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sábado, 29 de agosto de 2015

FOTOGRAMAS - 18 de Enero de 1974 - España


SARA 74:
ENTRE LA BAÑERA Y LA TOALLA

Sara perseguida por los pasillos de un balneario… Sara voluptuosa emergiendo de una vaporosa bañera de aguas termales… Sara compartiendo cinco almohadas con cinco apuestos galanes… Sara cubriendo sus desnudeces con una simple toalla…
“Cinco almohadas para una sola noche”, actualmente en su cuarta semana de rodaje, se aparta del tipo de película al que últimamente nos tenía acostumbrados nuestra “Saritísima”. Este salirse de los caminos trillados ha causado sorpresa en el ambiente cinematográfico e indudable expectación para saber el resultado del experimento. De sobras es sabido que a la Montiel le gusta pisar fuerte, terreno firme, siempre muy Sara, muy ella misma y poco dada a las innovaciones. Veamos su personal opinión sobre el insólito experimento que está llevando a cabo.
-Yo no creo haberme encasillado: en todo caso me habrán encasillado. Que me den un buen guión, sin canciones y lo haré, haga de vieja, de joven, de buena o de mala; llorar o reír… Lo importante es contar con una buena historia. Acordaros que en México y Hollywood hice toda clase de papeles… incluso de india.


"AL PÚBLICO NO SE LE PUEDE EMPACHAR: HAY QUE DARLE POCO Y BUENO".


Sara no parece excusarse, simplemente aclara, da su opinión. Pero tras “El último cuplé”, los patrones han sido similares…
-No estoy totalmente de acuerdo en ello pero en todo caso la elección ha sido de parte de los productores, de los señores que ponen el dinero para hacer una película. Y hasta ahora no he arruinado, como otros, a ninguno de ellos, todo lo contrario. A mí me contratan para cantar y canto. He exigido una calidad y una dignidad en las películas que me han ofrecido, y la tienen. Ahí están todas, aún en plena explotación, reponiéndose año tras año. Un buen guión sin canciones también lo hubiera aceptado, pero exigiendo igualmente calidad y dignidad.
-¿Aceptaría el público a una Sara Montiel que no hiciera de cupletista? Es un paso que algún día, algún productor debería decidirse a dar…
-Personalmente no tengo ningún temor a dar este paso. Soy cantante pero también soy actriz y para cantar como yo canto más que voz, de la que nunca he presumido tener, se necesita ser buena actriz. Y lo soy. Pero actriz para un guión cuya temática sea importante, por ejemplo una buena adaptación cinematográfica de una de estas estupendas obras de teatro que ahora tienen tanto éxito, pero que después en la película se pueda decir lo mismo que se dice en el teatro porque esto de que la censura sea mucho más rígida para el cine que para el teatro no me parece justo. O todos moros o todos cristianos. Hacer un cine importante pero mediatizado por una serie de factores y circunstancias ajenas a la obra en sí, no me interesa. Para esto sigo haciendo mis películas, con dignidad y calidad, películas sin problemas insuperables que puedan echar a rodar el esfuerzo realizado.
-Pero algo ha variado en la línea interpretativa de Sara. La actual película que está rodando se aparta de los moldes de siempre.
-Sí, indudablemente. Hago un papel desenfadado, alegre, que requiere tener vis cómica, sentido del humor… O sea, ser actriz. Y lo hago muy satisfecha, entre otras cosas porque me dirige un experto en la comedia, Pedro Lazaga. Por eso cuando me ofrecieron la historia dije que tenía que ser Pedro el director porque lo considero el mejor en este género. A mí me gusta trabajar siempre con los mejores, por eso también he exigido que el fotógrafo fuera el catalán Juan Gelpi. Con Pedro y Juan estoy totalmente segura de la agilidad, gracia y ritmo de la película y de la calidad fotográfica de la misma. Sí, ya sé, otros no exigen tanto. Yo sí, porque soy muy profesional y responsable y también quiero gente profesional y responsable a mi lado. A mí no me gusta jugar a hacer cine. En este sentido mi mentalidad, como en otros sentidos, quizá no sea española, es más americana, dentro de la escuela y técnica de Hollywood. Por ello mismo no acepto todo lo que me ofrecen. 

Baño de espuma, como las superstars de Hollywood, y albornoz ruso.

-Sara y su mentalidad. Un tema a profundizar. Sara Montiel la máxima estrella del cine español no tiene mentalidad española. Insistimos.
-Conocí a Greta Garbo y no tenía mentalidad escandinava. Y tantos otros mundialmente famosos cuya mentalidad no se ciñe a la idiosincrasia de su país de origen. Hay que tener mente universal, amplia. Quizá ello te lo enseña el haber viajado mucho y el haber conocido a muchas personas importantes. La técnica del cine la aprendí muy bien en Hollywood, junto a Kazan y junto a mi primer marido Anthony Mann, del que me divorcié; valga el ejemplo, por eso, por tener los dos una mente amplia y liberal. A eso me refiero. El trabajo, el viajar, el aprendizaje, el saber escuchar a personas que no hablan por boca de ganso te lleva con el tiempo a saber lo que uno debe hacer y dejar de hacer, por ejemplo hacer una buena película cada cierto tiempo, cada año y medio o dos años, sin premuras, sin prisas y, claro lo contrario, el no hacer cuatro o más películas al año cosa que considero una barbaridad. Al público no se le debe empachar, hay que darle poco y bueno, esto es lo que el público más agradece.
-Poco, bueno, canciones, interpretación, algo distinto: ¿reúne estas características “Cinco almohada para una noche”?
-En esto el público es el máximo soberano. Cuando se estrene la película el público lo dirá. Personalmente, para mí, sí. Esta película es distinta para mí, porque se trata de una comedia alegre, divertida, sexy, pero, que conste, sin caer en la barata chabacanería. Voy a salir muy mona y espero que el público se ría con mis peripecias, yendo de almohada en almohada, con las situaciones de picardía que tiene la historia y que Pedro Lazaga está realizando con una gran agilidad y ritmo. Y también canto, ¿por qué no? Y ya verán que números musicales, a más de uno le va a dar un síncope, y que conste que no me refiero sólo al público. Tres canciones picarescas, muy moviditas, un tango muy arrastrao y porteño y dos canciones muy españolas y muy famosas pero que canto a mi aire, sin caer en tópicos.


Llevando a Sara en silla de ruedas, uno de los galanes de ésta su última película: Manuel Tejada. 

-Sara Montiel también tiene fama por lo que a los repartos se refiere. A la hora de elegir actores ella impone nombres. Nombres famosos le han dado la réplica en sus films.
-Creo que el éxito de una película también depende del reparto. Muchas buenas historias e importantes producciones no han tenido aceptación por parte del gran público por no haber sabido acertar en el reparto. Podría citar un montón de casos, algunos de ellos recientísimos. En la actual película me acompañan, me dan réplica, cinco actores fabulosos. Me refiero a los papeles masculinos estelares. Además hay un amplio y muy buen reparto de otros actores y actrices, por ejemplo Perla Cristal, María Baso, Tota Alba, Erasmo Pascual… Los cinco fabulosos, así les llamo yo porque de verdad que son cinco soletes y actorazos como la copa de un pino, son el americano Graig Hill y los españoles Rafael Arcos, Manolo Zarzo, Ricardo Merino y Manuel Tejada. El público lo va a pasar estupendamente con ellos, están lo que se dice “clavados” en sus papeles, cada uno distinto al otro, cada uno con su propia personalidad. Entre ellos estoy como pez en el agua, no sólo por su calidad artística sino porque además son estupendos como compañeros y excelentes personas. Da gusto trabajar con ellos, te lo digo de verdad. Ya sabes que a mí no me duelen prendas, si no lo sintiera así no te lo diría.


Por Vicente ZABALA
Fotos: Simón LÓPEZ


EL RECORTE CCXXIX
Este reportaje de Fotogramas, del año 1973, ilustra con detalle una jornada de rodaje del que sería el último film de la diva: "Cinco almohadas para una noche". Incluye interesantes entrevistas con el director, sastre...

Sara Montiel ha iniciado el rodaje de “Cinco almohadas para Rosa” a las órdenes de Pedro Lazaga. Nuestras colaboradoras Ana M.ª Moix y Colita se han trasladado hasta Alhama de Aragón, permaneciendo 48 horas en el rodaje de doña Sara. Fruto de su viaje es el siguiente reportaje.
SARA
sus almohadas y… algo más

La historia: 5 aventuras para una cupletista y paternidad desconocida. Cada aventura es una almohada. En la foto: dos de las almohadas de la Esmeralda (Sara Montiel): Craig Hill y Ricardo Merino.

El Balneario de Alhama de Aragón se ha engalanado por unos días. En el jardín que lo rodea, el sol otoñal, que diríase tan decimonónico como el edificio, arranca amarillos y rojos a las hojas de los árboles. Los modernos coches, aparcados bajo la avenida de plátanos parecen una broma del tiempo, y a la chica que corre, ligera y en bikini, perdiéndose hacia la zona de los lagos, habría que darle una azotaina por romper, con su atuendo y alegría antienfermiza, la armonía del marco romántico. Es Silvia Tortosa la que despojándose de la vestimenta habitual de los setenta se zambulle, con un garbo y energía que hubieran horrorizado a las damiselas del XIX, en el lago del parque del balneario. En pleno otoño, sale del agua, exclamando: “Qué barbaridad, qué calor”. Después, explica a mi extrañeza, que “las aguas de este sitio siempre están a una temperatura de 34 grados”. En los bancos que rodean el lago, un grupo de mujeres (a quienes más tarde reconoceré como camareras del hotel del Balneario), murmuran en voz queda, esas voces que más que voces parecen susurros y huelen todavía a verano cuando llegan de lejos, que “No la he visto todavía”. Y otra: “Es que no he llegado aún”. “¿De París?” “No digas tonterías, maña. ¿No sabes que vive en Madrid?” “¿Cómo voy a saberlo? ¿Te crees que la conozco?” “¿Tú, qué vas a conocerla? Pero, hija, la Sara Montié sale en todas las revistas”. “A ellos sí los he visto. ¡Madre qué guapos!” “¡Y con esos trajes que les han puesto!” “El americano es el más guapo”. “Pues el Merino ese, el alto, bien simpático que es” “¿Y qué hará con cinco hombres? A mí se me da que esa película debe ser de lo más verde. La harán para el extranjero, digo yo”. “Vamos, mujer, que tú oyes cinco almohadas y ya te crees…”


En el interior del edificio decimonónico, interminables pasillos vacíos, inmensos salones desiertos con cortinajes de terciopelo rojo, largos visillos bordados que apenas oponen resistencia al suave viento que se filtra por los balcones y entreabiertos, estatuas de terracota. Los mármoles relucen y las molduras de madera decorada de los techos parecen pintadas ayer. Aquí, en este caserón final de siglo, va a suceder una historia de los años treinta escrita por José Navarro. En la época actual, una muchacha (Sara Montiel) reúne a cinco viejecitos (Craig Hill, Rafael Arcos, Ricardo Merino, Manuel Zarzo y Manuel Tejada) para darles el susto, grave a sus edades, de que uno de ellos es su padre. Cada venerable señor se recuerda, por turno, guapote, sin canas, viviendo un “affaire” en este balneario, en los años 30, con Rosa López, la Esmeralda, cupletista ligera y descocada, quien no satisfecha con disfrutar de las cinco almohadas, encima, lleva un diario donde escribe lo que hace con cada una de ellas.
Llego a la otra ala del hotel, habitada. Los cables eléctricos se enredan con marmóreas estatuas, caballeros con barba, traje de mil rayas y zapatos bicolor, aguardan sentados junto a señoras con sombreros emplumados, y trajes de los treinta. Ricardo Merino, con traje gris, chaleco, y camisa de cuello redondo almidonado, se pasea de un lado a otro del salón-bar, sin sentarse, para no echar a perder la raya del ancho pantalón. “Soy uno de los amantes de La Esmeralda en el Balneario. Es un papel simpático y divertido. Un hombre que vive sólo interesado por la política y los acontecimientos de la vida civil y de repente me encuentro a la cupletista en mi habitación, en pelotas. Hablamos de política y me acuesto con ella. De momento es un rodaje tranquilo, muy cómodo, como suelen ser los de Lazaga, con quien ya he trabajado otras veces”. Durante casi toda la jornada de hoy, ha rodado Craig Hill. Entradas, salidas, asomando la cara por una puerta… Ahora parece ser que observando a Rafael Arcos que transporta una silla de ruedas, que Arcos no utiliza por enfermedad sino por… A Sara Esmeralda los besos se le dan mejor acomodada en la silla de paralítico. Craig Hill, actor de Hollywood de los años 50 (trabajó en “Trece por cena”, “Eva al Desnudo” y “El precio de la gloria”). “Todo marcha perfecto. Me gusta este papel, es muy diferente de los que hacía últimamente. Lazaga es un gran profesional”.
Por la mañana, en el vestíbulo, mientras espero el ascensor, me llega a los oídos, el cuchicheo de dos camareras. “Ya ha llegado, ¿la has visto?” “Sí, chica, qué guapa, y eso que decían que estaba muy mal la pobre”. “Mujer, la has visto maquillada. Simpática sí es, me ha dicho buenos días y todo”. “Sólo faltaría”. “Pues dicen que hay artistas, divas de esas, que te tiran el desayuno por la cabeza cuando se despiertan de malas”. “Toma, las extranjeras, como la Kennedy, pero las de aquí son otra cosa. Me ha dado propina y todo, bueno ella no, la mujer que la acompaña, debe de ser la secretaria, ¿no?; sí esa que le aguanta el perro. A ver cómo dejan la habitación con el perro ese…”
Rodaje en el gran salón. Pedro Lazaga se mueve tranquilo. A pesar de que el argumento (cinco aventuras para una cupletista y paternidad desconocida) huela a melodrama, Pedro Lazaga me explica que no lo es. “Es una comedia alegre, divertida, de enredo y musical. Sara canta siete canciones, de las cuales, cuatro van acompañadas por un ballet y es un montaje totalmente musical. Es la primera vez que Sara hace un papel desenfadado. ¿Presupuesto? No sé exactamente, pero debe andar por los 30 millones”. Juan Gelpi está manipulando con las luces, y León Revuelta, el figurinista, probando chalecos a Craig Hill y revisando el traje de Ricardo Merino. Ninguno de los galanes rueda ahora. (El salón plató se ha puesto de luces para que Sara Montiel descienda la escalera de mármol, atraviese el salón entre los endomingados asistentes, y se siente en un sofá hojeando una revista.) Pero Colita se ha empeñado en hacerles una foto, con Sara, y pacientes se mantienen dentro del uniforme de rodaje. Ahora Colita pide cinco almohadas. ¿Para qué? “Quiero hacer una foto de los cinco galanes agarrados a una almohada y Sara en medio”. Se busca a los restantes galanes. Tejado no ha llegado todavía. Arcos, aprovechando que no rodaba, se ha ido a Zaragoza a pasarlo bien. Manuel Zarzo ha tenido que irse por estar a punto de ser padre. Sólo quedan dos almohadas para Sara, y para la foto de Colita.
Sara ha hecho su entrada en el plató, con la señora que la acompaña y el perro (un caniche enano) que ladra cada vez que trasladan cualquier objeto que se halle a unos metros a la redonda de donde supone que es territorio privado de su dueña. Pánico entre el equipo. La acompañante de Sara tranquiliza. “No muerde, es que cree que todo esto es de Sara y que se lo quitan”.






El director, Pedro Lazaga, con la almohada, la actriz y el rodaje puestos.

NEGRO Y VERDE PARA SARA
En el salón-bar, León Revuelta que ha hecho el vestuario de las tres últimas películas de Sara, de todas las de Rocío Durcal, y acaba de terminar “Acelgas con champán”, con Celia Gámez. “Mi mejor trabajo, sin duda “El alcalde de Zamalea”. Siempre prefiero las películas de época, puedo lucirme más. ¿Presupuesto de esta película? Sólo Sara saca 35 trajes y 10 desnudos”. ¿Cómo se explica esto de vestuario para desnudos? “Mujer, las toallas, sábanas o colchas para taparse un poco. Para Sara ha habido un presupuesto de casi un millón de pesetas. Añade los demás actores, toda la figuración… medio millón más. En total, he diseñado unos 500 trajes.” ¿Qué color le va más a Sara? “El negro, ¡por supuesto!, y el verde”. ¿Muchas discusiones? “Mira, sabe muy bien lo que quiere, y hay que torearla bien. Hay que hacer ver que las cosas se le ocurren a ella. Llevamos trabajando juntos 6 años. Tiene aureola de monstruo, pero no lo es, en serio. Nos peleamos todo el día, pero no hay problemas”. La leyenda dice que las mujeres son más puñeteras que los hombres para vestir. “¡Mentira! Los hombres son más quisquillosos. Prefiero vestir a diez mujeres que a un hombre. El único actor que nunca me ha creado problemas fue Omar Sharif. ¿Qué actriz me gustaría vestir para lucirme? A Ava Gardner”. ¿Cuánto tiempo le ha llevado preparar los 500 trajes de esta película? “Ah, es el problema de siempre en este país: tiempo y dinero. Me han dado una semana y media para organizar todo este jaleo. Si tuviera que trabajar en Hollywood, con mucho tiempo y dinero, creo que me resultaría difícil por la falta de costumbre. No entiendo cómo los de fuera con los medios que tienen caen en los errores que caen. ¿Ejemplo? La pifia de “María, Reina de Escocia”, Vanessa salía con un velo de nylon, ¡imperdonable!”. En un rincón del bar, viendo la tele, María Basso, Tota Alba, Juana Azorín y Carmen Martínez Sierra. León Revuelta me dice que me quede un par de días más para no perderme una de las escenas más divertidas de la película: las cuatro actrices citadas, figuran cuatro viejecitas tías de Arcos, a quienes van a meter en el lago del Balneario. Menos mal que es agua caliente, sino las matan. “¡Les he hecho unos camisones de encaje para la escena!”.
Tota Alba es una de las tías del solterón Arcos, a quien suponen afeminado hasta que embaraza a la Montiel. “Prefiero los papeles dramáticos, pero los cómicos me divierten y cansan menos. La tensión nerviosa o sentimental agota al actor, en cambio en el papel cómico cuenta el texto, la picardía con que cuentas un chiste…”
En el salón, Sara Esmeralda ya ha descendido la escalinata y está sentada en un sofá rojo de terciopelo. Traje lila, turbante blanco, y de perfil a la cámara, chupándose las mejillas como antaño, como siempre. Entre plano y plano “Mary, Merche”, las maquilladoras acuden prestas. Sentada, este primer plano de perfil será todavía como los ya clásicos de “El último Cuplé”. “Sí, Pedro, ¿así? Vale, como digas, de acuerdo”, hace cuanto recomienda Lazaga y de vez en cuando acude al rincón para explicarle a Cuchi, que los focos no son suyos y que puede tocarlos quien quiera. Terminado el rodaje, se despide hasta la hora de cenar. “Si me permites quisiera subir a quitarme el maquillaje, me pesa”. No faltaría más. Mientras me quedo con Lazaga en el bar. Alguien le recomienda “¡Cuidado con lo dices, que los de Fotogramas siempre se cargan al cine español!”.


"Es una película diferente a cuantas he interpretado hasta ahora. Es una comedia divertida, desenfadada, pero, ¡humana, eh!", dice Sara Montiel.

PELÍCULAS PARA LAZAGA
Lazaga, realizador de 76 películas, empezó a trabajar en el 46, con un cine que podríamos calificar más de autor que de comercial. ¿Por qué este cambio? “Mira, del 46 al 48 hice el guión de “Abel Sánchez”, de Unamuno, rodé “Campo Bravo”, “Hombre acosado” y “Cuerda de presos”. Todo el mundo me decía que estaban muy bien, pero que no eran comerciales. Hasta el 52 no pude hacer nada. Por fin hice “La Patrulla”, me dieron premios y dio dinero. Total que desde entonces hasta ahora ruedo 6 o 7 películas al año, pero no me permito realizar una sola idea mía. ¿Por qué? Lo que más me gusta es el cine y, realizando ideas mías o no, es lo que he hecho: cine”. Tras 76 films y con el éxito comercial que ha tenido, ¿no puede permitirse hacer “un cine”? “Tengo muchas ideas, pero cuando voy a una productora me dicen que el guión bueno es el que tienen ellos y que es el que vamos a hacer. Dentro de poco voy a aventurarme a hacer una película mía”. ¿Cómo será este cine? “Pues… no me gusta anticiparme con explicaciones. A lo mejor resulta que es igual al que estoy haciendo ahora. Las estetas me reprochan que en mis películas no hay ideas fundamentales. Bueno. A mí me gusta la filosofía y la poesía, pero en libros de filosofía o de poesía. El cine es otra cosa, y sobre todo tiene que ser comercial. Una película hecha para cuatro o cinco personas es una “boutade”. ¿Qué director me gusta más? Ford. Creo que en general, el cine americano es el cine. ¿Españoles? Erice”. Lazaga, un profesional, ¿cree que el cine joven español le falta profesionalidad? “No, le falta sentido del cien, quiero decir que el cine tiene que ser comercial. Se hace para que lo vean millones de personas y se rían cuando tú quieras que se rían y se emocionen cuando tú has planeado que se emocionen. El director que se plantea una película para su sola satisfacción, más vale que se dedique a otra cosa”.



La historia transcurre en un balneario, en España; durante los últimos años anteriores a la guerra civil. 

SARA Y ALGUNOS RECUERDOS
Sara Montiel ha bajado al comedor. Sin maquillaje, el cabello suelto y un abrigo (¡de visón!) que la cubre por completo. “Este personaje es nuevo para mí. Es divertido, desenfadado… ¡pero cuidado!, es muy humano, eh. Hay cinco hombres diferentes en la vida de esta mujer, y ella es diferente para cada uno de éstos. Canto siete canciones. Interpreto el papel de la cupletista en el año 30 y el de la hija en el 73, cuando quiere saber quién es su padre. Nunca he trabajado con Lazaga, pero cuando me dieron el guión dije: si no lo hace Lazaga yo no hago esta película.” ¿No le asusta hacer un papel diferente a los interpretados hasta ahora con los que ya la identifica el público? “No, no. Me encanta renovar y hacer cosas nuevas. No se trata de un vodevil, ni de una astracanada, ¿eh? Es una alta comedia, como las americanas, bueno, como las americanas no, porque no podemos compararnos con el cine de allá, la comedia americana es una obra maestra”. Por TV anuncian el alto el Fuego en Oriente Medio. “Menos mal”. Dice Sara. “¡Esas guerras! ¡Total, para vender un fusil más… que barbaridad!” Dice que su canción preferida es “La Violetera”, y que la película de Amadori, del mismo título, es la que prefiere de cuantas ha intervenido. ¿Y aquel proyecto de dirigir cine? “Lo haré, lo haré. Una película musical, hecha con muchos medios”. Pero antes, le gustaría hacer una película. “Catalina de Rusia. ¡Qué tía la Catalina! Cómo me gustaría hacer ese papel”. ¿Qué director eligiría? “Un ruso. Y actores también rusos, son guapísimos. Me gustaría rodarla con mucho dinero, con escenarios inmensos, con 5000 personas, y poder repetir planos cuantas veces fuera necesario”. De nuevo, por TV la noticia de la muerte de Pau Casals. “Ay, qué pena me da”. ¿Le conoció? “Sí, claro. Él me dio el permiso para actuar en la Universidad de Puerto Rico. Me dieron un premio, a mí, a él y a Andrés Segovia. Era un ser maravilloso.”
Dice que también conoció a León Felipe, Alberti, Neruda… (ver reportaje escrito de puño y letra en págs.. 56 y 57). La lista de amistades, o conocidos de Sara es interminable. La noche y el silencio se mecen sobre los pasillos y salones ya desiertos tras la jornada de trabajo. Vacías las sillas de rejilla, focos y cables entre las sombras cobran identidad de insectos que aguardan la mañana para recuperar su funcionalidad. En este duermevela en que se ha convertido el entorno, la memoria de Sara despierta. Nos habla de entonces, de su estancia en USA. Anthony Mann. Su ataque cardíaco, en la Quinta Avenida, frente a la joyería Tiffany’s. La boda en artículo mortis. Amigos comunes de entonces. Mel Ferrer y Audrey Hepburn (sus vecinos) jugaban al tenis con Greta Garbo. “Me impresionó porque dominaba muchos idiomas y entendía mucho de política”. En aquella época, Sara, con 37 dólares en el banco, no podía comprender el alcance y verdad del horóscopo que la dictaminaran unos hermanos gemelos, expertos grafólogos a las órdenes de la policía de Los Ángeles: “éxito y dinero”. Dice Sara que no podía creerlo, pero que al día siguiente recibió un telegrama de España: “La próxima Sisí del 58 se llamará Sara Montiel. Firmado: Enrique Herreros.”
24 horas antes se había estrenado “El último Cuplé”.


Texto: Ana M.ª MOIX
Fotos: COLITA


LA FOTO CCXXIX


Con el último film de Sara Montiel, "Cinco almohadas para una noche", despedimos nuestro blog. Fue un placer compartir y disfrutar con todos ustedes de nuestra diva durante estos cinco años. ¿Volveremos...

viernes, 7 de octubre de 2011

AMA - Primera quincena, Julio de 1974 - España


“SARITISIMA”
Llegó vestida de ibicenca: túnica blanca bordada, collares y amuletos al cuello, pamela con flores en la cabeza y un hermoso capacho colgado del hombro, Sara Montiel es, por sí sola, un divertidísimo y atractivo espectáculo. Desde Mallorca vino a Madrid para presentar su película “Cinco almohadas para una noche”.
-Tengo una gripe horrible. Mis catarros son como mis amores: cuando me cogen no saben cómo soltarme.
-¿Está Sara en su mejor momento?
-A medida que pasa el tiempo, para una artista de mi manera de ser y de actuar, mi personalidad se va consolidando. No es que esté en mi mejor momento, sino que estoy evolucionando hacia algo positivo, porque yo me doy al público de verdad, sin trucos. Mi éxito de mis novecientos setenta y cuatro es muy verdad, y esto al público le llega porque no le he desilusionado.
-¿Crees que por ahora nadie te puede hacer sombra?
-Pues mira, tenemos muchas actrices y muchas cantantes importantes. Lo que ocurre es que yo sigo siendo Sara Montiel, sin parecerme a Pepita Pérez. No imito a nadie, al contrario, me imitan a mí. No es que no existan otras. Desde que soy Sara Montiel han salido Marisol, Rocío Dúrcal, que empezaban en el cine cuando yo tenía películas de éxito. Ellas son buenas actrices y buenas cantantes, y ahí están otras de mi época, pero si no se conservan en alcohol y se hacen todas las estéticas que a mí me cuelgan, porque, vamos… ¡sólo falta que digan que me he hecho la estética en los pies! Que, por cierto, los tengo muy bonitos.





PUBLICO FEMENINO

-Pero, ¿dónde reside tu éxito?
-No lo sé, y me gustaría saberlo; porque, si, como se dice, nadie es profeta en su tierra, yo he conseguido serlo aquí y fuera de aquí. En Rusia, por ejemplo, que tiene no sé cuántos millones de habitantes, he triunfado. He ido a la Argentina, que todos dicen que son italianos y unos cuantos gallegos, y se matan por mí. Voy a Méjico, donde cuentan que sólo hay aztecas y mayas, y se organizó el escándalo… O sea, que no sé por qué le caigo bien a la gente. Sobre todo a las mujeres. Últimamente lo he podido comprobar en el teatro. De repente se levanta el telón, en las funciones de la tarde, y veo que la mayor parte del público es femenino. Para encontrar a un hombre en la sala y sentarme sobre sus rodillas, cosa que forma parte de mi primer número, resulta bastante difícil.
-¿Este público femenino que acude a verte es joven o maduro?
-Hay de todo: chicas jóvenes y señoras de edad mediana. No mayores, porque hoy no existe la vejez. Sólo es vieja aquella persona que se siente así. Son esas señoras que ya son abuelas, que tienen sus hijos ya casados, que se reúnen con un grupo de amigas y se van a ver a Sarita Montiel. Por la noche, el público era más heterogéneo. Hasta los “hippies” venían a verme, porque les interesaba como un personaje extraño.



Sara se presentó radiante de "hippismo": flores, collares, colgajos y exaltación del amor. 

“SOY UN PERSONAJE EXTRAÑO”

-¿Lo eres?
-Sí, yo creo que soy un personaje extraño, porque no soy normal, eso, desde luego. Soy un “show”, como Dalí, pero con un cuerpo fenomenal, sin bigotes y una cara más guapa, claro.
-¿Te imitan mucho?
-Sí, a las mujeres les gusta peinarse y maquillarse como Sara Montiel. Ahora llevo estos trajes, que el año pasado puse de moda, y son estos modelos de ibicenca y palmesana. Este que llevo hoy es mallorquín, de un pueblo del interior de la isla, que se llama Tellá.
-Sara, ¿no te encuentras un poco sola?
-¿Personalmente? No, no estoy sola. Cuando murieron mis padres, fueron los únicos momentos de mi vida que me sentí sola. Para mí la soledad, a veces, es necesaria y la busco para leer o pensar.
-El espectáculo de “Saritísima” ha tenido un éxito rotundo en los sitios donde se ha presentado. ¿Qué opinas de las estrellas? ¿Son o no son necesarias las estrellas?
-Tiene que haber estrellas. Si yo, como espectadora, voy a ver una película muy bien dirigida, pero sin estrellas, no me interesa. El mito de la estrella es importante para que el público se crea la historia que le están contando. Por ejemplo, “Chancal”. El libro me gustó muchísimo; la película, no. El protagonista no me interesa ni como artista ni como hombre. Si esa película la hubiese hecho un Gary Cooper o un Robert Taylor, en su tiempo, entonces, sí. Es como la última película de Liz Taylor. Nada, malísima. Pero las cinco personas que estábamos allí fuimos a ver la estrella, no la película. ¡Menudo rollo! ¡Si la llego a hacer yo, los críticos me matan! Pero, si la hubiese hecho, las mujeres hubiesen ido a verme. No es que me quiera comparar con Liz Taylor, pero sí puedo hacerlo en el sentido de que somos estrellas y el público acude a vernos. 



Se siente en plenitud de facultades físicas: "Las de mi época, si no se conservan en alcohol y se hacen la cirugía estética..."

DIRECTOR Y EMPRESARIO

-¿Los productores han ganado mucho dinero contigo, verdad?
-¡Hombre, pues te diré! ¡Si el cine de España se conoce fuera ha sido gracias a Sara Montiel! Las divisas que yo proporciono a este país son muy grandes, cosa que me alegra muchísimo.
-¿Comparables con los impuestos?
-Los impuestos los tienes que pagar, quieras o no quieras. No tengo la suerte de Brigitte Bardot, que, como es una mujer que lleva muchas divisas a Francia, no paga ningún impuesto –ésa es una peregrina opinión de Sara Montiel-. En fin, yo confío que algún día a los artistas que llenamos las arcas del Estado nos hagan esa gracia. A mí me gustaría que los actores nos uniésemos para plantear esto en Sindicatos. La vida del actor es muy corta. El artista, el bailarín, tienen sus días profesionales contados, y no tenemos seguro de ningún tipo.
-¿Te asusta el futuro o la posibilidad de tu caída como estrella?
-Teniendo juventud y salud no se piensa en ninguna caída. Se piensa en la muerte. Y el que diga que no piensa en la muerte es un embustero. 



En la rueda de prensa, con motivo de la presentación de su última película. Sara encantó a los informadores. 

-¿Preparas tu futuro?
-A mí me gusta dirigir y ser empresaria de teatro. Entonces, en el momento en que el espejo me diga que ya no tengo nada que hacer, me retiro. Aunque yo, esto de la belleza física lo tengo por muy secundario. Lo importante es tener inteligencia para seguir trabajando en lo que te gusta. Yo sé mucha técnica del cine y del teatro, estoy preparada para dirigir cualquier cosa, porque el mundo del espectáculo lo conozco muy bien.
-¿Te volverías a casar?
-No me gusta hablar de mi vida íntima. Si estuviese soltera y alguien me pide matrimonio, pues a lo mejor me caso o no. Eso no lo sé. Yo no pensaba casarme y ya llevo dos maridos. O sea, que no se puede decir “de esta agua no beberé”.
El “show” de Saritísima ha terminado por hoy. Mañana, pasado, en cualquier rincón de este país, Sara Montiel seguirá siendo la atracción y el espectáculo más original de los últimos tiempos.


Paquita CASTILLA
Fotos: JUAN GALLEGO


EL RECORTE XXXVII
En Julio del 74 Sara presentaba la que fue su última película. En Diciembre del 73 se encontraba en pleno rodaje, y concedió esta entrevista para la revista Diez Minutos, que la publicó el 15 de Diciembre de 1973. Una entrevista típica de Sara adornada con fotografías del genial Simón López. 



SARA MONTIEL,
en su nueva película,
“Cinco almohadas para una noche”



Sara en el baño; su rostro sobre la espuma. 

Sara Montiel, la inefable, inimitable, insustituible y envidiable, rompió el paréntesis de paro cinematográfico que tenía desde “Varietés” para protagonizar una nueva película y seguir sorprendiendo al público como acostumbra; porque Sara no se ha dormido nunca en los laureles y posee la misma ilusión y muchos alicientes nuevos para mostrarse lo más variada posible, a pesar de la continuidad habitual en sus personajes. Ahora, la Montiel rueda “Cinco almohadas para una noche”, a las órdenes de Pedro Lazaga, donde encarna por primera vez un papel de comedia ligera, tirando a cómico. Sus galanes, esta vez con cinco (uno por almohada): Craig Hill, Manolo Zarzo, Ricardo Merino, Rafael Arcos y Manuel Tejada. En un descanso del rodaje, mientras cambian las luces, charlamos con la estrella; he aquí nuestra conversación:
-¿Cuál ha sido tu actividad desde “Varietés” hasta “Cinco almohadas para una noche”?

-Pues primeramente estuve en Estados Unidos, a instancias de la United Artists, para presentar y asistir a los estrenos de “Varietés” en Nueva York, Boston, Chicago, San Francisco, parte de Tejas, Los Ángeles y Miami; después regresaré a España y comencé a trabajar por casi todas las provincias haciendo galas, incluidas tres presentaciones en Madrid durante el verano pasado, alternando el trabajo con cortos descansos en Mallorca, porque he elegido esta isla para mí sola, dado que es la más bella del Mediterráneo. Hasta poco antes de comenzar la película he seguido actuando en presentaciones personales, la última de las cuales fue en octubre, en Zaragoza, donde Perla Cristal y yo presentamos un mano a mano que llenó hasta la bandera el local en los cuatro días que actuamos; luego he tenido que dedicar un cierto tiempo a elegir las siete canciones que canto en la película, la grabación de las mismas y la elección del vestuario. Ya ves, pues, que no he parado…
-Es la primera vez que te dirige Pedro Lazaga, ¿qué opinas, personalmente, de él?
-Que mueve muy bien a los actores, que es un señor muy bien educado y que posee mucho talento. Es posible que en su próxima película, si dispongo de tiempo libre, me vaya con él como ayudante de dirección.
-Eso, si no recuerdo mal, pensabas también hacerlo con Bardem y luego se quedó en agua de borrajas…
-Efectivamente, así fue, pero mi viaje a Norteamérica impidió que me incorporara al esquipo técnico de “La isla misteriosa”. Ya es sabido mi propósito de dirigir cine, aunque sólo lo haré cuando no pueda estar delante de la cámara porque se me caiga la cara de vieja. 

-Se dice que tu papel es diferente en esta película. ¿Realmente es cierto?
-Sí, porque ahora resulta que después de tanta Sara dramática, esta vez voy a descubrir que hasta tengo gracia. Ya verás, ya verás… Me suelto el pelo… y otras cosas.
-¿Por qué hay un espacio tan grande de tiempo entre una y otra película tuya?
-Porque no me interesa tener a la vez dos películas en cartel, con la consiguiente saturación y disociación del público, y porque una película es algo que debe prepararse y cuidarse mucho y necesita tiempo para tener todo previsto, sin dejar a la improvisación nada más que lo estrictamente necesario. Esto, mejor que los actores, lo saben los directores, que tienen por lo general que hacer películas a base de talento, pero con muy poco dinero y casi sin tiempo necesario para rodar, y esto a mí no me gusta que suceda en las películas en las que yo intervengo.
-¿Qué te pasa con Hacienda? ¿Acaso te tiene enfilada?
-No es Hacienda quien me tiene enfilada, sino los que forman parte en el Sindicato el Comité de Actores, que decide lo que tienen o deben pagar cada uno de nosotros. Como ellos han decidido que yo sea la que más pague, pues resulta que soy de las mejores contribuyentes del país, donde tan buenas carreteras y tan buenos puentes se están haciendo  por todas partes…



En esta escena se demuestra el marcado carácter cómico del papel que Sara interpreta en esta ocasión. 

-Siempre suelen esperarse con expectación los galanes que acompañan a Sara Montiel y que suelen tener el denominador común del exotismo y la nacionalidad extranjera. ¿Qué ha pasado en esta película para que no suceda lo esperado?
-Ha pasado, sencillamente, que no es una producción totalmente española. Además, no son cinco galanes, sino cinco “caracteres”, y por ello se han elegido los cinco actores que iban para sus respectivos personajes.
-¿Y cómo es que  no está Christian Matrás como operador, al que pareces guardar una gran fidelidad profesional?
-Pues porque llevo a otro tan bueno como él, con la fotografía en su haber de películas tales como “Las Vegas quinientos millones”, “Un verano para matar”, y “La corrupción de Chris Miller”, entre otras.
-Siempre has hecho papeles de mujer guapísima y maravillosa. ¿No te gustaría, aunque sólo fuera por una vez, interpretar, por ejemplo, a una jorobada que, además, no fuera cantante?
-Estamos en España y no podemos engañarnos de lo que se puede y no se puede hacer, y si tuviéramos una industria que pudiera pagar por los derechos de una “Virginia Wolf”, por ejemplo, un millón de dólares (sesenta millones de pesetas), más cinco o seis millones de dólares más para hacer la película, yo no tendría inconveniente de hacer esa jorobada a la que aludías simbólicamente, sabiendo que iba a estar arropadísima, dirigidísima, pagadísima, distribuidísima mundialmente y galancísimos, etcétera; en ese caso, sí.
-¿Te has sentido en algún momento una mujer-objeto?
-¡Huyyyy…! Sí que me he sentido mujer-objeto y mujer utilizada en el comercio del cine. Y como yo hay otras muchas.
-Se ha dicho últimamente, haciéndose eco de unas supuestas declaraciones tuyas, que se te habían malogrado tres hijos. ¿Es cierto?
-Sí, es cierto. El primero se me malogró, de resultas de una caída, cuando yo estaba casada con Anthony Mann, y si viviera tendría ahora catorce años; el segundo podría tener diez, y el tercero un poco menos… Pero si no te importa prefiero cambiar de tema, aunque no antes de decirte que no desespero de la idea de ser madre, porque las mujeres de mi familia han dado los hijos a pares (mi madre tuvo dos partos dobles y mi tía seis), y, por lo tanto, diciéndolo en frase popular, desciendo de una raza de “conejas”.




La popular actriz, aquí frente al espejo, logra demostrar que sabe combinar su belleza con el talento interpretativo. 

-¿Qué haces para estar tan guapa? ¿Podrías revelar “tus secretos” a las nuevas actrices?

-No creo que tenga necesidad de decir a las nuevas actrices lo que tienen que hacer, porque todas son muy jóvenes y guapas (con destape o sin destape); pero si por casualidad necesitaran un consejo mío les voy a dar la receta que yo uso, según cuentan: meterse ocho horas diarias en un baño de alcohol para así poderse conservar…
-Tiras con bala, ¿no?
-No, pero si Dios me ha dado una nariz pequeña y mona, unos ojos grandes, una boca bonita, un pelo precioso y unos pómulos marcados, ¿qué quieres entonces que diga?...
-Para terminar, Sara, dime el nombre de algunas personas que hayan calado fuertemente en tu personalidad y que esa marca sea imperecedera.
-Te voy a dar cuatro nombres, preferentemente, aunque existe algún otro más. Son los de León Felipe, Alfonso Reyes, Pablo Neruda y Nicolás Guillén.



No cabe duda que Sara Montiel sabe cuidar con gran esmero su belleza y mantener ese aire de perpetúa lozanía, con la copa en la mano. 

Texto: TRIALASOS.
Fotos: SIMÓN LÓPEZ.


LA FOTO XXXVII



Nuestra internacional Sara en otra escena de 'Cinco almohadas para una noche'. En esta ocasión cantando 'María de la O'.




viernes, 12 de agosto de 2011

PRIMER PLANO - 10 de Febrero de 1946 -España


Siguiendo la costumbre de la época, Sara Montiel aparece sólo en la portada. La foto es del genial Gyenes. 


EL RECORTE XXX

El 18 de Julio de 1975 la revista Fotogramas llevaba a su portada una foto de Sara con el titular 'El último show de Sara'. En el interior nos encontramos casi con un monólogo de la actriz en la que narra sus proyectos inmediatos y expresa su opinión sobre el cine español, la censura.... No deja de ser un reportaje interesante tanto por las palabras de la diva como por las maravillosas fotos de José María Castellvi que  las acompañan.


verano 75

SARA
                  la de siempre



Tiene un lujoso y enorme piso en la plaza de España. Moquetas azules, alfombras caras, cuadros de firmas cotizables. Rasos coquetos entrevistos entre puertas, un perrito pelo duro perfectamente elegante y rebosando pedigree por todas partes, y (claro está) un busto enorme de la propia Sara con el ídem al aire y expresión de “mirando a la posteridad”. Además, de las paredes, entre los cuadros, cuelgan diversos dibujos y pinturas de una Sara en múltiples actitudes, y como colofón, un enorme retrato de ella arrancado, no me cabe la menor duda, de la cartelera de un cine: son dos metros de cara de Montiel observando el salón con ojos llenos de brillo y frente cuajada de medallas doradas. Y aquí, en este contexto, en este ambiente, está Sara con melena caoba suelta sobre la cara, perfectamente maquillada, con un collar de cuentas de madera. Sara, la mítica, Sara, Saritísima, la de siempre. Y como siempre.



¿Proyectos?, mira guapa, los proyectos en mí son un poco más lentos que en el resto de las actrices. Desde hace muchos años, desde antes de ‘El último cuplé’, tomé la decisión de hacer pocas películas pero más cuidadas. Es lo mismo que lo de ‘Saritísima’, que ya sabes que ha sido un éxito enorme en Madrid y en Barcelona, pero enorme. Porque estaba hecho con cuidado, con trabajo, no a la ligera, no como otras que hala, hala, se dedican a hacer cosas muchas veces sin leer siquiera el guión, y así ruedan cuatro cosas al año a lo mejor, que ellas sabrán lo que hacen, a mí esto no me va, que a veces veo películas por ahí en cines españoles y me da vergüenza ajena. Yo hago un film cada año o año y medio, porque me gusta leer el guión, me gusta escoger al director, al equipo, como tú sabes. En este momento hay en proyecto una película pensada para mí, claro. Y además hay una serie de productores nuevos, como Dibildos, Frade, Rayzábal, que están haciendo cosas, productores con ganas de trabajar, jóvenes, que están haciendo cosas muy interesantes. Y si estos nuevos productores no hacen un boom enorme es por cosa de la censura. Porque España puede competir con cualquier país en cuanto a gente, España tiene maravillosos escritores clásicos, y modernos, la pluma en España es muy importante. Lo que pasa es que todos, y sobre todo yo, tropezamos con la censura, que nos corta las alas. Y luego está Cinespaña, que no se ocupa casi nada de proyectar nuestro cine fuera de España. Mis películas, por ejemplo, que siempre han sido como cabecera del cine español, la locomotora de nuestra industria, no las han cuidado como debieran. Mira, a mí no me importa el dinero, ahora. No es que sea millonaria, pero no me importaría hacer cosas por poco dinero si fueran buenas. La gente dice: “es que la Sara es muy cara”, y no es cierto. Que me den buenas cosas, buen equipo. Gracias a Dios, ahora no necesito el dinero. Estoy en un momento en que quiero hacer cosas buenas, nada más. 



Sara gesticula mucho, con las manos, con la cara. Por un lado sus ademanes tienen un cierto tono sofisticado, movimientos amplios, voz un tanto impostada. Pero su sofisticamiento está también a caballo de vez en cuando, de un desgarro y una gracia muy castiza. A la Sara estrella le sale la María Antonia. Y además, también está su tendencia a hablar en tercera persona, hablar de Sara Montiel ella misma siguiendo la más pura tradición victoriana. 


“Y yo espero simplemente. La semana pasada devolví dos guiones porque no me gustaban, pero la semana que viene puede venir uno que me parezca bien. Es una pena, si hubiera una censura más amplia, si tuviéramos una libertad mayor, asombraríamos al mundo entero. Lo mismo que pasa con la pintura, que de nuestros pintores aprenden desde siempre todo el mundo, si no me equivoco. ¿O no? Mira, yo quiero hacer ahora una película sin cantar, pero tiene que ser un guión bueno, no una historia rosa. Lo mismo pasa con el teatro, a lo mejor a fines de año hago una cosa, una gran obra con Adolfo Marsillach, no lo sé todavía… Sí, claro, hay muchos y buenos directores. ¿Pedro Olea? Con Perico hace mucho tiempo que quiero hacer, que queremos hacer algo juntos. Y además están muchos otros, Eloy de la Iglesia, que me va a mandar un guión ahora, está Saura. Mira, cuando le dieron el premio en Berlín a Saura, el ese, como se llame ese premio, el Oso de Berlín, eso es. Bueno, cuando se lo dieron, aquí, no hizo caso nadie. Y a mí fue a quien se me ocurrió organizarle una comida con los críticos y la prensa, entonces no le conocía nadie, pero yo hice esto porque me parece buenísimo. Y esto es algo que Saura no ha olvidado. Lo que pasa es que las películas no salen de repente, ya sabes cómo es el cine, estamos todos en tratos, algún día u otro cuando haya una película apropiada lo haremos. Es todo un proceso lo de las películas, es como parir una criatura. Además que hay películas de actriz de reparto y películas de estrellas. Yo no puedo hacer de actriz de reparto en una película de Perico o de Saura, por ejemplo, son cosas que no puede hacer Sara Montiel. Y eso que me pagan mucho, no es cuestión de dinero, ya te digo. Pero no me interesa hacer este tipo de cine. ¿Qué dices? Claro que se pueden hacer películas buenas de estrella. Mira Liz Taylor, por ejemplo, aquella película tan estupenda que se llamaba… ¿cómo se llamaba? “X y Z”, sí esa. Bueno, ahí trabajaba con Susanah York, pero ella tenía un papelón, era su película, un triángulo de estos típicos, de los de siempre. Y Liz Taylor no necesita cantar en sus películas. Sí, claro, yo he hecho a veces cosas que no gustan mucho. Sí, “Cinco almohadas para una noche” no me gusta, pero ya ves, está dando mucho dinero. A mí es una película que no me llama la atención, creo que Lazaga el director no puso mucho de su parte haciéndola, pero está siendo un éxito.
De todas formas, no pienso hacer otra película de este tipo. Yo he hecho unas quince películas en diecisiete años, a partir del auténtico comienzo de mi carrera, con la etapa americana y el ‘Último cuplé’. Claro que no me gusta todo lo que he hecho. También nos podemos equivocar. Mira tú las equivocaciones que ha tenido Sofía Loren últimamente. Quitando ‘Los girasoles’, ha hecho como cinco películas seguidas de esas que no se pueden ver, que yo he pasado una vergüenza espantosa viéndolas, pateando el cine Callao en pleno. Y te estoy nombrando a señoras a las que les han servido todo en bandeja de plata y fuera de España. ¿Yo? Ni bandeja de plata, ni cobre, ni tan siquiera bandeja. A mí me ha costado y me cuesta mucho llamarme Sara Montiel. Además, aquí ¿sabes lo que me pasa? Pues que muchos directores tienen miedo de dirigir a Sara Montiel, temen que la personalidad de Sara anule la suya. Y están equivocados. Hay que tener gente buena dentro de las películas. Una vez hice de madre. Y dijo Perojo: para hacer de hija hay que buscar una chica que no sea muy guapa, no vaya a ser que Sara…” Y yo le dije que no, que en absoluto, que había que buscar a la chica más guapa posible, y además buena actriz. Porque es lógico, necesito que sea una chica guapísima para que la gente se crea que es hija mía. Además, cuanto mejor sea la gente que está dentro de una película, mejor es la película, es más completo el producto. Yo no soy de esas que dicen: ‘Esta tiene talento, así que esto no, yo quiero alguien que sea tonto’. No, no, todo lo contrario, yo quiero actores conmigo muy buenos. 
¿Cómo? Claro, yo me considero una estrella, yo SOY una estrella. Y ahora las estrellas están de nuevo de moda. De los años 65 al 70 o así no estaban muy de moda, pero ahora todo el cine del mundo vuelve a las grandes estrellas, porque han visto que es la única forma de hacer cine. Mira tú el “Rexford” y la “Streisen”. Yo soy un mito en España y fuera de España, sí. Es una grandísima responsabilidad para mí, claro. De todas formas, me consideran un mito también porque yo soy así, te soy sincera, porque no cojo un guión sin leerlo antes, no como otras. ¿Qué que es ser una estrella? Pues es tener una gran personalidad. Y el público es el que elige, es algo que no se prepara, hay no sé qué que capta al público. Yo sé lo que quiero, sé a donde voy. Y creo que tendré para mucho tiempo en este puesto, creo que seguiré siendo Sara Montiel muchos años. Claro que envejezco. Toda la gente envejece, guapa, gracias a Dios, si no nos moriríamos. Actualmente, ya ves como estoy físicamente. La gente puede juzgar por las fotos de este reportaje, las que ha hecho Castellvi. Y son fotos de diapositivas, así de pequeñitas, no se pueden retocar, lo mismo que las películas. Y no cambiaré en mi línea de trabajo. Josephine Baker se murió siendo la Baker. Las estrellas, además, están en auge. Ahí está la chica esta rubia, ¿cómo se llama? La de las botas rojas… eso, la Deneuve. O la “Glacson”, la “Jenda Glacson”, y Rommy Schneider. Lo que pasa es que en los otros países se cuida a las estrellas con amor. Y aquí se tira a degüello. Y a pesar de que tiren a degüello, Sara Montiel sigue. No me retiro por ahora, voy a dar un poquito de guerra todavía. Y la seguiré dando aquí. Porque hace dos años y medio me ofrecieron una película con “Pinkimpack”, esa de “Traedme la cabeza de García”. Y dije que no. Porque no nos van a las estrellas europeas esta forma de trabajo de los americanos. Yo tengo miles de ofertas, las que quisiera, de Méjico, de Rumanía, de Checoslovaquia. Y no quiero. Yo, aquí. Hay Sara Montiel para rato.”


Texto: Rosa MONTERO
Fotos: J. M. CASTELLVI
Flores  plantas: LA ORQUIDEA
Muebles: LA CONCOR
LA FOTO XXX



Otra instantánea de Castellvi del mismo reportaje. Es la foto que la revista Fotogramas pone en la portada del  recorte de esta entrada.