martes, 1 de marzo de 2011

PRIMER PLANO - 25 de Marzo de 1945 - España


En este número de Primer Plano, la revista cinematográfica española, según la costumbre de la época, Sara aparece únicamente en la portada.


EL RECORTE XVII

A finales de los 60 la revista Semana publica este rico reportaje en fotografías, del genial Gyenes, y en impresiones de Antonia-Sara sobre Sara Montiel. Como bien dice el periodista no pretende ser una biografía,  pero la estrella sí deja caer retazos de una vida que, no por desconocida, deja de ser menos interesante. 


NUESTRA GRAN ESTRELLA COMENTA ALGUNAS FOTOS SUYAS HECHAS POR GYENES DESDE LOS AÑOS 40

SARA MONTIEL,
 a través del tiempo

“EN EL MUNDO SOLO HAY DOS ACTRICES QUE HAYAN RESISTIDO PERFECTAMENTE LOS PRIMERISIMOS PLANOS: ELIZABETH TAYLOR Y YO”

Esto no es una biografía de Sara Montiel. Para contarles la vida de nuestra gran estrella necesitaríamos más páginas y mucho tiempo. Esto es algo más sencillo y breve que una biografía. Pero no por eso menos sensitivo. Todo comenzó cuando reunimos un buen número de fotos de Sara. Se las hizo en el estudio de Gyenes desde su llegada a Madrid, allá por los años 40. Tras seleccionar las más significativas –las que marcan épocas, estilos- fui con ellas a casa de la actriz. Sara descansa en su piso de la madrileña plaza de España. Su salón, íntimo y acogedor a pesar de sus grandes dimensiones, es un oasis de silencio protegido de la populosa y ruidosa plaza. Desde el mismo se contempla un mar de tejados y, más allá, el mar verde de la Casa de Campo y los cipreses del cementerio en el que, según dice siempre, “tengo enterrada a mi madre”.
Fue una tarde deliciosa. La expresión de Sara, según iba contemplando las fotos, variaba. Fue una mímica digna de ser fotografiada. Sonrió con ternura al verse con coletas. Su gesto acusó amargura ante su fotografía con adornos navideños. Y no disimuló su orgullo ante esos primeros planos en que su singular belleza brilla en todo su esplendor. Sin que faltase el gesto de reproche, la crítica negativa, ante la foto que no quisiera haberse hecho. Sara es el crítico más exigente de sí misma.
Entre foto y foto, modelo y modelo, peinado y peinado, retazos de una vida.
La marcha, inexcusable, de su familia desde Campo de Criptana a Orihuela, porque su padre, enfermo de asma, precisaba de un clima más benigno. Aquellos años, duros, inolvidables, en Orihuela, la tierra de promisión de los Abad, con Antonia cobrando cincuenta céntimos diarios por envolver naranjas. Su “atrevidísimo” viaje a Madrid, siendo una niña –“muy sanota”-, para participar en un concurso de caras nuevas organizado por Cifesa, la productora de moda en los años 40. Su triunfo y su premio: una beca para estudiar declamación y arte dramático, para “aprender” a ser una gran actriz, en suma. Y su primer “papelito”, en 1944, en la película “Te quiero para mí”; entonces su nombre artístico era María Alejandra. Sara Montiel aún tardaría algún tiempo en nacer…
Pero ya he dicho que esto no es una biografía. Son comentarios breves, espontáneos, de Sara ante las fotos que marcan su caminar en el tiempo.  Algunas de ellas harán sonreír a nuestras lectoras, por su encantador aroma “camp”. No faltan, empero, las que vienen a demostrar que en cuestión de modas cualquier tiempo pasado sí puede ser mejor…
En fin, se trata de un amable viaje a la nostalgia, a ese ‘ayer’ de una mujer que a veces puede aparecer tan lejano… y a veces tan actual. Un viaje de la mano, la elegancia y la belleza de nuestra primera gran estrella: Sara Montiel.

H.S.M

LLENITA Y CON COLETAS
“En esta foto, de hace veinticinco años, soy Antonia. Las coletas, los lazos… Porque yo siempre he tenido dos personalidades: por un lado, Antonia Abad; por otro, Sara Montiel. Ahora bien, ¿dónde termina una y comienza otra? Estas fotos tienen su encanto… y sus kilos. La verdad es que no nací raquítica… Hay que tener en cuenta que mi madre medía uno setenta y tres de estatura y era una mujerona. Yo también he sido muy mujerona. Y revelaré una pequeña indiscreción: desde los nueve años siempre he usado el mismo ‘cruzado mágico’. Recuerdo que cuando era casi una niña, tímida y vergonzosa, me cambiaba de acera cuando veía acercarse algún hombre, porque… ¡me decían cada cosa! Sin embargo, cuando me marché a Méjico tuve que someterme a régimen, porque en América las mujeres, en general, y las estrellas en particular, eran menos opulentas que las españolas. Porque aquí pasábamos mucha hambre en la posguerra… ¡pero bien gorditas que estábamos todas!”

A LO EXUBERANTE
“Aquí estoy en versión exuberante. Bueno, entre exuberante y cursi, las cosas como son. Pero, eso sí, guapa, muy guapa. Porque la guapeza, cuando se tiene, es dificilísimo ocultarla. Y servidora es guapa de nacimiento. Lo que tiene verdadera gracia es el mechón de pelo sobre la frente. ¡Tan colocadito!”


PRECURSORA DE SISSI

“Aquí parezco una precursora de Sissi. ¡Tan elegantona! ¡Tan colocadita! ¡Tan blanca y vaporosa! Y, sin embargo, en aquél tiempo –año 1947- yo pasaba más hambre que el perro de un ciego. Téngase en cuenta que acababa de llegar a Madrid y estaba luchando por sobrevivir. Entonces, ¿por qué aparezco en esta foto tan… rimbombante? Muy sencillo: Jo Linten me ofreció la oportunidad de ganar algunas pesetas posando para anuncios; en este caso, una gigantesca radiogramola. Es esta una faceta de mi vida que muy pocos conocen. No sé ni el dinero que ganaba, que desde luego, no podía ser mucho. Pero… ¡el simple hecho de posar tan elegante, me hacía olvidar todas las penurias! Ah, y ya decían que tenía  madera de estrella…”

¡ATREVIDÍSIMA!
“Por culpa de esta foto me dieron un sonoro y rotundo guantazo. Así, como suena. Yo, que estaba al tanto del cine que se rodaba por ahí fuera, quise hacerme una foto… atrevida, para llamar la atención. Es ésta, a la que podríamos considerar como precursora del aluvión de “destapes” que vendrían años más tarde. Pues bien, cierta persona amiga mía, al verla, se irritó, me llamó indecente y me propinó el  guantazo.


UNA CARA MUY ACTUAL
“Aquí estoy en plan de mujer fenomenal! ¡Qué ojazos! ¡Qué mirada! Así de guapa estaba en “Locura de amor”. Al verme así todos barruntaban que llegaría a ser una gran estrella internacional. Sin embargo, en aquél momento, -año 1949- de poco me sirvió mi éxito en aquella película. Todos los honores fueron para Aurora Bautista. Es más: en mi siguiente película, “Pequeñeces”, me confiaron un cuarto papel. Por eso tuve que cambiar de aires y marcharme a Méjico. Pero yo estoy orgullosa de mí porque ahora, veintiséis años después esta cara es tan actual como si me la hubiera hecho ayer”. 

BUSCANDO EL TIPO IDEAL
“Estas fotos son históricas. Corresponden a las pruebas que me hicieron a comienzos del año 1948, cuando los productores de cine trataban de encontrar el “tipo” más adecuado para mí. Me hicieron fotos con mil y un vestidos, de mil y una posturas… Influían mucho en nosotros Rita Hayworth y Esther Williams, que estaban de moda. Se trataba, en suma, de perfilar la futura Sara Montiel, que todavía no existía. Yo soportaba con buen humor las pesadísimas pruebas, porque me encantaba vestirme elegantemente y cambiar de atuendo cada dos por tres. ¡Ya me creía una actriz mundialmente famosa! El problema era que todos los vestidos me favorecían igualmente, porque, aunque esté mal que yo lo diga, soy capaz de convertir una sábana en traje de noche”. 

CON FALDA TUBO
“Aquí estoy americanizada. Estas fotos son de 1956. Me las hice cuando regresé de Hollywood para protagonizar “El último cuplé”. Había permanecido seis años en Estados Unidos y Méjico, y, aun sin dejar de ser latina, se me notaba la influencia de aquellos países. Me puse una falda tubo y un suéter, añadí unos gestos “turbadores”, y creo que las fotografías quedaron preciosas”.



AQUÍ, INSULSA
“Para que todos vean que soy muy sincera, y que hablo muy clarito: en estas fotos no me gusto. Me veo rara, insulsa, intrascendente, como pensando en las musarañas. Me las hice en 1959, y así es como salía en la película “Carmen la de Ronda”. Pero no me gusto, insisto. Creo que la expresión de mi cara no tiene nada que ver con el vestido y con el personaje. Pero ya digo que me noto ausente… Tal vez fuera porque pocos meses antes había perdido un hijo mío, mío y de Anthony Mann…”



ESPECTACULAR
“Estas son mis primeras fotos de mujer “espectacular”. Porque yo siempre me he calificado de “espectacular”. Es el adjetivo más acorde con mi aspecto. Me las hice en Septiembre de 1950, cuando me marché a Méjico. De ahí que me pusiera un rebozo típicamente azteca. Lo más curioso de todo es el escote. El vestido era de París y tenía, originalmente, escote ahogado. Pero Rosa Zabala, que se ocupaba de mis modelos, me dijo: ‘Antonia, a ti te favorecen más los escotes abiertos.’ Se hizo la oportuna reforma en el vestido y, desde entonces, casi siempre he llevado escotes abiertos, porque una tiene la obligación de agradar al respetable…”

FASCINAR CON UNA MIRADA
“Yo no creo en el dichoso destape. Me río mucho cuando oigo hablar del destape… Que si fulanita se ha destapado…que si menganita va a destaparse… Yo siempre he dicho que el llamado destape es un recurso fácil. Una de las actrices con más “sexy” de todos los tiempos, Lana Turner, jamás se destapó. Ni Rita Hayworth, a la que en ‘Gilda’ le bastaba quitarse lentamente su largo guante negro, mientras cantaba ‘Amado mío’, para fascinar al mundo. Yo misma, modestia aparte, causé más impacto con una sonrisa o una mirada que destapándome. Claro que hay que saber sonreír y mirar…, como se demuestra claramente en estas fotos, que datan de noviembre de 1966”.

NAVIDADES TRISTES
“Esta foto me trae recuerdos tristes. Recuerdo que Gyenes me la hizo en 1964 para un reportaje. Pero yo he celebrado pocas Navidades. Prefiero los cumpleaños. Sí, hijo, sí, porque los cumpleaños me hacen muy feliz… ¡incluso los míos! Pero las Navidades… Siempre falta alguien querido, y uno le echa de menos y sufre. Sin embargo, siempre recuerdo con alegría y emoción las Navidades en nuestra casa de Orihuela. Recuerdo que mis padres, mis hermanos y yo nos reuníamos en torno al fuego. Comíamos plátanos y chocolate con picatostes. Mi padre, que era muy bullanguero, cantaba. Éramos pobres, pero lo pasábamos tan ricamente. Aquellas Navidades sí me gusta recordarlas, a pesar de todo”. 

CON “OCELOTE”
“En esta foto me veo sosegada, tranquila… y elegante. Me la hice hace once o doce años para lucir el abrigo de ocelote que me había comprado. Me gusta el ocelote porque es una piel fina, agradable al tacto, que no abulta. Además no es un abrigo “pedante”. Nunca me han gustado los abrigos demasiado ostentosos. La prueba está en que mi primer abrigo de piel no lo tuve hasta 1958, cuando mi marido, Anthony Mann, me regaló uno de visón marrón que me gustó porque hacía juego con mi pelo. Además, que  nadie crea que las estrellas nadamos en la abundancia y que podemos comprarnos abrigos carísimos cada dos por tres. Yo no diré que somos unas pobrecitas, pero… ¡casi, casi! ¿Saben cuánto cobré por “El último cuplé” que fue un exitazo en todo el mundo? ¡Cien mil pesetas! ¡Ah, y me las dieron a plazos! Prefiero gastarme el dinero en “sueters”, zapatos y bolsos, que son artículos más asequibles”.

PRIMERÍSIMO PLANO
“Hace falta tener más valor que El Guerra para ‘aguantar’ primerísimos planos como este del año 1964. Porque, en el primerísimo plano, la cámara, que es muy indiscreta, capta el menor defecto de la cara. Pero, claro, además de valor es preciso tener una cara perfecta… ¡como la mía! De línea goyesca, con mucho pómulo, nariz pequeña, boca insinuante… Una cara con mucha vida y mucha fuerza. Como yo soy muy sincera, diré que un rostro como éste hubiese sido digno de figurar en un gran cuadro de Goya. Si yo hubiese vivido en aquellos tiempos, don Francisco me hubiera pintado una y otra vez. Yo soy una de las dos actrices del mundo que han salido siempre triunfantes de la comprometida prueba de los primeros planos. La otra es Elizabeth Taylor…”



LA FOTO XVII

CELEBRANDO LOS 50 AÑOS DE PECADO DE AMOR

'Con su acostumbrada pericia, Amadori demuestra una vez más su buen gusto y una comprensible preocupación por realzar, si cabe, la belleza de la ‘estrella’, conjugando bien lo espectacular con lo sentimental. Sara Montiel, ídolo de multitudes, brilla con luz propia y canta con su estilo peculiar canciones de épocas diversas más o menos añoradas, dominando a cuantos la rodean, logrando así un éxito más en su ya brillante trayectoria artística'.

Reseña de la película ‘Pecado de amor’ en la colección ‘Nuestro cine’ dedicada a Sara Montiel. 


jueves, 17 de febrero de 2011

GARBO - 5 de Febrero de 1975 - España


SARA MONTIEL HA PERDIDO EL HIJO QUE ESPERABA



Sara acudió con Pepe Tous y con su amigo José de la Rosa al Teatro Lara de Madrid, donde Amparo Baró interpreta actualmente la divertida comedia. Al término del primer acto, se sintió repentinamente mal. Ante la gravedad de los síntomas, se llamó urgentemente a su médico particular, quien ordenó el ingreso en la clínica Buesa. Allí ha sido intervenida quirúrgicamente: ya no habrá niño. 

Sara, a veces jugaba con las palabras para dejar maliciosamente a la gente con una última duda. Otras, lo ha afirmado rotunda: “Se llamará Aldara, como la hija de Boabdil”. Y anunció que se retiraba a descansar hasta el mes de mayo. Ahora acaba de perder su esperanza en el cuarto mes de embarazo.
María Antonia Abad acudió con Pepe Tous y con su amigo José de la Rosa a ver una representación de “Ellos las prefieren un poquito locas”, que interpreta en el teatro Lara de Madrid su amiga Amparo Baró. Al término del primer acto, Sara se sintió repentinamente mal. Tuvo vómitos y una grave hemorragia. Se llamó urgentemente a su médico particular, quien ordenó que la internases en la clínica Buesa de Madrid.
Allí fue intervenida quirúrgicamente, y perdió el hijo que esperaba.
Sara Montiel ha estado internada en la clínica durante cinco días y ha recibido innumerables visitas, ramos de flores y llamadas de gente amiga.
Al término de la representación de noche de la misma fecha en que Sara perdió a su hijo, fueron a verla a la clínica los miembros de la compañía del Teatro Lara de Madrid, su amiga Amparo Baró y con ella Clara Suñer y Paquita Villalba. También acudió Conchita Márquez Piquer y gran cantidad de amigos.
Ahora Sara Montiel se está reponiendo de este trance moral y quiere pasar una temporada de descanso. Duro golpe ha sido, sin duda, para ella, que tantas ilusiones tenía puestas en esta maternidad. El percance no es el primero y ella misma confesó hace muy poco que, moralmente, podía sentirse madre de tres varoncitos que no llegaron a nacer. Tampoco esta vez ha visto cumplidos sus deseos y habrá de echar mano de sus recursos de carácter para superar el bache.
Pepe Tous ha permanecido en todo momento a su lado y, aunque al principio se mostraba reacio a hacer comentarios, dio a entender a los que incansablemente tratábamos de conseguir información acerca del estado de la actriz que ésta estaba amoldándose a las circunstancias con su habitual temple.
Hemos sabido que Sara Montiel ha recibido una nota de la Casa Civil de S.E. el Generalísimo, interesándose por su estado de salud. Deseamos que cuando estas líneas salgan a la luz se encuentre completamente restablecida.



Estas fotos correspondes a los últimos días de representación de su “Saritísima” y sus formas eran notablemente opulentas, aunque, a fuer de sinceros, debemos reconocer que la distribución del aumento de kilos era bastante generalizada. 


CASALS


EL RECORTE XVI

Esta misma revista Garbo, se hacía eco en páginas interiores de un acto institucionalizado en aquella década de los 70: la entrega de los "Vip de oro". Nuestra estrella acudió Pepe Tous y entregó uno de estos reconocimientos. 

CONCHITA VELASCO Y PEDRO OLEA, “VIP” DE ORO




La organización “Vip de Oro” ha concedido este año el galardón por partida doble. Conchita Velasco y Pedro Olea, por su reciente obra cinematográfica, se han hecho acreedores al galardón.
Antes, en otros años, fueron “Vip”, Natalia Figueroa, Sara Montiel, López Vázquez, Quadra Salcedo…
Y muchos de estos asistieron como testigos a la condecoración de sus “sucesores”. También Mingote, Juan Diego, Francisco Valladares…
Allí estaba Adolfo Marsillach, Nadiuska, José Luís López Vázquez, Carlos Larrañaga, etcétera…; es decir, aquellos que no se encontraban en el coktail que, a la misma hora, ofrecía la actriz Sarah Miles en otro local madrileño.
Tras la cena, los invitados del “Vip” pasaron a otro salón donde se improvisó un animado baile. Dura tarea la de los periodistas, empeñados en reflejar la actualidad nocturna madrileña, cuando, como en esta ocasión, los actos se realizan de forma simultánea.

MARIEL
Fotos: Jesús Carrero y Jamco


LA FOTO XVI

CELEBRANDO LOS 50 AÑOS DE PECADO DE AMOR



2011 es el año en el que se cumplen los 50 años de una de las películas más legendarias de Sara Montiel. Aquí otra instantánea.

miércoles, 9 de febrero de 2011

PARTY - 21 al 27 de Diciembre de 1980 - España


SARA MONTIEL
Lo que el viento respetó


Pudo suceder. Quizás en la década de los cuarenta, una jovencita cuyos rasgos dejaban a pasos agigantados de ser prometedores, para convertirse en espléndida realidad, harta de las molestas carencias y restricciones de posguerra española, recogió un poco de la manchega tierra que la vio nacer, y levantando la mano hacia un cielo rojísimo –de ocurrir, fue a la hora del crepúsculo, seguro- pronunciaría las palabras rituales: “Pongo a Dios por testigo que nunca más, ni yo ni ninguno de los míos volveremos a pasar hambre…”. Y pudo ser de este modo gracias también a que las cámaras de cine sintieron, en cuanto la tuvieron enfrente, una auténtica locura de amor por ella. Antonia-Escarlata comenzó así su camino que la llevaría hasta el mismísimo Hollywood –sí, el de Marilyn, Brando, Dean-, previa escala en México, donde protagonizó la friolera de catorce películas en cinco años, y sin privarse de más de un desayuno en Tiffany’s, donde, como todo el mundo sabe, los churros se mojan en diamantes, lo del café con leche resulta así como vastísimo. Pero ocurre aquello de las raíces y así, la gran Sara –pero aún no Saritísima-, volvió a España, al fin y al cabo, su Tara, e hizo aquella película de cuplés en la que, al parecer, nadie creía, pero que para nuestra heroína significó el principio de sus días de vino y violetas, noches de blancas boas de plumas.

Y en esas estamos, porque gracias a un pacto con quien ella haya querido, para eso puede, en plena década de los ochenta Sara sigue fascinando a la audiencias –por decirlo en plan fino-, con sus canciones de siempre, con esa voz inimitable e intransferible, pero, sobre todo con su belleza, esa que no ha ido a más porque en la vida todo tiene un límite, claro que si las cosas siguen así, nunca se sabe.


Lo cierto es que hoy tenemos la suerte de encontrarnos frente al mismísimo mito hecho carne, Saritísima y todos los superlativos habidos y por haber, dispuesta a abrir su corazoncito a los lectores de PARTY y contarnos el cómo y porqué ha resultado una Escarlata listísima, porqué no dejó escapar a su Rhett Butler cuando lo encontró. 


-¿Qué ha sido, para ti, el año 1980?

-La década de los ochenta no ha podido tener, para mí, un principio más fenomenal, ha sido un año lleno de satisfacciones tanto personales como artísticas. Mi vida privada se ha visto enriquecida con la presencia de mi hija, Thais, un continuo motivo de alegría para Pepe y para mí. Profesionalmente, ahí esta mi “Super-Sara-show”, batiendo todos los récords de taquilla existentes, tanto en Madrid como en Barcelona. Por supuesto, ha sido agotador, dos funciones diarias sin echar mano para nada del “play back”, dando la cara y la voz de verdad, como el público merece.

 -Y de 1981, ¿qué esperas?
-Me conformo con seguir la racha de 1980. Tengo el calor de los míos, un público al que no tengo más remedio que calificar de maravilloso, ¿cómo no va a serlo si tengo la suerte de mantener su fidelidad, año tras año? Las próximas fiestas las pasaré en América, trabajando, pero con lo cálidos que son siempre por allí, empezaré 1981 bien calentita. 


-Sara, ¿por qué tu abandono del cine? ¿Qué circunstancias deberían darse para tu vuelta?
-Bueno, el problema del cine español, hoy, es realmente grave. Ya me diréis de qué sirven artistas y técnicos si resulta que falta lo más importante, sencillamente, no existe una estructura industrial. Entonces, para volver yo, debería al menos existir eso, una industria, entonces podríamos empezar a hablar. Todas mis películas han sido realizadas con presupuestos elevados, con directores conocedores de su oficio: ahí está la clave de porqué han sido grandes éxitos, y no sólo en los países hispanoamericanos, sino también en mercados tan diversos como el ruso o el japonés. El cine de ahora, mayormente porno-erótico, no me interesa, se hace como churros.
 -¿Por qué no hay estrellas en la actualidad? ¿No hay personalidades adecuadas o a la industria –o lo que quede de ella- no le interesan?
-Volvemos a lo de antes, una estrella no se fabrica, simplemente surge, pero tiene que encontrar un medio ambiente adecuado para catapultarse, hoy día no existe ese ambiente ni siquiera los medios adecuados para potenciar a una posible estrella.
-¿Cuál es, para ti, la estrella más grande en el firmamento cinematográfico?
-Hombre, es difícil elegir sólo una…. Yo, de niña, me encandilaba con Ingrid Bergman, para mí, tenía –y conserva, claro- un algo único, distante y próximo a la vez. Luego, a través de TV y de las reposiciones, descubrí a Garbo, una actriz asombrosamente moderna y de la que, por encima de todas y cada una de las consideraciones artísticas, me maravilla la luminosidad de su rostro, tan bello, tan… ¡Hay que descubrirse ante señoras así!
-¿Y Marilyn?, danos tu opinión sobre ella.
-Para hacernos una idea, tener en cuenta que siempre, cuando voy a Los Ángeles, me acerco a llevar unas flores a su tumba. Por Marilyn siento una admiración y un cariño muy especiales, fue el “sex-symbol” más importante del cine, pero, sobre todo, ¡hay tanta ternura en sus interpretaciones! Fue una víctima de las circunstancias en las que se vio envuelta, siempre pienso en lo feliz que sería si pudiese ver, tan obsesionada como estaba en ser una buena actriz, cómo se ha convertido en uno de los mayores mitos de la historia del cine. 

-Contigo se da una curiosa circunstancia. Tú eres una estrella eminentemente popular, mayoritaria y con incidencia sobre eso llamado “gran público”, sin embargo, a lo largo de tu vida siempre han existido una serie de intelectuales a tu alrededor, imaginamos interesados por ti, sería el caso de Miguel Mihura, León Felipe, Terenci Moix…, ¿a qué crees que se debe este interés?
-Siempre he tenido clarísimo lo ideal de llegar a la mayor cantidad e público posible, sencillamente porque las mayorías se componen de muchas minorías. Pero sí, es cierta esa constante en mi vida con respecto a los intelectuales interesados por mí, y me satisface mucho saber que no ha sido sólo como artista, sino casi primordialmente como ser humano; no sé, supongo pueden encontrar entrañable esa vena popular mía a la que habéis aludido…En cualquier caso, siempre he procurado rodearme de personas de las que pudiese aprender, y he de reconocer los buenos maestros tenidos, si lo he aprovechado o no, no me corresponde a mí juzgarlo.
 -Sara, tú eres la estrella favorita del público gay, ¿cuál es el motivo? ¿A partir de cuándo te diste cuenta de ello?

-Bien, en primer lugar aclararé que no hago distinciones entre mi público, simplemente existen, amigos y público, entre ellos hay gays como hay gente rubia o morena, dependientes de comercio y obreros de la construcción, quiero decir que, para mí, eso no es una peculiaridad especial que diferencie a nadie… y aclarado esto os diré que posiblemente fue a raíz de “El último cuplé” cuando pude constatar el interés especial demostrado hacia mi persona por público gay. Debo decir también, después de tanto tiempo, que el cariño hacia mí es, aparte de la posible admiración por la artista, una cuestión de reciprocidad; yo soy una persona muy receptiva, y en seguida aprecié y valoré el calor y la sensibilidad de esas personas, y les abrí mis brazos. Fijaros, hablo de una época en la que cualquier manifestación de homosexualidad estaba como mínimo mal vista. Hoy han cambiado un poco las cosas, queda bien socialmente, como esnob, tener amigos gays, pero el motivo de su fidelidad a lo largo de mi carrera puede ser ése, mi afecto y cariño hacia ellos es “de los de antes”, y he procurado siempre no defraudarles, ni artística ni humanamente.
-Después de tu último LP con canciones de corte sudamericano, ¿hay otro disco en perspectiva?
-Sí, siempre hay proyectos discográficos, he terminado mi contrato con Columbia y hay ofertas para estudiar, pero con la inminencia de la gira no me queda tiempo, y tampoco es asunto para tratar a la ligera, no quiero que vuelva a suceder como con mi primera casa grabadora, tiene todos mis discos descatalogados de España, y mis admiradores de aquí tienen que conseguirlos a través de México, Estados Unidos o el Japón, donde sí están a la venta…, demencial, ¿no? Como os cuento, ahora estoy muy ocupada, voy a hacer una gira muy compleja, abarcaré Argentina, Venezuela, Perú, el área del Caribe… para terminar en Nueva York; pero al regreso habrá disco, seguro. También voy pensando ya en mi reaparición en España, los empresarios me están pidiendo fechas…, en fin, todo se andará, porque también quiero descansar y disfrutar plenamente de mi familia; por otro lado, ya sabéis no me gusta prodigarme excesivamente en ningún medio.
-¿Y tus anunciadas Memorias, para cuándo?
-¡Ah! Estamos Terenci Moix y yo en ello, pero no es tarea de unas pocas semanas; es necesario recopilar datos de mis principios, de mi paso por México y por Hollywood, de mi actual etapa…, montones de hechos y anécdotas, contados también con mi vida personal, que también se reflejará en ellas. Tranquilos, saldrán a la luz, y quienes las lean sabrán todo, con pelos y señales, de Sara Montiel. 
Pues ya sabéis, amigos, hay que esperar esas Memorias, mientras tanto ojalá esta conversación con nuestro mito más popular y casi único, haya servido para conocer un poco más a esta mujer que ha sabido conservar, durante casi tres décadas, su nombre en letreros luminosos, y su imagen en cines y portadas de revistas. Mientras en tantas ocasiones aparecen y desaparecen estrellas de eclipse a plazo inevitablemente fijo, ese no es el caso de ella. Ella es una Sara para la eternidad. 




Sara Montiel nunca estuvo especialmente preocupada por la intelectualidad, pero es evidente que ésta ha acudido a ella en esta hora de su madurez. Aquí, en esta foto, reciba la visita del gran pintor Miró. 



Carlos Ferrando
José Manuel González

Fotos: José María Castellví


EL RECORTE XV

En Diciembre de 2010 la revista V MAGAZINE, editaba este nuevo número con una selección de mujeres estupendas a las que bautizaba de héroes. La primera de todas, nuestra estrella: Sara Montiel, en una entrevista maravillosa. 


HEROES
¡SARA MONTIEL MARVELOUS!
Un puro humeante y una actitud dramáticamente seductora será lo que recuerden de ella las nuevas generaciones. Pero el mito de Sara Montiel es mucho más. Hace 60 años se convirtió en la primera actriz española en conquistar Hollywood. Repasamos con la estrella el pasado, presente y futuro del show business.


“Siempre fue una gran estrella, nunca conocí el fracaso”. Sara Montiel arranca con fuerza y convencimiento. Se lo puede permitir: su vida es puro éxito, para qué negarlo. La española traspasó fronteras cantando cuplés, en una época en la que el mundo se movía a ritmo de twist. Desde sus inicios parecía tener claro que su vida iba a estar destinada a romper moldes.
En su trayectoria hay una parte de esfuerzo y riesgo personal, pero ella misma es consciente de que algo divino marcó sus primeros pasos: “Mi belleza es cosa de la genética, hasta los sesenta y pico me conservé como si tuviera treinta”, comenta. Con esta carta de presentación, nuestra heroína hizo lo que todas las niñas de su generación: apuntarse a un concurso de talentos infantiles. De ahí al cine. En sus inicios combinó comedias sin fuste, papeles secundarios en películas de cartón piedra y amistades entre intelectuales como León Felipe, que le aconsejaron cruzar el charco para no ser sólo una cara bonita. “En España no tenía ninguna carrera ni porvenir artístico, así que en 1950 me fui a Méjico, donde nada más llegar me convertí en leyenda”, explica.
En Méjico Sara se transformó de la noche a la mañana en una diva tal que su nombre traspasó fronteras. “Una de mis películas –recuerda- , Piel Canela, tuvo tanto éxito que se estrenó en Nueva York, la vio Mary Pickford y me contrató para Veracruz”. El resto forma parte de la historia: películas con Joan Fontaine, almuerzos con Hitchcock e incluso juergas con James Dean, quien se hizo con Sara sus últimas fotos antes de morir. Y todo esto sin necesidad de romances o campañas promocionales, al contrario que sus sucesoras: “Penélope Cruz en Hollywood se pasaba la vida luchando sin llegar a nada, hasta que llegó Pedro (Almodóvar), y como la chica vale y es monísima, con su ayuda ha triunfado. Yo no necesité ninguna ayuda”. Sara se casó in articulo mortis con el director Anthony Mann, un maestro del cine con legendarias amistades. “Un día bajé al jardín y vi a mi marido jugando al tenis con una señora. Cuando terminaron mi marido me dijo: ‘Antonia, te presento a Greta Garbo”. A pesar de haber vivido una vida rodeada de cámaras, este momento no llegó a inmortalizarse: “Tras ducharse en mi baño, la Garbo comió con nosotros, bueno yo desayuné, porque nunca terminé de acostumbrarme al horario norteamericano. Con las cámaras que había de mi marido, no se me ocurrió hacernos una foto los tres juntos”, dice.
Pero no todo fueron parabienes en su carrera. Tras la cancelación de importantes proyectos, uno de ellos The Burning Hills, con Paul Newman, Sara decidió tomarse unas vacaciones y volver a España a visitar a su familia, “a la que llevaba sin ver desde el año 1950”. Mejor para nosotros, la estrella volvió a casa por la puerta grande: “Cuando regresé me ofrecieron El último cuplé. Lo rodamos muy deprisa, y en cuanto terminamos volví a Estados Unidos a seguir trabajando”. Lo que la Montiel no sabía es que aquellos cuplés cambiarían su vida. Este estilo musical, pasado de moda por aquel entonces, tuvo en su voz un éxito apoteósico. La gente hacía cola durante horas para ver la película una y otra vez. En España no se había visto a nadie tan sexy ni con tanto glamour susurrando aquel mítico Fumando espero. De pronto se vio en una encrucijada entre el Viejo Continente y Estados Unidos. Al final prefirió quedarse en casa “y ser la gran Sara Montiel, la primera figura de Europa”. En 1961 la Warner le ofreció un nuevo contrato, “y dije que no”. Podría parecer patriotismo, aunque parece que había otros motivos más mundanos: “Es que aquí ganaba un millón de dólares de la época por película, era la actriz más taquillera de todas”.
Aunque este salto continental no se debió sólo a temas económicos. Por evidente que fuese su belleza, siendo morena y racial, y en un país como Estados Unidos, al final terminó por encontrarse con una realidad inesperada. “Cuando yo estuve en Hollywood no querían demasiado a las latinas. Me costaba mucho trabajo luchar contra eso. Sólo me daban papeles de india y a mí, con mis ojos verdes, eso no me gustaba”, comenta. Un encasillamiento al que se han visto sometidas las actrices hispanas en los últimos cincuenta años, y del que han empezado a salir cuando han sido ellas mismas las que han cogido el timón de sus propias carreras profesionales. Como Salma Hayek, quien produjo y protagonizó la película sobra la vida de Frida Kahlo, con la que llegó a rozar el Óscar. Sara prefirió no complicarse y abandonar Hollywood, una decisión de la que no se arrepiente: “Mis películas has sido éxitos enormes en todo el mundo. Cuando Rusia era comunista, mis películas se estrenaban en Moscú, allí soy muy conocida”.
Tras cantar por primera vez, la Montiel descubrió que no sólo de actuar viven las actrices. Empezó a grabar discos en los que cantaba de todo y en todos los idiomas. Su sensual voz producía millones y las distribuidoras comenzaron a exigir más y más canciones. “Yo soy la única actriz que ha hecho musicales en Europa. Si los productores veían que una película mía tenía seis canciones, les parecían pocas y metían otras tres”, rememora la artista. Una fulgurante carrera que se ha prolongado más allá de su retirada del cine, anticipándose a otras cantantes y actrices posteriores, como la Streisand. Sus giras la han llevado por todo el mundo, actuó con Pavarotti, “incluso actué en el Lincoln Center y en Las Vegas, para luego irme a cantar La violetera en Rumanía, donde me adoran. La gente se pegaba por verme en directo”.
Abierta la veda de la canción, Sara se dedicó a encadenar musicales de factura impecable y guiones calcados, en los que ella no paraba de mirar directamente al público mientras cantaba de Calcuta a Miami, los fanáticos de la actriz se contaron por millones durante los movidos años sesenta. “En Nueva York hay una tienda que vende fotos mías muy caras, y muchos admiradores me las mandan para que se las dedique”, prosigue. Un día recibió una petición de la mismísima Jennifer López, “es que su madre, Lupe, ha visto mil veces El último cuplé y La violetera, y yo le mandé fotos de aquella época”.
Llegó un momento en el que la repetición del mismo argumento cansó hasta a sus más incondicionales, es aquí cuando la gran actriz hizo aparición. Tras el patinazo surrealista que fue Tuset Street, donde se mezclaba el glamour de siempre con la vanguardia de la ‘gauche divine’, dio un giro de 180º grados. Protegida por directores como Bardem y guionistas como Antonio Gala, Sara protagonizó sus dos mejores películas: Esa mujer y Varietés, donde a pesar de las canciones, el argumento tenía mucha más importancia.
Pero entonces murió Franco, llegó el destape y Sara decidió que nadie la iba a ver como Dios la trajo al mundo. Después de enseñar un poco más de lo habitual en su canto del cisne cinematográfico, Cinco almohadas para una noche, la artista puso punto y final a toda una vida dedicada al séptimo arte: “En la época del destape me llegaban cientos de guiones. En ellos tenía que enseñar los pechos y cantar canciones modernas que no tenían nada que ver con la Sara de siempre. A todos esos guiones dije que no, porque aunque me habría hinchado a ganar dinero, no era parte de mi elegancia. Fui descartando películas hasta que decidí retirarme”.
¿Se retiró? No del todo. Desde entonces Sara ha hecho teatro, estrenando cientos de obras con nombres maravillosos, como ‘Super Sara Show’. Ha hecho televisión (“poca pero buena, no me gusta la televisión”) y ha seguido grabando canciones, como sus míticos himnos Super Sara o Atrévete otra vez, escritos por gurús de la movida como Berlanga o José Cano, respectivamente. Pero cine, eso es cierto, nunca jamás. A pesar de tentadoras ofertas, como la de Pedro Almodóvar, “que empezó en una boîte vistiéndose como yo y haciendo playbacks de mis canciones”. Superado el travestismo del manchego, “cuando se hizo director me llamó varias veces para que trabajara en sus películas, como en Tacones lejanos, que fue escrita para mí. Mi marido (Pepe Tous), que era fan suyo desde el principio, me animó, pero a mí me dio pereza volver al cine. Lo había dejado en los setenta y no me apetecía en aquél tiempo. Si lo pienso ahora, sí que me hubiera apetecido trabajar con Pedro”, comenta un tanto arrepentida de aquella decisión.
“Saritísima”, la grande, enseño a los españoles qué es ser una estrella. Por si queda alguna duda, ella misma nos refresca la memoria: “¿Qué que es una estrella? Una estrella soy yo”. Las que han venido después se han tenido que medir con su leyenda. Su futuro está lejos del cine, pero por decisión propia. Su regreso sería, aún hoy, un acontecimiento mundial. Cuando se le pregunta por la que podría ser su sucesora, lo tiene claro: “A la Pataky no la conozco. La mejor, y la única, es Penélope Cruz”. Pocos motivos hay para dudarlo, especialmente si lo dice mientras fuma uno de sus famosos puros mirando de frente a la eternidad.

Crawford
Fotografía Bert Six.


LA FOTO XV



Otra instantánea, otra joyita del genial Castellví.En este caso, la fotografía que aparece en la contraportada del LP Anoche con... Sara, al que ella misma hace referencia en la entrevista de Party. También aparece, pero en blanco y negro, en el primer Interviú que protagonizó nuestra estrella.

jueves, 3 de febrero de 2011

ON THE Q.T. - Estados Unidos


Agradecemos a Erika Comellas el envío de la revista y el recorte de esta entrada para disfrute de todos. Con ello vemos la repercusión internacional que nuestra estrella ha tenido siempre. 


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Take the good look at the sultry beauty looking out at you from the cover of this magazine –and at the other provocative likenesses of her arranged artistically on these pages. Would it come as any great surprise to learn that, at an age when most film beauties tire of their losing battle with the years, throw out their creams, lubricants and mudpacks and seek out character roles, 35-years-old Sarita Montiel has zoomed past Brigitte Bardot as the number one box office attraction on the continent?
And that she did it without benefit of towels, pouts, naughty grins and bikinis?
You’d be in good company. Nobody was more surprised than the beautiful  Spanish actress herself when she heard the good news.
“I feel most ashamed,” she said after she’d recovered from her astonishment. “I did  it whit my clothes on.”
Unusual? Many things are unusual about this Spanish-born Mexican star aside from the fact that although she’s got plenty to show, she doesn’t show it on the screen.

Give a listen to list statement she made back in 1948 at the tender age of 22 when most girls still dream of handsome, curly-haired baby-doll boys whose voices have barely changed.  Said Sarita: “I like men who are over 40 and ugly”. Sarita explained wisely that when she dated a man she wanted him to admire her, not himself. 

This pronouncement got more mileage than the Tiros satellite. Rarely had such wisdom dropped from such dewy lips. It was a better tonic for America’s senior citizens than a shot of Rybutol on the rocks. And more than one rocking chair jockey was heard to cackle, “By cracky, there’s hope for the old boy yet”.
Sarita wasn’t just running off publicity copy, either. A few years later she put her philosophy into action by marrying film director Anthony Mann who looks over 40 and who doesn’t look quite like the leading man a director would ordinarily select to play opposite Sarita.
Mann, who directed the controversial film, “God’s Little Acre,” overnight became one of the wordl’s most envied men. The tanned, muscular, cute young  men of Hollywood gnashed their capped teeth in frustration and immediately set out to grow mustaches. Most of them would fail there, too. 



Look again, and Sarita’s face is that of sexy, modern miss. Audiences flock to theaters to watch her face alone. 

Sarita is not a production of the movie-star manufacturing machine. Her professional experience is as long as her square name –Maria Antonia Vicenta Alejandre Ysidora Abad. A talen scout spotted her on the streets of Seville, Spain, when she was only 12- a very mature 12- and set a wordl’s record for getting her monicker on a contract. The green-eyed beauty starred in 19 films before moving to Mexico with her mother.
There she was hailed as the “Marilyn Monroe of Mexico”. Her sultry good looks and lush figure made her a favorite with the hot bloods south of the border. She made movies in the U.S. and on the continent with the same results. Sarita Montiel was a sensation, a box office bonanza, and she had done it without walking with a wiggle, without swimming nude, without plunging necklines, and without  taking off her stockings while sitting on a bed.
“I am so proud of myself”, she said with good reason back in 1958. “In my last picture, the audience sees only my face and hears my voice”.
“The picture is so honest and simple that even little children can see it. And it is making millions of dollars all over the world”.


Sarita and husband, Anthony Mann, attend Venice Film Festival in 1958. “I feel most ashamed,” she said of her box office victory. “I did it with my clothes on.” 


The picture she referred to was “The last song”, and Sarita was so sold on the idea of the film she plunked down half of the money to do it, $75,000. Now in Hollywood $150,000 wouldn’t even pay for the star’s wardrobe, let alone finance a full-length motion picture.  But the Spaniards  have a way of getting the most return on a limited investment. They proved that by investing in three ships and having their flag planted on a valuable piece of real estate back  in 1492. That’s investment.
They haven’t lost their touch. “The Last Song” played for an incredible  47 weeks in Spain. It was a smash hit in Germany, Italy, France, Mexico, Argentina, and throughout Latin America. The lines queued up in front of theathers were reminiscent of the eager, lick-lipping flesh fanciers who flocked  to theathers all over the world to feast their eyes on the screen image of Brigitte Bardot as she capered happily and almost  nakedly through bedrooms and across sandy beaches, trailed closely by a panting camera that kept discovering angles the ordinary male never dreamed of.
That kind of film success is understandable. It makes sense. Sex has always been box office, from “Gone With the Wind” to “And God Created Woman”.
But how do you figure people plunking down pesos, lire, marks and francs just to look at a girl’s face and hear her voice?
The answer is that Sarita’s face is no ordinary face. It is a classic Spanish face of almost unbelievable beauty.

By: Sidney Haught


EL RECORTE XIV

Hoja extraída de una revista brasileña del año 1964. Sara acababa de llegar al país del Carnaval para rodar Samba. La repercusión de su llegada movilizó masas, quizá, no conocidas hasta entonces. Bellísima en esta foto. 



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LA FOTO XIV



Aquí una Sarita bellísima en una estampa típica de su época hollywodiense.