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viernes, 20 de marzo de 2020

PAQUITA de Lunes - 9 de Agosto de 1.954 - México


La diva aparece sólo en la portada. 


EL RECORTE CCCXL
Sara Montiel recordaba, para la revista Fotogramas, 2 de noviembre de 1973, algunos de sus recuerdos mexicanos. Destaca su encuentro con grandes intelectuales españoles en el exilio. Muy interesante testimonio. 

“Recuerdos de mi vida en México”
escribe
SARA MONTIEL
“Mi deuda con Pablo Neruda”
SARA MONTIEL, LA SARA NACIONAL, BUCEA EN EL POZO DE LOS RECUERDOS Y DESCUBRE ALGUNOS RETAZOS DE SU PASADO. UN PASADO LEJANO, CIERTAMENTE UN PASADO DE JOVENCITA QUE QUERÍA ABRIRSE CAMINO Y SABÍA ESTARSE CALLADITA EN LAS TERTULIAS INTELECTUALES. CONTACTO CON ALGUNOS DE LOS HOMBRES DE ENJUNDIA DE LA LITERATURA DE ESTE SIGLO: PABLO NERUDA, LEÓN FELIPE, NICOLÁS GUILLÉN, RAFAEL ALBERTI… HOMBRES QUE, CON SU PROBADA SENSIBILIDAD DE POETAS, APRECIARON LAS PRIMICIAS DE LA SARA CUPLETISTA. PARA ELLOS CANTÓ LA MONTIEL: ¡SU PRIMER CUPLÉ!

El poeta dejó a la cupletista estas palabras autógrafas, que publicamos pese al pudor de Sara y a su conocida discreción. Dicen: "Sarita", siempre te he querido mucho y ahora te dejo aquí mi corazón". Firmado, León Felipe. 

Es la primera vez que llevo al papel escrito mis impresiones personales, un recuerdo. Y no me puedo sustraer a la tentación de hacerlo, aún a sabiendas de que quizá sea publicado, difundido. Es un atrevimiento, lo sé, pero el recuerdo, la huella que dejó esta persona en mí creo que incluso me obliga, por lo menos, a no guardar silencio, a expresar lo que siento. Estoy convencida que la vida muchas veces viene marcada por las otras personas que a través de ella hemos conocido.
Hace veintiún años. Yo era una joven con ganas de abrirme camino y triunfar en este difícil mundo del cine. Y me fui en busca de “mis Américas” sin más bagaje que una pequeña maleta, la compañía de mi madre (la única entonces que tenía fe en mí), la promesa de un contrato en México y todo un mundo por delante y al que tenía que darme a conocer.
Y tuve la inmensa suerte  poco tiempo después de haber pisado tierra mexicana de poder introducirme en el mundo de aquellos hombres, en sus tertulias intelectuales, en su ambiente.
Fue en casa de don Alfonso Reyes. Él y su esposa, doña Manuela, fueron para mí mis segundos padres. A ellos les debo mis primeros conocimientos culturales, la base que me permitiría en lo sucesivo comprender en parte lo que en silencio, sin atreverme a abrir la boca escuchaba de los labios de las personas que se daban cita en casa de don Alfonso. Allí, un buen día, la secretaria particular de Gabriela Mistral me presentó a Pablo Neruda. Fue en el transcurso de una cena en la que se habían dado cita amigos asiduos de la casa, como León Felipe y Nicolás Guillén. Imagínenme a mí, pobre muchachita de poco más de veinte años, entre aquellos seres privilegiados cuya inteligencia se hallaba tan por encima de mis conocimientos.


Una jovencísima Sarita Montiel con un anciano León Felipe. 

Don Alfonso Reyes y León Felipe siempre me decían que si me estaba calladita me dejarían estar presente en sus tertulias. Me llamaban la “bella españolita” y lo más que me permitían era a cantarles alguna que otra canción o cuplé que les recordaba su tan querida España. Yo en aquellos años aún estaba lejos de pensar que mis grandes ilusiones de llegar a ser alguien en el mundo de la canción llegarían a cuajar algún día. Entonces me limitaba a trabajar como actriz en los papeles que me iban dando en las películas mexicanas. Si no recuerdo mal fueron once películas, todas ellas dramáticas, encarnando papeles de mujer mala o desgraciada en la vida. Folletines, melodramas, a los que sin embargo les debo agradecer mi subsistencia en México, la posibilidad de relacionarme con estos intelectuales, aprender el oficio del cine, curtirme en lo que respecta al trabajo en los platós y ser el trampolín que me permitiría dar el salto a Hollywood, la gran meta soñada.
Y fueron precisamente estos hombres, Neruda, Reyes, Felipe… quienes al cantarles en “petit comité” mis canciones, los viejos cuplés, me daban ánimos y me alentaban a seguir probando suerte, a que no desmayara en mi ilusión asegurándome que llegaría a ser alguien y que implantaría un nuevo estilo de decir el cuplé. Les encantaba mi forma de decirlo, de expresarlo, y ellos mismos a veces se convertían en mis maestros, dándome indicaciones sobre la dicción, sobre la forma de decir la frase y pronunciar el verso, apoyando el sentido en determinadas palabras… A veces, en ocasiones, León Felipe me hacía leer alguno de sus poemas que arrebataban grandes aplausos de parte de Neruda y Alfonso Reyes. Creo que aquella fue una época clave para mi vida, para mi formación humana. A ellos se lo debo. Aquellos años de escuchar sus conversaciones me dieron la base. Espero no haberles defraudado porque ellos me demostraron tener fe en mí, en su “bella españolita” que irrumpió en su mundo trayéndoles recuerdos de su querida e inolvidable España.
Ahora, bajo el prisma de la distancia, tras los años, creo que Pablo Neruda se hallaba  por entonces en un término medio, entre el mundo y la ideología serena de un León Felipe y Alfonso Reyes, y el arrebato ideológico de un Alberti o de un Nicolás Guillén. Con Alberti inicié una gran amistad en Argentina, junto con Alejandro Casona.


Pablo Neruda era un hombre muy humano, profundamente sentimental, con un gran amor hacia el prójimo, hacia la gente humilde, hacia los parias de la sociedad. Todo él muy lírico, con la gran ilusión puesta en una humanidad mejor y más justa, sobre todo para las sociedades de América y en especial para el pueblo chileno. Recuerdo cuantas veces me preguntó Pablo sobre mis orígenes familiares, mis tierras manchegas, el trabajo de mis padres en el campo. Conocía cuán humilde era mi familia, mi aventura personal al cruzar el charco para probar suerte en América, mi deseo de regresar a España habiendo alcanzado ya alguna meta, mi profunda vocación y gran fuerza de voluntad, mi ilusión en cantar y, sobre todo, mi cabezonería en querer ser profeta en mi propia tierra. Esto yo lo llevaba siempre entre ceja y ceja. Y la prueba más evidente está en que a pesar de México, de Hollywood, de haber entrado por la puerta grande en la “meca del cine”, de mi matrimonio con Anthony Mann, no dudé ni un solo momento en decir que SÍ cuando Orduña me llamó para hacer “El último cuplé”. Presentí que aquello podía ser lo que tanto había esperado, más importante incluso que rodar en Hollywood junto a los grandes del Séptimo Arte. Yo tenía que ser yo por mí misma, como me habían alentado a lograrlo Pablo Neruda, León Felipe y Alfonso Reyes. Y en España, desde España con proyección hacia el mundo, hablando y sobre todo cantando, interpretando, en castellano, en el mismo idioma que ellos utilizaban para sus obras, para sus poemas. Sí, aprendí el inglés a la perfección, no tenía más remedio si quería trabajar en EE.UU. pero fueron aquellos hombres españoles o americanos de la América-hispana quienes intuyeron en mí un estilo distinto de cantar en castellano y fueron ellos los primeros que aplaudieron mi forma personal de decir el cuplé, sin chillar, expresándolo, dando sentido a la palabra, transmitiendo al público más que la potencia de una voz lo que los autores habían pretendido expresar.
Y este recuerdo, como comprenderéis, jamás lo podré olvidar. Se ha utilizado mucho la palabra trascendental, muchas veces de forma gratuita, pero yo debo decir con orgullo que mi relación con estos hombres, desde Neruda a León Felipe fue trascendental para mí.


LA FOTO CCCXL


La artista en uno de sus films mexicanos. 


domingo, 3 de noviembre de 2019

PUEBLO - 5 de Septiembre de 1.973 - España


La diva aparece solo en la portada. Esto es lo que se dice de ella:

DIEZ MIL PERSONAS CONTEMPLARON A
SARA
Una vez más, Sara Montiel pudo ayer comprobar que su público sigue siéndole adicto con el mismo ardor y la misma fe de siempre. Nada más y nada menos que diez mil personas se congregaron en el teatro del Parque de Atracciones para presenciar y aplaudir su presentación. El aforo del teatro resultó pequeño, y el público, de todas clases, se cansó de aplaudir a Sara, que estrenó varias canciones y repitió, ante la insistencia de sus “fans”, muchas de las que la hicieron famosa.

(Foto OTERO.)


EL RECORTE CCCXXV
Otro show del mismo corte es el que protagonizó ese mismo año de 1.973 en Cádiz. Así lo recogía la revista Diez Minutos. 

EL “SHOW” DE
SARA MONTIEL
EN CÁDIZ

Sara, invitando a un espectador a que transforme su vestuario de escena. 


Ya está Sara dispuesta a seguir cantando.


Empieza la actuación. 

Cádiz se vistió de gala la otra tarde para recibir a Sara Montiel. Ella era la protagonista en la “Noche de los Periodistas”. Para asistir a la velada había que pagar trescientas pesetas, y se agotaron las localidades a los pocos minutos de ponerlas a la venta. Sara sigue acaparando la atención allí donde se encuentre.
Y como la gala era de los periodistas y Sara se lleva muy bien últimamente con la profesión, no tuvo inconveniente en imponer la Rosa de Oro al director del “Diario de Cádiz”, que la Asociación le había concedido.
La actuación de Sara estuvo resaltada por su personal belleza, que lució sobre manera después de invitar a un espectador a participar en su “deshabillé”. Luego cantó sobre las rodillas de otro espectador, ante el regocijo general. También repartió claveles, y, naturalmente, al final hubo flores para ella de todo tipo, unas naturales y otras en forma de bonitos madrigales en los labios graciosos de los gaditanos.


Cantando sobre las rodillas de un espectador. 


Recibiendo el homenaje del público. 


La presencia de Sara levantó enordecedoras ovaciones. 


RADIAL


LA FOTO CCCXXV


Otra actuación de Sara en los '70.

sábado, 23 de febrero de 2019

PRONTO - 1 de Diciembre de 1.973 - España


RESULTADO DE LA SUPER-ENCUESTA
Ya tenemos los resultados de las encuesta “Especial Folklóricas”, que hará unos cuatro meses apareció en nuestra revista. Muchas cartas recibidas, muchas respuestas controladas, y por fin los resultados. Doce de nuestras folklóricas (¿falta alguna?) fueron sentadas al banquillo de la opinión popular, y esto es lo que la gente, su público piensa de ellas:


SARA MONTIEL
La más guapa. ¿Cómo no? Nuestra Sara nacional ha sido la que más votos ha recibido. Claro que no todo son rosas y también sus admiradores la encuentran la más “trucadita” y la más mayorcita, empatada con Lola Flores. Y es que por mucho trucaje que haya la gente no se chupa el dedo…


EL RECORTE CCCXVII
En los '70 la vida transcurría. Sara finalizaba su carrera cinematográfica pero ya se había convertido en un mito para siempre. Lo demuestra este artículo de la revista Diez Minutos con fecha 26 de Enero de 1.974. 

la otra cara de…
SARA MONTIEL
CICLISTA EN LA CIUDAD

Sara inicia su recorrido en la plaza de España, donde reside, y se dispone a salvar en "bici" la distancia que hay entre su casa y los estudios cinematográficos, donde actualmente rueda "Cinco almohadas para una noche". 

“De amor y lujo”. Así sintetiza un amigo mío la generalidad de las películas de Sara Montiel, y con ese apelativo –además de otros varios aspectos- también podría definirse en cierto modo la imagen pública que tiene la famosa manchega. Y es natural, pues Sara, pecadora de amor en sus films, cree y se redime en los argumentos que protagoniza con un “atrezzo” a su alrededor que incluye, además de los decorados, trajes suntuosos y joyas resplandecientes, estas últimas lucidas en una cantidad tal de anatomía, que incluye el cabello, la frente, las orejas, el generosísimo escote, los brazos, las manos y hasta los dedos de los pies. ¡Ah!, y la mayoría de las veces procedentes de su “arqueta” particular.
En esos casos, Sara llega en el baremo de las “divas” a todos los “ismos”, convirtiéndose para sus “fans” del pueblo llano en la Sara, la Saritísima para los “progres” y “snobs” y en “Miss” Montiel para la “droite divine” del club Oliver. ¡Ahí es nada!... La realidad, sin embargo, es que ella es más Antonia Abad que cualquier otra cosa, como lo define una frase que la escuché decir un día en casa de Vicente Parra cuando nos disponíamos a salir en grupo a cenar; Sara, que aún no había terminado de arreglarse, dijo en aquella ocasión: “Esperadme un momentín más, que en seguida termino de ‘disfrazarme’ de Sara Montiel”… Y es que si Sara es mucha Sara Montiel, más Antonia aún es la María Antonia Abad.


En Callao, Sara otea el horizonte para decidir por dónde llegará antes. 


Ya decidida a tomar un determinado rumbo, la Montiel se integra a la circulación rodada. 


Y también, ahí lo tienen, la compra en el tenderete de la típica castañera. 


Ya en Cibeles, Sara pide ayuda para que alguien la ayude a inflar la rueda, tras pinchar en su recorrido. 

La imagen de Sara podríamos decir que sufre una cierta deformación profesional, causada por la enorme cantidad de popularidad que su persona ha sabido provocar en la masa, lo que ha motivado que su figura haya sido estereotipada hasta la sublimación y su persona-personaje consiguiera convertirse en un mito viviente. ¿Por qué? Porque ella sabe dar lo que el público desea recibir, porque ha sabido crear un tipo de hembra que gusta a las mujeres y enardece a los hombres, porque sabe dosificar sabiamente en su personalidad la cantidad justa para que la consideren “humana” y la denominen “divina”, y porque, en suma, ha sabido marcar en España un prototipo de “star” que aunque ande en zapatillas, nunca serán zapatillas de las de andar por casa. Y es que Sara, como la España que la conoce “is different”.


El poco peso de la bicicleta y la facilidad de movimientos permiten atajar por una paso de peatones, aunque la expectación que despierta su figura crea ciertas aglomeraciones, como puede verse al fondo. 


Y ahí tienen al gentil taxista ayudando a la bella. 


La fama tiene sus servilismos, y Sara firma autógrafos a estos marineros que se acercaron a pedirla ese recuerdo. 

Por eso, porque es diferente, “la otra cara de Sara Montiel” –que en este caso es la auténtica- nos la muestra, como pueden ver en las fotos, yéndose desde su casa a los estudios donde rueda en bicicleta. ¿Por esnobismo? No, ¡qué va!: porque ella, en la realidad, es una mujer actual que vive el tiempo presente, porque Sara está al día tanto de los cambios de precio en el mercado como de los cambios de personalidades en la política; porque sabe los últimos rumores del ambiente artístico y las primeras noticias de los adelantos científicos, porque conoce con idéntica maestría el tipo de focos que han de iluminarla para el cine, que los ingredientes justos que ha de llevar una comida de las de chuparse los dedos, y porque, en definitiva, ha sabido asimilar y digerir eso tan complicado que llaman “la lucha de la vida”. Por todo ello, la Montiel se ha puesto un minivestido, una botas y unas pieles, yéndose a trabajar en bicicleta por aquello de la subida de la gasolina, demostrando su rabiosa actualidad, y de paso para desmentir, muslo al aire, esas noticias infundadas que corrieron días atrás sobre su salud, y que, según ciertos “voceadores de rumores”, casi la ponían al borde de la tumba, cuando en realidad se llamaba gripe. Aunque, eso sí, Sara rueda una película de mucho destape (“Cinco almohadas para una noche”), no sabemos si el catarro se lo agarró al pecho, al muslo a la espalda.


En Colón, la Montiel cometió una infracción al girar en dirección prohibida, y un agente femenino se acercó para hacérselo notar. 


Y ya en los estudios, adonde tanto le ha costado llegar en bicicleta, en su papel de "star", la Montiel inicia una escena con tres de sus cinco galantes actuales: Ricardo Merino, Rafael Arcos y Manuel Tejada. 


Mientras el agente femenino la reprende (aunque no llegó a ponerla multa), Sara pone gesto de cristiana resignación. 


Al final, Sarita y las guardias urbanas terminaron haciéndose buenas amigas. 


Y para terminar, uno de sus espectaculares "play-backs", de esos que ella acostumbra a hacer con sensuales canciones. 

Y bien, tras el recorrido de la actriz por vías y plazas de la capital (castañeras, marinos, guardias femeninos y pinchazo de rueda incluidos), María Antonia Abad llegó a los estudios cinematográficos y, “disfrazándose” una vez más de Sara Montiel, se puso a rodar una de esas sensuales canciones suyas, de las que los “spanish-gays” les gustaría interpretar al menos una vez en su vida…

Texto: TRIALASOS
Fotos: CUENCA


LA FOTO CCCXVII


Otra de peinados...

domingo, 17 de febrero de 2019

GARBO - 29 de Marzo de 1.972 - España


SARA
POST – OPERACIÓN:
Parecía la escena de cualquiera de sus películas: la “estrella”, sonriendo y saludando desde una silla de ruedas, llegó hasta los periodistas que llenaban la sala de visitas de la clínica. Nadie diría que Sara estaba recién operada. Los “flashes” y las preguntas eran disparados sin tregua ni descanso. Sara nos ofrecía lo que posiblemente haya sido la noticia más humana de su vida. Por primera vez recibía a la prensa en zapatillas y camisón. ¡Y qué camisón!... Claro que la generosidad del escote -¿cabría llamar escote a los estrechos tirantes?- había sido elegido meticulosamente. Lo mismo pasaba con el tono de la prenda, rosa ciclamen. A pesar de la aparente improvisación todo estaba calculado, previsto, estudiado. Sara cuida personalmente de sus relaciones públicas y no deja ningún cabo suelto. Hasta en esto sabe dar lecciones.
AHORA PODRÉ LUCIR MI IMPORTANTE OMBLIGO

-He querido recibir a la prensa por cortesía… y para anticiparme a posibles comentarios malintencionados. Me han colgado ya muchos sambenitos. Siempre están inventando que me hago operaciones de cirugía estética. Y yo juro que no me he tocado ni la cara. La gente disfruta inventando. “Si sale guapa –dicen- es por el maquillaje, o porque le han dado ya bastantes estirones.” ¿Recuerdas cuando contaban que me quitaba muelas para acentuar los pómulos? Sí, ya sé que son tonterías. Pero alguien puede creerlas. Efectivamente, yo misma escogí el camisón con este pronunciado escote. Lo hice para demostrar que no me han tocado ni la cara ni el busto. Me han operado de una hernia. Así de sencillo.
UNA HERNIA DE TRES AÑOS
-¿Y por una simple hernia se desplazó a Barcelona y se puso en manos de uno de los mejores especialistas de cirugía estética…?
-Sólo por una hernia. No olvides que tengo un ombligo muy importante. Para que me quede bien redondo y muy visible, me he gastado un montón de duros. No era una simple operación de hernia; había que realizar esa operación y, encima, no dejarme cicatriz. Ninguno como Jaime Planas para hacerlo de forma inmejorable. ¿Por qué tardé tanto en operarme, si llevaba ya tres años con la hernia? Tenía miedo. Últimamente ya no podía aguantar los dolores. De vez en cuando me ponía un cinturón, pero resultaba incómodo y antiestético. En los últimos tiempos, ni siquiera podía agacharme a recoger una maleta. Tampoco podía hacer esfuerzos al cantar. Y como en agosto tengo una película con muchos bikinis y trajes de hawaiana, no podía demorarlo más.


EL ANTES Y EL DESPUÉS DE LA INTERVENCIÓN
En esta operación de Sara Montiel existe para nosotros un antes y un después. Acompañamos a la “estrella” hasta el mismo pie de la clínica, tras una tarde desasosegada de estancia barcelonesa, donde Sara Montiel sólo hizo bien una cosa: ir a la peluquería. Supo prever la invasión de periodistas y se anticipó en el cuidado de la cabeza, claro que únicamente le hicieron un simple lavado. “Así –nos dijo- bastará con unas cepilladas para estar lista.” Conocíamos a Sara Montiel en muchas facetas. Pero nunca la habíamos visto como el día que ingresó en la clínica. Es la única vez que la observamos turbada y vacilante, con los nervios a flor de piel. Tenía miedo y no trataba de ocultarlo. De vez en cuando, con su proverbial causticidad soltaba: “Vosotros estáis muy tranquilos. Como es a mí a quien abren…” Sólo le preocupaba la mujer. La actriz había dejado su máscara. En sus reacciones nada estaba estudiado. Pero sus miedos y vacilaciones duraron lo que la operación: unas horas. En seguida reapareció la Sara Montiel triunfadora, punzante, irónica y diva de la cabeza a los pies. Reconozcamos que tuvo vista incluso para ser operada. Antes de entrar en el quirófano lo dejó todo arreglado y a punto de entrevista: “Si alguien llama, decidle que empezaré a recibir tal día y desde tal hora…” Mucho tiene que enseñar. El día que se retire podría escribir un libro sobre cómo llegar a ser estrella. A las diez de la mañana entró en el quirófano. La sacaron a las dos de la tarde. “Estuvieron rajándome y cosiéndome durante cuatro horas. Y total para una hernia”, nos diría. Cinco horas después, “soltó” la anestesia. Y a las diez de la noche del mismo día, pedía que le pusieran la televisión. Veinte horas más tarde, asombraba al doctor Planas, que cuando la visitó se encontró a una Sara Montiel con ganas de maquillarse. “En toda mi vida profesional no había visto nada así. No hace 24 horas que te operé y ya estás despejadísima”. Planas también dijo otras cosas. Multiplicó sus elogios a la piel de Sara.
-Es cierto. Comentó que sería normal que la tuviese una chica de veinte años, pero es mucho más difícil encontrarla en una señora de treinta y nueve.
-¿Qué le resulta más incómodo en el momento de la recuperación?


NO SE OPERÓ PARA EXHIBIRSE MÁS
-La inmovilidad. Este no poder moverte de la cama me pone nerviosísima. Debe de ser porque nunca me había visto así. ¿Si he tenido otras operaciones? Ni una. Todavía no sé lo que es la consulta de un dentista.
¿Cómo se entretiene?
-Leyendo. No paro. Leo todo lo que cae en mis manos. Igual me da que sea novela, relatos policíacos o narraciones históricas. Lo trago todo.
-La hernia ya está fuera y su ombligo es más redondo que nunca. ¿Ahora piensa enseñarlo más?
¿Más que en “Varietés”? No. Lo mío no es exhibirme. Yo nunca me había preocupado de la cintura hasta que se presentó esta dichosa hernia. Me había limitado a lucir cara, espalda y piernas.
-Si algún día llegase el caso, ¿le importaría someterse a una operación de cirugía estética?
“NI DENTRO DE VEINTE AÑOS ME HARÉ LA CIRUGÍA ESTÉTICA”
-No sé qué decirte. Tengo tanto miedo a las operaciones, que no creo. Ni dentro de veinte años. Mi madre murió a los 73 y tenía una piel preciosa y una figura estupenda. Yo sólo concibo la cirugía de cara en los casos de gente muy fea o cuando se tienen las facciones demasiado duras.
-¿Cómo entretuvo la Montiel sus largas horas de clínica? Jugando con “Cuchi”, su perra, leyendo, cavilando o hablando por teléfono. Desde Mallorca la llamaban seis veces al día. Vicente Parra tampoco se quedó atrás en conferencias.
-El resto del tiempo lo dediqué a planificar mi próxima película. Se llamará “La pantera” y estará dirigida por José María Forqué. La historia sucede en una “boite” al lado del mar. Empezaremos el rodaje a primeros de julio. Ya tengo seleccionadas las canciones. Habrá cuatro temas de Glen Miller y Cole Porter, varias españolas y dos de Los Beatles primitivos, de lo que ellos cantaban antes de ser famosos. Nada de grititos desaforados. Son canciones basadas en temas clásicos. Cuando salga de la clínica estaré unas semanas en Mallorca. Quiero reponerme al sol. Después viajaré a Rumanía para presentar “Varietés”. Me lo ha pedido el Gobierno de aquel país. A continuación me esperan otras galas en Puerto Rico, Méjico y Miami, donde mi película lleva ya ocho semanas de exhibición…


Sara ha olvidado los puntos, el dolor y la hernia. María Antonia vuelve a ponerse la máscara. En el fondo aséptico de la clínica ha surgido nuevamente la primera estrella del cine español. Tenía que ser así. Sara sonríe. Acaricia a su perra “Cuchi”. Piensa con ilusión en esos proyectos de trabajo. La película con Forqué puede ser un éxito. Forqué es uno de los pocos realizadores españoles que, en cierto modo, sabe compaginar la comercialidad con lo digno. “La pantera”, por supuesto, tiene un buen taquillaje asegurado. Porque Sara Montiel sigue siendo la más “star” de nuestras actrices. Con sus cosas, sus desplantes, sus “salidas” a lo diva. Su indiscutible visión publicitaria. Sus contradicciones. Su vedetismo y su profunda humanidad, sus fantasías y su sano sentido práctico de mujer del pueblo.

Texto: JESÚS MARIÑAS
Fotos: CID


EL RECORTE CCCXVI
En el ocaso de su carrera cinematográfica, muchos reclamaban a Sara que no eligiese nunca un 'partenaire' español. Su vida privada irrumpía cada vez más en la prensa mezclada con la expectación de sus proyectos. Un ejemplo es este humorístico montaje que la revista Fotogramas le dedicaba en su número de 23 de Febrero de 1.973. 

¿PUEDE SER UD. EL PRÓXIMO GALÁN DE SARA?
Ante la indecisión de Sarita Montiel para elegir coprotagonista de su próximo y campanilludo film, “De aire y de fuego” –aunque se ha hablado ya de contratar a Bekhim Fehmiu-, nuestra revista se une a los esfuerzos de la diva convocando unas feroces oposiciones para ocupar la plaza. El futuro galán debe ser de planta jacarandosa, hechuras retrecheras y músculos sabrosones. No importa si ha nacido en Astorga, pero su aspecto habrá de ser lo más exótico posible, así como el nombre o pseudónimo. Sara, que últimamente se daba mucho al este –recordemos que en “Esa mujer” tuvo al ruso Ivan Rassinov, y en “Varietés” al húngaro Chris Avram, necesita para su próximo film un galán orientalesco. Usted puede serlo, si satisface alguno de los requisitos que apuntamos a continuación.


Si es usted un tailandés de saltito fácil y pelo en pecho. 


O un gigoló tibetano que sabe enrrollarse el turbante. 


Si lo suyo es ligar al estilo de Damasco. 


O en plan de exhibición muscular a lo israelita. 




En último caso, los egipcios, en sus diversas alternativas -permanente a lo Sinubé, para estar por casa; tocas rayadas para días de feria y modelo lujoso para ir de picnic al Nilo-, resultarán muy propios para darle la réplica a Sasasasarita. 


LA FOTO CCCXVI


Sara, peinada...

domingo, 8 de abril de 2018

TRIUNFO - 25 de Septiembre de 1.958 - España


Portada: SARA MONTIEL ha logrado un impresionante récord para el cine español: año y medio de permanencia ininterrumpida en la pantalla del Rialto madrileño con solo dos títulos, "El último cuplé" y "La violetera". (Foto Ibáñez)

NUESTRA PORTADA
SARA MONTIEL
Efectivamente, nunca hasta ahora el cine español había conseguido un récord tan impresionante: un año y medio de permanencia ininterrumpida en la pantalla de un cine de estreno madrileño con sólo dos títulos. Y este récord, hasta hace poco increíble, ha sido conseguido por Sara Montiel, la sensacional protagonista de “El último cuplé” y “La violetera”, sus dos títulos consecutivos.
El viernes pasado, para solemnizar tan importante efemérides, en el cine Rialto se ofreció un gran homenaje de admiración a Sara Montiel, en el que le fue entregada una placa conmemorativa, que será colocada en el vestíbulo del conocido cine de la Gran Vía. De este acto, fecha destacada en la historia de nuestro cine, publicamos una amplia información en las páginas de este número.  (Foto Ibáñez)

SARA MONTIEL
RECIBIÓ UN GRANDIOSO HOMENAJE
LA EXCEPCIONAL ESTRELLA DE “LA VIOLETERA” HA BATIDO UN IMPRESIONANTE RECORD PARA EL CINE ESPAÑOL


Noche grande para el cine español. Se va a rendir un grandioso homenaje de admiración a Sara Montiel, estrella de primera magnitud que ha logrado permanecer en la pantalla del cine Rialto durante año y medio con sólo dos películas: “El último cuplé” y “La violetera”.


El público se agolpa a la entrada del cine para gritar su entusiasmo a la estrella preferida. Ella baja de un Mercedes color gris plata, acompañada de su marido, toda vestida de azul, con un escote grande y, sobre el escote, un collar de esmeraldas y brillantes que hace temblar hasta los focos. Custodiada por la fuerza pública y asediada por cazadores de autógrafos. Sara Montiel llega a la puerta del cine. Allí se vuelve, levanta su mano y saluda. Y después se dirige al escenario, donde el señor Vara, en nombre de la empresa del cine Rialto, le va a entregar la placa conmemorativa del acto. Ferman, el gran locutor, hizo la presentación de la actriz y le formuló una serie de graciosas preguntas, que Sara contestó con su habitual personalidad. A continuación, el escenario se llenó de cestas y ramos de flores y… Sara Montiel comenzó a llorar. Abrazada a su placa, apenas podía dar las gracias, y sólo pudo decir que ella intentaría superar su trabajo, que todo se lo debía al público, que se marchaba a La Habana para actuar en la televisión…



Los flases de los fotógrafos se disparaban con una velocidad increíble. Las ovaciones se sucedían sin cesar. El público aclamaba a Sara Montiel. Noche memorable para el cine español y noche memorable para una actriz para una estrella, para una gran figura que ha conquistado no sólo las pantallas españolas, sino también las del mundo entero.

 EN BREVE COMENZARÁ “CARMEN LA DE RONDA”
Una producción de BENITO PEROJO, que presentará DIPENFA


EL RECORTE CCLXXVII
En la revista Blanco y Negro con fecha de 2 de Junio de 1.973, la diva hacía su particular análisis del pasado, presente y lo que podría ser su futuro. Se mostraba, "tal cual es". 


SARA MONTIEL
tal cual es
-¿Le habría gustado ser Gloria Swanson en “Sunset Bulevard”?
-El único papel que he envidiado ha sido el de Ingrid Bergman en “Casablanca”.
Sara Montiel, más lista que el rayo, me desconcierta con su llaneza y vitalísima campechanería. Acude a nuestra cita con el pelo recogido, sin maquillar y afónica. Está ensayando las canciones de sus dos próximos L.P.
-No me importa ensayar resfriada. Me ambiento con el maestro, para memorizar los tonos y aprenderme las letras; no para cantar…
Cuentan que Rusiñol, Casas y Manolo Huguet se apostaban tras los acantilados mallorquines para contemplar las puestas de sol. Si les disgustaban, las silbaban. Pero su escenografía crepuscular les fascinaba, las aplaudían. Así me siento yo, después de dialogar con Sarita Montiel, de quien esperaba gran aparato y mayor fanfarria:
-Acepto que me tenga por “Monstruo Sagrado”, aunque prefiero me vea tal cual soy. Me quedan cinco o seis años aún para armarla; y crea que daré guerra hasta el último instante. Me disgustan las baladronadas, pero si insisto en augurarle que emplearé esos cinco o seis años para rematar mi odisea estelar, crea que lo digo en serio. ¿De qué me habría servido haber puesto a millones de personas de cara a la pared, durante veinte años, en la oscuridad de los cines, para soltarlos ahora, así, por las buenas? No, amigo…
Tiene la voz cansada. No es por el resfriado, sino por tener que repetir una vez más:
-Mi padre fue mayoral en Orihuela…, en la finca de unos marqueses. Yo era rubia, casi blanca; de ojos muy azules… ‘Tráete a la Princesa Dorada’ –le pedían a mi padre los amos-; querían oírme decir ‘Vapo’, deformación de guapo, equivalente a bello y hermoso. Sabían que jamás me equivocaba si decía ‘vapo’ ante una obra de arte, y dían antes habían comprado un nuevo cuadro. De ahí que, cuando sostuve pública refriega con un joven director, nuestras discrepancias lo fueran sobre la palabra ‘vapo’. Ese director no entendía por ‘guapo’ lo mismo que yo.


-Sé que no soy infalible en materia de estética. Pude equivocarme. Únicamente presumo de conocer bien mi oficio. Soy aficionada a la fotografía; aprendí montaje, y trabajé como ‘scrip’ con Tony Mann.
-A los ocho años gané un concurso que ‘Cifesa’ organizó en El Retiro, entre participantes infantiles de todas las provincias españolas, con Boby Deglané como presentador.
-A los catorce años, ¡que es la edad en que Marisol empezó como niña!, yo tenía ya que apartarme cuando se me acercaba un hombre de cara. ¡Siempre fui muy poderosa como mujer!
-No me gusta dar consejos. En especial, a las que comienzan. Pero esta vez lo haré. Primero: ¿Estáis bien convencidas de vuestra vocación. Segundo: ¡Aprovechaos de cuantos medios pongan a vuestro alcance, las autoridades y el dinero, para estudiar! Tercero: No os conforméis con pequeñeces; ¡hay que ser figura! Cuarto: ¿Poseeis buen olfato para saber elegir a la gente que tendrá que trabajar con vosotras? Quinto: Deberéis imponeros sin levantar la voz, a menos que no os importe ser devoradas, y no equivocaros jamás con los escritores. ¡Quien no sepa descubrir un buen guión, que se prepare a llorar la oportunidad perdida!
-¡Firmo más contratos que nunca, para actuar en pista! A la gente le gusta verme en persona. ¡Están deseando descubrir mis defectos! Y les doy gusto, sin derrocharme en recitales. No sé mantenerme dos horas seguidas ante el micrófono. ¡Me aburre! Las “galas”, en cambio, me divierten. Me “meto” con el público, y me convierto en un personaje ameno; lo paso en grande. ¡Ojo, a las que empiezan!: “Diviertes en tanto te diviertas. Si te aburres, acabarás también aburriendo”.
-No me sorprendería acabar descubriendo que yo intuyo mejor la psicología del público, que la de los personajes de guión. Sé lo que les interesa a los espectadores. Y lo sé, porque en todas partes el ser humano es igual.
-“Mi público” es, sobre todo, femenino. Tengo anécdotas que usted no podría publicar. Pero le voy a contar una, ocurrida el día del estreno de “Varietés”. A la salida, una mujer le decía a su esposo: “¿Ves? Con esa mujer no me importaría que me la pegaras! ¡Esta, sí vale la pena!...”
-Imagino que mi presencia no las hiere. Debe de ser algo así como que las hago sentirse importantes al pensar: “¡Tiene buen gusto mi marido!” No se sienten vejadas, y me son incondicionales en todo el mundo.
-Cuando no canto, intereso por los ojos. Cuando canto, por la boca.
-Sigo vigente y en alza. Se me avecinan tres películas. Una de ellas, con ese gran director llamado Sam Peckimpah…
-Mi vida ha sido tormentosa, con grandes altibajos. La gente le dirá que todo me fue fácil. ¡Qué saben ellos!... Por ejemplo: Recién había terminado el rodaje de ‘El último cuplé’, en Barcelona. ¿Sabe esa gente en dónde vivíamos mi madre y yo? En una ‘habitación con derecho a cocina’, con las doscientas cincuenta pesetas de dietas que me daba la Productora. Mientras tanto, los entendidos en cine –productores, distribuidores y exhibidores, todos grandes potencias- condenaban la película al fuego. Sentenciaron que yo estaba muy mal, y que no cantaba. Nadie quería estrenarla. Fue entonces cuando me fui a los Estados Unidos a reunirme con Tony Mann. Habíamos proyectado casarnos a la mayor brevedad…
-¿Sabe la gente que un día, en Los Ángeles, estando Tony y yo sin más dinero que mis últimos 38 dólares para toda la vida, él cayó enfermo del corazón. Fue en un 2 de mayo, como en la Guerra de la Independencia. Lo recordaré toda mi vida. Lo único que yo deseaba en aquellos momentos era encontrarme con alguien que adivinara lo que sería de nosotros al día siguiente. La mujer del guionista Philip Yordan se lo tomó en serio, y me presentó a Marlon Brando. Este actor me recomendó a una célebre astróloga, a quien facilité los datos de mi nacimiento para el horóscopo que me mandaría por escrito. A los dos días, o sea el 4 de mayo, esa señora me llamó urgentemente.
-¡Mi vida, según ella, iba a cambiar radicalmente de un momento a otro!: “Cuestión de horas”, me dijo. ¡Y acertó! ¿Coincidencias? No lo sé. Lo cierto es que “El último cuplé” se estrenó el día 6, cuarenta y ocho horas después, dándoles la razón a las estrellas. Tenía yo veinticinco años.
-Los días pasan igual para todo el mundo. Y todos nos adaptamos a la fuerza. Yo, que a los catorce hice de embarazada, y luego no me dejaron entrar en la Sala de estreno, por ser menor de edad; a lo mejor, dentro de poco hago de abuela de veras, sin fuerzas ya para asistir al estreno.
-Mi muerte no sé como será, ni me importa. Me coge usted en un momento muy triste, pues la fatídica huelga de los “controladores” de la aviación francesa, ocasionó la muerte de tres de mis mejores amigos –en especial, uno de ellos, aunque a los tres quise por igual-. Fallecieron en el accidente de Iberia, procedentes de Palma de Mallorca. Por la noche, bailaba con ellos; y por la mañana, después de despedirnos… ¿Cómo saber lo que será de nosotros hoy, si todo puede ser tan repentino mañana?
-¿Lo que más echo en falta en esta vida? A mis padres.


-Mi casa se asemeja a la de un pez. Soy Piscis. Pero si jugamos al parecido con animales o plantas, digo que soy un “mirlo blanco”.
-Si a flores, a la violeta; por “La violetera”…
-Si a un árbol, compáreme con un castaño. ¡Dura mucho!...
-Soy una “selft made-woman”. Inventé mi propio mito, y no estoy descontenta del resultado.
-¿Mis ganancias? Entre el dinero que me han robado, y lo que me han dejado… ¡bien! Jamás lo invertí en “petróleos” ni en “telefónicas”. Mi inversión fue familiar: educar a siete sobrinos y ayudar a mis tres hermanos. El primero tiene cuatro hijos, y gana once mil pesetas; el otro, con tres hijos y esposa, nueve mil. En cuanto a mi hermana, que no ha tenido hijos, su  marido está enfermo desde hace tiempo.
-Algo queda para mí… ¡La gran cantidad que me une a don Ángel Ezcurra y su esposa, doña Pura, quien hace unos días me hizo un regalo, que estimo en alto grado! ¡El permiso legal que mi padre les firmó para que pudieran tenerme bajo su tutela! ¡Me ayudaron mucho!
-¿Cómo no va a parecerme maravillosa la vida? Hay luz, aire, y paisajes alegres. Añada a eso que sólo se vive una vez, y ya me dirá si podemos despreciar algo de ella. ¡Claro que, a veces, se pasa mal! Se me malograron dos hijos. Uno, a consecuencia de una caída. El otro fue por otra causa. Pero sé que puedo tener más cuando quiera, y confío en el amor. Me gusta el cielo; una buena pintura; la sinfonía que me conmovió una vez; el libro que no pude soltar hasta la última página. ¿Y qué me dice usted de lo hermoso que es dialogar con gente humilde y sana; o con gente inteligente, que, aunque tenga mala intención, lo sepas de antemano?
-Sigo casada. De Tony Mann me divorcié del mismo modo que nos unimos, por lo civil. Luego, en Roma, contraje matrimonio eclesiástico con el que hoy sigue siendo mi marido, José Vicente Ramírez. Y prefiero no añadir nada más sobre este tema.
-¿Con Onassis? ¡No! No me habría casado con Onassis. Tampoco, con Stalin. ¿Con Hitler? ¡Menos! ¿Mussolini? ¡Menos todavía! Con el presidente Kennedy, tal vez. Coincidimos en un viaje, y me gustó como hombre.
-No pertenezco a partido político secreto alguno. Todo en mi vida es público. ¡Incluso mi ombligo! ¿Qué culpa tengo yo de que, durante unos días, el mundo entero estuviera pendiente de la operación de cirugía estética de mi ombligo? ¡Fue realmente divertido! Sobre todo, fue humano. Por eso, odio la guerra, y la política inmovilista, que se niega a humanizar sus relaciones con los seres humanos, que somos todos. Una estúpida huelga ha matado a tres amigos. ¿Por qué, pues, alentar odios, en vez de sembrar sonrisas?
-El mito que yo inventé para mí quise que fuera humano, o que no fuera. ¡Véalo usted mismo!: carecía de cultura. Pues bien, con la estima de Alfonso Reyes y León Felipe, y la ayuda de Miguel Mihura, aprendí que las cosas carecen de valor si no son humanas. Por ejemplo: la Administración me prohibió “Divinas Palabras”, en cuya posible interpretación cifré grandes esperanzas. ¿Pensaron aquellos señores de la Censura en el daño que me ocasionaban al prohibirme esa oportunidad? El mayor defecto del español es el de no ayudarnos. En Francia nace una señora con el pelo largo y rubio ¡y no vea usted cómo la ponen! ¡No paga ni siquiera impuestos!...
No era esa la imagen que yo tenía de Sarita Montiel, y se lo digo. Ella me replicará: “Soy muy sencilla y sensible”. Ciertamente es así. Me lo ha demostrado en este diálogo inquisitivo a que la sometí. He comprendido por qué se hizo mito. Proyectó la falsa imagen hologramática de un “monstruo sagrado”, con el fin de encubrir su amargura. Hoy empieza a estar cansada de hichar ese globo que la elevó por encima de los demás. Está cansada de ser una Sara para sí y otra para el gran público. Aún así, me sonríe: “Sobre mi ombligo, le diré la verdad: no fue por razones estéticas. Tenía una hernia umbilical que se me salía cada vez que tosía, y quise terminar con ese suplicio”. Me hace sentir admiración. ¿Por qué confesárselo así a su público, descubriéndoles mezquinamente el truco de un buen juego de manos? E hizo bien, pues fue grande y divertida hazaña la de tener pendiente de su ombligo a todo un país. Genio le llamo yo a esa figura.

Julio Coll
Fotografías de Jaime Pato

LA FOTO CCLXXVII


Otra de Ibáñez con el premio que reconocía su récord de permanencia en pantalla.