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sábado, 21 de abril de 2018

L' EUROPEO - 22 de Marzo de 1.959 - Italia


LA COPERTINA
Sarita Montiel. L'attrice e cantante spagnola si è presentata per la prima volta in Italia in un ruolo di primo piano col film La violetera. La Montiel, moglie del regista Anthony Mann, che realizzò Il piccolo campo, fu tra le ospiti più notate, per la sua bellezza, al Festival di Venezia. Il suo primo lavoro d'impegno fu nel film Vera Cruz, prodtto a Hollywood. 


EL RECORTE CCLXXVIII
Seguramente, la diva nunca pudo imaginar que 20 años después de los estrenos de 'El último cuplé' y 'La violetera' sería la estrella que fué, que se mantenía, y seguía enamorando al gran público. En este reportaje de Lecturas, de 17 de Noviembre de 1.972, vemos un ejemplo de ello. 


SARA MONTIEL,
EN LAS VEGAS:
“Desde hace años me doy una vuelta por aquí, siempre que puedo, para ver los ‘shows’ y coger ideas”
Desde Las Vegas, Sarita se fue a Los Ángeles, donde le dieron la “Llave de la ciudad”.

La imagen de Sarita en Las Vegas es realmente nueva. Sin embargo, la españolísima estrella asegura que va todos los años, para dar un "repaso a los espectáculos". 

La llegada a Las Vegas durante el día es sorprendentemente triste. La retina se acostumbra pronto al paisaje sin alteraciones del desierto; no hay perfiles, no hay desniveles…, luego, casi con sobresalto, se descubre el grupo de polvorientas casas que, agrupadas a lo largo de una ancha autopista, constituye Las Vegas.
La nota más pintoresca a la luz diurna quizá se encuentre en las pequeñas iglesias con luminosos cambiantes, ofreciendo sus servicios matrimoniales en días de veinticuatro horas: “Open 24 hours”, “Marriage day & night”… y un largo etcétera de sugerentes propuestas.
Ya con la puesta de sol y los largos y brillantes “carros” corriendo por el asfalto, se encienden las primeras luces. A esta señal acuden los luminosos de toda la ciudad en un intento de incendiar el horizonte. Las Vegas se convierte en una gran antorcha, una atrayente e inmensa luz, donde quedan atrapados los aventureros del mundo.
Hoteles altos y confortables en un supremo esfuerzo por atraer clientes convierten sus vestíbulos tragaperras se suceden a lo largo y ancho de la ciudad, incluso en la farmacia se pueden jugar unos níqueles, mientras se espera el benigno fármaco.
“Shows” a cargo de Sergio Mendes, Nancy Sinatra, “Sonny & Cher”, Belafonte… Caras conocidas del mundo del espectáculo se enfrentan a la ruleta, se entrecruzan en el “hall” de los hoteles e incluso hacen cola pacientemente para asistir al “show” nocturno.



Bajo los anuncios luminosos de los cabarets y salas de juego, Sarita posó para nosotros, en un completo recorrido por la famosa "city".

Es uno de mis numerosos vagabundeos y cuando ya la máquina tragaperras se hubo engullido mi último centavo, encuentro, no sin cierta sorpresa, a nuestra españolísima Sara.
Con unos kilos de más, con unas joyas de más y bien cobijada bajo una estola de visón, sale Sarita del “show” de Nancy Sinatra, que se presenta en el Hotel Riviera. Todo en ella resulta omnipotente, agresivo, trivial y maduro. La Sara que nosotros conocemos se ha atrincherado tras la personalidad que en su día difundió y de la que ha hecho su única dimensión pública. Pero esto es aparente o al menos parece aparente cuando se habla con ella.
Le pregunto si se le pueden hacer fotos en Las Vegas “by night”, a lo que accede encantada, mientras piensa en las posibilidades que ofrecen las luces de los neones para su rostro. En un recorrido por la “city” posa aquí y allá con auténtica profesionalidad, elige el luminoso, separa un poco la cabeza evitando primerísimos planos, se fotografía delante del Pionner Club, uno de los locales más antiguos de la ciudad.


Sarita se situó delante de las máquinas tragaperras, aunque aclaró que, a pesar de que hace muchos años que va a Las Vegas, nunca le gustó el juego. 


Sarita fue a recibir la "Llave de la ciudad", de Los Ángeles, de la que se ha hecho merecedora a través de la difusión que han tenido sus películas allí. 


A su regreso a España, Sarita comenzará a rodar una nueva película, esta vez a las órdenes de Angelino Fons, que llevará por título "De aire y de fuego". 

Se sitúa delante de las máquinas tragaperras, aunque rápidamente aclara que, a pesar de que hace muchos años que va a Las Vegas y de que su ex marido, Anthony Mann, era un gran jugador, no le gusta ni el juego ni la bebida.
-En estos momentos me encuentras en Las Vegas porque he venido a ver los “shows”. Desde hace años, y siempre que puedo, me doy un repaso a los espectáculos de aquí para coger ideas… Mañana, no obstante, vuelvo a Los Ángeles, donde me han dado recientemente la “Llave de la ciudad”. ¡Gonzalo, cuéntale eso!
Sarita delega la explicación en Gonzalo Checa, director de Metropolitan Theatres Corporation, quien se apresura a darme hasta el último detalle sobre la visita de quien él considera una de las diez actrices más populares en América.
-¡Encantado! La Cadena Metropolitana, la ciudad de Los Ángeles y la Casa de España, se han aunado para dar a Sara Montiel la “Llave de la ciudad”, de la cual se ha hecho merecedora a través de la difusión que han tenido sus películas acá. Por favor, transmita a los lectores de España nuestro agradecimiento por habernos proporcionado una artista de la categoría de Sara. Hace unos días hemos hecho su “premiere” de la película “Varietés”. Ha sido un éxito.
Interpelo de nuevo a la diva:
-¿Cuánto tiempo te piensas quedar en Los Ángeles?
-Bueno, tengo que regresar dentro de poco a España para empezar el rodaje de una película de Angelino Fons, titulada “De aire y de fuego”, en donde hago un papel de cantante. En principio se ha previsto por rodar exteriores en París, Roma, Londres y Madrid. Pero para la primavera volveré a estar aquí, pues voy a realizar una “tournée” por Las Vegas, Buenos Aires, San Francisco, Los Ángeles, Nueva York…


La actriz quiso que la fotografiásemos delante del Pionner Club, uno de los locales más antiguos de Las Vegas. 

-¿Continúas con tu estilo?
-Eso depende. De momento estoy preparando canciones modernas, que cantaré en inglés y en francés. Uno de los que componen canciones para mí es el hijo de Vittorio de Sica.
-¿Cómo estás de posibilidades?
-Perfectamente. Estoy en un momento tan bueno como siempre, además, debuto próximamente en el Olympia, de París. ¡Así que figúrate!
Comento sobre la expectación que causa la presentación, en Las Vegas, de Liza Minnelli, y sobre el éxito de su película titulada “Cabaret”. Sara me dice que no puede quedarse a presenciar el espectáculo porque su pasaje de avión es para la mañana siguiente.
-¿Cómo eres?
-Soy yo misma, sin imitar a nadie, por eso me mantengo siempre arriba. Soy igual fuera que dentro de la pantalla, y mis personajes se ajustan a mi personalidad sin alteraciones.


Sarita no descuida nunca su aspecto. Bajo las luces de Las Vegas, retoca su maquillaje. 

-Bien, pasemos a otra cosa. ¿Qué hay de tu finca en Palma de Mallorca?
-Me he comprado una casa en Palma, donde paso temporadas. Me gusta mucho la vida allí; además, puedo pintar y trabajar en cerámica, que es lo que me gusta.
-¿Te lo tomas en serio?
-Naturalmente, bonita. No quiere decir que me presente a una exposición, pero tomo muy en serio la cerámica, tanto es así que he hecho poner en mi finca un horno de ladrillos calentados.
Sarita me hace un caso relativo, está especialmente pendiente del fotógrafo.
-Oye, fotografíame aquí, que hay una luz muy suave. Espera, que me arreglo la cara…
-¿Sabes tanto de fotografía como dicen?
-Pues claro que sí, rica, tanto como tú tienes que saber de periodismo.
-¿Eres conocida aquí?
-Ya lo creo. Figúrate que esta tarde tomamos un taxi y el taxista me fue diciendo que le recordaba muchísimo a una famosa artista española. Al final, y cuando me pudo ver bien la cara, me dijo: ‘Tú eres la Montiel’, y, contentísimo, no me cobró el recorrido. Eso es bastante frecuente, ten en cuenta que soy una de las artistas españolas que más se conoce en América.


La popularidad de Sarita por aquellas tierras es considerable. Según ella misma nos explicó, en muchas ocasiones la reconocen por la calle. 

Sarita se pasea por medio de la calzada con sus altísimos zapatos de aguja y su estola de visón, se para de vez en cuando y justo en el momento que considera que la luz es buena para fotografiar. Los automovilistas frenan ligeramente perplejos y ella, con aire de abanderada, les da paso.
Se queja de que tiene hambre, y son ya las tres de la madrugada cuando en un local permanentemente abierto se come un par de bocadillos. Se acompaña con coca-cola, sosteniendo su afirmación de anti-alcohólica. Me comenta que tiene billete para Los Ángeles a las siete de la mañana y parece no importarle demasiado que por la noche se presente el “show” más importante del año en Las Vegas: la ‘premiére’ de Liza Minelli.
En la tarde del día siguiente, cuando suponía a la artista ya en Los Ángeles, la veo, no sin asombro, perdida en la cola del “Show Minnelli”, ligeramente inquieta de ser reconocida entre la multitud norteamericana.
Acabo el reportaje aún perpleja de que Las Vegas, en la noche, tenga la misma imagen dorada difundida por las películas de Elvys Presley y Ann Margret y que, a pesar del tiempo, a Sarita le dé cierto rubor confesar que le interesa la famosa “show-girl” de “Cabaret”.

Texto: G. F.
(Fotos O. M.)


LA FOTO CCLXXVIII


La diva a finales de los '50. 

sábado, 30 de agosto de 2014

LA SETTIMANA INCOM ILLUSTRATA - 28 de Septiembre de 1957 - Italia


LA NOSTRA COPERTINA

Sarita Montiel è una giovane e avvenente cantante spagnola che ha nel suo paese una grandissima popolarità. Scoperta dai produttori di Hollywood ha già fatto un viaggio in America, dove ha preso parte al film Serenata, insieme al famoso tenore Mario Lanza. La carriera cinematográfica di Sarita Montiel è stata rápida e molto brillante. Nel secondo film, che s´intitola La tortura della freccia, la bella spagnola sostiene la parte della protagonista. A Hollywood Sarita ha trovato anche la felicità. In questi giorni è diventata la moglie del famoso regista Anthony Mann. Sarita Montiel ha ventinove anni. Suo marito ne ha cinguantuno.


EL RECORTE CLXXXIII
Por sus bodas de oro, la revista Diez Minutos en un número especial, editado el 18 de Mayo de 2001, eligió al personaje más relevante de cada década. De los '50, evidentemente, la elegida fue Sara Montiel. En esta entrevista, la diva manchega recordaba su época en Hollywood y el inicio de su fama internacional a partir de "El último cuplé".  


1952 – SARITÍSIMA SE RECASÓ CON ANTHONY MANN
Segunda boda civil de Sara Montiel  y Anthony Mann. El enlace se celebró en la mansión de unos amigos de Hollywood.


Sara Montiel se casó con Anthony Mann dos veces. La primera, el 30 de marzo de 1957, en artículo mortis, pues el director de cine había sufrido un infarto. La segunda, en Hollywood, el 26 de agosto de 1957. Mann dirigió a Mario Lanza y a la manchega en “Dos pasiones y un amor” (1955). Se enamoró de ella en el rodaje. Se separaron tras protagonizar Sara en España “El último cuplé”, en 1957, película que la catapultó a la fama y la convirtió en un sex-symbol.
La Montiel se instaló en México en 1950. Allí rodó “Cárcel de mujeres” (1951), “El enamorado” (1951), “Ella, Lucifer y yo” (1952), “Soy gallo donde quiera” (1952), “Frente al pecado de ayer” (1954), “Yo no creo en los hombres” (1954). Ese mismo año intentó la conquista de Hollywood. Intervino en “Veracruz”, con Gary Cooper y Burt Lancaster (1954), “La ambiciosa” (1954), “Dos pasiones y un amor” (1955), “Yuma” (1957). En España protagonizó “El último cuplé”, con Armando Calvo, y a las órdenes de Juan de Orduña (1957), “La violetera” (1958) y “Carmen la de Ronda” (1959).


 Sara Montiel
“Me he sentido querida por los hombres y por las mujeres”
Se ha ganado a pulso ser considerada una de las grandes artistas de este país. Adelantada en todo a su tiempo, fue la primera latina en triunfar en la Meca del Cine. Después regresó a España para convertirse en el sex-symbol español de los años 50 con “El último cuplé”

El director de cine americano Anthony Mann se convirtió en el primer marido de Sara. Su unión se rompió cuando ella regreso a trabajar a España. 

Sara Montiel puede presumir de muchas cosas: de llevar más de cincuenta años en activo y cosechando triunfos, de seguir tan estupenda como cuando empezó y, sobre todo, de haberse convertido en la primera artista latina en triunfar en Hollywood. Esta manchega universal tuvo la suerte de trabajar con grandes estrellas del celuloide cuando apenas era una niña y ella misma ha logrado convertirse en uno de los mitos de nuestros días. Su exitosa carrera ha ido acompañada de una rica vida personal en la que no han faltado románticas historias de amor.
En los años 50 estabas en el apogeo de tu carrera y triunfando en Hollywood, ¿ qué recuerdos conservas de esa época?
Tengo unos recuerdos maravillosos. ¡Imagínate! Yo llegué a México en el año 50 y en el 54 ya estaba haciendo de protagonista con Gary Cooper y Burt Lancaster en “Veracruz” y poniéndome a la cabeza de las actrices latinas. México significó muchísimo para mí. Llegué allí y se me abrieron todas las puertas, la gente fue maravillosa y me dio oportunidades estupendas para llegar a ser famosa y convertirme en Sara Montiel. En España desde el 44 hasta el 50 no tuve ninguna oportunidad de hacer una película de protagonista. Cumplí 20 años y me fui. En México me hice un nombre. Tengo unos recuerdos tan maravillosos que me nacionalicé mexicana. Tengo dos nacionalidades: la española y la mexicana.
¿Recuerdas cuál fue tu primer sueldo?
Fue de 3.000 pesetas con “Mayra, te quiero para mí”, película en la que hacía dos sesiones como colegiala. Luego en “Empezó en boda” me pagaron 7.000 pesetas.


La artista conserva la belleza que le ha granjeado grandes admiradores entre todos los públicos. 

Gary Cooper, Burt Lancaster… fueron dos de tus parejas en la pantalla, ¿cómo se sentía una jovencita con 20 años que había llegado a Hollywood desde un pueblecito de La Mancha trabajando con dos mitos del cine?
Eso lo llevamos en España en la sangre. Desde los conquistadores como Pizarro, Hernán Cortés… los españoles llevamos algo dentro, un espíritu especial de conseguir lo que queremos lograr. Me imponía trabajar con ellos, pero yo tenía mucho amor propio. No me sentía como una pobrecita, sino que me creía que era alguien. Yo trabajaba en el cine muy bien, había estudiado muchísimo. No tenía ningún complejo al estar al lado de los grandes. Hice una amistad maravillosa con Cooper. Todo el equipo técnico me adoraba y tengo unos recuerdos increíbles.
Procedes de una familia humilde y habías aprendido a leer y a escribir en esa etapa, ¿alguna vez te habías imaginado que llegarías a ser una gran estrella?
Con 17 o 18 años empecé a leer y escribir cuando conocí a Miguel Mihura, que me enseñó a juntar las letras. No me imaginaba lo que iba a pasar. Pero yo quería llegar a ser estrella y ser una gran cantante en el cine y lo conseguí.
¿Te arrepientes de no haberte instalado en Estados Unidos en ese momento?
No. En Estados Unidos hice de india, de mexicana y de piel roja y me dije: “Antonia, esto no es para ti”. Cuando hice las películas que tenía contratadas, vine a España, hice “El último cuplé”, que fue un auténtico bombazo, y ya no me interesó volver a Hollywood porque allí hubiera seguido haciendo de india. Te encasillaban en un tipo de papel. Actualmente, los latinos que trabajan en América también tienen que tener mucho cuidado porque les pasa lo mismo.
¿Cómo se veía España desde Hollywood?
Era como si no existiera. Estuve seis años viviendo fuera y echaba de menos mi tierra porque yo tengo toda mi familia aquí.
¿Cómo era la situación política y social en ese momento?
Eran momentos difíciles porque había muchísima censura y dictadura. Era ridículo que no existiera el divorcio, que no se pudiera hacer una película en la que la protagonista se suicidaba porque estaba prohibido por la iglesia y te excomulgaban. En mi propio país a mí me llamaban la amante del americano porque me había casado por lo civil con Anthony Mann. Estaban muy atrasados. Los que eran un poco de izquierdas lo pasaban muy mal.
¿Te sentías un poco como la Cenicienta?
Toda mi vida ha sido un poco la de la Cenicienta. Me han dejado a un lado en  ocasiones, me han puesto zancadillas, pero al fin el zapato era de mi medida.


En esos años fue cuando viviste tu historia de amor con Anthony Mann.
Sí y me casé con él. Primero fue en artículo mortis ya que le dio un ataque al corazón. Su hija, a la que yo le llevaba sólo cinco años, me dijo que me casara con él porque esos eran nuestros planes. Y así lo hice. Él se recuperó y unos meses después nos volvimos a casar porque él pudiera vivir su boda.
¿De los hombres que han pasado por tu vida de cuál guardas un recuerdo mejor?
De todos guardo un buen recuerdo porque todos me han querido muchísimo. A veces he sido cruel con ellos sin darme cuenta porque cuando eres muy joven piensas que la juventud puede con todo y no es así. No borraría a ninguno de los hombres que han pasado por mi vida. Con Miguel Mihura llevé una gran decepción porque no se quiso casar conmigo. Él era soltero y yo también. Pero él tenía 42 años y yo, 17. Me dijo que yo era una nena y no podía hacerme eso. Fue un acto de amor muy grande y lo hizo porque me quería, pero en ese momento yo casi me muero de pena.
Con “El último cuplé” te convertiste en un sex-symbol, ¿te sentías envidiada por las mujeres y admirada por los hombres?
Siempre me he sentido querida por las mujeres y por los hombres. Y no digo lo que he gustado a los homosexuales. Soy una diosa para ellos y me enorgullece muchísimo.
Siempre has demostrado ser una mujer adelantada a tu tiempo, ¿te ha costado muchos disgustos?
Muchos, porque siempre me he adelantado a mi tiempo y no me comprendían, pero yo seguía erre que erre. Y sigo igual. Tengo 73 años y no hago una vida de una mujer de esa edad. Mucha gente no comprende cómo puedo estar así físicamente y moralmente, pero me siento viva por dentro y por fuera. Y no me extraña nada que un hombre se enamore de mí.
En ese momento la mentalidad de la gente era más cerrada, ¿cómo crees que hubiera sido tu juventud si hubiera transcurrido en estos tiempos?
Si llego a vivir mi juventud ahora habría sido maravilloso. Lo difícil era ser como yo soy hace muchos años.
¿Cómo te has llevado con la fama?
Bien. La gente me ha respetado mucho. No critico a nadie y no hablo mal de nadie. Antes de tener hijos no escupía al cielo y después de tenerlos menos todavía. Soy una persona muy normal, cariñosa, quiero mucho a mis amigos.
¿Te han ido acompañando los mismos amigos en toda tu trayectoria?
Conservo buenos amigos desde hace 45 años. Tengo también amigas mucho más jóvenes que yo. Siempre me he rodeado de gente más joven y gente que no pertenece a mi profesión.
Cuando echas la vista atrás, ¿hay algo de lo que te arrepientas?
No puedes pensar qué cosas podías haber hecho y que cosas no. Pero siempre me he arrepentido de haberle dicho a León Felipe que no le quería. Me adoraba y me tenía en un altar y se volvió como loco. Pero era muy joven y no tenía ninguna experiencia.


DIEZ MINUTOS ha reflejado siempre tu trayectoria y tu vida, ¿qué recuerdos tienes de la revista?
Recuerdo muchísimo a la gente que trabajaba en la revista cuando yo me hice famosa, como Agustín Trialasos y Antonio Cuenca. Los consideraba casi como hermanos por la amistad que hicimos. Siempre se han portado muy bien.
¿Sueles guardar los ejemplares en los que apareces?
Sí, pero sólo las páginas en las que salgo yo porque de lo contrario no tendría donde meter las revistas.
¿Qué deseo mandas a la revista ahora que celebra su 50 aniversario?
Que cumpla otros 50 años y que los cumplamos todos con paz y sin tanto crimen.
¿A qué personajes has seguido y sigues con especial atención?
Estoy enamorada de Kevin Costner. Es mi galán, pero no le conozco. A Giancarlo le digo que es con el único con quien le pondría cuernos.
¿Cuál sería la mejor noticia que te gustaría que diéramos de ti?
Que tengo salud, aunque la vida nadie la tiene comprada.
¿Cuáles son tus deseos para el futuro?
Ver a mi hija acabar su carrera y que se establezca y a mi hijo también. Son pequeños y me necesitan. Quiero vivir unos años más por ellos.


 LA FOTO CLXXXIII


Auténtico tesoro fotográfico. La diva, nuestra Sara Montiel, durante su época gloriosa de Hollywood. 

sábado, 29 de septiembre de 2012

VISTO - 2 de Julio de 1955 - Italia


En esta ocasión Sara sólo aparece en la portada. Esto es lo que dicen de ella en el recuadro inferior izquierdo:
Sarita Montiel era fino a poco tempo fa una qualunque ragazza spagnola, di modesta familia e senza ambizioni artistiche. Durante la lavorazione di un film a Madrid, Gary Cooper la notò, confusa tra la folla dei curiosi e le propose di diventare atrrice. Sarita accettò. Dopo due mesi di scuola a Los Angeles è pronta per interpretare “Vera Cruz”.


EL RECORTE LXXXIV
El paso de Sara Montiel por Hollywood es mítico. Pero también las infinitas tentativas que a lo largo de los años la meca del cine le ha ofrecido a la actriz. La última, y muy sonada, se produjo a finales de los 90, para compartir cartel con Marlon Brando. Así lo narraba el periódico El Mundo el 2 de Marzo de 1997. Una entrevista muy 'Sara'. 


SARA goes to Hollywood
En los cincuenta sedujo a Gary Cooper; ahora quiere conquistar a Marlon Brando



A Sara Montiel le ha atrapado el dilema Garbo, duda estética y cinematográfica que se resume en: ¿deben las estrellas retirarse antes de la primera arruga y evitarse el envejecimiento por lo menos en la pantalla? La Garbo y Sara Montiel creyeron que sí. Ahora, flaquea la segunda, más de veinte años sin rodar una película, y que ya había establecido semejanzas con la divina hace una década. “Dejar de trabajar a los 36 años como Greta es una exageración, pero ¡ay!, entiendo el querer que te vean guapa para siempre”.
De la vuelta al dilema tiene la culpa Hollywood que, dice Sara, desde hace tres años le insiste a través de una productora independiente (“pero con una superproducción histórica tipo La Misión”) para que interprete a la pareja de, posiblemente, Marlon Brando. “Maartin (porque Sara pronuncia en inglés todo lo inglés), el productor, siempre tuvo claro que la actriz apropiada para interpretar a Leonor de Castilla era yo, ya sabrá usted que allí se escriben los guiones pensando en los actores. Es una mujer con un carácter muy fuerte, de cincuenta años, más o menos, los que yo doy en pantalla, no me engaño, no soy como Glen Close y éstas que se lanzan con papeles de enamoradas veinteañeras a su edad. Yo tengo los pies en la tierra y sé hasta dónde puedo llegar”.
El argumento, en fin, sería la historia del hijo de Colón, gobernador de Puerto Rico, y el proyecto, con mucho dinero, no sabe calcular Sara cuánto, para rodar exteriores hollywodienses en Bali e interiores en México. “Al principio, tenían la idea de que mi pareja fuera Paul Newman, pero no encajaba bien en el papel. Demasiado fino, demasiado elegante, hacía falta alguien con más fuerza, más carácter. Por eso, la alternativa fue Brando”.
Los dos tendrían que responder en julio. Después de, por lo menos Sara, varias versiones del guión (‘en inglés’) leídas y un viaje reciente a Nueva York para tratar detalles. ¿Dinero? No está claro todavía. “Miles de millones como los que pagan por allí, no. Pero bueno, en Hollywood… Si han querido, durante tres años, que yo interprete el papel es porque significo el reclamo perfecto para el público español y latinoamericano. Lo hispano cada vez cuenta más en EEUU. Allí todavía recuerdan que mis películas se proyectaron durante cinco años seguidos en los dos cines más importantes de Broadway”.



Televisión rusa
De la presencia constante y mantenida, inasequible al desaliento y al tiempo, de Sara Montiel en Estados Unidos da cuenta, mejor que nadie, Sara Montiel. “Vuelvo de Miami. Me han entrevistado en CBS ¿Por qué? ¿Cómo que por qué? Era una entrevista biográfica, muy larga, en inglés. ¿Conoce usted la revista Life? Sabrá que una portada de Life se reserva a gente importante, médicos, científicos, un premio Nobel, estrellas. A mí no me dieron una, me dieron tres”.
Acaba también de despedir a un equipo de la televisión rusa, desplazado para entrevistarla durante tres horas, porque en la televisión se proyecta un ciclo de Sara Montiel, con más éxito del que tuvo en su día la primera telenovela mexicana importada (Los ricos también lloran) y que se entendió como verdadero signo de apertura a la cultura de masas. Preguntaron y preguntaron, le revolvieron hasta las fotos de su madre y le regalaron un disco. “La portada no se entiende, claro, pero me explicaron que es una recopilación de los cantantes más amados por el pueblo ruso. Mire, estamos todos: Lyz (Taylor), Ella (Fitzgerald), Jimmy (James Dean). Todos cantando. Es de cuando yo tenía una voz estupenda, bueno ahora también la tengo, en Francia me llamaron ‘La Voz de Oro’.
¿Y aquí? “Aquí si no he hecho cine es porque no me ha apetecido. El cine de destape era un horror”. ¿No quería actuar en alguna película de Pedro Almodóvar? ¿Nunca la llamó? ¡Ah, cuidado!, porque con Sara Montiel, si algo ofende es la duda. “Pedro me llamó cuando todavía no era famoso y me ofreció un papel. En su momento, no me interesó. Otros grandes directores españoles también lo han hecho… No sé… y eso que el cine español ahora está muy bien. Yo soy miembro de la Academia española y ¡bueno! ¡Me encantó Tesis!, ¡Qué película! ¡Y qué actores tenemos! Fíjese en Banderas, maravilloso, por fin un actor español repite mi hazaña en Hollywood”.
Hollywood, la televisión rusa, la Voz de Oro francesa, la CBS de Miami, gira francesa el mes que viene, gira argentina con teatros de miles de butacas abarrotadas y etcétera interminable de éxitos uno detrás de otro, que Sara cuenta también uno detrás de otro, sin respiro. ¿Nunca le han criticado la vanidad? “¡Qué pregunta tan graciosa! Claro que no. Otro defecto tendré, pero desde luego, vanidosa no soy. Pasé tanta necesidad en mi juventud que cuando me llegó el éxito, seguí en mi sitio. No como los actores hoy, que se desbordan con el dinero y se vuelven budistas o se van por ahí a defender focas o ranas o yo qué se… No, siempre fui muy sencilla. Mire, por El último cuplé y las películas siguientes me pagaban el equivalente a un millón de dólares de la época. Por cada una. Me forré de la noche a la mañana, y nada, yo tan sencilla. No se me ha ocurrido contratar secretarios ni cosas así. Nunca tuve un fracaso. Hasta el último espectáculo que monté en Madrid, en el 91, fue un éxito”.
Secretarios, tampoco necesita ahora, porque si le llaman por teléfono y, por si acaso no le apetece la llamada, contesta con acento mexicano. Y su último espectáculo, Saritízate fue un éxito breve, porque Sara se cayó por una escalera en plena representación y tuvo que suspenderlo. “Si no, habría seguido en cartel mucho más tiempo –dice Pedro Ruíz, que fue quien lo escribió y lo dirigió-. Tienes la impresión de que te vas a encontrar una diva engreída, y te la encuentras, pero sólo en el escenario. En cuanto sale, aparece una mujer muy tierna y muy divertida, que lo mismo se come un plato de judías, que salta, chilla, se ríe con los amigos o se tira vestida al agua. De ese espectáculo hizo una crítica estupenda Francisco Umbral.
“Pues sí, sí me acuerdo, dice Umbral. De lo que no sé nada es de lo de Hollywood. La última vez que la vi sólo me contó que tenía muchas ganas de presentarme a su hija, a Thais, porque la niña es lectora mía”
Sara Montiel se acuerda de su hija cada dos por tres. “A Thais le gusta mucho el guión. Cuando Thais me acompañó a los Goya… Nos gusta mucho Madonna a las dos. Si me pienso tanto lo de la película es porque no quiero dejar a mis hijos solos tanto tiempo. No voy a poder celebrar mi cumpleaños con ellos porque estaré en Francia de gira”.
Sara cumple este mes 69 años. Rodó tres películas en Hollywood, ganó dinero como nadie, adoptó dos hijos después de once abortos. Todavía se acuerdan en su pueblo, Campo de Criptana, de cuando pasó por allí después de El último cuplé y parecía que había pasado una mezcla de la reina de España que no había y la virgen local. Y eso, a pesar del bueno de don Gregorio, párroco del pueblo. Ha cantado cuplés, bakalao y canciones dedicadas a sus novios y se ha fotografiado en Interviú. Lo que hiciera falta. “¡Ah, chica, es que hay que ver lo que yo he sido!”


LOURDES GARZON


LA FOTO LXXXIV



La diva, de 'juarista', en Veracruz. 

viernes, 11 de noviembre de 2011

LECTURAS - 1 de Abril de 1994 - España


SE ACABÓ EL ROMANCE DEL AÑO
SARA MONTIEL:
“He abandonado a Giancarlo porque no es digno de mí”



Sara Montiel ha roto con Giancarlo:
-Todo se ha ido al traste. Cuando, ilusionada, dije que pensaba casarme con Gianca, me sentía otra vez feliz tras el dolor tremendo de la pérdida de mi marido, Pepe Tous. No mentía, era verdad: quería casarme. Aquel “me caso”, una vez publicado, ha levantado tal expectación y tal interés por conocer al hombre venido de Italia, que yo misma me he encontrado sorpresas y ¡nada gratas! Porque, en cosa de pocas semanas, me di cuenta de que Giancarlo, mi amor, no jugaba limpio. Y ante esa conclusión, no me quedaba otra opción que cortar por lo sano. Adiós, amore, y que cada cual siga su camino.
-¿Qué ha pasado?
-Cuando en mayo último vino a “Esta es su vida”, el programa que me dedicó TVE, Giancarlo, con quien yo había vivido un romance de ocho años en los sesenta, me confesó que aún me llevaba en su corazón y que, por ser yo viuda, podíamos volver a empezar, pero para contraer matrimonio lo antes posible. Y entusiasmado, me contó: “Yo estoy separado, no divorciado, de mi esposa, pero pronto obtendré el divorcio”.
Más adelante, en Navidad, estuvo en mi casa, aquí en Palma, y no dudó en anunciar a mis hijos que pronto, al casarse conmigo, podrían contar con él si no como otro padre sí al menos como un amigo de absoluta confianza que les mimaría y les protegería. Bien, de lo dicho, nada. Mentía. No está separado legalmente, no ha pedido la separación, menos aún el divorcio.
Sara, emocionada, recalca:
-Me duele decirlo, pero Giancarlo Viola ha engañado a mis hijos, no sólo a mí, y eso jamás se lo perdonaré.
-Así que lo dejas.
-Sí, lo abandono porque no es digno ni de mí ni de mis hijos. Le falta talla moral para convertirse en el futuro, ya con papeles legales, ya sin ellos, en el segundo padre de Thais y Zeus que han tenido uno tal fabuloso y excepcional como Pepe Tous. 

-¿No había iniciado Giancarlo trámite alguno para separarse de su esposa, Ana María Quaranta?
-Al hilo de las informaciones que aparecían sobre el matrimonio, sobre el estado civil de Gianca, sobre su vida última, yo empecé a dudar de su sinceridad y recurrí a dos personas de absoluta confianza que, además, tenían acceso legal a la documentación personal del señor Viola como ciudadano de Italia. El informe me abrió los ojos, pues descubrí la falsedad de sus repetidas afirmaciones de que su divorcio estaba al caer. ¿Cómo podría estar cercano si nunca lo ha demandado en el juzgado? Por si aún no me fiara de una información oficial rigurosa, pude ver a Ana María Quaranta, su esposa ante la ley, en Tele 5: aseguró que Giancarlo nunca le pidió ni la separación ni el divorcio.
-Recientemente, el propio Viola, en Madrid, declaraba, a preguntas sobre su estado civil, estar separado.
-Sí, pero siempre lo decía con la boca pequeña. Y lo que es peor: mentía.
-¿Por qué ese comportamiento, Sara?
-¡Ah! Soy la primera sorprendida. Y me sorprende aún más que una mujer de mi experiencia no haya advertido antes el engaño. De hombres algo sé ¿verdad? Por los que he conocido en el cine y por haber tenido tres maridos. Pues bien, de nada me ha servido lo vivido. 

-¿Cómo estás de ánimo en este trance?
-Decepcionada, pero serena.
-¿Decepcionada?
-Sí, porque la ilusión que en mí había despertado el renacer de una vieja historia de amor apasionada de los años sesenta fue muy grande.
-Sin embargo, no te desesperas.
-No, no, qué va. Tengo capacidad de aguante. Estoy muy serena porque miro un poco atrás y se viene a mi memoria la grave enfermedad y la muerte de Pepe Tous. Eso sí que fue algo fuerte, algo gordo. Lo de ahora es nada si pienso en la pérdida de Pepe.
-Te queda el corazón herido, ¿verdad?
-Sí, porque he querido mucho a Gianca. Cuando nos conocimos y enamoramos por vez primera, mientras duró aquel idilio (ocho años) y, por descontado, desde que tropecé con él de nuevo hace poco menos de un año. Le he querido y ¡aún le quiero, cuidado! Pero, descubierta su falsedad en lo que se refiere a su vida familiar, lo que procede es cortar de raíz este amor. Aún es tiempo de evitar males peores, ¿no? Aunque me duela decirlo, estoy segura de que Gianca no es bueno para mí, menos aún para mis hijos.
-Alguien puede sospechar, Sara, tratándose de una estrella de cine, que tu enamoramiento no era real y que, tal vez, has jugado la baza del romance en busca de portadas.
-Estoy tranquila: con Gianca he actuado, bien lo sabe él, llevada de mis sentimientos, en modo alguno de mi vanidad de actriz.
Y tras un silencio, recalca:
-Me ha engañado como madre y como mujer. Contemplando ahora a mis hijos, Thais y Zeus, me asombre: ¿cómo no habré advertido antes el engaño? Incluso en edad madura es válido el dicho de que el amor es ciego, no hay otra explicación. 

-¿Habías fijado en algún momento posible fecha para celebrar vuestro matrimonio civil?
-No habíamos acordado fecha alguna, pero Gianca, por su cuenta y riesgo, daba por hecho que podríamos estar en disposición de casarnos a la vuelta del verano. Ten en cuenta que, con ocasión de “Esta es su vida”, vuelve a mi vida, pero no me llega, al menos que yo supiera, de su casa en Civitavecchia en donde vive Ana María Quaranta y los hijos solteros. Me viene de otra mujer con quien ha pasado, al parecer, diez años. Me enamora de nuevo, me conquista. En Navidad, llegó a mi casa, aquí en Palma, el 27 de diciembre y se quedó hasta el 4 o 5 de enero, creo. Celebramos la Nochevieja con mis hijos y con mis amigos. Gianca, feliz, anunció a todos: “Sara y yo nos casaremos este año, mi divorcio está a punto”. Y añadió: “Calculo que lo obtendré para mayo/junio, como muy tarde, para septiembre”. Mi amiga Mercedes Arroni bromeó: “Por favor, no vayas a casarte el 17 de septiembre, porque ese día contraerá matrimonio mi hijo en Barcelona y Sara será, debe ser, la madrina”. Se rió Gianca: “Bueno, estaremos en la boda de tu hijo, no te preocupes. Buscaremos Sara y yo otra fecha”. También tuvo palabras solemnes para Thais y Zeus. Les dijo: “Quiero que sepáis que, de ahora en adelante, mamá no estará sola, me tendrá a mí a su lado, y vosotros, por descontado, contáis conmigo para cuanto necesitéis, haré las veces de padre lo mejor posible”. Thais advirtió riendo: “De acuerdo en que os caséis, pero yo no viviré en Roma, ¿verdad, mama? Os dejo que celebréis vuestra boda si no me lleváis a vivir a Italia”. Estaba convenido: Yo dejaría Palma, pero me instalaría en mi casa de Madrid, con mis hijos. Y Gianca, por su trabajo, pasaría semanas en Roma y en Cerdeña, tratando de encontrar días para la vida familiar en España.
-Y ahora, Sara, ¿sigues con el proyecto de mudarte a Madrid?
-Sí, claro. En cuanto tenga mi casa lista, allí nos instalaremos mis hijos y yo.
-¿Cuándo has estado la última vez con Giancarlo Viola?
-Cuando vino a verme a Madrid. Le esperé en Barajas, ¿te acuerdas? Y fuiste testigo de lo que declaró ante las cámaras de TV: “Tengo una familia en Italia, una esposa y unos hijos, pero ésta es la mujer de mi vida”. Y me estrechó contra su cuerpo, la mar de cariñoso y enamorado. De todos modos, en los días que me acompañó, en casa de mi amigo Vicente Parra, observé en Gianca reacciones que me infundieron dudas sobre la sinceridad de sus sentimientos. Pasamos momentos muy felices, inolvidables, pero en ocasiones rehuía hablar de nuestro amor con periodistas o en público. Vamos le sentaba mal que una y otra vez le preguntaran si estaba separado o divorciado.
-Aún creías sus palabras de amor.
-Confieso que sí. Es que yo, insisto, he querido tanto a Gianca que besaba por donde él pisaba. A ver si ahora me resultaba fácil arrancarme esa pasión. ¡Ojalá!
-Se ha dicho a veces que Giancarlo Viola había vuelto a ti por tu dinero.
-No me lo creo, no es verdad. Me propuso meter dinero en una sociedad con él y con Mino Tedde. Para cosas de publicidad que es lo que él domina en Italia. No puedo decir si se constituyó esa sociedad, pero ahí todo va por lo legal. En nada he podido adivinar que Gianca buscara mi dinero.
-Se ha dicho más: que Giancarlo Viola te había explotado no poco cuando os enamorasteis en el cine, hace treinta años poco más o menos.
-Mentira, es incierto. Jamás me sacó Gianca un duro. Ni lo intentó. Cuando yo dejé a este hombre por Pepe Tous, no es que tuviera reproche alguno de derroches a mi costa ni cosas por el estilo. Lo dejé porque se había cruzado en mi camino Pepe Tous. Elegí a Pepe y no me equivoqué, porque me dio veintitrés años de felicidad y yo le di los mismos de dicha. Y aquí, ante tantas fotos de Pepe y ante sus cenizas, siento rabia de que Viola me haya estado mintiendo, repito que ni Pepe ni mis hijos ni yo nos merecíamos el engaño de Gianca.
-¿Has hablado con él por teléfono para romper?
-No. Me llamó hace pocos días y como yo había visto anunciar la presencia de Ana María Quaranta en “Lá máquina de la verdad”, se lo comenté. Me dijo: “Es libre de ir a TV o de no ir, no puedo evitar que vaya. Se acompaña de su abogado. No sé qué dirá, pero donde ella diga blanco yo podré decir negro, después. Recuerda que estamos separados y que va a su aire”. Seguro que Ana María venía, lo dijo, además, muy claro, con el consentimiento de Gianca. Y fue tajante al asegurar que el marido nunca le había pedido ni la separación ni el divorcio.
-¿Qué pasa si se presenta aquí con los papeles en regla para ir al registro civil, Sara?
-Aunque venga con todos los papeles del mundo, lo nuestro es historia de amor acabada y sin posible arreglo.
-¿No te deprimirá otra vez la soledad?
-Tengo a mis hijos. Y muchos amigos sinceros.
-Vuelves a ser “la viuda de Pepe Tous”.
-Sí, siempre Sara Montiel. O Antonia Abad para los íntimos. Por mi último matrimonio, encantada de volver a ser “la viuda de Pepe Tous” o “la señora de Tous” si alguien prefiere llamarme así. 

Giancarlo supo jugar el papel de hombre enamorado
Las imágenes son bien explícitas. Como un nuevo Don Juan, Giancarlo Viola jugó a la perfección el papel de hombre enamorado. Encontró a una mujer sensible, sola, necesitada de cariño y comenzó a aparecer al lado de Sara Montiel como su futuro marido, sabiendo que eso era imposible. De todo ha habido en la historia, juramento por escrito de amor eterno, la promesa de un inminente divorcio y la seguridad de que entre él y Ana María Quaranta no había ya nada y existía una sepración legal. Desde que en enero se anunció la boda, Giancarlo ha mantenido la ilusión de un amor que Sara aceptó de buen grado. Juntos viajaron a Cerdeña, donde él tiene una casa, donde ella vivió unos días el sueño de una enamorada. Como dos novios enamorados recordaron hace algunas semanas el intenso idilio vivido treinta años atrás... Ahora, su ilusión se ha derrumbado y Sara Montiel ha despertado a la realidad. 



"Sara y yo nos casaremos este año: mi divorcio está a punto". Las palabras de Giancarlo Viola fueron así de claras y Sara las creyó. 


Juntos visitaron lugares donde, hace años, vivieron su amor. 

Todo era romántico... "Incluso en edad madura vale aquello de que el amor es ciego"
En la casa de Giancarlo, en Sásari, fue donde pusieron por escrito su amor eterno. 


Como dos enamorados pasearon por la localidad sarda de Alguer, cerca de Sásari, donde Gianca tiene su casa. 

"Thais ya sabe todo lo que ha pasado"


Más preocupada por sus hijos que por sí misma, Sara ha tratado de explicarles qué ha pasado. "A Thais ya le he dicho que había terminado todo por razones que dentro de unos años entendería", dice Sara, pero una vez más la niña, de 15 años, ha dado pruebas de su madurez. "No hace falta que digas nada, mama -le dijo- ya lo sé". Zeus, de 10 años, aún es pequeño para comprender el alcance de este revés. 

TEXTO: J. MONTINI
FOTOS: Félix Gómez y Chelo G. Cortés



EL RECORTE XLII
Idas y venidas en este romance del que se sabe el principio pero nunca se supo el final. La cosa es que después de esta trágica ruptura, según cuenta la propia estrella, los enamorados regresaron a finales de los 90 y prolongaron sus encuentros hasta entrados los 2000. El artículo de esta entrada es testigo de cómo Sara va a recoger a su eterno enamorado para pasar unos días. Pertenece a la revista Qué me dices y data de finales del 2000. 

SARA MONTIEL
Recibió a su amor, Giancarlo, en Madrid
La manchega universal disfrutará unos días en Madrid de su novio italiano, el actor Giancarlo Viola, a quien fue a recoger al aeropuerto



La actriz española acudió con su hijo Zeus al madrileño aeropuerto de Barajas para recoger a su eterno amor, el actor italiano Giancarlo Viola.
Si en septiembre del año pasado fue Sara la que cuidó de Giancarlo en Italia cuando éste sufrió una salmonelosis, ahora es él quien le devuelve la visita.
-Sara, ¿cómo es tu relación con Giancarlo?
-Nos queremos de muchas maneras. Somos amigos, amantes, marido y mujer… pero no creo que me case con él.
-¿Cómo le conociste?
-No era un talento, pero le encontré leyendo las obras de Lorca. Luego, se leyó todo lo de Alberti. Estuvimos muchos años juntos mientras yo estaba casada con Chente. Y nadie se enteró de lo nuestro.
-¿Quiénes han sido tus grandes amores?
-Pepe Tous, cuando tenía yo 43 años, y Severo Ochoa cuando tenía 23. Pepe fue un partidazo. Era el soltero de oro cuando se fue a vivir conmigo a Palma. Éramos carne y uña…
-¿Has tenido algún otro amor importante que no conozcamos?
-Sí, y no voy a contarlo. Hay dos hombres vivos, uno de ellos muy importante, que han sido amores míos, pero no lo digo por respeto.
-¿Cuál ha sido tu placer más grande?
-Hacer el amor con el tío que me gusta. Otro placer es conseguir emocionar el público. Eso lo logré cuando me colocaron una silla en el cine Rialto para que viese el éxito de El último cuplé.



Mucho más guapa sin su maquillaje habitual, Sara no faltó a su cita con los periodistas de la peña 'Primera Plana', con los que comió en el hotel Miguel Ángel de Madrid. Tras la comida, la artista no pudo reprimir sus ganas de fumarse un puro, arte del que ella es una abanderada. 

-¿Tienes previsto escribir la segunda parte de tus memorias?
-Ni pensarlo. Aunque voy por la quinta edición de Vivir es un placer, ya ha habido bastante.
-¿Has pensado en retirarte algún día?
-Yo me retiraré cuando se me caigan las carnes, la cara, el cuello y pese 90 kilos. Entonces, seré yo quien diga: Antonia, ya vale. Me dedicaré a viajar, a descubrir platos y ollas de las civilizaciones antiguas.
-¿Qué te gustaría que se dijese de ti cuando desaparezcas?
-Que no he sido una mala persona. Me gustaría que me recordasen como una estrella, que es una verdad como una casa.


Carmen Hornillos
Fotos: I. Heras/Agencias


LA FOTO XLII

CELEBRANDO LOS 50 AÑOS DE PECADO DE AMOR