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sábado, 28 de septiembre de 2024

EL IMPARCIAL - 1958 - México


(Pincha en las fotos para verlas en tamaño original)




























EL RECORTE CCCLXXI
A treinta años de "El último cuplé" y recién superado el incendió del Hotel Sarriá, en Barcelona, Sara Montiel miraba al pasado, presente y futuro para la revista Tiempo en su número de 1 al 7 de junio de 1987.


SARA MONTIEL,

TREINTA AÑOS DE CUPLÉ

En Estados Unidos la llaman Sa-rui-ta, en la URSS es la gran Montiel. Hace treinta años por estas fechas estrenaba El último cuplé, y es casi la misma que hace unos días salía ilesa de un incendio en un hotel de Barcelona. Y es que Sara Montiel es de todo punto, y se la mire por donde se la mire, incombustible.

“A mí el cuerpo me pide ahora mucha bulla”

Por LUÍS SÁNCHEZ BARDON/Fotos: QUECA



-¿Por el humo se sabe dónde está el fuego, Sara?

-A veces no, aunque se vea todo el humo del mundo. Nosotros estábamos en el piso decimoquinto y no veíamos el fuego por ninguna parte. A veces los refranes y las frases hechas no dicen la verdad.

-¿Mientras llegaban los bomberos se acordaba usted de aquella canción de “Fumando espero”?

-No, no me acordaba. Sólo me venía a la cabeza aquella película de “El coloso en llamas” y una angustia terrible, porque me estaba jugando la vida, los hijos, mi marido. Y no me acuerdo de mucho más. Ahora es cuando estoy sintiendo un miedo racional.

-¿Usted cree en Dios?

-De toda la vida.

-¿Y no se la ocurrió hacer alguna promesa?

-Cuando estuvimos a salvo, pensé en mis hijos y en mi marido. Yo tengo mucha fuerza en las piernas y me sujetaba bien, pero Pepe padece de gota y la debilidad en el pie es muy grande. No, no he hecho ninguna promesa, pero yo ya he puesto flores a mi gente.

-¿A qué gente?

-A mi madre y a mi hermano, que hacía quince días que le había enterrado.

-No le faltaba más que un incendio en su vida.

-Pues sí, mire por dónde. A mi edad y con la vida tan fuerte que he llevado, no me faltaba más que un incendio. Precisamente cuando empiezo ahora a luchar contra el tiempo. Yo soy una mujer mayor para mis hijos y quiero dedicarles todo el tiempo del mundo.

-Usted no es de las que ocultan la edad.

-Jamás. Siempre he dicho la edad que tengo. Cuando hice “El último cuplé” tenía veintisiete años y ahora tengo cincuenta y nueve. Yo nací en mil novecientos veintiocho.

-Y no piensa retirarse.

-Puede que me retire algún día. Pero como ahora las cincuentonas estamos de moda en todas partes, yo también sigo. Decía la actriz Vivian Leigh que cada uno tiene una edad para cada momento.

-O la que se merece.

-También la que se merece, porque yo aparte de muy fuerte he tenido una vida muy bella. Yo he trabajado mucho cuando esto era imposible en un país en que a la mujer se le criticaba todo. También me ha tocado pasarlas muy mal, ¿eh? Que yo he llorado muchas veces de felicidad, pero también de rabia, de dolor y de pena.


-Y cuando le dicen que es el orgullo de España, ¿cómo se siente?

-Muy bien, porque he sido la embajadora de mi país durante muchos años en todo el mundo: en Japón, en América, en Rusia. Recientemente en Francia, y gracias a Frederick Mitterrand, sobrino del presidente de la República, han pasado por la televisión un ciclo de películas mías, porque en muchos países conocen el cine español a través de mis películas. Que me digan que soy el orgullo de España me llega al alma, muy adentro. Pero yo no creo que el Gobierno tenga que pagarme por eso, porque yo sí que he sido profeta en mi tierra.

-¿Y usted qué le da al público?

-Yo les doy a Sara Montiel. El público me acoge porque sabe que le gusto como soy. Yo no he aprendido mi arte de nadie.

-Tendrá también sus ídolos.

-Cuando era jovencita mi actriz preferida era Ingrid Bergman y a quien no alcancé a ver mucho fue a Rita Hayworth. De gente actual me gustan mucho Robert Redford, Meryl Streep y, musicalmente, Liza Minnelli y Barbra Streisand. Hombre, si hablamos de verdad de cantantes a mí la que me gusta es Ertha Kitt, que tiene setenta y tres años y el mayor número de discos vendidos en Estado Unidos. Pero de verdad, quien me gusta de verdad es Frank Sinatra.

-¿No le da miedo mirarse al espejo?

No, yo soy muy coqueta y me encanta mirarme al espejo. Yo asumo la edad muy bien. Será que los amores que he tenido siempre han sido hombres mayores que yo o porque no he tenido nunca complejo de vejez. Porque llevo la vejez muy bien, ¿no? Yo lo digo siempre y lo repito: si quiero tener arrugas tengo que pintármelas.

-¿Qué es lo más auténtico de Sara Montiel?

-La sinceridad que tengo, el amor que le tengo a la gente, al hombre en sí. Yo creo mucho en el hombre.

-¿No dijo usted en alguna ocasión que ya quedaban pocos hombres de verdad?

-Jamás. Yo no puedo haber dicho nunca eso, no es mi estilo. Yo creo mucho en los hombres, aunque reconozco que no todos llevan buenas intenciones.

-¿Qué le pide el cuerpo a su edad?

-Mucha bulla. O sea, que yo tengo una vida muy activa, muy intensa. Mis hijos, la marcha que llevo, las actuaciones, las galas ahora en verano… Yo canso a un buey.

-Usted presume mucho en sus actuaciones de “domingas”.

-Bueno, eso de las “domingas” es un término muy manchego.

-¿Y se puede decir aquello de que dos “domingas” tiran más que dos carretas.

-Podría ser, pero no creo que sean tan importantes. Hay otras cosas, como la manera de pensar y de ser, las cualidades, el amor. Todo eso.

-¿Qué última gran burrada le han dicho?

-Me han dicho muchas. Muchos hombres vienen y me dicen: “¿Ve esta hija? Pues la hice pensando en usted y se llama Sara.” Así de veces me lo han dicho.


-Dicen de usted que ha tenido tantos amores como catarros.

-Es que yo llamo a los amores catarros, porque yo soy propensa a cogerlos terribles y no me los puedo quitar de encima. Pues cada vez que tenía un amante no me le podía quitar de encima. Pero sí, he tenido muchos.

-¿Tantos como María Asquerino?

-No sé cuántos ha tenido María, pero sé que mi marido está entre ellos. Mi marido siempre ha tenido buen gusto para todo.

-Aparte de él, ¿cuál fue el hombre de su vida?

-Sin duda alguna, Anthony Mann. Fue importante y decisivo en mi vida, aunque también lo fue el poeta León Felipe, pero tenía sesenta y cinco cuando le conocí. Le quería como a un padre, pero él se enamoró de mí como una fiera. Yo creo que fui su último tren.

-León Felipe es un desconocido en España.

-Como Miguel Hernández, yo creo. Miguel era muy amigo de mi padre. Cuando le ingresaron en la cárcel, íbamos mi padre y yo a llevarle medicinas, inyecciones de oro que se decía entonces, y comida a su mujer y a su hijo. No sirvió de nada, porque se murió o le mataron. Le dejaron morir.

-Ha habido muchos poetas en su vida.

-También conocí y canté poemas de Neruda. Le envié un disco con sus poemas “Me gusta cuando callas” y “Te recuerdo como eras” dos meses antes de que muriera en Isla Negra.

-Pero usted es manchega. Supongo que habrá leído el “Quijote”.

-No sólo leído, sino interpretado también. En “Sara de la Mancha” hice el papel de su sobrina Antonia.

-Creo que usted tiene una gran frustración y es no haber podido ir a la Universidad.

-Ahí me ha cogido en mi punto débil. Yo tengo complejo no sólo de no haber ido a la Universidad, sino también de no haber ido a un colegio normal, porque en la época de Franco no podíamos ir a la escuela porque no las había y mi padre no podía pagar un colegio de pago. Empecé a leer con casi veinte años y a esa edad no se asimilan las cosas. Tenía talento, pero no posibilidades para demostrarlo. Es la vida la que me ha ido enseñando y la he ido absorbiendo con mi inteligencia natural.

-Creo, además, que esto le ha hecho pasar una de las mayores vergüenzas de su vida.

-Exacto. Cuando estrenamos “La violetera” en el año mil novecientos cincuenta y ocho en Caracas yo tuve que escribir unas cosas para el público y puse hispanidad sin hache. Yo creo que ha sido la mayor vergüenza de mi vida.

-Sin embargo tenía usted compensaciones. Indalecio Prieto dijo que España, la España de entonces, no se merecía “ese pedazo de mujer”.

-Sí, Indalecio Prieto me hizo una crítica, creo que en “El Excelsior” de México, que no había palabras tan generosas. Esas cosas te animaban mucho.

-¿Y usted de política cómo anda?

-Pues parte del terrorismo, la droga y el paro, creo que estamos en una democracia maravillosa y en una libertad que espero que no se convierta en libertinaje. A mí me gusta cómo están gobernando los socialistas y creo que todo no se puede hacer en un día. Hay que dar tiempo al tiempo. Antes los artistas íbamos al extranjero avergonzados, pero desde que hay democracia yo voy con la cabeza muy alta por el mundo.

-¿Qué le preocupa ahora?

-El Sida y el tiempo. El tiempo que no tengo para ver crecer a mis hijos. t



LA FOTO CCCLXXI


La placidez de una diva: Sara Montiel. En los '80 por: Gumer Fuentes.

viernes, 14 de julio de 2017

LA ACTUALIDAD ESPAÑOLA - 3 de Julio de 1.958 - España


NUESTRA PORTADA
Con motivo del VI Festival Internacional Cinematográfico, que dará comienzo el próximo día 19 en San Sebastián, este número de LA ACTUALIDAD ESPAÑOLA dedica gran parte de sus páginas a tal acontecimiento. De año en año va subiendo el prestigio mundial de este magno certamen cinematográfico, en el que diversas naciones presentan sus títulos más prestigiosos. Así, pues, el VI Festival se presenta dentro del más brillante clima expectativo y hace prever una solemnidad que jamás tuvo el Certamen Cinematográfico de España. Y como portada de nuestras páginas dedicadas al cine, la belleza de una estrella que, nacida en España, concretamente en Campo de Criptana, ha ganado renombre internacional: Sara Montiel.


EL RECORTE CCLI
Aunque sin los grandes premios cinematográficos, concretamente de su país, España, la diva siempre fue considerada el icono del cinema nacional. Por voluntad propia abandonó el cine en los '70 pero nunca le faltaron ofertas para regresar. Pedro Almodóvar se lo propuso a principios de los '90 y esto es lo que Sara decía al respecto a la revista Tiempo en su número de 2 de Julio de 1.990. 

 PELÍCULA/LA CANTANTE SOLO VELVERÍA AL CINE DE LA MANO DE PEDRO ALMODÓVAR
En los años setenta se retiró del cine porque le ofrecían películas de destape, y en la década de los noventa vuelve ante una oferta de Pedro Almodóvar. Sara Montiel quiere para su regreso a la pantalla una bomba de relojería que esté a su altura.
SARA MONTIEL
“Almodóvar puede ser un chico ‘saritísimo’”
-Pedro Almodóvar ha asegurado que está preparando un gran papel para usted en su próxima película.
-Eso dice.
-Pero habrá hablado con usted del tema.
-Bueno, hace dos años, después de un viaje a Brasil, hablé con Pedro Almodóvar sobre un proyecto muy bonito. Me pareció muy buena idea, pero la cuestión no pasó de ahí. Ahora no sé qué se trae entre manos.
-¿Qué te parece como director?
-Cuando vi por primera vez una película suya dije: “¡Madre mía, éste arrolla al mundo entero con esa imaginación y talento!” Le admiro además porque es manchego como yo.
-La admiración parece que es mutua.
-Yo sé que Pedro me ha admirado siempre.


-Tanto que ha llegado a decir que “Sara Montiel en la década de los sesenta era para los españoles, y para mí, lo que para el mundo representaba Marilyn Monroe”.
-Todos sabemos que Pedro Almodóvar es muy expresivo y dice cosas como “para mí no hay una estrella como tú, porque eres lo más grande”. Me admira y le admiro.
-¿Por qué se retiró del cine a mediados de los años setenta?
-Se empezó a hacer un cine extraño en España. Mientras la transición política fue maravillosa, la del cine fue un desastre.
-¿Por lo del destape?
-Sí, entre otras cosas. Películas en las que una entraba a desayunar en la cocina y salía desnuda, el otro llegaba y decía “buenos días”, y la otra se bajaba las bragas sin venir a cuento, en fin, cosas muy raras, un cine muy feo, muy feo. Me ofrecieron dos o tres películas de este tipo y no me interesaron nada. El cine iba por unos derroteros que no me convencían, muy extraños. Entonces me dediqué al teatro y descubrí lo que es actuar delante del público. Me fui olvidando de la pantalla. El cine ya no era tan bonito como el que yo hice, todo había cambiado mucho.
-En los años ochenta, sin embargo, se ha realizado otro tipo de cine.
-Se hace ahora un cine más serio, importante. Me gusta más.
-¿Y le han hecho ofertas?´
-Sí, algunas, pero no las he aceptado porque tengo los pies sobre la tierra y sé lo que puedo dar de sí. Siempre me he negado a volver al cine, me he encerrado y ni mi marido puede conmigo. Me he retirado con el estilo mío y con mis películas famosas ya hechas. Hasta que un día vi una película de Almodóvar y cambió mi forma de pensar.
-O sea, que Almodóvar la puede llevar al huerto.
-¡Ni borracha vuelvo al cine!
-Todos tenemos un precio.
-Bueno, creo que el único que me podría llevar borracha, eso sí, al cine sería él. Le tengo un gran respeto y cariño y me parece que es el hombre idóneo para cualquiera.
-¿No ha leído el guión de la película?
-Yo no sé nada en concreto de este tema, de verdad, vi a Almodóvar hace unos días antes de marcharse a Francia, pero de lo que estoy segura es que si hacemos los dos una película será una bomba de relojería.
-¿Se va a convertir, entonces, en una “chica Almodóvar”?
-Bueno, ya para mis treinta años que llevo llamándome Sara Montiel tendría gracia. Almodóvar, efectivamente, ha lanzado a varias actrices, pero yo estoy lanzadísima desde hace muchos años. Esa bomba de relojería que decía antes tendría que ser una auténtica bomba para poderlo hacer. Y, en todo caso, Almodóvar sería un chico saritísimo.
-Dicen que usted es un mito y, además, un mito erótico.
-Pues no sé. Habría que preguntárselo a mi marido.
-Pero usted ha jugado a serlo.
-Bueno, sí, pero yo no soy quién para decirlo, no quiero opinar de mí misma. Puede que sea una mujer sensual, que canto susurrando, porque no he tenido voz, ni lo he pretendido. Precisamente cuando llegó El último cuplé marqué un estilo de canción que no se gritaba, que cantaba casi hablando, pero con una dicción perfecta, eso nadie me lo discute.
-Un tema que está en el aire es el de la droga.
-Me preocupa mucho, también el SIDA.
-¿Conoce a Carlos Goyanes?
-Le conocí cuando era pequeño, porque hice un contrato multimillonario con su abuelo Benito Perojo, pero luego ya le perdí la pista y no hemos hecho amistad.
-¿Cree usted que es inocente en todo este asunto de tráfico y blanqueo de dinero?
-Cuando antes se aclare mejor para todos, pero con las personas que están implicadas en tráfico de droga, desde luego sería implacable con ellas. Si demuestran que no tienen nada que ver pues mira que suerte, de lo contrario, iría a por ellos. Tengo pánico a la droga y estoy totalmente en contra de ella y de su consumo porque mata a la gente, sobre todo joven, deshace familias y crea delincuencia. Si seguimos así, el día de mañana nos encontraremos sin gente joven en condiciones.


-Como madre de familia usted vivirá más de cerca todo el problema de la droga, ¿no?
-Siempre tengo un miedo atroz por mis hijos de que alguien pueda, ahora que son pequeños, inducirles hacia la droga. Sé que está en todas partes, en la calle, en los colegios… la palabra droga me pone enferma.
-En el mundo del espectáculo, además, circula de una manera bastante habitual.
-Por desgracia es casi habitual en todas partes, desde el pobre desgraciado de la calle hasta los ejecutivos. Es alucinante. Y le pido a Dios y a la justicia que se mueva para cortar esto de una vez.
-Mientras llega el papel de Almodóvar, ¿qué hará?
-A lo mejor no llega el papel, pero, en fin, mientras tanto sigo trabajando como una loca. Acabo de rodar una serie para televisión de siete capítulos de una hora de duración cada uno.
-¿Cuándo se emitirá?
-Después del verano. El programa se llama Sara y punto y es una serie musical, en la que canto e intervengo con papeles divertidos, no cómicos porque no soy una actriz cómica, pero sí con sentido del humor. Canto cuarenta y seis canciones. También preparo teatro, las galas de verano y, Dios mediante, me presentaré en Madrid con un espectáculo musical, con un libreto escrito por Pedro Ruiz, un hombre que tiene unas ideas sensacionales.
-No para, por lo que veo y cuenta.
-Es que tengo el mismo espíritu de lucha que cuando era jovencita.

Por ROSETA CAMPOS


LA FOTO CCLI


Misma Sara, misma lámpara y casi misma foto que la de la portada de La Actualidad Española. 

lunes, 11 de agosto de 2014

GENTE - 15 de Julio de 1990 - España


SARA MONTIEL
Historia de una diva

Aprendió a leer con León Felipe en México. Ernest Hemingway le enseñó a fumar puros en La Habana. Besó a Gary Cooper en “Veracruz”. El destino la salvó de acompañar a James Dean el trágico día de su muerte. Marlon Brando se perdía por su forma de cocinar los huevos fritos. Se volvió loca cuando desapareció su madre. Es el sueño dorado de Pedro Almodóvar. Se siente de haber pisado la tribuna del Partido Comunista Soviético que inauguró Lenin. Tiene millones de admiradores e imitadores y es española. Terenci Moix la llamó por primera vez Saritísima, aunque sus padres, en Campo de Criptana, la bautizaron con el nombre de María Antonia Abad. Era muy joven, casi una niña, cuando Sara Montiel, entonces María Antonia Abad, quiso dejar este mundo cruel arrojándose a la vía de un tranvía de ciudad. El amor había llegado a su vida para convencerla de que sin él no merecía la pena vivir. Pasaron algunos años y aquel rostro ingenuo y soñador comenzó a perfilarse como uno de los más sugerentes del momento. Pasaron todavía unos años más y la pobre manchega se había instalado en Hollywood, mientras la última película que había hecho antes de marchar, “El último cuplé”, rompía con todas las previsiones de taquilla en Europa.
Fue en 1957. Ella tan sólo era una veinteañera y había cobrado 250 pesetas de dietas en los cuatro meses que duró el rodaje. Decidió irse a hacer las Américas y triunfó. Desfiló entre los grandes de Hollywood. Trabajó con Gary Cooper y Burt Lancaster en “Veracruz”, de Robert Aldrich. Hizo amistad con Alfred Hitchcock. La fotografiaron con James Dean dos días antes de su muerte. Tenían casi la misma edad, habían coincidido en los estudios. Ella estaba rodando “Serenade” (“Dos pasiones y un amor”). Dirigía su marido Anthony Mann. Mario Lanza, Joan Fontaine y Vicent Price encabezaban el reparto.
Él estaba haciendo “Gigante”, con Liz Taylor, Rod Hudson y el director George Stevens. “Estuve en varias fiestas con James Dean y muchas veces había ido con él en el mismo coche con el que se mató. Se mató porque era miope y no llevaba gafas. Iba al desierto a probar el coche, le gustaba mucho”, recuerda Sara Montiel. “El caso es que las fotografías que se hizo conmigo dos días antes fueron las que se publicaron en todo el mundo, porque eran las últimas imágenes en vida de James Dean”.
Los últimos años dorados de Hollywood dejaron muchos recuerdos a Sara Montiel. Ahora, sus paisanos le preguntan constantemente cómo era Burt Lancaster o de qué color eran los ojos del guapísimo Gary Cooper.
“Tenía los ojos como mi padre, azul verdosos, intensísimos, preciosísimos. Gary Cooper me gustaba mucho, pero entonces era muy mayor para mí. Cuando rodé “Veracruz” yo tenía 24 años y él 54”.
No sabía lo que estaba haciendo el día que Ernest Hemingway le ofreció el primer puro de su vida. No podía imaginar que el detalle exterior más sugerente y provocador lo adquiriría en La Habana y de las manos de un inolvidable de las letras. “Yo conocí a Ernesto en Cuba cuando fui a hacer “Piel canela”, en la casa de Gómez Mena, una gente cubana muy importante entonces. Me empezó a llamar “la bella segoviana”, porque cuando estuvo de corresponsal de guerra aquí le tocó el frente rojo detrás de El Paular. Siempre me decía: “Tú eres mi bella segoviana”. Me ofreció por primera vez un puro, porque yo fumaba cigarrillos y, mira, desde entonces fumo puros”.


Foto: TERESA PEYRI

Ya en aquellos años, Sara Montiel había tomado algunas decisiones difíciles que eran duramente criticadas en la España del franquismo. “Yo pasaba aquí por puta porque estaba casada por lo civil solamente. Y cuando me casé por segunda vez no me dejaron hacerlo dentro de España”. La manchega de oro recuerda también unas declaraciones que hizo a Manuel Vázquez Montalbán definiéndose socialdemócrata, “casi vamos los dos a la cárcel, ¡madre mía!”.
“O sea –continúa- , que yo soy muy clara y consecuente con mis ideas, no políticas, porque yo no soy política en absoluto, aunque admiro a políticos como Pepe Bono, el presidente de la Junta de Castilla-La Mancha. Es un tío sensacional que ha levantado la Comunidad. Es brillantísimo, sin deseos de lucro, un hombre ejemplar, un socialista.”
Manchega hasta la médula, Sara Montiel persigue sin pausa el trabajo de otros manchegos y otros castellanos ilustres. Si Pepe Bono es “un tío sensacional”, Pedro Almodóvar es “uno de los mejores directores del mundo. Con él yo podría, indiscutiblemente, volver al cine que dejé hace muchos años”. Y dice podría, porque todos los rumores y las noticias que se han difundido en los últimos meses acerca de la próxima película de Almodóvar con su musa Saritísima son sencillamente eso, rumores.
“Él me ha ofrecido volver. Y aunque yo estoy muy dura para regresar al cine, con él podría, remotamente, porque es el mejor y lo ha demostrado en Europa y América. Como yo le digo que es tan cachondo como yo y tenemos un cerebro muy caliente y somos los dos muy parecidos… esperemos. Bueno, es que sería un boom, imagínate. Él, Pedro Saritísimo y yo, Sara Almodovarísima. Sería el único que podría convencerme, pero yo dejé el cine hace mucho tiempo”.
Hace quince años, exactamente. Rodó con Lazaga “Cinco almohadas para una noche” y se despidió. “Hace miles de años me retiré del cine porque quise. Fue cuando empezaba el cine de destape y yo estaba produciéndome mis propias películas”. Claro que mucho antes había alcanzado una fama insospechada y un público adicto que no ha dejado de seguirla. “Hacía una película por año, mientras las estrellas españolas y de Hollywood hacían dos o tres. Pero yo no me podía hacer a mí misma la competencia y mis trabajos seguían años en cartel en los mismos cines. ¿Me explico?”
Perfectamente, pocos han sido los elegidos para llegar, posar y triunfar. “Yo estoy muy mal acostumbrada, no conozco lo que es el fracaso artístico, por desgracia. El día que me venga no se cómo lo voy a tomar”. Mientras tanto, la suerte la acompaña casi con la misma fuerza de cuando estrenó “El último cuplé”.
“Soy consciente de que he sido una artista que ha hecho películas que me han proporcionado fama y con las que he dado mucho dinero a otras personas. Yo también me hice millonaria a los dos meses de estrenarse “El último cuplé”. Firmé un contrato para cuatro películas con Benito Perojo y por cada una me daban 35 millones de pesetas de las de entonces, que equivalían a un millón de dólares”.


LAS BUENAS COMPAÑIAS. Sara ha mantenido a lo largo de su carrera una buena amistad con grandes nombres de las artes. Con el poeta León Felipe (primera foto a la izquierda) compartió algo más que una gran relación amistosa; de hecho, Sara fue u último amor y su gran musa. Con el pintor Salvador Dalí (en el centro) charlaba de pintura, de música y de colores y luces, temas que apasionaban a los dos. Con Joan Miró compartía el amor por la misma tierra: la isla de Mallorca, donde tenían ambos su hogar. 


CHICA DE PORTADA. Las más importantes revistas del mundo le han dedicado sus portadas en múltiples ocasiones. "Life", por ejemplo, sacó la imagen de Sara en su primera página nada menos que en tres ocasiones. Junto a la spublicaciones de información general, también su cara lució en los quioscos desde las revistas especializadas en cine, como "Cine-Revelation". 

Un millón, dos o tres, nada comparable a la adquisición de la categoría de mito, pero de mito “vivito y coleando. Y es que no paro, canso a un buey. Date cuenta de que yo hace muchos años marqué un estilo, una época. La gente se mataba por ver mis películas. Soy consciente y, conforme pasa el tiempo, lo voy viendo con más parcialidad. Muchas veces lo he comentado con mi marido: “Fíjate amor, ¿por qué sería? Salí con el cuplé y rompí con todo”. Las chicas querían peinarse como yo, vestirse como yo, cantar como yo, porque yo, por primera vez, canté sin gritar”.
Vocalizando, utilizando el movimiento de los labios para provocar con cada nota, exagerando a veces alguna palabra. “Una vez me encontré con una sorpresa maravillosa. Llegué a la Universidad de Moscú y estaban enseñando español a través de secuencias mías cantando y hablando, para que vieran la pronunciación. También descubrí que pasaban películas a los sordomudos para que vieran cómo modulo y cómo pronuncio. Fue maravilloso”.
Anécdotas sorprendentes, momentos únicos, situaciones irrepetibles en la vida de una manchega que aprendió a leer y escribir cuando la infancia se había quedado lejos. “Empecé a aprender un poco con 22 años. Me enseñó León Felipe en México, un privilegio maravilloso. También me enseñó todo el teatro de los grandes escritores”.
Calderón, Cervantes, Shakespeare,… tan lejanos hasta ese momento comenzaron a asomarse. “Luego me puso al corriente de la música, de la poesía, con él aprendí mucho. Pero las cosas no se quedan tan grabadas cómo cuando eres un niño. Aún con León Felipe fue empezar la ‘m’ con la ‘a’ ‘ma’, la ‘p’ con la ‘i’ ‘pi’…” Y es que Saritísima, el ejemplo de vocalización castellana, confiesa que le debe mucho al poeta. “Yo debo todo primero a mi madre, luego a León Felipe y después a Miguel Mihura”.
“Claro, porque yo a Miguel le conocí siendo muy jovencita, con quince años, y fue un hombre que influyó mucho en mi vida de niña-mujer. Fue muy cariñoso y muy amigo mío, creyó muchísimo en mí, me enseñó muchas cosas de teatro y de la vida porque yo no sabía nada”.
Poco a poco, cerca de grandes hombres y apoyada en todo momento por su madre, María Antonia Abad fue convirtiéndose en Sara Montiel. La fama, la fortuna, los amigos, los amores apasionados, la riqueza, los viajes, se fueron haciendo más rutinarios. Pero también llegaron los malos momentos. El peor, la muerte de su madre. “Perdí totalmente la… me volví casi loca. Me escapaba y me iba a dormir a la tumba de mi madre durante casi tres meses. Hasta que un día me cayó una tormenta y me refugié en la cripta de los enterradores. Uno se presentó a las seis y media de la mañana, y le di un susto espantoso. Él era un sordomudo, pobrecito ya murió; una excelente persona que se dio cuenta de que no estaba bien. Estuve en tratamiento con el doctor López Ibor”.
Los amigos, los buenos amigos, la ayudaron a recuperarse. Desde entonces, Sara sabe que “nacemos para morir”. Nada, sin embargo, consigue que se resigne a querer más tiempo, mucho más tiempo. “Yo deseo que vivamos mi marido y yo un poquito más de tiempo para ver crecer a mis hijos. Me gustaría verlos, porque nosotros no es que seamos padres tardíos, es que somos abuelos prematuros. ¡Uh!, no cambio nada, nada, nada, por mis hijos”.



Zeus y Thais, Thais y Zeus. Pequeños, “listísimos”, agredidos, según sus padres hace unos años desde un artículo publicado en un diario. “No soy vengativa, pero eso se paga. El hacer daño a un niño se paga. La vida es muy larga, hija mía. El destino de las personas es un misterio, pero quien le haga daño a un niño, ¡hummmmm!, mala cosa, lo lleva mal”.
Dice que no lo entiende, que para ella es incomprensible, que sólo desea la paz en el mundo y que no ocurran cosas como aquella. Habla y habla de sus retoños, del amor a “Jesucristo-hombre” que les intenta inculcar. Se reconoce buena persona, “incapaz de hacerle daño a nadie. Soy una persona muy normal, que respeta al prójimo, muy sentimental, desinteresada, muy espléndida en el sentido de que lo doy todo, porque además lo he hecho siempre desde pequeñita y así me moriré, osea…”
O sea, un deshecho de virtudes, una joya. “No, yo tengo muchísimos defectos, cariño. ¡Uh! Tengo muchísimos defectos, ¿qué dices? Pero te quiero decir que la virtud es que me entrego a la persona, a la gente y no le hago daño a nadie. Y la envidia, no tengo. Soy muy exigente en mi trabajo, tengo un genio muy fuerte, no me dejo pisar, tengo un orgullo del demonio. No sé”.
Un orgullo profesional que la ha hecho merecedora de muchos aplausos. Que le ha permitido llenar los locales donde actúa. Que le ha dado oportunidades de oro en el cine. Que la ha convertido en Sara Montiel “Saritísima”. Un orgullo que, incomprensiblemente, no le ha hecho olvidar el sudor frío que aparece al salir a los escenarios, los nervios, el miedo.
“Un miedo horroroso, no se por donde empezar. Cuando se tiene responsabilidad y respeto a tu trabajo, a la escena, al público… Yo salgo con mucho miedo, siempre es como si debutara. Luego ya entras y te adueñas”. Así dice que es, “aunque esté la sala llena. Se te pone como una laguna. Yo no creo en la gente que sale y que no suda y está perfecta y proyecta la voz justo en el momento, o sea, matemática. Creo en el artista que sale muerto de miedo y que, incluso, improvisa porque se ha equivocado”.
Es el mismo miedo que siente ahora Sara Montiel unos meses antes de estrenar “Sara y punto”, una serie musical en Televisión Española. Y los mismos nervios que preceden a la presentación de un nuevo disco-show que prepara estos días con Pedro Ruíz. “Es muy difícil de explicar cómo es. La canción se llama ‘¡Qué noches!’: ¡qué noches tengo!, ¡qué noches paso!, ¡qué noches soy!, o sea, una salsa, una ‘salsa-Sara’”.
Siempre provocando, insinuando ante los millones de ojos que la admiraban desde antes de que se casara por primera vez, y siguieron admirándola cuando contrajo segundas nupcias y cuando encontró a Pepe Tous “amor”. Sara insinúa, incluso, cuando recuerda aquella histórica audiencia con Pablo VI, que el Papa le dio muchos consejos sabios: “Tiene usted que hacer el papel de Eva Lavalier”, le decía.


"El último cuplé" lanzó a la fama internacional a Sara Montiel y fue además todo un record de taquilla a nivel mundial. 
(Pincha en la foto de la derecha para verla más grande)
Tierna cuando habla de Miguel Mihura y de León Felipe, “le quería como a un padre, pero él se enamoró de mí como una fiera” ha dicho alguna vez. Obsesiva al encontrarse en la memoria con su madre. Coqueta, extremadamente coqueta cuando la asaltan con preguntas sobre los mitos de Hollywood, “¡Uh! sí”. Dulce en su papel de madre amantísima de sus pequeños. Directa y sincera reconociendo el dolor de los malos momentos. Poderosa ante la lista de amores ilustres, de enamorados continuos, de hombres arrastrándose a sus pies.
María Antonia Abad. Campo de Criptana 1928. Once abortos, muchos amantes, tres maridos, una actuación ante Franco, una mala contestación a Goebbels. Infinidad de películas, discos, shows. Una madre, dos hijos, muchos aplausos.


Texto: BEGOÑA PIÑA


EL RECORTE CLXXVIII
Pocos años antes de fallecer Pepe Tous, Sara Montiel estaba inmersa en proyectos que llevó a cabo, algunos, y otros no, pero que la mantuvieron en la brecha del interés por el mito en excelencia del cine español. "Sara de Cine" o "Sara y punto" fueron los que la mantuvieron ocupada en 1989. La revista Tiempo, en su número de 20 de Noviembre de ese año, la llevaba a su portada y recogía en el interior una entrevista realizada a la actriz. 


SORPRESA / NUEVO DISCO QUE INCLUYE LAS CANCIONES MAS FAMOSAS AMERICANAS
La reina del cuplé y mito erótico de la España de siempre, presenta, desde su perpetua perspectiva, un nuevo elepé: Sara Montiel de cine, a la par que prepara la serie televisiva Sara y punto. Entre espejos como piedras y pechos adobados en oro, Sara Montiel abre las entrañas para hablar de sí misma.
SARA MONTIEL
-¿De nuevo en la brecha? ¡Vaya marcha que tiene usted, Sara!
-Es que me lo pide el cuerpo. No puedo vivir sin trabajar. Por eso me decidí a grabar este último disco en Londres. He recopilado canciones famosas americanas, de esas que no mueren, y luego, claro, las mías de siempre.
-Y Televisión en plan estrellaza también, ¿no?
-Estoy metida de lleno en el rodaje de Sara y punto, una serie de siete capítulos que durará una hora cada uno y en los que canto, bailo y tengo invitados para que hagan cosas originales. Hay diálogos, en fin, procuro que sea original y poco visto.
-Da la impresión de que desde que dejó el cine se lo monta de Tele en plan “yankee” total…
-Sí, sí, a partir del año 76 dejé el cine porque ya no me interesaba. Ahora el cuerpo sólo me pide shows para televisión y discos. Lo próximo serán canciones de amor maravillosas porque yo creo que el amor no tiene fronteras y no tiene final. O sea el amor sigue en la brecha de todos nosotros.
-¿Hay algo del amor que usted no sepa?
-Bueno, saber sobre el amor… se sabe que amas, lo mismo que amas a Dios, a los animales, a las flores, al hombre, los niños, eso es el amor. A un hombre que te gusta, del que te enamoras como de mi marido, pues eso es amor también.
-¿Su panegírico sobre el amor concuerda mucho con lo que le pide el cuerpo?
-El cuerpo me ha pedido y me pide bulla. Siempre estoy activa e intensa. Sin trabajar, y mientras el cuerpo aguante, no puedo estar. Me voy a América, vuelvo, grabo discos, preparo galas en verano.
-Y usted es de las que ha dado caña a los hombres. Tiene un historial clínico-humano de envidia…
-Porque he vivido mucho y a tope. Ten en cuenta que he conocido a lo mejorcito, Gary Cooper, León Felipe, Hemingway.
-Y amantes a pala.
-Bueno, siempre he dicho que yo llamo a los amores catarros. Soy, o mejor dicho, he sido, propensa a ellos y me era difícil quitármelos de encima. En cambio amores sólo dos: mi primer marido, Anthony Mann, y Pepe Tous, el de ahora, y espero que el último.
-¿Seguro que ya no lo dejára?
-Sólo me divorciaré de Pepe cuando salga otro nuevo elepé.
-¿Qué me dice?
-Por la publicidad, ja, ja, ja. No, mujer, es una broma. Me río de la gente que es capaz de hacer estas cosas para que hable y se publique.
-Se ríe usted como una diva, Sara.
-No cariño, yo soy una persona sencilla. En la época en que yo era la figura más importante del cine desde Rusia hasta la Patagonia, incluido Estados Unidos, ya era entonces como soy ahora, sencillísima.


-No me negará que lo suyo va de mito erótico.
-Eso son cosas que siempre ha dicho la prensa, porque yo no he ido nunca ni de mito, ni de erótica.
-Pues siempre va vestida de súperseductora.
-Tampoco. Lo que pasa es que tengo una personalidad muy definida, muy de Sara Montiel. Pero repito que voy de normal. Lo que no quita que considere mi deber y mi obligación el aparecer en público arreglada y puesta.
-¿Y desde cuándo supo que era Sara Montiel?
-Desde los cuatro años. A esa edad tuve una larga enfermedad y luego ya tuve claro que yo quería ser una gran artista y cantante.
-¿Y qué seduciría a las masas?
-Todas las mujeres nos damos cuenta del gran poder seductivo que tenemos. Es muy importante que la mujer conquiste al hombre que le guste, que sea muy femenina y que se deje llevar por su hombre o, por lo menos, que le dé a entender al hombre que es importante.
-¿Aunque no lo sea?
-Sí, sí, aunque no lo sea.
-¿Y nunca le ha dado por escribir libros de belleza, o de recetas? Algo como “Así adelgacé” o “Cómo triunfar”, o “Cómo me puse estupenda a los 60”. Las de Hollywood se forran.
-No, mis tiros van por otro lado. Yo estoy recopilando mi biografía, mi vida pasada, mis momentos, mi familia, cómo empecé, cómo llegué a ser Sara Montiel, cómo me enamoré la primera vez. Todo lo que me ha pasado en la vida.
-¿Lo ha tenido fácil?
-Yo he luchado como una leona. Aunque debo reconocer que he sido una mujer de suerte. He tenido y sigo teniendo grandes amigos. Y, fíjate, la suerte que tuve de poder hacer El último cuplé y lo maravilloso que fue el tener la oportunidad de trabajar con Gary Cooper y Burt Lancaster, que no es moco de pavo.
 -¿Es usted una mujer tierna?
-Pues no sé si lo soy, pero me gusta la gente que me quiere y yo me entrego a ella.
-¿Hubiera cambiado su carrera por tener diez hijos?
-No me lo he planteado porque nunca he tenido la suerte de tener diez hijos. Tuve once abortos y ahora tengo mis dos hijos, y si ahora lo tuviera que dejar todo por ellos, por supuesto que lo haría.
-Se la ve muy tranquila ahora en su nido. Con su Zeus, su Thais y su Pepe.
-Mi vida ha cambiado por completo. Ha dado un giro de millones de grados.
-¿Ha cambiado los impulsos por la armonía?
-Veo la vida con mucho equilibrio. Con una luz muy clara, porque con ellos tres he comprendido muchas cosas que antes no comprendía y estoy viviendo la felicidad y las pequeñas cosas que te da la vida de una manera diferente.
-Aparenta llevarse muy bien con sus cumpleaños.
-Para mí el problema de la edad no existe. Los años que cumplo son bien venidos. Yo lo del tiempo nunca lo he pensado. Ahora nos preocupamos por los niños, porque nos vemos ya mayores y nuestros hijos son muy pequeñitos. Yo quisiera seguir viviendo para verlos crecer.
-¿Alguien la ha llamado frívola?
-Sí, pero gente que no me conoce y, claro, me ha traído sin cuidado.
-¿Y antigua?
-Eso no me lo ha dicho nadie porque siempre he sido la más adelantada.
-¿Es de las que pone las zapatillas al marido cuando llega él a casa?
-A Pepe le cuido mucho y él a mí también.
-¿Y cómo se cuidan?
-Cuando llegamos a casa después de tanto trabajo agotador le digo: ‘¡anda, dame unos masajitos en los pies que me duelen de tanto estar de pie, o ráscame en las plantas –porque no tengo cosquillas-, y él me da un masajito. Y a él le encanta que le rasque y que le haga cosas con las uñas, y entonces me da esas patas tan largas que tiene para que yo le pase los deditos, y le encanta.


-¿Se machaca a base de régimen y gimnasia?
-El ejercicio lo hago en las horas de trabajo, subiendo y bajando. Arriba y abajo. Comer como poco. Y también por las noches en mi casa me tomo una tilita y me pongo un camisoncito largo, porque no soy de pijama. Soy muy femenina. También me doy baños de relax.
-¿Camisones y ropa interior, en qué tonos?
-En oscuros y claros, pero siempre en seda natural y muy sugerentes. Hay que cuidar los detalles.
-¿Qué es en usted lo más auténtico?
-La sinceridad y la fe.
-¿Y lo que más le preocupa?
-Cosas como el Sida y el terrorismo, o que a mis hijos no les ocurra nada grave. Y, eso sí, que tengamos salud y trabajo.
-¿Y el éxito?
-El éxito es seguir trabajando y estar enamorada de mi trabajo. Yo creo que una artista siempre está empezando porque siempre está trabajando y continuamente creando.
-¿Así que la tendremos en el candelero para rato?
-Estoy mejor que nunca, tengo una voz de morir y no me puedo quejar, porque a la vista está, ni de mi cuerpo, ni de mi cara, ni de mis reflejos. Conmigo no hay quien pueda.


Por KARMELE MARCHANTE


LOS DIAS CONTADOS
EL ESCOTE DE LA INTELECTUALIDAD
MARTES. EL OTOÑO DE SARA. Otra vez Sra. Todos los años trae Sara una noticia a Madrid y organiza el pitote con su presencia. Sara es Sara. O sea, Sara Montiel, Antonia para aquellos que presumen de haberla tratado más allá de las fronteras artísticas. Sara es una mujer que se desliza con gran habilidad por la vida. Lista, coqueta, voluptuosa y elemental. Obsequia a los intelectuales con su amistad, y a los mastuerzos, con su pasión. Para todos tiene una palabra, un beso, un mohín de complicidad o un guiño de erotismo. Esta noche, en Archy, Sara ha reunido a amigos, seguidores, periodistas, intelectuales de su quinta y fervorosos de todas las calañas para presentar un disco con una recopilación de los éxitos de su carrera. Sara se adorna el escote con plumas de marabú y ofrece su perfil sabiamente maquillado. Emilio Romero le dedica un piropo en forma de espich. La cohorte aplaude. Luís Cobos, Moncho Borrajo, Pedro Ruíz, Otero Besteiro, Buero Vallejo, Alvárez Solís, Vicente Parra, Joaquín Calvo Sotelo, Pepe Rubio, todos hacen causa común. Por el careto de Vicente Parra pasan los años y casi los siglos. Por la sonrisa vitaminada de Luís Cobos pasa el éxito. Echo en falta a Paco Umbral, impenitente seguidor de la estrella. Paco y Sara están muy compenetrados. Los destapes de Sara siempre repercuten en la garganta de Paco. Sara pone el escote y acto seguido él pone la faringitis. Simple cuestión de entendimiento. 


Coqueta. La siempre bella Sara Montiel acaba de presentar su nuevo disco, toda una recopilación de sus mejores éxitos. 

Tras el copetín de Archy, emigración masiva hacia el Lope de Vega, donde el diario Ya presenta la película Abyss. Para rizar el rizo de la cienciaficción, Pablo García Trevijano se reencuentra con María Vidaurreta. En estas noches de friolera temprana, las taquicardias cunden a gusto.


 CARMEN RIGALT


LA FOTO CLXXVIII


Saludamos a los seguidores de Alemania, China y Ucrania que en las últimas semanas han multiplicado, muy considerablemente, sus visitas.