jueves, 8 de septiembre de 2011

FARANDULA - 8 al 14 de Septiembre de 1975 - México


Agradecemos a Francisco el envío de esta revista mexicana. 

Sucede en Televisión
COMEDIA CON
SARITA MONTIEL
                                  en SEPTIEMBRE

Una comedia con Sarita Montiel a la cabeza del reparto, ha sido programada para presentarse en canal 2 una vez que finalice la telenovela semanal “Yesenia” que estelariza Fanny Cano.
El señor José Alanís, Gerente de Programación y Operaciones del mencionado canal de Proyección Nacional informó lo anterior, además de otras transmisiones importantes para realizarse próximamente.
Continuando con los especiales de Sarita Montiel, se trata de comedias de una hora de duración que se difundirán los domingos 14 y 21 de septiembre a las 22.00 horas. Yesenia, telenovela semanal producida por Valentín Pimstein, pasará su último capítulo el domingo 7 de Septiembre.
Finalmente, el martes 8 de septiembre se proyectará nuevamente la película de Mario Moreno ‘Cantinflas’ GRAN HOTEL, a las 21.00 horas y con el propósito de complacer el teleauditorio que pidió se repita esa cinta. 



EL RECORTE XXXIV
Si en 1975 la sola proyección de una película en televisión de la estrella era un acontecimiento que acaparaba portada y tres fotos, la carrera, la impecable carrera de la Montiel comenzaba muchos años antes. El 12 de Agosto de 1945 la revista Primer Plano recogía el rodaje de una de sus primeras películas: 'Se le fue el novio'. Deliciosa entrevista con ella y con el director de la cinta. Recorte que nos envía Luís, una joyita de la historia del cine español, que gracias a él ahora podemos disfrutar todos. 


“SE LE FUE EL NOVIO”
EN 2 CONVERSACIONES Y PICO


En pleno rodaje de la película 'Se le fue el novio', su director, Julio Salvador, prepara una escena con Sara Montiel y Fernando Fernán Gómez. 

Y ya el cuarto de los directores que, desde la reciente primavera, han venido haciendo sus primeras armas en los Estudios de Barcelona. Este es Julio Salvador, que empieza con Se le fue el novio para el productor señor Homedes, propietario de los Estudios Kinefón.
Al decir ‘empezar’ me refiero, naturalmente, a la labor de directriz, puesto que Salvador llega a ella precedido de once años de cine. Su hoja de servicios es como sigue:
En 1934 empieza –y aquí, este ‘empieza’ tiene un valor absoluto- en el malogrado Castellví. En todas las películas de Castellví colaboró Salvador, unas veces como primer ayudante y otras como jefe de producción. También trabajó con otros directores (Puche, Pomés, Momplet). Y, finalmente, ha sido ayudante de Iquino en sus cuatro últimas y notables películas dramáticas: Cabeza de hierro, Una sombra en la ventana, El obstáculo y Culpable. En total, Salvador ha intervenido en treinta películas.
También ha colaborado en el guión de todas las películas de Castellví y en las dichas de Inquino, quien, como ya es sabido, cuenta con un equipo especialista en guiones. Y hasta ha realizado películas de corto metraje (documentales y musicales).
-Realmente –añade como autocomentario al terminar su historial- si fallo en esta mi primera película larga, después de tanta preparación, es que no sirvo para director.
Y no es que Salvador no hubiese tenido oportunidad de dirigir antes de ahora.
-He desperdiciado algunas ocasiones por miedo. Tuve siempre temor al fracaso, porque cuanto más he ido familiarizándome con el cine, más he comprendido la necesidad de estar muy preparado al acometer esa cosa tan responsable que es la dirección. 



¿Sirve o no sirve?
Todo esto me lo dice Salvador reposadamente, con su voz queda, y con un aire de preocupación que parece como si, a pesar de estar terminando su película, anduviese aún poseído de esa incertidumbre sesperiana: ¿Sirvo o no sirvo?’ Después he tenido ocasión de apreciar que esa actitud es la fisonomía psicológica de Salvador; aquella que, como nuestro físico, no podemos cambiar en el curso de toda nuestra vida.
Estamos sentados en una mesita del decorado, y, como la preparación del rodaje empezaba al llegar yo al Estudio, Salvador puede dedicarme su conversación sin ninguna prisa.
-Hábleme de esta película suya. Su origen.
-Es una adaptación de la novela del mismo título de Andrés Révesz, el conocido periodista y novelista. Asunto blanco, con su nota sentimental, muy agradable. Révesz es húngaro, nacionalizado español, y ya sabe usted esa cosa de sentimiento innato que tienen los escritores húngaros y que se refleja aun en los temas cosmopolitas.
-¿Lo escogió usted?
-Sí; lo tenía adaptado, junto con José León, hace ya un año.
-Y al convertirlo en película, ¿qué criterio ha seguido usted?
-El de hacer una película simpática por encima de todo. Y en todo momento. Mi intención es insuflarle ese no se sabe qué de las comedias americanas que las hace sumamente simpáticas, sin un detalle desagradable. Me refiero a un estilo como el de Medianoche, para citar una cúspide en el género.
-¿Sus maestros preferidos?
-Capra y Lubitsch. Me ha entusiasmado, últimamente, Lubitsch con El bazar de las sorpresas, en que ha demostrado que, si se lo propone, puede dotar a una cinta suya de la humanidad de un Capra, sin perder un ápice de su personalidad humorística. El bazar de las sorpresas es una cátedra de buen cine; y con sólo cinco decorados.
-Luego, ¿Se le fue el novio pertenece al género cinematográfico que usted prefiere cultivar?
-Sí, sí; es lo mío. Humanidad y humor. Y no creo que sea menos meritorio que hacer otras cosas. 


Muchos elogios hay para estos dos valores de la cinematografía española, conocidísimos ya sin necesidad de nombrarlos, y que sin embargo, basta verlos para saber cuán admirablemente trabajan. 

Un caso único
-¿Y de los protagonistas? La adolescencia de Sara Montiel, ¿no constituye dificultades para la dirección?
-¿Sarita, dificultades? Sarita hace todo cuanto se propone. La verdad es que no esperaba obtener de ella el rendimiento que obtengo. Tiene mucha ductilidad y, además, una voz agradabilísima. Canta dos canciones en la película.
-¿Y Fernando?
-Fernán Gómez es un caso único en nuestra cinematografía. Posee una recia personalidad y es todo lo expresivo que puede desearse. Tanto rinde en un plano mudo como en otro dialogado.

¡A Méjico!
-¿Sabe usted lo que hará después de esta película?
-Primeramente, esperar el fallo del público. Luego, si las cosas salen como uno desea, es casi seguro que haré mi segunda película, del mismo género, para otra productora. Tengo también, conjuntamente con mi hermano Jaime, que está en Méjico, algunos planes de colaboración hispano-mejicanos.
-¿Se refiere a Jaime Salvador, director de las películas de ‘Cantinflas’?
-Al mismo. El es quien descubrió al ‘cómico biológico’ y dirige todas sus películas.
Salvador es reclamado por su ayudante, Antonio Sau, persona de gran experiencia cinematográfica, cuya colaboración es muy estimada por Salvador, según él mismo me confiesa. Entonces pregunto por Sara Montiel y soy acompañado a su camerino, donde la encuentro ya preparada para el rodaje. Y salimos, en compañía de su madre, para buscar un lugar más aireado. 

Segunda conversación. Con Sara Montiel, la niña mujer.



Sara Montiel y Fernando Fernán Gómez, en plena acción de la película 'Se le fue el novio', y en un decorado cuidadosamente estudiado para dar la sensación simpática que el director quiere. 

Sara Montiel está en el delicioso intermedio de niña a mujer, de forma que no sabe uno cómo clasificarla, si como mujer o como niña. Lo cierto es que sus dieciséis años son dieciséis diablillos.
-Si no me cree, puedo mostrarle el certificado de nacimiento. En marzo cumplí los dieciséis.
-¡Cómo no voy a creerlo si hace cuatro días interpretó un papel de niña en ¡Te quiero para mí!
-Entonces tenía catorce años, yendo para los quince. Luego hice la protagonista de Empezó en boda, mujer casada, y había cumplido los quince. Es muy gracioso lo que me pasó con eso de la edad, al contratarme para una y otra de esas dos películas.
-Cuente, cuente.
-Cuando me llamaron para ¡Te quiero para mí!, temí que no me aceptaran por verme demasiado niña. Yo ignoraba que se tratase precisamente de un papel de niña. Me compuse todo lo bien que pude y resultó al revés. En cambio, al ser llamada para Empezó en boda, creyendo que me habrían encasillado en los papeles de chiquilla, me presenté con trenzas y calcetines y tacón bajo. El secretario de Matarazzo puso una cara toda compungida y me dijo: ‘No nos servirá. Necesitamos una chica de unos dieciocho años’. ‘¿Quiere usted veinte años? –le pregunté-. Aguárdeme usted, que vuelvo’. Y volví y quedé aceptada. 


¿Quién diría que aquí está Sara Montiel...? A su lado, Emilio Fábregas acentúa aún más el encanto de esta muchacha con atractivos excepcionales para la pantalla. 

-Pero ahora, ya…
-No lo crea usted. Si me viera con mis calcetines y mis tacones bajos, aun me creería una niña. Ahora mismo terminé en Madrid mi actuación en Bambú, junto con Imperio Argentina; y Sáenz de Heredia, en cuanto me veía llegar al Estudio, me decía: ‘¡Por Dios, Sarita, vístete como una mujer! ¡Estás destruyendo mi inspiración para dirigirte en escenas de amor!’ ¡Qué gran director, Sáenz de Heredia! Le verá usted que se queda parado y meditativo en medio del plató, sin oír ni escuchar a nadie, como si estuviese solo, y, de pronto: ‘¡Traigan la cámara aquí!’ Ha improvisado un encuadre con su visión certera.
Sarita ha imitado con su mímica vivaz, el gesto y la voz de Sáenz de Heredia en una deliciosa caricatura fungible.
-¿Y de Julio Salvador, qué opina usted?
-Tiene un gran carácter para dirigir. Trabajo con mucho gusto a sus órdenes, porque ¡tiene tanta paciencia! Yo soy una chiquilla, sin experiencia artística, y siempre le estoy pidiendo que me corrija y me oriente. Y él me ayuda mucho.
-¿Y los compañeros?
-¿Qué le voy a decir de Fernán-Gómez? Es un actor excelente. Ya es la segunda vez que trabajo con él. La que ha sido para mí una nueva amistad es Marta Flores. Tiene distinción y no es nada afectada. Al contrario, resulta de un trato muy agradable. Una nota simpática a su favor es la de que, según tengo entendido, vive aquí, en Barcelona, una vida casera, con su madre, y están ambas al frente de una tienda de perfumería. Esto a mí me encanta porque yo vivo muy recogida, con mi madre también –mi padre murió hace medio año- y no voy a ninguna parte. Fíjese usted que estamos hace mes y medio en Barcelona y no conozco la ciudad. Vivimos en una residencia cerquita al Estudio, aquí en Sarriá, y sólo he visto del interior de la ciudad esa calle feísima y vieja de Regomir, a la que me han llevado en coche para probar los trajes de la película. 


Para los públicos, la labor de Sara Montiel en 'Se le fue el novio' equivale a descubrir una extensa gama de matices dignos de una estrella sensacional. 

Por una saeta
-¿Y cómo fue que entrara usted al cine?
-Por una saeta. Sí, señor. Por una saeta que me oyó cantar una señora en la Semana Santa de Orihuela, donde residimos durante algún tiempo. Me preguntaron si me gustaría ser artista de cine y les dije: ‘¡Huy, artista de cine! Claro que me gustaría, pero, ¿cómo van a quererme a mí para hacer películas?’
-¿Se ha encontrado con dificultades sobre la práctica?
-¿Quién no choca con ellas? Las he tenido, a pesar de que he estudiado y sigo estudiando mucho. Pero las voy venciendo todas. Ahora mismo, en esta película he tenido que ejecutar una danza. Y en cuarenta y ocho horas me he convertido en una danzarina consumada. ¡Yo, que no había bailado nunca, y creo que si tuviese que ser con pareja, ni ahora sabría!
-¿Qué clase de papel interpreta en Se le fue el novio?
-Pues ‘mi’ papel: el de diablillo con falda larga. Bueno; todo lo larga que permite la moda actual.
-¿No le gustaría hacer papeles dramáticos?
-Dramáticos llorones, no, ¡por Dios! Lo que me gustaría, pero cuando sea más mujer, con más experiencia y carácter, es hacer uno de esos papeles dramáticos fuertes, al estilo de La loba. ¡Eso sí que me gustaría! ¡Hacer una mujer con una gran personalidad y un gran temperamento!


Sara Montiel, en 'Se le fue el novio', será la sensación de la temporada próxima. 

El ‘pico’ a cargo de Fernán-Gómez, chico terco como él solo
Ya en el plató con Sara, encuentro a Fernán-Gómez y trato de iniciar una conversación-interviú con él. Pero, o yo soy muy torpe, o él es muy terco. Con su seriedad cómica de cuando interpreta –pero ¿es que Fernán-Gómez ‘interpreta’?-, me dice:
-No creo que a la gente les interese lo que yo opine sobre la película, o sobre el director o los compañeros de interpretación. Les gustará o no les gustará la película, y eso es todo.
-No deja de ser una opinión. Pero le aseguro que es exageradamente pesimista.
Y como tengo ya ocupado sobradamente el espacio de mi crónica, dejo la conversación con Fernán-Gómez truncada en su base esperando tener ocasión reiterada de reanudarla en otras películas, puesto que Fernando es muy joven y empieza a ser muy solicitado.


JOSE TORRELLA


LA FOTO XXXIV

CELEBRANDO LOS 50 AÑOS DE PECADO DE AMOR




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