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sábado, 3 de agosto de 2024

PUEBLO - 15 de julio de 1970 - España


Esto se dice en la portada de Sara:

SARA, en directo
Cantó cuplés, como siempre, con su especial acento, con su decir suave, sensual, melancólico. Sara Montiel, nuestra Sara internacional, se presentó anoche por vez primera en una sala de fiestas, y como no es época de violetas desgranó los claveles de su ramo, uno a uno, entre los espectadores.
(información, en página 18. Foto M. GARROTE.)

SARA MONTIEL

CANTÓ EN UNA SALA DE FIESTAS

Y repartió claveles y besos con “La violetera”


Ayer, Sara Montiel cantó por vez primera en una sala de fiestas. La polifacética actriz, que campeó en el cine por más de quince años, que recorrió el mundo con el sensual decir de sus cuplés, que, todavía, no hace mucho, se presentó en público, en directo, con un espectáculo arrevistado, ha querido completar su amplia y triunfal carrera, y fue en Pavillón donde, rodeada de sus incondicionales “fans” –porque Sara ha sido probablemente la cantante española con más seguidores- repartió claveles, porque no había violetas, y nos hizo evocar otra vez los cuplés que se nos quedaron dentro, porque ella los desenterró hace algo así como catorce años: “La violetera”, y “El relicario”, y “Nena”, y “Fumando espero”, y el “Ven y ven” y hasta el “Es mi hombre” y sambas que se quedaron de sus viajes por tierras brasileñas. Y el público, su público, la volvió a aplaudir con entusiasmo y nostalgia, porque Sara, con sus cuplés, a todos nos dice algo.


(Fotos Miguel GARROTE)



EL RECORTE CCCLXIV

En 1969, la diva encontró un nuevo filón que le permitiría explotar su leyenda y estar en el candelero hasta el fin de sus días: sus espectáculos. El primero fue "Sara Montiel en persona" que, como siempre, causó mucha expectación en público y prensa. Un ejemplo es esta entrevista que, por la ocasión, concedía a la revista Semana en uno de sus números de diciembre de 1969.


SARA MONTIEL

EN PERSONA

Un espectáculo que va a presentar en Madrid y luego en provincias

*“LAS JOYAS QUE LUZCO ESTÁN ASEGURADAS EN CUARENTA Y CINCO MILLONES DE PESETAS Y EL VESTUARIO VALE CUATRO”

*“EL PÚBLICO PODRÁ VERME CARA A CARA, SIN TRAMPA, PARA QUE JUZGUE MI EDAD (37 años) Y MI PESO (57 kilos)”

*“SI TUVIERA UN HIJO, QUE DESEO, LLENARÍA EL HUECO QUE HA DEJADO MI MADRE”


Sara Montiel lucirá en su espectáculo joyas y vestidos valorados en cerca de cincuenta millones de pesetas. Estas fotos son el mejor anticipo de su "show", incluida su espléndida belleza y su fotogenia. La estrella cantará las melodías y cuplés que la han hecho famosa en sus últimas películas. 


Varios años acariciando la idea de presentarse en Madrid con sus canciones y, al fin, va a conseguirlo Sara Montiel, doce días antes de que se esfume 1969, en el madrileño teatro de la Zarzuela. El espectáculo se titula explícitamente “Sara Montiel en persona”.

Sara Montiel ha sido la actriz cinematográfica española más espectacular de la última década. Se le ha acusado de fomentar un cine infradesarrollado, populachero y de fácil consumo, y ella, que no rebate estos términos, aunque le fastidie toda etiqueta que lleve un signo peyorativo, dice simplemente que “le admiran doscientos millones de personas que han visto sus películas”. En Europa, ciertamente, saben de Sara Montiel y en los países del otro lado del “telón de acero” también. En Oriente Medio conocen muy bien a nuestra protagonista. En el fondo, hay una razón poderosísima para jactarse.

Presume de guapa, de joven y de sincera. Viste bien, en escena y en la calle. Y, para colmo, en su espectáculo exhibe una veintena de trajes costosísimos, algunos de los cuales pueden conocerlos nuestros lectores, por especial deferencia de la estrella, que ha accedido a posar con ellos antes de que se levante el telón. 



MILLONES EN JOYAS Y VESTIDOS

La tarde es velazqueña y se capta muy bien desde el décimo piso de un edificio de la plaza de España, de Madrid, donde vive Sara Montiel y donde vivía también su madre, para la que la actriz tiene, en cada momento de la conversación, un emocionado recuerdo.

-¿Cuántos vestidos, Sara, presenta en su espectáculo?

-Veintiún modelos, de Vargas Ochagavía, Maribel y Christian Dior.

-Los que convertidos en millones, ¿suponen…?

-Cuatro millones, más o menos. El más barato vale ciento veintidós mil pesetas.

El guardarropa de Sara Montiel, en esta ocasión, se compone indistintamente de trajes de noche y conjuntos minifalda. Predomina el color negro y, entre todos los vestidos, uno con lentejuelas, confeccionado con materiales traídos expresamente de Checoslovaquia, destaca poderosamente, y el fucsia espléndido, en forma de túnica, firmado por la casa Dior.

-¿Pasarán estos vestidos a su colección particular?

-No, porque cuando terminen todas las actuaciones, estarán poco menos que inservibles, de tanto ponérmelos y quitármelos.

-Indaguemos en el capítulo de las joyas.

-Toma nota: voy a asegurar las joyas en cuarenta y cinco millones de pesetas. Al principio, hemos tenido dificultades en encontrar una casa de seguros que se hiciera cargo. Alegaban que en un camarín es fácil que llegue a extraviarse cualquier pieza. Finalmente, hemos resuelto este apartado. 


UN “SHOW” CON CANCIONES POPULARES

La casa de Sara Montiel parece la de un coleccionista de recuerdos. En cierto modo, la podríamos comparar con un caro refugio de Ramón Gómez de la Serna. Una botillería de Pombo, pero con millones. Tiene un Clavijo, un Modigliani, creo que también un Goya y un magnífico paisaje matritense de Eduardo Vicente. Lacas y porcelanas chinas, un busto de rico mármol, cachivaches de plata… Y, todo esto, ganado a pulso, porque Sara recuerda:

-Yo he pasado lo mío, ¿sabes? En diciembre de 1944 murió mi padre y tuvimos que vender nuestra casa de Campo de Criptana para pagar los gastos del entierro. Nos pusimos a trabajar mi madre, mi hermana Ángeles y yo. A mí me pagaban quince pesetas diarias. Cuando contaba trece años, en 1945, hice un papelito en “Empezó en boda”, por el que me dieron siete mil pesetas. Ya ves si ha llovido desde entonces…

En efecto, ha llovido y mucho. El espectáculo “Sara Montiel en persona” supone, entre vestuario, joyas y gastos en el montaje, sesenta millones de pesetas.

-¿De qué se compone el programa?

-Es un “show”. Un “show” de canciones como el que he ofrecido en Rumanía, Checoslovaquia, Japón, Puerto Rico y Santo Domingo. Canciones que ya conoce la gente, popularizadas en mis últimas películas y otras más modernas, de las que canta Armando Manzanero. Después de presentarme en Madrid, iremos a otras provincias españolas.

-¿Su mayor sorpresa, Sara?

-Que salgo con poca ropa en escena. El público podrá juzgar si tengo arrugas, si estoy gorda como dicen… En fin, me verán cara a cara. No habrá trampa.

-¿Tiene miedo?

-¿Yo, miedo?

-Se habla de sus años, Sara…

-¡Hijo…! Que tengo treinta y siete años y estoy de muy buen ver! ¿Quieres saber una cosa? Cuando yo tenía dieciséis años y me obligaban a hacer papeles de mayor, pesaba setenta y un kilos. Ahora peso cincuenta y siete y de ahí no paso.


CONFESIÓN A MEDIA VOZ

-Ande, Sara. Acúsese de algo.

-De ser terriblemente sincera.

-Dos matrimonios en su haber y está hoy aquí, sola en casa. Mire a su alrededor y dígame: ¿no siente un vacío?

-Sí. Mi madre, naturalmente.

-¿Nada más?

-Un hijo. Quisiera tener un hijo.

Corre uno el peligro de caer fácilmente en el folletín, pero hago constar que el diálogo es completamente verídico.

-¿Desea ser madre?

-Más que nunca. Ahora veo la vida de otra manera. Mi madre había sido para mí también como una hija. Egoístamente digo todo esto, pero es verdad que si tuviera un hijo llenaría el hueco que ha dejado mi madre.

Sara y su ramalazo de sinceridad.

-Soy muy sentimental, por encima de otras muchas cosas.

-¿Ha llegado a creerse que es “más” Sara Montiel que María Antonia Abad?

-Nunca he olvidado que en el Registro Civil constan estos nombres: María Antonia Isidora Alejandra Elpidia, hija de Isidoro y María Vicenta, nacida en 1933…

Se le han humedecido los ojos del alma. Nos ha hablado María Antonia Abad Fernández, que va a presentar, doce días antes de que se vaya 1969, el “show” “Sara Montiel en persona”.

 

Manuel ROMÁN

(Fotos Julio Larrú.)



LA FOTO CCCLXIV


Sara Montiel en su espectáculo "Sara Montiel en persona" (1969-1973).

sábado, 13 de abril de 2024

DIEZ MINUTOS - 5 de octubre de 1968 - España


SARA

de la Mancha

En su próxima película, “Esa mujer”, será dirigida por Mario Camus

“Cuando dicen que mi marido no vive conmigo, es que lo saben y están en lo cierto”

“Mi madre me enseñó a no hablar nunca mal de la gente”


También Sara puede lucir minifaldas si quiere. En la terraza de su espléndido piso, el cabello por la cara, la "estrella" parece un desafío.

SARA de la Mancha. En el salón de invitados de su piso de la Plaza de España no hay molinos de viento ni libros de caballería.

Las paredes están forradas de raso y una lámpara del palacio de Isabel II extiende una pálida luz sobre el piano de la Fornarina. En un rincón, un barqueño de la época de los Reyes Católicos, adornado con labores de taracea doradas, compone con una mesa redonda de mármol de Carrara. La guardia del escalón de la doble planta moquetada en tonos gratísimos a la vista la componen la cabeza de un sammurai, realizada en alabastro y la diosa de la fortuna, talla bellísima obtenida en palmito de Tailandia.

Cerca de los regios tresillos no faltan las mesas pompeyanas o los armaritos de laca, jalonando uno de los ángulos una hermosa talla, en mármol, de Collaut-Valera, donde se reproduce el generoso busto de Sara y su belleza increíble. Y sobre el raso de las paredes, lienzos de gran valía y cobres italianos. En el piso de la Montiel se puede hacer recuento de un Goya, un Sorolla, un Eduardo Vicente, un Eugenio Lucas y dos Palmulori, aparte de decenas de cuadros que adornan pasillos y piezas de la casa.

Sara de la Mancha, sonríe. Sara de la Mancha, nacida en Campo de Criptana, posa y reposa. Y cambia de trajes, alternando la minifalda con un caftán de oro viejo del siglo XII.

Sobre el piano de la Fornarina están las letras de las canciones de su inminente película para Suevia Films. El viejo pleito entre la “estrella” y el hombre del pelo blanco ha derivado hacia un título: “Esa mujer”. El guión es de Antonio Gala y habrá canciones de Armando Manzanero, Rafael de León y Solano, hasta cubrir un programa de cinco intervenciones.


Sara Montiel sigue siendo la Dulcinea más guapa de España. Aquí la vemos apoyada en el piano de la Fornarina, que adorna esta lámpara que perteneció al palacio de Isabel II.

-¿Quién te va a dirigir en “Esa mujer”, Sara?

-Mario Camus –dice, y se va a poner otro vestido-. Asisten al reportaje, doña María, la madre de Sara y un compañero de arte, José Ramón Centenero, que actúa, en cierto modo, como director de escena, señalando a Sara algún posible error en la pose.

Sara de la Mancha, sonríe. Sobre la mesa pompeyana no hay vasos de recio cristal con el vino tinto de las ubres que despanzurrara “Quijote” con su espada mellada. Hay “whisky”, aceitunas, peladillas y, eso sí: queso manchego y del bueno.

Ha concluido el reportaje gráfico. Sara de la Mancha, sonríe y espera.

-Sara…

-Dime.

-Háblanos de Camus. Un nombre nuevo. Parece que tiendes hacia la gente nueva. Eso está bien, Sara.

Se encoge de hombros. Habla en directo, sin rodeos. “Quijote” hubiera gritado alborozado, al escucharla. Es, su castellano, un idioma rudo, si se quiere, pero claro como el agua y crujiente como el pan recién cocido.

-Verás: hay gente vieja muy buena y gente vieja muy mala. Y lo mismo sucede con la gente nueva. Yo procuro buscar lo mejor. Eso es todo.

-¿Te preocupan los sambenitos que te cuelgan Sara?

Ríe.

-No, no me preocupan. Lástima del día en que no amanezca con alguno. Mal presagio. Recuerda a “Quijote”: “Ladran, luego cabalgamos”.

-Entonces, recojamos un ladrido, Sara. La gente ladra en los cafés, y asegura que cuando Sara Montiel comienza una película el director no manda, el cameraman no manda, y el productor, muy asustado, pregunta todos los días a su gente cómo andas de humor…

-Mira: el cine es lo más importante de mi vida. Sin el cine yo no sabría vivir; pero yo no entiendo nada de cine, no sé nada de cine. Si yo dirigiera mis películas habría hecho mi cine, el cine de Sara Montiel. ¿Entiendes? Bueno, pues anótalo si quieres. No es cierto que yo haya influido en los directores: mi oficio es actuar y cantar. Ahora, eso sí. Me permito opinar sobre fotografía por una razón. He estudiado hasta quedarme sin aliento a los grandes maestros de la pintura. Y creo que la pintura y la fotografía tienen algo de común, ¿no?


Compañera inseparable de su hija, doña María ha seguido sus éxitos de lejos y de cerca. Sara se siente orgullosa de tener una madre sencilla y aldeana.

-Entonces, hablemos de pintura, Sara.

Me mira desafiante.

-¡Qué rico! Pues habrá que prepararte habitación, porque entonces no paro. De entrada te diré que me emociona la pintura de El Greco, de Goya, de Velázquez, de Picasso, de Gutiérrez Solana… Vamos, de todo lo bueno.

-La gente sigue ladrando, Sara. A lo mejor sus ladridos han llegado hasta aquí. ¿Sabes qué dicen ahora? Que estás acabada.

-Pues si lo estoy ahora, ¿qué será cuando no lo esté? Cuento con doscientos cincuenta millones de espectadores en España y América. Y, ahora, encima, Rusia. En el Japón celebran semanas cinematográficas con mis películas. Mira: llevo desde los cinco años trabajando. Y si he llegado no ha sido por lela. La realidad es que no le quito el pan a nadie. Yo hago mi película al año y a vivir. Pese a quien le pese. Aseguran que me hago la estética todos los años en París y que me extraigo las muelas para acentuar los pómulos. Pues bien, que vayan ellas al dentista y al cirujano de estética, a ver qué pasa. Odio hablar mal de la gente. Mi madre me enseñó a que no hablara mal del prójimo y a no tirar ningún plato de comida. Y aunque la belleza se va con los años, yo he sabido aprovecharla. Y tengo lo que tengo, que nadie me lo ha regalado.

A la vista está. Está guapa Sara, con su gesto desafiante. Le pregunto si el piano de la Fornarina y la lámpara de Isabel II; si los alabastros y las lacas y su Goya y su Sorolla lo tiene por el cine.

-En esto del cine, el dinero lo hacen los productores, los distribuidores y los exhibidores. Sara Montiel ha hecho a más de uno millonario. Como a Gonzalo Elvira y el pobre Cesáreo González. Yo he ganado un poco de dinero, sí. Pero aquí no está todo. He comprado cosas…

-¿Eres feliz, Sara?

-Lo soy, gracias a Dios.

-¿Del todo? Dicen que tu marido no vive aquí…

-Cuando lo dicen es que lo saben y están en lo cierto…

Sonríe Sara de la Mancha. La más guapa “Dulcinea” española continúa cabalgando por los caminos cinematográficos. En su torno, mordiendo las ancas de su cabalgadura, una jauría de perros ladra desaforadamente.

 

Fernando MONTEJANO

(Agencia TORREMOCHA)


EL RECORTE CCCLVIII

Entre la resaca de "Tuset Street" y el inminente rodaje de "Esa mujer", Sara concedía esta entrevista a la revista Ondas, 15 de enero de 1969, donde recordaba su infancia y adelantaba algún detalle del que sería su antepenúltimo film. 


SARA MONTIEL

HA REALIZADO TODOS SUS SUEÑOS

HA ADELGAZADO 11 KG. DESDE “TUSET STREET”


En la próxima primavera Sarita va a presentar un "show" cara al público. Será como los de Frank Sinatra, dice Sarita, pero "en vez de Sinatra estaré yo".

Sara Montiel ha vuelto mucho más delgada de Méjico. Aquellos kilos que le sobraban, desaparecieron como por encanto. No hay trucaje en las fotos ni en sus vestidos. También ha variado algo el decorado de su casa. Ha colocado el piano en otro ángulo y del país azteca se ha traído varios objetos que se sumarán a los muchos que, esparcidos en distintos rincones del hogar, hablan por sí solos de sus muchos y constantes viajes al extranjero. Empieza en breve –tal vez, cuando esta entrevista salte a las páginas de la revista haya dado ya comienzo- el rodaje de “Esa mujer”. Con ser eso noticia hay más, mucho más. Cuando termine el film en cuestión, Sarita Montiel cumplirá un hermoso sueño. Un sueño que acaricia en su mente desde hace algunos años: presentarse en España personalmente, en un escenario.

-Me voy a presentar yo personalmente en teatro, ya definitivamente para marzo o abril. Primero lo haré en Barcelona, en donde pienso hacer una temporada bastante larga. Seguidamente me presentaré en Madrid, Valencia, Alicante, Murcia, Málaga, Sevilla y también en muchas ciudades que forman parte de Andalucía y si Dios quiere, lo haré, asimismo, en Castilla la Vieja, porque yo quiero que todo el público de España me pueda ver –la mayor parte del público a ser posible- para así yo darles las gracias personalmente porque desde que se estrenó “El último cuplé” yo le estoy agradecida a todo el público español.

-¿Puedes adelantar cómo será y con qué título se presentará ese espectáculo tuyo?

-Es un “show” musical como acostumbran a hacer en Estados Unidos y en Londres. Como acostumbra a hacer Frank Sinatra, pero en este caso, en vez de ser Sinatra, será “Sara Montiel en persona”: ese será el título del “show”. Nunca perdí las esperanzas de demostrar al público que Sara Montiel no le tiene miedo a un escenario.

-¿Te sentirás en el escenario tan segura como en el “plató” de un estudio de cine?

-Creo que puedo dar mejor en el escenario que en cine, porque en el cine se puede repetir una misma escena varias veces, mientras que en teatro, ¿qué pasa? Allí la artista está solo al levantarse el telón y es entonces cuando se puede demostrar al público y a sí misma lo que de actriz se tiene.


Sarita juega todavía con muñecas. Tiene un corazón de mujer, pero en ella habita aún el alma de niña.

En un rincón de la estancia hay un magnífico busto, de grandes proporciones, de Sara Montiel. Su perfil derecho se refleja en la luna azogada de un espejo cercano. Es tan real la escultura, produce tal sensación de verismo, que difícilmente creo que una fotografía pudiera reflejar más fielmente los rasgos de nuestra actriz más internacional. Que la Montiel pasará a la posteridad es algo innegable. Y algún día, nuestros hijos, o los hijos de nuestros hijos, verán en la pantalla la vida, éxitos y fracasos –que también los hubo, por supuesto- de Sara Montiel.

Encima de la repisa de una chimenea, en un sencillo marco, María Antonia Abad, el día de su Primera Comunión. ¿Qué queda hoy de aquella niñita…? Esa es mi pregunta y calladamente, mansamente, María Antonia –o Sara Montiel- que son una misma persona dice:

-Queda el alma, que es la misma. Los sueños ya no, porque se realizaron… si no todos, casi todos. La niña soñaba con hermosos vestidos… la niña quería dormir en un colchón muelle y tener una almohada de plumas… la niña… no quería que su madre se tiznara las manos con el carbón mientras guisaba…

Silencio breve. Sara Montiel detiene su mirada en un punto lejano, muy lejano… Y después…

-Vaya a donde vaya, llevo siempre en mi equipaje mi almohada de plumas. Reconozco que puede parecer una niñería, pero no consigo conciliar el sueño con otra almohada que no sea la mía.

-Dime, Sarita, ¿te gustaría volver a ser niña por espacio de unos días, aunque tuvieses que vestir nuevamente aquellos vestidos de percal?

-Lo desearía tanto… ¿Sabes por qué? Porque volvería a estar junto a mi padre, que hace más de veinte años que murió. Guardo de él un maravilloso recuerdo. Cada tres días, como un rito, sueño con él. Luego… no lo perdí por completo. Es lo único que me falta para ser completamente feliz…

Hay un amago de lágrimas en los bellos ojos de la mujer.

-¿Hay algún episodio de tu infancia que recuerdes en especial’

-Yo recuerdo toda mi infancia, pero guardo un especial recuerdo para una muñeca que cuando yo tenía tres años, en el año 36, me trajo mi hermano cuando vino del frente. Yo la llamaba “Mi-Ya”, con lo que quería decir en mi lengua de trapo “Mi hija” y así he continuado llamándola, a través de los años. Es una pepona de trapo muy fea, pero que conservo aún y que para mí tiene un valor incalculable.

-¿Eras una niña miedosa?

-No exactamente miedosa, pero tenía –y sigo teniendo- un cierto respeto o temor a la oscuridad. Ello es debido a que, cuando era chica, como en mi familia éramos muy pobres, me veía obligada a llevar vestidos bastante feos. Yo no quería verme fea y entonces, arrancaba a llorar con unas pataletas tremendas. Mi hermana mayor –que me lleva más de veintitrés años- me encerraba en un cuarto oscuro, y vistiendo una silla con una sábana blanca, previamente, me decía: “Este es el rey que viene a por ti”. Al igual que en Frandes decir “el duque del Alba”  para mí, oír decir “El rey” era como decir “el coco”. Hasta que un día descubrí que sólo se trataba de una silla. Pero el recuerdo quedó grabado y aún hoy, sigo teniendo cierto temor a la oscuridad.


Un artista ha esculpido el busto de Sara en la piedra. Su belleza quedará así perpetuada y las generaciones futuras la podrán ver en el museo.

-¿Practicaste algún deporte en tu infancia?

-El de pasar hambre, por necesidad.

-¿Cuál era por aquel entonces tu afición predilecta? ¿A qué jugabas?

-Me gustaba cantar y poner en escena a mis amigas. Mi hermana, la que me lleva cuatro años, hacía de apuntadora, porque era la que entonces tenía la voz más clara. Las demás, con nuestras lenguas de trapo… Yo las vestía, las enseñaba ¡calcula! cómo se debía cantar y… dejaba volar mi imaginación, pensando que representaba para un público que sí llegó… al cabo de los años.

Hablo con ella del amor de la mujer. De los que en otros tiempos pudo tener. De sus admiradores.

-Mentiría si dijera que no he tenido muchos pretendientes. Pero ahora sólo me interesa un hombre: mi esposo. Si hemos de creer lo que dicen, existen, al parecer, treinta y siete maneras distintas de declarar el amor a una mujer. Yo creo que la mejor de todas y la que sí recuerdo de veras, ha sido –sin duda- la de mi esposo.

-Pareces totalmente feliz. ¿Ninguna nube?

-Ninguna, a pesar de que a muchos, esto quizá les defraude. A mí me han divorciado ya tantas veces en la prensa…

No ya como informadora, sino como mujer, me interesa saber el por qué Sara Montiel ha vuelto el color de sus cabellos a la tonalidad que le era ya habitual en los últimos tiempos: el caoba.

-Por exigencias del film que estoy rodando “Esa mujer”. En esta película interpreto dos papeles distintos. En uno de ellos doy vida a un personaje más agrio y voy con el cabello negro, y en el otro –soy la misma mujer, pero en períodos de tiempo distinto- llevo el cabello rojizo, vistiendo muy claro y con un tipo espiritualmente también distinto a la otra mujer que, sin embargo, soy yo misma.

-¿Hablamos de “Tuset Streeet”?

Pienso que va a eludir el tema, pero contrariamente a mis pensamiento, la oigo decir:

-Sí, ¿por qué no? Aquí, en Madrid, va muy bien, a la gente le gusta, pasan un rato agradable viendo una película moderna, con un color estupendo y con unas canciones preciosas. Casi todas mis películas han tenido un corte clásico: en esta hay un ambiente completamente nuevo.

-¿Qué hay de la película “Catalina la Grande”, junto a Marlon Brando?

-Estamos en tratos. Debería rodarse en Rusia y su duración sería muy larga. Si puedo compaginar mis películas ya proyectadas junto a mi actuación personal en teatro y luego, me queda tiempo, desde luego que la haré porque creo que podría ser sensacional.


Sarita es ahora más joven que nunca, cuando se dispone a interpretar una nueva película que llevará por título "Esa mujer". 

-Hay algo que supongo interesará sobre todo a las mujeres. ¿Cómo has conseguido perder tanto peso?

-De “Tuset Street” hasta ahora he perdido algo más de once kilos. Yo tuve una temporada –lo reconozco- en la que me sobraban unos cuantos kilitos, pero no podía adelgazar. Tuve paciencia hasta que el médico me dijo: “Ahora, María Antonia. Ahora puedes adelgazar”. Y ya lo ves.

Le sugiero hacerle algunas fotos al lado del busto que se refleja en el espejo. De su propio busto. Sonríe, un poco coqueta. Y amplía la sonrisa cuando dice:

-Soy casi tan presumida como cuando tenía ocho años… y me ponía aquel lazo tan grande en lo alto de la cabeza… tal vez, tal vez, para que destacase el lazo y nadie se fijara tanto en mi vestidito de percal…

La niña quedó atrás. Hoy, existe la mujer. Guapa, famosa y rica. Pero el alma de la niña, medio agazapada, está aún dormida en el corazón de la mujer.

 

Texto y fotos: Maite MAINE



LA FOTO CCCLVIII


Sara en una de las más icónicas imágenes de "Esa mujer" (España, 1968).

sábado, 7 de noviembre de 2020

CICERONE - del 20 al 26 de Abril de 1.970 - España


Al habla con…

SARA MONTIEL

Barcelona se rinde sin condiciones al arte de Sara


Cuando estas líneas vean la luz, el Paralelo barcelonés, lugar de cita obligada de tantas estrellas famosas, contará con una más de fuertes y extraordinarios destellos. La gran Sara Montiel, admirada tantas veces desde la pantallas más o menos cinemascópicas, está ahora ahí luciendo su portentosa belleza, su insinuante sexy, su fabuloso vestuario, y su increíble fortuna en las joyas que la adornan. Sara Montiel, a quien siempre hemos llamado la Sara Nacional y la más internacional de las estrellas de España, luce ahora, más serena y mucho más artista. Lejos del frío quehacer de los platós cinematográficos, la Montiel se enfrenta por vez primera con su público, con ese público que siempre le ha sido fiel, llegando hasta él cordial y agradecida. Y ese mismo público ha vuelto a levantarse en incontenible oleada arrollando una vez más a la estrella con ese fervor y con ese cariño incontenible. Y es que Sara Montiel sabe llegar como nadie al corazón de las gentes, ya con sus palabras, ya con sus gestos, ya con sus canciones, en las que pone lo mejor y más cuidado de su arte exquisito y brutal al mismo tiempo. Por vez primera a lo largo de su dilatada carrera artística, Sara Montiel ha tomado contacto con su público y ha podido comprobar en lo más vivo de las gentes, que el barómetro de su popularidad sigue marcando alto. Y es que Sara Montiel es ya algo más que una estrella elevada a la categoría de mito.

 

SARA MONTIEL HABLA CON LOS INFORMADORES ANTES DE SU DEBUT

La estrella, que es, ante todo, una mujer de detalles, quiso entrevistarse con los informadores antes de su debut en la Ciudad Condal. En torno a ella, que llegaba de la mano del prestigioso empresario don Joaquín Gasa, nos reunimos un buen número de periodistas deseosos de comprobar que Sara Montiel estaba en Barcelona como en su casa. Y así fue, la estrella dialogó abiertamente con todos nosotros, dando todo tipo de detalles sobre su presentación en la ciudad, en la que Sara Montiel –según dijo ella misma- tenía tantas ganas de presentarse.

Como puede suponerse, no faltó el cotilla de turno, quien hizo preguntas sobre la vida privada de la estrella. A todo contestó Sara Montiel, incluso a lo que no tenía respuesta por el modo como había sido preguntado. Detalle importante; Sara Montiel no lucía minifalda, pero en cambio sí un generoso escote, sobre el cual lucía la estrella un impresionante collar de brillantes y rubíes. En las manos otras joyas y pulseras, que, junto a los pendientes, valóranse en más de veintiocho millones de pesetas. Esto es sólo un dato, pero insisto en que es necesario ver a Sara Montiel en escena para comprobar la magnificencia de su arte, de su saber estar, de su vestuario y de su colección de joyas, cuya valoración es nada más y nada menos que de cincuenta millones de pesetas. Ahí es nada.

DIÁLOGO CON LA ESTRELLA

-¿Qué ha significado para Sara Montiel este primer contacto con el público?

-La realización de un sueño largamente acariciado y el pago de una deuda a mi público, que al fin he podido cumplir.

-¿Por qué no lo hiciste antes?

-Nunca encontré el tiempo suficiente para montar un espectáculo como el de ahora. Mis películas se encadenaban una tras otra, obligándome constantemente a demorar el proyecto.

-¿Qué es esencialmente “Sara Montiel en persona”?

-Un “show” en la línea de los que se realizan en el extranjero y en el que, la estrella, tiene oportunidad de lucir una serie de facetas artísticas y personales.

-¿Te asustaba este contacto con el público?

-La empresa era comprometida, pero yo sabía que existían muchas ganas de verme actuar sobre un escenario. El día de mi debut en Madrid quedó ampliamente demostrado. 


-¿Qué significa Barcelona en la vida artística de Sara Montiel?

-Barcelona es una ciudad que siempre me ha dado suerte. El público es entendido y por esta razón no es posible darle gato por liebre. Quien defrauda al público barcelonés una sola vez, difícilmente puede volver a conquistarlo. En Barcelona, además, arrancó mi carrera cinematográfica tras el rodaje de “El último cuplé”. Esta película representó mi entrada en el cine español por la puerta grande. Después, todo el mundo sabe lo que ocurrió.

-¿Qué hace Sara Montiel para mantenerse en forma?

-Nada especial; a lo sumo, un poco de régimen.

-Parece que, en general, las señoras no tienen buena impresión de Sara Montiel. ¿Es ello cierto?

-Rotundamente, no. Si se pudiera hacer una encuesta, veríamos que, por lo menos un ochenta por ciento de mujeres consultadas, hablarían bien de mí.

-¿Y la juventud?

-Esa es otra cuestión, que también quiero aclarar. Hay muchos jóvenes que vienen a verme al teatro. La razón es simple. Cuando estos jóvenes lo eran aún más, no podían ver mis películas. Ahora cumplen un deseo y me ven personalmente.

-¿Qué diferencia existe entre la Sara Montiel cinematográfica y la que vemos en el teatro de carne y hueso?

-Sustancialmente, ninguna; yo no tengo secretos.

-¿Cómo va tu matrimonio?

-También ahí quiero aclarar que todo va bien, pese a lo que se ha dicho en contra.

-¿Cuánto tiempo permanecerás en Barcelona?

-Desgraciadamente, sólo cuatro semanas.

-¿Algo más como final?

-Un afectuoso saludo para todos.

Tras las palabras de Sara Montiel, hablamos un momento con don Joaquín Gasa, el conocido empresario barcelonés, a quien debemos la presencia de Sara Montiel en la ciudad, hombre preocupado siempre por traer a Barcelona lo mejor y más selecto en materia de espectáculos.

 

Fernando MORER ALCÁNTARA



EL RECORTE CCCLXV

La estrella había dado ya el paso a los teatros. Seguía con el cine. Aquí una de las mil entrevistas de la época que la artista concedió. Era la época de 'Varietés' y fue para Mundo Cristiano en su número de mayo de 1971. 


SARA MONTIEL

“VIVO DE MI CARA Y DE MI CANTE”


Sara anda loca con sus dieciocho trajes para la película “Varietés”. Revienta vitalidad. Sus ojos se hunden en ti y te hacen no sé qué raras cosquillas. Serena, explosiva, sofisticada, fumadora de rubio y negro, según se tercie; desenvuelta, pícara. La Montiel, “La violetera”, “la reina del cuplé” está ante mí sin afeites ni perifollos. Sencilla, delgada, muy delgada y un poco de cansancio en sus melosos ojos y en su boca.

 

“NO TUVE NADA”

-Sara, veo que lo tienes todo, que no te privas de nada…

-Sí, sí, lo tengo todo. Mi trabajo y mis sudores me costó. Salí de la nada. Por no tener, ni estudios tuve. Mis padres no podían. Eran pobres y el trabajo poco… Hubo hasta hambre. Mis dos hermanas y yo dormíamos en la misma cama. Mi hermano, en un catre…

Se le quiebra la voz. Sara, la enternecedora. María Antonia, en aquellos duros tiempos. Rechonchita ella, con una garganta hecha de filigranas. La de los cantos a media noche. Y soñaba, soñaba…

-Te diré que las realidades han sido más maravillosas que mis sueños.

Sangre de artista en los amaneceres de la huerta murciana y canciones embriagadas por el azahar de los atardeceres. Y llegó; Sara besó la fama. Pero María Antonia tiene algo que decir:

-A los nueve años liaba naranjas. ¡Lo veía todo tan lejos!

-Dime, Sarita, ¿cuesta mucho llegar?

-Mira, el llegar no importa tanto. Quizá llegues cuando la muerte asome las orejas. Lo importante es luchar por seguir tu vocación contra viento y marea, contra las borrascas de los que no te quieren, de los que no confían en ti.

 

FAMA

La historia, su historia, nos dice que a los catorce años conquista Madrid. Marian se difumina, se pierde…, nace ¡Sara!, la de “La morena de mi copla”. ¿Y sabéis cuánto pesaba? Nada menos que setenta kilos. Su primera película, con Fernando Fernán-Gómez; luego, se marcha a Méjico y más tarde a América. Veintinueve películas ha hecho.

-Mi mejor recuerdo, la que más fama de dio fue “La violetera”.

-Tú, Sara, me parece que has tenido la suerte de cara, ¿no?

-¡De eso, nada, pero que nada! Si se llama suerte a saber y querer trabajar, vale. Si se llama suerte a mi cara, mi cante y mi cuerpo, vale…

-Pues… ¡vale!, Sara. Pero dime. ¿Tan famosa eres? ¿Vales tanto? ¿O son burbujas, pompas de jabón que explotan… ¡plaf!, y no queda nada?

-Oye, majo, de burbujas y pompas de jabón, nada, ¡pero que nada! Aquí, donde me ves, no hay nada de prestado… En la Unión Soviética soy la mujer más famosa. En Rumanía me adoran…, y en la India, y en el Japón, y en el Sur de los Estados Unidos, y en Méjico.


-¿Y en tu España, Sarita?

-¡Huy, qué pregunta! Me adoran… ¡Vamos, me adoran! Mira qué piropo me dijeron: “Señora, ¿quiere usted pararse un poco para que la mire? Porque quiero convencerme que es de verdad”. Esto lo dice todo…

No se arrepiente de nada. Hubo algún traspié en su vida, pero es agua pasada.

-Siempre fui impulsiva –me dice.

 

AMOR

Cuando la digo que ha sido una vagabunda del amor, siempre tras él, como gitana en celo, brinca en la butaca, sus ojos se llenan de fuego y con bronca voz, a dos palmos de mis narices, me suelta:

-¡No! ¡Ay, no! ¡De eso, nada! No mendigué amor. ¡Vamos! Ni una mujer puede tener un marido tan maravilloso como tengo yo, ni un marido puede tener una tía como la presente.

-¿Cómo es tu amor? ¿Tu Cupido es el mismo de las demás mujeres?

-¿Y por qué no? Comprensión, cariño, sacrificio, no sacrificio también, querer y defender sinceramente a la persona amada y, por supuesto, no esperar nada.

 

MATRIMONIO-HIJOS

-¿Qué es el matrimonio para ti?

-Amor, dificultad, sacramento.

-Si tuvieras un hijo…

-¡No un hijo! ¡Varios puedo tener!...

-Bien, bien, pero, ¿en qué cambiaría tu vida?

-En muchas cosas. Totalmente. Me pasaría igual que cuando tenía a mi madre conmigo. Ella llegó a ser como una hija, al no poder valerse en sus últimos años.

 

EROTISMO

Sara, la pícara, la del cuplé, la de la mirada ardiente. En mi pequeño pueblo se formaba una pequeña revolución, y no precisamente cultural cuando pasaban una cinta suya.

-¿Qué piensas del erotismo que domina la sociedad?

-Pues que no tiene nada que hacer. Volveremos al amor puro, yo diría al romanticismo. Ahí tienes “Love Story”… Se nota una vuelta. ¡Como si el arte estuviera en enseñar el cuerpo desnudo! El erotismo, la pornografía están fuera de tono, faltos de estética…, vacíos y únicamente pueden surgir y permanecer en una sociedad enferma y escasa de principios morales.

-¿Por cuánto aparecerías desnuda en una pantalla?

-Yo no saldría jamás así. El desnudismo no es arte, ni pasarás a la historia del cine porque fuiste “atrevida”. Yo vivo de mi cara y de mi arte de cantar. No necesito más, y creo que tanto de una cosa como de otra estoy bien servida, ¿no crees?

 

REBELDE

-Contra las personas que hacen escopetas para que las personas se maten, contra los que arrancan a las madres hijos de dieciocho años para ir a morir en una guerra, contra la hipocresía…

Sara no es rebelde, no puede serlo. Quizá María Antonia sí pudo serlo. Ella está contra muchas cosas, pero no comprende la rebeldía de los jóvenes.

-Nosotros, los de los años del hambre, sí que teníamos razones para protestar. No había escuelas, se pasaba hambre, no había trabajo, morían los niños por falta de cuidados médicos, se envejecía pronto… Y si ahora los jóvenes salen a la calle con una canción de protesta en los labios es porque la inseguridad que sienten en sus entrañas los vuelve rebeldes.

-¿Qué inseguridad, Sara? Porque parece que lo tienen todo.

-Inseguridad en una sociedad que basa su felicidad en el dinero, en lo fácil, en la técnica. Inseguridad porque andan buscando algo y ese algo es Dios, o principios morales y religiosos. Inseguridad porque tienen miedo a no saber construir un mundo mejor que sus padres. Inseguridad porque ven a sus padres pendientes de la peseta o el dólar, sin importarles sus problemas… No sé, muchas inseguridades.

-Luego tienen razón para la protesta…

-¡No, qué va! La protesta no es tirar piedras y romper el coche del vecino… Tampoco es quedarse cruzado de brazos como los “hippies”… La protesta es saber qué se quiere, y los jóvenes no lo saben, andan buscándolo.

-¿Por qué se drogan?

-Psicológicamente, resulta difícil comprender, porque se entregan a una muete lenta, pero pienso que por la misma inseguridad. Les falta creer en algo.


DIOS

-¿Tú crees en algo, Sara?

-Por encima de todo, creo en mí y en mi trabajo. Y en Dios.

-¿Cómo es tu Dios, Sara? ¿Sientes la necesidad de estar sola para hablar con Él? ¡Vaya! Te digo esto porque los artistas tenéis cierta fama…

-A los artistas, majo, se nos juzga muy ligeramente. Que el patatín, que el patatán. Que si enseñas, que si te han visto, que si te dejan de ver… Como si fuéramos las únicas personas con derecho a escandalizar. Mi vida de artista se debe al público, al productor, al director, ¡de acuerdo!, pero tengo la otra, la que me pertenece, la que no conoce casi nadie… y rezo, ¡claro que rezo! Mi Dios es justo y, sobre todo, padre.

-¿Por qué darías todo lo que tienes?

-Dejaría de ser Sara para convertirme en Marian, ahorita mismo, por tener a mi madre conmigo. ¡Vamos! No habría nada que no entregara. Me decían: “Desnuda a la calle a picar piedras…” ¡Y lo haría! ¿Ves esos obreros? ¡Vamos! Rockefeller serían a mi lado. Daría todo, todo, todo, todo…

Su voz se ahoga. Brillan sus ojos.

-El trago más amargo, sí, el más amargo.

La tarde cae. Esos obreros, que podrían ser Rockefeller a su lado, marchan a sus casas: hijos, esposa, calor de un hogar… Sara ensaya, se prueba vestidos. Se debe al público. Se debe a Sara, a la Montiel, a “La violetera”, a “la reina del cuplé”. Yo me voy con el regusto de haber hablado con Marian, aquella niña –ya mujer- que liaba naranjas a los nueve años y cantaba en los atardeceres de azahar de la huerta murciana.

 

PEDRO DEL GENIL

(Fotos: J. WIZUETE)



LA FOTO CCCLXV


El esplendor de su glamour en los '70.