jueves, 18 de agosto de 2011

SABADO GRAFICO - 9 de Mayo de 1964 - España


La boda de
SARITA MONTIEL
“La ragazza della violetta”se ha convertido en la señora de Ramírez Olalla



Dom Justo Pérez de Urbel, abad benedictino de la Santa cruz de los Caídos, en el momento de colocar el anillo al novio.

Sólo doce invitados a la ceremonia, celebrada en la Iglesia de Montserrat, de Roma
“La ragazza della violetta”, como la llaman en Roma, se ha convertido, por obra y gracia de un matrimonio como Dios manda, en la señora de Ramírez Olalla. Con sencillez y con toda la intimidad que el renombre artístico de Sara Montiel ha podido depararle. Y buscando estar rodeada de esta intimidad es por lo que María Antonia Abad Fernández se fue a Roma para casarse.
El anuncio de su boda lo supe hace tres días, en la propia Ciudad Eterna, cuando realizaba la información de otra boda famosa: la de Irene y Carlos. Casi con el pie en la escalerilla del avión que me devolvía a Madrid urgentemente, pude transmitir la noticia del acontecimiento con toda serie de detalles y cuando aún no habían transcurrido veinticuatro horas volaba de nuevo a Roma para realizar esta información.
Sarita, que había llegado dos días antes, me recibió en el hotel Excelsior, de Vía Vénetto, donde ocupaba una ‘suite’ de lujo. Su prometido, José Vicente Ramírez Olalla, llegado anteriormente, habitaba en el Majestic, también en la misma vía.
Sarita estaba registrada en el hotel con su nombre de pila de María Antonia Abad Fernández. Por ello la localización de ella por los ‘paparazzi’ romanos fue casi imposible. 




He de confesar que al encontrarme con Sara en el hotel, la víspera de su boda, advertí que era una mujer distinta. Precisamente aquella mañana, cuando aún no habían dado las nueve, María Abad había dado el primer paso serio de su vida. Y aunque ya habían pasado varias horas, todavía estaba bajo la impresión de lo vivido. Casi apenas pintada y tocada con una pequeña mantilla española, había acudido, junto con su prometido, a una pequeña iglesia de agustinos cercana al hotel. Allí confesó y comulgó. Después, y acompañada de la condesa de Santa Engracia y de Inés Gómez Duque, dos buenas amigas suyas, se dirigió a la alcaldía, donde, confundidos entre numerosas parejas de novios, celebraron su matrimonio civil.
-Es el contrato más serio e importante que he firmado en mi vida- me diría después-. Pero más que el hecho de firmar, me ha impresionado el comulgar. Confieso que me ha costado; pero me siento muy feliz.
Entre esta Antonia Abad que habla y la Sarita Montiel que todos recordamos hay, en estos momentos, un gran abismo.
-Empieza para mí una nueva vida, cerrándose con ello una etapa que no quiero recordar ni volver a vivir. Aunque la gente no lo crea, yo no he sido una mujer feliz. Y hoy ha sido el primer día feliz de toda mi vida. Quiero ser una buena esposa y, si Dios me da hijos, una buena madre. 



José Vicente va y viene ultimando los detalles. Hay que ir a la iglesia española de Montserrat, encargar el ramo, acudir al aeropuerto a esperar a los invitados que vienen de Madrid, entre ellos fray Justo Pérez Urbel, que los casaría.
La habitación de Sara está revuelta, aunque no son muchos los trajes que ha traído de Madrid.
-Sólo diez, ya que durante el largo viaje de novios pienso comprarme muchas cosas. La mayoría de las maletas que llevaré irán vacías.
-¿Dónde realizaréis el viaje?
-Pásmate: de Roma nos marcharemos mañana a Moscú, para continuar después a Japón, la India, China, Hawai y Nueva York.
En el saloncito está el traje de novia. Una joya.
-Es un regalo de Chente –me dice-. ¡Dos mil cien dólares! Casi nada. Como ves, es todo de encaje de oro y plata.
El traje se compone de vestido sin mangas y abrigo, todo ello del mismo tejido, así como la pequeña pamela con una flor, y los zapatos. Pierre Balmain ha realizado este modelo exclusivamente para Sara.
La alianza de la novia es de platino y brillantes ‘baguet’.
En el armario abierto pueden verse tres trajes de chaqueta confeccionados por Dior, dos de Balmain y el resto de Inés Higueras.
Al anochecer de la víspera de la boda, Sarita y Chente dieron un paseo romántico por las calles de Roma en una ‘manola’. Después se reunieron a cenar con fray Justo Pérez de Urbel.



El novio departiendo con el embajador, señor Sánchez Bella. 

LA CEREMONIA

Sarita apenas durmió en toda la noche. A las siete de la mañana ya estaba levantada y a las ocho y media vestida con su traje de novia. Poco antes de las nueve llegó al hotel su cuñado Luís, hermano de Chente, que había de ser el padrino de la ceremonia, que se había fijado para las diez de la mañana, ya que a las doce serían recibidos por el Papa.
La novia hubo de esperar a la puerta del hotel, junto con el padrino, más de un cuarto de hora, ya que el coche no vino a recogerlos. Mientras tanto, el novio se paseaba impaciente a la puerta de la iglesia de Montserrat, junto con la madrina y el reducidísimo grupo de invitados, entre los que vimos a los vizcondes de Tuy,  a don José Jiménez Mendoza, marqués de Santa Rita; a don Ignacio de Balenciaga, don Pedro Juez, los señores Gómez Acevo, los condes de Santa Engracia, así como los hermanos de Sarita: Elpidia, Ángeles y Antonio. 


Poco después de las diez y media llegó a la iglesia nuestro embajador, señor Sánchez Bella, acompañado de su esposa, y a las once menos cuarto apareció la novia, que llevaba en sus manos un ramo de orquídeas color violeta. Y, sin marcha nupcial alguna, la comitiva se dirigió al altar mayor, donde les esperaba fray Justo revestido con los ornamentos de abad mitrado.
Al lado del Evangelio, y en lugar destacado, tomaron asiento los embajadores de España, y frente a ellos los testigos: doctor Azcona, vizconde de Tuy, marqués de Santa Rita, don Ignacio Balenciaga y don Pedro Juez. La representación del cine español brilló por su ausencia. Sarita quiso que esto fuera un acto privado y no un espectáculo. Y lo consiguió.
Tras la lectura de la epístola de San Pablo, fray Justo procedió a casar a los novios, que, pese a la emoción que les embargaba, consiguieron mantenerse serenos. Sarita, a pesar de ser una gran actriz dramática, no lloró. Al contrario, sonrió continuamente. Su voz pastosa respondió a las preguntas de rigor con firmeza, sin quebrarse. Fue un sí rotundo y sincero. El de José Vicente apenas se oyó.
Después de la emotiva plática dio comienzo la misa. Terminada ésta, Sara, ya convertida en la señora de Ramírez Olalla, se volvió a su marido y le besó amorosamente. Después abrazó a su madre con tal fuerza que el sombrero de ésta rodó por el suelo.
Antes de abandonar la iglesia, Sarita quiso depositar su ramo de orquídeas ante la tumba del rey don Alfonso XIII. Para ello se dirigió sola a la capilla donde reposan los restos del último rey de España.
Tras la firma de las actas de esponsales, a la que inexplicablemente fue prohibida la entrada a la prensa, Sarita apareció de nuevo cambiada de traje. Lucía un elegante vestido negro y se tocaba la mantilla española. Con el tiempo justo abandonaron la iglesia sin apenas posar para los fotógrafos y solos se perdieron de nuestra vista, camino del Vaticano, donde fueron recibidos por el Papa. 




-Depositó el ramo de orquídeas en la tumba de don Alfonso XIII.
-María Antonia se toca con una blonda negra bellísima y se dirige, con Chente, a la audiencia que Pablo VI les concedió. El padre santo regaló a nuestra compatriota un rosario de plata de gran valor artístico. 

Crónica del enviado especial de Europa Press, JAIME PEÑAFIEL, en exclusiva para SÁBADO GRÁFICO. 


EL RECORTE XXXI
Y este cuento de hadas protagonizado por 'La ragazza della violetta' y Chente en la ciudad eterna, duró sólo 11 meses. Las controversias no tardaron en aparecer y todo culminó con el ansiado divorcio de ambos por parte de la Iglesia. Así lo recogía la revista Hola el 8 de Octubre de 1977. 

MARÍA ANTONIA ABAD, NUEVAMENTE SOLTERA

SARA MONTIEL HA OBTENIDO, POR FIN, LA ANULACIÓN DE SU MATRIMONIO CON JOSÉ VICENTE RAMÍREZ OLALLA
“EN PRIMAVERA ME CASARÉ CON PEPE TOUS PERO SOLO ANTE LOS HOMBRES”



María Antonia Abad, la ilustre e inefable manchega que ha hecho famoso en el mundo entero el nombre artístico de Sara Montiel, es, nuevamente, una mujer soltera. Hace unos días, exactamente el 22 de Septiembre, recibía de los Tribunales eclesiásticos la sentencia definitiva por la que quedaba anulado su matrimonio con don José Vicente Ramírez Olalla, anulación por la que tanto ella como su ex esposo han luchado durante mucho tiempo, gastado mucho dinero y movidas muchas influencias.
Si el fin de un matrimonio es siempre triste y amargo porque lleva consigo el reconocimiento del fracaso de unas vidas que un día pusieron en la boda todas sus ilusiones y sus deseos de vivir juntos ‘hasta que la muerte nos separe’, la anulación del mismo por los Tribunales de la Iglesia es toda una liberación y la firma de la paz tras una guerra cruel e inhumana en la que se han dejado años de vida.
Yo fui testigo de la boda de Sara y Chente un 2 de mayo (el día elegido no pudo ser más simbólico e inoportuno) de 1965 en la basílica de Montserrat, de Roma. Y puedo dar fe que fue boda por amor.
-Aunque yo no quería casarme por la Iglesia. Por la sencilla razón de que no creía en el matrimonio ni en su indisolubilidad- me dice Sara en el transcurso de la entrevista que mantengo con ella, en su piso de la plaza de España, de Madrid, pocas horas después de conocer la sentencia-, pero Chente me convenció. Al fin y al cabo a mi me daba lo mismo. Porque para mí lo importante es que nos queríamos.
-¿Cuánto duró la felicidad en vuestro matrimonio?
-Exactamente once meses, ya que al comprobar que era imposible la convivencia decidimos separarnos en abril de mil novecientos sesenta y seis.

Y lo hicieron de común acuerdo. Sin que entonces existiera ni un hombre en la vida de Sara ni una mujer en la vida de Chente. Simple y sencillamente porque era imposible la convivencia.
-Porque para mí el matrimonio es amor, y cuando el amor se acaba no hay razón que justifique que dos personas sigan viviendo juntos haciéndose daño, engañándose.



En esta reciente fotografía vemos a Sara Montiel con Pepe Tous, el actual hombre de su vida. 

-¿Cuándo surgió Pepe Tous en tu vida?
-Yo conocí a Pepe Tous hace siete años, exactamente en mil novecientos setenta. Quise iniciar entonces los trámites de mi anulación, pero no llegamos a un acuerdo. De todas formas, a mí no me importaba demasiado, porque siempre me he sentido una mujer libre. La libertad la tengo de toda mi vida. No ha logrado quitármela nadie. Y como no creo en la indisolubilidad del matrimonio, comencé a hacer mi vida, pero a las claras. Le hablé clarísimo a Chente. Porque yo nunca le engañé. Pero hasta que me quedé en estado, hace tres años, no llegamos a un acuerdo e iniciamos los trámites de la anulación. Y busqué esta solución porque Chente piensa de forma distinta a mí. El me dijo muchas veces: “Yo no creo en una separación sólo de cuerpos”. Ten en cuenta que él tiene una educación diferente a la mía. El se formó en la Universidad de Deusto. Por eso hoy yo me alegro sobre todo por Chente, porque es de los hombres que gustan de rehacer su vida por la Iglesia.
-¿Qué siente María Antonia al ser de nuevo soltera?
-Nada. Es una libertad de papeleo, porque la libertad yo la tengo desde que nací. Y amo a Pepe por encima de todo. No creo en los papeles, sino en el amor. De todas formas, agradezco a la Iglesia que se haya pronunciado de una forma favorable y justa como era de esperar. 



María Antonia Abad (Sara Montiel) y José Vicente Ramírez Olalla, el día de su boda en la basílica de Montserrat, de Roma. Ofició la ceremonia el padre fray Justo Pérez de Urbel. 

-¿Volverás a casarte?
-Sí, pero sólo ante los hombres. Me casaré por el derecho natural. Como los gitanos. En el transcurso de una gran fiesta en Ibiza cuando vuelva de mi gira americana. Y lo haremos ante los amigos. Con las siguientes palabras: “Este hombre es mi hombre. Esta mujer, es mi mujer”.
Cuando este número esté en la calle, María Antonia Abad, de estado soltera y de profesión artista, estará comenzando una maratoniana gira por diversas ciudades norteamericanas, así como Venezuela, Puerto Rico, República Dominicana, Méjico, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Brasil, Uruguay y Argentina.


J.P.

LA FOTO XXXI

CELEBRANDO LOS 50 AÑOS DE PECADO DE AMOR




Un pequeño número de portadas que resaltan la repercusión mediática de la diva en todo el mundo. La ilustración puede contemplarse en su molino-museo de Campo de Criptana. 'La violetera' pertenece a una actuación de la estrella en directo. 



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