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sábado, 20 de julio de 2024

MAÑANA - 18 de mayo de 1968 - México


SARA MONTIEL

¿UNA ACTRIZ EN DECADENCIA?

¿Cuáles son sus defectos, cuáles sus debilidades, cómo en su vida privada? La “Manchega” habla a MAÑANA.


En el cuarto de siglo que lleva actuando ante los públicos de todo el mundo, Sara Montiel ha logrado alcanzar una categoría poco común.

En esos veinticinco años, la popularidad  de Sara ha traspasado las fronteras, y su belleza –todavía lozana- conquista aún admiradores.

A pesar de que esa categoría le ha dado fama y dinero, Sara está inconforme. Tras su hermoso rostro y sus ojos expresivos, esconde un deseo, una esperanza: seguir en la brecha, como ella misma dice.

Admirada y aplaudida, también ha sido blanco de críticas acerbas y de ataques fundados o infundados. Lo cierto es que sigue incólume y cabalga aún en el grupo de los célebres con más vigor que en los tiempos en que fue una de las artistas más hermosas de Europa y mejor pagadas del cine de América Latina.

¿Cuáles son sus defectos?, ¿cuáles sus debilidades?, ¿cómo es su vida privada?, ¿qué es lo que anhela?, ¿qué es lo que piensa de sí misma?

Sara es diferente a la “Sara Montiel” que muchos se han formado en su mente, y a la vez, es diferente a la María Antonia Abad que en 1933 vio la primera luz en La Mancha, tierra de El Quijote.

Fue el propósito de conocer mejor a la auténtica Sara Montiel el que nos hizo concertar una entrevista con ella durante un intermedio del show que hace en el centro nocturno El Patio.


Canta desde que tenía diez años.

Cuando la vimos salir rumbo al escenario para presentarse ante el público, iba demasiado nerviosa. Se le notaba en su rostro afligido y en sus manos que temblaban como si fuesen las de un niño que se ha espantado por algo.

Le comentamos eso y ella respondió:

-El artista que no se pone nervioso no es artista. El artista tiene que tener inquietudes y creo que esas inquietudes son los nervios.

-Yo al público le tengo miedo. Porque tengo sentido de la responsabilidad. Ahora, si saliera yo a cantar sin haberme preparado antes, le tendría poco respeto a la gente que viene a ver el show. La cosa es cantar bien y no salir a atropellar las notas musicales.

-Psicológicamente ¿cómo podría definirse?

Balbucea…

-Bueno, eso es muy difícil. Sólo puedo decirle que entre la María Antonia Abad que bautizaron hace treinta y cinco años y la Sara Montiel que tiene usted enfrente, hay mucha diferencia.

-María Antonia es una mujer sencilla, amable, sentimental (como que es de Piscis,) con un alto sentido de la justicia y la sabiduría, más rica en virtudes, muy mona, más humana. Sara es muy diferente, es solamente un personaje menos humano que María Antonia.

Luego dice que Sara Montiel asusta a esa María Antonia un tanto tímida y con muchos defectos.

-Creo que la única relación que hay entre María Antonia y Sara Montiel es el físico. Fuera de eso ninguna más.

-¿Cuáles son sus defectos?

Lanza una mirada de sorpresa-admiración, inclina la cabeza un poco y piensa por algunos segundos.

-Bueno… mi defecto principal es creer en el amor.

¡Cómo, esta mujer que ha sido amada por varios hombres y que se dice muy sentimental tiene como defecto creer en el amor!, pensamos.

-Sí. Yo sin amor no vivo, y digo que es un defecto porque –hijo mío- se lleva uno en esta vida cada decepción que una se queda traumatizada. Yo he tenido muchas decepciones, pero no importa, yo sigo en la brecha.


Tengo 35 aunque digan que tengo 99.

-¿Usted cree que se ama una o más veces?

Y suelta la respuesta rápidamente anteponiéndole una admiración:

-¡Hijo mío!, se ama varias veces, se ama toda la vida. No seríamos humanos si no lo hiciéramos, seríamos… seríamos… seríamos como somos.

Calla como arrepintiéndose de su respuesta contradictoria y nos mira a la cara. No se decide a rectificar.

Dijo que tenía varias debilidades y una de ellas es el hombre.

-¿Cómo definiría al hombre?

-Pues como un hombre muy hombre… como dijo Unamuno, todo un hombre.

-¿Y ese todo un hombre cómo debe ser para usted?

Balbucea nuevamente.

-Todo un hombre es un hombre bueno, inteligente, sabio y con algunos defectos.

En el rostro no se le notan arrugas ni tiene huellas de las plastas de maquillaje que muchas otras, para ocultar el paso del tiempo, se untan para aparecer jóvenes.

-¿Cuántos años lleva actuando?

-Empecé a la edad de 10 años, tengo 35 de edad aunque la gente crea que tengo 90. Hay algunas artistas que me ganan en edad… y en hijos. Por ejemplo, ahí tiene a la Sofía Loren que tiene 36 años y a la Taylor 37.

-¿Tiene hijos?

(Está casada con un español de nombre José Vicente Ramírez Peláez, que el licenciado y economista).

-No.

-¿Le gustaría tenerlos?

-Sí.

-¿Tendrá?

-Espero que sí.

Y suelta una carcajada.

-¿Cuánto gana usted por actuación?

Se nos queda mirando, piensa un poco, voltea para sonreír al fotógrafo que va a imprimirle una placa, y responde:

-No sé cuánto. Yo sólo me preocupo de las canciones.

-¿Estudió canto alguna vez?

-Nunca.

-¿Heredó la vocación artística?

-En mi familia, como se dice en España, yo fui la única “gargantona”.

-¿A qué edad empezó a cantar?

-A los cinco años, cuando canté para un grupo de señores una canción que se llama… que se llama… que se llama La Nana.

-¿Su primera actuación en cine?

-Cuando tenía 11 años, en una película en donde la hacía yo de colegiala.

-¿Qué películas suyas le han gustado más?

-Ninguna. Claro, hay secuencias que hice bien.

-¿No tiene preferencia por ninguna?

-Bueno sí. Por La Violetera y El último cuplé.

-¿Cuántas películas hizo aquí en México?

-En México radiqué en los años cincuentas y tuve oportunidad de hacer varias. Después emigré a los Estados Unidos y filmé algunas que por cierto no me gustaron.

-Aquí en México filmé con Pedro Infante, que en paz descanse, y con Agustín Lara.

Añade:

-De México guardo un cariñoso recuerdo, poque en mi vida artística sus gentes desempeñan un papel muy importante.

¿Por qué entonces no había venido? Se decía que tenía problemas migratorios y que los empresarios ya no se fijaban en ella porque no había cumplido con contratos firmados. En suma, porque –dicen- era irresponsable.

-No había venido porque los empresarios y yo no nos poníamos de acuerdo. Ellos me daban una fecha que les parecía buena, pero para mí era mala. Yo les daba otra y no se ponían de acuerdo. Hasta que por fin… y aquí me tienen.


¿Principal defecto? Creer en el amor.

La acompañan el compositor español Solano, su representante en América Latina Claudio González, y una señora de nombre Inés Gómez Duque que le sirve de maquillista y que lo mismo es su secretaria que su enfermera.

Actuará en el centro nocturno alrededor de dos semanas y después viajará a la provincia para presentarse personalmente en teatros.

-Mucha gente que me quiere y que es de provincia no puede venir a México por muchos motivos, por eso yo voy a ellas.

-¿Cómo es su carácter?

-Muy sentimental. Me da por llorar mucho…

-Eso quiere decir que no es feliz.

-Bueno… sí lo soy o al menos trato de que la gente que me rodea lo sea. Lloro porque las penas deben desahogarse pero también llorar es perder el tiempo y no, eso no lleva a nada.

-¿Cómo fue su infancia?

-Triste y alegre al mismo tiempo.

-¿Por qué?

-Triste porque cuando yo tenía la edad de 12 años murió mi padre, y alegre porque era yo libre en aquel pedazo de tierra que teníamos y en donde yo podía correr, hacer travesuras, reír sin que nadie me dijera nada, y hacer lo que se me antojara.

-¿Económicamente?

-Pobres… bueno, no pobres porque mi padre mi padre labraba la tierra y siempre nos daba de comer y con eso éramos felices.

-¿Se considera bella?

-Eso que lo digan los que me conocen, pero de todos modos, me planto ante el espejo para delinearme muy bien los jojos, maquillarme la boca y ponerme estas pestañas postizas.

-Muchos dicen que usted es muy vanidosa.

-Eso es falso, aunque viéndolo bien la vanidad es muy mona.

-¿Le gustan los halagos?

-Es lógico que a las mujeres le gusten los halagos.

-¿Qué clase de mujer es usted?

-Una mujer muy sencilla que odia a las que nacen vanidosas.

-¿Qué opina sobre lo que dicen, que usted ya en decadencia?

-Yo canto como siempre he cantado, con la misma calidad. Aunque le voy a aclarar que de pequeña cantaba mejor.

-¿Qué cosas le gustan más en esta vida?

-El sol… la gente… los hombres.

-¿Qué clase de papeles le gustan más?

-Los dramáticos y algunos cómicos.

Sara sonríe a cada contestación, veía constantemente la grabadora, volteaba hacia el fotógrafo y permanecía con las piernas cruzadas. La minifalda le subía unos veinte centímetros arriba de la pantorrilla.

-¿Piensa filmar en México?

-Mi deseo es ese, pero quisiera que fuera una película que, como dicen aquí, tuviera gran impacto. Que fuera un trancazo, un verdadero trancazo.

-¿En dónde radica?

-En todo el mundo.

-Mi pregunta no es ésa. Quiero decir en dónde está su casa.

-En la Plaza de España número 11, Madrid. Su casa.

-Por último señora, ¿cuándo piensa dejar de actuar?

-Hasta cuando me muera. Mi meta no está definida. Por ejemplo, ahí tenemos a Picasso con 85 años y sigue dando batalla y yo soy más guapa que él. ¿O lo dudan?

Sara Montiel es así, así reacciona, así responde, así piensa, es su vida, así lo ha sido.

¿Realmente es una actriz que va en “picada”?



EL RECORTE CCCLXIII

¿Por qué desde que se fuera a Hollywood nunca más regresó a México hasta el 68? Eso ella lo sabría. La cosa es que el público mexicano pudo verla por última vez en 1997. Aquí una crónica del Heraldo de México, 19 de octubre de 1997, de lo que fue su presentación en el Teatro Alameda. 


Sara Montiel

cumple el compromiso de su leyenda como eterna seductora

Por Mauricio Peña


A Sara Montiel le dijeron antes de viajar de Madrid a México, que las dos presentaciones que habría de realizar en su nueva visita a nuestro país, ya estaban con boletaje vendido, porque el público tenía gran curiosidad por verla, y ella respondió quizá con ese tono sensualón, que tiene para cantar los cuplés: “¡Uhm, sí! A mí sólo me gusta actuar en funciones que ya están llenas”.

Así comenzó su reencuentro con México, “que llevo siempre en el corazón”, y con el público que la hemos seguido desde siempre en el cine y escuchando sus discos.

Está-bamos allí, sentados frente al escenario del Teatro Alameda, para admirar a una leyenda viva, Saritísima, la Sara Nacional, S.M. Montiel (Su majes-tad…), y dispuestos a gozar hasta la última gota de ese brebaje que sólo las diosas del escenario pueden escanciar.

“Para ustedes los mexicanos siempre seré Sarita”, nos dice al aparecer con un abrigo de armiño de gran fantasía y un turbante de pedrería que una dama dignificada tal vez se atrevería a portar cualquier día de la semana, para que todos se desmayaran en su oficina. Sara Montiel es fiel a su mito, y no puede menos que hacer una aparición apabullante caminando en forma sensual, ¡aunque tenga 70 años!, “lo escucharon ustedes muy bien: siete cero”, confiesa su edad, sin reticen-cias.

En el primer bloque de sus canciones, se incluyen algunas de sus películas más famosas, y ella picarescamente salpica con un poco de anécdotas que rodean la magia del cine, que ha ejercido desde aquel debut suyo en el cine español, en “Locura de amor”, con Aurora Bautista y Fernando Rey, y en las comedias escapistas del franquismo como “El vuelo del Clipper”, y perfeccionado posteriormente en las cintas mexicanas y hollywoodenses.

La artista está arropada con un vestuario de altura de su fama, trajes rojos como llamaradas o elegante terciopelo negro, pero también se viste con sus canciones más famosas y con la sensualidad desbordante de alquien que más que cantar, platica las canciones, con un dejo de erotismo sugerente, que no ha dejado de tener impacto por lo menos en cuarenta años, cuando se elevó a la categoría de mito, gracias a “El último cuplé”.


Sara Montiel se hace acompañar por un físico culturista en el momento de una de sus interpretaciones de canciones sugerentes de su repertorio. (Foto de Carlos Báez)

Como lo hacen las grandes vedetes, Sara Montiel no puede evitar en determinado momento de su espectáculo, el contacto cercano con el público masculino.

Así veíamos que lo hacía María Conesa, aunque ya fuera una anciana, bajaba del escenario con unas tijeras en la mano, ¡a cortar corbatas!, “para que vayas y le digas a tu mujer lo que te ha hecho la Conesa!”

La Montiel ejercita otro tipo de agresividad sexual, y se sienta en las piernas de algunos de sus admiradores, cuando se pasea micrófono en mano entre la butaquería.

Canta “¡Echa… té!”, que cuenta la historia interminable de una camarera que aparte de servir el té, atiende a los caballeros de los salones secretos.

El momento culminante llega cuando Sara Montiel canta acompañada de un mariachi.

Los temas elegidos no son muy folclóricos: “Mil besos”, “Perfidia”, pero igualmente se los aplaudimos, y cierra su actuación con “Tu nombre era México”, una canción que ella misma compuso al calor de ese recuerdo perenne de nuestra tierra.



LA FOTO CCCLXIII 


Como siempre, rodeada de fans y firmando autógrafos durante su estancia mexicana de 1968.

sábado, 13 de abril de 2024

DIEZ MINUTOS - 5 de octubre de 1968 - España


SARA

de la Mancha

En su próxima película, “Esa mujer”, será dirigida por Mario Camus

“Cuando dicen que mi marido no vive conmigo, es que lo saben y están en lo cierto”

“Mi madre me enseñó a no hablar nunca mal de la gente”


También Sara puede lucir minifaldas si quiere. En la terraza de su espléndido piso, el cabello por la cara, la "estrella" parece un desafío.

SARA de la Mancha. En el salón de invitados de su piso de la Plaza de España no hay molinos de viento ni libros de caballería.

Las paredes están forradas de raso y una lámpara del palacio de Isabel II extiende una pálida luz sobre el piano de la Fornarina. En un rincón, un barqueño de la época de los Reyes Católicos, adornado con labores de taracea doradas, compone con una mesa redonda de mármol de Carrara. La guardia del escalón de la doble planta moquetada en tonos gratísimos a la vista la componen la cabeza de un sammurai, realizada en alabastro y la diosa de la fortuna, talla bellísima obtenida en palmito de Tailandia.

Cerca de los regios tresillos no faltan las mesas pompeyanas o los armaritos de laca, jalonando uno de los ángulos una hermosa talla, en mármol, de Collaut-Valera, donde se reproduce el generoso busto de Sara y su belleza increíble. Y sobre el raso de las paredes, lienzos de gran valía y cobres italianos. En el piso de la Montiel se puede hacer recuento de un Goya, un Sorolla, un Eduardo Vicente, un Eugenio Lucas y dos Palmulori, aparte de decenas de cuadros que adornan pasillos y piezas de la casa.

Sara de la Mancha, sonríe. Sara de la Mancha, nacida en Campo de Criptana, posa y reposa. Y cambia de trajes, alternando la minifalda con un caftán de oro viejo del siglo XII.

Sobre el piano de la Fornarina están las letras de las canciones de su inminente película para Suevia Films. El viejo pleito entre la “estrella” y el hombre del pelo blanco ha derivado hacia un título: “Esa mujer”. El guión es de Antonio Gala y habrá canciones de Armando Manzanero, Rafael de León y Solano, hasta cubrir un programa de cinco intervenciones.


Sara Montiel sigue siendo la Dulcinea más guapa de España. Aquí la vemos apoyada en el piano de la Fornarina, que adorna esta lámpara que perteneció al palacio de Isabel II.

-¿Quién te va a dirigir en “Esa mujer”, Sara?

-Mario Camus –dice, y se va a poner otro vestido-. Asisten al reportaje, doña María, la madre de Sara y un compañero de arte, José Ramón Centenero, que actúa, en cierto modo, como director de escena, señalando a Sara algún posible error en la pose.

Sara de la Mancha, sonríe. Sobre la mesa pompeyana no hay vasos de recio cristal con el vino tinto de las ubres que despanzurrara “Quijote” con su espada mellada. Hay “whisky”, aceitunas, peladillas y, eso sí: queso manchego y del bueno.

Ha concluido el reportaje gráfico. Sara de la Mancha, sonríe y espera.

-Sara…

-Dime.

-Háblanos de Camus. Un nombre nuevo. Parece que tiendes hacia la gente nueva. Eso está bien, Sara.

Se encoge de hombros. Habla en directo, sin rodeos. “Quijote” hubiera gritado alborozado, al escucharla. Es, su castellano, un idioma rudo, si se quiere, pero claro como el agua y crujiente como el pan recién cocido.

-Verás: hay gente vieja muy buena y gente vieja muy mala. Y lo mismo sucede con la gente nueva. Yo procuro buscar lo mejor. Eso es todo.

-¿Te preocupan los sambenitos que te cuelgan Sara?

Ríe.

-No, no me preocupan. Lástima del día en que no amanezca con alguno. Mal presagio. Recuerda a “Quijote”: “Ladran, luego cabalgamos”.

-Entonces, recojamos un ladrido, Sara. La gente ladra en los cafés, y asegura que cuando Sara Montiel comienza una película el director no manda, el cameraman no manda, y el productor, muy asustado, pregunta todos los días a su gente cómo andas de humor…

-Mira: el cine es lo más importante de mi vida. Sin el cine yo no sabría vivir; pero yo no entiendo nada de cine, no sé nada de cine. Si yo dirigiera mis películas habría hecho mi cine, el cine de Sara Montiel. ¿Entiendes? Bueno, pues anótalo si quieres. No es cierto que yo haya influido en los directores: mi oficio es actuar y cantar. Ahora, eso sí. Me permito opinar sobre fotografía por una razón. He estudiado hasta quedarme sin aliento a los grandes maestros de la pintura. Y creo que la pintura y la fotografía tienen algo de común, ¿no?


Compañera inseparable de su hija, doña María ha seguido sus éxitos de lejos y de cerca. Sara se siente orgullosa de tener una madre sencilla y aldeana.

-Entonces, hablemos de pintura, Sara.

Me mira desafiante.

-¡Qué rico! Pues habrá que prepararte habitación, porque entonces no paro. De entrada te diré que me emociona la pintura de El Greco, de Goya, de Velázquez, de Picasso, de Gutiérrez Solana… Vamos, de todo lo bueno.

-La gente sigue ladrando, Sara. A lo mejor sus ladridos han llegado hasta aquí. ¿Sabes qué dicen ahora? Que estás acabada.

-Pues si lo estoy ahora, ¿qué será cuando no lo esté? Cuento con doscientos cincuenta millones de espectadores en España y América. Y, ahora, encima, Rusia. En el Japón celebran semanas cinematográficas con mis películas. Mira: llevo desde los cinco años trabajando. Y si he llegado no ha sido por lela. La realidad es que no le quito el pan a nadie. Yo hago mi película al año y a vivir. Pese a quien le pese. Aseguran que me hago la estética todos los años en París y que me extraigo las muelas para acentuar los pómulos. Pues bien, que vayan ellas al dentista y al cirujano de estética, a ver qué pasa. Odio hablar mal de la gente. Mi madre me enseñó a que no hablara mal del prójimo y a no tirar ningún plato de comida. Y aunque la belleza se va con los años, yo he sabido aprovecharla. Y tengo lo que tengo, que nadie me lo ha regalado.

A la vista está. Está guapa Sara, con su gesto desafiante. Le pregunto si el piano de la Fornarina y la lámpara de Isabel II; si los alabastros y las lacas y su Goya y su Sorolla lo tiene por el cine.

-En esto del cine, el dinero lo hacen los productores, los distribuidores y los exhibidores. Sara Montiel ha hecho a más de uno millonario. Como a Gonzalo Elvira y el pobre Cesáreo González. Yo he ganado un poco de dinero, sí. Pero aquí no está todo. He comprado cosas…

-¿Eres feliz, Sara?

-Lo soy, gracias a Dios.

-¿Del todo? Dicen que tu marido no vive aquí…

-Cuando lo dicen es que lo saben y están en lo cierto…

Sonríe Sara de la Mancha. La más guapa “Dulcinea” española continúa cabalgando por los caminos cinematográficos. En su torno, mordiendo las ancas de su cabalgadura, una jauría de perros ladra desaforadamente.

 

Fernando MONTEJANO

(Agencia TORREMOCHA)


EL RECORTE CCCLVIII

Entre la resaca de "Tuset Street" y el inminente rodaje de "Esa mujer", Sara concedía esta entrevista a la revista Ondas, 15 de enero de 1969, donde recordaba su infancia y adelantaba algún detalle del que sería su antepenúltimo film. 


SARA MONTIEL

HA REALIZADO TODOS SUS SUEÑOS

HA ADELGAZADO 11 KG. DESDE “TUSET STREET”


En la próxima primavera Sarita va a presentar un "show" cara al público. Será como los de Frank Sinatra, dice Sarita, pero "en vez de Sinatra estaré yo".

Sara Montiel ha vuelto mucho más delgada de Méjico. Aquellos kilos que le sobraban, desaparecieron como por encanto. No hay trucaje en las fotos ni en sus vestidos. También ha variado algo el decorado de su casa. Ha colocado el piano en otro ángulo y del país azteca se ha traído varios objetos que se sumarán a los muchos que, esparcidos en distintos rincones del hogar, hablan por sí solos de sus muchos y constantes viajes al extranjero. Empieza en breve –tal vez, cuando esta entrevista salte a las páginas de la revista haya dado ya comienzo- el rodaje de “Esa mujer”. Con ser eso noticia hay más, mucho más. Cuando termine el film en cuestión, Sarita Montiel cumplirá un hermoso sueño. Un sueño que acaricia en su mente desde hace algunos años: presentarse en España personalmente, en un escenario.

-Me voy a presentar yo personalmente en teatro, ya definitivamente para marzo o abril. Primero lo haré en Barcelona, en donde pienso hacer una temporada bastante larga. Seguidamente me presentaré en Madrid, Valencia, Alicante, Murcia, Málaga, Sevilla y también en muchas ciudades que forman parte de Andalucía y si Dios quiere, lo haré, asimismo, en Castilla la Vieja, porque yo quiero que todo el público de España me pueda ver –la mayor parte del público a ser posible- para así yo darles las gracias personalmente porque desde que se estrenó “El último cuplé” yo le estoy agradecida a todo el público español.

-¿Puedes adelantar cómo será y con qué título se presentará ese espectáculo tuyo?

-Es un “show” musical como acostumbran a hacer en Estados Unidos y en Londres. Como acostumbra a hacer Frank Sinatra, pero en este caso, en vez de ser Sinatra, será “Sara Montiel en persona”: ese será el título del “show”. Nunca perdí las esperanzas de demostrar al público que Sara Montiel no le tiene miedo a un escenario.

-¿Te sentirás en el escenario tan segura como en el “plató” de un estudio de cine?

-Creo que puedo dar mejor en el escenario que en cine, porque en el cine se puede repetir una misma escena varias veces, mientras que en teatro, ¿qué pasa? Allí la artista está solo al levantarse el telón y es entonces cuando se puede demostrar al público y a sí misma lo que de actriz se tiene.


Sarita juega todavía con muñecas. Tiene un corazón de mujer, pero en ella habita aún el alma de niña.

En un rincón de la estancia hay un magnífico busto, de grandes proporciones, de Sara Montiel. Su perfil derecho se refleja en la luna azogada de un espejo cercano. Es tan real la escultura, produce tal sensación de verismo, que difícilmente creo que una fotografía pudiera reflejar más fielmente los rasgos de nuestra actriz más internacional. Que la Montiel pasará a la posteridad es algo innegable. Y algún día, nuestros hijos, o los hijos de nuestros hijos, verán en la pantalla la vida, éxitos y fracasos –que también los hubo, por supuesto- de Sara Montiel.

Encima de la repisa de una chimenea, en un sencillo marco, María Antonia Abad, el día de su Primera Comunión. ¿Qué queda hoy de aquella niñita…? Esa es mi pregunta y calladamente, mansamente, María Antonia –o Sara Montiel- que son una misma persona dice:

-Queda el alma, que es la misma. Los sueños ya no, porque se realizaron… si no todos, casi todos. La niña soñaba con hermosos vestidos… la niña quería dormir en un colchón muelle y tener una almohada de plumas… la niña… no quería que su madre se tiznara las manos con el carbón mientras guisaba…

Silencio breve. Sara Montiel detiene su mirada en un punto lejano, muy lejano… Y después…

-Vaya a donde vaya, llevo siempre en mi equipaje mi almohada de plumas. Reconozco que puede parecer una niñería, pero no consigo conciliar el sueño con otra almohada que no sea la mía.

-Dime, Sarita, ¿te gustaría volver a ser niña por espacio de unos días, aunque tuvieses que vestir nuevamente aquellos vestidos de percal?

-Lo desearía tanto… ¿Sabes por qué? Porque volvería a estar junto a mi padre, que hace más de veinte años que murió. Guardo de él un maravilloso recuerdo. Cada tres días, como un rito, sueño con él. Luego… no lo perdí por completo. Es lo único que me falta para ser completamente feliz…

Hay un amago de lágrimas en los bellos ojos de la mujer.

-¿Hay algún episodio de tu infancia que recuerdes en especial’

-Yo recuerdo toda mi infancia, pero guardo un especial recuerdo para una muñeca que cuando yo tenía tres años, en el año 36, me trajo mi hermano cuando vino del frente. Yo la llamaba “Mi-Ya”, con lo que quería decir en mi lengua de trapo “Mi hija” y así he continuado llamándola, a través de los años. Es una pepona de trapo muy fea, pero que conservo aún y que para mí tiene un valor incalculable.

-¿Eras una niña miedosa?

-No exactamente miedosa, pero tenía –y sigo teniendo- un cierto respeto o temor a la oscuridad. Ello es debido a que, cuando era chica, como en mi familia éramos muy pobres, me veía obligada a llevar vestidos bastante feos. Yo no quería verme fea y entonces, arrancaba a llorar con unas pataletas tremendas. Mi hermana mayor –que me lleva más de veintitrés años- me encerraba en un cuarto oscuro, y vistiendo una silla con una sábana blanca, previamente, me decía: “Este es el rey que viene a por ti”. Al igual que en Frandes decir “el duque del Alba”  para mí, oír decir “El rey” era como decir “el coco”. Hasta que un día descubrí que sólo se trataba de una silla. Pero el recuerdo quedó grabado y aún hoy, sigo teniendo cierto temor a la oscuridad.


Un artista ha esculpido el busto de Sara en la piedra. Su belleza quedará así perpetuada y las generaciones futuras la podrán ver en el museo.

-¿Practicaste algún deporte en tu infancia?

-El de pasar hambre, por necesidad.

-¿Cuál era por aquel entonces tu afición predilecta? ¿A qué jugabas?

-Me gustaba cantar y poner en escena a mis amigas. Mi hermana, la que me lleva cuatro años, hacía de apuntadora, porque era la que entonces tenía la voz más clara. Las demás, con nuestras lenguas de trapo… Yo las vestía, las enseñaba ¡calcula! cómo se debía cantar y… dejaba volar mi imaginación, pensando que representaba para un público que sí llegó… al cabo de los años.

Hablo con ella del amor de la mujer. De los que en otros tiempos pudo tener. De sus admiradores.

-Mentiría si dijera que no he tenido muchos pretendientes. Pero ahora sólo me interesa un hombre: mi esposo. Si hemos de creer lo que dicen, existen, al parecer, treinta y siete maneras distintas de declarar el amor a una mujer. Yo creo que la mejor de todas y la que sí recuerdo de veras, ha sido –sin duda- la de mi esposo.

-Pareces totalmente feliz. ¿Ninguna nube?

-Ninguna, a pesar de que a muchos, esto quizá les defraude. A mí me han divorciado ya tantas veces en la prensa…

No ya como informadora, sino como mujer, me interesa saber el por qué Sara Montiel ha vuelto el color de sus cabellos a la tonalidad que le era ya habitual en los últimos tiempos: el caoba.

-Por exigencias del film que estoy rodando “Esa mujer”. En esta película interpreto dos papeles distintos. En uno de ellos doy vida a un personaje más agrio y voy con el cabello negro, y en el otro –soy la misma mujer, pero en períodos de tiempo distinto- llevo el cabello rojizo, vistiendo muy claro y con un tipo espiritualmente también distinto a la otra mujer que, sin embargo, soy yo misma.

-¿Hablamos de “Tuset Streeet”?

Pienso que va a eludir el tema, pero contrariamente a mis pensamiento, la oigo decir:

-Sí, ¿por qué no? Aquí, en Madrid, va muy bien, a la gente le gusta, pasan un rato agradable viendo una película moderna, con un color estupendo y con unas canciones preciosas. Casi todas mis películas han tenido un corte clásico: en esta hay un ambiente completamente nuevo.

-¿Qué hay de la película “Catalina la Grande”, junto a Marlon Brando?

-Estamos en tratos. Debería rodarse en Rusia y su duración sería muy larga. Si puedo compaginar mis películas ya proyectadas junto a mi actuación personal en teatro y luego, me queda tiempo, desde luego que la haré porque creo que podría ser sensacional.


Sarita es ahora más joven que nunca, cuando se dispone a interpretar una nueva película que llevará por título "Esa mujer". 

-Hay algo que supongo interesará sobre todo a las mujeres. ¿Cómo has conseguido perder tanto peso?

-De “Tuset Street” hasta ahora he perdido algo más de once kilos. Yo tuve una temporada –lo reconozco- en la que me sobraban unos cuantos kilitos, pero no podía adelgazar. Tuve paciencia hasta que el médico me dijo: “Ahora, María Antonia. Ahora puedes adelgazar”. Y ya lo ves.

Le sugiero hacerle algunas fotos al lado del busto que se refleja en el espejo. De su propio busto. Sonríe, un poco coqueta. Y amplía la sonrisa cuando dice:

-Soy casi tan presumida como cuando tenía ocho años… y me ponía aquel lazo tan grande en lo alto de la cabeza… tal vez, tal vez, para que destacase el lazo y nadie se fijara tanto en mi vestidito de percal…

La niña quedó atrás. Hoy, existe la mujer. Guapa, famosa y rica. Pero el alma de la niña, medio agazapada, está aún dormida en el corazón de la mujer.

 

Texto y fotos: Maite MAINE



LA FOTO CCCLVIII


Sara en una de las más icónicas imágenes de "Esa mujer" (España, 1968).

jueves, 26 de octubre de 2023

AMA - febrero, segunda quincena de 1966 - España


NUESTRA PORTADA

Aunque la primavera casi asoma ya su perfil florido, Sara Montiel aparece en nuestra portada bien abrigadita. La razón es sencilla: se marcha a Moscú para dar unos recitales de sus canciones, y en la capital rusa todavía se deja sentir un frío considerable. En el reportaje que le hacemos, Sara nos cuenta sus proyectos inmediatos y futuros.

Fotocolor: Alejandro.


ama REPORTAJES

SARA MONTIEL

TRAS EL TELÓN DE ACERO

SARA Montiel hace su equipaje. Destino: Rusia. La actriz española va a visitar varios países tras el telón de acero con una embajada de su arte españolísimo. Su fama ha traspasado ya el famoso telón, ya que todas sus películas se han estrenado en aquellas tierras. Ahora va a ir en persona para llevar a cabo una gira de dos meses. Hay que preparar maletas, vestuario, repertorio… Sara va a actuar por primera vez en Rusia y debe cuidar al máximo hasta el último detalle. 




30 trajes de noche para su gira por Rusia

Después hará cine en Italia y Checoslovaquia

SARA Montiel pasa por una época de actividad plena: rueda una película, tiene un contrato para actuar en países del telón de acero, otra película en Italia, y, por fin, un nuevo film en Checoslovaquia. Un programa apretado que dice mucho sobre su capacidad de trabajo y prestigio en el ambiente artístico del mundo entero. Y, desde luego, buena prueba de su buen estado físico.

-Aunque nadie se lo crea, acabo de cumplir treinta y tres años.

Estamos en su piso de la plaza de España. Frente a los dos rascacielos madrileños. Una última planta, llena de luz, desde la que se divisa un paisaje precioso.

En realidad, Sara no vive allí. Es un piso estupendo que aún no está terminado de decorar, a pesar de que hace mucho tiempo que es propiedad de la actriz. Ahora vive en San Bernardo y acabará por hacerlo en una magnífica casa que ha comprado su marido, José Vicente Ramírez, frente a la Almudena, al final de la calle Mayor.

Este piso de Plaza España es francamente bonito. Aún a medio decorar, se advierte una mano con buen gusto. Las puertas están ambientadas con un cierto estilo oriental, que también se descubre en otros detalles de la casa. Suelos alfombrados, paredes tapizadas, muebles de estilo…

Sara tiene, además, una especial predilección por la pintura. Entre los cuadros vemos un valiosísimo Goya, un Eugenio Lucas… Junto a estos clásicos, otros de pintura actual. Entre ellos un Delapuente de la serie de Madrid, donde se ve el emplazamiento de su nueva casa, frente a la Almudena.



Aficionada a la pintura, tiene en su casa cuadros de gran valor. En estas fotos la vemos junto a un "Delapuente" y un "Eugenio Lucas".

TRAS EL TELÓN DE ACERO

Pero vayamos al tema que ha motivado nuestra visita a la actriz:

-Sara: ¿qué hay de tu viaje a Rusia?

-Es cosa hecha. Saldré hacia allí una vez terminado el rodaje de la película que estoy haciendo ahora.

-¿Mucho tiempo?

-Unos dos meses. Actuaré primero en Moscú. Después, Leningrado, Checoslovaquia, Polonia, Bulgaria, Atenas y Beirut.

-¿Cómo salieron estos contratos?

-El Gobierno soviético se puso en contacto conmigo a través de un representante y lo firmamos.

-¿Qué espectáculo llevas?

-Ninguno. Todas las actuaciones son recitales de canciones mías; de las que he cantado en todas mis películas.

-¿Te acompaña tu marido?

-No puede. Tiene trabajo en Madrid. Me acompaña el maestro Solano; mi secretario; Inés, la doncella; la maquilladora, la peinadora… Un grupo reducido.

TREINTA TRAJES DE NOCHE

-¿Llevas mucha ropa para esta gira?

-De momento, tengo encargados unos 15 trajes en Vargas Ochagavia. Yo creo que llevaré, en total, unos 25 o 30 trajes de noche para los recitales y alguna fiesta a la que tenga que acudir.

-¿Es muy conocida Sara Montiel en estos países?

-Francamente, sí. Todas mis películas se han estrenado allí. Además, pude comprobarlo personalmente cuando pasé por ellos en el viaje de bodas.

Por primera vez Sara va a trabajar tras el telón de acero. En realidad también es la primera vez que ella hace este tipo de recitales.

-¿No piensas hacer lo mismo en España?

-Tengo el proyecto de hacer aquí una gran comedia musical. Un “show” de categoría, del estilo de los que hacen en Broadway; algo que todavía no se conoce en España, ya que es un desfile de atracciones de primera magnitud sin ninguna ilación de tipo argumental. Tengo verdaderos deseos de hacer esto, pero he de cumplir, primero, con los compromisos que tengo.

-¿Cuáles son?

-Después del viaje que te he dicho, tengo una película en Italia, totalmente rodada allí. Luego es muy probable que haga otra en Checoslovaquia. A la vuelta, ya hablaremos. Pero ten por seguro que haré teatro en España; me encanta. 


Recuerdos de todos los países donde Sarita ha actuado. Este, de Filipinas, está hecho a base de conchas y caracolas marinas. 


Ante el espejo del tocador Sara Montiel repasa, mentalmente, todos los detalles de su viaje: vestidos, joyas, pieles; todo a punto. 

UN ADEREZO DE DOS MILLONES

Hablamos de la película que está haciendo ahora.

-Es, sin duda, la más importante de las que he hecho hasta ahora. Es preciosa. Una coproducción con Francia e Italia, que cuesta la friolera de 60 millones de pesetas. Un vestuario fantástico, decorados maravillosos…

-¿Cuántos trajes sacas tú?

-Muchos. Y maravillosos. Luzco algunos que han costado ochenta mil pesetas.

-¿Te quedas, luego, con ellos?

-Generalmente, no. Los tipos que represento en las películas no son, muchas veces, el mío: el de Sara Montiel. De esta película me voy a quedar un par de ellos, que son preciosos.

Sara continúa hablándonos de esta película: de las colecciones de pieles que se exhiben, de todo el lujo que lleva consigo.

-El otro día he llevado un aderezo de esmeraldas y brillantes valorado en dos millones de pesetas. Vino la Policía a traerlo a los estudios, estuvo allí todo el tiempo custodiándolo y se lo volvió a llevar en cuanto terminó el rodaje de la escena. 


En la terraza de su piso, en la plaza de España. Al fondo, el Palacio de Oriente. 

Con el fondo del gran ventanal, al que se asoman los rascacielos madrileños de la plaza de España, seguimos charlando.

Sara tiene una gran ilusión por su trabajo. Se encuentra en plena forma. Muchos proyectos en su cabeza. Dispuesta a conservar por mucho tiempo su título de ser la actriz española más conocida al otro lado de nuestras fronteras.

Y, ahora, dispuesta a aumentar su fama en los países del telón de acero. La suya y la de España. ¡Mucha suerte!

 

F. ARTACHO

(Fotos: ALEJANDRO)


EL RECORTE CCCXLIII

El matrimonio con José Vicente Ramírez Olalla duró poco. Sara seguía mencionándolo sin entran mucho en detalles. Mientras tanto su carrera continuaba y el interés que despertaba también. En este artículo de Ama, 15 de enero de 1968,  la diva mostraba su casa y su armario. 


LA CASA Y  LOS MODELOS DE

SARA MONTIEL


Sara ha querido decorar por sí misma su habitación en tonos rojos, que contrastan con el marfil de las paredes tapizadas. 

Sara Montiel, mujer de gusto original, nos ha abierto las puertas de su casa. Una casa magníficamente decorada y donde los muebles de estilos distintos combinan perfectamente y tienen ese aire que la sensibilidad de la actriz ha puesto en ella.

Cuadros de distintos pintores: Vicente López, Solana, Soralla, Escasi, etc., decoran las paredes. La casa de Sara no es obra de un decorador: la casa de Sara tiene, sobre todo, el toque de las cosas compradas por ella, seleccionadas en una búsqueda emocionante por anticuarios y almonedas, recuerdos de países que ella ha recorrido y donde ha comprado todo lo que visto de interesante: idolillos, telas, bibelots y piezas de artesanía únicas en las que el valor material se veía aumentado por el afecto. Muebles, tesoros y obras de arte que tienen su propia historia antes de haber ido a parar a casa de la estrella. Telas exóticas, de fibras extrañas tejidas por manos hindúes o africanas. Muchas estatuas tienen, además, un valor simbólico, y Sara ha querido posar junto a ellas, haciendo resaltar su belleza clásica sobre éstas, que la tienen inanimada, aunque tengan un algo que les hace vivir su propia vida.

 

SOFI DIEZ TEJERINA

Reportaje gráfico: JOSÉ ANTONIO


Ha querido retratarse esta gran actriz de categoría internacional que es Sara Montiel luciendo un bonito modelo hecho en riquísima tela de lamé de oro fastuoso y que tan bien le va a ella. El ídolo, rígido e inexpresivo, traído de Tailandia, donde le llaman la diosa de la suerte, parece presidir, mudo y hierático, el salón. 


El marco que encuadra el apunte de Sara, vestida con el traje típico de la Mancha, era el mismo que tenía el cuarto de baño del palacio de Oriente. Sara posa junto al cuadro con uno de estos saris fastuosos de brillantes telas, adquiridos por ella en sus viajes por la India. Las telas, ricas, recamadas de oro, son como una joya. 


Balenciaga, clásico y elegante a la vez, ha diseñado para la actriz este fastuoso y primoroso modelo confeccionado en sutil gasa negra. 


Durante uno de los viajes a Tanganica, Sara se trajo esta tela fastuosa, tejida con gracia y habilidad por las mujeres de aquel país. 


También es de Dior este modelo en negro. El piano de cola que se ve al fondo del salón perteneció a la célebre Fornarina, la tonadillera famosa por su arte y belleza a principios de este siglo. Sara lo compró hace pocos meses, y la pieza histórica salió de la casa de los bulevares, la última que habitó la célebre Fornarina. 


Sara tiene sus preferencias, dentro de la elegancia con que siempre viste. El traje, hecho en lamé de oro con cuentas de cristal, resulta de gran vistosidad y es de la firma Dior. Posa junto al candelabro del palacio de la Reina Isabel II, que pone su barroca belleza en un florecimiento de ramas doradas. 


LA FOTO CCCXLIII


Fotografiada por Simón López a mediados de los '60.