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sábado, 1 de abril de 2023

ESPECTÁCULOS - jueves, 16 de octubre de 1997 - México

 


Prodigiosa memoria femenina

24 Horas en la vida de

SARITA MONTIEL

Por Juan CERVERA

El telespectador pudo ver y escuchar a la artista repasar emocionada capítulos definitorios de su vida y carrera, que tuvo en 1957 con “El Último Cuplé”, uno de sus momentos más esplendorosos


Sarita Montiel... una Diva Memoriosa.

Sara Montiel, puro en mano y lanzando bocanadas de humo al rostro de Abraham Zabludovsky, estuvo en 24 Horas rindiendo culto, como es común entre la gente del espectáculo, al pobre dios Ego. Presumió de todo y, la verdad sea dicha, para su edad, a cinco meses de cumplir los setenta años, disimula divinamente sus arrugas. Así es Sarita. Ella vino al mundo bajo el signo de Piscis un 10 de marzo de 1928 en Campo de Criptana, Ciudad Real. Su nombre es Antonia Alejandra Sara Elpidia Abad Fernández. De niña estuvo interna en un convento de dominicas y luego en el Jesús María de Orihuela. Fue descubierta por Vicente Casanova. Debutó en el cine en 1944 como María Alejandra. Por consejo de Enrique Herrero cambió de nombre y pasó a ser Sara Montiel a partir de 1950. De ahí para el cielo, aunque tuvo que esperar siete años, pues no fue sino hasta que filmó “El Último Cuplé” que dio su definitivo trancazo en 1957. Desde entonces fue Sarita y las pudo en grande hasta el día de hoy, que sigue viviendo de las restas de aquella fama.

En 24 Horas, heredera de su propio mito, fumó y recorrió los días de Piel Canela en Cuba, allá en la casa de los Gómez Mena, amigos de Hemingway, el de “El viejo y el mar”, en que se aficionó al puro. Dijo que se fuma dos al día, y tres si está de buenas, como fue la noche del martes en 24 Horas, pero que no se traga el humo. Jactanciosa diría que ella puso de moda fumar puros en España. Mentira, desde mucho antes las gitanas andaluzas ya fumaban puro, y otras mujeres, en especial de las llamadas de la vida alegre. 


Recordó, al pasar fragmentos de las películas que hizo aquí con Pedro Infante, como “Necesito Dinero”, al ídolo. Dijo que fueron únicamente amigos, de amoríos nada en absoluto. También dedicó un recuerdo al Piporro cuando pasaron secuencias de “Martín Corona”. Dijo que al verse en las viejas películas se ve como otra persona. Recordó “El Último Cuplé”, que lo hicieron, en un acto atrevido y sin dinero. La suerte nadie sabe por dónde puede llegar, al igual que la desgracia. Afirmó que en amores le ha ido de perlas: -Tuve tres maridos y otros amores- declaró a Abraham, que muy gentil le encendió el puro para que continuara en plan de chimenea. Sarita, imponente aseguró que ahora tiene tres hombres que la solicitan al unísono “y tiene que elegir”. Uno, al que sólo acepta como amigo, ya está descartado. La lucha está entre los otros dos. Está por verse quién será el triunfador. Al hablar Abraham del amor y el dinero, Sarita puso los puntos en las íes determinante:

-El dinero no creo que sea importante para el amor.

Dijo la verdad, pero hoy pocos entienden en ese campo la verdad del amor. Sarita, milagrosamente sí. Eso nos gustó mucho. Ahí su ego se evaporó en las mieles del romance. ¿Qué sería de la vida, por dinero que tuviéramos, sin una gota de amor real, es decir, del que no se compra? Lo que se compra es transacción, el amor no tiene precio. Lección de Sarita, que hay que escuchar en esta hora de mercaderes ciegos.

Volvió a inflarse de ego y habló de su reciente triunfo en España en una plaza de toros de La Mancha, su tierra natal, que se llenó, para verla y escucharla, hasta la bandera.

Recordó que desde hace años no ha venido a México, pero que sigue conservando su nacionalidad mexicana. Dijo ser mexicana desde 1951: -México es mi segunda patria.

Anunció que estará el viernes y el sábado en el Teatro Alameda I, y que será algo distinto donde nadie se aburrirá. Prometió bajar del escenario y meterse entre el público donde se sentará en las rodillas de los caballeros. ¿Cuánto cuestan las localidades de primera fila? No sabemos, aunque sí conocemos a varios amigos dispuestos a empeñarse con tal de conseguir una de esas localidades.

El éxito de Sara Montiel en el Teatro Alameda, sentimos, va a ser de órdago. Lamentamos que su temporada sea de apenas dos días. Ojalá se prolongue, sea un buen alimento para su ego y un placer para sus admiradores y admiradoras, que en México somos muchos. 


Echa el humo. Y los recuerdos. A borbotones.


Ve un hijo como su guardaespaldas. "Él me cuida".

¡Hola, Quintana! ¡Quihubas Montiel!

Fuma puro y canta su último cuplé

Excepcional entrevista y semblanza de la Saritísima. Los hombres la miran y se enamoran. Será que sólo ven los ojos y las domingas (pechos). Habla de sus hijos, “podrían ser mis nietos”. Define es de un solo hombre, siempre; pero hoy tiene tres pretendientes. Le pesa el recuerdo del perfecto esposo que era Pepe. Nos adelantamos dándole el programa de sus dos conciertos en México. Hoy es la invitada de honor de Maxine Woodside en el octavo aniversario de “Todo para la mujer”, por la XEDF. La pasará contenta y feliz.

Por Alma Elena QUINTANA

Fotos: Raúl Campos


Tiene una enorme seguridad. El poder sexual.

Llegó de buen humor. Las miradas se posaron; algunas en sus anillos cuajados de brillantes y esmeraldas… Las de los caballeros buscaban las “domingas”, como Sarita le dice a sus pechos. Pero la Montiel llegó de largo, de blanco y con mucho garbo. La intuimos por el olor a habano. Fuma de a de veras, de los puros gruesos aunque dice no se traga el humo. Moisés Castañeda, su más ferviente admirador mexicano, trae en su portafolios las fotos de Thais y Zeus, los hijos adoptivos de Sarita a quien tomó hace 12 años cuando Pepe aún vivía y Fanny Schatz, la representaba; vino a México al Teatro de la Ciudad. Se agolpan tantos recuerdos de fan que apenas él puede hablar. Sarita Montiel habla del poco tiempo que tiene que estar en México, y de lo mucho que quería hacer una función extra, una tercera función para los damnificados del huracán “Paulina”. Que tendría que ser el domingo o el lunes pues la próxima semana empieza sus galas por España.

Y habla de la muerte con toda tranquilidad y hasta arranca las risas.

-No me gustaría morir como María Luján (la diva de “El último cuplé”) ni como Sara Montiel. A todos nos preocupa la muerte y el que diga no es un farsante, yo con más motivo porque tengo hijos pequeños, he cumplido 69 años y Dios mediante (10 de marzo) llegaré a los 70, siete cero- enfatizó y siguió hablando.

-Pero tengo mis hijos muy pequeños, que podrían ser mis nietos; mi hijo tiene 14 y mi hija 18. Yo quiero vivir mucho tiempo, pedirle a Dios que me dé salud por lo menos para colocarlos un poquito en la vida, que es difícil, pero yo procuraré mientras viva ayudarles y estar muy pendiente de ellos.

Sara habló de lo que le gustaría que le pasara.

-Querría volver a México el próximo año y hacer una buena telenovela, estar seis u ocho meses trabajando aquí, porque no es por nada, ni les doy coba, pero adoro a México, me trae magníficos recuerdos y yo me encuentro aquí como si fuese mi casa, porque es mi segundo país, mi segunda patria. 


Tenemos tiempo para fumar. Dos al día. Con eso basta. 

El fan Moi pregunta por los hijos: ¿tienen que ver con las artes? Los reporteros aún se ríen porque Sara dijo que se acababa de dar una restirada de cara y no podía reírse mucho.

-Mi hijo Zeus canta divino, pero puede ser bombero, torero ojalá. Así me sacaba para adelante, como le digo –hijo mío, eres mi futuro. Mi hija estudia leyes y económicas, quiere entrar al cuerpo diplomático, habla 7 idiomas, ha sido en la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, licenciada en inglés y en literatura inglesa y es erudita en Shakespeare, todo a los 18 años de edad que tiene.

Lo dice con orgullo y su mirada brilla. De su hojo también se toma su tiempo para hablarnos y hasta nos canta.

-Me lo encontré un día frente al televisor cantando un comercial. Tiene un ritmo bárbaro, pero ahora sólo lo escucho cantar en la regadera porque es muy introvertido, no salió tan bueno para los estudios como la hermana, que es una fuera de serie, pero tiene unos ojos más grandes que los zapatos, y es guapísimo y mide 1,82, con catorce años, yo le llamo mi guardaespaldas y mi camionero.

Nos ve con el puro en la mano, brilla su uña azul, la verde, la naranja.

-Sí, dime cariño.

Súper su pregunta: Háblenos, Sarita, de cómo se conquista a un hombre.

-Ay, hija mía, no lo sé; yo tengo un éxito con los hombres, pero de siempre, hija mía, yo no sé qué les doy, porque no les doy nada, nada más que me miran y ya se enamoran y yo también. Pues mira es que estoy viva; puedes tener 20 años y no estar viva, puedes tener 40 y estar muerta por dentro y yo con la desgracia que he tenido con Pepe, que me ha sido muy difícil superarla porque tuve un marido maravilloso, un compañero sensacional, creo que siempre he tenido una fuerza interior que me ayuda a salir adelante, estoy y he estado siempre muy viva, no viva de viva, sino viva por dentro o sea con vida.


Ella indica a Supersu fácil método de seducción-

Estuvo a punto de casarse hace dos años, pero no le convino y decidió no hacerlo.

-Estoy enamorada de tres de diferente manera. A ver si me explico, porque yo soy mujer de un solo hombre, no soy de varios, nunca lo he sido ni lo seré, porque he nacido así, pero tengo tres hombres. Tengo un político con el que anduve un año y medio, terminamos a medias el verano pasado; nos estamos dando tiempo porque él es muy conocido, es viudo como yo y mira que no sólo hemos estado jugando a las cartas.

Se ríe, pícara.

Filmó 14 películas en México, con: Pedro Infante, Joaquín Cordero, el Piporro, Manolo Fábregas, Raúl Ramírez, Agustín Lara y Katy Jurado. En Moi se agolpan las historias: “Ahí viene Martín Corona”, “El enamorado”, “Necesito dinero” (en donde Pedro la llama Zapatitos), “Donde el círculo termina”, “Piel Canela”, “Cárcel de Mujeres”. Don Miguel Zacarías logra los mejores close ups de Sara Montiel en blanco y negro. Filmo 3 en Hollywood: “Serenata”, con Mario Lanza y Joan Fontaine. “Veracruz” con Gary Cooper; y “Yuma”. Todo esto antes de los éxitos de “El último cuplé”, “La violetera”, “Pecado de amor” que le dio el cine español. Lleva grabados 64 discos y adelanta que el próximo será de canciones eróticas, muy sensuales para su voz. Prometió sorpresas para su recital en el teatro “Alameda” este fin de semana, pero aquí les adelantamos el programa: “La violetera”, “Nena”, “Polichinela”, “Fumando espero”, “El Relicario”, “El tiempo pasará”, “Bésame mucho”, “Amado mío”, “Atrévete otra vez”, “A media luz”, “Nostalgias”, “Bolero triste”, y “Tu nombre era México”, que es un homenaje a México.


A esta mujer le vamos a proponer todo. Todo lo bueno.

Moi descubre una mentirilla. Sara dice que ella compuso el tema para su segunda patria. En verdad se la dio María Ovelar para el disco “Purísimo Sara”. Pero se lo perdona y corre por su autógrafo, en sus álbumes en los que hay recortes de “Cinelandia”, “Cine Avance” y “Cine Novelas”, que editaban Guillermo Vázquez Villalobos y Raúl Velasco, novatos del periodismo entonces. Hay historia y recuerdos, amiga. 



EL RECORTE CCCLXXVIII

La última gira de la actriz se produjo en 2012. Fue llevada a Estados Unidos por el Instituto Cervantes de Nueva York. A su vuelta se enfrentó con los temas que la acompañarían en el último año de su vida. Una semblanza de todo aquello encontramos en este artículo de la revista Pronto, 19 de mayo de 2012.


SARA MONTIEL:

“Jennifer López ha contactado conmigo para llevar mi vida al cine”


La veterana artista pronunció una conferencia en el Instituto Cervantes de Nueva York. 

Acaba de volver de una gira musical por Estados Unidos y Sara Montiel se ha encontrado con varios frentes abiertos que aclara en exclusiva para nuestra revista. El primero se refiere a ese próximo juicio que la enfrentará en junio con su exadministrador, Francisco Fernández, al que acusa de “haberme estafado millones de euros”.

-¿Cuántos millones?

-No sé la cifra exacta, pero es mucho dinero. Y estoy dispuesta a llegar hasta el final.

-Ese hombre asegura que gastabas demasiado, más de lo que ingresabas…

-Que diga lo que quiera, es mentira…

-Pues dice que le has hundido la vida.

-Seguro que le he deshonrado, ja, ja, ja. Mira, no tengo el menor miedo a ese juicio porque estoy en posesión de la verdad. Y creo en la Justicia.

-También afirma que en tu testamento solamente le dejas a tus hijos los pisos, pero no joyas ni cuadros.

-Vaya tontería. ¿Es que ha leído ese hombre mi testamento? Es hablar por hablar. Me da copletamente igual lo que diga ese señor. Lo único cierto es que mis hijos son mis herederos universales y se lo van a quedar todo.

“He tenido amantes, pero ninguno se llama Juan Carlos de Borbón”

-También dice que te pierde la ambición.

-Vaya, claro que me pierde la ambición, pero en el trabajo y en la vida.

-Una noticia buena: Jennifer López quiere interpretar la vida de Sara Montiel en una película de Hollywood.

-Sí, es algo que sé desde hace tiempo. Es más, ella y su gente se han puesto en contacto conmigo para comprar los derechos de mi biografía. Y en eso estamos conversando. Será una producción muy importante, pero muy costosa.

-¿Es cierto que en este último viaje tuyo a América, JLo quiso verte?

-Esa era su intención, pero en el último momento no se pudo desplazar desde Los Ángeles hasta donde yo me encontraba, en Nueva York.

-¿No os conocéis personalmente?

-Claro que la conozco, a ella y a su familia, desde hace años. Es una actriz estupenda, que canta, baila, interpreta, tiene un cuerpo sensacional… Haría muy bien de Sara Montiel.

-La revista “Paris Match” te atribuye una curiosa relación con el rey don Juan Carlos…

-¿Curiosa? ¿Tienen pruebas de ello? Pues voy a ser muy clarita: yo no he estado enrollada con el Rey en mi vida. He tenido amantes maravillosos, pero ninguno se llamaba Juan Carlos de Borbón.

-¿Vas a poner una querella?

-Es mejor no hacer caso a las habladurías y a las mentiras. A mi edad, no merece la pena.

-¿Cómo te ha ido la gira americana?

-Maravillosamente bien. Me han premiado, me han aplaudido mucho y me he sentido muy querida por todo el mundo. Estoy contentísima. Ahora estoy pendiente de otra próxima gira, esta vez por Perú, Chile y, posiblemente, Argentina.

 

TEXTO: JOSÉ DE SANTIAGO

FOTO: GTRES


LA FOTO CCCLXXVIII


Sara Montiel en México. Año: 1997.

sábado, 18 de abril de 2020

COLT 45 - nº. 29 - 1.961 - Brasil


Pincha en las imágenes para verlas en grande. 


























EL RECORTE CCCXLIII
Fue una de sus últimas entrevistas a un medio de máxima difusión. Por milésima vez, la diva, hacía un repaso de toda su carrera profesional y volvía a hablar de Hollywood. Era el 13 de octubre de 2012 para El País. 

Todas las imágenes, menos una, has sido sacadas de la página web de El País. 

“En 54 años no ha salido nadie como yo”
La primera estrella española en Hollywood reivindica con 84 años su vigencia
Dejó el cine en 1974, el destape le parecía "vulgar", pero sigue dando conciertos
Repasamos la carrera de Sara Montiel con la ayuda de su fotográfica memoria
Por: Víctor Núñez Jaime


La actriz y cantante Sara Montiel, de 84 años, fotografiada en Madrid.  /Alberto Rivas/

El ático donde vive Sara Montiel se extiende por toda la séptima planta de un edificio en el elegante barrio madrileño de Salamanca. Cuando se abre la puerta del ascensor, un retrato de trazos color carmín atrapa la atención. Es el bello, joven y ya mítico rostro de la actriz delineado por su hermano Luis Fernando (“lo hizo en diez minutos”) que da la bienvenida con una mirada entre tierna y sensual. Adentro, las rojas paredes están saturadas de cuadros y fotografías de marcos dorados o plateados. Hay mesillas y vitrinas en donde permanecen apretujados objetos de cristal, cerámica y mármol. Son jarrones, botellas, esculturas, joyeros, lámparas, candelabros. Una pared de espejos le da mayor profundidad al ya de por sí amplio salón que preside, desde aquí, un enorme cuadro del pintor mallorquín Joan Miquel Roca Fuster. Es ella, desnuda, apenas ataviada con un velo, en medio de una escena onírica. Enfrente, otro óleo de similares proporciones muestra a una delgada y joven hada montada en un caballo blanco. Encima del piso de madera se extienden algunos tapetes de tonos guindas y azules.
Antes que su dueña, llega con sigilo “Cuchi”, un perro caniche enano gris. “Es la tercera mascota que tengo. Y todos se han llamado Cuchi: cuchi-cuchi-cuchi”, dirá después, con picardía, la protagonista de Piel Canela. Sara Montiel entra —viene de su dormitorio— y ofrece la mano derecha para saludar. Trae puesto un vestido blanco y unas sandalias con incrustaciones doradas. Sus uñas —postizas— son verdes y su roja cabellera la tiene recogida en una coleta. Acaba de lavarse la cara, no está maquillada, sólo se ha puesto un poco de crema Nivea sobre la piel bronceada (“secuela del verano en la playa. Pero ya desaparecerá, porque soy como la leche”). Se sienta —con delicadeza— en un sillón gris con flores negras, rojas y blancas. Entonces suspira y coloca las manos sobre el regazo.
Ahí está. Es Sara, Sarita, Saritísima, la última diva.
Tiene 84 años (“nunca he ocultado mi edad”) y afirma –categórica- que sigue estando vigente. Amadrina este fin de semana el festival de cine de Almería AWFF, que además rinde tributo a su contribución al western. Y no piensa bajarse de los escenarios. “En primavera me pongo a dar conciertos. Y me va muy bien. Pero en diciembre y enero no hago nada, ¿eh? El año pasado hice seis galas. Me quieren mucho en toda España. Estoy dos horas en el escenario y todos salen encantados. Y no hago nada para cuidar mi voz”, dice mientras enseña orgullosa un póster de una actuación en Zamora del pasado junio. Aparece recostada, cubierta por una sábana rosa pálido y con un puro en la mano.


"Introducing Sarita Montiel", decían los créditos de "Veracruz" (Robert Aldrich, 1954), su debut en Hollywood. No era la actriz principal, pero se convirtió en uno de sus reclamos. En la foto, con el protagonista, Gary Cooper, con quien aclara que no tuvo un romance. 

No había quien financiara la película. “¿Para qué recuperar los cuplés?” El productor Juan de Orduña escuchaba una y otra vez la misma pregunta. Después de tanta insistencia, su hermano logró conseguir un pequeño crédito gracias a un aval. Sara Montiel estaba en Hollywood, acaba de hacer Yuma y, previa advertencia sobre las limitaciones del rodaje, viajó a Barcelona para protagonizar El último cuplé.
Orduña quería que una “cantante profesional” doblara a la actriz en todas las canciones que tenía que interpretar, pero no hubo quien aceptara sin que le pagaran inmediatamente. Así que Sara Montiel tuvo que hacerlo. Pidió a la orquesta que bajara medio tono para adaptarse a su voz y comenzó a entonar temas como “Nena”, “Clavelitos”, “Ven y ven.”
Fueron tres meses de rodaje llenos de obstáculos. Los decorados eran de cartón. Hubo a quien le tocó usar un vestido de papel. Se hacía una única toma de cada plano porque no había material para hacer varias y elegir la mejor. Un día, el director estadounidense Anthony Mann, entonces esposo de Sara Montiel, visitó el plató y al ver la precariedad de medios con la que se trabajaba concluyó que la película estaba destinada al fracaso. “Nunca había trabajado en condiciones tan malas. Después de haber estado en México y Estados Unidos, esto era pésimo”, recuerda ahora la actriz, quien al acabar la filmación se fue a Nueva York.
Transcurría la primavera de 1957 y el teléfono comenzó a sonar con noticias inesperadas: “la película es todo un éxito. El Cine Rialto está a reventar. La gente tiene que comprar las entradas con varias semanas de anticipación. Esto ya es un fenómeno social.” ¡Por fin! Sara Montiel llevaba años soñando que un día, no muy lejano, llegara a un aeropuerto y fuera recibida por una multitud de gente y de fotógrafos (“como le ocurría a Sofía Loren”). Y ese día había llegado. Un gentío alborotado y decenas de flases le dieron la bienvenida en Barajas.
A partir de entonces, el éxito fue estratosférico. Comenzó a protagonizar una cadena de melodramas musicales. Puso su tarifa: “un millón de dólares por película.” Ella misma elegía las canciones que iba a interpretar. También el vestuario, para que estuviera a juego con la escenografía. Y hasta el horario de trabajo: “porque me negué a volver a madrugar. En México y Estados Unidos tenía que levantarme a las cinco y media o seis de la mañana. ¡Nunca más!” Se olvidó de Hollywood: “en todas partes cayó El último cuplé como una avalancha y en todas partes triunfó. ¿Quién, en un caso así, querría volver a hacer de india?”


Sara Montiel, caracterizada de María Luján, fumando y esperando en un destartalado cabaret de Barcelona en "El último cuplé" (Juan de Orduña, 1957), gran éxito internacional del cine español. Aquí nació su estrella. 

 De Sara Montiel se dicen muchas cosas. Se dice que exigía una media, a manera de filtro, en todas las cámaras que captaban su imagen. “¿Tú crees? Es ridículo. Lo único que pido es luz blanca directa a la cara. Nada más. Es lo único que necesito para salir estupenda. Tengo una maquilladora que trabaja para mí, es verdad. Pero me da muy poco fondo, porque me gusta muy tenue. Así ha sido siempre.” Se dice que usa peluca. “Uuuuy, ¡mira el pelo que tengo! A mi edad, tengo mucho pelo, ¿comprendes? Ahora: cuando voy a la televisión me pongo como una leona, ¿eh? Me lo rizo muy bien y ya está.”
Se dice que, en realidad, no canta. “No sé quién comenzó a difundir eso de que alguien venía a doblarme las canciones. ¡Nunca! Mira: tal vez yo no sea la mejor cantante. Pero sé interpretar. Y muy bien. He grabado unas 900 canciones. En 1969 hice “Sara Montiel en Persona” para que el público fuera a verme, porque no me conocían, sólo me habían visto en la pantalla. Fue un poco, también, para callar ese rumor de que yo no cantaba.”
Se dice que no desconoce en qué consisten las cirugías plásticas. “¡Jamás! Pero si no tengo arrugas. Algunas líneas de expresión, sí. Muy finas. Pero no son arrugas. No tengo bolsas ni ojeras. No me he hecho nada en la cara, ¿ves? Yo no soy como las de ahora: todas operadas. Se ponen unos morros impresionantes. Yo no me pongo morcillas. ¿No has visto que hay algunas que parecen patos? Ay, me hace mucha gracia. Pero no me gusta.”
Se dice que pasa sus días en sendos rituales de belleza. “Para nada. Mi madre me decía: “ay, hija mía, cuando seas mayor vas a tener la piel de lagarto.” Porque me lavo la cara nada más que con jabón. Con el jabón que sea. Y después me pongo una loción para hidratar. Siempre por la mañana. Tengo los poros muy finos y nunca he tenido problema. Soy muy blanca, piel delicada, fina, pero sin arrugas. Y me maquillo muy poco. Eso sí, me pinto bien mis cejas, me pinto los ojos. Siempre, en el cine y en la televisión, he cuidado mucho las luces que me ponen. Entro al plató una hora antes de empezar el programa y hablo con el iluminador. Veo cómo está puesta la luz, dónde me voy a sentar y le digo: “me vas poner un foco aquí y otro en la cara.” Porque entre más luz tengas de frente, sales mejor.”
Se dice que intimó demasiado con Marlon Brando. “Ah, eso es por los huevos de Marlon. Lo conocí en el 51, en una película que él hacía con Frank Sinatra. Luego nos volvimos a ver en el 55, cuando él estaba haciendo Sayonara. Una vez, hablando de comida, le conté que en España teníamos la tortilla de patata, con huevo. Le hablé también del cocido madrileño. Y de que cada provincia tiene su propia comida, porque España es muy rica en la gastronomía. Y le dije: “yo hago unos huevos fritos con ajos, a lo manchego, ¡que pa qué te cuento!” Y ahí quedó la cosa. Como a las dos semanas, a las cinco de la mañana, Margareth, una criada divina, negra del sur, que teníamos Anthony Mann y yo, me despertó: “¡Señora, Marlon Brando está en la cocina!” Pues salí, le hice unos huevos fritos con ajos y un café que me salió buenísimo. Luego él no paraba de decir: “he comido huevos manchegos. Huevos de la tierra de Don Quijote.” Muy majo. Compartíamos también el gusto por México, donde él había hecho Zapata. Pero nada más.”
Se dice que fue amante de Gary Cooper. “¡Ay, por favor! Jamás tuve relaciones amorosas con él. Fuimos amigos y ya. Cuando lo traté, yo estaba con Severo Ochoa. Es cierto que, si hubiera querido, hubiera hecho el amor con Gary Cooper. Pero no quise.”
De Sara Montiel se dicen muchas cosas. “Se han dicho muchas mentiras. Pero ninguna me ha afectado. Estoy muy acostumbrada.” 


Vendiendo flores y enamorando aristócratas, Montiel consolidó como 'sex symbol' hispano mundial con "La violetera" (Luís César Amadori, 1958). Ya era la actriz mejor pagada de España. 

Sara Montiel estuvo a punto de no nacer. Cuando su madre supo que estaba embarazada por segunda vez decidió que era mejor “que el niño viniera al mundo.” Los tiempos “estaban muy difíciles” como para que la familia creciera tan rápido y, a escondidas, salió de su pueblo para abortar. Pero nadie se dio cuenta de que en el vientre tenía dos placentas. Le sacaron una y la otra siguió creciendo. “Fíjate: tal vez hubiera podido tener una gemela o gemelo.” No lo tuvo pero sus padres se encargaron de que ella tuviera suficiente presencia. Por eso se llama María Antonia Alejandra Vicenta Elpidia Isidora Abad Fernández.
En 1928, Campo de Criptana (Ciudad Real, Castilla La Mancha) era un pueblo humilde que subsistía gracias a la agricultura. Al estallar la Guerra Civil, los Abad Fernández se fueron a Orihuela (Alicante) y ahí la futura estrella comenzó a estudiar en un colegio de monjas. Ahí, también, Sor Leocadia le enseño a cantar. Antonia tenía 16 años cuando en la Semana Santa de 1941 cantó una saeta. La escuchó el periodista José Ángel Ezcurra, fundador de la revista Triunfo, y quiso conocerla.
Ezcurra le puso con una profesora de canto y la animó para que se presentara a un concurso. Interpretó “La morena de mi copla” y ganó. Luego la llevaron a Barcelona para hacer unas pruebas cinematográficas. Y entonces, no sin ciertas reticencias, comenzó a conquistar al cine con su primera película: Empezó en boda, con Fernando Fernán Gómez. “Fernando fue el primero que me besó. Porque yo no sabía besar. Y me explicó cómo se hacían las películas. Es que yo creía que se hacían como se ven: desde el principio hasta el final.”
Quiso tener un nombre artístico y pensó en “Alejandra.” Pero al ilustrador Enrique Herreros no le gustaba. Él sentía, sobre todo, que hacía falta un “apellido contundente”, uno que destacara por su sonoridad. Como Montiel. Ella, por su parte, recordó que su bisabuela se llamaba Sara. Y ese nombre le gustó. Así nació Sara Montiel. Y así la llamaron por primera vez en la revista Primer Plano.
Llegaron más películas. Locura de amor, por ejemplo, donde ella era la antagonista. “Era la mala malísima. Pero ahí el público comenzó a notar que, en realidad, yo estaba buenísima.” Sentía, sin embargo, que su carrera de actriz no acababa de despegar. Un día, el dramaturgo Miguel Mihura (“mi primer amor, el hombre que me hizo mujer. El hombre al que volvía loco en la cama y lo dejaba como un trapo”) la recomendó con los productores de Hispamex y la contrataron para hacer Furia roja en México.
Sara Montiel llegó al Distrito Federal acompañada por su madre en abril de 1950. “¡Ay qué país, México! Qué sitios, qué gente. Una industria cinematográfica muy profesional, en plena época de oro. Y qué comida. ¡Y la gente se podía divorciar! Y esa era una realidad que contrastaba con la España cutre que teníamos. Y al instante me hice famosa. Cómo no, si me pusieron al lado de Pedro Infante. Hice tres películas con él: Necesito dinero, Ahí viene Martín corona y Vuelve Martín Corona. Y me hice mexicana, claro. Todavía tengo mi carta de nacionalidad en la caja fuerte. Y, además del español, tengo pasaporte mexicano. Cuando me casé con Anthony Mann, en Los Ángeles, me casé con pasaporte mexicano.”
Se había ido a Estados Unidos para hacer películas como Veracruz y Serenade, donde conoció a Mann. Pero después del éxito de El último cuplé centró su vida artística en España, hasta que en los 70 dejó de filmar. “Después de Cinco almohadas para una noche me di cuenta de que el “cine del destape” no era para mí. Era muy vulgar. Tuve muchos ofrecimientos. Pero no acepté.”
México contaba con refugiados españoles de primer nivel. Gracias a José Puche, que había sido ministro de Sanidad en la República de Juan Negrín, Sara Montiel comenzó a verse rodeada de varios intelectuales. Ella, que nunca ha sido “mujer de escuela y universidades”, tuvo “al mejor maestro”: el poeta León Felipe. “León no soportaba que yo no supiera leer bien, que fuera tan ingenua, inculta. Me daba libros de historia de México. Y yo los leía, los copiaba. Así aprendí a leer y a escribir. Me puso a estudiar teatro. Se enamoró de mí. Pero… yo no. Y creo que lo decepcioné. A sus tertulias acudía gente como Alfonso Reyes o Pablo Neruda. Un día me presentó a Diego Rivera y a Frida Kahlo. Jamás me imaginé estar entre gente como ellos.”
Jamás imaginó, tampoco, conocer a Ernest Hemingway. “Fuimos a Cuba a grabar unos exteriores y ahí conocí a Ernesto. Después de un mes de rodaje, la señora María Luisa Gómez Mena organizó una cena para todo el equipo en su mansión. Invitó a más gente, entre ellos a Ernesto. Nos presentaron y hablamos sobre sus andanzas en España y sobre su novia segoviana. “Era tan guapa como tú”, me dijo. Cuando acabamos de comer salieron los criados con unas bandejas de puros para quien quisiera. Ernesto cogió uno para él y otro para mí. Y me dijo: “no sé por qué me da que tú vas a fumar muy bien. Como la señora Gómez Mena, muy elegante.” Uy, yo casi me ahogo con el humo. Él me dijo: “no tienes que tragarte el humo. No debe llegar más allá de la punta de tu lengua.” Y eso hago hasta ahora. Sigo fumando de vez en cuando. Y sé que cuando fumo mi mano está muy bien puesta. Hay mujeres que cogen el cigarro mal, arrugado, pero yo lo hago con la mano estirada. Me lo ha dicho mucha gente y yo sé que tengo ese don.” Y al contar esto, le resulta inevitable rememorar aquella escena de El último cuplé en donde, acompañada por la música de piano y recostada en una chaisse-longe, derrama sensualidad.


Con la comedia "Cinco almohadas para una noche" (Pedro Lazaga, 1974) dejó el cine. "El destape no era para mí", explica la actriz. "Era muy vulgar. Tuve muchas ofertas, pero no acepté". 

Tiene más planes. “Aquí en mi casa guardo 150 vestidos de noche. Cuando tenga tiempo y ganas haré una exposición con ellos. Cogeré a dos o tres modelos y haré una fiesta a beneficio de algo. También pienso vender esta casa. Ya es de mis hijos y ellos la quieren vender. Nos iremos al piso de Plaza de España.”
Tiene una memoria precisa. “Es demasiada. A veces no quisiera tener la memoria que tengo. Me acuerdo muy bien de todo y eso no a todos les gusta.” Cuando empieza a ver las fotos incluidas en su autobiografía Vivir es un placer (Plaza&Janés, 2000) recuerda las fechas y las circunstancias exactas en que fueron hechas. “Me veo y digo: ¡coño!, ¿yo era así?... ¡Madre mía!”
Tiene dos hijos y el recuerdo de once que no fueron. “He tenido once abortos. El último, a los 51 años. Intenté e intenté parir, pero no pude. Al final adopté dos: Thais y Zeus, que los amo con todo mi corazón. Hubo una vez que casi lo lograba. En el 59, cuando ya tenía una panza enorme de ocho meses, me caí al salir del estudio de mi marido. Caí de culo, sentada, y empecé a reírme: “pero ¿será posible?, ¿seré tonta?” A las cuatro horas empecé a sangrar como un cochinillo al que le rajan el cuello. Me llevaron al hospital, me hicieron una cesárea. El bebé se murió en el momento en que me caí. El doctor que me atendió me dijo que tendría secuelas debido al edema de Quint, y así fue. Me quedaba embarazada pero a los tres, cuatro, cinco meses…, todos los perdía causa de una inflamación en los tejidos blandos.”
Tiene nostalgia de sus amores. “Cuatro matrimonios y… y… ¡Uy!, ya perdí la cuenta de los novios. El primero fue Miguel Mihura. Yo tenía 17 años y él 40. A León Felipe lo quise, pero no me enamoré. El gran amor de mi vida ha sido Severo Ochoa. Pero fue un amor imposible. Clandestino. Lo vi por primera vez en el consulado mexicano de Nueva York y me gustó de inmediato. Y yo a él. Pero estaba casado y, además, no pegaba que él estuviera investigando y yo haciendo películas. ¿Qué iba a ser mi vida con él? ¿Él en su laboratorio y yo tomando el té con las esposas de otros científicos? No. Con Tony Mann estuve casada siete años hasta que nos divorciamos porque cada uno tenía sus planes. Chente [José Vicente Ramírez García-Olalla] fue un error. Quería que dejara mi carrera y se apropió de buena parte de mi dinero. Pepe Tous fue mi gran compañero. ¡27 años juntos! A él le debo el impulso de faceta de cantante y, principalmente, que fue un gran padre para mis hijos hasta el último de sus días.” ¿Y ahora? “Tengo un amigo con derecho a cosquillas. No digo más.” 
El sol entra por la ventana mientras Sara Montiel habla en el rincón favorito de su casa. En este sillón floreado permanece durante horas viendo películas en una pantalla de 85 pulgadas. Y desde aquí se esfuerza por explicar porque ella no es “alguien normal.”
—Yo no soy la clásica señora. No, no. En absoluto. Yo ahora estoy escribiendo y también grabando cosas que publicaré luego o que se publicaran cuando me muera. Porque, claro, tengo 84 años. Ya no tengo mucho tiempo, soy consciente. Pero desde hace 54 años no ha salido alguien como yo, que haga las taquillas que hacía yo. Tengo una placa en un cine de México porque estuve tres años con El último cuplé. Y eso no vuelve a repetirse. Mi éxito, lo que me pasó a mí, llegar a lo que llegué, ya es muy difícil.
—Y la época que usted protagonizo, ¿tampoco volverá?
—Ya no. Porque se acabó el glamur de antes. Era otra manera de lanzar a las estrellas. Los estudios nos cuidaban mucho. Nos protegían. Una estrella no iba al súper mercado a comprar un kilo de carne y unas zanahorias con unos pantalones cualquiera y la camisa por fuera. Hoy sí. Y por eso la gente no les tiene respeto. Ahora la gente no se mata por ver a una estrella, porque las tienen en anuncios, en la tele… Entonces, todo eso quita el misterio que tenían antes las estrellas.
—Pero usted, por ejemplo, ha permitido que la prensa rosa se inmiscuya en su vida privada. ¿No es esta una forma de perder ese misterio del que habla?
—Es que ahora los de la prensa se meten en la vida privada de todos. De todos. Hasta en la de los reyes. Además, yo nunca he escondido nada. Y lo de mi boda con el cubano [Antonio Hernández] y su homosexualidad y yo qué sé… no tiene importancia. No me afectó.
Sara Montiel —la piel bronceada y sin maquillaje— viste siempre de rojo, negro o blanco. “Es un consejo que me dio Marlene Dietrich.” Duerme en camisón. De seda. “Lo delicado me ha gustado toda la vida.” Se guarda algunas cosas que todavía no quiere hacer públicas, como para resarcir su misterio de estrella. Porque ha sido la primera actriz española de fama internacional. Porque es la última diva.


LA FOTO CCCXLIII


Foto de estudio de "Yuma".