jueves, 15 de septiembre de 2011

GACETA ILUSTRADA - 23 de Abril de 1967 - España


SARA MONTIEL CONTRA CESAREO GONZALEZ
El pleito que disputan Sara Montiel y Cesáreo González constituye, sin duda, uno de los temas de máxima actualidad, no sólo por la popularidad de los litigantes, sino también por tratarse del procedimiento individual más importante en su cuantía dilucidado en España, en la Magistratura del Trabajo, hasta hoy.
Para informar de las incidencias de la vista, “G. i.” ha utilizado los servicios periodísticos de un colaborador que, además, es el primer letrado especialista en Derecho Cinematográfico del país, autor de numerosos libros sobre el tema y profesor de la E.O.C. Junto al texto del abogado, las fotos únicas y exclusivas que del juicio existen, logradas por “G. i.” en un servicio especial para sus lectores. Texto y fotos dan una idea exacta, la única, del ambiente y desarrollo del juicio. 


El 10 de abril, con la primavera en pleno desarrollo, nevó en Madrid de madrugada e hizo un frío terrible a primeras horas del día. Sin embargo, los pasillos de la Magistratura del Trabajo estaban caldeados. Mucha expectación, mucha gente frente a la Sala número seis, muchos fotógrafos y periodistas.
Y es que iba a verse el que se ha llamado ‘pleito cinematográfico del siglo’. Sara Montiel –nacida María Antonia Abad Fernández- había demandado a Cesáreo González por incumplimiento de contrato y le reclamaba veinticuatro millones de pesetas de indemnización: la mayor cuantía jamás dirimida antes los tribunales laborales españoles en un pleito individual. Tantos millones habían motivado, incluso, comentarios periodísticos contrarios a que semejantes cantidades pudieran discutirse acogiéndose a la gratuidad de la jurisdicción social.

La postura de Sara Montiel
¿En qué basaba su demanda la popularísima intérprete de tantas películas musicales? En su escrito, iniciando el pleito, decía que fue contratada el 30 de abril de 1965 por Cesáreo González, con carácter exclusivo, para rodar tres películas, debiendo cobrar diez millones de pesetas por cada una de ellas, más el 25 por ciento de los beneficios líquidos que se produjesen. Que se había retrasado el comienzo del rodaje de la primera de estas películas (“La mujer perdida”) y que, llegada la fecha prevista para el rodaje de la segunda, no se habían concretado por el productor las características del film, por lo que la representación de la artista mantuvo gestiones encaminadas a concretar estos extremos, que resultaron inútiles.
La cláusula cuarta del contrato establecía que, para rodar en América alguna de las películas previstas, era inexcusable la conformidad de la artista. Mediado octubre, Cesáreo propuso a Sara realizar en Méjico la segunda película de las contratadas. El 30 de octubre de 1966, en una reunión celebrada en el despacho del productor gallego, la “estrella” aceptó la propuesta, pero condicionando su conformidad a ciertos extremos: supervisión del guión, facultad de introducir en él alteraciones, concesión de un mes con anterioridad al rodaje para que pudiera actuar en espectáculos teatrales en Méjico y comienzo de rodaje antes del 19 de enero de 1967. Este convenio no llegó a firmarse, aunque –según Sarita- quedó aprobado en firme.
Sin embargo, hasta el 30 de enero no recibió la actriz el guión terminado de la película (“La guerrillera de villa”) y en esa misma fecha se le requirió para trasladarse a Méjico y comenzar el rodaje el 27 de febrero. Considerando que Cesáreo había incumplido lo pactado, Sara formalizó su demanda, en cuyo “suplico” pedía que “se declare extinguida y resuelta la relación laboral y el contrato, condenando al demandado a pagarle la cantidad de 24.000.000 de pesetas, importe de la retribución convenida para las dos películas pendientes de rodar, a tenor de la indemnización prevista para caso de incumplimiento”.
Sara Montiel llegó a Magistratura a las once en punto de la mañana. Vestía un abrigo salmón de Christian Dior; guantes color crema; zapatos a juego con el abrigo; medias de lamé plateadas y llevaba un pequeño bolso negro. No lucía ninguna joya. Iba acompañada por su esposo, don José Vicente Ramírez Olalla; por su procurador, señor Aguilar Galiana, y por su abogado, don José Jiménez Mendoza, marqués de Santa Rita. 



Intento de conciliación
Cesáreo había llegado minutos antes, junto con su abogado, don Fernando Fernández Gallardo y su procurador, don Carlos de Zulueta. Los litigantes no coincidieron hasta el momento de entrar en la sala de Justicia, convocados por el magistrado, señor Rodríguez Oliveros, para intentar la preceptiva conciliación previa. Este intento se celebró a puerta cerrada y el magistrado dirigió unas breves palabras a los contendientes, glosando su personalidad y categoría dentro del cine español y exhortándoles, por ello, a que procurasen hallar una fórmula de avenencia.
El letrado de Cesáreo anticipó las dificultades de llegar a un arreglo, pero indicó que su parte aceptaría transar la cuestión si Sarita aceptaba considerar resuelto el contrato, abonaba en efectivo y dentro de quince días dos millones de pesetas al productor, por los perjuicios que éste consideraba que le había causado, y estaba dispuesta a interpretar una película para la marca “Suevia Films”, percibiendo siete millones de pesetas, pero sin tener derecho a intervenir en el planteamiento artístico del film ni en la elección de guión, intérpretes, etcétera.
No aceptó el letrado señor Jiménez esta oferta, que consideró que pretendía, más que una conciliación un allanamiento. Propuso “olvidar este desdichado asunto y que continúen pendientes las dos películas, ampliando el plazo de la exclusiva”. E incluso, reducir el contrato a una sola película, pero manteniendo las condiciones establecidas.
Ante la disparidad de pareceres, el magistrado dio por intentada sin efecto la conciliación, ordenando el comienzo del juicio oral. Y el ujier dio la clásica voz de “¡Audiencia pública!”
La sala se llenó rápidamente de un público mayoritariamente femenino. Y el letrado de Sara tomó la palabra, para insistir en el contenido de su demanda, recalcando que los acuerdos verbalmente acordados en la reunión del 30 de octubre no habían sido cumplidos por Cesáreo González; que se habló de comenzar el rodaje en Méjico el 15 de enero e incluso se escribió en un documento que no llegó a firmarse, rectificándose la fecha por la del 16, al darse cuenta los reunidos de que el 15 era domingo. Que hasta el 30 de enero, sin embargo, no se entregó el guión definitivo de “La guerrillera de Villa” a la actriz, por el director de Producción de “Suevia Films”, don Marciano de la Fuente. Que el 3 de febrero, el propio letrado, como representante de Sarita, conminó notarialmente a Cesáreo para que cumpliese lo acordado y en vista de que no obtuvo respuesta, el 9 del mismo mes y también por conducto de notario le notificó la rescisión contractual. 


Juicio: los abogados informan
El informe del señor Jiménez duró algo menos de veinte minutos. A continuación, el magistrado cedió la palabra al letrado de Cesáreo González, don Fernando Fernández, que invertiría casi cincuenta minutos en su informe, iniciado con la alegación de la excepción de incompetencia de jurisdicción por entender que la Magistratura no podía enjuiciar el problema, dado el contenido del contrato, base de la acción.
Negó que se hubiese acordado comenzar el rodaje en enero, manifestando que en septiembre de 1966 se le entregó ya a la actriz una sinopsis del guión y se pagaron 150.000 pesos mejicanos a su autor, el español residente en Méjico, Fernando Galiana. Dice que su cliente (a quien cita anteponiéndole el tratamiento de “excelentísimo señor”) aceptó contratar, a petición de Sara Montiel, al director Miguel Morayta, a los actores Vicente Parra y Julio Alemán y al operador Alex Philip y que el señor De la Fuente se trasladó a Méjico para formalizar estos contratos, telegrafiando el 5 de noviembre que los había suscrito.
En definitiva, la tesis de la defensa de Cesáreo –expuesta con tanto ardimiento, que motivó varias llamadas de atención del magistrado- fue que sólo Sara Montiel había incumplido el contrato, ausentándose de Madrid cuando más necesaria era su presencia; dejando de acudir a las pruebas de modista que preparaba los 17 trajes que tenía que usar en la película; entorpeciendo, en definitiva, la preparación del rodaje y negándose a salir hacia Méjico en la fecha que le indicó el empresario. Por ello, Cesáreo González le efectuó un requerimiento notarial el 6 de febrero para que manifestase, en el plazo de dos días, si se avenía a rodar en Méjico. Y como no contestase, el día 9 le requirió de nuevo, notificándole la rescisión de su contrato. Finalmente, el abogado del demandado hizo unas consideraciones sobre la naturaleza jurídica de los hechos debatidos que constituían un despido y no un incumplimiento de contrato. Cuando quiso dar lectura a varios documentos, el magistrado le interrumpió, indicándole que no era momento procesal para hacerlo. Y terminó el letrado de Cesáreo solicitando la libre absolución, con reserva de acciones por daños y perjuicios e imposición de multa a la actriz por su temeridad en la demanda.



Confiesa Cesáreo González
Cesáreo González requerido para prestar confesión judicial, se pone en pie y jura por Dios decir la verdad. Pide que se le permita acercarse al secretario, porque una reciente intervención quirúrgica que ha sufrido en la laringe le obliga a hablar en voz muy baja. A preguntas del abogado de Sara, reconoce haber asistido a la reunión del 30 de octubre y haber aceptado los nombres sugeridos por la actriz para la película, a quienes contrató. La actriz no lo creyó, pese a habérselo manifestado él, personalmente, en una carta.
-¿Es cierto que se acordó aceptar las sugerencias de la artista en cuanto al guión? –le pregunta el letrado señor Jiménez.
-Sí. Y lo encuentro lógico. Hasta rodando la película hay que aceptar las sugerencias de la artista.
Ha estado muy sereno Cesáreo; únicamente pareció molestarle cuando, pretendiendo efectuar aclaraciones a una pregunta, el letrado adverso le insistió en que sólo debía contestar sí o no. El magistrado resolvió el incidente, aclarando que primero debía contestar en un sentido o en otro y luego hacer las aclaraciones que creyese oportunas.



Sarita Montiel confiesa
Sara se levanta para prestar confesión. Hay un murmullo en la sala. La “estrella” parece tranquila; contestará muy suavemente, a media voz. Reconoce su firma en el contrato y en una carta manuscrita que envió a Cesáreo hace años. Reconoce una fotografía que se le muestra, hecha durante su estancia en Rumanía.
-¿Cuándo se la hizo?
-No recuerdo la fecha.
-¿Ni aproximadamente?
-No. Viajo mucho.
Sobre los vestidos, asegura que no pudieron diseñarse definitivamente porque había dudas sobre la fecha exacta en que sucedía la acción de la película: alrededor de 1912.
-Pero usted eligió en firme los vestidos…
-No.
-¿Fue al modisto?
-Creo que sí.
-¿Y por qué no eligió los vestidos?
-Ya le digo que la época de la acción no estaba con-cer-ta-da.
Lo deletrea con cierta ironía. Afirma que actuó el 18 de diciembre en el festival pro campaña de Navidad, “gracias a Dios”. Que, efectivamente, fue a comprarse un abrigo de visón y dijo en la peletería que tenía prisa por irse a Méjico, “porque siempre he querido ir allí a hacer mi mejor película”. No recuerda haber hablado con un periodista de “El Sol”, de Méjico.
-Me hacen muchísimas interviús y no puedo acordarme de todas…
Moviendo con gracia las manos, como cuando canta en sus películas algún cuplé con intención, asegura que sin el guión nada puede prepararse de un film, “porque como decimos en nuestro argot, todo está en tinieblas”. Nunca encargó la ‘suite’ del Hotel Presidente, de la capital mejicana, ni sabía que la productora lo hubiese hecho. Entregó al señor De la Fuente los pasaportes de su madre y de su doncella para que los visara, “porque a mi madre le sienta muy bien aquél clima y quería llevármela”.
Durante la declaración de Sara, su esposo, sentado a su izquierda, ha permanecido totalmente en silencio, sin hacer apenas un solo gesto.



Los testigos
Por parte de Sara, sólo uno: don Marciano de la Fuente, director de producción de Cesáreo González. A quien interroga el señor Jiménez.
-¿Iba a hacerse la segunda película en octubre de 1966?
-Esa es una pregunta muy fría, muy extraña.
-¡Responda sí o no!
-Sí.
-Este letrado, ¿es cierto que se dirigió a usted en el mes de julio?
-Sí, pero con una carta un poco festiva, porque ya estábamos tratando sobre la segunda película.
-¿Le envié otra carta notarial el 28 de julio?
-La película estaba planteada desde abril y usted me dijo que se iba de veraneo.
-¿Debía dar Sara su conformidad al guión?
-No.
-Entonces, ¿por qué usted mismo, de su puño y letra, añadió en el borrador del convenio que no llegó a firmarse que “serían atendidas las sugerencias de la artista”?
Se le muestra el documento y reconoce lo escrito. Luego dice que el guión se le entregó a Sara a principios de enero; que lo que le llevó él personalmente el 30 de ese mes fue el mismo guión, pero bien encuadernado e impreso. Que la actriz eligió el día 5 de diciembre las canciones que tenía que interpretar, “porque ¡eran tantas y tan hermosas!”, según ella misma dijo…
En las repreguntas, el señor De la Fuente ratifica la mayoría de los puntos de vista de la defensa.
Y para el primer testigo de la defensa, el escritos (“y diplomático”, según el letrado señor Fernández) don José Vicente Puente, que declarar como profesión la de abogado. Afirma que llevó personalmente a Sarita la carta de Cesáreo y que el 4 de enero se le entregó el guión. Que el 2 de febrero, en visita que efectuaron varios altos empleados de Suevia al letrado señor Jiménez, éste les dijo: “Láncenme toda la artillería, a ver si convencemos a mi cliente”. Cree recordar que Cesáreo había comentado que no le convenía a Sara hacer en diciembre la temporada teatral prevista en Méjico el mes anterior al rodaje.
Cita el letrado defensor a su nuevo testigo: don Enrique García-Herreros. Al escuchar su nombre, Sarita se santigua reiteradas veces y comenta algo con su marido, muy exaltadamente. El señor García-Herreros afirma que acompañó a la actriz, años atrás, en una gira artística por América, en cuyo transcurso incumplió numerosos contratos. Protesta el letrado de Sara.
-Esa es cuestión ajena al pleito que se debate.
Último testigo de la defensa: el conocido director cinematográfico Rafael Gil. Que no jura, sino que “promete” decir verdad. Dice que dirigió con la demandante la película “Samba” y que por tres veces quiso renunciar a seguir realizándola, por la falta de disciplina de la actriz, que con su conducta obligó a retrasar notablemente el rodaje, con el natural encarecimiento.
Las del letrado señor Jiménez son también breves. Cree que la prueba practicada demostró la realidad de los hechos y el incumplimiento por parte de Cesáreo. Ha presentado un acta notarial, en la que el actor Vicente Parra manifiesta haber estado presente cuando el 30 de enero se entregó a Sara el guión definitivo del film. Reitera las peticiones de la demanda.
Al ir a comenzar su informe en conclusiones el letrado de Cesáreo González, el magistrado le recomienda “la misma brevedad y concisión que su compañero”. El señor Fernández  asegura que será igualmente breve “pero no puedo asegurar la mima concisión”. También ha aportado un acta notarial, otorgada por el guionista Fernando Galiana, en la que declara haber enviado el guión definitivo desde Méjico el 31 de diciembre. Por una curiosa paradoja, de adverso se estima que la prueba les ha sido favorable y nosotros creemos todo lo contrario: que ha probado el incumplimiento por parte de Sara Montiel. La carta autógrafa aportada –dirigida por la actriz a Cesáreo- es la prueba más definitiva. En ella le decía que, “como tenían la sartén por el mango”, convenía demorar el rodaje y que, para evitar problemas con los mejicanos, si le parecía oportuno a Cesáreo podía decirles que ella estaba embarazada.
El magistrado hace sonar la campanilla, interrumpiendo al letrado. Inmediatamente, da por terminado el juicio y visto para sentencia.

Visto para sentencia
La sala se queda vacía. Fuera, siguen los fotógrafos, que vuelven a disparar sus “flashes” sobre Sara y Cesáreo, sobre Cesáreo y Sara. Ambos litigantes se han cruzado, sin saludarse y salen acompañados de sus respectivos letrados. En la puerta de Magistratura –calle de Martínez Campos-, la estrella firma unos autógrafos. El “pleito del siglo” ha quedado pendiente de fallo. O, dicho en otras palabras, “la solución, en breve”.
Veinticuatro millones de pesetas andan en juego.


Texto: F. Vizcaíno Casas


EL RECORTE XXXV
Sara Montiel ha acudido pocas veces a los tribunales, pero cada vez que ha puesto un pie en ellos ha sido la revolución. En cada una de sus vistas ha estado rodeada de numerosos medios de comunicación y la expectación siempre ha sido tal que incluso ha sido noticia de telediario. En esta entrada, recogemos un artículo de Enero de 2004, en el que la revista Qué me dices, se hace eco del juicio por su divorcio con Tony Hernández, el último marido de la estrella. 

SARA MONTIEL:

“A Tony no le guardo rencor”

La manchega fue a los Juzgados de Madrid para ratificar su separación del cubano:
“Me he quitado un peso de encima”



Con abrigo de leopardo, el pelo más rojo que nunca y un puro en los labios se presentó Sara en los Juzgados de Madrid el pasado jueves para ratificar su demanda de separación de Tony Hernández. Ella estaba feliz, pues según dicen, la artista quiere acabar con esto cuanto antes para que el cubano deje de ganar dinero a su costa.
-¿Qué les dirías a los que piensan que éste es el final de un gran montaje?
-Nada… ¿Es que somos la única pareja que se separa?
-¿Te casarás ahora con Giancarlo Viola?
-Ahora no me voy a casar con Giancarlo, pero seguiremos queriéndonos como siempre.
-¿Sientes que te has quitado un peso de encima?
-Sí, me lo he quitado, y estoy encantada porque voy a ser libre.
-¿Tony ha estado educado?
-Sí, mucho. Le dije que me diera un beso y luego lo besé yo.
-¿Le guardas rencor?
-No, le he dicho que, como personas civilizadas que somos, no le guardo rencor y que le deseo todo lo mejor.

Le confundió con un indigente
Un día antes de encontrarse en el juzgado, Tony asaltó a Sara en plena calle. Ella, en vez de saludarle, le confundió con un indigente. Tras ver que era su ex, le ignoró. 


LA FOTO XXXV

CELEBRANDO LOS 50 AÑOS DE PECADO DE AMOR



 



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