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lunes, 26 de agosto de 2024

EL MUNDO DE LAS CANDILEJAS - nº10 1984 - España


TEATRAL MADRILEÑA


-Distinto trabajo al tuyo en esta obra. Distinto, naturalmente, al que nos tenías acostumbrado, amigo Piquer.

-Distinto y difícil, pero muy bueno.

-¿Por qué distinto?

-Porque es un género humorístico que yo no he “tocado” con mucha frecuencia.

-¿Y difícil?

-Porque el personaje que me ha correspondido en “Capullito de Alhelí” necesita una elaboración constante y cada día te ofrece nuevos recursos de comicidad que no puedes desaprovechar, pero que te obligan a estar pendiente del mínimo detalle y a luchar permanentemente para que el tipo ni se desibuje ni se pase.

-Todo el mundo considera a “Capullito de Alhelí” como uno de los grandes éxitos humorísticos de la temporada. ¿Tú también?

-Yo más que nadie.

Para todos es una satisfacción este éxito, porque, al menos, pertenece a un autor “de casa”. Enhorabuena.

 

J.P.

 

SARA

CELIA

OLGA

CARROZAS DE LUJO

Un aire delicioso y extraño flotaba en el Teatro de La Latina madrileño la noche del estreno de “NOSTALGIA”. Un aire que nos llenaba de alegría y nos hacía volver a otros tiempos.


CARROZAS de lujo para un público de lujo que acudía a escuchar una vez más: “Nena”, “Los Nardos”, “La violetera”, “Las viudas”, etc., etc.

Nostalgia. ¿Nostalgia? ¿De qué? Todo cuanto se vio y se escuchó en La Latina aquella noche era tan actual como la mismísima última noticia del día, porque cuando hay talento, arte, gracia e ingenio el tiempo no puede hacer desaparecer nada.

Sara Montiel

La garrida manchega que dijo a los de Hollywood, cuando vinieron a buscarla para interpretar “Orgullo y Pasión”, que no, que no hacía esa película, porque ella ya había encontrado su camino, demostró otra vez que no se había equivocado. Su camino es ese: Cantar, bailar, dialogar con su público como en una tertulia de viejos amigos y pasearse por el escenario “a sus anchas”. Las carrozas arrasaron, porque los años y los apodos no cuentan, si cuenta el arte.

Sara Montiel, “morritos calientes” y aire de ingenua descarada es una carroza, pero una carroza de lujo, que sabe hacer las cosas muy bien.

Me gusta escucharla presumir de años. Ella puede y los años todavía no han podido con ella.

¿Nombres de ayer? ¿Glorias de otro tiempo? Tal vez. Pero, ¿qué nombres de hoy hacen y logran lo que logran y hacen las carrozas de “Nostalgia”? Algunos, sí, tal vez algunos, pero aguardemos, si podemos, a verlos dentro de veinte años.

Celia Gámez

Dicen que todo se ha dicho ya sobre Celia Gámez. Tal vez, quizá, pero lo que no se ha dicho es que es y que es interminable. Yo que estuve en el estreno de “Yola”, “La Cenicienta del Palace”, “Gran Revista”, “La Estrella de Egipto”, “El Águila de fuego” y tantas otras, no sigo, mi lista sería inacabable, si lo hiciera, puedo decir que, a lo peor, los años hayan marcado a la mujer, pero a la artista no la han rozado siquiera. Celia en “La viudas” es la de siempre y, cuando comenzó lo de: “Siento renacer en mí tu amor…” acabó con el mundo. Años, tiempo, toda una vida, sí, pero para mejorar.

Celia que se nos fue un día sin el monumento que se merece, ese monumento a la florista que se alzaría en la mismísima calle de Alcalá madrileña, la florista que vende nardos y promete suerte en el amor, ha vuelto para no marcharse más y esperemos que para acudir a la inauguración de ese monumento que se merece, que el pueblo de Madrid le debe. ¿Lo tendrá?


Olga Guillot

Cabecera de cartel en espectáculos mundiales, valiente, dinámica, impetuosa y cantando como la madre que la parió.

Olga Guillot también presume de “carroza”, pero es una carroza de lujo, porque lujo es poder cantar como ella lo hace y conseguir que el público le pida un “bis” tras de otro.

 Para mí tengo que esto de ser “carroza” ha de ponerse de moda y hacer una vez más, que se confirme el dicho de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Manolo Otero

La nota del día, pero puesta en ritmo de ayer, ya que Manolo dice sus canciones también con nostalgia, para no desentonar. Muchos meses fuera de España, muchos meses trabajando al otro lado del mar y ahora, un Manolo Otero cuajado, lleno de seguridad, esa seguridad que se necesita para colocarse junto a tres mujeres “indiscutibles” como artistas y más indiscutibles aún como figuras en un mundo donde sólo lo positivo es lo que permanece.

No sé si me atrevo a pronosticar cuánto será el tiempo que “NOSTALGIA” seguirá llenando el teatro de la Plaza de la Cebada madrileño, pero, si juzgamos, por cuanto sucede en él cada día, es decir, si la permanencia en cartel de un espectáculo se asienta sobre los resultados de éste en la taquilla del local donde vive, cre que “Nostalgia” tiene una larga vida en este lugar que Lina Morgan ha transformado en uno de los teatros más modernos de Madrid.



EL RECORTE CCCLXVII

Una pequeña entrevista a Sara, Celia y Olga que la revista Teleradio, 3 al 9 de diciembre de 1984, ofrecía a sus lectores. 


NOSTALGIA…

Tres grandes figuras de la escena se han juntado para hacernos sentir nostalgia de aquellos tiempos en que se bailaba a media luz y el conquistar era un arte. Celia Gámez, Olga Guillot y Sara Montiel les invitan al recuerdo…


SIETE de la tarde; estas tres vedettes se preparan para hacer su numerito en escena. Los pasillos de los camerinos son un jolgorio: los hijos de la Montiel corretean de un lado para otro; el perrito faldero de Olga ladra y se mete entre los pies de los recién llegados, es decir, nosotros. Los admiradores de Celia entran y salen de su camerino, una chica hace bocetos, otra barre, suena un timbre; comienza el espectáculo.

-Quisiera charlar un rato con vosotras.

-¡Mi amor!, pues empieza por mí, que yo no salgo hasta más tarde.

-Bien, pues cuéntame tu vida, Olga.

-Nací en Cuba hace cincuenta y cuatro años. En casa a todos nos gustaba cantar; nos reuníamos los domingos toda la familia y unos tocaban, otros cantaban, de ahí nació mi afición. A los trece años mi hermana y yo acudimos a un concurso: “La corte suprema del arte”, y ganamos el segundo premio; nos llenaron de caramelos y nos dieron cinco dólares…

-¿Pero, cuándo empezaste a cantar profesionalmente?

-A los dieciséis años formamos el dúa Hermanas Guillot, y actuamos en muchos sitios; un buen día, mi hermana se hartó y seguí yo solita. Cantaba con grupos y a los diecisiete años me casé. Porque tú sabes que a esa edad en el trópico se es ya toda una mujer, el Caribe es puro gozo. Me casé con el señor que me hizo a mí, a Olga Guillot; él es quien realmente creó a la artista, porque yo tenía la materia prima, pero él puso el resto.

-Ahí empezaste a cantar como solista y a crear un género.

-Sí, creé un estilo, pero nunca he sido bolerista, como se me define. Yo siempre fue jazzista; fui la primera que se atrevió a cantar jazz y blues en Cuba. A los veinte años ya era una figura.

-Pero tu época de mayor esplendor es la de los cincuenta, ¿no?

-Sí, mi amor, porque en los cincuenta entro de lleno en el mundo del disco y me hago internacionalmente conocida; Estados Unidos, Europa, Hispanoamérica, etcétera.

-¿Cuántos discos has grabado?

-Cincuenta elepés, catorce de oro y cuatro de platino.

-Olga, el hecho de ser tan cálida y temperamental, ¿es lo que ha motivado que te hayas casado tantas veces?

-¡Sólo me he casado cinco veces! Mira, yo tengo entendido que cuando dos personas no funcionan, es inmoral continuar la relación; lo mejor es decir: “Tú por tu lado y yo por el mío”. Ahora estoy solita y muy, pero que muy bien.

-¿Cómo es que has vuelto a cantar, si te retiraste hace cuatro años?

-Me retiré, pero he vuelto porque esta proposición de Sara es muy bonita. Yo, aunque dejé lo comercial, sigo cantando para una labor hermosísima que es la UNICEF. En todos aquellos actos culturales o benéficos donde me necesiten, allí estaré yo, con todas mis ganas. Esto que estoy haciendo ahora es porque Sara me dijo: “Vamos a hacer estoy quiero que estés con nosotros, te vas a reencontrar con tu público, la gente te recuerda”, y es realmente hermoso ver cómo el público se emociona con mis canciones, esas canciones que estuvieron prohibidas durante un tiempo en España. El “Tú me acostumbraste…”, era una canción pornográfica y hoy casi resulta infantil; lo que son las cosas. Los jóvenes de entonces se volvían locos por las canciones de Olga Guillot; bastó que las prohibiesen para desearlas más. Estoy contentísima de haber vuelto a España y trabajar junto a estas dos grandes artistas.


Qué decir de Celia Gámez que ustedes no sepan. Celia Gámez, la reina del music-hall, hizo correr durante años torrentes de tinta, desde el momento en que en el colegio de monjas en el que se educó, allá en su Buenos Aires natal, cogiese un periódico y a modo de abanico cantaba: “Yo soy el mejor torero, nacido en Andalucía…”

A los doce años, atraída por el teatro, se esconde entre bastidores para ver las funciones de los musicales; a pesar de la oposición paterna consigue entrar en una compañía haciendo de comparsa. A los tres meses sustituye a na figura y canta por primera vez el número de la banderita de “Las Leandras”. Su padre, malagueño, ha de venir a España por cuestiones de herencia; Celia le acompaña y, atrapada por todo lo español, se queda en nuestro país y comienza su imparable carrera. Cumple sus dieciséis años en el teatro Eslava de Madrid, que luego sería suyo.

-Celia, ¿qué hizo que fueras durante casi treinta años la reina de la revista en España?

-Yo vi que agradaba al público y me volqué. Estudié, fui superándome, viajé para ver otros espectáculos y traer lo mejor a España, todo me parecía poco. Estrené ochenta obras y he tenido compañía propia durante treinta años, cosa difícil de conseguir.

-¿Te hiciste famosa con el tango “A media luz”, no?

-En la obra “El carnet de Eslava”, yo cantaba ese número y me hizo muy famosa; el rey de España me pidió que lo repitiera la noche que fe a verme y lo hice al final de la obra.

-Se decía que eras exigente y muy dura con las chicas.

-Dirigir una compañía no es fácil, a veces había que serlo, pero siempre me he llevado bien con mis chicas. Las vestía donde yo me vestía y las cuidaba bien.

-El éxito de tus espectáculos radicaba en el equipo de gente que te rodeaba; siempre supiste elegir a los mejores coreógrafos, directores, figurinistas, etcétera.

-Sí, eso es cierto; siempre me he rodeado de lo mejorcito.

-Tu boda con el odontólogo vasco, apadrinada por Millán Astray, fue sonada; cuéntame un poco.

-Fue terrible, no pude ni casarme. Acudió todo Madrid; los altares, los bancos, la sacristía, todo estaba lleno…, me casé al día siguiente en una iglesia pequeñita.

-¿Estás contenta de volver a la escena?

-Mira, estoy como loca, no sólo por volver al teatro, sino por estar en España. Cada mañana, cuando despierto, me pellizco porque creo que estoy viviendo un sueño. Es todo tan fantástico… Y con el espectáculo me siento feliz porque le he traído tanta nostalgia a la gente de mi edad… Lo noto cuando pasan a saludarme. Los hijos de éstos también se emocionan y vienen a contármelo, quiero que lo digas: en España soy inmensamente feliz.


Y no ha vuelto Sara Montiel, porque no se había ido. Ahí están, pues, las tres estrellas en un presente de supernovas: "Nostalgia", que es lo que queda al final de todas las cosas buenas. 


Y llegamos a la manchega universal, a la temperamental Sara Montiel. Aquella que conquistara a los astros del Hollywood  de los cincuenta. Entre sus amores: Hemingway, Gary Cooper, Maurice Ronet, James Dean, etcétera, y es que Sara a sus veintipocos años era toda una belleza.

-Sara, ¿cómo se te ocurrió la idea de este espectáculo?

-Pues mira, estando en América, donde pasamos seis meses el año pasado, vi que se vuelve a lo de antes. En Estados Unidos, lo que se lleva es Cole Porter, Glen Miller, la música de los cuarenta y cincuenta, hay una vuelta a todo eso. Entonces ideé hacer “Nostalgia” y pensé en Olga, esta gran artista creadora de un estilo y conocida mundialmente; en Celia, que es un mito, sólo con su presencia ya lo llena todo, y le añadí un elemento joven y con talento, que es Manolo Otero. Pensé en hacer un espectáculo redondo y así ha sido, porque, como verás, el teatro está lleno y hace un día de perros.

-Llevas cuarenta años de profesión, sigues haciéndote las Américas todos los años y continúas teniendo éxito. ¿A qué crees que se debe este fenómeno?

-A que soy una artista. Comencé a los dieciséis años a hacer cine y aquí me tienes.

-Tu época de mayor esplendor, ¿cuándo fue?

-Del sesenta al setenta y tres. Justo a partir de hacer “El último cuplé”, que me dio fama internacional.

-Estuviste cinco años contratada por la Warner, ¿qué películas hiciste en Hollywood?

-“Vera Cruz”, “Serenade” y “Juma”, de Samuel Fuller. Trabajé junto a Vicent Price, Gary Cooper…

-Se dice que eres inmensamente rica.

-Sí, en amores; mi marido y mis hijos me enriquecen.

-¿Y en dinero?

-Alguna cosilla tengo, pero con Boyer, cariño, no hay forma de tener nada; yo creo que se está pasando.

-“Nostalgia”, a pesar de los treinta millones de desembolso que ha supuesto el montaje, te está aportando beneficios, ¿no?

-Eso pregúntaselo a Pepe; yo sólo entiendo de números musicales.

Sara Montiel; espléndida como las joyas que luce en el espectáculo. Un collar con 193 esmeraldas, 25 diamantes, perlas, oro, brillantes, rubíes… “Como verás, no tengo nada falso, mira, mira.” Y yo miro embobada esas inmensas esmeraldas donde el intenso verde me hace soñar con mares lejanos e imposibles…

 

CARMEN ARROYO

Fotos: C. PAZ


LA FOTO CCCLXVII


Sara Montiel en un número de su espectáculo "Nostalgia" (1984-1985).

sábado, 10 de agosto de 2019

EL PURO - Primera quincena Julio de 1.983 - España


HISTORIAS DE PURO AMOR
POR COLASON LOTO
SARA,
NÚMEROS OLVIDADOS
Preguntada la Montiel sobre si en sus Memorias había dicho toda la verdad y nada más que la verdad, engullendo los mofletes y paseando la lengua por el paladar, contestó:
-He sido sincera como la vida misma, pero eso no quiere decir que, en el momento de dictar y de una forma totalmente accidental, se me haya ido el santo al cielo en algún que otro episodio.
Nuestra revista, interesada en descubrir los más íntimos secretos de la manchega, inició una profunda investigación sobre esos “números olvidados” y fruto de ella es la gran exclusiva numerera que seguidamente les ofrecemos.
Primer número olvidado. El que montó en 1946 durante el rodaje de “Mariona Rebull” con textilero catalán. Entre telares sin lanzadera, carretes de hijo y ovillos de lana, perdió aquello que ya nunca más volvería a encontrar.
Segundo número. El de “Locura de amor” y despelote con Felipe el Hermoso. Los numeritos que montara siglos atrás Juana la Loca se quedaron en simples juegos de niños comparados con los arrebatos pasionales que Sarita sufría en los platós cuando encarnaba a la mora Aldara, amante del rey Felipe.
Número tres. Por más que investigamos no hemos podido desempolvar el polvo que sobre este número se cierne.
Número cuatro. El que montó Sara en Méjico. Los galanes se la disputaban: Arturo de Córdova, Pedro Infante, Jorge Negrete, etc. Pero ella se fugó a Yucatán con un chamaquito que le cantaba: “Ya se cayó el arbolito donde dormía la Santa, y ahora dormirá en mi poncho si Hollywood no me la quita”.


Sara Montiel con el puro. 

Número cinco. Lo que el chamaquito temía ocurrió. Número fuerte donde los hubiera, la Sara, dispuesta a escandalizar el Sunset Boulevard. Se instala en Hollywood y se tira al río. Se tira al río, se tira al Gary Cooper, se tira al Burt Lancaster y, sobre todo, se tira a Anthony Mann, que le monta piso y le da papel.
Número seis. El que lió cuando regresó a la Madre Patria cantando el “Fumando espero”, que según hemos deducido de nuestras investigaciones, dedicaba a un empleado de Tabacalera que le llenaba los camerinos de puros habanos y farias gallegas.
Número siete. El que montó con “La violetera”, vendiéndole ramilletes a miles de españolitos sin pensar que no tenían ojal donde ponérselos.
Superados los cincuenta, todos los demás números fueron bajando de intensidad y desmadre. Se podría decir que Sara se plantó en el siete, como los pecados capitales o que en el séptimo descansó, como Jesucristo. “Tuset Street”, “Varietés”, Pepe Tous, Mallorca, michelines en “Interviú”, Saritíssima, adopción de la nena, etc. Nunca han tenido la emoción e intensidad de aquellos “numeritos”. De todos modos, quien tuvo retuvo, y como la esperanza es lo último que se pierde, esperamos que un día de estos la Montiel se suelte del todo el moño y nos deleite con un sesentainueve por lo menos.


EL RECORTE CCCXIV
Quedaban muchos capítulos todavía en la vida de Sara. Ella, en los '80, continuaba con su trabajo y con su Pepe recorriendo el mundo.  Lo muestra este reportaje de la revista Pronto con fecha 4 de Febrero de 1.985. 

SARA MONTIEL,
VACACIONES EN ROMA

Sara Montiel y Pepe Tous descansan en Roma, una de las ciudades europeas que más gustan a la actriz. Sara tiene prevista una gira por América en la que realizará veintiséis recitales. 

Sara Montiel y Pepe Tous están pasando unos días de vacaciones en Roma. En realidad se trata de un descanso previo a la gira que poco después realizará toda la familia acompañando a Sara por América. En abril tiene previsto hacer veintiséis recitales en algo más de dos meses por Estados Unidos, Centroamérica, Méjico y Colombia.
Ahora le toca descansar, sobre todo después del musical “Nostalgia” que desde el mes de noviembre han venido interpretando en Madrid Sara Montiel, Celia Gámez y Olga Guillot. “Roma es una de las capitales europeas que más me gustan –dice Sara- . Poder ver sus obras de arte, recorrer sus calles y visitar sus monumentos es algo que me llena cada vez más, y siempre al final de mi estancia en ella tengo cierta nostalgia de abandonar algo tan bonito”.
Sara Montiel confiesa tener cincuenta y seis años, y a pesar de ellos sigue actuando y cantando. Cuatro meses ha estado en Madrid la obra “Nostalgia”. “Ha sido la recaudación más alta en teatro desde hace muchos años –dice Sara- . Fue la segunda cifra más alta detrás de ‘Barnun’, el musical de Emilio Aragón, Milikito”.
Sin embargo, como  ya hemos dicho, el siguiente proyecto de Sara está en América. Continuar con la obra “Nostalgia” en otras capitales no está previsto. “Celia Gámez tiene el compromiso de grabar un disco y yo en febrero –dice Sara- tengo que hacer los carnavales de Tenerife. Pero sí que vamos a hacer unas sesiones de ‘Nostalgia’, tipo recital en Valencia durante las fallas y otras en Palma de Mallorca. Trataremos de que en medio podamos dedicar unos días a estar en Barcelona. Aunque como mucho sería una semana”.
Sara sigue interesada en los musicales, aunque ya no serán del estilo de “Nostalgia”: “En este he querido rendir homenaje a Celia por su retirada artística de España y porque se lo merece. Pero ya estoy pensando en un próximo espectáculo y desde luego no será una segunda parte de “Nostalgia”. No habrán figuras tan importantes pero serán artistas muy buenos, en un espectáculo para todos los públicos. Aunque quiero resaltar que en estos cuatro meses por el teatro “La Latina” ha pasado una gran cantidad de gente joven, como Alaska y Carlos Berlanga”.


Sara se siente orgullosa de llevar cantando las mismas canciones hace veinticinco años. 

El mismo repertorio
-Últimamente pareces querer volver a recordar canciones que interpretabas hace años, hablo de los tangos. ¿Por qué?
-Porque siempre me gustaron, son bonitos y van perfectamente con mi estilo y personalidad. Luego, porque me lo piden, a la gente le gustan. Es una época que todos quieren y desean recordar con nostalgia y cariño.
-Sara, estás orgullosa de cantar las mismas canciones que hace veintiséis años. ¿Qué opinas?
-Creo que soy la única cantante del mundo que lleva más de veinticinco años cantando las mismas canciones y ganando dinero. No me dejan cantar temas nuevos. No soy como esos cantantes de moda que tienen que sacar un tema nuevo cada temporada para poder seguir estando en el candelero. Una revista norteamericana publicó un reportaje en que se decía que sólo Lena Horne, Frank Sinatra, Perry Como y yo éramos los únicos que llevábamos cantando el mismo repertorio desde el principio.


Sara Montiel se siente una mujer elegante aunque para algunos pueda parecer un tanto extravagante. 

Ha sido precisamente en el reciente homenaje al escritor Camiilo José Cela que se llevó a cabo en Televisión Española cuando Sara Montiel cantó y bailó “Fumando espero” y que fue la delicia del mismo Camilo José Cela.
-¿Sara te consideras una mujer elegante?
-Creo que sí, sin pecar de pedante, pues procuro elegir lo que va con mi personalidad y mi propio estilo. Aunque a lo mejor para algunos sea extravagante.

Fotos: IORIO GIOVANNI


LA FOTO CCCXIV


En Colombia durante su gira Americana. 

domingo, 3 de diciembre de 2017

ANTENA DOMINICAL - 18 de Octubre de 1.981 - España


Alejada desde hace años del cine, Sara Montiel se asoma al teatro en un espectáculo, “Doña Sara de la Mancha” junto a ídolos de anteriores generaciones, como José Guardiola o Ramón Calduch.
“Aún tengo muchos años por delante de vida artística; ahora triunfamos los carrozas”, afirma.
SARA MONTIEL
Aún tengo mucho por delante

Nació en 1928. Pero sus sensuales labios jamás pronunciaron tan fatídica cifra. Hasta que un osado periodista fotocopió su partida de nacimiento. Desde entonces la reina del Chantecler afirma que ha pasado los cuarenta. Incluso, con más benevolencia que otra cosa, se llama a sí misma carroza. Carroza guapa y de lujo.
Últimamente recorre Madrid en una vieja calesa. Pasea con orgullo sus bien disimuladas arrugas. Su cuerpo encorsetado. Sus cuarenta años de intensa vida artística. Dicen que es el par de la sin par Dulcinea del Toboso. Con ustedes Doña Sara de la Mancha.
Y se enfada si le hablan de retiro. Pasa y pisa con garbo. Con esa parsimonia de ilustre dama manchega. Con gestos blandos y voz suave, cadenciosa. Están probando las luces para su nuevo espectáculo. Charla contigo pero no quita la vista del escenario. Ni de los fotógrafos. “Esa cámara más alta, guapo”. Sabe que hay enfoques desafortunados. Y no se puede ir de ingenuo con ella. Tiene arte y oficio.
-¿Va a ser este tu último espectáculo?
-Hombre, no. Me quedan muchos años de vida artística todavía. Hoy día los que estamos triunfando y llenando los teatros somos gente que hemos pasado los 40 años. Ahí está Broadway para demostrarlo.
-Sin embargo últimamente te rodeas de otras figuras de la canción. Carrozas por supuesto. Alguien dirá que eres incapaz de llenar un teatro por ti misma.
-No, no, no. Yo he estado diez meses en solitario en América. He estado en solitario en el Paladium de New York, en Méjico o en Buenos Aires. Y nadie me podrá discutir el éxito. Cuando  se hace un espectáculo en plan Broadway, como éste, siempre se suele ir acompañada. Y como soy bastante inteligente siempre me rodeo de gente muy buena. Antes lo hice con Bonet de Sampedro o Jorge Sepúlveda y ahora con José Guardiola y Ramón Calduch.
-Y recorrer una ciudad en coche de caballos, ¿no es un recurso publicitario que entes no necesitabas?
-En absoluto. Es que como somos muy desenfadados y tenemos un gran sentido del amor, nos dijimos: vamos a vestirnos de cervantinos y damos una vuelta por Madrid. Nos dejaron una calesa maravillosa y el resto ya te lo puedes imaginar. Porque, aunque iba vestida de cervantina nos reconocieron fácilmente y nos paraban a cada instante para saludarnos. Un taxista me llamó carroza y se quedó de piedra cuando le dije que seguro que era más guapa que su mujer.
-¿Y por qué ahora gustas llamarte carroza cuando siempre has mantenido esas luchas titánicas por ocultar tu edad?
-La verdad es que está de moda. Sobre todo entre la gente joven. Yo tengo una sobrina de 16 años que ha salido con un chico hasta hace poco. Y cuando le pregunté la razón por la que lo había dejado me dijo: ¡ay tía!, si es que es un carroza, ya tiene 28 años. Yo creo que es muy bonito ser carroza. Y además de lujo. Como yo.


Sara lleva sus ocultos 53 años con orgullo. Con señorío. Cincuenta y tres años de intensa y ajetreada vida. Desde que allá por 1944 interviniera junto al desaparecido Antonio Casal en su primera película, “Te quiero para mí”. Entonces se llamaba María Alejandra. La frase debió gustarle porque en el ’57 se la repitió al director de cine Anthony Mann y el asunto acabó en matrimonio civil. Posiblemente para resacirse de tal heterodoxia, su segundo matrimonio fue canónico y con ceremonia en la mismísima Roma. Craso error. Porque la separación bajó considerablemente su cuenta corriente.
“La bella Lola” repitió la frase por tercera vez. El afortunado era esta vez el industrial mallorquín Pepe Tous. “La única experiencia matrimonial que repetiría”, según sus propias palabras. Estas y otras razones han hecho casi inexcusable la presencia de la Montiel en las revistas del corazón.
-¿Realmente te gusta sentirte acosada por la prensa?
-Bueno, a veces sacan intimidades que no tienen por qué sacar. Pero no tengo más remedio que aceptarlo. La gente del espectáculo corremos este riesgo y yo comprendo que todo el mundo tiene que ganarse el pan.
-¿Alguien se sorprendió, por ejemplo, cuando apareciste en Interviú como Dios le trajo al mundo?
-La más sorprendida fui yo. Precisamente lo descubrí aquí en el teatro La Latina. Estaba trabajando y al pasar por el pasillo vi un empleado que tenía la revista abierta justamente por mis fotos. Casi me desmayo. Bueno, no desmayarme físicamente, pero imagínate la sorpresa. De todas formas ya es agua pasada.
-Resulta curioso que buena parte de sus admiradores hayan sido señoras de hace 20 o 30 años, con los ideales religiosos muy asumidos, cuando tú siempre has hecho papeles de mujer frívola…
-Cuando yo empecé marqué una época en el cine español. Mis películas se pasaron por todo el mundo. En Argentina, por ejemplo, estuve dos años seguidos en cartel con una sola película, “El útlimo cuplé”. Luego con  “La violetera” estuve primera en recaudación en Francia, creo que fue en el ’58. Quiero decir que me ha visto todo tipo de público. Gente que entonces tenía 18 años y ahora rondan los 40, señoras mayores y otras menos. Yo siempre he sido una persona tremendamente respetuosa con todo el mundo. Y de eso se ha dado cuenta la gente. Además, la imagen que doy en pantalla depende de los personajes que tenga que representar.
-Por cierto,  ¿no se te ocurrió meterte a monja cuando estuviste interna con las dominicas?
-Es cierto que estuve con las dominicas. Además yo quiero mucho a las monjas. Pero es que tengo prohibido hablar de cosas de mi vida privada. Ya sabes que he vendido mis memorias a una editorial y tengo prohibido por contrato referirme a estos temas. Cuando estén terminadas podréis enteraros de estas cosas que tanto os interesan. Lo que ocurre es que el asunto va un poco lento. Tanto Terenci Moix como yo tenemos mucho trabajo y sólo nos reunimos de cuando en cuando.
-¿Alguien puede temer la publicación de tus memorias?
-No creo que nadie pueda temerlas. Sólo te puedo decir que escribo cosas mías y todas las digo yo. Ya te he dicho –insiste- que tengo prohibido hablar de esto. Lo siento.
-También tienen fama de ser un poco anticlerical… Tuviste problemas para la anulación de tu segundo matrimonio y el obispo de Palma se negó a bautizar a tu hija Thais.
-Nos soy anticlerical. Yo creo en Dios. Es cierto que he tenido problemas con algunas jerarquías de la Iglesia pero afortunadamente se arreglaron. La anulación de mi segundo matrimonio me costó trabajo -¿y dinero?-, sí, también bastante dinero. Pero no le doy demasiada importancia. Ya lo he olvidado. Y en cuanto a lo de Thais tampoco tiene mayor trascendencia. El obispo de Palma se negó, efectivamente, a bautizar a Thais. Nos fuimos a Barcelona y todo se arregló inmediatamente.
-¿Te gustaría que Thais siguiera los mismos pasos de su madre?
-Mi hija ahora misma tiene dos años y medio y lo único que me preocupa es darle las vitaminas y la comida a su hora. Aunque, la verdad, a mí me gustaría que fuera artista. Con dos años y medio, tiene un oído bastante fino. Le gusta mucho el ballet y le encantan la televisión y el teatro. O sea el movimiento. La música también le gusta. Pero lo que le enloquece es pintar. Siempre está pidiendo papel y colores. Eso cuando no pinta en las paredes. Me encanta. Y no es un día que se canse y se ponga a hacerlo por aburrimiento. Es continuamente. No para de hacer rayas, manchas de colores… Los colores los distingue perfectamente. ¡Y sólo tiene dos años!
-¿Pareces reunir toda la admiración en tu hija?
-Bueno, aunque parezca una tontería, quiero mucho a la señora Bárbara, mi cocinera. Y a Terence, y a mis médicos. Y, por supuesto a Pepe. Hay, además, una persona a quien admiro especialmente. León Felipe. A quien di aquel polémico beso. Es el beso que más alboroto ha levantado en mi vida.


"Gusto a generaciones muy distintas", afirma Sara, que no vacila en afirmarse "carroza de lujo" y que sólo tiene ojos para su hija Thais. 

Carmen la de Ronda es algo lacónica. Sin embargo cuando habla de la gente que la rodea se deshace en elogios. Da órdenes sobre la marcha. Quedan pocas horas para el estreno de su enésimo espectáculo. Y María Antonia, o María Alejandra, o Sara, se entrega con la misma ilusión que en sus comienzos. Con la misma fuerza y las mismas ganas que en el aquel lejajo concurso de Cifesa que le supuso su salto al estrellazgo.
-¿Qué hubiera sido de Sara Montiel de no habaer ganado aquel concurso?
-Hubiera sido artista de todas maneras. A los cuatro años ya traía loca a mi madre. Le quitaba las colchas para disfrazarme. Y me pasaba el día cantando y haciendo teatro. Recuero que tuve la difteria y me quedé sin habla. Y no creas que me importaba algo la enfermedad, mi única preocupación era la voz.
-Sara, tú que tienes experiencia en el tema, ¿qué les diría a los detractores del divorcio?
-Que me imiten (ja, ja, ja). Ahora en serio: yo les diría que reflexionaran seriamente lo que es vivir todos y cada uno de los días con caras largas y discusiones eternas.
María Antonia Dixit; Doña Sara de la Mancha.

Juan C. CIRCO


EL RECORTE CCLXVII
Desde que Sara formase su familia con Pepe, Thais y Zeus, éstos estaban con la cantante donde quiera que fuese. Era usual que apareciesen para cerrar sus espectáculos y que fuesen el centro de todas las miradas, anónimas e ilustres. Ellos son los protagonistas de este reportaje de la revista Lecturas de 9 de Noviembre de 1.984. Con una visita de lujo: los Condes de Barcelona. 

SARA MONTIEL
actuó con sus hijos ante los
Condes de Barcelona
En el entreacto, los padres del Rey saludaron a la artista y a sus pequeños así como a Celia Gámen, Olga Guillot y Manolo Otero compañeros de Sara en el espectáculo “Nostalgia” que se representa en un teatro madrileño. 

Los condes de Barcelona, con Sara, sus hijos, Manolo Otero, Olga Guillot y Celia Gámez. 


Sara cedió el micrófono a Thais para que saludara a los Condes y al público en general. 


La condesa de Barcelona, contemplando al pequeño Zeus, en brazos de su madre. El niño tiene ahora 17 meses. 

Sus Altezas Reales los condes de Barcelona, don Juan y doña María de las Mercedes de Borbón, padres del Rey, han visto el espectáculo “Nostalgia”, de Sara Montiel, estrella que ha contratado a Celia Gámez, a Olga Guillot y a Manolo Otero.
Tres mitos –Sara, Celia y Olga- con el joven Manolo interpretando canciones inolvidables están sorprendiendo a diario a la gente –adulta, madura- que llena el teatro y que lo pasa bien.
Sara Montiel, además, presume de hijos y muchas tardes Thais y el pequeño Zeus irrumpen en el escenario, conversan con su madre, saludan al público y hasta piden un aplauso para la orquesta, para mamá y para ellos.
Thais y Zeus, de cinco años la niña y recién cumplidos diecisiete meses el varón, subieron al escenario la tarde en que se encontraban en un palco los condes de Barcelona. Los niños llevaban sendos claveles rojos en sus manos. Y Thais dijo: “Son para don Juan y doña María de las Mercedes”. Se las dieron durante el intermedio. Los condes de Barcelona departieron sencilla y llanamente con Sara, con Celia, con Olga y con Manolo. Naturalmente, allí estaba el marido de Sara, Pepe Tous, y el empresario José Luís López Segovia, hermano de Lina Morgan, propietarios del teatro La Latina.


Thais y Zeus en el escenario del teatro, junto a su madre. 


Zeus y Thais llevaban sendos claveles rojos en la mano para entregar a los condes de Barcelona. 


Celia Gámez se emocionó al saludar a don Juan de Borbón “al que conocí –recordaba la gran vedette de revista- cuando aún llevaba pantalón corto”. Efectivamente, don Juan rió: “Fue en 1927”. Después, cuando la familia real vivió en Estoril, Portugal, Celia Gámez visitó varias veces “Villa Giralda”.
Celia, que interpreta a diario números de las revistas musicales que ella estrenó en España, cantó para los condes de Barcelona, especialmente la canción “El perdón de las flores”, un pasacalle que hace veinticinco años cantaba a los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia.


Sara Montiel, con su marido, Pepe Tous y sus dos hijos, en el camerino del teatro. Thais, la niña, cumplirá seis años el 3 de marzo. 

Don Juan de Borbón se interesó por el estado de Lina. José Luís, el hermano, le informó de que el doctor Muiños había quedado asombrado de la recuperación de Lina Morgan tras la operación a que la sometió por desprendimiento de retina.
-Se encuentra muy bien, Alteza, muy bien. Descansa todavía, pasa unas vacaciones en las Islas Canarias, pero pronto volverá al escenario.
Don Juan contó que le había dado mucha pena verla en la clínica de Barcelona, puesto que él conoce perfectamente lo que supone una operación así.
Doña María de las Mercedes conversó con Sara y contempló sonriente a Thais y Zeus.
Con los condes de Barcelona se encontraban los duques de Alburquenque y el coronel Luís Fernández de Mesa.  


Javier de Montini
Fotos: Félix Gómez


LA FOTO CCLXVII


Una Sara más inusual en los '80.