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domingo, 22 de septiembre de 2024

LA ACTUALIDAD ESPAÑOLA - 13 de junio de 1957 - España


NUESTRA PORTADA

Dos rostros famosos y bellísimos se asoman esta semana a nuestra portada. Carmen Sevilla y Sarita Montiel, Sarita Montiel y Carmen Sevilla –tanto monta- han logrado una fama internacional. Aparte de su belleza, que ya es apartar, cuentan con un arte espléndido que se manifiesta a través de sus muchas películas. La competencia, noble y del mejor tono, ha sido entablada entre ambas, por las preferencias del espectador y también por el pulso de sus respectivas personalidades que las diferencian. Y con todo esto, el cine español ha estrenado una vibración apasionante hasta ahora desconocida. De esta posible lucha saldrán vencedoras nuestras dos estrellas, por méritos propios e indiscutibles.


 HISTORIA DE UNAS VIOLETAS

Carmen Sevilla y

Sarita Montiel,

dos estrellas guapas y famosas, en el difícil paralelo de la popularidad.

Sus temperamentos artísticos son tan totalmente opuestos como Andalucía y la Mancha


CARMEN, recostada sobre el cuero rojo del asiento de su Mercedes, me va explicando el argumento de su próxima película: “La violetera”. A ella, tan joven y tan guapa, le hace gracia el que, en determinadas escenas de la película, tiene que aparentar una vejez de la que está muy lejos. Fea, imposible. Está ilusionada. Muy ilusionada. Todo su optimismo personal, muchas veces puesto a prueba en su vida cinematográfica, se vuelca en un caudal de esperanzas. Aún desconoce el nombre del galán. Confía en que sea famoso. Por eso yo me temo que será extranjero.

Recuerdo que al despedirnos le deseé mucha suerte. Toda la que se merece. Y me sonrió como ella sólo sabe hacerlo. Con el corazón. Desde aquel día han transcurrido varios meses. He vuelto a ver a Carmen en contadas ocasiones: estrenos de gala, conktails… Es decir, siempre rodeada de una muralla humana casi infranqueable. La última vez que la he visto ha sido en el cine Chueca. Se iba a elegir la “Maja de Madrid”. Y me extrañó mucho su asistencia. Sabía, de forma positiva, que no había sido invitada a participar en la reunión de estrellas convocadas al efecto. Me había producido una gran decepción. Pero… Había un precedente. Un lamentable precedente, que viene a cuento. Carmen había sido seleccionada, junto a otras compañeras suyas, para participar en la Semana del Cine Español que se iba a celebrar en Caracas. Única condición: rápido regreso a España. Tenía necesidad de volver pronto para estudiar el papel de su película. Dimes y diretes. Su nombre es borrado de la lista. Decepción allende los mares, donde es esperada con la máxima expectación. Y por los medios cinematográficos de Madrid corre el rumor de que “alguien” ha lanzado la peregrina idea de declarar el “boicot” a Carmen Sevilla. 


Sarita Montiel abandona el local donde se exhibe "El último cuplé".


Sara Montiel, en Barajas, es recibida por el productor Perojo.

“Boicot” llamado al fracaso

No será invitada a ninguna fiesta. Ese “alguien”, que se va desdoblando en “algunos”, pretende justificar su actitud como una represalia por la lógica decisión de Carmen. El tiempo le ha dado la razón: a estas alturas todavía está ausente de España la delegación que representó a nuestro país en América. Y el teléfono de Carmen suena constantemente. El tono de las llamadas se puede resumir en estas palabras: “Estamos contigo”. Carmen, mujer discreta por excelencia, ajena al tinglado que se está levantando, marcha a la feria de Sevilla. Ofrece una fantástica fiesta, a la que acude el “todo Europa”: testas coronadas, títulos antañones con grandeza de España… Carmen ha escogido un grupo de churumbeles para que canten y bailen. En la caseta se forma la marimorena. Y luego Carmen, en honor de sus invitados, canta y baila por todo lo alto hasta la madrugada. Al día siguiente, por Sevilla, los escogidos presumen de haber asistido a una fiesta inolvidable.

Viéndola montada a caballo, con su traje de amazona, su gentil figura cobra un aire de majeza indecible. A la sombra de su sombrero cordobés miran dos ojos que sonríen por su cuenta, para riesgo de aquellos que los contemplan. Está en la fiesta de su tierra: Sevilla. ¡Que prueben los guapos a hacerle el “boicot” aquí, a la vera del Guadalquivir! Pero Carmen se ha olvidado de eso. Más aún: lo ignora, con gesto de suprema elegancia. Ella es así. Y no hay nadie capaz de cambiarla. ¡Las “faenas” en el ruedo de la Maestranza, ante los toritos de Miura! Dando la cara y jugándose el tipo, como los hombres valientes. Nada más.

Regresa a Madrid. Según su costumbre, apenas sale de su chalet, en la zona residencial de El Viso. Se la vuelve a ver en algún cocktail. A las preguntas sobre qué ha pasado, una respuesta concreta: “Nada”. Sin más explicaciones. Luego me he enterado que Carmen ha recibido en su casa la visita de una personalidad cinematográfica –todo un caballero- que ha limado las posibles asperezas. Claro está que de antemano se contaba con la buena voluntad de Carmen, siempre dispuesta a comprender incluso aquello que tiene turbia explicación. ¡Pelillos a la mar!

Volvamos a Chueca. El hecho es que Carmen está allí, con su traje color fucsia y sus visones blancos. Una novedad: se ha cortado el pelo. Me gustaría hablar con ella para decirla que así la encuentro más internacional. Pero aprovecho todo el tiempo de que dispongo para escuchar. El piropo siempre es posible. Y escucho la explicación de su presencia en el cine. Por lo oído, un magnífico amigo de Carmen y también mío la ha llamado por teléfono, aquella misma noche, a las nueve. Esto es, dos horas antes de empezar el festival. Carmen le escucha atenta y sorprendida. Quiere que asista por encima de todo. Carmen comprende y asiente. Irá. Sorpresa general entre bastidores. Agradable sorpresa. Me resisto a creer que “alguien” se sintiera molesto por la llegada de Carmen. Sin embargo… No sé, no sé.




Historia gráfica del encuentro de Carmen Sevilla y Sarita Montiel, en una dependencia del cine Chueca, de Madrid, en el transcurso de un festival, en el que ambas intervinieron.

Pisando firme en terreno resbaladizo

Al acabar la proyección, las actrices van saliendo por el patio de butacas. Ovaciones de distinto calibre, con arreglo a las preferencias del público, que abarrota el local. Carmen Sevilla sale en último lugar. Nadie la esperaba, por no estar anunciada en el programa. Le dedican una ovación que, en honor de la verdad, bate los récords anteriores. Que nadie se sorprenda. Tengo miles de testigos. Que nadie tampoco se moleste. Cuento las cosas tal y como sucedieron. Ovación de clamor, que mide la popularidad inconmensurable de Carmen. Popularidad ganada a pulso y a través de los años. Ha interpretado más películas que cualquier otra artista española de su generación. Unas han sido buenas, otras regulares y otras malas. De todo ha habido. Pero siempre su nombre ha sido garantía de éxito, al menos económico. Para hacer películas de categoría se ha visto obligada a interpretar otras ínfimas. Desde su primera película –“Jalisco canta en Sevilla”- hasta la última que ha filmado –“Aventura para dos”- Carmen se ha desenvuelto en el ambiente cinematográfico con una autonomía personal digna de todo encomio. Y ahí está para quien quiera algo de ella. Pisando firme en terreno resbaladizo. Méritos propios. Eso es.


Sarita Montiel, desde el escenario del Rialto, saluda con gesto muy expresivo.

…después todo se sabe

Observo que las señoras aplauden con más fuerza. Admiran a la artista, pero también a la persona. Simpatía, modestia y un salero que provoca el ole. A la salida se habla de cierto incidente. El comentario no trasciende al público en general. ¿Qué ha sucedido? En realidad creo que, de producirse algo, carece de importancia. Unos echan leña, mientras otros pretende apagar el fuego. Y todo se queda, al parecer, en tablas.

A mi juicio hubo más motivos durante un reciente estreno cinematográfico en un local de la Gran Vía. Estreno de una película que yo soy el primero en admirar y aplaudir. Se llama “El último cuplé” y su protagonista es Sarita Montiel. Un dicho muy castizo afirma: “No te digo nada, porque después todo se sabe”. Con razón. Yo lo supe. Lo oí. Y me dolió. Por dos razones: por quien lo dijo y por lo que dijo. También en este caso tengo testigos. No es una afirmación gratuita. Al parecer se pretendía destronar a una reina para que otra ocupase el sitial. ¿Tan pequeño es el cine español para que no quepan en él dos tronos? Lo más curioso del caso es que el parangón se establecía entre dos artistas de estilo completamente distinto. ¿Acaso no es más elegante dar a cada una lo suyo? Insisto en que no puede haber competencia por tratarse de dos artistas de temperamento totalmente opuesto. Y, aparte de esto, buenas amigas.

¿Por qué, entonces, se pretende arrancar de las manos de una el ramo de violetas que se le había ofrecido para dárselo a la otra? Esas violetas estaban compuestas en un “bouquet”, por lo visto, muy parecido al… último exhibido al público. Tres “bouquets” estaban en posesión de una, la primera escogida, para que eligiese a su gusto. Y luego… Como las violetas son más pequeñas y más modestas no sucedió lo que con los nardos, que basta uno para convencer. Y las violetas fueron acompañadas con pan, amor y etiqueta de cierta región española, cuyo nombre exalta la fantasía. Las otras manos femeninas, en gesto encomiable, no han aceptado el ofrecimiento.

Sevilla, hecha apellido, pasea su garbo por dos mundos. Sola, con su arte. Y con un deseo muy dentro prendido: que el cine español suba muy alto. Carmen ahora estudia el guión de su próxima película. Una coproducción hispanoitaliana que se titula “Santa Ana y el coro”, que interpretará junto al famoso actor norteamericano Barry Fitzgerald. Don canciones en la película. Melenita y un traje de crespón. Y su nombre otra vez en las pantallas: Carmen Sevilla. También le espera el Festival de Berlín. Quieren que vaya. Irá, encantada. Como ha ido a Méjico, a Buenos Aires, a Hollywood, a Roma. Y si se lo piden, que así se lo pedirán, cantará y bailará con su mejor entusiasmo. Con todo su arte. Por mujer y sevillana es bonita y graciosa. Y artista por naturaleza. Ese es su mejor trono. El ala de su sombrero ancho en su mejor corona.

Las violetas se esconden cada noche, para volver a mostrarse al día siguiente. Con modestia. Sin alardes. No hay caminante que se atreva a pisarlas. Y menos a arrancarlas para ofrecerlas a una persona y luego dejarla con las manos vacías. Lo mismo en los campos de Andalucía que en los de La Mancha. Porque las violetas florecen incluso en los sitios más ignorados.

 

JOSÉ LUÍS QUINTANILLA


MAJA DE MADRID. Organizado por nuestro querido colega el diario vespertino “El Alcázar”, se ha celebrado un concurso para elegir la “Maja de Madrid” entre los doce distritos de la capital. Miles de muchachas concurrieron a este magno certamen, cuya finalidad era exaltar, de forma noble y sincera, el tipismo madrileño y la belleza de sus mujeres. Las doce majas elegidas fueron presentadas al juraco seleccionador, cuya presidenta honoraria es Sarita Montiel. Resultó elegida la maja presentada por el distrito del Retiro, señorita Mari Conchi Mahor, de dieciséis años de edad. Al festival celebrado en el cine Chueca concurrieron las más famosas estrellas y actores de la cinematografía nacional: Elisa Montés, Sarita Montiel, Mari Luz Galicia, Asunción Sancho, Carmen Sevilla –que impuso la banda a la ganadora-, Rubén Rojo, Vicente Parra…, que hicieron patente su admiración a la señorita Mahor y elogios del éxito de “El Alcázar”, diario que ha ofrecido gentilmente a Madrid su Maja. 


LA JOVEN Y BELLÍSIMA actriz española Sarita Montiel fue obsequiada por la firma Helene Curtis con un lote de sus mundialmente famosos productos para el cuidado y embellecimiento del cabello, durante la gran fiesta que se celebró en el cine Chueca, en la que se nombró la “Maja de Madrid”. He aquí dos nombres de fama internacional que representan la belleza, elegancia y distinción. Una gentileza de Helene Curtis.



EL RECORTE CCCLXX

 Preferencias (muy lícitas) aparte, lo cierto es que Sara Montiel es la reina indiscutible del cine español. Y así fue desde el estreno del "Último cuplé". Treinta años después fue invitada a París a celebrar el aniversario. En este reportaje de Semana, 18 de marzo de 1987, vemos a la diva recordando y tratada como lo que siempre fue: una gran estrella. 


Esta semana cumple

cincuenta y nueve años

SARA MONTIEL,

treinta años después de

“El último cuplé”

*“Doscientas mil pesetas me pagaron por aquella película, cuya productora ganó más de quinientos millones de la época”

*“Soy un mito, lo cual es difícil de sobrellevar”

*“Quiero volver al cine, del que estoy apartada desde 1974, con un guión adecuado a mi edad, que me guste”


Sara Montiel cumple cincuenta y nueve años esta semana, pocos días después de que en París festejara las ocho primaveras de su hija, Thais, como informamos en nuestro pasado número. En la capital francesa Sara Montiel fue homenajeada por la primera cadena de la Televisión gala. Actuó en directo en la emisión “Acteur Studio”, que presenta los lunes Frederick Mitterrand, sobrino del presidente de la República, y grabó varias canciones y entrevistas para “La chance aux chansons”, programa diario en el que la estrella invitada durante esta semana, de lunes a viernes, es nuestra internacional artista manchega, a la que se le ha recordado ahora en el país vecino al cumplirse el treinta aniversario de “El último cuplé” (que en Francia se estrenó con el título de “Valencia”) y uno menos de “La violetera”, que es su película más conocida allí.

Sara volvió a rememorar sus viejos éxitos: “Colón 24”, “Frú, frú”, “Es mi hombre”, “La Madelón”, “Caracola”, “Bésame mucho”, “Nostalgias”… Coincidió en el estudio de la televisión con Georges Moustaki, que intervenía en el mismo programa junto a su compañera, Marta Contreras.

En el espacio de los lunes que anima Frederick Mitterrand Sara Montiel no vaciló en confesar:

-Soy parte de la historia del cine español y de los años finales del Hollywood glorioso, los que van desde 1950 a 1960. Soy un mito, lo que es difícil de sobrellevar, por lo que siempre tengo que estar a tono con el mito.


Sara Montiel grabando una canción para un espacio de la televisión francesa, que esta semana, de lunes a viernes, está dedicado a nuestra compatriota. Al fondo puede verse un cartel de "La violetera", su mayor éxito.

La primera vez que Sara Montiel se puso ante las cámaras fue en 1944. Todavía Enrique Herreros, publicista y dibujante excepcional, no la había bautizado artísticamente con el sobrenombre que la convertiría en estrella.

-No es fácil durante treinta años seguir llamándose Sara Montiel –nos dice la artista.

La época de la censura cinematográfica no se le ha olvidado:

-Daba la impresión de que entonces las actrices de cine no teníamos ni ombligo, ni busto, ni piernas, porque no nos dejaban enseñar nada. “Será que tiene unas piernas feas”, podía pensar la gente. Y hasta los títulos de algunas de mis películas tuvieron que ser alterados, porque por ejemplo, “Cabaretera” era una palabra inmoral para la censura y tuvimos que obligarnos a titular “Pecado de amor”.

“EL ÚLTIMO CUPLÉ”

En mayo de 1957 se estrenó “El último cuplé”, de Juan de Orduña. Fue un éxito inesperado. Volvían a ponerse de moda las canciones que a principios de siglo habían popularizado Raquel Meller y otras glorias de la época. Sara Montiel, que acababa de regresar a España después de su etapa americana, no aceptó que nadie cantara las canciones de la película (los productores querían que Lilián de Celis la doblara en los cuplés) y logró un éxito sin precedentes:

-Estuvo año y medio proyectándose diariamente en el cine Rialto, de Madrid. En el cine Gaumont, de los Campos Elíseos, de París, se mantuvo cincuenta y siete semanas. Había costado tres millones de pesetas y Cifesa, que antes de que se terminara la filmación compró a Orduña los derechos porque no tenía dinero para concluirla, ganó más de quinientos millones de entonces.

-¿Y tú, Sara, cuánto percibiste?

-Doscientas mil pesetas nada más.


Con Francis López, compositor de la mayoría de los éxitos de Luís Mariano.

“SORAYA RECORDABA MIS PELÍCULAS”

Durante su reciente estancia en París Sara Montiel saludó a la ex emperatriz Soraya en el club de Olivia Valére:

-Yo la conocía desde que hace tres años acude todos los veranos a Mallorca, donde tiene alquilado un chalé en Porto Andraitx. Tenemos amigos comunes. El año pasado dimos un almuerzo en su honor. Soraya recordó mis películas, la mayoría de las cuales había visto en Irán, cuando estaba casada con el sha.

Sara estuvo una noche en Les Bains, un restaurante-discoteca que ahora está de moda en París, aunque sea un sitio más bien “cutre” que hasta no hace mucho era un local medio abandonado que en tiempos sirvió de baños públicos. Sara saludó a Roman Polanski ruante unos minutos, que se hallaba en otro rincón de la sala. En homenaje a nuestra compatriota, además del embajador de España en París, don Juan Durán Lóriga, acudieron Frederick Mitterrand, la veterana cantante Patachou (que ahora vive en Montecarlo y acaba de cantar en la película recién estrenada “Rumba”), Francoise Arnoul, aquella deliciosa protagonista del filme “La chat”, y Jacqueline Danno, actriz dramática que ahora también canta.

Se organizó una pequeña fiesta de carnaval, y Sara, pasada la medianoche, bailó una samba con su marido, Pepe Tous, al que, por cierto, recuerda María Asquerino en su libro de “Memorias”, que aparece estos días, como uno de sus antiguos amores:

-No me molesta que María, encantadora mujer, recuerde que un día nos quisimos.

Nuestra estancia en París culminó con otra cena a la que acudió Sara Montiel nada más terminar su actuación en el programa televisivo de Frederick Mitterrand. Era la una de la madrugada cuando Sara llegó a Espace Pierre Cardin, un edificio que el célebre modista compró hace años y en el que instaló un estudio de grabación y un restaurante, al que acuden generalmente personalidades de la vida artística parisiense, sobre todo actores que a esa avanzada hora ya han terminado su función. Por ejemplo, Sara pudo saludar allí a Jean Pierre-Aumont (que estuvo casado con la legendaria María Montez) junto a su segunda esposa, Marisa Pavan (hermana de la llorada Ana María Pier Angeli).

Entre los amigos que tomaron asiento en la mesa de Sara se hallaba Francis López, popular compositor de aquellas operetas que nuestro Luís Mariano mantuvo en cartel años y años en el teatro Châtelet y que ahora ha estrenado otro espectáculo, “Fandango”, para Rudy Hirigoyen, continuador del estilo de Mariano.


Sara baila una samba con su marido, Pepe Tous -que lleva el rostro cubierto con un antifaz-, en la fiesta de carnaval ofrecida en su honor en un local de moda en París.

“QUIERO VOLVER AL CINE”

Sara tiene previsto viajar a Belgrado uno de estos días para asistir a un festival y para actuar en la Televisión yugoslava. Luego marchará a Argentina. Y cuando regrese a España preparará las galas que ha de cumplir en verano.

-También quiero volver al cine, si encuentro un guión adecuado a mi edad, que me interese. Pilar Miró también me ha hablado de un proyecto en televisión. Y Méndez-Laite estudia la posibilidad de que se me dé un homenaje por los treinta años de “El último cuplé”. Desde que hice “Varietés”, con Bardem, en 1972, prácticamente vivo retirada del cine, aunque en 1974 rodara “Cinco almohadas para una noche”. Pero repito que sigo considerando mi retirada desde esa película que dirigió Juan Antonio.

Sara, mito, es distinta a la María Antonia Abad Fernández que conocen sus amigos. Por eso no vacila en autodefinirse así:

-Soy una mujer sencilla, sin dobleces, que siempre digo lo que pienso.

 

Manuel ROMAN

Fotos Juan GALLEGO,

enviados especiales.



LA FOTO CCCLXX


Sara Montiel, por casa, a fines de los años '50.

sábado, 3 de agosto de 2024

PUEBLO - 15 de julio de 1970 - España


Esto se dice en la portada de Sara:

SARA, en directo
Cantó cuplés, como siempre, con su especial acento, con su decir suave, sensual, melancólico. Sara Montiel, nuestra Sara internacional, se presentó anoche por vez primera en una sala de fiestas, y como no es época de violetas desgranó los claveles de su ramo, uno a uno, entre los espectadores.
(información, en página 18. Foto M. GARROTE.)

SARA MONTIEL

CANTÓ EN UNA SALA DE FIESTAS

Y repartió claveles y besos con “La violetera”


Ayer, Sara Montiel cantó por vez primera en una sala de fiestas. La polifacética actriz, que campeó en el cine por más de quince años, que recorrió el mundo con el sensual decir de sus cuplés, que, todavía, no hace mucho, se presentó en público, en directo, con un espectáculo arrevistado, ha querido completar su amplia y triunfal carrera, y fue en Pavillón donde, rodeada de sus incondicionales “fans” –porque Sara ha sido probablemente la cantante española con más seguidores- repartió claveles, porque no había violetas, y nos hizo evocar otra vez los cuplés que se nos quedaron dentro, porque ella los desenterró hace algo así como catorce años: “La violetera”, y “El relicario”, y “Nena”, y “Fumando espero”, y el “Ven y ven” y hasta el “Es mi hombre” y sambas que se quedaron de sus viajes por tierras brasileñas. Y el público, su público, la volvió a aplaudir con entusiasmo y nostalgia, porque Sara, con sus cuplés, a todos nos dice algo.


(Fotos Miguel GARROTE)



EL RECORTE CCCLXIV

En 1969, la diva encontró un nuevo filón que le permitiría explotar su leyenda y estar en el candelero hasta el fin de sus días: sus espectáculos. El primero fue "Sara Montiel en persona" que, como siempre, causó mucha expectación en público y prensa. Un ejemplo es esta entrevista que, por la ocasión, concedía a la revista Semana en uno de sus números de diciembre de 1969.


SARA MONTIEL

EN PERSONA

Un espectáculo que va a presentar en Madrid y luego en provincias

*“LAS JOYAS QUE LUZCO ESTÁN ASEGURADAS EN CUARENTA Y CINCO MILLONES DE PESETAS Y EL VESTUARIO VALE CUATRO”

*“EL PÚBLICO PODRÁ VERME CARA A CARA, SIN TRAMPA, PARA QUE JUZGUE MI EDAD (37 años) Y MI PESO (57 kilos)”

*“SI TUVIERA UN HIJO, QUE DESEO, LLENARÍA EL HUECO QUE HA DEJADO MI MADRE”


Sara Montiel lucirá en su espectáculo joyas y vestidos valorados en cerca de cincuenta millones de pesetas. Estas fotos son el mejor anticipo de su "show", incluida su espléndida belleza y su fotogenia. La estrella cantará las melodías y cuplés que la han hecho famosa en sus últimas películas. 


Varios años acariciando la idea de presentarse en Madrid con sus canciones y, al fin, va a conseguirlo Sara Montiel, doce días antes de que se esfume 1969, en el madrileño teatro de la Zarzuela. El espectáculo se titula explícitamente “Sara Montiel en persona”.

Sara Montiel ha sido la actriz cinematográfica española más espectacular de la última década. Se le ha acusado de fomentar un cine infradesarrollado, populachero y de fácil consumo, y ella, que no rebate estos términos, aunque le fastidie toda etiqueta que lleve un signo peyorativo, dice simplemente que “le admiran doscientos millones de personas que han visto sus películas”. En Europa, ciertamente, saben de Sara Montiel y en los países del otro lado del “telón de acero” también. En Oriente Medio conocen muy bien a nuestra protagonista. En el fondo, hay una razón poderosísima para jactarse.

Presume de guapa, de joven y de sincera. Viste bien, en escena y en la calle. Y, para colmo, en su espectáculo exhibe una veintena de trajes costosísimos, algunos de los cuales pueden conocerlos nuestros lectores, por especial deferencia de la estrella, que ha accedido a posar con ellos antes de que se levante el telón. 



MILLONES EN JOYAS Y VESTIDOS

La tarde es velazqueña y se capta muy bien desde el décimo piso de un edificio de la plaza de España, de Madrid, donde vive Sara Montiel y donde vivía también su madre, para la que la actriz tiene, en cada momento de la conversación, un emocionado recuerdo.

-¿Cuántos vestidos, Sara, presenta en su espectáculo?

-Veintiún modelos, de Vargas Ochagavía, Maribel y Christian Dior.

-Los que convertidos en millones, ¿suponen…?

-Cuatro millones, más o menos. El más barato vale ciento veintidós mil pesetas.

El guardarropa de Sara Montiel, en esta ocasión, se compone indistintamente de trajes de noche y conjuntos minifalda. Predomina el color negro y, entre todos los vestidos, uno con lentejuelas, confeccionado con materiales traídos expresamente de Checoslovaquia, destaca poderosamente, y el fucsia espléndido, en forma de túnica, firmado por la casa Dior.

-¿Pasarán estos vestidos a su colección particular?

-No, porque cuando terminen todas las actuaciones, estarán poco menos que inservibles, de tanto ponérmelos y quitármelos.

-Indaguemos en el capítulo de las joyas.

-Toma nota: voy a asegurar las joyas en cuarenta y cinco millones de pesetas. Al principio, hemos tenido dificultades en encontrar una casa de seguros que se hiciera cargo. Alegaban que en un camarín es fácil que llegue a extraviarse cualquier pieza. Finalmente, hemos resuelto este apartado. 


UN “SHOW” CON CANCIONES POPULARES

La casa de Sara Montiel parece la de un coleccionista de recuerdos. En cierto modo, la podríamos comparar con un caro refugio de Ramón Gómez de la Serna. Una botillería de Pombo, pero con millones. Tiene un Clavijo, un Modigliani, creo que también un Goya y un magnífico paisaje matritense de Eduardo Vicente. Lacas y porcelanas chinas, un busto de rico mármol, cachivaches de plata… Y, todo esto, ganado a pulso, porque Sara recuerda:

-Yo he pasado lo mío, ¿sabes? En diciembre de 1944 murió mi padre y tuvimos que vender nuestra casa de Campo de Criptana para pagar los gastos del entierro. Nos pusimos a trabajar mi madre, mi hermana Ángeles y yo. A mí me pagaban quince pesetas diarias. Cuando contaba trece años, en 1945, hice un papelito en “Empezó en boda”, por el que me dieron siete mil pesetas. Ya ves si ha llovido desde entonces…

En efecto, ha llovido y mucho. El espectáculo “Sara Montiel en persona” supone, entre vestuario, joyas y gastos en el montaje, sesenta millones de pesetas.

-¿De qué se compone el programa?

-Es un “show”. Un “show” de canciones como el que he ofrecido en Rumanía, Checoslovaquia, Japón, Puerto Rico y Santo Domingo. Canciones que ya conoce la gente, popularizadas en mis últimas películas y otras más modernas, de las que canta Armando Manzanero. Después de presentarme en Madrid, iremos a otras provincias españolas.

-¿Su mayor sorpresa, Sara?

-Que salgo con poca ropa en escena. El público podrá juzgar si tengo arrugas, si estoy gorda como dicen… En fin, me verán cara a cara. No habrá trampa.

-¿Tiene miedo?

-¿Yo, miedo?

-Se habla de sus años, Sara…

-¡Hijo…! Que tengo treinta y siete años y estoy de muy buen ver! ¿Quieres saber una cosa? Cuando yo tenía dieciséis años y me obligaban a hacer papeles de mayor, pesaba setenta y un kilos. Ahora peso cincuenta y siete y de ahí no paso.


CONFESIÓN A MEDIA VOZ

-Ande, Sara. Acúsese de algo.

-De ser terriblemente sincera.

-Dos matrimonios en su haber y está hoy aquí, sola en casa. Mire a su alrededor y dígame: ¿no siente un vacío?

-Sí. Mi madre, naturalmente.

-¿Nada más?

-Un hijo. Quisiera tener un hijo.

Corre uno el peligro de caer fácilmente en el folletín, pero hago constar que el diálogo es completamente verídico.

-¿Desea ser madre?

-Más que nunca. Ahora veo la vida de otra manera. Mi madre había sido para mí también como una hija. Egoístamente digo todo esto, pero es verdad que si tuviera un hijo llenaría el hueco que ha dejado mi madre.

Sara y su ramalazo de sinceridad.

-Soy muy sentimental, por encima de otras muchas cosas.

-¿Ha llegado a creerse que es “más” Sara Montiel que María Antonia Abad?

-Nunca he olvidado que en el Registro Civil constan estos nombres: María Antonia Isidora Alejandra Elpidia, hija de Isidoro y María Vicenta, nacida en 1933…

Se le han humedecido los ojos del alma. Nos ha hablado María Antonia Abad Fernández, que va a presentar, doce días antes de que se vaya 1969, el “show” “Sara Montiel en persona”.

 

Manuel ROMÁN

(Fotos Julio Larrú.)



LA FOTO CCCLXIV


Sara Montiel en su espectáculo "Sara Montiel en persona" (1969-1973).

sábado, 20 de abril de 2024

FOTOGRAMAS - 3 de septiembre de 1971 - España


SARITA MONTIEL:

“YO NO ME CONSERVO…

¡SOY JOVEN!”


Una nueva Sara Montiel, rubia y mucho más delgada para las "Varietés" de Juan Antonio Bardem.

SARITA acaba de filmar la película “Varietés”, en la que ha trabajado a las órdenes de Bardem. Se siente muy satisfecha y dice estar cansada. Sus proyectos inmediatos son: primero, ir de vacaciones por Europa; después, cumplir con un contrato para trabajar en TV, en Nueva York y Los Ángeles. ¿Otros proyectos de películas en perspectiva? De momento, la actriz no responde.

He llegado a casa de Sarita, en la Plaza de España, con la prisa pisándome los talones y el sol en la cabeza. Sarita me ha dado el tiempo justo para personarme. “Estoy a punto de acostarme”, me ha dicho. Y no es que Sarita prefiera dormir de día, pero es que hoy ha finalizado la filmación de “Varietés” y todavía no se ha acostado.

-¡Huy!, perdona que te reciba así, pero es que acabo de llegar de los estudios. Imagínate, hoy ha sido el último día de filmación, algo agotador. Hemos acabado pasadas las diez de la mañana.

La niña que soñaba con ser actriz mientras envolvía naranjas en Orihuela vive hoy entre sillerías chinas, lámparas “art-nouveau”, figuritas de arroz, cerámicas mejicanas y pájaros de porcelana en un gran salón en donde yo apenas he aguardado unos minutos antes de que apareciera ella.

Un año cantó en la procesión de Semana Santa de Orihuela, gracias a lo que algunos directivos de Cifesa se fijaron en ella. Después, en 1942, a Madrid, en la posguerra del estraperlo. En 1944 Sara Montiel había llegado a las puertas del cine con “Empezó en boda”, a la que sigue “Mariona Rebull”, en el año 1946, película en la que canta por primera vez un cuplé. Este tipo de producto iba a dar sus grandes taquillazos. “El último cuplé”, en el 57, “La violetera”, en el 58. Lilian de Celis resucitaba en la radio la nostálgica moda ya olvidada de los cuplés. Sara Montiel resucitaría esta moda en el cine.

“Nena, me decías loco de pasión,

nena, que vida llenas de ilusión;

deja que ponga con embeleso

junto a tus labios la llama divina

de un beso”.

Luego vendrían “Carmen, la de Ronda”, en el 59; “Mi último tango”, “La bella Lola”, “La reina del Chantecler”, “La mujer perdida”, “Esa mujer”, “Tuset Street”, en los años 60. Y, ahora, inicia la década de los 70 con “Varietés”.

-Hábleme de “Varietés” y de Bardem.

-“Varietés”, Bardem; sí, claro. Bardem es un hombre estupendo. La película está llena de mensaje social, pero nada de política; normal. El guión ha sido todo escrito por él. Lo ha sacado de sus propias carnes. El tema, ya sabes, basado en la vida de varietés de los años 30. Los sinsabores del amor y todo eso.


Por fin han podido reunirse Vicente Parra y Sara Montiel, después del proyecto frustrado de "La guerrillera de Villa".

Durante el primer matrimonio de Sara con Anthony Mann dijo la actriz que aprendió los secretos del cine. “Estuve a su lado permanentemente en las salas de montaje y gracias a él podría dirigir una película”. Después de “Esa mujer” Sara había confesado que tenía muchos deseos de dirigir una próxima película.

-Sara, ¿qué tienes tú que ver en la película “Varietés” aparte de como actriz?

-Nada, absolutamente nada. Es una película dirigida totalmente por Bardem.

-¿Y la financiación a cargo de quién…?

-El dinero es exclusivamente su propio dinero. No hay dinero de nadie más y, además, no puedo decir que sea una película de encargo, porque sería mentira. La dirige él y la financia también él.

Sara dice que sus autores favoritos son Hemingway, a quien conoció en La Habana, Unamuno y Miguel Hernández, que lee el periódico cada día y que ahora está leyendo por segunda vez “Cien años de soledad”, de Gabriel García Márquez.

-Me parece uno de los libros más impresionantes que he leído. Me gusta la humanidad, la sencillez y la tragedia del tema.

La llamada sucesora de Raquel Meller se casó en Los Ángeles por el rito judaico con Anthony Mann. Más tarde obtendría la anulación de su matrimonio y, también en marzo, pero del 1964, se casó de nuevo con José Vicente Ramírez Olalla en la iglesia de Montserrat de Roma. Ahora de nuevo rumores en torno a que su vida privada está en crisis. Hay quienes dicen que no se llevan bien; otros, que está separados.

-Nada, somos un matrimonio normal, no estamos separados y somos muy felices.

-¿Muy felices?

-Bueno, ya sabes; tenemos nuestras cosillas, como todos los matrimonios, pero nos llevamos bien. Yo hago mi vida de artista y él hace su vida de negocios.

-Sara, de entre las cosas que pasan actualmente en el mundo, ¿cuál te parece la peor de todas?

-Pues… sí, el hambre en la India. Es canalla, ¿no? Lo que pasa es que los hombres somos malos. Si la gente fuese menos ambiciosa, esto estaría arreglado.

Sara dice que le gusta el color blanco, las esmeraldas y las rosas. Que su personaje histórico preferido es Cristóbal Colón y que la música le gusta toda: Beethoven, Chopin, Los Beatles, Raquel Meller…

-Si pudieras pedir tres favores a una hada, ¿qué le pedirías?

-Le pediría una niña de mi madre, un poquito de su pelo y un trocito de la mantilla con que la amortajé, que supongo estará intacta.

-¿Cuántas horas al día dedicas al cuidado de tu persona?

-Rica, yo no dedico ninguna hora a esto; me arreglo en un momento y listo.

-¿Y cómo haces para conservarte tan bien?

-Habrás querido decir para estar bien, porque yo no me conservo. Soy joven, lo de conservarme ya llegará pero mientras se es joven, nada de eso. ¿Comprendes, no?

Comprendo, oigo, veo y digo: Adiós, Sarita.

 

Texto: ANNA BALLETBO

Fotos: JULIO WIZUETE



EL RECORTE CCCLIX

A tenor del éxito de "Varietés", Sara Montiel hacía estas reflexiones para la revista Semana en su número de 27 de noviembre de 1971.



EN SU PRÓXIMA PELÍCULA EN LA QUE ENCARNARÁ A EUGENIA DE MONTIJO, POSIBLEMENTE ACTÚE LIZ TAYLOR

La superguapa

SARA MONTIEL

tira con bala

“SOY LA MEJOR. MI SUCESORA NO HA NADIDO TODAVÍA”

DICE SARA:

“Los kilos que sobran pueden quitarse. Es la fealdad lo que no tiene solución”

“Cuando me retire como intérprete, dirigiré películas, porque valgo para ello”






La superguapa Sara Montiel ha vuelto a decir "aquí estoy yo" con su última película. Para que nos hablara de este éxito y de sus proyectos, nuestra manchega universal nos recibió en el piso de Vicente Parra, pues Sara ha vendido el suyo, cargado de tristes recuerdos (en él murió su madre). Sara, elegante y deslumbrante -las fotografías que les ofrecemos nos de última hora-, se mostró irónica y bromista.

He tomado café con María Antonia Abad, más, mucho más conocida por Sara Montiel en el rutilante mundo del espectáculo. Ahora bien: ¿es noticia que el periodista haya tomado café –exquisito, por cierto- con la más universal, discutida y, al mismo tiempo, indiscutible gran estrella de nuestro cine? En este caso, sí, porque Sara estuvo locuaz, comunicativa, ocurrente, intencionada… Detalle significativo y elocuente: entre el primero y el último sorbo transcurrieron… tres horas. Tres horas de “show Montiel”.

Trataré de resumirlo –difícil empeño- en el breve espacio de una entrevista periodística. Todo empezó cuando felicité a la estrella por su último y resonante éxito: “Varietés”.

-Muchas gracias, hermoso. Pues supongo que este éxito no les habrá sentado muy bien a algunos… y a algunas.

-¿Tan mal se lleva con su colegas?

-No es eso. Yo me llevo bien con todos, o, al menos, eso es lo que quiero. Pero una no es dura de oído… Hay por ahí “camaradas” que llevan muchos años esperando que me dé la “torta”… Y, claro, como nunca me la doy, sufren mucho, se excitan… ¡Qué pena!

Viste pantalones y jersey de cuello alto. Es claro que está resfriada. Sara convalece de una gripe. Pero pocas veces la he visto tan animada y habladora como hoy. La Montiel está sobrada de nervio y temperamento, sobre todo cuando juega con cartas seguras: su último éxito.

“NO ME PERDONAN QUE SEA GUAPA”

-Lo que pasa conmigo es muy curioso –prosigue, tras pulsar el efecto de sus últimas palabras-. Algunos no me perdonan que sea una mujer guapa, que tiene lo que hay que tener… Se ha llegado a decir que llevo grapas debajo del pelo para estirarme la frente. Y que me han puesto imperdibles detrás de las orejas para tirar de la cara… ¿Es o no es gracioso? ¿Sabe lo que pienso de todo esto? Que hay colegas que están “negros” porque llevan varios años diciendo que Sara Montiel está terminada… Y disfrutan cuando me ven con algunos kilitos de más… No saben, tal vez, que los kilos se quitan… ¡Lo que no tiene solución es la fealdad!

Y se queda tan tranquila y orgullosa tras sus últimas palabras, que, reconozcámoslo, no están huérfanas de razón. Me refiero a los kilos y a la fealdad… Luego, de pronto, se pone en pie y, accionando “a la italiana”, prosigue su pintoresca y sugestiva conferencia:

-Todas mis colegas pueden hacer lo mismo que yo. Es más: las hay que me aventajan en años, porque tienen diez o doce menos que yo. Pues bien, si pueden hacer lo mismo que yo, y no lo hacen, cabe preguntarse: ¿por qué? Habría que interrogar a las interesadas… Otra cuestión: está poniéndose de moda entre nuestras artistas salir en la pantalla ligeritas de ropa. Como si descubrieran ahora el Mediterráneo… ¡Pero si yo ya salía así hace nueve años, cuando me “buscaba la pulga” en “La reina de Chantecler”!... Ya le digo: es para morirse de risa…

-Por cierto, Sara, usted que es experta en la materia podrá satisfacer mi curiosidad: ¿hasta qué edad es aconsejable que una estrella aparezca ligerita de ropa en el cine?

La respuesta no se hace esperar:

-Eso no depende de los años, sino del “estado” de la interesada.


Primer plano de Sara Montiel en el que luce toda su espléndida fotogenia.

LA SUCESORA DE SARA

Sara, con ese gracejo más o menos desgarrado que le caracteriza, pasa a analizar el “estado” de algunas de nuestras estrellas… Su diagnóstico me lo callo porque no quiero dar origen a un conflicto peligroso…

-¿Hay sucesora de la superestrella Sara Montiel?

Me mira. Pone cara de no haber roto un plato en su vida, y, con voz compungida, responde con otra pregunta:

-Pero, hijo, ¿cómo va a haber una sucesora de Sara Montiel si en España no hay estrellas? Y no las hay porque no puede haberlas. Nuestra industria cinematográfica o no puede o no sabe crearlas y, mucho menos, promocionarlas en el mundo entero… Yo me hice estrella a fuerza de mucho trabajo, de mucho empeño… Bueno…, ¡y porque soy Sara Montiel! Nadie sabe lo que tiene que bregar en este país una actriz de categoría, en el terreno que sea, para supervivir… En cuanto pasas de los treinta o consideran que ya estás muy vista, quieren jubilarte. En Francia, sus grandes estrellas son ídolos intocables, admirados y mimados por todos. ¡Ah, la envidia, ese defecto tan ibérico!

El lector no debe suponer que Sara Montiel estaba contrariada, harta, fuera de sí… No, no. Al contrario. La vi más segura de sí misma y más optimista que nunca. Lo que ocurre es que Sara, fuera de los estudios –donde sólo, piensa en su trabajo-, es así: castiza, sarcástica, sutil, irónica, orgullosa (quizá porque puede)…

-En cualquier caso, Sara, ¿le molesta el “qué dirán”?

-Pueden decir lo que quieran. Me trae sin cuidado.

Da otro paseo alrededor del sofá de tres plazas, y vuelve a sentarse, satisfecha. Hay cigarrillos sobre la mesita. Quiere fumar, pero se contiene, siguiendo las recomendaciones del doctor. Quizá este “querer y no poder” pone al rojo vivo su proverbial temperamento… Y entonces, Sara echa chispas…


La gran estrella con Vicente Parra en una escena de "Varietés", su última película.

QUIERE DIRIGIR CINE

-¿Qué hará cuando se retire?

-Dentro de quince o veinte años…

-Eso es. ¿Qué hará?

-Lo más seguro es que dirija películas. Me siento capacitada para ello. Lo que no haré, desde luego, es dedicarme a vegetar. No encaja con mi forma de ser. Siempre he sido una mujer muy activa.

Y muy sentimental, justo es consignarlo, aunque algunos –los que apenas la conocen- lo duden. He aquí un detalle definitivo: esta entrevista se celebra en el piso de Vicente Parra, ubicado en la misma casa donde Sara posee el suyo. Bueno, donde lo poseía. Porque lo ha vendido.

-En él murió mi madre. En él vivimos juntas muchos años. Era un piso lleno de recuerdos, amables, unos; amargos, otros… Sobre todo, el de mi madre… Además, ¿qué hacía yo sola en un piso tan grande? Por eso lo he vendido. Y hasta que viva en el chalé que pienso hacerme en Somosaguas, Vicente me ha dado hospedaje. Somos excelentes amigos.

Parece inevitable hablar con Sara Montiel del dinero, pues siguen diciendo que es la estrella española que más cobra. Pero también parece inevitable que Sara eluda este tema. Me dijo en cierta ocasión: “Eso de la evaluación global no me gusta. El Fisco y yo nos llevamos mal.” Por lo visto los acontecimientos no han variado… Y no es que Sarita se haga la pobre (sería excesivo), pero tampoco presume, como en otros tiempos, de joyas y riquezas. Ahora se cuida…

-Sólo gano un sueldo por mi trabajo. Soy una jornalera. De los millones y millones que producen mis películas, se beneficia el productor, de lo cual me alegro, pues para algo arriesga su dinero.

Ya sólo faltaba interesarme por Sara-mujer. El rostro de Sara-mujer se iluminó al revelar:

-A Sara-mujer le van las cosas fe-no-me-nal-men-te –y recalcó la última palabra.

-¿Sigue creyendo en el amor?

-Naturalmente. Soy una mujer… Pero también creo que el amor entre dos personas puede morir algún día. Todo tiene un principio y un fin.


***

No descansa, se niega a descansar. Ya piensa en sus próximas películas: una, en Rusia; otra, en Méjico, coproducida por Richard Burton, en la que Sara encarnará a Eugenia de Montijo. ¿Posibilidades de que Liz Taylor también actúe en ella? Las hay. Me gustaría ver a Liz y Sara, en un descanso del rodaje, hablando de sus cosas… Todo puede llegar, todo puede llegar…, porque tratándose de nuestra inconmensurable Sara Montiel, todo es posible. Todo.

 

Hebreo SAN MARTÍN


LA FOTO CCCLIX


Sara Montiel y Juan Antonio Bardem en un momento del rodaje de "Varietés" (España, 1971).