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jueves, 2 de noviembre de 2023

EL ALCÁZAR - 22 de marzo de 1972 - España

 


La diva aparece solo en la portada.

SARA,

EN SILLA DE RUEDAS

Sara Montiel, que el pasado día 17 fue intervenida quirúrgicamente de hernia umbilical en una clínica barcelonesa, recibió a los informadores para darles cuenta del feliz resultado de la operación. Apareció, como se ve en la foto de Cifra, en el sillón de ruedas que utiliza para sus cortos desplazamientos dentro de la clínica donde convalece y que espera abandonar pronto, dada la franca recuperación experimentada por la popular estrella.


EL RECORTE CCCXLIV

La primera mitad de los 70, ya con Pepe Tous, llevaron a Sara varias veces a la clínica. Diese la explicación que fuese, siempre planeó la sombra de los embarazos y abortos que pudo sufrir. En cualquier caso, fue notorio este suceso que relataba así la revista Semana en su número de 8 de febrero de 1975. 


Ha sido su tercera frustración maternal (la primera sucedió en 1959, estando casada con Anthony Mann) 

SARA MONTIEL

lloró por la pérdida de su hijo

*Sin embargo, se asegura que está clínicamente sana y que podrá ser madre en otra ocasión


María Antonia no ha podido ni sabido expresar su dolor con palabras. Si, empero, con lágrimas. Lágrimas de mujer.

-No ha podido ser, no ha podido ser… -musitaba en el lecho.

Y yo recordaba sus ilusionadas palabras, dichas días antes:

“No quiero que esta vez me pase nada malo. Por eso estoy cuidándome como nunca. Quiero que mi hijo nazca fuerte y sano. ¡Ah!... y será niña. ¡Estoy segurísima! Mi hermana Ángeles también lo está; dice que mis síntomas son los mismos que ella sintió cuando tuvo sus dos chicas. Así que va a ser niña. Y después me gustaría tener dos hijos más, para completar el trío.”

Lo tenía todo previsto.

“Si es niña se llamará Aldara, como mi personaje en “Locura de amor”. Y si es niño…, porque, claro, también puede ser niño, le pondremos Juan Tomás, como mi abuelo. Además, Juan y Tomás eran los nombres de dos hermanos míos, gemelos, que murieron de meningitis en mil novecientos cuarenta y dos.”

E incluso ya había recibido algunos regalos para la criatura.

“Lola Flores es una mujer maravillosa. Me ha mandado un vestido flamenco precioso y me ha dicho: “¡Para tu niña, Antonia!” Y van llegando otras cosas. Y yo misma empezaré a bordar un día de estos porque me ilusiona mucho hacer personalmente alguna ropita para mi hijo. ¿Qué se creen, que yo no sé bordar? Pues lo hago muy bien, porque me enseñó mi madre.”

Sara acababa de finalizar en Madrid su temporada teatral con “Saritísima”. Sara, verdaderamente, estaba huérfana de descanso tras la agotadora campaña artística. Venía dedicando sus días libres a dormir -¡horas y horas, qué maravilla!- y a ir a los teatros, para conocer las más importantes novedades escénicas de la capital. Y fue durante la representación de “Un poquito locas”, en el teatro Lara, cuando…

-Ya durante el primer acto –me contó José Tous- Antonia comenzó a sentirse incómoda. Tenía náuseas. Yo le pregunté que si prefería que nos marchásemos, pero ella no dio mayor importancia a las molestias. “Se me pasará enseguida”, me contestó. Pero a mitad del acto segundo me dijo: “Tengo unas náuseas y unos dolores terribles. Acompáñame…”

Todo sucedió con dramática rapidez.

-Corrí a la taquilla del teatro –prosigue Tous- y telefoneé al ginecólogo de Antonia, al que pude localizar rápidamente, pues se encontraba en la clínica. Incluso creo que interrumpió lo que estaba haciendo para atenderme. Antonia ya se encontraba medio inconsciente. La habíamos tumbado en el saloncillo del teatro, improvisando un lecho. Poco después llegó una ambulancia y Antonia fue sacada  antes de que finalizase el segundo acto de la función. Quiero resaltar que los servicios funcionaron con extraordinaria rapidez. De no haber sido así…

En la misma ambulancia viajaron a la clínica las actrices Paquita Villalba y Lolita Losada, haciendo compañía a Sara, que perdió el sentido durante el traslado. El quirófano ya estaba preparado. A las nueve y cuarto de la noche Sara ingresó en él. Media hora más tarde, María Antonia Abad Fernández, de cuarenta y un años de edad –como constaba en la ficha de registro que se le hizo-, fue trasladada, aún bajo los efectos de la anestesia, a la habitación 608 de la planta sexta. En su puerta fue colgado este aviso: “De orden facultativa, prohibidas las visitas”. 


SU TERCERA FRUSTRACIÓN

Y, efectivamente, Sara no recibió visita alguna –salvo a sus hermanas Ángeles y Elpidia, y, naturalmente, José Tous- hasta tres días después de su internamiento. E incluso no atendió ninguna llamada telefónica, excepto una de la Casa Civil del Jefe del Estado, para interesarse por su salud. En la mesita del teléfono, empero, había una cuartilla en la que iban apuntándose los nombres de las personas que llamaban. Yo recuerdo haber leído estos nombres: María José Alfonso, Rafaela Aparicio, Lola Flores, Conchita Márquez Piquer, María Cuadra… Carmen Sevilla y Rocío Dúrcal se personaron en la clínica en los primeros momentos, pero no pudieron ver a su querida compañera.

Luego, al permitirse la entrada a algunos familiares, amigos y periodistas, Sara se echaba a llorar. Su desaliento era evidente. Y lanzaba esta pregunta al aire:

-¿Por qué? ¿Por qué?

Y es que hace dieciséis años, cuando Sara Montiel saboreaba las mieles del éxito en Hollywood, María Antonia Abad ya aprendía a sufrir como mujer y madre. En aquel tiempo, estaba casada con el director Anthony Mann y encinta de ocho meses. Un día sufrió un accidente en su casa de Los Ángeles. Resbaló en un escalón y cayó aparatosamente al suelo. Sara salvó la vida por milagro. Su hijo la perdió. Ella suele referir así el desenlace de aquella amarga historia:

“Verdaderamente, sí fui madre, pero me hicieron la cesárea y se me murió el niño poco después.”

Recuerdo ahora que Sara siempre pone especial énfasis al decir que… “verdaderamente, sí fui madre”. Más adelante, se malograría una segunda maternidad que sumió a Sara en la más profunda de las tristezas. Sin embargo, un rayo de esperanza alumbraba su más íntima ilusión: estaba clínicamente sana. Podría ser madre en cualquier momento.

Sin embargo, esta tercera frustración parece ensombrecer sus esperanzas maternales, aunque su ginecólogo ha sido tajante: Sara puede tener hijos.

-Es más, parece que ahora tiene más posibilidades que antes. Está como más sensibilizada –me recalcó José Tous.


Esta foto es reciente. En ella vemos a Sara Montiel y José Tous en una sala madrileña. Pocos días después, la famosa actriz sufriría el accidente que le provocó la pérdida del hijo que esperaba. Ahora se marchará a la isla Martinica a reponerse. 

ESTABA CANSADA

Entonces, ¿qué ha ocurrido? ¿Por qué ha ocurrido? Es evidente que Sara, con su espectáculo “Saritísima”, realizaba diariamente un tremendo esfuerzo físico y psíquico. Quiero recalcar, al respecto, que para Sara cada representación es como el primer estreno de su vida, lleno de riesgos y responsabilidades. Yo la vi nerviosa, sudorosa, agitada, buscando tranquilidad en los cigarrillos, antes de que cada tarde y cada noche se alzase el telón. Como si fuera una actriz novel. Y, luego, entregarse sin condiciones a la tremenda agitación del “show”. Cantando, bailando, entrando y saliendo, con constantes cambios de vestuario… Una noche, mientras repetía el baile de un tango (uno de los números más aplaudidos del espectáculo) sufrió un mareo en escena. Sara –siempre una gran profesional- pidió perdón al público. Entre bastidores bebió un vaso de agua tónica y pudo continuar su actuación, como si nada hubiera pasado. ¿Fue un aviso este incidente? Téngase en cuenta que Sara iba ya hacia su quinto mes de gestación.

La verdad es que Sara se encontraba últimamente cansada y con algunos achaques. Dormía poco. Comía menos y a deshora. Y esas largas horas de camarín y escenario respirando un aire viciado… Algunos días le dolían los riñones. Y varias veces me confesó que sentía frío. Sin olvidar sus problemas circulatorios de siempre, que ella acusa sobre todo cuando tiene gripe y catarros. Entonces, se le atrofian manos, piernas y cuello y experimenta una molesta sensación de hinchazón. Es lógico pensar que algunas de estas anormalidades las acusara más actualmente por su embarazo.

En cualquier caso, nada hacía presagiar concretamente el triste suceso que hoy nos ocupa. Sin olvidar que su ginecólogo, el doctor Paredes, la atendió perfectamente desde su primer mes de gestación.

María Antonia lloraba con desconsuelo. Y su hermana Elpidia trataba de animarla: “Otra vez será, Antonia.” José Tous escondía la cara entre sus manos. Y musitaba: “¡Qué mala suerte!” A estas horas, ella ya estará en su casa, completamente restablecida. Pero son otras heridas, no físicas, las que más tardan en cicatrizar. Ahora quiere sol, mucho sol, porque el sol la vivifica. Antonia conoce un lugar apartado, tranquilo y muy soleado, en la isla Martinica. Tal vez allí reconstruya ella su hermoso castillo de ilusiones, ahora derribado por los vientos de la desgracias.

 

H. S. M.

LA FOTO CCCXLIV


En los 70, con la llegada de Pepe Tous, la vida de Sara Montiel dio un giro radical. 

domingo, 17 de febrero de 2019

GARBO - 29 de Marzo de 1.972 - España


SARA
POST – OPERACIÓN:
Parecía la escena de cualquiera de sus películas: la “estrella”, sonriendo y saludando desde una silla de ruedas, llegó hasta los periodistas que llenaban la sala de visitas de la clínica. Nadie diría que Sara estaba recién operada. Los “flashes” y las preguntas eran disparados sin tregua ni descanso. Sara nos ofrecía lo que posiblemente haya sido la noticia más humana de su vida. Por primera vez recibía a la prensa en zapatillas y camisón. ¡Y qué camisón!... Claro que la generosidad del escote -¿cabría llamar escote a los estrechos tirantes?- había sido elegido meticulosamente. Lo mismo pasaba con el tono de la prenda, rosa ciclamen. A pesar de la aparente improvisación todo estaba calculado, previsto, estudiado. Sara cuida personalmente de sus relaciones públicas y no deja ningún cabo suelto. Hasta en esto sabe dar lecciones.
AHORA PODRÉ LUCIR MI IMPORTANTE OMBLIGO

-He querido recibir a la prensa por cortesía… y para anticiparme a posibles comentarios malintencionados. Me han colgado ya muchos sambenitos. Siempre están inventando que me hago operaciones de cirugía estética. Y yo juro que no me he tocado ni la cara. La gente disfruta inventando. “Si sale guapa –dicen- es por el maquillaje, o porque le han dado ya bastantes estirones.” ¿Recuerdas cuando contaban que me quitaba muelas para acentuar los pómulos? Sí, ya sé que son tonterías. Pero alguien puede creerlas. Efectivamente, yo misma escogí el camisón con este pronunciado escote. Lo hice para demostrar que no me han tocado ni la cara ni el busto. Me han operado de una hernia. Así de sencillo.
UNA HERNIA DE TRES AÑOS
-¿Y por una simple hernia se desplazó a Barcelona y se puso en manos de uno de los mejores especialistas de cirugía estética…?
-Sólo por una hernia. No olvides que tengo un ombligo muy importante. Para que me quede bien redondo y muy visible, me he gastado un montón de duros. No era una simple operación de hernia; había que realizar esa operación y, encima, no dejarme cicatriz. Ninguno como Jaime Planas para hacerlo de forma inmejorable. ¿Por qué tardé tanto en operarme, si llevaba ya tres años con la hernia? Tenía miedo. Últimamente ya no podía aguantar los dolores. De vez en cuando me ponía un cinturón, pero resultaba incómodo y antiestético. En los últimos tiempos, ni siquiera podía agacharme a recoger una maleta. Tampoco podía hacer esfuerzos al cantar. Y como en agosto tengo una película con muchos bikinis y trajes de hawaiana, no podía demorarlo más.


EL ANTES Y EL DESPUÉS DE LA INTERVENCIÓN
En esta operación de Sara Montiel existe para nosotros un antes y un después. Acompañamos a la “estrella” hasta el mismo pie de la clínica, tras una tarde desasosegada de estancia barcelonesa, donde Sara Montiel sólo hizo bien una cosa: ir a la peluquería. Supo prever la invasión de periodistas y se anticipó en el cuidado de la cabeza, claro que únicamente le hicieron un simple lavado. “Así –nos dijo- bastará con unas cepilladas para estar lista.” Conocíamos a Sara Montiel en muchas facetas. Pero nunca la habíamos visto como el día que ingresó en la clínica. Es la única vez que la observamos turbada y vacilante, con los nervios a flor de piel. Tenía miedo y no trataba de ocultarlo. De vez en cuando, con su proverbial causticidad soltaba: “Vosotros estáis muy tranquilos. Como es a mí a quien abren…” Sólo le preocupaba la mujer. La actriz había dejado su máscara. En sus reacciones nada estaba estudiado. Pero sus miedos y vacilaciones duraron lo que la operación: unas horas. En seguida reapareció la Sara Montiel triunfadora, punzante, irónica y diva de la cabeza a los pies. Reconozcamos que tuvo vista incluso para ser operada. Antes de entrar en el quirófano lo dejó todo arreglado y a punto de entrevista: “Si alguien llama, decidle que empezaré a recibir tal día y desde tal hora…” Mucho tiene que enseñar. El día que se retire podría escribir un libro sobre cómo llegar a ser estrella. A las diez de la mañana entró en el quirófano. La sacaron a las dos de la tarde. “Estuvieron rajándome y cosiéndome durante cuatro horas. Y total para una hernia”, nos diría. Cinco horas después, “soltó” la anestesia. Y a las diez de la noche del mismo día, pedía que le pusieran la televisión. Veinte horas más tarde, asombraba al doctor Planas, que cuando la visitó se encontró a una Sara Montiel con ganas de maquillarse. “En toda mi vida profesional no había visto nada así. No hace 24 horas que te operé y ya estás despejadísima”. Planas también dijo otras cosas. Multiplicó sus elogios a la piel de Sara.
-Es cierto. Comentó que sería normal que la tuviese una chica de veinte años, pero es mucho más difícil encontrarla en una señora de treinta y nueve.
-¿Qué le resulta más incómodo en el momento de la recuperación?


NO SE OPERÓ PARA EXHIBIRSE MÁS
-La inmovilidad. Este no poder moverte de la cama me pone nerviosísima. Debe de ser porque nunca me había visto así. ¿Si he tenido otras operaciones? Ni una. Todavía no sé lo que es la consulta de un dentista.
¿Cómo se entretiene?
-Leyendo. No paro. Leo todo lo que cae en mis manos. Igual me da que sea novela, relatos policíacos o narraciones históricas. Lo trago todo.
-La hernia ya está fuera y su ombligo es más redondo que nunca. ¿Ahora piensa enseñarlo más?
¿Más que en “Varietés”? No. Lo mío no es exhibirme. Yo nunca me había preocupado de la cintura hasta que se presentó esta dichosa hernia. Me había limitado a lucir cara, espalda y piernas.
-Si algún día llegase el caso, ¿le importaría someterse a una operación de cirugía estética?
“NI DENTRO DE VEINTE AÑOS ME HARÉ LA CIRUGÍA ESTÉTICA”
-No sé qué decirte. Tengo tanto miedo a las operaciones, que no creo. Ni dentro de veinte años. Mi madre murió a los 73 y tenía una piel preciosa y una figura estupenda. Yo sólo concibo la cirugía de cara en los casos de gente muy fea o cuando se tienen las facciones demasiado duras.
-¿Cómo entretuvo la Montiel sus largas horas de clínica? Jugando con “Cuchi”, su perra, leyendo, cavilando o hablando por teléfono. Desde Mallorca la llamaban seis veces al día. Vicente Parra tampoco se quedó atrás en conferencias.
-El resto del tiempo lo dediqué a planificar mi próxima película. Se llamará “La pantera” y estará dirigida por José María Forqué. La historia sucede en una “boite” al lado del mar. Empezaremos el rodaje a primeros de julio. Ya tengo seleccionadas las canciones. Habrá cuatro temas de Glen Miller y Cole Porter, varias españolas y dos de Los Beatles primitivos, de lo que ellos cantaban antes de ser famosos. Nada de grititos desaforados. Son canciones basadas en temas clásicos. Cuando salga de la clínica estaré unas semanas en Mallorca. Quiero reponerme al sol. Después viajaré a Rumanía para presentar “Varietés”. Me lo ha pedido el Gobierno de aquel país. A continuación me esperan otras galas en Puerto Rico, Méjico y Miami, donde mi película lleva ya ocho semanas de exhibición…


Sara ha olvidado los puntos, el dolor y la hernia. María Antonia vuelve a ponerse la máscara. En el fondo aséptico de la clínica ha surgido nuevamente la primera estrella del cine español. Tenía que ser así. Sara sonríe. Acaricia a su perra “Cuchi”. Piensa con ilusión en esos proyectos de trabajo. La película con Forqué puede ser un éxito. Forqué es uno de los pocos realizadores españoles que, en cierto modo, sabe compaginar la comercialidad con lo digno. “La pantera”, por supuesto, tiene un buen taquillaje asegurado. Porque Sara Montiel sigue siendo la más “star” de nuestras actrices. Con sus cosas, sus desplantes, sus “salidas” a lo diva. Su indiscutible visión publicitaria. Sus contradicciones. Su vedetismo y su profunda humanidad, sus fantasías y su sano sentido práctico de mujer del pueblo.

Texto: JESÚS MARIÑAS
Fotos: CID


EL RECORTE CCCXVI
En el ocaso de su carrera cinematográfica, muchos reclamaban a Sara que no eligiese nunca un 'partenaire' español. Su vida privada irrumpía cada vez más en la prensa mezclada con la expectación de sus proyectos. Un ejemplo es este humorístico montaje que la revista Fotogramas le dedicaba en su número de 23 de Febrero de 1.973. 

¿PUEDE SER UD. EL PRÓXIMO GALÁN DE SARA?
Ante la indecisión de Sarita Montiel para elegir coprotagonista de su próximo y campanilludo film, “De aire y de fuego” –aunque se ha hablado ya de contratar a Bekhim Fehmiu-, nuestra revista se une a los esfuerzos de la diva convocando unas feroces oposiciones para ocupar la plaza. El futuro galán debe ser de planta jacarandosa, hechuras retrecheras y músculos sabrosones. No importa si ha nacido en Astorga, pero su aspecto habrá de ser lo más exótico posible, así como el nombre o pseudónimo. Sara, que últimamente se daba mucho al este –recordemos que en “Esa mujer” tuvo al ruso Ivan Rassinov, y en “Varietés” al húngaro Chris Avram, necesita para su próximo film un galán orientalesco. Usted puede serlo, si satisface alguno de los requisitos que apuntamos a continuación.


Si es usted un tailandés de saltito fácil y pelo en pecho. 


O un gigoló tibetano que sabe enrrollarse el turbante. 


Si lo suyo es ligar al estilo de Damasco. 


O en plan de exhibición muscular a lo israelita. 




En último caso, los egipcios, en sus diversas alternativas -permanente a lo Sinubé, para estar por casa; tocas rayadas para días de feria y modelo lujoso para ir de picnic al Nilo-, resultarán muy propios para darle la réplica a Sasasasarita. 


LA FOTO CCCXVI


Sara, peinada...

martes, 17 de julio de 2018

SIGLO 20 - 28 de Agosto de 1.965 - España


SARA MONTIEL
SE DEFINE COMO UNA
MUJER POLÍTICA
SU MAYOR ILUSIÓN ARTÍSTICA INCORPORAR AL CINE EL PERSONAJE DE ISABEL II

PALMA DE MALLORCA.- La noticia nos llegó en forma de confidencia: “Sara Montiel, por primera vez en Europa, cantará ante el público de una sala de fiestas. El acontecimiento tendrá lugar en Palma de Mallorca”. Y, sin más pensarlo, tomamos el primer avión y nos trasladamos a la bella isla balear. Ya en el aeropuerto de Son San Juan, entre el público, ya se olía a Sara Montiel, se respiraba su estela, la apoteosis de su presencia. Fue en el hotel donde tuvimos el primer encuentro con la “estrella”. Sara, o María Antonia Abad –como prefieran ustedes- nos saludó como siempre con su acostumbrada simpatía. Nos sentamos a tomar una copa y hablamos de ciertas cosas, pero sin block de notas ni bolígrafo. Una conversación entre amigos.
-¿Estás nerviosa?
-No. ¿Por qué había de estarlo?
A Sara no le asusta el público, no sólo porque sabe que se lo mete en el bolsillo, sino porque lo ama como algo suyo, muy entrañable. Quizá por eso llega hasta él y le convence en todas sus actuaciones.
-Cuando estoy haciendo una película, me entrego totalmente al trabajo, hasta el extremo de perder la tranquilidad, de adelgazar. Por eso llego al público. ¡Bendito sea!, y cosecho la compensación de ver colas ante mis películas.
-¿Crees que tendría el mismo éxito una película tuya, si no fuera musical?
-Eso es lo que opinan los productores y distribuidores. Yo no estoy totalmente de acuerdo.
-¿Hay algún personaje que te atraiga especialmente?
-Sí, Isabel II.
-¿Por qué?
-Según yo me la imagino –a la historia me remito-, era una majeza hecha mujer: temple, garbo y temperamento. Creo que sabría meterme bien dentro de ella.
-¿Saben esto los productores?
-Supongo que sí, pues no es la primera vez que lo comento. Pero soy tenaz y sé esperar.


APOTEOSIS SIN PRECEDENTES
La hora de la actuación va caminando sobre la espera de todos los relojes. En el mismo coche, nos dirigimos al Jartans Club, lugar del acontecimiento. En el vehículo ocupado por Sara, su marido, el maestro Solano y Enrique Garea, se hace un silencio pegajoso. Nuestros ánimos están como en sosiego, en espera de las actuaciones de la artista.
Al llegar a la puerta del club, una multitud aguarda a la “estrella”. El espectáculo nos recuerda la noche de estreno de alguna de sus películas en los cines de la Gran Vía madrileña. Aplausos, vítores y delirio rayando en el histerismo.
-Me gustaría saludar a todas estas personas –comenta Sara-, pero una a una, corresponder a esta amabilidad.
Y no quiere que aparten a su público. Va saludando a todos con la intimidad que le permite la aglomeración, hasta que llega una anciana que también quiere ver a la artista, que desea estrechar su mano. La mujer famosa, olvidándose de lo que es se dirige a la viejecita.
-Acérquese, señora.
La anciana, muy limpia, pero muy pobre, coge la mano de Sarita y la besa emocionada, con la ternura de un niño. La vieja no puede contener su emoción, que le sube hasta la boca, hasta los ojos, y se hecha a llorar, sin poder articular palabra. Vemos las lágrimas de la anciana como perlas, deslizarse sobre la mano blanca de Sarita.
Dentro del Jartans Club, repleto de la más selecta sociedad de Palma de Mallorca, escuchamos algunos comentarios poco favorables a Sara. Tenemos la sensación de que mucha de esta gente ha venido a presenciar el fracaso de la idolatrada artista, para ver derrumbarse el ídolo multitudinario.
Tras la presentación de José Luís Uribarri, se hace un silencio expectante. Sale Sara y es recibida con cortesía, pero con cierta frialdad. Su aspecto es radiante. Está tan bella como siempre, pues más es imposible. Desde los primeros instantes, demuestra su simpatía, brindando sonrisas a diestro y siniestro.


Sara le da muy seria al balón. 


A Sara Montiel le atrae mucho el personaje de Isabel II. 


Junto a su marido, durante uno de los descansos del ensayo. 

Una canción, aplausos; nueva canción, nuevos aplausos… Así hasta quince actuaciones, con tres cambios de vestido. Pero ya es distinto el ambiente. Los aplausos de compromiso se han transformado en ovaciones delirantes, en entusiasmo desbordado. La emoción del público también afecta a la artista, quien, al cantar “Nena”, ve quebrársele la voz. Todos los presentes vemos las lágrimas en sus ojos, que enjuga al mismo tiempo que el sudor. Cuando el termómetro de la simpatía llega al máximo es en el momento de anunciar ella misma…
-Ahora voy a cantar, para todos ustedes, “La Violetera”.
El aire se hace aplausos, sobre todo cuando Sara empieza a arrojar rosas al público. Y todos consiguen su flor, como un recuerdo de esta actuación inolvidable, histórica.

PETICIÓN DE AUTÓGRAFOS
El éxito conseguido por Sara Montiel se ve reflejado, poco después, en su camerino, donde todos quieren la foto dedicada, el autógrafo de la “estrella”. Incluso los extranjeros, como un congolés tímido, que nos pide ayuda para conseguir la foto de ella, porque la considera inasequible.
-Sólo la conozco a través de sus películas. Personalmente, nunca la había visto.
Le aconsejamos que entre él, pues sabemos que Sara le atenderá amablemente. El hombre nos mira con un poco de desconfianza, pero al fin se decide. Al rato sale con la foto dedicada, levantándola por encima de las cabezas, para que no se arrugue, y se dirige de nuevo a nosotros.
-Muchas gracias, señor. Tenía usted razón, es una mujer maravillosa, toda simpatía.
Y, mientras seguimos charlando con el congolés, la cola de “fans” sigue luchando por ver a Sara, por conseguir el tan deseado autógrafo. Hay personas de todas las edades, de todas las categorías sociales.


Sara en plena actuación. 


Departiendo con "El Viti". 


Una Sara insólita. 

SARA SE DEFINE POLÍTICAMENTE
Al día siguiente nos dedicamos a descansar, sin apartarnos de la Bella, que siempre puede darnos la noticia inesperada, sensacional, sobre todo en estas charlas amistosas, sin bolígrafos ni cuartillas. Nos bañamos en la misma piscina y, en un momento de descanso, volvemos al diálogo con María Antonia, pues ella es Sara Montiel sólo cuando actúa.
-A mí lo que de verdad me gusta –nos dice medio en broma, medio en serio- es la política. No pongas esta cara de susto. Sí, me gusta la política.
-¿Y qué te gusta de la política?
-Me encanta estudiar las corrientes del pensamiento político en las diversas épocas, pero no en plan erudito. Sobre todo me gustan las crónicas de testigos que han vivido los hechos que relatan.
-¿Y cómo te definirías políticamente?
-Es una cuestión que he pensado muchas veces. Creo que soy de tendencia liberal. Ahora, eso sí, no soy una mujer de política activa, ni creo que lo seré nunca. Yo no quiero pertenecer a ninguna minoría, ni a partidos. Me gusta sentirme liberal en mi fuero interno y nada más.
-¿El gobierno de qué país te gusta más?
-No sé. Creo que cada país está regido de modo que, según la coyuntura histórica, le conviene más.
Vamos de asombro en asombro. Nunca nos habíamos imaginado que Sara Montiel pudiera hablar así. Creemos, sinceramente, que ésta es una faceta inédita de nuestra más famosa artista de la pantalla y la canción. Nos hubiera gustado conocer más opiniones suyas sobre política, pero ha llegado la hora de comer y Sarita decide que es más importante alimentarse que hablar, sea cual fuere el tema.

EDUARDO CÁLIZ VIDAL
(Hispania Press)
(Fotos del autor)


EL RECORTE CCLXXXV
Las apariciones de Sara en el escenario siempre fueron cosa seria. La expectación y el entusiasmo rodearon todos sus espectáculos. Incluso al final de sus días, cuando muchos jóvenes acudieron a sus sencillos recitales sólo por contemplar a un mito. En este caso, hablamos de su reaparición de 1.972. Rodeada por el star-system de la época, así lo recogió la revista Semana en su número de 3 de Junio de ese año. 

CITA DE ESTRELLAS EN LA REAPARICIÓN DE
SARA MONTIEL

Sara Montiel, ya repuesta de la operación que sufriera recientemente, ha reaparecido en una sala madrileña. Gran número de estrellas asistió a la función. 


Un trío popular: Carmen Sevilla, Augusto Algueró y Vicente Parra, que lucía una corbata de lazo muy "discreta". Al matrimonio Algueró se le ve junto con mucha frecuencia últimamente. 


Lola Flores, Carmen Flores y Mercedes Vecino, tres "fans" de la Montiel. 


Juan Pardo y su jovencísima esposa, Emy. Pardo, como siempre, con atuendo "in". 


Queta Claver estuvo acompañada por el bailarín Paco de Alba. Se rumorea que entre ellos hay algo más que amistad, pero Queta lo niega. 


El encuentro de Sara Montiel y Paquita Rico fue muy emotivo, como se demuestra en nuestra fotografía. 


Una de las dos, Paquita Rico o Carmen Sevilla, ha contado una historia muy graciosa. Y ríen. Niní Montián, testigo del risueño encuentro. 


Lola Flores y Antonio González bailaron una y otra vez. Lola es incansable. Antonio, a juzgar por su gesto, prefería descansar...


Dolores Vargas, "La Terremoto", lucía un vestido largo, alegre y colorista. 


Marisa Medina y Alfonso Santisteban procuran no perderse ninguna fiesta. Les gusta divertirse. 


LA FOTO CCLXXXV


Foto de la época. De la agencia EFE. 

sábado, 21 de abril de 2018

L' EUROPEO - 22 de Marzo de 1.959 - Italia


LA COPERTINA
Sarita Montiel. L'attrice e cantante spagnola si è presentata per la prima volta in Italia in un ruolo di primo piano col film La violetera. La Montiel, moglie del regista Anthony Mann, che realizzò Il piccolo campo, fu tra le ospiti più notate, per la sua bellezza, al Festival di Venezia. Il suo primo lavoro d'impegno fu nel film Vera Cruz, prodtto a Hollywood. 


EL RECORTE CCLXXVIII
Seguramente, la diva nunca pudo imaginar que 20 años después de los estrenos de 'El último cuplé' y 'La violetera' sería la estrella que fué, que se mantenía, y seguía enamorando al gran público. En este reportaje de Lecturas, de 17 de Noviembre de 1.972, vemos un ejemplo de ello. 


SARA MONTIEL,
EN LAS VEGAS:
“Desde hace años me doy una vuelta por aquí, siempre que puedo, para ver los ‘shows’ y coger ideas”
Desde Las Vegas, Sarita se fue a Los Ángeles, donde le dieron la “Llave de la ciudad”.

La imagen de Sarita en Las Vegas es realmente nueva. Sin embargo, la españolísima estrella asegura que va todos los años, para dar un "repaso a los espectáculos". 

La llegada a Las Vegas durante el día es sorprendentemente triste. La retina se acostumbra pronto al paisaje sin alteraciones del desierto; no hay perfiles, no hay desniveles…, luego, casi con sobresalto, se descubre el grupo de polvorientas casas que, agrupadas a lo largo de una ancha autopista, constituye Las Vegas.
La nota más pintoresca a la luz diurna quizá se encuentre en las pequeñas iglesias con luminosos cambiantes, ofreciendo sus servicios matrimoniales en días de veinticuatro horas: “Open 24 hours”, “Marriage day & night”… y un largo etcétera de sugerentes propuestas.
Ya con la puesta de sol y los largos y brillantes “carros” corriendo por el asfalto, se encienden las primeras luces. A esta señal acuden los luminosos de toda la ciudad en un intento de incendiar el horizonte. Las Vegas se convierte en una gran antorcha, una atrayente e inmensa luz, donde quedan atrapados los aventureros del mundo.
Hoteles altos y confortables en un supremo esfuerzo por atraer clientes convierten sus vestíbulos tragaperras se suceden a lo largo y ancho de la ciudad, incluso en la farmacia se pueden jugar unos níqueles, mientras se espera el benigno fármaco.
“Shows” a cargo de Sergio Mendes, Nancy Sinatra, “Sonny & Cher”, Belafonte… Caras conocidas del mundo del espectáculo se enfrentan a la ruleta, se entrecruzan en el “hall” de los hoteles e incluso hacen cola pacientemente para asistir al “show” nocturno.



Bajo los anuncios luminosos de los cabarets y salas de juego, Sarita posó para nosotros, en un completo recorrido por la famosa "city".

Es uno de mis numerosos vagabundeos y cuando ya la máquina tragaperras se hubo engullido mi último centavo, encuentro, no sin cierta sorpresa, a nuestra españolísima Sara.
Con unos kilos de más, con unas joyas de más y bien cobijada bajo una estola de visón, sale Sarita del “show” de Nancy Sinatra, que se presenta en el Hotel Riviera. Todo en ella resulta omnipotente, agresivo, trivial y maduro. La Sara que nosotros conocemos se ha atrincherado tras la personalidad que en su día difundió y de la que ha hecho su única dimensión pública. Pero esto es aparente o al menos parece aparente cuando se habla con ella.
Le pregunto si se le pueden hacer fotos en Las Vegas “by night”, a lo que accede encantada, mientras piensa en las posibilidades que ofrecen las luces de los neones para su rostro. En un recorrido por la “city” posa aquí y allá con auténtica profesionalidad, elige el luminoso, separa un poco la cabeza evitando primerísimos planos, se fotografía delante del Pionner Club, uno de los locales más antiguos de la ciudad.


Sarita se situó delante de las máquinas tragaperras, aunque aclaró que, a pesar de que hace muchos años que va a Las Vegas, nunca le gustó el juego. 


Sarita fue a recibir la "Llave de la ciudad", de Los Ángeles, de la que se ha hecho merecedora a través de la difusión que han tenido sus películas allí. 


A su regreso a España, Sarita comenzará a rodar una nueva película, esta vez a las órdenes de Angelino Fons, que llevará por título "De aire y de fuego". 

Se sitúa delante de las máquinas tragaperras, aunque rápidamente aclara que, a pesar de que hace muchos años que va a Las Vegas y de que su ex marido, Anthony Mann, era un gran jugador, no le gusta ni el juego ni la bebida.
-En estos momentos me encuentras en Las Vegas porque he venido a ver los “shows”. Desde hace años, y siempre que puedo, me doy un repaso a los espectáculos de aquí para coger ideas… Mañana, no obstante, vuelvo a Los Ángeles, donde me han dado recientemente la “Llave de la ciudad”. ¡Gonzalo, cuéntale eso!
Sarita delega la explicación en Gonzalo Checa, director de Metropolitan Theatres Corporation, quien se apresura a darme hasta el último detalle sobre la visita de quien él considera una de las diez actrices más populares en América.
-¡Encantado! La Cadena Metropolitana, la ciudad de Los Ángeles y la Casa de España, se han aunado para dar a Sara Montiel la “Llave de la ciudad”, de la cual se ha hecho merecedora a través de la difusión que han tenido sus películas acá. Por favor, transmita a los lectores de España nuestro agradecimiento por habernos proporcionado una artista de la categoría de Sara. Hace unos días hemos hecho su “premiere” de la película “Varietés”. Ha sido un éxito.
Interpelo de nuevo a la diva:
-¿Cuánto tiempo te piensas quedar en Los Ángeles?
-Bueno, tengo que regresar dentro de poco a España para empezar el rodaje de una película de Angelino Fons, titulada “De aire y de fuego”, en donde hago un papel de cantante. En principio se ha previsto por rodar exteriores en París, Roma, Londres y Madrid. Pero para la primavera volveré a estar aquí, pues voy a realizar una “tournée” por Las Vegas, Buenos Aires, San Francisco, Los Ángeles, Nueva York…


La actriz quiso que la fotografiásemos delante del Pionner Club, uno de los locales más antiguos de Las Vegas. 

-¿Continúas con tu estilo?
-Eso depende. De momento estoy preparando canciones modernas, que cantaré en inglés y en francés. Uno de los que componen canciones para mí es el hijo de Vittorio de Sica.
-¿Cómo estás de posibilidades?
-Perfectamente. Estoy en un momento tan bueno como siempre, además, debuto próximamente en el Olympia, de París. ¡Así que figúrate!
Comento sobre la expectación que causa la presentación, en Las Vegas, de Liza Minnelli, y sobre el éxito de su película titulada “Cabaret”. Sara me dice que no puede quedarse a presenciar el espectáculo porque su pasaje de avión es para la mañana siguiente.
-¿Cómo eres?
-Soy yo misma, sin imitar a nadie, por eso me mantengo siempre arriba. Soy igual fuera que dentro de la pantalla, y mis personajes se ajustan a mi personalidad sin alteraciones.


Sarita no descuida nunca su aspecto. Bajo las luces de Las Vegas, retoca su maquillaje. 

-Bien, pasemos a otra cosa. ¿Qué hay de tu finca en Palma de Mallorca?
-Me he comprado una casa en Palma, donde paso temporadas. Me gusta mucho la vida allí; además, puedo pintar y trabajar en cerámica, que es lo que me gusta.
-¿Te lo tomas en serio?
-Naturalmente, bonita. No quiere decir que me presente a una exposición, pero tomo muy en serio la cerámica, tanto es así que he hecho poner en mi finca un horno de ladrillos calentados.
Sarita me hace un caso relativo, está especialmente pendiente del fotógrafo.
-Oye, fotografíame aquí, que hay una luz muy suave. Espera, que me arreglo la cara…
-¿Sabes tanto de fotografía como dicen?
-Pues claro que sí, rica, tanto como tú tienes que saber de periodismo.
-¿Eres conocida aquí?
-Ya lo creo. Figúrate que esta tarde tomamos un taxi y el taxista me fue diciendo que le recordaba muchísimo a una famosa artista española. Al final, y cuando me pudo ver bien la cara, me dijo: ‘Tú eres la Montiel’, y, contentísimo, no me cobró el recorrido. Eso es bastante frecuente, ten en cuenta que soy una de las artistas españolas que más se conoce en América.


La popularidad de Sarita por aquellas tierras es considerable. Según ella misma nos explicó, en muchas ocasiones la reconocen por la calle. 

Sarita se pasea por medio de la calzada con sus altísimos zapatos de aguja y su estola de visón, se para de vez en cuando y justo en el momento que considera que la luz es buena para fotografiar. Los automovilistas frenan ligeramente perplejos y ella, con aire de abanderada, les da paso.
Se queja de que tiene hambre, y son ya las tres de la madrugada cuando en un local permanentemente abierto se come un par de bocadillos. Se acompaña con coca-cola, sosteniendo su afirmación de anti-alcohólica. Me comenta que tiene billete para Los Ángeles a las siete de la mañana y parece no importarle demasiado que por la noche se presente el “show” más importante del año en Las Vegas: la ‘premiére’ de Liza Minelli.
En la tarde del día siguiente, cuando suponía a la artista ya en Los Ángeles, la veo, no sin asombro, perdida en la cola del “Show Minnelli”, ligeramente inquieta de ser reconocida entre la multitud norteamericana.
Acabo el reportaje aún perpleja de que Las Vegas, en la noche, tenga la misma imagen dorada difundida por las películas de Elvys Presley y Ann Margret y que, a pesar del tiempo, a Sarita le dé cierto rubor confesar que le interesa la famosa “show-girl” de “Cabaret”.

Texto: G. F.
(Fotos O. M.)


LA FOTO CCLXXVIII


La diva a finales de los '50.