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lunes, 26 de agosto de 2024

EL MUNDO DE LAS CANDILEJAS - nº10 1984 - España


TEATRAL MADRILEÑA


-Distinto trabajo al tuyo en esta obra. Distinto, naturalmente, al que nos tenías acostumbrado, amigo Piquer.

-Distinto y difícil, pero muy bueno.

-¿Por qué distinto?

-Porque es un género humorístico que yo no he “tocado” con mucha frecuencia.

-¿Y difícil?

-Porque el personaje que me ha correspondido en “Capullito de Alhelí” necesita una elaboración constante y cada día te ofrece nuevos recursos de comicidad que no puedes desaprovechar, pero que te obligan a estar pendiente del mínimo detalle y a luchar permanentemente para que el tipo ni se desibuje ni se pase.

-Todo el mundo considera a “Capullito de Alhelí” como uno de los grandes éxitos humorísticos de la temporada. ¿Tú también?

-Yo más que nadie.

Para todos es una satisfacción este éxito, porque, al menos, pertenece a un autor “de casa”. Enhorabuena.

 

J.P.

 

SARA

CELIA

OLGA

CARROZAS DE LUJO

Un aire delicioso y extraño flotaba en el Teatro de La Latina madrileño la noche del estreno de “NOSTALGIA”. Un aire que nos llenaba de alegría y nos hacía volver a otros tiempos.


CARROZAS de lujo para un público de lujo que acudía a escuchar una vez más: “Nena”, “Los Nardos”, “La violetera”, “Las viudas”, etc., etc.

Nostalgia. ¿Nostalgia? ¿De qué? Todo cuanto se vio y se escuchó en La Latina aquella noche era tan actual como la mismísima última noticia del día, porque cuando hay talento, arte, gracia e ingenio el tiempo no puede hacer desaparecer nada.

Sara Montiel

La garrida manchega que dijo a los de Hollywood, cuando vinieron a buscarla para interpretar “Orgullo y Pasión”, que no, que no hacía esa película, porque ella ya había encontrado su camino, demostró otra vez que no se había equivocado. Su camino es ese: Cantar, bailar, dialogar con su público como en una tertulia de viejos amigos y pasearse por el escenario “a sus anchas”. Las carrozas arrasaron, porque los años y los apodos no cuentan, si cuenta el arte.

Sara Montiel, “morritos calientes” y aire de ingenua descarada es una carroza, pero una carroza de lujo, que sabe hacer las cosas muy bien.

Me gusta escucharla presumir de años. Ella puede y los años todavía no han podido con ella.

¿Nombres de ayer? ¿Glorias de otro tiempo? Tal vez. Pero, ¿qué nombres de hoy hacen y logran lo que logran y hacen las carrozas de “Nostalgia”? Algunos, sí, tal vez algunos, pero aguardemos, si podemos, a verlos dentro de veinte años.

Celia Gámez

Dicen que todo se ha dicho ya sobre Celia Gámez. Tal vez, quizá, pero lo que no se ha dicho es que es y que es interminable. Yo que estuve en el estreno de “Yola”, “La Cenicienta del Palace”, “Gran Revista”, “La Estrella de Egipto”, “El Águila de fuego” y tantas otras, no sigo, mi lista sería inacabable, si lo hiciera, puedo decir que, a lo peor, los años hayan marcado a la mujer, pero a la artista no la han rozado siquiera. Celia en “La viudas” es la de siempre y, cuando comenzó lo de: “Siento renacer en mí tu amor…” acabó con el mundo. Años, tiempo, toda una vida, sí, pero para mejorar.

Celia que se nos fue un día sin el monumento que se merece, ese monumento a la florista que se alzaría en la mismísima calle de Alcalá madrileña, la florista que vende nardos y promete suerte en el amor, ha vuelto para no marcharse más y esperemos que para acudir a la inauguración de ese monumento que se merece, que el pueblo de Madrid le debe. ¿Lo tendrá?


Olga Guillot

Cabecera de cartel en espectáculos mundiales, valiente, dinámica, impetuosa y cantando como la madre que la parió.

Olga Guillot también presume de “carroza”, pero es una carroza de lujo, porque lujo es poder cantar como ella lo hace y conseguir que el público le pida un “bis” tras de otro.

 Para mí tengo que esto de ser “carroza” ha de ponerse de moda y hacer una vez más, que se confirme el dicho de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Manolo Otero

La nota del día, pero puesta en ritmo de ayer, ya que Manolo dice sus canciones también con nostalgia, para no desentonar. Muchos meses fuera de España, muchos meses trabajando al otro lado del mar y ahora, un Manolo Otero cuajado, lleno de seguridad, esa seguridad que se necesita para colocarse junto a tres mujeres “indiscutibles” como artistas y más indiscutibles aún como figuras en un mundo donde sólo lo positivo es lo que permanece.

No sé si me atrevo a pronosticar cuánto será el tiempo que “NOSTALGIA” seguirá llenando el teatro de la Plaza de la Cebada madrileño, pero, si juzgamos, por cuanto sucede en él cada día, es decir, si la permanencia en cartel de un espectáculo se asienta sobre los resultados de éste en la taquilla del local donde vive, cre que “Nostalgia” tiene una larga vida en este lugar que Lina Morgan ha transformado en uno de los teatros más modernos de Madrid.



EL RECORTE CCCLXVII

Una pequeña entrevista a Sara, Celia y Olga que la revista Teleradio, 3 al 9 de diciembre de 1984, ofrecía a sus lectores. 


NOSTALGIA…

Tres grandes figuras de la escena se han juntado para hacernos sentir nostalgia de aquellos tiempos en que se bailaba a media luz y el conquistar era un arte. Celia Gámez, Olga Guillot y Sara Montiel les invitan al recuerdo…


SIETE de la tarde; estas tres vedettes se preparan para hacer su numerito en escena. Los pasillos de los camerinos son un jolgorio: los hijos de la Montiel corretean de un lado para otro; el perrito faldero de Olga ladra y se mete entre los pies de los recién llegados, es decir, nosotros. Los admiradores de Celia entran y salen de su camerino, una chica hace bocetos, otra barre, suena un timbre; comienza el espectáculo.

-Quisiera charlar un rato con vosotras.

-¡Mi amor!, pues empieza por mí, que yo no salgo hasta más tarde.

-Bien, pues cuéntame tu vida, Olga.

-Nací en Cuba hace cincuenta y cuatro años. En casa a todos nos gustaba cantar; nos reuníamos los domingos toda la familia y unos tocaban, otros cantaban, de ahí nació mi afición. A los trece años mi hermana y yo acudimos a un concurso: “La corte suprema del arte”, y ganamos el segundo premio; nos llenaron de caramelos y nos dieron cinco dólares…

-¿Pero, cuándo empezaste a cantar profesionalmente?

-A los dieciséis años formamos el dúa Hermanas Guillot, y actuamos en muchos sitios; un buen día, mi hermana se hartó y seguí yo solita. Cantaba con grupos y a los diecisiete años me casé. Porque tú sabes que a esa edad en el trópico se es ya toda una mujer, el Caribe es puro gozo. Me casé con el señor que me hizo a mí, a Olga Guillot; él es quien realmente creó a la artista, porque yo tenía la materia prima, pero él puso el resto.

-Ahí empezaste a cantar como solista y a crear un género.

-Sí, creé un estilo, pero nunca he sido bolerista, como se me define. Yo siempre fue jazzista; fui la primera que se atrevió a cantar jazz y blues en Cuba. A los veinte años ya era una figura.

-Pero tu época de mayor esplendor es la de los cincuenta, ¿no?

-Sí, mi amor, porque en los cincuenta entro de lleno en el mundo del disco y me hago internacionalmente conocida; Estados Unidos, Europa, Hispanoamérica, etcétera.

-¿Cuántos discos has grabado?

-Cincuenta elepés, catorce de oro y cuatro de platino.

-Olga, el hecho de ser tan cálida y temperamental, ¿es lo que ha motivado que te hayas casado tantas veces?

-¡Sólo me he casado cinco veces! Mira, yo tengo entendido que cuando dos personas no funcionan, es inmoral continuar la relación; lo mejor es decir: “Tú por tu lado y yo por el mío”. Ahora estoy solita y muy, pero que muy bien.

-¿Cómo es que has vuelto a cantar, si te retiraste hace cuatro años?

-Me retiré, pero he vuelto porque esta proposición de Sara es muy bonita. Yo, aunque dejé lo comercial, sigo cantando para una labor hermosísima que es la UNICEF. En todos aquellos actos culturales o benéficos donde me necesiten, allí estaré yo, con todas mis ganas. Esto que estoy haciendo ahora es porque Sara me dijo: “Vamos a hacer estoy quiero que estés con nosotros, te vas a reencontrar con tu público, la gente te recuerda”, y es realmente hermoso ver cómo el público se emociona con mis canciones, esas canciones que estuvieron prohibidas durante un tiempo en España. El “Tú me acostumbraste…”, era una canción pornográfica y hoy casi resulta infantil; lo que son las cosas. Los jóvenes de entonces se volvían locos por las canciones de Olga Guillot; bastó que las prohibiesen para desearlas más. Estoy contentísima de haber vuelto a España y trabajar junto a estas dos grandes artistas.


Qué decir de Celia Gámez que ustedes no sepan. Celia Gámez, la reina del music-hall, hizo correr durante años torrentes de tinta, desde el momento en que en el colegio de monjas en el que se educó, allá en su Buenos Aires natal, cogiese un periódico y a modo de abanico cantaba: “Yo soy el mejor torero, nacido en Andalucía…”

A los doce años, atraída por el teatro, se esconde entre bastidores para ver las funciones de los musicales; a pesar de la oposición paterna consigue entrar en una compañía haciendo de comparsa. A los tres meses sustituye a na figura y canta por primera vez el número de la banderita de “Las Leandras”. Su padre, malagueño, ha de venir a España por cuestiones de herencia; Celia le acompaña y, atrapada por todo lo español, se queda en nuestro país y comienza su imparable carrera. Cumple sus dieciséis años en el teatro Eslava de Madrid, que luego sería suyo.

-Celia, ¿qué hizo que fueras durante casi treinta años la reina de la revista en España?

-Yo vi que agradaba al público y me volqué. Estudié, fui superándome, viajé para ver otros espectáculos y traer lo mejor a España, todo me parecía poco. Estrené ochenta obras y he tenido compañía propia durante treinta años, cosa difícil de conseguir.

-¿Te hiciste famosa con el tango “A media luz”, no?

-En la obra “El carnet de Eslava”, yo cantaba ese número y me hizo muy famosa; el rey de España me pidió que lo repitiera la noche que fe a verme y lo hice al final de la obra.

-Se decía que eras exigente y muy dura con las chicas.

-Dirigir una compañía no es fácil, a veces había que serlo, pero siempre me he llevado bien con mis chicas. Las vestía donde yo me vestía y las cuidaba bien.

-El éxito de tus espectáculos radicaba en el equipo de gente que te rodeaba; siempre supiste elegir a los mejores coreógrafos, directores, figurinistas, etcétera.

-Sí, eso es cierto; siempre me he rodeado de lo mejorcito.

-Tu boda con el odontólogo vasco, apadrinada por Millán Astray, fue sonada; cuéntame un poco.

-Fue terrible, no pude ni casarme. Acudió todo Madrid; los altares, los bancos, la sacristía, todo estaba lleno…, me casé al día siguiente en una iglesia pequeñita.

-¿Estás contenta de volver a la escena?

-Mira, estoy como loca, no sólo por volver al teatro, sino por estar en España. Cada mañana, cuando despierto, me pellizco porque creo que estoy viviendo un sueño. Es todo tan fantástico… Y con el espectáculo me siento feliz porque le he traído tanta nostalgia a la gente de mi edad… Lo noto cuando pasan a saludarme. Los hijos de éstos también se emocionan y vienen a contármelo, quiero que lo digas: en España soy inmensamente feliz.


Y no ha vuelto Sara Montiel, porque no se había ido. Ahí están, pues, las tres estrellas en un presente de supernovas: "Nostalgia", que es lo que queda al final de todas las cosas buenas. 


Y llegamos a la manchega universal, a la temperamental Sara Montiel. Aquella que conquistara a los astros del Hollywood  de los cincuenta. Entre sus amores: Hemingway, Gary Cooper, Maurice Ronet, James Dean, etcétera, y es que Sara a sus veintipocos años era toda una belleza.

-Sara, ¿cómo se te ocurrió la idea de este espectáculo?

-Pues mira, estando en América, donde pasamos seis meses el año pasado, vi que se vuelve a lo de antes. En Estados Unidos, lo que se lleva es Cole Porter, Glen Miller, la música de los cuarenta y cincuenta, hay una vuelta a todo eso. Entonces ideé hacer “Nostalgia” y pensé en Olga, esta gran artista creadora de un estilo y conocida mundialmente; en Celia, que es un mito, sólo con su presencia ya lo llena todo, y le añadí un elemento joven y con talento, que es Manolo Otero. Pensé en hacer un espectáculo redondo y así ha sido, porque, como verás, el teatro está lleno y hace un día de perros.

-Llevas cuarenta años de profesión, sigues haciéndote las Américas todos los años y continúas teniendo éxito. ¿A qué crees que se debe este fenómeno?

-A que soy una artista. Comencé a los dieciséis años a hacer cine y aquí me tienes.

-Tu época de mayor esplendor, ¿cuándo fue?

-Del sesenta al setenta y tres. Justo a partir de hacer “El último cuplé”, que me dio fama internacional.

-Estuviste cinco años contratada por la Warner, ¿qué películas hiciste en Hollywood?

-“Vera Cruz”, “Serenade” y “Juma”, de Samuel Fuller. Trabajé junto a Vicent Price, Gary Cooper…

-Se dice que eres inmensamente rica.

-Sí, en amores; mi marido y mis hijos me enriquecen.

-¿Y en dinero?

-Alguna cosilla tengo, pero con Boyer, cariño, no hay forma de tener nada; yo creo que se está pasando.

-“Nostalgia”, a pesar de los treinta millones de desembolso que ha supuesto el montaje, te está aportando beneficios, ¿no?

-Eso pregúntaselo a Pepe; yo sólo entiendo de números musicales.

Sara Montiel; espléndida como las joyas que luce en el espectáculo. Un collar con 193 esmeraldas, 25 diamantes, perlas, oro, brillantes, rubíes… “Como verás, no tengo nada falso, mira, mira.” Y yo miro embobada esas inmensas esmeraldas donde el intenso verde me hace soñar con mares lejanos e imposibles…

 

CARMEN ARROYO

Fotos: C. PAZ


LA FOTO CCCLXVII


Sara Montiel en un número de su espectáculo "Nostalgia" (1984-1985).

viernes, 3 de marzo de 2023

SEMANA - 8 de junio de 1974 - España


SARA MONTIEL

confidencias de mujer a mujer

“TUVE UN HIJO Y SE ME MURIÓ POCO DESPUÉS DE NACER”

“SOY FELIZ, PORQUE NO LE EXIJO DEMASIADO A LA VIDA”



Sara Montiel dice que no se “duerme en los laureles”, y es verdad. Porque en Barcelona acaba de batir récords de taquilla con su espectáculo “Saritísima”, y ahora le esperan setenta galas, con actuaciones en Argentina, Suiza y Rumanía. El tiempo pasa inexorablemente, pero ella sigue en la brecha tan pimpante, diciendo que la vida es maravillosa y entregándose de verdad y día a día a esa apasionante profesión que ella siente hasta lo más profundo y a la que rinde un verdadero culto.

Sara Montiel ha desbordado la personalidad de María Antonia Abad, que es su verdadero nombre. Aquélla es la diva impetuosa, dura, exigente, responsable, vehemente. Esta es la mujer, sencilla, romántica, sentimental, humana y tremendamente femenina. Sara y María Antonia: la “leona” y la mujer normal, agradable y sosegada. ¿Y quién ha dominado a quién? Ella dice que se siente por completo Sara Montiel. “Aunque comprendo que María Antonia es muy rica”, añade, sonriendo picaronamente.

Nació manchega y confiesa tener cuarenta y un años. Esto último es lo de menos. Cuando una mujer tiene una personalidad arrolladora, no importa su edad. Decía aquella eximia actriz y maravillosa mujer que fue Vivien Leigh, que la mujer-mujer sólo tiene la edad justa y necesaria en cada momento. Y seguro que tenía toda la razón del mundo.

Sara Montiel se crio en Orihuela y allí pasó toda la guerra. Nació de un padre y madre viudos, a los que profesó siempre un amor sin límites, especialmente a su madre, que hasta hace pocos años fue su más fiel consejera y su más entrañable amiga. Casi su otro yo.

Fueron cuatro hermanos, tres hembras y un varón. Y una familia extraordinariamente unida.



Sara Montiel, junto a su amiga y compañera en el espectáculo Perla Cristal. Dos estrellas que se complementan en el escenario y que recorren España de éxito en éxito. 

-¿Cuál es el recuerdo de tu infancia que te ha quedado más grabado?

-Las colchas manchegas que tenía mi madre y que yo me ponía con cuatro y cinco años para hacer teatro en mi casa. Y cuando dormía con mi hermana mayor, que me lleva veintidós años y que fue quien prácticamente me crio.

-¿A quién te pareces tú?

-A mi madre, sobre todo en la paciencia.

-¿Te ha dado la vida todo lo que merecías? ¿Más o menos?

-La vida me ha dado demasiado. Sobre todo unos padres maravillosos. Yo he luchado mucho, es verdad, pero a cambio he tenido éxitos, triunfos y todo lo que he necesitado. Además, Dios me ha concedido una gran salud y gente buena alrededor. He conocido el Amor, con mayúscula, y he amado y me he sentido amada. ¿Qué más puedo pedir?

-¿Qué deseas ahora que has llegado al cenit de tu vida?

-Lo mismo. Seguir viviendo, luchando y amando.

-¿Qué admiras por encima de todo?

-Al que está detrás de unas candilejas. Y la bondad y la sinceridad. Es decir, todo lo que no se aprende. Sino que se lleva en la sangre. 



-¿Tú no mientes nunca?

-A veces tengo que mentir por no hacer daño. Pero no soy mentirosa. Es distinto. Los que son hipócritas y calumniadores de corazón, a ésos los llevaría al patíbulo.

-¿Y de la fidelidad, qué opinas?

-Eso ya es otra cosa y depende de la vida. Pero lo otro, el ser auténtico, verdadero, lo decides tú.

-Se dicen tantas cosas de ti, Sara… ¿Cómo eres de verdad? Dilo tú.

-La gente habla de mí sin conocerme. A mí no me conoce nadie, porque ni me conozco yo. Soy una mezcla de todo. Responsable y exigente con mi trabajo. Absorbente y dura. Y cariñosa y sensible. Todo mezclado.

-¿Todo lo que te propones lo consigues?

-Todo no. Me hubiese gustado conseguir un Oscar y no lo he tenido.

-¿Has hecho muchas concesiones en tu vida por el dinero?

-No; a mí el dinero me importa un bledo. Si el dinero no sirve ni para curar a una persona enferma, no sirve para nada.

-¿Crees que en la vida hay gente buena y gente mala?

-Yo no creo que haya gente muy buena, ni gente muy mala. Simplemente creo que hay que “creer” en la gente. Yo creo, por ejemplo, absolutamente en la amistad, a pesar de que muchos amigos me hayan defraudado.

-¿Si volvieses a nacer, harías todo lo que has hecho hasta ahora?

-Sí; si volviese a nacer, volvería a empezar. Pero sería más fría. ¡Maldita sea!

-¿No es malo creerse que uno es más guapo que nadie? ¿A ti no te ha pasado un poco eso?

-Como comprenderás no puedo pensar que soy fea, porque  a la vista está; pero nunca he pensado que yo fuese más guapa que las demás. Mira, tengo una sobrina que es muchísimo más guapa que yo.



-Sara, ¿serías capaz de hablarme con la “mano en el corazón” de los hombres que han pasado por tu vida? ¿De quién verdaderamente has estado enamorada y de quién no?

-Mira, por mi vida han pasado hombres a “patadas”, pero que hayan permanecido o que me hayan dejado huella, poquísimos. Primero porque hay muy pocos hombres de verdad. Y porque, contrariamente a lo que la gente pueda pensar, a mí me resulta dificilísimo enamorarme: ahora, eso sí, cuando lo hago, “caigo de cabeza”. No tengo término medio.

-¿Cómo ha de ser el tipo de hombre que sea capaz de dejarte huella?

-A mí el hombre me tiene que entrar por muchos caminos. Pido el hombre en todo: en la educación, en el señorío, en la responsabilidad…

-¿Estuviste realmente enamorada de tu primer marido, Anthony Mann, o sólo te casaste con él para promocionarte en el cine, porque él era un gran director?

-Anthony Mann era un hombre “divino”. Estuve casi siete años casada con él. En el trabajo nos compenetrábamos totalmente y yo le admiraba. Pero quizá yo era demasiado joven para él y notaba una distancia insalvable. Sin embargo, creo que le quise mucho.

-¿Qué pasó con el hombre que fue tu segundo marido?

-Que en seguida se plantearon problemas, porque creyó que yo iba a ser una mujer normal de mi casa, y eso no era lógico. Él me conoció siendo Sara Montiel, y como seguramente no debió entenderlo, lo mejor fue cortar por lo sano.

-¿Ahora estás enamorada de verdad?

-Completamente. Y además de una manera tranquila y sosegada. No hay el menor problema entre los dos. Ni de celos, ni de nada.

-¿Repetirías una nueva experiencia matrimonial?

-Claro, ¿por qué no?

-¿Las cosas llevan camino de conduciros a ese fin?

-Sí. Cuando hay amor, no importa esperar. Y como te he dicho antes, yo he aprendido de mi madre a ser paciente. 



En efecto, el amor que Sara Montiel tiene en Palma de Mallorca es duradero e ilusionado. Él se desplaza con gran asiduidad donde ella está actuando; siempre que puede la acompaña en sus viajes, y ella va a la isla (donde tiene una hermosa casa) con toda la frecuencia que su incesante actividad artística le permite. Y han puesto sus mayores esperanzas en el futuro de ese amor.

-¿No te has quedado con la frustración de ser madre?

-No, porque lo he sido.

-¿Cuándo? Háblame de eso.

-Tuve un hijo; me hicieron la cesárea y se me murió poco después. Yo estaba casada con Anthony Mann. En 1959 me quedé encinta dos veces y también los perdí, y además lo pasé muy mal. Pero cualquier día los tendré por pares. Ya verás. Pero te aseguro que lo que me horroriza es que me venga mal. Tengo tan mal recuerdo de esperar un hijo…

-¿Entonces, esa operación de tu famoso ombligo, era para quitar la cicatriz de aquella cesárea?

-Exacto.

-¿Y por qué no habías dicho nunca que tuviste un hijo?

-Porque no creo que le interesase a nadie el saberlo. Lo que pasa es que como ahora estamos en plan de confidencias… te lo digo.

-De verdad, de verdad, Sara, ¿eres una mujer feliz?

-Muchas cosas me han salido mal. He tenido muchos disgustos y muchas alegrías. Muchos problemas y muchas cosas que me han sido fáciles. Pero soy feliz. Quizá con esa felicidad que estriba en no exigir demasiado a la vida.

-¿Hasta cuándo vas a trabajar, Sara?

-Hasta que me muera. Cuando ya no pueda actuar cara al público o hacer películas, dirigiré. Sí, lo tengo decidido. Cuando sea del todo mayor seré directora de cine o de teatro. Pero siempre estaré ligada a la vida artística. Adoro mi profesión y es toda mi vida.

-¿A qué actriz admiras más?

-Sin duda ninguna, a Elizabeth Taylor, porque es una luchadora como yo, y, desde luego, una mujer sensacional.

-¿Rezas alguna vez, Sara?

-Sí; rezo por mi madre.

-¿Te has sentido sola muchas veces?

-¡Quién no se siente solo a veces! De todas formas yo siempre tengo a mis hermanos alrededor. Somos una familia muy unida. Además viajo muchísimo; y el trabajo me absorbe. Y por encima de todo amo y me siento amada, que es lo que verdaderamente ayuda a vivir.

-Cuéntame alguna anécdota reciente.

-Pues, mira: actuando aquí, en Barcelona, hace unos días, con esa boa de plumas de marabú que saco en uno de los números, no sé lo que pasó, que de pronto, mientras cantaba, me tragué una pluma. Creí que me ahogaba, te lo aseguro. Yo no sé si el público se dio cuenta o no, pero pasé un rato fatal cuando se me quedó atravesada en la garganta. Pero me dije, con toda la serenidad que pude: “Antonia, a tragar y a seguir cantando.” Y así fue. Pero, hija, qué mal rato pasé –añade riendo.




Y Sara Montiel, cuya apariencia de diva que está por encima de todo parece fría, distante, pagada de sí misma y nada asequible, resulta que no es así. Tiene algo de eso, pero en una difícil y arriesgada mezcla con la personalidad de la mujer sin la cual no existiría: María Antonia Abad. Amable, simpática, generosa y condescendiente con sus empleados y con la gente que le rodea. Afable, paciente, risueña… Son las dos caras de Sara Montiel, aunque con los mismos ojos rasgados y los mismos gestos y facciones sugerentes y atractivos. Sara Montiel, además, como todas las famosas, ha estado sujeta a todo tipo de críticas y de especulaciones en cuanto a su vida privada. Sin embargo, Sara Montiel no bebe más que agua mineral, se acuesta temprano y se cuida mucho más que cualquier mujer normal. Fumar, eso sí lo hace, casi continuamente; pero, como ella dice, es la válvula de escape de sus nervios. En cuanto a que la gente diga que está demasiado “metida en carnes”, o que si tiene tal o cual edad, a ella le trae sin cuidado y no sólo lo “encaja” olímpicamente, sino que en sus actuaciones se “autoburla” de sus propios defectos y alardea de todo cuanto la gente habla en contra de ella. De esa forma, en indudable que nunca se dejará dominar por los complejos. Y como ella dice, con sorna: “Le doy cada sorpresa al público…” Y acentúa sus palabras con esa laxitud verbal que emplea siempre cuando habla y que uno no sabe si es ironía o naturalidad.

 

Mary MÉRIDA



EL RECORTE CCCLXXV

A Sara Montiel muchas veces le echaron en cara hacer siempre lo mismo. Lo cierto es que pudo mantenerse hasta el final haciendo siempre lo mismo (según quienes la criticaban) y siempre logró sorprender. Léase este artículo de Pronto, 22 de octubre de 1984 y su espectáculo 'Nostalgias'. Los camerinos se convertían, a su vez, en el confesionario de la estrella (al menos de lo que ella quiso compartir). 


EL ESCANDALOSO ESPECTÁCULO DE

SARA MONTIEL


Sara Montiel se vistió de "punky" en un show del teatro "La Latina" de Madrid. El aplauso por su espectáculo fue glorioso. 

Solo Sara Montiel es capaz de montar un espectáculo como el que se representa en el teatro de “La Latina” desde hace unos días. Sara consiguió reunir a tres figuras famosas de la canción de la talla artística de Olga Guillot, Celia Gámez, Manolo Otero y ella misma. Como era de esperar, mucha fe la gente que acudió a ver a esas jóvenes glorias de la canción.

Sara, ¿qué podemos decir de ella? Revolucionó el patio de butacas en cuanto apareció. Lucía un cuerpo magnífico y para demostrar que está en plena forma se atrevió con un modelito estilo punky-sadomasoquista bailando al son de una versión de uno de sus boleros; al principio la gente reía, pero al final todo el mundo se quedó con la boca abierta. Sara lo estaba haciendo muy bien, únicamente que nadie se podía imaginar que llegase a ese extremo. El aplauso fue glorioso.



El momento más crucial del espectáculo es un apasionado beso entre Sara Montiel y Manolo Otero. 

El momento crucial lo protagonizaron Manolo y Sara al son de un bolero de la manchega, bailaron los dos amorosamente y acabaron la canción con un beso apasionado entre la pareja.

Fue una noche célebre, con un vestuario, unos personajes y unos buenos actores-cantantes que hicieron las delicias del público, un público sediento de ver a esas viejas glorias.

El que supervisó todo fue Pepe Tous, marido de Sara, que en el patio de butacas puesto en pie no se perdía detalle, más nervioso que las debutantes de la noche.

Al final muchos aplausos en honor de estas tres mujeres que tanto han significado para España: Celia Gámez, Olga Guillot y Saritísima.

 

Texto: MARÍA JOSÉ LORENZO

Fotos: MANUEL PINILLA


LA FOTO CCCLXXV


La diva posa en el camerino durante su espectáculo "Saritísima" (1974). 

domingo, 3 de diciembre de 2017

ANTENA DOMINICAL - 18 de Octubre de 1.981 - España


Alejada desde hace años del cine, Sara Montiel se asoma al teatro en un espectáculo, “Doña Sara de la Mancha” junto a ídolos de anteriores generaciones, como José Guardiola o Ramón Calduch.
“Aún tengo muchos años por delante de vida artística; ahora triunfamos los carrozas”, afirma.
SARA MONTIEL
Aún tengo mucho por delante

Nació en 1928. Pero sus sensuales labios jamás pronunciaron tan fatídica cifra. Hasta que un osado periodista fotocopió su partida de nacimiento. Desde entonces la reina del Chantecler afirma que ha pasado los cuarenta. Incluso, con más benevolencia que otra cosa, se llama a sí misma carroza. Carroza guapa y de lujo.
Últimamente recorre Madrid en una vieja calesa. Pasea con orgullo sus bien disimuladas arrugas. Su cuerpo encorsetado. Sus cuarenta años de intensa vida artística. Dicen que es el par de la sin par Dulcinea del Toboso. Con ustedes Doña Sara de la Mancha.
Y se enfada si le hablan de retiro. Pasa y pisa con garbo. Con esa parsimonia de ilustre dama manchega. Con gestos blandos y voz suave, cadenciosa. Están probando las luces para su nuevo espectáculo. Charla contigo pero no quita la vista del escenario. Ni de los fotógrafos. “Esa cámara más alta, guapo”. Sabe que hay enfoques desafortunados. Y no se puede ir de ingenuo con ella. Tiene arte y oficio.
-¿Va a ser este tu último espectáculo?
-Hombre, no. Me quedan muchos años de vida artística todavía. Hoy día los que estamos triunfando y llenando los teatros somos gente que hemos pasado los 40 años. Ahí está Broadway para demostrarlo.
-Sin embargo últimamente te rodeas de otras figuras de la canción. Carrozas por supuesto. Alguien dirá que eres incapaz de llenar un teatro por ti misma.
-No, no, no. Yo he estado diez meses en solitario en América. He estado en solitario en el Paladium de New York, en Méjico o en Buenos Aires. Y nadie me podrá discutir el éxito. Cuando  se hace un espectáculo en plan Broadway, como éste, siempre se suele ir acompañada. Y como soy bastante inteligente siempre me rodeo de gente muy buena. Antes lo hice con Bonet de Sampedro o Jorge Sepúlveda y ahora con José Guardiola y Ramón Calduch.
-Y recorrer una ciudad en coche de caballos, ¿no es un recurso publicitario que entes no necesitabas?
-En absoluto. Es que como somos muy desenfadados y tenemos un gran sentido del amor, nos dijimos: vamos a vestirnos de cervantinos y damos una vuelta por Madrid. Nos dejaron una calesa maravillosa y el resto ya te lo puedes imaginar. Porque, aunque iba vestida de cervantina nos reconocieron fácilmente y nos paraban a cada instante para saludarnos. Un taxista me llamó carroza y se quedó de piedra cuando le dije que seguro que era más guapa que su mujer.
-¿Y por qué ahora gustas llamarte carroza cuando siempre has mantenido esas luchas titánicas por ocultar tu edad?
-La verdad es que está de moda. Sobre todo entre la gente joven. Yo tengo una sobrina de 16 años que ha salido con un chico hasta hace poco. Y cuando le pregunté la razón por la que lo había dejado me dijo: ¡ay tía!, si es que es un carroza, ya tiene 28 años. Yo creo que es muy bonito ser carroza. Y además de lujo. Como yo.


Sara lleva sus ocultos 53 años con orgullo. Con señorío. Cincuenta y tres años de intensa y ajetreada vida. Desde que allá por 1944 interviniera junto al desaparecido Antonio Casal en su primera película, “Te quiero para mí”. Entonces se llamaba María Alejandra. La frase debió gustarle porque en el ’57 se la repitió al director de cine Anthony Mann y el asunto acabó en matrimonio civil. Posiblemente para resacirse de tal heterodoxia, su segundo matrimonio fue canónico y con ceremonia en la mismísima Roma. Craso error. Porque la separación bajó considerablemente su cuenta corriente.
“La bella Lola” repitió la frase por tercera vez. El afortunado era esta vez el industrial mallorquín Pepe Tous. “La única experiencia matrimonial que repetiría”, según sus propias palabras. Estas y otras razones han hecho casi inexcusable la presencia de la Montiel en las revistas del corazón.
-¿Realmente te gusta sentirte acosada por la prensa?
-Bueno, a veces sacan intimidades que no tienen por qué sacar. Pero no tengo más remedio que aceptarlo. La gente del espectáculo corremos este riesgo y yo comprendo que todo el mundo tiene que ganarse el pan.
-¿Alguien se sorprendió, por ejemplo, cuando apareciste en Interviú como Dios le trajo al mundo?
-La más sorprendida fui yo. Precisamente lo descubrí aquí en el teatro La Latina. Estaba trabajando y al pasar por el pasillo vi un empleado que tenía la revista abierta justamente por mis fotos. Casi me desmayo. Bueno, no desmayarme físicamente, pero imagínate la sorpresa. De todas formas ya es agua pasada.
-Resulta curioso que buena parte de sus admiradores hayan sido señoras de hace 20 o 30 años, con los ideales religiosos muy asumidos, cuando tú siempre has hecho papeles de mujer frívola…
-Cuando yo empecé marqué una época en el cine español. Mis películas se pasaron por todo el mundo. En Argentina, por ejemplo, estuve dos años seguidos en cartel con una sola película, “El útlimo cuplé”. Luego con  “La violetera” estuve primera en recaudación en Francia, creo que fue en el ’58. Quiero decir que me ha visto todo tipo de público. Gente que entonces tenía 18 años y ahora rondan los 40, señoras mayores y otras menos. Yo siempre he sido una persona tremendamente respetuosa con todo el mundo. Y de eso se ha dado cuenta la gente. Además, la imagen que doy en pantalla depende de los personajes que tenga que representar.
-Por cierto,  ¿no se te ocurrió meterte a monja cuando estuviste interna con las dominicas?
-Es cierto que estuve con las dominicas. Además yo quiero mucho a las monjas. Pero es que tengo prohibido hablar de cosas de mi vida privada. Ya sabes que he vendido mis memorias a una editorial y tengo prohibido por contrato referirme a estos temas. Cuando estén terminadas podréis enteraros de estas cosas que tanto os interesan. Lo que ocurre es que el asunto va un poco lento. Tanto Terenci Moix como yo tenemos mucho trabajo y sólo nos reunimos de cuando en cuando.
-¿Alguien puede temer la publicación de tus memorias?
-No creo que nadie pueda temerlas. Sólo te puedo decir que escribo cosas mías y todas las digo yo. Ya te he dicho –insiste- que tengo prohibido hablar de esto. Lo siento.
-También tienen fama de ser un poco anticlerical… Tuviste problemas para la anulación de tu segundo matrimonio y el obispo de Palma se negó a bautizar a tu hija Thais.
-Nos soy anticlerical. Yo creo en Dios. Es cierto que he tenido problemas con algunas jerarquías de la Iglesia pero afortunadamente se arreglaron. La anulación de mi segundo matrimonio me costó trabajo -¿y dinero?-, sí, también bastante dinero. Pero no le doy demasiada importancia. Ya lo he olvidado. Y en cuanto a lo de Thais tampoco tiene mayor trascendencia. El obispo de Palma se negó, efectivamente, a bautizar a Thais. Nos fuimos a Barcelona y todo se arregló inmediatamente.
-¿Te gustaría que Thais siguiera los mismos pasos de su madre?
-Mi hija ahora misma tiene dos años y medio y lo único que me preocupa es darle las vitaminas y la comida a su hora. Aunque, la verdad, a mí me gustaría que fuera artista. Con dos años y medio, tiene un oído bastante fino. Le gusta mucho el ballet y le encantan la televisión y el teatro. O sea el movimiento. La música también le gusta. Pero lo que le enloquece es pintar. Siempre está pidiendo papel y colores. Eso cuando no pinta en las paredes. Me encanta. Y no es un día que se canse y se ponga a hacerlo por aburrimiento. Es continuamente. No para de hacer rayas, manchas de colores… Los colores los distingue perfectamente. ¡Y sólo tiene dos años!
-¿Pareces reunir toda la admiración en tu hija?
-Bueno, aunque parezca una tontería, quiero mucho a la señora Bárbara, mi cocinera. Y a Terence, y a mis médicos. Y, por supuesto a Pepe. Hay, además, una persona a quien admiro especialmente. León Felipe. A quien di aquel polémico beso. Es el beso que más alboroto ha levantado en mi vida.


"Gusto a generaciones muy distintas", afirma Sara, que no vacila en afirmarse "carroza de lujo" y que sólo tiene ojos para su hija Thais. 

Carmen la de Ronda es algo lacónica. Sin embargo cuando habla de la gente que la rodea se deshace en elogios. Da órdenes sobre la marcha. Quedan pocas horas para el estreno de su enésimo espectáculo. Y María Antonia, o María Alejandra, o Sara, se entrega con la misma ilusión que en sus comienzos. Con la misma fuerza y las mismas ganas que en el aquel lejajo concurso de Cifesa que le supuso su salto al estrellazgo.
-¿Qué hubiera sido de Sara Montiel de no habaer ganado aquel concurso?
-Hubiera sido artista de todas maneras. A los cuatro años ya traía loca a mi madre. Le quitaba las colchas para disfrazarme. Y me pasaba el día cantando y haciendo teatro. Recuero que tuve la difteria y me quedé sin habla. Y no creas que me importaba algo la enfermedad, mi única preocupación era la voz.
-Sara, tú que tienes experiencia en el tema, ¿qué les diría a los detractores del divorcio?
-Que me imiten (ja, ja, ja). Ahora en serio: yo les diría que reflexionaran seriamente lo que es vivir todos y cada uno de los días con caras largas y discusiones eternas.
María Antonia Dixit; Doña Sara de la Mancha.

Juan C. CIRCO


EL RECORTE CCLXVII
Desde que Sara formase su familia con Pepe, Thais y Zeus, éstos estaban con la cantante donde quiera que fuese. Era usual que apareciesen para cerrar sus espectáculos y que fuesen el centro de todas las miradas, anónimas e ilustres. Ellos son los protagonistas de este reportaje de la revista Lecturas de 9 de Noviembre de 1.984. Con una visita de lujo: los Condes de Barcelona. 

SARA MONTIEL
actuó con sus hijos ante los
Condes de Barcelona
En el entreacto, los padres del Rey saludaron a la artista y a sus pequeños así como a Celia Gámen, Olga Guillot y Manolo Otero compañeros de Sara en el espectáculo “Nostalgia” que se representa en un teatro madrileño. 

Los condes de Barcelona, con Sara, sus hijos, Manolo Otero, Olga Guillot y Celia Gámez. 


Sara cedió el micrófono a Thais para que saludara a los Condes y al público en general. 


La condesa de Barcelona, contemplando al pequeño Zeus, en brazos de su madre. El niño tiene ahora 17 meses. 

Sus Altezas Reales los condes de Barcelona, don Juan y doña María de las Mercedes de Borbón, padres del Rey, han visto el espectáculo “Nostalgia”, de Sara Montiel, estrella que ha contratado a Celia Gámez, a Olga Guillot y a Manolo Otero.
Tres mitos –Sara, Celia y Olga- con el joven Manolo interpretando canciones inolvidables están sorprendiendo a diario a la gente –adulta, madura- que llena el teatro y que lo pasa bien.
Sara Montiel, además, presume de hijos y muchas tardes Thais y el pequeño Zeus irrumpen en el escenario, conversan con su madre, saludan al público y hasta piden un aplauso para la orquesta, para mamá y para ellos.
Thais y Zeus, de cinco años la niña y recién cumplidos diecisiete meses el varón, subieron al escenario la tarde en que se encontraban en un palco los condes de Barcelona. Los niños llevaban sendos claveles rojos en sus manos. Y Thais dijo: “Son para don Juan y doña María de las Mercedes”. Se las dieron durante el intermedio. Los condes de Barcelona departieron sencilla y llanamente con Sara, con Celia, con Olga y con Manolo. Naturalmente, allí estaba el marido de Sara, Pepe Tous, y el empresario José Luís López Segovia, hermano de Lina Morgan, propietarios del teatro La Latina.


Thais y Zeus en el escenario del teatro, junto a su madre. 


Zeus y Thais llevaban sendos claveles rojos en la mano para entregar a los condes de Barcelona. 


Celia Gámez se emocionó al saludar a don Juan de Borbón “al que conocí –recordaba la gran vedette de revista- cuando aún llevaba pantalón corto”. Efectivamente, don Juan rió: “Fue en 1927”. Después, cuando la familia real vivió en Estoril, Portugal, Celia Gámez visitó varias veces “Villa Giralda”.
Celia, que interpreta a diario números de las revistas musicales que ella estrenó en España, cantó para los condes de Barcelona, especialmente la canción “El perdón de las flores”, un pasacalle que hace veinticinco años cantaba a los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia.


Sara Montiel, con su marido, Pepe Tous y sus dos hijos, en el camerino del teatro. Thais, la niña, cumplirá seis años el 3 de marzo. 

Don Juan de Borbón se interesó por el estado de Lina. José Luís, el hermano, le informó de que el doctor Muiños había quedado asombrado de la recuperación de Lina Morgan tras la operación a que la sometió por desprendimiento de retina.
-Se encuentra muy bien, Alteza, muy bien. Descansa todavía, pasa unas vacaciones en las Islas Canarias, pero pronto volverá al escenario.
Don Juan contó que le había dado mucha pena verla en la clínica de Barcelona, puesto que él conoce perfectamente lo que supone una operación así.
Doña María de las Mercedes conversó con Sara y contempló sonriente a Thais y Zeus.
Con los condes de Barcelona se encontraban los duques de Alburquenque y el coronel Luís Fernández de Mesa.  


Javier de Montini
Fotos: Félix Gómez


LA FOTO CCLXVII


Una Sara más inusual en los '80.