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martes, 29 de julio de 2014

PROTAGONISTAS - 2 al 8 de Octubre de 1980 - España


El debut de
SARA MONTIEL
Esta señora es Doña Domingas
Después de tres años, Sara Montiel se ha presentado en el teatro La Latina de Madrid. En el estreno estuvieron todos. Pero “Protagonistas” fue más allá. Durante siete horas y media compartimos sus nervios, sus lamentaciones y hasta su mesa. Recogimos todos los comentarios, los gritos, los chismes. Hora a hora, minuto a minuto fuimos su sombra. Aquí se lo contamos. Con todo detalle y algo más.

 A las siete de la tarde ya estábamos en su casa. Nos abre la puerta la chacha de Vicente Parra, vecino de Sara en el ático de Plaza de España 11 en Madrid. En la casa reina un completo desbarajuste. La Montiel no hace caso a nadie, únicamente presta atención a sus rulos y al maquillaje. Pepe Tous se desespera: “Es extraño, después de tantos estrenos se sigue poniendo nerviosa. Y ése es un detalle de una gran profesional”. A los diez minutos bajamos en el ascensor y Sara pregunta por su “neceser”. En la calle, el portero de la finca la desea suerte. Sara lo agradece, pero no le mira. Frente al portal, y mientras espera el Dodge de Pepe Tous, Sara soporta como puede los comentarios de la gente: “Está más gorda”, “Va muy maquillada”, “Está muy buena”… , los hay para todos los gustos. A las siete y cuarto llegamos al teatro La Latina. Sara es un manojo de nervios. Se enreda con el cinturón de seguridad del coche, pero consigue salir. Lleva un traje blanco y sonríe a los porteros del teatro.
“Parece que hay tiempo de sobra, pero siempre falta”, nos dice mientras abre su camerino. Entramos con ella y la vemos sudar de nuevo. Pepe Tous pide agua para la vedette. En la pared, prendidos con alfileres hay muchos telegramas. En todos la desean suerte. Son los ánimos de amigos y familiares que no podrán asistir al estreno.
Más tarde se organiza una mesa en los pasillos. Sara no termina de cenar. “No puedo más”, dice. Chicho Gordillo, que está de comensal invitado, se apunta a las sobras. Pepe Tous le da al whisky, según él para matar los nervios.


7.00 HORAS. Sara termina de maquillarse en su casa. Con las manos temblando apenas acierta a cerrar el “neceser”. Aún faltan cuatro horas.


7.15 HORAS. Sara abandona su casa con la mirada perdida. No hace caso a nadie. Pepe Tous ha tomado el “neceser” para aliviarla del peso. Ella no se ha dado cuenta y lo pide a voces. Los nervios empiezan a traicionarla.


7.30 HORAS. La Montiel llega al teatro. Faltan tres horas y media para enfrentarse al público. Pero Sara ya está allí. Quiere chequear por última vez el sonido y las luces. Después se encierra en el camerino. “No, aún no me voy a vestir; pasa simplemente que quiero estar sola”, nos dice. Nosotros respetamos su deseo y esperamos. A las nueve y media pide la cena. Se organiza una mesa en los pasillos. Sara se conforma con un escalope a la vienesa.


10.00 HORAS. Sara vuelve al camerino. Intentamos pasar. La Montiel nos cierra la puerta con delicadeza. “No te preocupes, no descubriremos nada que no haya descubierto ‘Interviú’.” “Ya lo sé –nos dice- , pero mis ‘domingas’ es algo que me pertenece a mí y un poco, muy poco, a Pepe. Admirarlas en vivo queda para nosotros”. A las diez nos abre la puerta. Las “domingas” están prisioneras en un vestido blanco de lentejuelas.


10.40 HORAS. Quedan cinco minutos para su presentación en Madrid. Ya han tocado la puerta del camerino avisándola. Entra Chicho Gordillo. Trata de dar ánimos a la estrella. Sara ni le escucha. Da un último toque a sus pechos. Se ajusta la faja y se enrosca entre las plumas. Vuela como sonámbula hacia los bastidores. Allí junta las manos y reza, el telón se ha levantado. Chicho Gordillo presenta a la estrella: “Ante ustedes, Doña Sara Montiel”.

A las diez la dejamos en el camerino y nos vamos a la puerta de entrada al teatro. Es un espectáculo absolutamente camp. Gays y carrozas se empujan para coger sitio en el hall y desde allí contemplar mejor a los famosos. Los hay subidos en los ceniceros, gays en las escaleras, mujeres cincuentonas apretujando y avasallando. En la lucha ganan los carrozas. Es la añoranza sobre la postura.
A las diez y cuarto empiezan a llegar los famosos. Vicente Parra, arrastrando su palmito para animar a su vecina. Paco Umbral, con los ojos muy abiertos recogiendo carnaza para llenar su spleen. Lina Morgan para ver que no la rompan el teatro de sus amores. Norma Duval, paseando su cuerpazo. María José Cantudo con un nuevo acompañante. Vizcaíno Casas, recibiendo abrazos a diestro y siniestro de sus incondicionales. Forges, pasando del rollo y apoyado en la pared mientras toma notas para su “Mariano”. Marujita Díaz, con las ojeras ocultas detrás de un par de kilos de rimmel…
A las once menos veinte volvemos con Sara. En el camerino hace gorgoritos. Está sola. Sale y corre a concentrarse en un rincón de los bastidores. Suena la orquesta. Cierra los ojos mientras Chicho Gordillo la presenta. El público aplaude. Sara respira profundamente y aparece en escena. Lentamente se acerca al micrófono. Saluda y canta: Toda una vida… Los gays se estremecen, se abrazan entre ellos y la piropean: “Sara, ¡guapa!”.
El teatro está lleno. El cincuenta por ciento del patio de butacas son invitados. El resto ha pagado religiosamente. Pepe Tous nos lo confirma mientras va de un lado hacia otro nervioso. Mira por un resquicio de las cortinas y apura el cuarto whisky.



11.10 HORAS. En el escenario, doña Sara es ya una mujer aplomada. Anda despacio. Contonea sus caderas. Sonríe y da las gracias al público. Los gays se destrozan las manos aplaudiendo. Los carrozas la piropean. Sara tiene a su público en el bolsillo. Hasta sube al gallinero para cantarles.


11.30 HORAS. Los nervios atenazan a toda la “troupe” Montiel. Pepe Tous los manifiesta abiertamente. Pegado a las cortinas, y con discreción, sigue la actuación.

12.00 HORAS. La niña no se podía perder el estreno. Thais también estuvo allí. Menos nerviosa que su madre, pero muy juguetona. Y como la chacha no era suficiente, Pepe Tous cumplió como un padrazo sentándola en sus rodillas. El panorama era enternecedor. Merecía una foto. ¡Click!

Los fotógrafos pululan por el pasillo central. Alguien se queja. El comisario jefe de espectáculos, otro “fan” más, pide a los organizadores que les retiren. Hay murmullos de inconformidad. Después de un tira y afloja, algunos se rinden. Paco Laínez, nuestro fotógrafo, no. Sigue en la brecha. Aguanta broncas, pero hace fotos.
Bonet de San Pedro canta “Mirando al mar”, Jorge Sepúlveda deja caer “Santander” y Lorenzo González “Cabaretera”. El público aplaude a los peones de brega de la Montiel. En el camerino, y mientras se cambia de ropa, Sara pregunta cómo va todo. Le dicen que bien y se tranquiliza.
A la una y cuarto de la madrugada, la Montiel despide el show con “La Violetera”. Han sido quince canciones. Ni una más, ni una menos.
Después, el camerino se convierte en un trasiego constante de “fans”. Todos quieren una fotografía firmada y dedicada. Unos gays llegan a arañarse por una foto.
A las dos salen Sara Montiel y Pepe Tous. Las calles están vacías. Todo ha pasado. La Montiel ya no suda, ni chilla, ni está nerviosa.



1.15 HORAS. Sara Montiel despide el show con su “Violetera”. Para algunos el espectáculo ha sido pobre; para otros, ha sido una demostración de profesionalidad. En cualquier caso, el camerino se llena de fans que intentan recoger un autógrafo de la diva. Sara les atiende, no le queda otro remedio.


2.30 HORAS. Sin saber cómo, ni por qué, Mia Patterson se ha sumado a la celebración. La Evita de “reserva” aprovecha cualquier “click” para posar junto a Sara. Pepe Tous, cansado y con sueño, contempla la escena. “Mañana será otro día duro”. La Montiel se pierde en comentarios como éste: “En el fondo no es más que otro estreno”. ¡Jo!

La diva aparece otras tres veces en este número de la revista. Se adjunta lo referido a ella y la foto. 

DETRÁS DE LA ESCENA
Carlos Hernán y Paco Laínez saben más de Sara Montiel que el mismísimo Pepe Tous y es que para eso la estuvieron siguiendo minuto a minuto el día de su debut en Madrid. Sólo la abandonaron cuando a Sarita se le caían las pestañas postizas de sueño.


Sarita se va al teatro. 

ESTRENO, RUIDO Y PROTAGONISTAS


Sara Montiel estuvo silenciosa y tímida durante el estreno de "Doña Rosita, la soltera". Pero siempre al lado de Nuria. 

URGENTE Y CONFIDENCIAL
Saritísima


Sarita Montiel celebró su debut en Madrid tomándose unas copas en la discoteca Bocaccio acompañada por un grupo de amigos. Llevada por la euforia del debut o por el número de copas, no se sabe con seguridad, se dedicó a armar pequeños escandaletes por todos los rincones de la discoteca. Pepe Tous hacía oídos sordos a los grititos de su mujer y sólo se levantó para cogerla del brazo y llevársela a casa. Eufórica.


EL RECORTE CLXXIV
Sara, casada y madre, retoma su actividad profesional presentándose en los teatros más importantes del país. La pequeña Thais inicia su carrera, también, en los escenarios. Esto le traerá más de un dolor de cabeza a la diva, pero siempre defenderá la honorabilidad de su hija y de sus actuaciones. Aquí, una entrevista que la actriz concedió a la revista Garbo en su número de 31 de Enero de 1983. 


En el camerino del teatro ha instalado su segundo hogar
SARA MONTIEL
educa a su hija para la fama
Sara Montiel fue entrevistada el otro día en una emisora de radio de la Ciudad Condal y acabó peleándose con el locutor. Cuando le tocan la vena sensible, esta mujer se convierte en una peligrosa guerrera de armas tomar. Los oyentes tuvimos ocasión de comprobarlo al escucharla por la radio. Para conocer la otra parte de su personalidad, un equipo de GARBO visitó a Sara en el camerino de su propio teatro y allí nos la encontramos, en plan madraza, con su hija Thais. 

Sara Montiel no se separa nunca de su hija Thais. Incluso ha llegado a instalarle un camerino en el mismo teatro donde actúa ella. 

Entre decorados y tramoyas, vestidos de lentejuelas y plumas de marabú, corretea una niña morena de grandes ojos oscuros. Es Thais Tous García, hija de Pepe Tous y Sara Montiel.
Dos funciones diarias, tarde y noche. Son casi ocho horas ininterrumpidas de teatro, en las cuales no quiere prescindir Sara para estar al lado de su hija. Y para que ello sea posible, Thais ha instalado en el teatro su segundo hogar.

Tiene su propio camerino
Thais se encuentra en el teatro como en su propia casa. Dispone de un camerino para ella sola, justo al lado del de su madre. Los juguetes se amontonan en él, vigilados por “Kuki” el perro, que la acompaña a donde quiera que va.
La vitalidad de esta niña de tres años y medio no la deja parar un solo instante. Desde los camerinos del resto de la compañía hasta el palco proscenio donde ve la función o aporreando entre número y número la puerta del camerino de su madre, Thais lo recorre todo.

Quiero ver a Paco con los globos
Cuando reclamamos la atención de Thais para tomarle unas fotos, protesta. Hemos escogido un mal momento. En el escenario, Paco Morán empieza un número cómico, en el cual los globos de colores juegan un papel importante, y la pequeña no quiere perdérselo.
Por fin, podemos convencerla para las fotos, a las que se une su madre, que ya está vestida para su próxima actuación.


Sari, una joven catalana de 17 años, se encarga de cuidar y hacer compañía a la pequeña Thais. 

Cena en el teatro con sus padres
Le preguntamos a Sara por la presencia de su hija en el teatro.
Sara.-Quiero que esté a mi lado el más tiempo posible, y a ella también le gusta.
Garbo.-Pero, ¿no crees que puede perjudicarle, estar tantas horas aquí?
S.-No, en absoluto, además a su edad se asimilan las cosas más deprisa, y situaciones que para otras personas que no están acostumbradas, serían extrañas, como puede ser la vida de un artista; para ella es algo natural.
G.-¿Hacéis vida familiar en el teatro?
S.-Lo intentamos al máximo. Llegamos aquí sobre las cinco de la tarde, y mientras yo me visto, ella corretea arriba y debajo de la casa sin parar o me acompaña en el camerino. Entre función y función cenamos los tres juntos, aquí mismo en el teatro.
G.-¿Tengo entendido que Thais sale contigo al escenario?
S.-Sí, al final de cada función la niña saluda a los espectadores y pide un aplauso para toda la compañía, incluida su madre. Es un momento muy gracioso.

Le gustan los Mosqueperros
Thais ha llegado más tarde que de costumbre al teatro. Cuando aparece comprendemos la tardanza. Es sábado y dan por la “tele” su programa favorito: “D’Artacan y los tres Mosqueperros”.
Thais.-Es lo que más me gusta. Nos  comenta.
G.-¿Más que lo que hace tu madre aquí, en el teatro?
T.-No, más que eso no, porque mi mamá lo hace muy bien.
G.-¿Tú serás artista?
T.-Sí. La respuesta es contundente y rotunda.
G.-¿Sabes que vas a tener un hermanito?
T.-Sí, y yo lo cuidaré y le enseñaré a jugar. ¿Ves? Ya tengo juguetes para él. –Y nos enseña su arsenal de muñecas y juegos. –Además –continua- dormirá conmigo.

A Mallorca a ver a sus perros
Los lunes es el día de descanso de la compañía, y precisamente éste, Sara y Pepe acompañan a la pequeña a Mallorca.
G.-¿A qué se debe este viaje?
S.-Thais no cesa de repetir que quiere ver a sus perros y vamos a complacerla. Será un viaje relámpago pues el martes por la tarde hay función, aunque ella se quedará unos días con sus abuelos, pues es una niña muy propensa a los constipados y aquél clima le va bien.


En el teatro, Thais, siempre encuentra una ocasión para distraerse y jugar mientras Sara trabaja. 

Siempre vigilada
La señora Bárbara lleva muchos años al lado de la familia primero con Sara y ahora junto a la pequeña Thais.
Es una señora muy mayor y está enferma de las piernas, pero aún sigue atenta los pasos de la niña, poniendo más ilusión y cariño que facultades para ello, quizá recordando cuando se ocupaba de Sara. Pero, a pesar de ello, le es imposible seguir a todas partes a la tremenda Thais, por lo que el matrimonio Tous cuenta también con Sari, una joven catalana de 17 años, la cual más que una vigilante, es una compañera de juegos que va con ella a todas partes y, sobre todo, cuida de que no se haga daño alguno, detalle éste que preocupa en demasía a Sara Montiel.
En definitiva, Thais Tous García ha hecho del teatro Victoria de Barcelona su feudo de juegos y diversión, a la vez que alegra a su madre estando a su lado o como dice la propia Sara Montiel: “Me siento más segura en el escenario sabiendo que mi hija está aquí”.


Texto y fotos: Isidre Cunill



LA FOTO CLXXIV


La diva en un reportaje de José María Castellví. A punto de casarse y ser, por fin, madre. 

jueves, 3 de julio de 2014

AMA - Marzo, segunda quincena de 1976 - España


“CIENTO Y LA MADRE PATRIA”
UNA OBRA INSOLITA PARA
SARA MONTIEL
“YO SOY DEMOCRATA DESQUE QUE TENGO USO DE RAZON”
“NOS HAN DENEGADO LA ANULACION DE NUESTRO MATRIMONIO, PERO MI MARIDO Y YO HEMOS RECURRIDO A ROMA”

A Sara Montiel le impresionan siempre mucho las noticias tristes relacionadas con enfermedades o desgracias; hoy está muy afectada por un triste suceso que le ocurrió a una amiga suya. Sara es una persona muy sensible con el dolor de los demás y le afecta muchísimo personalmente. Nos ha citado en casa de unos amigos donde se hospeda siempre que viene a Madrid (Sara tiene su residencia fijada en Palma de Mallorca); nos abre ella misma la puerta, pues ha salido todo el mundo. Viste un traje de punto de color burdeos y está terminando de maquillarse.
-Es que estoy con una cura de adelgazamiento porque tengo que bajar mi peso hasta cincuenta y cuatro kilos, y estoy en sesenta. Es un régimen muy severo, aunque no paso hambre; lo que ocurre es que el cutis y la cara están algo desencajados, como es lógico cuando pierdes varios kilos en poco tiempo.
Pero Sara hoy tiene una gran noticia que darnos. Tiene un ambicioso proyecto que pronto llevará a escena. Por primera vez, Sara Montiel en teatro, no en ‘show’, sino como actriz.
-Se titula “Ciento y la Madre Patria” –dice Sara.
-Háblame un poco de esto…
-Pues que estamos todos muy ilusionados; sobre todo porque ¡fíjate!, es un triunfo el haber conseguido tantos escritores tan fenomenales para el guión.
-¿De quiénes se trata?
-Pues Paco Umbral, que le han dado el Premio Nadal; Terenci Moix, el catalán maravilloso; Cándido, Máximo, Forges, Chumy Chúmez, Carandell, Vicent, Vázquez Montalbán, Coll y creo que también Summers. Están todos trabajando ya en el guión.
-¿Y cómo se van a conjuntar tantos escritores?
-Pues el proyecto es escribir un guión que empiece en 1900 y termine en 1980. Este período se reparte en décadas, y cada década pertenece a un escritor; la obra la dirigirá Adolfo Marsillach. Cada escritor tiene libertad absoluta para escribir lo que quiera.


-Es un proyecto muy ambicioso…
-Muy ambicioso y muy importante. Yo no había hecho nunca teatro en prosa, siempre he cantado y, por primera vez, me voy a presentar con una gran ilusión. Yo quería hacerlo con gente muy del día, muy del momento y actual, y más importantes y actuales que estos escritores no existen. He tenido la suerte de que he reunido a lo mejor.
-¿Por qué quieres presentarte en teatro como actriz?
-Porque es una ambición totalmente mía. No lo he hecho nunca y creo que el actor y la actriz nunca tienen que pararse en un punto, pues hay que alcanzar metas más altas.
-¿Podrás resistir las dos funciones diarias?
-Pues si he aguantado cantar treinta y una canciones diariamente, durante ocho meses, pienso que sí…

RIESGO
-¿Has trabajado anteriormente con Adolfo Marsillach?
-No, nunca he tenido esa suerte, y cuando me decidí a hacer algo importante en teatro pensé en él, porque me gusta mucho y creo que es uno de los mejores directores del mundo.
-¿Y en qué va a consistir tu papel?
-Pues yo interpreto esas distintas mujeres que cada uno de estos escritores ha creado.
-¿Arriesgas mucho?
-Yo y todos estos escritores, por supuesto. Ellos, su estilo, y yo, mi fama de actriz de cine y musicalmente, que ya estoy más que descubierta. Salir al teatro así por las buenas, por primera vez, para decir un texto muy importante, es un riesgo muy grande. Pero me gusta, porque en la vida hay que tener algún aliciente, ¿no?


Sara, entre Paco Umbral y Pepe Tous. Umbral participa también en la confección de esta obra que llevará por título "Ciento y la Madre Patria"

-¿Y si fracasaras?
-Si fracaso, mala suerte.
-¿Vas a lucir un vestuario suntuoso?
-No lo sé, pero no creo, porque hago de mujer de un albañil, una estraperlista, una mujer de la vida muy graciosa, una señora muy sofisticada, una mística, una mujer de clase media…
-¿Y para cuándo va a ser el estreno?
-Pensamos al principio estrenar el Domingo de Pascua, pero no es posible, porque hay que mover mucha gente, más de cincuenta actores, un ballet… y Adolfo Marsillach no da abasto. Así que será para septiembre.
-Hasta entonces, ¿qué harás?
-Primero, ensayar, claro; también tengo una película por medio, que están dando al guión otra vuelta, que le hacía falta. Si me da tiempo la rodaré, y, si no, me vuelvo a presentar de nuevo en Nueva York, en el Lincoln Center, que tengo unos contratos pendientes. Estoy terminando el ‘long-play’ que saldrá en breve con canciones nuevas. Hasta hay una versión de ‘La patética’, de Beethoven, con arreglos modernísimos de Gregorio García Segura y letra de José Tous; también una canción italiana muy buena: ‘Yo no soy Magdalena’, y una inglesa, ‘The river cry’ (‘El río llora’).
-Oye, Sara, ¿la obra de teatro la financias tú?
-No; el empresario es José Tous.


DEMOCRATA
Dejemos el teatro para meternos en política. Unas recientes declaraciones de tipo político de la gran Sara Montiel hicieron correr bastante tinta en algunas publicaciones, cosa que Sara me dice ignorar completamente.
-Hace tiempo he dicho que yo soy demócrata y lo vuelvo a repetir, porque yo soy demócrata desde que tengo uso de razón. Me casé con un demócrata americano, y lo sigo siendo. Lo he dicho en una entrevista recientemente, pero no sé por qué la gente se sorprende. Ya en el año sesenta y cinco, y en una revista que dirigía Montalbán, ‘Siglo XX’, se publicó esto. Entonces, además, yo estaba casada, por lo civil, con Anthony Mann.
-¿Cómo marcha lo de la anulación de tu matrimonio, Sara?
-La anulación me la han denegado y hemos recurrido a Roma, mi marido y yo. Llevamos diez años esperando.
-¿Por qué todo cuanto tú dices tiene algo de polémico o se le saca punta?
-Tal vez porque yo soy diferente a los demás.
-¿En qué consisten esas diferencias?
-Pues en mi personalidad, muy determinada. A lo mejor es que soy muy sincera, cosa que he sido siempre y lo seguiré siendo, porque vale más ser eso que no hipócrita.
-¿Estás a favor o en contra del destape?
-Yo tengo una teoría muy especial de la libertad de cada uno, quizá porque he vivido muchos años fuera de España y porque sigo viajando mucho. Así que a mí el destape no me dice nada. Comprendo que hemos estado aquí más de cuarenta años llegando poco más de Alcorcón y, claro, ahora la gente se ha espabilado, la juventud cosa que me alegra mucho, y no veo nada que me impresione. No estoy ni a favor ni en contra; estoy en contra del mal gusto y a favor de lo estético. Porque yo voy al Prado y veo la ‘Maja desnuda’, de Goya, y me parece una maravilla.


LA FAMOSA LISTA
Y ya que hablamos de estética y mal gusto, se me viene a la cabeza la famosa lista que confeccionaron varios modistas, en la que incluyeron a Sara Montiel como una de las peor vestidas.
Sara lo ha tomado con buen humor.
-No me he disgustado, ¿por qué? Tampoco me voy a sentir acomplejada. La opinión de todo el mundo me parece bien. Como contraste, también todos vosotros, los periodistas, me habéis elegido Premio Naranja como la persona más agradable y más asequible a las entrevistas, y eso me enorgullece mucho más que lo que me pueda disgustar que unos señores digan que visto mejor o peor. Pero lo de la lista fue que metió la ‘pata’ Íñigo y les forzó a que declarasen eso y a enfrentar a los modistas con las actrices, cosa que me pareció de muy mal gusto. Yo me visto a veces en Lino y en Lucy, que es una modista maravillosa y me hace los trajes de actuar.


Alicia FERNANDEZ
(Fotos Juan Gallego)


EL RECORTE CLXIX
Entre proyecto y proyecto, entre películas y discos... la vida personal de Sara Montiel tenía de todo menos estabilidad. Los '60 los cierra con un matrimonio roto y con miras a una nueva relación que aún escandalizaría a la sociedad española. El divorcio de Chente fue igual de duro que insólito. Sara figura entre las primeras estrellas que obtuvieron la nulidad eclesiástica. Ella misma responde con silencios a medias en esta entrevista de la revista Semana con fecha de 3 de Mayo de 1969. 

SU GRAN CONFESION: “HE COMETIDO DOS GRANDES ERRORES EN MI VIDA”
SARA MONTIEL
nos descubre su intimidad
“AUNQUE ME HE CASADO DOS VECES, COMPRENDO QUE HE NACIDO PARA VIVIR SOLTERA”


La estrella, en su casa madrileña. Lujo, buen gusto y, sobre todo, comodidad. Aquí, María Antonia Abad se impone siempre a Sara Montiel. 

Siempre deseé conocer a Sara Montiel en su auténtica y verdadera dimensión de mujer. Y creo que es un deseo muy extendido entre el público; entre ‘su’ público, principalmente… ¿Cómo es ella lejos del ‘plató’ asfixiante, lejos de los focos cegadores, más allá de ese mundo tentador y apasionante –el cine-, donde la mujer y la actriz se entremezclan y confunden hasta crear una nueva y desconcertante personalidad?
He buscado a Sara Montiel en la intimidad de su casa. Ella me ha recibido con esa cordialidad, modestia y hospitalidad de que siempre hace gala con las personas que merecen su total confianza. Vive en la planta décima de un inmueble que se asoma a la plaza de España. Desde la terraza trasera, la vista alcanza a ver las crestas nevadas de la sierra madrileña. Me ofrece wihsky. Ella no bebe alcohol. Ni poco ni mucho.
-Estoy tomando unas vitaminas, ¿sabe? Para fortalecerme… A veces hago tonterías para adelgazar… No es que me preocupe demasiado el problema de la línea… Cuando engordo más de la cuenta, viene la dieta. A veces me excedo y tengo que recurrir a las vitaminas. ¡Un lío!


HOMBRES Y MUJERES
Está a mi derecha. Erguida como una estatua de carne, atentísima con el periodista. Viste un traje negro, largo, escotado, de diosa pagana. Sara, toda ella, exhala un atractivo poderoso, diferente… Y surge la primera pregunta:
-¿A quién gusta usted más, a los hombres o a las mujeres?
-Gusto a los hombres y me aceptan las mujeres, quizá porque nunca las ofendo con lo que hago y digo en mis películas.
-¿Es difícil alcanzar los dos objetivos, es decir, gustar a los hombres y caer simpática a las mujeres?
-No es difícil, cuando en cualquier situación, por muy atrevida que sea, hay dignidad, buen gusto y pudor…
Sara es una mujer de respuestas rápidas y concretas. Su inteligencia, más natural que cultivada, luce en todos y cada uno de sus conceptos. Sabe el terreno que pisa. Siempre lo supo. De ahí su éxito popular.
-¿Quién ha recibido hasta ahora más satisfacciones, la mujer o la actriz?
-La actriz –dice sin dudarlo. Y añade -: Como mujer, no termino de ser feliz. Quizá sea una mujer rara… O que mi profesión me envuelve demasiado. O que soy muy revolucionaria y me gusta vivir a mi manera… No lo sé…


La belleza serena de Sara rima perfectamente con la decoración de su casa. Pasan los años, pero la famosa actriz sigue inmarchitable. 

-¿Cómo se lleva con su marido? –pregunto de pronto.
-Unas veces bien y otras veces mal… -me dice, sencillamente.
-¿Ha cometido muchos errores en su vida sentimental?
-Dos. Y muy grandes.

FUERTE Y FEMENINA
Sara nunca pone especial énfasis en una u otra respuesta. Las frases parecen construidas por un ser infantil, de enternecedora sinceridad, dichas luego por una mujer muy hecha, que ha vivido y sigue viviendo intensamente… Arrastra las ‘eses’, envuelve cada palabra en una atmósfera cadenciosa, ideal para decir una declaración de amor a media voz.
-¿Arrepentida?
-¡No, no! Ninguno de ellos destrozó mi vida. Soy muy fuerte… -se queda pensativa. Y añade, como aclaración-: ¡Pero muy femenina! Soy Piscis.
-Vamos a ver, ¿cómo tiene que ser una mujer que se precie de serlo?
-Cariñosa, astuta, lista, ingenua, capaz de hacerse la tonta cuando sea necesario, siempre femenina…
Pienso que Sara se ha retratado a sí misma. Porque ella es muy cariñosa, muy astuta, muy lista, muy ingenua… Siempre el ‘muy’ por delante… Sara es un compendio de personalidades. Hay una Sara irónica y mordiente, que dispara dardos adobados con vocablos de la más honda raigambre cervantina… Hay otra Sara que parece indefensa, infantil… Y la desafiante, altiva, más Sara Montiel que María Antonia Abad. Y, siempre, orgullosa de apariencia y sentimental en el fondo.


Sara Montiel, en su piso madrileño, en la plaza de España. Lujo, elegancia y comodidad. En una esquina, el retrato escultórico de la actriz, en el apoteosis de su belleza. 


Sara se confiesa a SEMANA. Siempre fiel a su personalidad, la gran actriz, en alarde de sinceridad, nos habla de sí misma. 

-Se ha casado dos veces, Sara, pero yo pienso que usted ha nacido para soltera… ¿Me equivoco?
-No. Nací, en efecto, para soltera. Aunque Tony, primero, y José Vicente, después, hayan dicho que soy una mujer maravillosa…
-¿Cuándo se dio usted cuenta de que no servía para casada, antes o después de alguno de sus dos matrimonios?
-Sí, después de estar casada… Pero el destino es así. Si fuera posible me casaría por tercera vez…, aun sabiendo que no debo hacerlo.


MUJER, AL FIN
Quiero diferenciar por completo a la mujer de la actriz. Y profundizo más en su intimidad, aun corriendo el riesgo de pecar de indiscreto, de molestar a María Antonia Abad.
-Cuando se ve ante el espejo en la intimidad, ¿qué piensa?
-No pienso nada. Soy un poco coqueta… Donde sí pienso, y mucho, es cuando estoy en cama y tarda en llegar el sueño.
-¿Tiene preocupaciones en qué pensar?
-Sí, muchas. Siempre las he tenido. Nunca he podido vivir pasivamente.
Y surge la María Antonia entrañable, abierta a todos, tan sentimental, tan ‘sanchopanzesca’, que no en vano nació a la sombra de un molino manchego…
-De mí dependen siete sobrinos, tres hermanos, mi madre y un tía viuda de setenta y ocho años, que está enferma. Mi madre y mi tía están aquí, en casa.
Y María Antonia no duda en conducirme a la habitación, limpia y modesta, donde su tía está postrada. Tiene palabras de ánimo para ella. También veo a su madre, seria, enjuta, vestida de negro como las mujeres castellanas, que ya, ajenas a muchas cosas, ven desfilar ante sus ojos cansados las estampas monótonas de la vida… Aquí, en esta habitación llena de calor de hogar, me siento lejos, muy lejos, del mundo estereotipado de un estudio de cine, donde la actriz y la mujer se confunden, donde uno no sabe dónde comienza la verdad y termina la mentira.
-Sara, ¿se siente tan joven como hace diez años?
-Aunque algunos crean que tengo más años que mi madre –habla sin tapujos-, mi edad es ésta: treinta y seis años. Dicen que tengo cuarenta. Bueno, ¿y qué? Es la ‘facha’ lo que cuenta, ¿no?


En el gran salón de la casa hay un piano blanco, que sabe de cuplés y canciones de amor. La voz cálida de Sara las da nueva vida. 

ENEMISTADES Y ENVIDIAS
La tez, blanca; la piel, tersa. Como si nunca se hubiera bañado en el sol de la Mancha. Fotogénica hasta lo increíble.
-¿Tiene enemigos?
-¡Muchísimos! Soy guapa, joven, con dinero y bastante bohemia… Pero dejo en paz a mis enemigos… ¡Si quieren sufrir, que sufran!
-¿La envidian muchas personas?
-¡Llevo ajos en los bolsillos para espantar la envidia!


Este es el dormitorio de Sara Montiel. No cabe más elegancia y sencillez. 

No advierto petulancia en sus palabras. Es una sinceridad rabiosa, descarnada incluso. Es que, en el fondo de todo, ocurre que María Antonia Abad nunca olvida sus orígenes humildísimos, sus años de lucha, de brega contra obstáculos, condicionamientos y humillaciones; las épocas duras, desesperantes, que la obligaron a aceptar trabajos sin posibilidad de elegir, porque en casa hacía falta el dinero (en 1941, en Orihuela, cobraba dos pesetas diarias por envolver naranjas)… Y luego… Fatigas, muchas fatigas, hasta alcanzar el triunfo. Pero Sara Montiel ya no podría imponerse jamás a María Antonia Abad. A pesar de las luces de colores, de los aplausos, del dinero, e la fama… María Antonia estaba hecha en el yunque de la vida más dura.

ELLA Y LOS HOMBRES
-Antes de Anthony Mann –pregunto después-, y entre éste y José Vicente, ¿estuvo enamorada de otros hombres?
-Antes de conocer a Mann, sí, de varios… ¡Y muy importantes! Los hombres siempre me han rondado…
-¿Cuál fue su primer amor?
-Yo tenía seis años y él siete. Se llamaba Adolfo…
-¿Qué opina de los hombres, en general?
-Son muy egoístas, pero aun así me encantan.
-Los hombres de su vida, ¿en quién se fijaron más, en la mujer o en la actriz?
-En la mujer… ¡felizmente!
-¿Qué significó Anthony Mann en su vida?
-Él me hizo conocer la vida. Me llevaba treinta años… Yo era una ‘criúca’. Fue, para mí, un padre, el mejor de los amigos. Me hizo actriz y mujer. Me enseñó los secretos del cine… Gracias a él, si quisiera podría dirigir una película mañana mismo…
-¿Lloró mucho su muerte?
-No. Cuando leí en el periódico que había fallecido en Berlín, víctima de un ataque al corazón, me desmayé. Lloré después… Aunque divorciados, éramos muy buenos amigos. Cuando las hijas que tuvo con su nueva esposa venían a Madrid, me visitaban…


Sara, ante el piano. La reina, en su trono. 

Sara siente gran respeto por la memoria de aquel hombre. Mann, en efecto, se recreó perfeccionando a Sara Montiel. Esa fue su gran satisfacción. Nada más quería y nada más pidió.
-No tuvo hijos con Mann ni los tiene con José Vicente… ¿Ansía tenerlos?
-No. Y no visito a los doctores de Ginebra ni a los de Oslo. Si está de Dios que no debo tenerlos…, que así sea.
El piso es elegante. Una elegancia muy femenina, muy juvenil. Muchos detalles de buen gusto. Un lujo que no ahoga. Es el piso de Sara Montiel. El suyo. Donde vive, siente y, a veces, padece. Donde la mujer anula por completo a la actriz. La actriz solamente está ahí, en una esquina: el retrato escultórico, obra de Collaut Valera. Una Sara Montiel pétrea, segura de sí misma, que reta a todo y a todos, fortificada en su inmarchitable belleza. María Antonia sonríe, alza la cabeza…
Porque el mayor triunfo de María Antonia Abad es Sara Montiel.


Hebrero SAN MARTIN
(Fotos J. Torremocha)


LA FOTO CLXIX


Otra instantánea de la diva en su piso de Plaza de España.