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domingo, 6 de octubre de 2024

YA - 21 de diciembre de 1965 - España


La diva aparece solo en la portada. Se dice los siguiente:

CAMPAÑA DE NAVIDAD
Doña Carmen Polo de Franco, esposa del Jefe de Estado, ha presidido el gran festival pro campaña de Navidad que ella misma patrocina desde hace años en nuestra capital. Aquí la vemos rodeada de las populares artistas Celia Gámez, Paquita Rico, Lola Flores y Sara Montiel durante uno de los entreactos del espectáculo celebrado el domingo en el teatro Calderón.
(Foto Santos Yubero.)


EL RECORTE CCCLXXII
Con alguna frecuencia, Sara Montiel fue reclamada para actuaciones benéficas o entrega de premios. En este caso fue elegida por la Revista Fotogramas para entregar un premio en su gala de 1988. Así nos lo cuenta la revista Lecturas en su número de 30 de marzo de dicho año. Estos actos siempre fueron ocasión para codearse con amigos y compañeros de profesión. 

SE CELEBRÓ EN MADRID LA ENTREGA DE LOS “FOTOGRAMAS DE PLATA”

Gran noche de fiesta

para el cine español

*Ana Obregón y Antonio Banderas fueron los presentadores de esta gala llena de famosos.

*A Imanol Arias le entregó el premio su compañera, Pastora Vega, y a Gurruchaga se lo dio Sara Montiel.

*Pedro Almodóvar quiso recibir el galardón de manos de su madre, que ha intervenido en dos de sus películas.


El grupo de premiados junto a otros famosos del espectáculo. Entre ellos vemos a Ángela Molina mirando el trofeo de Vicente Aranda, conseguido por "El Lute", y a Alaska estrechando cariñosamente la mano a la madre de Pedro Almodóvar. Esperanza Roy recogió el premio en nombre de Lina Morgan.

Como en años anteriores, fue la Discoteca Joy/Eslava el marco escogido para efectuar la entrega de los premios más veteranos del cine español. Se cumplían 38 años desde que se concedieron los primeros “Fotogramas de Plata”, y la flor y nata de nuestro cine acudió para saber quiénes habían sido este año los ganadores de estos premios que se conceden por votación popular.

Ana Obregón, con un modelo muy de estrella, presentó esta fiesta de los premios “Fotogramas de Plata” en pareja con Antonio Banderas. Él estaba con su esposa, Ana de Leza. A Imanos Arias, Mejor Actor por “El Lute”, se lo entregó su mujer, Pastora Vega. En “El Lute II”, que terminan ahora, Imanol trabajó con Pastora. Dice que de entrada lo pasó mal: “Confieso que me ponía nervioso, no por mí, sino por ella, pero pronto nos serenamos y, ante las cámaras, nos olvidábamos de que éramos pareja en la vida real”.

Ángela Molina terminó de rodar “Luces o sombras”, de Jaime Camino. Estaba con su pareja, Hervé Tirmaché.

Michi Panero, cuyo matrimonio con Paula Molina fue un fracaso estrepitoso en cosa de meses, se acompañó de la que fue su compañera de siete años: Amparo Soler Bárcenas.

Victoria Abril no pudo recoger su premio a Mejor Actriz por “El Lute” y “Barrios altos”. Se hallaba en Costa de Marfil, rodando una película francesa. Recogió su premio la joven actriz Aitana Sánchez-Gijón –ahora en “Jarrepellejos”-, que lo recibió de manos de Miki Molina, éste acompañado de su mujer.

Javier Gurruchaga obtuvo el premio al Mejor Artista de Televisión Española por “La bola de cristal” y “La tarde”. Se lo dio Sara Montiel, que en el nuevo disco canta un tema de Gurruchaga y Joaquín Sabina: “Fúmame”. Los dos divirtieron al público con sus cosas.

La Mejor Artista de Teatro fue Lina Morgan. Por encontrarse en el escenario con “El último tranvía”, recogió su galardón Esperanza Roy, de manos del actor José Coronado (que asistía a la fiesta sin su compañera, Paola Dominguín, a punto de dar a luz). De madrugada, llegó Lina Morgan con su hermano, José Luís, y algunos actores de la compañía. Se llevó la estatuilla y pudo alternar con Sara Montiel y Emma Penella, con Massiel y Pablo Lizcano, con Pepe Tous y Emiliano Piedra. 


Sara Montiel entregó a Javier Gurruchaga el Premio al Mejor Artista de Televisión. Ambos hicieron reír al público con sus ocurrencias. A su lado, Antonio Banderas y Ana Obregón.

El premio a la Mejor Película Española fue para “La ley del deseo”, de Pedro Almodóvar, y también para Vicente Aranda, por “El Lute”, que lo recogió de manos de Ángela Molina. También se premió a la Mejor Extranjera –“Ojos negros”- y a un film publicitario, el del “Cuponazo”.

Pedro Almodóvar, el director de moda, convirtió a su madre, Francisca Caballero, en la estrella de la noche.

La emoción embargó a todos cuando Francisca Caballero, una anciana de setenta y dos años, subió al escenario para entregar a su hijo Pedro Almodóvar el premio de Mejor Director, que ganó con “La ley del deseo2.

Él adora a su madre. En dos películas la eligió de intérprete de unos pequeños papeles: En “¿Qué he hecho yo para merecer esto?” y en la última, “Mujeres al borde de un ataque de nervios”.

Francisca Caballero, viuda desde hace siete años, presume de haber trabajado al lado de Carmen Maura y de Chus Lampreave, y no oculta que siente pasión por su hijo artista.

-Siempre soñó con ser director de cine. Con diez años, en el pueblo, en Calzada de Calatrava, repetía: “Yo seré director de cine”. Coleccionaba cromos de artistas y se imaginaba él como director de aquellas estrellas de Hollywood.

-¿Le gustan las películas de Pedro Almodóvar?

-Si soy sincera, debo decirle que a mí el cine de ahora no me gusta mucho, no veo muchas películas, pero mi hijo… es maravilloso. Sí, sí, yo me siento orgullosa de ser ¡la madre de Pedro Almodóvar! O como dicen también los jóvenes ¡la madre de Almodóvar! ¡Qué pena que su padre, mi marido, muriera sin ver tantos éxitos!

Francisca Caballero vivió una noche feliz. Al lado, además de Pedro, estaban otros dos hijos: Agustín y María Jesús. “Sólo me falta la mayor, Antonia”, dice emocionada, tras los abrazos de Sara Montiel, de Javier Gurruchaga, de Esperanza Roy.

Imanol Arias y Pastora Vega estaban acompañados de la madre del actor y de un hermano. Alaska, más delgada, maquillada más sencillamente que de costumbre, iba con su amigo/novio Víctor Sandoval.

Bibi Andersen con su querido Javier y con Alejandra Grepy. Bibi se juntó allí con Carlos Herrera, hombre de radio y de televisión, con el que empezará a presentar “Sábado noche” a primeros de abril, sustituyendo a Lydia Bosch y Tony Cantó. Dos hermanos Flores: Rosario y Antonio, éste con su mujer, Ana Villa.

La fiesta resultó verdaderamente espectacular porque el público veía de cerca a las grandes figuras del cine español que lucían, además, sus mejores galas.



LA FOTO CCCLXXII 


Sara Montiel impresionantemente bella en los '60. Foto: Simón López.

lunes, 26 de agosto de 2024

EL MUNDO DE LAS CANDILEJAS - nº10 1984 - España


TEATRAL MADRILEÑA


-Distinto trabajo al tuyo en esta obra. Distinto, naturalmente, al que nos tenías acostumbrado, amigo Piquer.

-Distinto y difícil, pero muy bueno.

-¿Por qué distinto?

-Porque es un género humorístico que yo no he “tocado” con mucha frecuencia.

-¿Y difícil?

-Porque el personaje que me ha correspondido en “Capullito de Alhelí” necesita una elaboración constante y cada día te ofrece nuevos recursos de comicidad que no puedes desaprovechar, pero que te obligan a estar pendiente del mínimo detalle y a luchar permanentemente para que el tipo ni se desibuje ni se pase.

-Todo el mundo considera a “Capullito de Alhelí” como uno de los grandes éxitos humorísticos de la temporada. ¿Tú también?

-Yo más que nadie.

Para todos es una satisfacción este éxito, porque, al menos, pertenece a un autor “de casa”. Enhorabuena.

 

J.P.

 

SARA

CELIA

OLGA

CARROZAS DE LUJO

Un aire delicioso y extraño flotaba en el Teatro de La Latina madrileño la noche del estreno de “NOSTALGIA”. Un aire que nos llenaba de alegría y nos hacía volver a otros tiempos.


CARROZAS de lujo para un público de lujo que acudía a escuchar una vez más: “Nena”, “Los Nardos”, “La violetera”, “Las viudas”, etc., etc.

Nostalgia. ¿Nostalgia? ¿De qué? Todo cuanto se vio y se escuchó en La Latina aquella noche era tan actual como la mismísima última noticia del día, porque cuando hay talento, arte, gracia e ingenio el tiempo no puede hacer desaparecer nada.

Sara Montiel

La garrida manchega que dijo a los de Hollywood, cuando vinieron a buscarla para interpretar “Orgullo y Pasión”, que no, que no hacía esa película, porque ella ya había encontrado su camino, demostró otra vez que no se había equivocado. Su camino es ese: Cantar, bailar, dialogar con su público como en una tertulia de viejos amigos y pasearse por el escenario “a sus anchas”. Las carrozas arrasaron, porque los años y los apodos no cuentan, si cuenta el arte.

Sara Montiel, “morritos calientes” y aire de ingenua descarada es una carroza, pero una carroza de lujo, que sabe hacer las cosas muy bien.

Me gusta escucharla presumir de años. Ella puede y los años todavía no han podido con ella.

¿Nombres de ayer? ¿Glorias de otro tiempo? Tal vez. Pero, ¿qué nombres de hoy hacen y logran lo que logran y hacen las carrozas de “Nostalgia”? Algunos, sí, tal vez algunos, pero aguardemos, si podemos, a verlos dentro de veinte años.

Celia Gámez

Dicen que todo se ha dicho ya sobre Celia Gámez. Tal vez, quizá, pero lo que no se ha dicho es que es y que es interminable. Yo que estuve en el estreno de “Yola”, “La Cenicienta del Palace”, “Gran Revista”, “La Estrella de Egipto”, “El Águila de fuego” y tantas otras, no sigo, mi lista sería inacabable, si lo hiciera, puedo decir que, a lo peor, los años hayan marcado a la mujer, pero a la artista no la han rozado siquiera. Celia en “La viudas” es la de siempre y, cuando comenzó lo de: “Siento renacer en mí tu amor…” acabó con el mundo. Años, tiempo, toda una vida, sí, pero para mejorar.

Celia que se nos fue un día sin el monumento que se merece, ese monumento a la florista que se alzaría en la mismísima calle de Alcalá madrileña, la florista que vende nardos y promete suerte en el amor, ha vuelto para no marcharse más y esperemos que para acudir a la inauguración de ese monumento que se merece, que el pueblo de Madrid le debe. ¿Lo tendrá?


Olga Guillot

Cabecera de cartel en espectáculos mundiales, valiente, dinámica, impetuosa y cantando como la madre que la parió.

Olga Guillot también presume de “carroza”, pero es una carroza de lujo, porque lujo es poder cantar como ella lo hace y conseguir que el público le pida un “bis” tras de otro.

 Para mí tengo que esto de ser “carroza” ha de ponerse de moda y hacer una vez más, que se confirme el dicho de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Manolo Otero

La nota del día, pero puesta en ritmo de ayer, ya que Manolo dice sus canciones también con nostalgia, para no desentonar. Muchos meses fuera de España, muchos meses trabajando al otro lado del mar y ahora, un Manolo Otero cuajado, lleno de seguridad, esa seguridad que se necesita para colocarse junto a tres mujeres “indiscutibles” como artistas y más indiscutibles aún como figuras en un mundo donde sólo lo positivo es lo que permanece.

No sé si me atrevo a pronosticar cuánto será el tiempo que “NOSTALGIA” seguirá llenando el teatro de la Plaza de la Cebada madrileño, pero, si juzgamos, por cuanto sucede en él cada día, es decir, si la permanencia en cartel de un espectáculo se asienta sobre los resultados de éste en la taquilla del local donde vive, cre que “Nostalgia” tiene una larga vida en este lugar que Lina Morgan ha transformado en uno de los teatros más modernos de Madrid.



EL RECORTE CCCLXVII

Una pequeña entrevista a Sara, Celia y Olga que la revista Teleradio, 3 al 9 de diciembre de 1984, ofrecía a sus lectores. 


NOSTALGIA…

Tres grandes figuras de la escena se han juntado para hacernos sentir nostalgia de aquellos tiempos en que se bailaba a media luz y el conquistar era un arte. Celia Gámez, Olga Guillot y Sara Montiel les invitan al recuerdo…


SIETE de la tarde; estas tres vedettes se preparan para hacer su numerito en escena. Los pasillos de los camerinos son un jolgorio: los hijos de la Montiel corretean de un lado para otro; el perrito faldero de Olga ladra y se mete entre los pies de los recién llegados, es decir, nosotros. Los admiradores de Celia entran y salen de su camerino, una chica hace bocetos, otra barre, suena un timbre; comienza el espectáculo.

-Quisiera charlar un rato con vosotras.

-¡Mi amor!, pues empieza por mí, que yo no salgo hasta más tarde.

-Bien, pues cuéntame tu vida, Olga.

-Nací en Cuba hace cincuenta y cuatro años. En casa a todos nos gustaba cantar; nos reuníamos los domingos toda la familia y unos tocaban, otros cantaban, de ahí nació mi afición. A los trece años mi hermana y yo acudimos a un concurso: “La corte suprema del arte”, y ganamos el segundo premio; nos llenaron de caramelos y nos dieron cinco dólares…

-¿Pero, cuándo empezaste a cantar profesionalmente?

-A los dieciséis años formamos el dúa Hermanas Guillot, y actuamos en muchos sitios; un buen día, mi hermana se hartó y seguí yo solita. Cantaba con grupos y a los diecisiete años me casé. Porque tú sabes que a esa edad en el trópico se es ya toda una mujer, el Caribe es puro gozo. Me casé con el señor que me hizo a mí, a Olga Guillot; él es quien realmente creó a la artista, porque yo tenía la materia prima, pero él puso el resto.

-Ahí empezaste a cantar como solista y a crear un género.

-Sí, creé un estilo, pero nunca he sido bolerista, como se me define. Yo siempre fue jazzista; fui la primera que se atrevió a cantar jazz y blues en Cuba. A los veinte años ya era una figura.

-Pero tu época de mayor esplendor es la de los cincuenta, ¿no?

-Sí, mi amor, porque en los cincuenta entro de lleno en el mundo del disco y me hago internacionalmente conocida; Estados Unidos, Europa, Hispanoamérica, etcétera.

-¿Cuántos discos has grabado?

-Cincuenta elepés, catorce de oro y cuatro de platino.

-Olga, el hecho de ser tan cálida y temperamental, ¿es lo que ha motivado que te hayas casado tantas veces?

-¡Sólo me he casado cinco veces! Mira, yo tengo entendido que cuando dos personas no funcionan, es inmoral continuar la relación; lo mejor es decir: “Tú por tu lado y yo por el mío”. Ahora estoy solita y muy, pero que muy bien.

-¿Cómo es que has vuelto a cantar, si te retiraste hace cuatro años?

-Me retiré, pero he vuelto porque esta proposición de Sara es muy bonita. Yo, aunque dejé lo comercial, sigo cantando para una labor hermosísima que es la UNICEF. En todos aquellos actos culturales o benéficos donde me necesiten, allí estaré yo, con todas mis ganas. Esto que estoy haciendo ahora es porque Sara me dijo: “Vamos a hacer estoy quiero que estés con nosotros, te vas a reencontrar con tu público, la gente te recuerda”, y es realmente hermoso ver cómo el público se emociona con mis canciones, esas canciones que estuvieron prohibidas durante un tiempo en España. El “Tú me acostumbraste…”, era una canción pornográfica y hoy casi resulta infantil; lo que son las cosas. Los jóvenes de entonces se volvían locos por las canciones de Olga Guillot; bastó que las prohibiesen para desearlas más. Estoy contentísima de haber vuelto a España y trabajar junto a estas dos grandes artistas.


Qué decir de Celia Gámez que ustedes no sepan. Celia Gámez, la reina del music-hall, hizo correr durante años torrentes de tinta, desde el momento en que en el colegio de monjas en el que se educó, allá en su Buenos Aires natal, cogiese un periódico y a modo de abanico cantaba: “Yo soy el mejor torero, nacido en Andalucía…”

A los doce años, atraída por el teatro, se esconde entre bastidores para ver las funciones de los musicales; a pesar de la oposición paterna consigue entrar en una compañía haciendo de comparsa. A los tres meses sustituye a na figura y canta por primera vez el número de la banderita de “Las Leandras”. Su padre, malagueño, ha de venir a España por cuestiones de herencia; Celia le acompaña y, atrapada por todo lo español, se queda en nuestro país y comienza su imparable carrera. Cumple sus dieciséis años en el teatro Eslava de Madrid, que luego sería suyo.

-Celia, ¿qué hizo que fueras durante casi treinta años la reina de la revista en España?

-Yo vi que agradaba al público y me volqué. Estudié, fui superándome, viajé para ver otros espectáculos y traer lo mejor a España, todo me parecía poco. Estrené ochenta obras y he tenido compañía propia durante treinta años, cosa difícil de conseguir.

-¿Te hiciste famosa con el tango “A media luz”, no?

-En la obra “El carnet de Eslava”, yo cantaba ese número y me hizo muy famosa; el rey de España me pidió que lo repitiera la noche que fe a verme y lo hice al final de la obra.

-Se decía que eras exigente y muy dura con las chicas.

-Dirigir una compañía no es fácil, a veces había que serlo, pero siempre me he llevado bien con mis chicas. Las vestía donde yo me vestía y las cuidaba bien.

-El éxito de tus espectáculos radicaba en el equipo de gente que te rodeaba; siempre supiste elegir a los mejores coreógrafos, directores, figurinistas, etcétera.

-Sí, eso es cierto; siempre me he rodeado de lo mejorcito.

-Tu boda con el odontólogo vasco, apadrinada por Millán Astray, fue sonada; cuéntame un poco.

-Fue terrible, no pude ni casarme. Acudió todo Madrid; los altares, los bancos, la sacristía, todo estaba lleno…, me casé al día siguiente en una iglesia pequeñita.

-¿Estás contenta de volver a la escena?

-Mira, estoy como loca, no sólo por volver al teatro, sino por estar en España. Cada mañana, cuando despierto, me pellizco porque creo que estoy viviendo un sueño. Es todo tan fantástico… Y con el espectáculo me siento feliz porque le he traído tanta nostalgia a la gente de mi edad… Lo noto cuando pasan a saludarme. Los hijos de éstos también se emocionan y vienen a contármelo, quiero que lo digas: en España soy inmensamente feliz.


Y no ha vuelto Sara Montiel, porque no se había ido. Ahí están, pues, las tres estrellas en un presente de supernovas: "Nostalgia", que es lo que queda al final de todas las cosas buenas. 


Y llegamos a la manchega universal, a la temperamental Sara Montiel. Aquella que conquistara a los astros del Hollywood  de los cincuenta. Entre sus amores: Hemingway, Gary Cooper, Maurice Ronet, James Dean, etcétera, y es que Sara a sus veintipocos años era toda una belleza.

-Sara, ¿cómo se te ocurrió la idea de este espectáculo?

-Pues mira, estando en América, donde pasamos seis meses el año pasado, vi que se vuelve a lo de antes. En Estados Unidos, lo que se lleva es Cole Porter, Glen Miller, la música de los cuarenta y cincuenta, hay una vuelta a todo eso. Entonces ideé hacer “Nostalgia” y pensé en Olga, esta gran artista creadora de un estilo y conocida mundialmente; en Celia, que es un mito, sólo con su presencia ya lo llena todo, y le añadí un elemento joven y con talento, que es Manolo Otero. Pensé en hacer un espectáculo redondo y así ha sido, porque, como verás, el teatro está lleno y hace un día de perros.

-Llevas cuarenta años de profesión, sigues haciéndote las Américas todos los años y continúas teniendo éxito. ¿A qué crees que se debe este fenómeno?

-A que soy una artista. Comencé a los dieciséis años a hacer cine y aquí me tienes.

-Tu época de mayor esplendor, ¿cuándo fue?

-Del sesenta al setenta y tres. Justo a partir de hacer “El último cuplé”, que me dio fama internacional.

-Estuviste cinco años contratada por la Warner, ¿qué películas hiciste en Hollywood?

-“Vera Cruz”, “Serenade” y “Juma”, de Samuel Fuller. Trabajé junto a Vicent Price, Gary Cooper…

-Se dice que eres inmensamente rica.

-Sí, en amores; mi marido y mis hijos me enriquecen.

-¿Y en dinero?

-Alguna cosilla tengo, pero con Boyer, cariño, no hay forma de tener nada; yo creo que se está pasando.

-“Nostalgia”, a pesar de los treinta millones de desembolso que ha supuesto el montaje, te está aportando beneficios, ¿no?

-Eso pregúntaselo a Pepe; yo sólo entiendo de números musicales.

Sara Montiel; espléndida como las joyas que luce en el espectáculo. Un collar con 193 esmeraldas, 25 diamantes, perlas, oro, brillantes, rubíes… “Como verás, no tengo nada falso, mira, mira.” Y yo miro embobada esas inmensas esmeraldas donde el intenso verde me hace soñar con mares lejanos e imposibles…

 

CARMEN ARROYO

Fotos: C. PAZ


LA FOTO CCCLXVII


Sara Montiel en un número de su espectáculo "Nostalgia" (1984-1985).

viernes, 3 de marzo de 2023

SEMANA - 8 de junio de 1974 - España


SARA MONTIEL

confidencias de mujer a mujer

“TUVE UN HIJO Y SE ME MURIÓ POCO DESPUÉS DE NACER”

“SOY FELIZ, PORQUE NO LE EXIJO DEMASIADO A LA VIDA”



Sara Montiel dice que no se “duerme en los laureles”, y es verdad. Porque en Barcelona acaba de batir récords de taquilla con su espectáculo “Saritísima”, y ahora le esperan setenta galas, con actuaciones en Argentina, Suiza y Rumanía. El tiempo pasa inexorablemente, pero ella sigue en la brecha tan pimpante, diciendo que la vida es maravillosa y entregándose de verdad y día a día a esa apasionante profesión que ella siente hasta lo más profundo y a la que rinde un verdadero culto.

Sara Montiel ha desbordado la personalidad de María Antonia Abad, que es su verdadero nombre. Aquélla es la diva impetuosa, dura, exigente, responsable, vehemente. Esta es la mujer, sencilla, romántica, sentimental, humana y tremendamente femenina. Sara y María Antonia: la “leona” y la mujer normal, agradable y sosegada. ¿Y quién ha dominado a quién? Ella dice que se siente por completo Sara Montiel. “Aunque comprendo que María Antonia es muy rica”, añade, sonriendo picaronamente.

Nació manchega y confiesa tener cuarenta y un años. Esto último es lo de menos. Cuando una mujer tiene una personalidad arrolladora, no importa su edad. Decía aquella eximia actriz y maravillosa mujer que fue Vivien Leigh, que la mujer-mujer sólo tiene la edad justa y necesaria en cada momento. Y seguro que tenía toda la razón del mundo.

Sara Montiel se crio en Orihuela y allí pasó toda la guerra. Nació de un padre y madre viudos, a los que profesó siempre un amor sin límites, especialmente a su madre, que hasta hace pocos años fue su más fiel consejera y su más entrañable amiga. Casi su otro yo.

Fueron cuatro hermanos, tres hembras y un varón. Y una familia extraordinariamente unida.



Sara Montiel, junto a su amiga y compañera en el espectáculo Perla Cristal. Dos estrellas que se complementan en el escenario y que recorren España de éxito en éxito. 

-¿Cuál es el recuerdo de tu infancia que te ha quedado más grabado?

-Las colchas manchegas que tenía mi madre y que yo me ponía con cuatro y cinco años para hacer teatro en mi casa. Y cuando dormía con mi hermana mayor, que me lleva veintidós años y que fue quien prácticamente me crio.

-¿A quién te pareces tú?

-A mi madre, sobre todo en la paciencia.

-¿Te ha dado la vida todo lo que merecías? ¿Más o menos?

-La vida me ha dado demasiado. Sobre todo unos padres maravillosos. Yo he luchado mucho, es verdad, pero a cambio he tenido éxitos, triunfos y todo lo que he necesitado. Además, Dios me ha concedido una gran salud y gente buena alrededor. He conocido el Amor, con mayúscula, y he amado y me he sentido amada. ¿Qué más puedo pedir?

-¿Qué deseas ahora que has llegado al cenit de tu vida?

-Lo mismo. Seguir viviendo, luchando y amando.

-¿Qué admiras por encima de todo?

-Al que está detrás de unas candilejas. Y la bondad y la sinceridad. Es decir, todo lo que no se aprende. Sino que se lleva en la sangre. 



-¿Tú no mientes nunca?

-A veces tengo que mentir por no hacer daño. Pero no soy mentirosa. Es distinto. Los que son hipócritas y calumniadores de corazón, a ésos los llevaría al patíbulo.

-¿Y de la fidelidad, qué opinas?

-Eso ya es otra cosa y depende de la vida. Pero lo otro, el ser auténtico, verdadero, lo decides tú.

-Se dicen tantas cosas de ti, Sara… ¿Cómo eres de verdad? Dilo tú.

-La gente habla de mí sin conocerme. A mí no me conoce nadie, porque ni me conozco yo. Soy una mezcla de todo. Responsable y exigente con mi trabajo. Absorbente y dura. Y cariñosa y sensible. Todo mezclado.

-¿Todo lo que te propones lo consigues?

-Todo no. Me hubiese gustado conseguir un Oscar y no lo he tenido.

-¿Has hecho muchas concesiones en tu vida por el dinero?

-No; a mí el dinero me importa un bledo. Si el dinero no sirve ni para curar a una persona enferma, no sirve para nada.

-¿Crees que en la vida hay gente buena y gente mala?

-Yo no creo que haya gente muy buena, ni gente muy mala. Simplemente creo que hay que “creer” en la gente. Yo creo, por ejemplo, absolutamente en la amistad, a pesar de que muchos amigos me hayan defraudado.

-¿Si volvieses a nacer, harías todo lo que has hecho hasta ahora?

-Sí; si volviese a nacer, volvería a empezar. Pero sería más fría. ¡Maldita sea!

-¿No es malo creerse que uno es más guapo que nadie? ¿A ti no te ha pasado un poco eso?

-Como comprenderás no puedo pensar que soy fea, porque  a la vista está; pero nunca he pensado que yo fuese más guapa que las demás. Mira, tengo una sobrina que es muchísimo más guapa que yo.



-Sara, ¿serías capaz de hablarme con la “mano en el corazón” de los hombres que han pasado por tu vida? ¿De quién verdaderamente has estado enamorada y de quién no?

-Mira, por mi vida han pasado hombres a “patadas”, pero que hayan permanecido o que me hayan dejado huella, poquísimos. Primero porque hay muy pocos hombres de verdad. Y porque, contrariamente a lo que la gente pueda pensar, a mí me resulta dificilísimo enamorarme: ahora, eso sí, cuando lo hago, “caigo de cabeza”. No tengo término medio.

-¿Cómo ha de ser el tipo de hombre que sea capaz de dejarte huella?

-A mí el hombre me tiene que entrar por muchos caminos. Pido el hombre en todo: en la educación, en el señorío, en la responsabilidad…

-¿Estuviste realmente enamorada de tu primer marido, Anthony Mann, o sólo te casaste con él para promocionarte en el cine, porque él era un gran director?

-Anthony Mann era un hombre “divino”. Estuve casi siete años casada con él. En el trabajo nos compenetrábamos totalmente y yo le admiraba. Pero quizá yo era demasiado joven para él y notaba una distancia insalvable. Sin embargo, creo que le quise mucho.

-¿Qué pasó con el hombre que fue tu segundo marido?

-Que en seguida se plantearon problemas, porque creyó que yo iba a ser una mujer normal de mi casa, y eso no era lógico. Él me conoció siendo Sara Montiel, y como seguramente no debió entenderlo, lo mejor fue cortar por lo sano.

-¿Ahora estás enamorada de verdad?

-Completamente. Y además de una manera tranquila y sosegada. No hay el menor problema entre los dos. Ni de celos, ni de nada.

-¿Repetirías una nueva experiencia matrimonial?

-Claro, ¿por qué no?

-¿Las cosas llevan camino de conduciros a ese fin?

-Sí. Cuando hay amor, no importa esperar. Y como te he dicho antes, yo he aprendido de mi madre a ser paciente. 



En efecto, el amor que Sara Montiel tiene en Palma de Mallorca es duradero e ilusionado. Él se desplaza con gran asiduidad donde ella está actuando; siempre que puede la acompaña en sus viajes, y ella va a la isla (donde tiene una hermosa casa) con toda la frecuencia que su incesante actividad artística le permite. Y han puesto sus mayores esperanzas en el futuro de ese amor.

-¿No te has quedado con la frustración de ser madre?

-No, porque lo he sido.

-¿Cuándo? Háblame de eso.

-Tuve un hijo; me hicieron la cesárea y se me murió poco después. Yo estaba casada con Anthony Mann. En 1959 me quedé encinta dos veces y también los perdí, y además lo pasé muy mal. Pero cualquier día los tendré por pares. Ya verás. Pero te aseguro que lo que me horroriza es que me venga mal. Tengo tan mal recuerdo de esperar un hijo…

-¿Entonces, esa operación de tu famoso ombligo, era para quitar la cicatriz de aquella cesárea?

-Exacto.

-¿Y por qué no habías dicho nunca que tuviste un hijo?

-Porque no creo que le interesase a nadie el saberlo. Lo que pasa es que como ahora estamos en plan de confidencias… te lo digo.

-De verdad, de verdad, Sara, ¿eres una mujer feliz?

-Muchas cosas me han salido mal. He tenido muchos disgustos y muchas alegrías. Muchos problemas y muchas cosas que me han sido fáciles. Pero soy feliz. Quizá con esa felicidad que estriba en no exigir demasiado a la vida.

-¿Hasta cuándo vas a trabajar, Sara?

-Hasta que me muera. Cuando ya no pueda actuar cara al público o hacer películas, dirigiré. Sí, lo tengo decidido. Cuando sea del todo mayor seré directora de cine o de teatro. Pero siempre estaré ligada a la vida artística. Adoro mi profesión y es toda mi vida.

-¿A qué actriz admiras más?

-Sin duda ninguna, a Elizabeth Taylor, porque es una luchadora como yo, y, desde luego, una mujer sensacional.

-¿Rezas alguna vez, Sara?

-Sí; rezo por mi madre.

-¿Te has sentido sola muchas veces?

-¡Quién no se siente solo a veces! De todas formas yo siempre tengo a mis hermanos alrededor. Somos una familia muy unida. Además viajo muchísimo; y el trabajo me absorbe. Y por encima de todo amo y me siento amada, que es lo que verdaderamente ayuda a vivir.

-Cuéntame alguna anécdota reciente.

-Pues, mira: actuando aquí, en Barcelona, hace unos días, con esa boa de plumas de marabú que saco en uno de los números, no sé lo que pasó, que de pronto, mientras cantaba, me tragué una pluma. Creí que me ahogaba, te lo aseguro. Yo no sé si el público se dio cuenta o no, pero pasé un rato fatal cuando se me quedó atravesada en la garganta. Pero me dije, con toda la serenidad que pude: “Antonia, a tragar y a seguir cantando.” Y así fue. Pero, hija, qué mal rato pasé –añade riendo.




Y Sara Montiel, cuya apariencia de diva que está por encima de todo parece fría, distante, pagada de sí misma y nada asequible, resulta que no es así. Tiene algo de eso, pero en una difícil y arriesgada mezcla con la personalidad de la mujer sin la cual no existiría: María Antonia Abad. Amable, simpática, generosa y condescendiente con sus empleados y con la gente que le rodea. Afable, paciente, risueña… Son las dos caras de Sara Montiel, aunque con los mismos ojos rasgados y los mismos gestos y facciones sugerentes y atractivos. Sara Montiel, además, como todas las famosas, ha estado sujeta a todo tipo de críticas y de especulaciones en cuanto a su vida privada. Sin embargo, Sara Montiel no bebe más que agua mineral, se acuesta temprano y se cuida mucho más que cualquier mujer normal. Fumar, eso sí lo hace, casi continuamente; pero, como ella dice, es la válvula de escape de sus nervios. En cuanto a que la gente diga que está demasiado “metida en carnes”, o que si tiene tal o cual edad, a ella le trae sin cuidado y no sólo lo “encaja” olímpicamente, sino que en sus actuaciones se “autoburla” de sus propios defectos y alardea de todo cuanto la gente habla en contra de ella. De esa forma, en indudable que nunca se dejará dominar por los complejos. Y como ella dice, con sorna: “Le doy cada sorpresa al público…” Y acentúa sus palabras con esa laxitud verbal que emplea siempre cuando habla y que uno no sabe si es ironía o naturalidad.

 

Mary MÉRIDA



EL RECORTE CCCLXXV

A Sara Montiel muchas veces le echaron en cara hacer siempre lo mismo. Lo cierto es que pudo mantenerse hasta el final haciendo siempre lo mismo (según quienes la criticaban) y siempre logró sorprender. Léase este artículo de Pronto, 22 de octubre de 1984 y su espectáculo 'Nostalgias'. Los camerinos se convertían, a su vez, en el confesionario de la estrella (al menos de lo que ella quiso compartir). 


EL ESCANDALOSO ESPECTÁCULO DE

SARA MONTIEL


Sara Montiel se vistió de "punky" en un show del teatro "La Latina" de Madrid. El aplauso por su espectáculo fue glorioso. 

Solo Sara Montiel es capaz de montar un espectáculo como el que se representa en el teatro de “La Latina” desde hace unos días. Sara consiguió reunir a tres figuras famosas de la canción de la talla artística de Olga Guillot, Celia Gámez, Manolo Otero y ella misma. Como era de esperar, mucha fe la gente que acudió a ver a esas jóvenes glorias de la canción.

Sara, ¿qué podemos decir de ella? Revolucionó el patio de butacas en cuanto apareció. Lucía un cuerpo magnífico y para demostrar que está en plena forma se atrevió con un modelito estilo punky-sadomasoquista bailando al son de una versión de uno de sus boleros; al principio la gente reía, pero al final todo el mundo se quedó con la boca abierta. Sara lo estaba haciendo muy bien, únicamente que nadie se podía imaginar que llegase a ese extremo. El aplauso fue glorioso.



El momento más crucial del espectáculo es un apasionado beso entre Sara Montiel y Manolo Otero. 

El momento crucial lo protagonizaron Manolo y Sara al son de un bolero de la manchega, bailaron los dos amorosamente y acabaron la canción con un beso apasionado entre la pareja.

Fue una noche célebre, con un vestuario, unos personajes y unos buenos actores-cantantes que hicieron las delicias del público, un público sediento de ver a esas viejas glorias.

El que supervisó todo fue Pepe Tous, marido de Sara, que en el patio de butacas puesto en pie no se perdía detalle, más nervioso que las debutantes de la noche.

Al final muchos aplausos en honor de estas tres mujeres que tanto han significado para España: Celia Gámez, Olga Guillot y Saritísima.

 

Texto: MARÍA JOSÉ LORENZO

Fotos: MANUEL PINILLA


LA FOTO CCCLXXV


La diva posa en el camerino durante su espectáculo "Saritísima" (1974).