atiende las indicaciones de su director, Juan Antonio Bardem.

POR FIN JUNTOS, SARA MONTIEL Y VICENTE PARRA la pareja romántica del cine español

Llegó a Madrid en los difíciles años de nuestra posguerra. Era una manchega muy joven y exuberante, hija de humildes labradores. Su último empleo lo había tenido en Orihuela: dos pesetas diarias por envolver naranjas. Pero era una manchega soñadora, llena de ilusiones, como su paisano Don Quijote. Antonia Alejandra Vicenta Isidora Elpidia Abad Fernández llegó, pues, a la capital con mucho, con poco, o sin nada, según se mire: sólo con sus anhelos de triunfar en el séptimo arte o en la canción.
            (¿Por qué ahora, veinticinco años después, recuerdas aquellos años duros e ilusionados, Antonia Abad? ¿Por qué precisamente ahora, cuando envuelta en plumas blancas y en un decorado de ensueño, interpretas un espectacular número musical? ¿Por qué, Sara Montiel?)
            Ha tomado asiento en un rincón del plató. Le sirven carne y ensalada. A eso le llamo yo comer sobre la marcha. Y Sara, entre bocado y bocado, habla así:
            -Desde que, hace unas semanas, empecé a rodar “Varietés”, no paro de echar la vista atrás. Me reconforta pensar en el mucho camino que he recorrido hasta llegar donde hoy me encuentro. Porque ese camino lo he recorrido sola, sin ayudas, gracias a mi propio esfuerzo. Da gusto no deberle nada a nadie. Da gusto ver cómo al cabo del tiempo una tiene muchos más amigos que enemigos.
            Está contenta Sara Montiel. Habladora y sonriente. En la cúspide de su atractivo físico. Con quince kilos menos… Quizá por eso se deleita echando la vista atrás. Quizá porque piensa en los que, tiempo atrás, se apresuraron a cavar su fosa. Sara vuelve a estar segura de sí misma, de su innegable e indudable atractivo…
            -Aunque sigue sin gustarme mi nariz –dice con gracia, y todos se ríen.
            Es una opinión… Amadeo Nazzari, sin embargo, comentó, hace años: “La nariz de la Montiel me gusta más que la boca de muchas actrices guapísimas que todos conocemos.”
            -Sobre gustos…Burt Lancaster, cuando hicimos “Veracruz”, me dijo que mis orejas eran preciosas…Gary Cooper prefería mis pestañas… Pedro Infante, sin embargo, se pasaba el día cantándome eso de “¡Qué bonitos ojos tienes, debajo de esas dos cejas!”… Yo estaba echa un lío.
            -Sus galanes, Sara, ¿la amaron sólo en la pantalla, o, tal vez, algunos continuaron amándola más allá de la ficción? ¿Dónde termina el amor de mentira y empieza el de verdad? ¿Pueden confundirse a veces?
            Y Sara que disponía de algunos minutos de descanso, contestó a mis preguntas. Si, estaba en su día más propicio para recordar, quizá para añorar… Me habló del amor (del verdadero y el otro) al hablarme de sus galanes. De los ¿hombres?, ¿actores?, que han amado a la más internacional de nuestras estrellas. 



NUESTRA FAMOSA ESTRELLA REALIZA UN DIVERTIDO ANALISIS DE LOS GALANES QUE LA AMARON EN LA PANTALLA


FERNANDO FERNAN GOMEZ, EL “GUAPO” DE LAS FACCIONES INCORRECTAS
Entre 1944 y 1947, Sara Montiel intervino en once películas. La primera de todas fue “Te quiero para mí”, dirigida por Ladislao Vadja. Nuestra estrella no se llamaba todavía Sara Montiel, sino María Alejandra. Encarnaba a una colegiala. Antonio Casal estaba de moda.
-Yo estaba asustada. Venía de envolver naranjas… Antonio gustaba a las mujeres por su aspecto tristón. A mí, ni me gustó ni me disgustó. Estaba tan asustada por mi debut que no me daba cuenta de nada.
            Empezó a darse cuenta de las cosas –la capacidad de recuperación de esta mujer es asombrosa- cuando hizo su segunda película, “Empezó en boda”, ya como Sara Montiel. El galán fue Fernando Fernán Gómez.
-Ahora el debutante era Fernando, y, claro, estaba más asustado que yo. Pero este hombre siempre resulta atractivo, con miedo o sin él. Gratas consecuencias de la personalidad, y Fernando anda sobrado de ella. Me gustan los hombres con personalidad.
            -Entonces, Fernando Fernán Gómez le gustó…-afirmo.
-Desde luego. Y eso que es feo como él solo… ¡Esa narizota! Pero, hijo, sus facciones incorrectas le convierten en guapo. ¿Idilio? ¡No, por Dios! Ni él ni yo teníamos tiempo que perder. Bastante teníamos ya con cuidar de nuestras respectivas carreras, recién estrenadas.
            Después, otros tres galanes de moda, tres “rompecorazones” de aquellos años 40: José María Seoane (¡tan romántico!), Julio Peña (¡tan guapo!), Rafael Rivelles (¡tan atrevido!)…

JORGE MISTRAL, EL QUE LAS DESMAYABA


Mil novecientos cuarenta y ocho: año de la consagración de Sara Montiel. Ella fue la bellísima y fascinante mora Aldara, de “Locura de amor”. Y en “Locura de amor”, nada menos que Jorge Mistral, el actor que durante varios años simbolizó la galanura española. Jorge, naturalmente, amó a Sara: mejor dicho, a Aldara…
            -¿Sólo a Aldara, Sara?
            -Bueno, la verdad es que Jorge amaba con tanta pasión, y tan convincentemente que una no sabía a quién dedicaba verdaderamente sus palabras de amor, si a la actriz o a la mujer. Además… ¡tenía una voz preciosa!
            -¿Se explica que hubiera mujeres que se desmayaban al paso de Mistral?
            -¡Toma, claro! Yo también estuve a punto de desmayarme la primera vez que me miró a los ojos y me dijo unas cuantas palabras bonitas… ¡Qué hombre! Parecía un personaje de García Lorca; tan agitanado… Volví a trabajar con él un año después, en “Pequeñeces”. Un día, durante un descanso, me declaró su amor, pero yo pensé que tenía ganas de broma y la cosa no pasó de ahí.
            -Tendría algún defecto el “bello” Jorge…
            -Hombre, pues sí. Te robaba cámara… O sea, que procuraba ser siempre el protagonista de la escena. Esto es fastidioso, pero Jorge lo hacía con salero, con garbo. Trabajé de nuevo con él, diez años más tarde, en “Carmen la de Ronda”. Los años habían aumentado su atractivo, y yo tenía más experiencia. Quiero decir con esto que de ninguna manera podía pasar algo…, si yo no quería. Y no quise.
            Además, ya había entrado en escena el “bellísimo” Maurice Ronet (como después veremos).



 PEDRO INFANTE, ¡TAN VANIDOSO!

Cuatro años en Méjico, de 1950 a 1954. Muchas películas. Muchos galanes. Muchas “historias”. Sara Montiel ya era la estrella más famosa del cine hispanoparlante. La amaron, cinematográficamente, Pedro Infante, Arturo de Córdova, Abel Salazar, Manuel Fábregas, Roberto Cañedo… Los más caracterizados “donjuanes” mejicanos.
            -Con Infante hice dos películas. Me pareció un hombre terriblemente vanidoso: el más guapo, el más fuerte, el más listo… No me van los hombres vanidosos. Y físicamente no era mi tipo; le encontré relamido. Me dijo no sé cuántas veces que me amaba, pero yo… ¡como quien ve llover!
            -Arturo de Córdova también era guapísimo… ¡Y con bigote, Sara!
            -Sí, era muy guapo y se llevaba a las mujeres de calle. Pero a una servidora, no. Me gusta ser la conquistadora, no la conquistada. Cuestión de principios. Su voz era maravillosa, lo reconozco, y humanamente era un gran tipo. Su bigote, sin embargo, no me hacía “tilín”, aunque muchas mujeres le pedían pelitos de recuerdo.
            Años después, Sara se casaría con un hombre con bigote. Cosas de la vida.
pués veremos).



GARY, SI; BURT, NO
Fue muy interesante, para nuestra estrella, la etapa de Hollywood, entre 1954 y 1956. La fama de la Montiel ya era mundial. Su fotogenia en comparada a la de Marlene Dietrich, Ava Gadner, Liz Taylor… Por eso, actuó con Gary Cooper y Burt Lancaster en “Veracruz”, con Mario Lanza en “Serenade”, y con Rod Steiger en “Yuma”.
      -Gary era un hombre maravilloso. Su atractivo físico era muy grande, a pesar de su aspecto desgalichado, de que ya era mayor y, sobre todo, de que ya estaba enfermo. Era un hombre que se hacía querer.
            -¿Dónde residía la clave de su magnetismo?
            -En sus ojos azules eléctricos, llenos de bondad y de fuerza.
            -¿Le hubiera gustado enamorarse de él?
            -Si hubiera sido más joven, estoy segura de haberme enamorado de él.
            Burt Lancaster, sin embargo, no impresionó a Sara.
        -Era muy frío… Te decía “te quiero” y te quedabas como quien escucha al hombre del tiempo. Además, me pareció un tipo falso, poco compañero.
            De Rod Steiger y Mario Lanza guarda un recuerdo gris. Formidable actor, el primero, estupendo cantante, el segundo. Pero sin ningún atractivo físico, Rod (“aunque tenía una boca muy bonita, sobre todo cuando se ponía sádico”); y sólo pendiente del “bel canto”, el esgundo. Además, Sara había encontrado el amor al otro lado de la cámara: el director Anthony Mann iba a convertirse en su primer marido (se casaron en 1957, por el rito judaico, y el matrimonio civil se celebró en Los Ángeles, ante el cónsul español). 


 DE RAF VALLONE A GIANCARLO DEL DUCA
Galanes italianos en la vida de Sara Montiel: Raf Vallone (“La violetera”, 1958), Amadeo Nazzari (“Carmen la de Ronda”, 1958), Antonio Cifariello (“La bella Lola”, 1962), Luigi Giuliani (“La Reina del Chantercler”, 1963), Giancarlo del Duca (“La dama de Beirut” y “La mujer perdida”, 1965 y 1966).
       -Los italianos no son tan amadores como dicen. Raf Vallone tenía unos ojos preciosos, que te atravesaban al mirarte, y una voz grave impresionante; pero resultaba frío. Y hablo con conocimiento de causa porque en “La violetera” interpretamos bastantes escenas de amor. Cuando ruedo escenas de amor, me gusta creerme lo que me dicen. Pero con Raf, no era posible. También pudo influir que no era mi tipo.
            -¿Tampoco lo era Luigi Giuliani?
            -¡Tan jovencito! ¡Tan mono!... Se asustaba cuando tenía que declararme su amor y besarme…
            -Y de Giancarlo del Duca, ¿qué me cuenta? La “vox populi” les colgó un idilio…
         -Confieso que Giancarlo me iba. Era muy guapo y muy hombre. Lo malo es que cuando se ponía romántico terminaba empalagoso. Y a mí, los empalagosos… ¡nada!
          Sara tiene un recuerdo emocionado para Antonio Cifariello. Hicieron buena amistad; y él perdió la vida, poco después, en accidente de avión. 
                                 

MAURICE RONET, PUNTO Y APARTE
Tengo la impresión de que los ojos de Sara adquieren un brillo especial cuando me habla de Maurice Ronet. Maurice… ¡oh Maurice! Fue el galán de Sara en tres películas: “Carmen la de Ronda”, “Noches de Casablanca” y “Mi último tango”. También se rumoreó que Sara y Maurice -¡oh, Maurice!- se habían enamorado de verdad. Desde luego, sus escenas amorosas en la pantalla estaban interpretadas con un verismo muy significativo.
          -Maurice era un hombre irresistible. Bueno, lo sigue siendo, porque ahora tendrá poco más de cuarenta años. Tenía unos ojos verdes que parecían irreales. Yo vi cómo algunas mujeres le pedían con voz trémula un botón, un cabello… ¡Qué hombre!
            -Sinceramente, ¿estuvo usted enamorada de él?
            -El estuvo enamorado de mí, que no es lo mismo. No sé por qué, pero me dio por hacerle sufrir, como Mari Pepa a Felipe. Es que me supuse que era un conquistador más o menos profesional, ¿comprende? El pobrecito perdió kilos por mi culpa. Ahora, cuando nos vemos, recordamos todo aquello y nos reímos… ¡Qué guapo sigue el condenado!
            ¡Oh Maurice!

 Y, AL FIN, VICENTE
Tras Patrick Bauchau (“Tuset Street”) e Ivan Rssimov (“Esa Mujer”), un viejo anhelo de Sara se convierte en realidad: trabajar con Vicente Parra.
            -¡Vicente es mi consentido! –exclama, con entusiasmo-. Es como mi hermano. Además… ¡cómo está este año Vicentico!
            Pudieron haber trabajado juntos en “La guerrillera de Villa”, pero Sara dio la “espantá” y ocupó su puesto Carmen Sevilla. Ahora, Juan Antonio Bardem les ha unido. Sara es Ana, y Vicente es Miguel. En “Varietés” viven un gran amor. Se nota que Sara está a gusto con Vicente Parra… y viceversa.
            -Vicente es idealista, romántico, educadísimo. Su mirada de niño triste tiene imán.
            Hay un segundo galán en esta película: el rumano Chris Avram. Chris es lo que pudiéramos llamar un “guapo-guapo-guapo”, en la línea de Fernando Lamas y Paul Newman. En la película, es Chris el conquistador de amor de Sara, pero sospecho que en la vida real no hubiera ocurrido así. Sara prefiere los hombres menos aparatosos; guapos, sí, pero no avasalladoramente. Y, sobre todo, los prefiere, si detrás de la belleza física hay algo más…
            -En general, estoy satisfecha de mis galanes. ¡Sí, sí, hasta de los empalagosos y relamidos! Porque en ellos están reunidos veinticinco años de mi vida. Lo único que siento es que no pude trabajar con Spencer Tracy. El pobrecito se murió.
            Sara, en forma, rutilante y bellísima. ¿Qué otros galanes pasarán por su vida… cinematográfica? Dentro de algunos años podremos escribir otro reportaje como el que ahora termina. 

Hebreo SAN MARTIN
Fotos: Julio Wizuete (color)



EL RECORTE III
La misma revista, el 16 de Octubre de 1971, recogía lo que fue el estreno apoteósico de "Varietés", haciéndose eco, casi exclusivamente, de todo lo concerniente a nuestra estrella. 


EL ESTRENO DE SU ULTIMA PELICULA, “VARIETÉS”, HA SIDO UN GRAN ÉXITO La voz y la figura de SARA MONTIEL, impresionantes

SARA MONTIEL EN EL ESTRENO DE “VARIETÉS”, SU ULTIMA PELICULA


A su llegada al local donde iba a proyectarse la película, Sara Montiel protagonizó este tumulto. Admiradores suyos que, en avalancha, casi le impidieron penetrar en la sala, cosa que hizo con dificultades. 


Noche de estreno cinematográfico en Madrid. Es uno de los primeros que se suceden en la presente temporada. A la entrada del cine, focos, gentío que, a empellones, busca un lugar preferente para poder ver, en carne y hueso, a la protagonista de “Varietés”: Sara Montiel.
 Muchos admiradores de nuestra manchega internacional no tuvieron más remedio que quedarse en la puerta del cine porque las taquillas estaban cerradas. Todo vendido. Ni una entrada, ni siquiera por recomendación. Valga como dato anecdótico que el propio productor del film, Eduardo Manzanos, se “coló” prácticamente en el local. El tampoco tenía localidad. Las que poseía la víspera del estreno, las regaló a sus ineludibles compromisos.
Empieza el tumulto al acercarse un Cadillac negro. Se presume que, dentro, llega Sara Montiel. Cierto. Nuestra superfamosa estrella desciende del automóvil envuelta en un traje negro muy brillante, exhibiendo la mejor de sus sonrisas, su inmarchitable belleza y una espectacular peluca en tonos rojizos. Le acompaña Vicente Parra, uno de sus dos galanes en la cinta, vistiendo traje oscuro. Vicente siempre manifestó, antes de que fuera un actor consagrado de nuestro cine y teatro, su admiración por la Montiel. Y es más: los dos viven en el mismo edificio, sito en la madrileña Plaza de España. A duras penas, ambos pueden penetrar en el elocal, ante una expectación mucho mayor que cuando Sara estrenó “El último cuplé”. Saluda, brazo en alto, desde una barandilla del cine a sus admiradores. Ocupa junto a Vicente la primera fila de entresuelo, a modo de palco. Los “flashes” fotográficos centellean sin detenerse un instante. Así, media hora de acoso, de petición de autógrafos, de saludos y de ovaciones delirantes, sólo permitida a los grandes divos, a las rutilantes estrellas de la pantalla. Porque Sara Montiel sigue siendo una de las pocas grandes estrellas españolas cuya presencia despierta una admiración sin límites. 


El “hall” del cine esta repleto con caras más o menos famosas. Llega Juan Antonio Bardem, en compañía de su esposa. El director de “Calle Mayor” está contento. Dirigiendo a Sara, dice que ha experimentado una de sus mayores satisfacciones como realizador cinematográfico. Esta vez no hubo roces ni problemas entre la estrella y el director. Manuel J. Goyanes charla con unos amigos. Comenta que va a retirarse pronto como productor, sucediéndole su hijo Carlos, esposo de Marisol. Está Trini Alonso, Emilio Laguna y otros conocidos actores que han intervenido en “Varietés”. Cruzo un saludo con Pepe Rubio, quien recibe parabienes tras sus últimas apariciones en la televisada “Antología lírica” de los sábados. Pepe tiene ganas de formar compañía propia; espera que se estrene su última película “En un mundo nuevo”, con Karina, y… confía en dejar el celibato alguna vez. De momento, lo hemos visto muy bien acompañado. Charlaba con Gela Geiser, que es una actriz germana afincada en nuestro país. Suena el timbre; va a empezar la proyección.
            “Varietés” es, en líneas generales, la vida entre bastidores de una segunda “vedette” de revista: sus ilusiones por encabezar el reparto, sus amarguras, su historia sentimental con un pianista al que ama, pero que no sabe renunciar a su posición social para casarse con ella, con María Marqués, la heroína del film, que vive luego una aventura con el director del teatro en que actúa. 


Es una película para Sara Montiel, quien llena la pantalla casi todo el tiempo del film, bien fotografiado por el francés Christian Matras, con una correcta realización de Bardem, cuyos ramalazos geniales, su impronta impersonal, se notan en muchas secuencias. “Varietés” nos recuerda a “Cómicos”, aquel gran triunfo del mismo director. Vicente Parra y el galán rumano Chris Avron intervienen discretamente, como meros peones de una leve historia. “Varietés” tiene un argumento breve. En cambio, se admira la belleza, la fotogenia de Sara Montiel y su peculiar estilo cantando canciones conocidas, como “Toda una vida”, “Te lo juro yo”, “Celos” y la más destacada interpretación suya en “La bien pagá”.
Al terminar la proyección, Sara Montiel escuchó los aplausos que le dedicaban los asistentes y se fue a festejar su éxito.


“SOY OTRA SARA MONTIEL”

Al día siguiente del estreno, enhebramos este diálogo con Sara Montiel.
-¿Qué te pareció el estreno, Sara?
-Muy bien. Pero yo estaba muy nerviosa. Casi no me di cuenta de nada de lo que sucedía. No seguí las incidencias de la proyección.
-¿Más nerviosa que cuando se estrenó “El último cuplé”?
-Mucho más. “El último cuplé” tuvo un estreno que pasó prácticamente inadvertido. Nadie esperaba que durara en el cine Rialto más de cuatro semanas. El público respondió más adelante. De mis estrenos tumultuosos, recuerdo el de “La violetera”, pero no se parece en nada a éste de “Varietés”.
-¿Prefieres la Sara de este último film?
-“Varietés” está dentro de este año que vivimos. Es de corte moderno, y yo estoy muy cambiada, soy otra Sara Montiel, una actriz que no está quieta ante las cámaras, que no se muestra envarada. Y las canciones que interpreto son de ayer y de hoy: melódicas y rítmicas, dramáticas y románticas. Hay de todo.


-De ti se destaca siempre la fotogenia, Sara.
-Pues yo no percibo la cámara. Estoy pendiente de lo mío, de la interpretación, aunque tenga los focos cerca.
-Hablemos de Bardem, el director.
-Creo que el éxito de esta película se debe a él. Ha hecho un trabajo maravilloso.
-¿Presupuesto del film?
-No lo sé. Pregúntaselo al director.
-¿Proyectos?
-Hacer dos películas en coproducción con Inglaterra. Tal vez decida protagonizar una película sobre la época posterior a Hernán Cortés, en el segundo virreinato mejicano, dirigida por Gavaldón. El presidente Echevarría tiene gran interés en que yo sea la protagonista de esta película.
Sara Montiel tiene el tiempo justo para marcharse a Barcelona, a asistir al estreno de “Varietés”. Otro éxito más en su carrera cinematográfica.

 Manuel ROMAN
Fotos: Julio Martínez



LA FOTO III




Impresionante el rostro de la Montiel. Aquí, inmortalizado por el objetivo del genial Ibañez. 

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