Mostrando entradas con la etiqueta Palma de Mallorca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Palma de Mallorca. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de diciembre de 2024

ACTUAL - 26 de noviembre de 2000 - España


Sara

lo cuenta todo

La actriz y cantante manchega descubre el relato completo de su vida en las memorias tituladas “Vivir es un placer”

MIGUEL VICENS. Palma


Sara Montiel y su hija vestidas de payesas mallorquinas en una imagen de 1980.

Sara Montiel ha hecho memoria y el escritor Pedro Manuel Víllora ha prestado su pluma y oficio a la artista manchega. El resultado del ejercicio se llama Vivir es un placer, acaba de salir a la calle y es un libro publicado por la editorial Plaza&Janés, una biografía que se lee como una novela trepidante y por la cual desfilan relevantes actores, escritores, artistas, científicos, intelectuales y políticos.

Sara Montiel se desnuda en 416 páginas, descubre con reflexiones, opiniones y anécdotas cada episodio y circunstancia histórica que le ha tocado vivir, desde su nacimiento en Campo de Criptana hasta la muerte de su último marido, el mallorquín Pepe Tous, y los difíciles años que vivió después del suceso; desde su triunfo cinematográfico hasta su relación con Franco y el franquismo; desde la historia de los hombres a los que amó hasta su vida en Mallorca.

La obra es un friso de notables en el que junto a la actriz y cantante aparecen pintores como Dalí, Miró, a quien visitó con frecuencia en Son Abrines, Tàpies, Diego Rivera o Frida Kahlo; escritores como León Felipe, que se enamoró perdidamente de Sara y fue su mentor intelectual, Octavio Paz, Rafael Alberti, Arthur Miller o Ernest Hemingway, que le enseñó a fumar y con quien tuvo un romance tan breve como apasionado e intenso; estrellas españolas como Imperio Argentina, María Félix, Amparo Rivelles, Dolores del Río, Fernando Fernán Gómez o Jorge Mistral; y mitos de Hollywood como su primer marido, Anthony Mann, Cary Grant, Burt Lancaster, Ava Gardner, Greta Garbo, Marlene Dietrich, Alfred Hitchcock, Clark Gable, Marilyn Monroe, James Dean o Gary Cooper, con quien desmiente el romance que se le atribuye. “Si hubiese querido hubiese hecho el amor con Gay Cooper, pero no quise”, relata.

En el centro del friso Sara Montiel ha querido colocar a su madre, a quien quiere rendir tributo con el libro. “Estas memorias y esa vida, mi vida, están dedicadas a la persona que me ha acompañado siempre y a quien más he amado: mi madre”.

En su biografía, la actriz y cantante descubre lo que ha admirado de los hombres a los que ha amado. “Eso se lo habré dicho a mi madre ochenta y ocho mil veces”, cuenta. “Y yo soy igual que ella: tengo que enamorarme del hombre para poder estar con él. Y de un hombre me enamoro si lo admiro primero, pero no por su físico, porque he estado con hombres que físicamente no valían nada, como Miguel Mihura. También ha habido excepciones, como Severo Ochoa, que era impresionante, pero aun así me llevaba veintitrés años, con lo cual me doblaba la edad. Los hombres que a mí me han gustado han sido mayores e inteligentes. (…) Tenía clarísimo que yo no hablaba con un tonto o mediocre. Siempre me he fijado en la cabeza, en el talento, y tengo que admirar a la persona tanto para el amor como para la amistad. A mis amigos los tengo que admirar”, manifiesta.



Entre los romances de la actriz llama la atención el que mantuvo con Severo Ochoa, porque hasta el momento era un episodio intuido sólo por algunas personas próximas a su entorno y desconocido por la mayoría del público. A esa relación apasionada, intensa y clandestina el libro dedica dos de los veintisiete capítulos.

“Al amor de mi vida lo conocí en Nueva York en 1951. Muy poca gente lo supo entonces y a muy poca gente se lo he dicho después. Es algo que siempre he creído conveniente que permaneciera oculto. Nadie se habría visto beneficiado de haberse sabido esta historia, y en cambio había una tercera persona a quien se le habría dañado cruelmente y sin necesidad. Una mujer a la que siempre he respetado y que no merecía sufrir por mi causa”.

“Luego, cuando esta mujer falleció, lo sentí mucho, porque había sido una excelente compañera y él quedó muy triste y solo sin ella. Ninguno de ellos vive ya, y es ahora cuando puedo contarlo, porque mi vida estaría incompleta sin él”, justifica.

El relato de Sara Montiel se mezcla con momentos importantes de la historia que la autora recuerda a su manera, como testigo circunstancial de los hechos. Así cuando habla del “amor de su vida” comenta: “En 1959, yo estaba haciendo Carmen la de Ronda cuando supe que a Severo Ochoa le habían dado el Premio Nobel de Fisiología y Medicina gracias a sus investigaciones sobre aquellas enzimas de las que tanto me había hablado”. En otro pasaje de las memorias afirma: “Conocí a Castro y supe que algo se estaba preparando en Cuba, algo grave, y que Cuba iba a cambiar. Lo que no podía saber es que iba a cambiar tanto. Por eso no he vuelto ni quiero volver”.

El autor de Por quién doblan las campanas también se enamoró perdidamente de la protagonista de El último cuplé. Sara Montiel llamaba a Ernest Hemingway simplemente Ernesto. “En casa de los Gómez Mena conocí a Ernest Hemingway”, relata. “Y aunque yo estaba con Severo, Ernesto y yo estuvimos juntos una vez. Sin embargo, no se puede decir que por eso engañase a Severo, porque yo no estuve con Ernesto por amor. Mi amor era para Severo; por Ernesto sólo sentí una mezcla de deseo sexual y admiración”, justifica.

En una fiesta del 18 de julio, Sara Montiel y Anthony Mann fueron invitados por Franco junto a otras personalidades al acto conmemorativo que se celebró en el palacio de La Granja. “Franco me vio de lejos y me dijo: Venga usted, violeterilla; venga usted aquí”, mientras el director norteamericano sufría un ‘oloroso’ ataque de gastroenteritis.

“En aquel mundo labré mi carrera y aquel mundo quiso aprovecharse de mí”, narra la actriz. “Franco me utilizó. Cuando mis películas se convirtieron en auténticos bombazos en la Unión Soviética y sus países satélites, me mandaron a Rusia y a Rumanía. A Rusia fui a cambio de petróleo y a Rumanía a cambio de madera”.



Por los años de matrimonio con Pepe Tous y las amistades que mantiene en la isla, Mallorca tiene una importante presencia en las memorias de Sara Montiel. “Hice amistad con María Dolores Miró, hija de Joan Miró. Y tengo otros cuatro amigos más en Palma: mis titis María Serra del Foro, María Antonia Masanet y Maruja García Nicolau, que fue Miss Europa en 1962; y no puedo olvidarme de mi querido Jaume Matas –subraya la actriz-, el actual ministro de Medio Ambiente, que siempre me prestó su apoyo incondicional. Son íntimos míos de verdad: los he tenido cuando los he necesitado y han estado totalmente abiertos a mí y yo a ellos”.

Sin embargo, la relación de Sara Montiel con la isla ha tenido también momentos no tan agradables. “Cuando nos unimos, la sociedad de Palma le dio de lado a Pepe. Pepín Tous era el soltero de oro, un buen partido, y le reprocharon que se emparejase con una mujer casada. Incluso me acusaron de arrimarme a él por su dinero”, recuerda la actriz.

 

FRAGMENTOS DEL CAPÍTULO XXVII DEL LIBRO

“VIVIR ES UN PLACER” (PLAZA&JANÉS)

La vida con Pepe y sin Pepe

La vida con Pepe Tous funcionó de maravilla, porque había una química estupenda. Tal vez no tanta como con Giancarlo, pero sí de otra manera. Pero él era un hombre que se enamoró de Antonia. Sara Montiel no le interesaba para nada.

Pepe no era admirador mío. La única película que realmente le gustaba de las que había hecho era El último cuplé; un poco también La violetera. Ya con él hice Varietés, y esa sí le agradó mucho, porque hablaba del mundo que conocía bien. Pero, en general, a él le gustaba un tipo de cine más intelectual y menos romántico. Y si le gustó El último cuplé no fue por mí, sino porque independientemente de mi actuación había un gran trabajo de Juan de Orduña, que había sabido hacer una película espléndida.

Cuando lo conocí, él todavía dirigía su periódico, Última Hora, que salía desde 1892. Vivía en el ático del mismo edificio, en un piso que había arreglado para casarse con la novia que tenía, y cada mañana, a las siete, bajaba a la redacción; y no subía hasta las tres y media o cuatro de la tarde. Por su trabajo no quería venirse a vivir a Madrid, así que fui yo quien se sacrificó para vivir con él, en lugar de sacrificarse él para vivir conmigo. Ahora bien, esto fue algo que yo comprendí sin necesidad de hablarlo. En ningún momento me dijo que, o vivía en Madrid, o me quedaba en Palma.


Sara Montiel, Pepe Tous y los hijos de la pareja, Thais y Zeus.

También tenía una sala de fiesta desde 1965, Tagomago. Luego la vendió y compró otra que se llamaba Rosales. A esas salas llevaba a los mejores artistas del momento. Y viajaba mucho a Milán para asistir a la ópera, y al Liceo para contratar artistas cuando en febrero terminaba la temporada operística de Barcelona.

Además tenía tres cines, y prácticamente sólo conocía Madrid de venir a hacer los contratos con los distribuidores. Donde realmente había hecho vida había sido en Barcelona.

(…)

Al no vivir en Madrid dejaba de estar en el ambiente. Así me fui retirando un poco, pero él se dio cuenta. Entendió que me iba quedando aislada y que su ligazón con el periódico nos impedía determinadas libertades. Por eso lo vendió en 1977, aunque quedándose con un tercio de las acciones. Entonces ya pudimos viajar juntos, ir de un sitio a otro…

(…)

Con Pepe tuve varios abortos, y decidimos adoptar. Hicimos solicitudes en muchísimos sitios, y en febrero de 1979, cuando me había quedado nuevamente embarazada, nos llamaron de Brasil. Muy poquito antes, en 1978, recibí la anulación de mi matrimonio, con lo cual volvía a estar soltera después de catorce años. Hasta entonces pensábamos en adoptar sólo bajo su nombre, pero ahora ya pude hacerlo bajo el mío. De nada habría servido que nos hubiésemos casado de inmediato, porque la ley brasileña impedía la adopción a las parejas que llevasen casados menos de cinco años; en cambio, los solteros podíamos hacerlo.

Con el nuevo aborto apenas ocurrido, vi nacer a mi hija. Estuve en el parto, le di el primer baño y el primer biberón, y le di mis apellidos: Tahis Abad Fernández, hija de la madre soltera Antonia Abad Fernández. El 30 de julio ya nos casamos, y entonces Pepe le dio sus apellidos, reconociéndola como hija.

(…)

Durante dos años vivimos encima del periódico. En 1972 compramos la casa de Na Burguesa, donde estuvimos hasta el 1988, en que bajamos al Paseo Marítimo porque el colegio quedaba demasiado lejos y, además, los amigos de mis hijos no subían hasta allí porque los padres no se atrevían a llevarlos en coche, y es que había una carretera con un kilómetro de curvas peligrosas.

Cuando nos unimos, la sociedad de Palma le dio de lado a Pepe. Pepín Tous era el soltero de oro, un buen partido, y le reprocharon que se emparejase con una mujer casada. Incluso me acusaron de arrimarme a él por su dinero.

(…)

Luego hice amistad con una persona maravillosa, que es María Dolores Miró, la hija de Joan Miró; y al mismo tiempo con la tía María Luisa, una admiradora que fue a visitarme con dos sobrinos pequeños y quedamos como amigas. Y tengo otros cuatro amigos más en Palma: mis titis María Serra del Foro, María Antonia Masanet y Maruja García Nicolau, que fue Miss Europa en 1962; y no puedo olvidarme de mi querido Jaime Matas, el actual ministro de Medio Ambiente, que siempre me prestó su apoyo incondicional. Son íntimos míos de verdad: los he tenido cuando los he necesitado y han estado totalmente abiertos a mí, y yo a ellos.

A Pepe ese rechazo no le hizo mella alguna. Él era muy educado, muy buena gente y estupendo, pero para eso le importaba la gente tres bledos.

Pepe era un hombre muy libre en vestir. Le gustaban las camisas de muchos colores. Era tan alegre que parecía más ibicenco que palmesano.

Se preocupó mucho por mi imagen. Me asesoraba, me daba consejos sobre lo que tenía que cantar y lo que tenía que ponerme. Como él viajaba mucho a Miami y Milán, me compraba muchos vestidos que, sin verlos yo, me venían perfectos y eran todos preciosos: para actuar, para vestir, para la calle…

Él se encargó de todo conmigo: la publicidad, la prensa, el teatro… Fue para mí un empresario perfecto; disfrutaba y además ganábamos mucho dinero juntos.


Quería que volviese al cine, pero después de Cinco almohadas para una noche y tras la muerte de Franco me negué, porque el cine de los años setenta era horrible. Me ofrecían muchísimo dinero por no hacer nada más que enseñar los pechos en la pantalla, pero eso no era el cine para mí.

(…)

Él impulsó mi carrera musical. Si después de dejar el cine he seguido veinticinco años manteniendo mi nombre, ha sido gracias a él. Me puso a trabajar sin parar sobre el escenario. Me preparaba los espectáculos, las orquestas… La segunda parte de mi vida artística, al dejar el cine, se la debo a él.

Jamás tuvimos una crisis, tal vez porque fuimos el uno al otro cuando ya no éramos niños, sino con una edad suficiente para saber en qué consiste la vida en común.

Pepe y yo contrajimos matrimonio para darle un apellido a Thais. Él tenía mucho sentido de la familia, y a mí me pareció bien legalizar nuestra situación. Pero el día de la ceremonia llegó sin que yo me enterase.

Llevaba tanto tiempo viviendo con Pepe y levantándome de la cama a su lado a las diez de la mañana, que el 30 de julio amaneció para mí como otro día cualquiera. Pepe se levantó, fue al cuarto de baño y permaneció allí mucho rato.

-¿Adónde vas?

-Al Teatro Balear, amor; a dejarlo todo preparado.

Me bajan el desayuno, cojo a la niña y nos vamos a la piscina. Se hacen las dos, las tres de la tarde, y a las cuatro seguía en la piscina. De pronto, salen Antonia y la señora Bárbara:

-Señora, que es muy tarde ya. ¿Cuándo se va a arreglar?

-¿Cómo que cuándo me voy a arreglar? No creo que el señor venga ya a comer.

-Pero señora que son las cuatro y a las seis tiene que irse usted a casarse.

Se me había olvidado totalmente. Recogí la ropa de la niña, la mía, me fui a la peluquería, porque tenía todo el pelo mojado. Me vestí y me maquillé allí como pude, y, por supuesto, llegué tarde.

Hacía un calor espantoso, y estaban todos los invitados esperándome en el palacio de justicia.

-Ya pensábamos que te habías arrepentido –me dijeron cuando llegué.

El juez fue muy simpático. Nos tendió el papel para firmarlo, pero alargamos un poquito los trámites para que los fotógrafos pudieran hacer su trabajo. Entonces, Pepe dijo a la gente que no habíamos podido bautizar a Thais ese mismo día por la mañana, como era nuestra intención, porque lo había prohibido el señor obispo de Mallorca, ya que  no nos íbamos a casar por la iglesia sino por lo civil.

-¡Hijo de puta! – gritó Terenci Moix.

Y al día siguiente, los alrededores del palacio arzobispal aparecieron llenos de carteles: “No dejéis que los niños se acerquen a él”, se leía en ellos.

Pero todo se solucionó gracias al obispo de Barcelona, que nos dio permiso para bautizarla allí. Y es que, aunque no fuese creyente, tenía interés en bautizarla por mi madre, que tampoco había sido muy católica pero sí había creído en Dios y habría sido una alegría para ella. No le dimos una educación católica ni a Thais ni a Zeus, pero quisimos que estudiaran todas las religiones para que pudiesen elegir por sí mismos.

(…)

Cuando Pepe murió, estuve tres años en tratamiento con un psiquiatra de Barcelona. Fue una muerte espantosa, porque su enfermedad apareció de repente y sin ninguna posibilidad de cura. Y él no supo que se iba a morir, pero yo sí.

(…)

Todo era tan creíble que se murió sin enterarse, acostado, después de comer. Estábamos en la cama. Él estaba recostado sobre el lado izquierdo, porque en el derecho tenía el catéter con el cuentagotas de la droga, que él creía que era algo para limpiarle el intestino.

(…)



EL RECORTE CCCLXXVIII

En marzo de 1988, esta revista, que desconocemos, publicaba este "documento" en el que la estrella reseñaba los seis momentos más importantes de su vida en el umbral de su sexagésimo cumpleaños. 


DOCUMENTO

La legendaria artista cumple 60 años

SARA MONTIEL

Sara Montiel cumple el próximo día 10 sus primeros 60 años. Desde la atalaya de esa edad, la que fuera gran estrella del cine español, hoy convertida en leyenda, reflexiona sobre aquellos seis momentos que marcaron su vida. Fechas unidas a León Felipe, el gran poeta que la educó; a Anthony Mann, el hombre que le abrió las puertas de Hollywood, y, sobre todo, al filme El último cuplé, con el que le llegó el éxito y la fama. Sara reconoce haber sido una privilegiada de la fortuna que ha obtenido todo lo que se había propuesto en la vida.

“Seis fechas que dejaron huella en mi vida”


En la plenitud de su madurez, Sara Montiel no se arrepiente de las decisiones tomadas a lo largo de su vida. 

León Felipe

11 de mayo de 1950

La noche en que conocí a León Felipe en casa del doctor José Puche, el especialista en endocrinología y nutrición, en cuyo hogar nos hospedábamos mi madre y yo en México, supe que era un hombre que me iba a marcar, y mucho.´

Yo era una jovencita de 22 años recién cumplidos que no llevaba más de quince días en la capital mexicana. Había emigrado a América con el objetivo de triunfar en Hollywood, la meca del cine, vía México.

León tenía entonces sesenta y cuatro años. Vivía exiliado con su esposa, Berta, desde el final de la guerra civil española y era uno de los grandes poetas contemporáneos.

Durante aquella cena, una cena de exiliados y emigrantes, sentí que entre León y yo iba a haber algo muy fuerte. Soy una mujer intuitiva. No me equivoqué. Me convertí, casi instantáneamente y durante los cuatro años que estuve en México, en su musa y en su obra. Porque León fue para mí el gran Pigmalión.

León me educó, me hizo conocer el teatro griego y el clásico, me abrió los ojos a la poesía, a la música clásica, al ballet –la primera vez que vi una representación fue con él-, a una dimensión nueva de la vida desconocida hasta entonces para mí.

Me llevó, incluso, a aprender arte dramático con el gran maestro Sekisano, un japonés que había enseñado a Marlon Brando y otras estrellas de Hollywood y que se había ido a vivir a México al casarse con una mexicana. León, es verdad, se enamoró de mí. Fue una pasión desaforada que nunca llegó a materializarse, pero que se convirtió en un poderoso motor creativo en la última etapa de su vida. Fui su último tranvía. Y Berta, que era una mujer muy inteligente, así lo comprendió y admitió. Lo amaba mucho.


León Felipe. El poeta León Felipe, exiliado en México tras la guerra, se enamoró de Sara Montiel y la convirtió en su musa. 

León pensaba que yo era más un animal de teatro que de cine, espectáculo al que consideraba un arte menor, e influyó decisivamente años más tarde en mi negativa a firmar un contrato leonino de siete años con la Columbia. “¡Ni hablar. ¿Qué se han creído? Dos años, si acaso, y eso es mucho”, me dijo por teléfono casi a gritos.

León confiaba en mí. Sabía que llegaría. Murió en octubre de 1968, en México. Había visto El último cuplé incontables veces y se conocía todas mis películas. Me hizo un poema maravilloso que guardo como un gran tesoro.

Anthony Mann

14 de septiembre de 1955

Mi relación con Tony pasó por dos fases: admiración y amor. Mi admiración nació en México cuatro años antes de conocerle, cuando vi su película La historia de Glenn Miller. Y fue en aumento el 14 de septiembre de 1955, cuando me lo presentaron en Hollywood durante una comida de trabajo en el restaurante para ejecutivos de la Warner Bross. El almuerzo tenía como fin que nos conociéramos los que íbamos a trabajar en Serenade –Dos pasiones y un amor se llamó en España-. Aquel día se hizo realidad el sueño de mi vida. No hice caso a nadie. Sólo tuve ojos para él durante toda la comida; pero ni entonces ni durante el rodaje, en el que Mario Lanza hacía de protagonista masculino, ocurrió nada. Fue después de que acabáramos el rodaje de la película cuando me declaré durante una cena en un restaurante japonés de Santa Mónica. Tony se mostró un poco reticente. La diferencia de edad, me llevaba veintinueve años, le preocupaba bastante. A mí no me importaba nada.

Tony y yo no nos casamos hasta marzo de 1957, y en artículo mortis, en Nueva York. A Tony le había dado un fuerte ataque al corazón y estaba al borde de la muerte. La ilusión de nuestro matrimonio le dio las fuerzas necesarias para salir adelante.

Si León me dio cultura, Tony me dio seguridad en mí misma, me enseñó todo lo que hay que saber sobre el cine.

Tony me abrió las puertas a un mundo al que nadie en España tuvo acceso. Conocí a todo Hollywood en pie de igualdad. Conté con la amistad de seres como David Lean, Gary Cooper, Alfred Hitchcock, Orson Welles, Elia Kazan, Marlon Brando, y un largo etcétera. Influyó mucho sobre el tipo de mujer que yo tenía que interpretar.

Yo le daba a él, a cambio, ilusión, vida. Era como una potente dinamo de energía. En mí bullía descontrolada la vida. Y ese fue el problema al final. Yo quería vivir y él estaba de vuelta de todo. Tropezábamos, a veces, en el trabajo. La Warner me ofrecía películas, yo las rechazaba y Tony me echaba la bronca diciéndome que no llegaría nunca a nada si seguía así.

Tony y yo nos separamos no porque no nos quisiéramos, sino porque viajábamos en dos trenes de diferentes velocidades. Y yo necesitaba seguir mi ritmo. Fue una etapa, junto con la de León, de aprendizaje y formación personal y profesional muy enriquecedora. Cuando me enteré años más tarde por un periódico que Tony había muerto de un infarto, me desmayé y sentí un dolor desgarrador dentro de mí. 


'El último cuplé'. Fue una película que se rodó a trancas y barrancas, pero que consagró a Sara y la catapultó a la fama. 


Alfred Hitchcok. Sara tuvo una especial relación con el genio del suspense, que le fue presentado por Anthony Mann. 

“El último cuplé”

4 de mayo de 1957

Puede resultar chocante, pero yo me enteré del éxito de El último cuplé tres días antes de que éste sucediera. Kappy y Philip Jordan, dos amigos de Tony, me habían estado haciendo una carta astral y aparecieron, de pronto, muy acalorados el 4 de mayo por la mañana.

“Sara, tu vida está a punto de cambiar”, me dijeron. “Tienes una gran estrella y un gran porvenir”. Yo me eché a reír. “Dinero vas a tenerlo todo. Maridos, tres. Hijos, muchos –tuve once abortos-. Y el éxito te va a llegar arrollador. Estamos asustados”, me confesaron.

Yo me lo tomé un poco a sorna. Estaba pasando por una etapa no muy buena. Acababa de rodar en España El último cuplé y no había eudado a gusto. Muchos problemas. El sabor de boca resultante no era bueno. Tenía, por otra parte, a Tony reponiéndose de su infarto. Eran tiempos de tragedia y esperanza.

No se equivocaron. El día 7, de madrugada, Enrique Herrero, padre, me llamó confirmándome el éxito: “Antonia, no sabes lo que es ‘El último cuplé’. La próxima Sissi se llamará Sara Montiel”, me dijo.

A la semana siguiente recibí otra llamada, ésta de Cesáreo González y Benito Perojo, proponiéndome un contrato de 140 millones de pesetas –cuatro millones de dólares de entonces- por cuatro películas.

Me marché a España el 20 de junio. No se habían equivocado los hermanos Jordan. Paré la circulación en la Gran Vía madrileña. A mi paso se formaban auténticas manifestaciones. La gente se mataba por encontrar un asiento para ver mi película.

El último cuplé fue lo más importante de mi vida artística. También la película que más trabajé y sudé, todo gracias a Juan de Orduña, que creyó en mí.

Fue un doble éxito, como actriz y como cantante, que acepté con toda naturalidad porque estaba convencida de que me iba a llegar tarde o temprano. Aprecié, sobre todo, el hecho de que se me reconociera que sabía cantar. Porque nadie, hasta entonces, creía en mí. Y les demostré que podría hacerlo tan bien o mejor que nadie.


Gary Cooper. Durante el rodaje de 'Veracruz', que coprotagonizaron junto a Burt Lancaster, Sara y Gary Cooper, mantuvieron un idilio que se transformó en amistad con los años. 

La muerte de mi madre

24 de julio de 1969

Aunque sabía que padecía un cáncer de huesos irreversible que la tuvo postrada en cama durante ocho meses, su muerte fue para mí como un mazazo. No pude, ni he podido, aceptar nunca la muerte de mi madre, María Vicenta Fernández.


Con su madre. La muerte de su madre, María Vicenta Fernández, hundió a Sara en un período de locura. 

Yo me encontraba en Moscú cuando me avisaron de que estaba agonizando. Me había desplazado allí con otros compañeros para recibir la medalla Lenin, por ser la mujer extranjera más famosa de la Unión Soviética, durante la semana del cine español que se estaba celebrando. El telegrama que recibí me hundió en una profunda crisis nerviosa. Las autoridades soviéticas, como me habían prometido en Madrid antes de viajar a Moscú, pusieron a mi disposición un avión que me llevó en pocas horas junto al lecho de muerte de mi madre. Me acompañó en el avión María Mercader, la esposa de Vittorio de Sica.

Aún tuve tiempo para estar unas horas con ella. Falleció a la madrugada siguiente de llegar yo a Madrid. Fue brutal. En muy poco tiempo había perdido a dos seres muy queridos. Primero, Tony; luego, mi madre.

El dolor fue tal que me quise suicidar tirándome por el balcón. Era un décimo piso, pero Esther Martín, mi peluquera y amiga, lo impidió sujetándome por las piernas. Puede vivir, en principio, a base de calmantes. Nunca he sentido un dolor como el que sufrí al haber perdido a mi madre. No me enteré prácticamente de nada. Estaba ida por completo.

Marujita Díaz me ayudó mucho. Me llevó a su casa. Pasaba el día con Maruja y la noche con mi hermana Elpidia. Por la tarde visitaba la tumba de mi madre en el cementerio de San Justo. Un día me di cuenta de que había una tapia que estaba en obras por la que se podía entrar en el cementerio cuando estaba cerrado.

Empecé a mentir a Maruja y a Elpidia. A Maruja le decía que me iba a casa de mi hermana y a Elpidia le decía que me quedaba con Maruja. Lo que hacía, en realidad, era irme a dormir sobre la tumba de mi madre, colocando encima un abrigo de visón. Así estuve tres meses, agosto, septiembre y octubre de 1969. Hasta que me descubrieron.

Una mañana, uno de los enterradores me sorprendió refugiada en la cripta de los marqueses de Urquijo, que estaba abierta. Había llovido la noche anterior. Me sacó de allí y me llevaron a casa.

Estuve durante varios meses en tratamiento psiquiátrico bajo la supervisión del doctor López Ibor. Yo no entendía el porqué, puesto que consideraba la cosa más normal del mundo dormir por la noche sobre la tumba de mi madre. Como yo no reaccionaba del todo me tendieron una  trampa. Me hicieron sentir una responsabilidad fuerte sobre mis hombros, para olvidar. Así me presenté en el teatro por vez primera en mi vida con Sara Montiel en persona, en la Zarzuela, de Madrid.

Yo salía como una autómata al escenario, no me enteraba. Llevaba como un piloto automático. La terapia resultó, qué duda cabe, y empecé a remontar el dolor y volver a vivir. 


La estrella de Sara la convirtió en foco de la noticia, acaparando las portadas de las grandes revistas. 


De su matrimonio con Vicente Ramírez, Sara no guarda buenos recuerdos. Fue para ella uno de esos errores que se cometen en la vida. 


Anthony Mann. Por 'Tony', como cariñosamente le llama, se interesó al ver una película suya. Luego se enamoró de él durante el rodaje de 'Serenade'. 

Pepe Tous

28 de febrero de 1970

Lo de Pepe Tous y yo no fue un flechazo, como se suele decir. Fue un amor que entró poco a poco y que me llenó, y me sigue llenando, como nada antes lo había hecho. Conocí a Pepe en el transcurso de la gira que estaba haciendo por España con mi espectáculo Sara Montiel en persona. Pepe, que era el empresario del Teatro Balear, donde se iba a poner en escena, me estaba esperando en la escalerilla del avión con un ramo de flores.

Justo es decir que yo no había sido nunca santo de su devoción. La verdad es que le era indiferente. Pero a mí me gustó, y yo le gusté. Nos llevó al hotel a la señora Inés, quien me vestía y siempre estaba conmigo, como una segunda madre, y a mí.

Curiosamente, la señora Inés me comentó en la habitación que Pepe era muy majo, el soltero de oro le llamaban en la isla. Pero pensamos que estaría casado y no le dimos más vueltas.

A mí, Palma de Mallorca no me atraía demasiado. Tenía un mal recuerdo de mi viaje con Vicente Ramírez, mi segundo marido, y no quería estar más tiempo del necesario. Pero esa misma tarde cobré un nuevo interés. Me enteré de que Pepe estaba soltero.

Yo llevaba relaciones con Giancarlo Viola, un ingeniero de explosivos italiano, desde hacía siete años. Nuestra relación era, y nunca mejor dicho, una relación explosiva, con continuos altibajos, peleas y follones.

Yo sentía que necesitaba en mi vida estabilidad, amor, formar una familia, tener hijos. Y Pepe encarnaba lo que yo quería. Nos enamoramos y encontré la vida. Era el hombre de mi vida, lo que siempre había estado buscando.

Puede resultar paradójico, y lo es, que haya terminado con un hombre de mi edad, yo que siempre me he sentido fuertemente atraída por hombres mayores que yo. Quizá es porque he superado aquel complejo de Electra que me han dicho que tenía.

La entrada de Pepe Tous en mi vida fue determinante. Dejé a Gianca, me quité el luto y me fui a vivir con él seis meses más tarde. No podía casarme, ya que estaba legalmente casada con Vicente. Eso, por fin, lo hicimos el 30 de julio de 1979.

Con los niños tuvimos una mala época. Yo me quedé en estado y perdí un hijo a los seis meses y tuve que abortar porque padecía una enfermedad llamada edema de King. Me cogió con 42 años. Pero, gracias a Dios, todo se arregló. Tenemos ahora dos hijos maravillosos, Thais, que tiene 9 años, y Zeus, que tiene 4, los dos adoptados en Brasil. Con ellos lo tuve todo. Me hice como madre, mujer y artista. 



Su familia. Sara reconoce que conoció a Pepe Tous justo cuando necesitaba un cambio radical. Tienen dos hijos adoptados: Thais, de 9 años, y Zeus, de 4. 


Mis 60 años

10 de marzo de 1988

Cumplir 60 me parece la cosa más maravillosa del mundo. Mirando hacia atrás, el balance me parece netamente positivo. Me siento una privilegiada de la vida por haber vivido tan intensamente, por haber conocido y haber sido amiga de personas tan importantes, por haber tenido acceso adonde sólo unos pocos elegidos pueden llegar y por haberme tocado la diosa del éxito con su varita.

Sé que ya no soy una estrella, que estoy mucho más arriba, que soy un mito; pero un mito que trabaja, que va a tener dentro de poco una serie de nueve programas de una hora en TVE y que va a sacar un nuevo elepé, Purísimo Sara, con canciones de Carlos Berlanga, Joaquín Sabina y Alberto Cortez. ¿Qué más puedo pedir?

A quien corresponda, gracias.

 

Transcripción. CARLOS BERBELL



LA FOTO CCCLXXVIII


Sara Montiel el día de la presentación de sus memorias 'Vivir es un placer'. Corría el año 2000.

viernes, 16 de agosto de 2024

MADRID SEMANAL - del 18 al 27 de marzo de 1983 - España


MI ALBUM DE MUJERES

SARA MONTIEL

por Emilio Romero


Sara Montiel es la cupletista principal de este siglo, y quede constancia que no conocí, ni oí nunca a las contemporáneas de la Primera Guerra Mundial. Sara metió el cuplé en el cine, como los americanos metieron el Oeste, y naturalmente la armó. Sara se ofrecía ante los espectadores como una belleza entre hispana e italiana, pero con seducción de las Antillas, y aquello resultó como un tifón. El cuplé lo cantaba con penetración al subconsciente y la gente descubría que el amor triste o el amor fracasado era una bendición de Dios y se enternecía hasta la enajenación. Resultaba, además, que la picardía en los ojos y en los morritos de Sara, llevaba a cualquiera al éxtasis carnal, y a la concupiscencia espiritual.

El cine español había descubierto su Brigitte Bardot, pero no se explotaba a Sara desde el poder, como hicieron los franceses con Brigitte, y además nuestro cine era pobre, pero honrado, y hacía pocas películas y aún no estaba en su apogeo “Hola”, y no la mostraba al mundo para que hubieran venido los Junot, los Onassis, los armadores griegos, o los siderúrgicos alemanes, a por ella; pero Sara universalizó su figura y sus cuplés, y comenzó por descasarse con un famoso director de cine norteamericano, y yo estuve a punto de declararme a ella en aquella inolvidable sala del Hilton, pero me contuve a tiempo, como McArthur ante el Japón, en una de sus impaciencias del Pacífico. 


Con el recientemente fallecido MAURICE RONET en "Noches de Casablanca".

La División Azul mandada por Muñoz Grandes no conquistó Rusia, pero Sara Montiel lo hizo veinte años después, y Europa y América fueron como su territorio a la manera de Alonso de Quijano, su paisano, entre Criptana y Viso del Marqués. Todo eso lo convirtió en ventas y molino. En España y en aquel tiempo había dos ambiciones por parte de los ambiciosos: impresionar a Franco y seducir a Sara Montiel. Si llega a vivir Sara en el tiempo de don Alfonso XII, se la lleva el rey al palacio de Riofrío, la invita a cazar ciervos y luego la calienta en la lumbre del palacio, y le envía un recado a Cánovas para que se olvide de él durante una semana. Pero no había reyes decimonónicos en el tiempo de Sara, y los ilustres gobernantes o eran castos, o padres de familias numerosas. Así es que Sara Montiel se le fue viva al poder. Tal vez por eso, por falta de imaginación, en esto y en tantas cosas, aburrieron al país y vino la democracia.


Ahí está de "pichi" en "La reina del Chantecler".

Sara Montiel probó también la fortuna en el escenario cantando sus cuplés y la gente se recreaba mirándola. Sara Montiel es ahora como el Conde de Montecristo, veinte años después y llena los teatros de América y de España. En París la armó con un recuerdo de su cine. Hace muchos años fijó un poco de su residencia en Palma de Mallorca, como Cela, como los March, como los reyes Juan Carlos y Sofía, a la manera de una plataforma universal de lanzamiento. Cuando me ve desde el escenario me tira un beso o una violeta, y yo me reprocho dulcemente, melancólicamente, mi frenazo a la impaciencia del Hilton. Yo soy una especie de Napoleón, el de las Pirámides o el de Viena, en las batallas de mi oficio, pero también y sentimentalmente, el Napoleón derrotado de Waterloo. Presentamos las canciones de su vida, Tererce Moix, Francisco Umbral, Antonio Gala y yo. Sara Montiel se llama Antonia, y a mí me gustaría llamarle Arón, que fue el inventor del ditirambo con cítara. Esta es mi noticia de Sara Montiel; un ditirambo.

 

El viernes, día 25, en “Sesión de tarde”

SARA MONTIEL

LA REINA DEL CUPLÉ


Sara Montiel, cuyo verdadero nombre es María Antonia Abad Fernández, procede de tierras manchegas, concretamente de Campo de Criptana (Ciudad Real), donde nació el 10 de marzo de 1929. Descendiente de labradores eternamente apegados a la tierra, su vida parecía destinada a transcurrir rodeada de los extensos y desolados campos en los que Don Quijote libró épcias batallas contra gigantes convertidos en molinos de viento. Pero el frío seco de la Mancha hacía pasar unos inviernos terribles al asmático cuerpo de su padre y toda la familia se ve obligada a trasladarse, cuando SARA contaba cuatro años, a Orihuela.

Una infancia difícil

En esta ciudad alicantina, gracias al trabajo de su padre en el palacio de los marqueses de Arneva, tiene los primeros contactos con el mundo de las artes. Allí escucha discos de ópera de los cantantes más célebres del momento, ve cuadros decorando las paredes de las casas de la nobleza y, con sólo diez años, colecciona estampitas de Casas, Miró o Picasso –en aquel entonces no sabía ni siquiera el nombre de estos pintores-. Todavía no había alcanzado la pubertad, debía ser algo intuitivo, de piel, si no, es imposible explicar cómo aquella revoltosa mocosa podía sentirse atraída por un óleo, una soprano o unos versos. O acaso, porque los tiempos eran de hambre y penuria y en la casa del amo todo resultaba bonito y elegante, un mundo en donde no existían las privaciones.

También conoció en Alicante a Miguel Hernández, cuando acompañaba a su padre a la cárcel de San Miguel a llevar comida a los presos. Más de una vez, SARA ha contado que fue entonces cuando empezó a conocer el significado de la palabra injusticia. Lógico, teniendo en cuenta que muchos familiares se encontraban detenidos por ser republicanos o socialistas.


Su pueblo, Campo de Criptana, quiso perpetuar la casa donde nació Sara. Obsérvese que en la placa no pone la fecha. 

Pese a la procedencia humilde, busca sus amigas entre las niñas de las “clases superiores”; pese a aburrirle el catecismo, una monja llamada Leocadia le empieza a enseñar música; y aprendió a leer y escribir casi de por libre… Eran los primeros escarceos del mayor mito erótico español, de una mujer increíble, del fruto prohibido de la mojigata España de los sesenta.

De un concurso radiofónico a estrella de Hollywood

Y ese primer salto hacia delante se produce cuando “Cifesa”, la productora más importante de la época, convoca un concurso infantil entre todas las provincias españolas. El fotógrafo Gyenes hace unas fotos a la niña y SARA parte rumbo a Madrid representando a Alicante. Se llevó el primer premio pese a contar entres las rivales a Marisol (todavía una desconocida.) Empieza a estudiar declamación en el Conservatorio y una señorita de compañía completa las primeras letras aprendidas en Orihuela. Pronto, gracias al concurso, y con el seudónimo de María Alejandra hace un pequeño papel en la película “Te quiero para mí”, del checo afincado en España Ladislao Vajda, que luego se haría famoso con “Marcelino, pan y vino”.

Enrique Herreros le aconseja cambiar de nombre, se convierte en SARA MONTIEL y participa, esta vez como protagonista, en “Empezó, en boda”, junto a Fernando Fernán Gómez. Después, José Luís Sáenz de Heredia le dirige en “Bambú”, al lado de Imperio Argentina, “Mariona Rebull”, donde cantó su primer cuplé y, sobre todo, “Locura de amor” en el año 1948, que permitió lograr a SARA una discreta popularidad gracias a la encarnación de reina mora. España empieza a quedar pequeña a la manchega, el cine de la época de nuestro país tenía evidentes limitaciones y Miguel Mihura, primer amor platónico de la actriz, le aconseja abrirse camino en otras tierras. Y, aprovechando la enorme popularidad que alcanzó “Locura de amor” en Méjico, cruza el charco y se planta en este país centroamericano.

Allí conoció a León Felipe (¿quién no recuerda su famoso beso al poeta?), a Indalecio Prieto (muerto escribiendo sobre SARA), Jorge Guillén (muy admirado por nuestra protagonista), Álvaro Siqueiros (en Méjico con la misión de asesinar a Trotsky), Hemingway (¿a quién puede extrañar que el escritor fuera impresionado por la belleza de la MONTIEL?), Neruda (en el exilio), Alberti (de quien SARA organizó, años después, su primera exposición en España), Alejandro Casona (crítico feroz de la manchega y escaldado después por ésta, cuando se negó a estrenar una obra suya)…, y muchos más personajes del mundo de las artes y la cultura que marcaron profundamente la personalidad de la antigua labradora que, en 1954, se ve flanqueada por Gary Cooper y Burt Lancaster en “Veracruz”, bajo las órdenes de Robert Aldrich.

El director de cine Anthony Mann se quedó prendado por la belleza de la MONTIEL y se convirtió en su primer marido. Pero, el matrimonio no tuvo éxito y en 1957 la pareja se separó.


En "Locura de amor" (1948) volvía loco a Fernando Rey que aquí era Felipe el Hermoso.

“El último cuplé”

Nada más pisar suelo ibérico recibe una oferta en la que nadie creía, “El último cuplé”. Sin embargo SARA, ve las posibilidades de la película e inicia el rodaje a las órdenes de Juan de Orduña. El éxito supera las opiniones más optimistas y se ve encasillada en una serie de filmes en los que protagoniza a una cantante envuelta en tramas amorosas como “La violetera”, “Mi último tango” o “Carmen, la de Ronda”. De la noche a la mañana, SARA MONTIEL se ha convertido en un “sex-simbol”, en la Mae West manchega, en esa mujer con la que soñaron todos los españoles en la década de los sesenta.

Se ha transformado, al igual que el Real Madrid o “el Cordobés”, en un símbolo de una España que empieza a salir de su letargo, en un mito del franquismo muy particular que, cantando “La violetera” en la Granja, puso al general de pie para recoger un ramo de flores que le arrojó a los pies, que cada vez que llegaba noviembre se inventaba un viaje al extranjero para no participar en la gala del Calderón, que se declaró socialista demócrata en 1964 en una entrevista que le hizo Vázquez Montalbán…


El fruto prohibido del pecado

Si el primer matrimonio de SARA MONTIEL se había realizado en un juzgado americano, el segundo, en 1964, lo hizo vestida de blanco, por la Iglesia en la mismísima Roma, con un industrial llamado Ramírez de Olalla. En un gesto ingenuo, depositó el ramo de novia sobre la tumba de Alfonso XIII y el suceso dio la vuelta al mundo, los gestos imprevisibles y la personalidad de SARA, siguen asombrando, escandalizando y admirando. Sin embargo, este matrimonio tampoco fue feliz e inició una trabajosa, larga y costosa anulación sólo resuelta hace pocos años.

Mientras tanto, SARA MONTIEL sigue viajando y recogiendo laureles por todo el mundo. Allá donde va, se rinden a sus pies, da lo mismo que el país se llame la Unión Soviética o la India, Yugoslavia, Canadá o Tokio. Aunque ya no haya muchas señoras como ella, sigue siendo la mujer por excelencia, el deseo del varón, la rival de la hembra y el disfraz ideal del travesti.

Desde hace bastantes años vive en Palma de Mallorca con José Tous, su tercer marido, con el que adopta a Thais, una niña brasileña, ante la imposibilidad de tener hijos. SARA intenta bautizarla, pese a su anticlericalismo es profundamente creyente, pero el obispo de Palma de Mallorca se niega ¿cómo iba a entrar en el seno de la Iglesia algo tocado por manos pecaminosas? Incluso en la España más reciente, el mito de SARA MONTIEL, sigue levantando ampollas y escandalizando a los sectores más puros y castos del país.


Mama Sara, papá Tous y la pequeña Thais que prodigiosamente ya toca la guitarra.

En esta última etapa de su vida, SARA ha protagonizado alguna película como “Varietés” de Juan Antonio Bardem, en 1971, pero pocas, no le interesa el tipo de cine que se hace en España con abundantes desnudos. Lo suyo es la chispa de ingenio sarcástico, el traje atrevido que enseña lo justo, las formas insinuantes en la penumbra… Prefiere preparar espectáculos como “Sara de la Mancha” o “Saritísima”, en los que se encuentra a sus anchas y revive la ficción de otras épocas enfundada de su especial carisma. Además, ha empezado a escribir sus memorias en colaboración con Terence Moix, que prometen ser muy, muy picantes…

 

S. ERICE

 

Lo que piensa de…

La libertad: “Soy partidaria del amor libre, de los sindicatos libres, del cine libre, de la política libre… sin libertad no se puede vivir. Se malvive”.

Muerte: “La muerte es desaparecer definitivamente. Yo creo en Dios y creo que mi padre y mi madre murieron; claro, pero existen en una flor, en la atmósfera que me rodea, en lo que como, en el aire que respiro”.

Sexo: “Soy partidaria de derribar de una vez y para siempre todos los tabúes que durante años han pesado sobre este país, que ha vivido demasiados años sin sexo, reprimido”.

La felicidad: “Es no desear demasiado”.

El hombre: “Es más sincero que la mujer. Nosotras tenemos más picardía, somos más atrevidas, mientras que el hombre es más inocente, más de verdad”.

La envidia: “Es el defecto español. Está arraigada en el español, desde que España es España, y ese es el pecado más grande que tenemos los españoles”.

El feminismo: “Soy feminista, y por supuesto estoy al lado de la mujer, pero me gusta que domine el hombre”.

El divorcio: “Yo no veo por qué la mujer con el hombre que no se llevan bien y se tengan que matar en la casa tengan que hacerlo y no puedan rehacer sus vidas”.

La Iglesia: “No soy anticlerical. Yo creo en Dios. Es cierto que he tenido problemas con algunas jerarquías de la Iglesia pero afortunadamente se arreglaron”.

Su mayor pecado: “Haber sido tan sincera”.

 

“Pinchó” doña Sara


ESPECTÁCULO camp, donde los haya montó Saritísima con el españolísimo título de “Doña Sara de la Mancha” y con sus “partenaires”, José Guardiola y Ramón Calduch se paseó por las calles de Madrid… pero a los pocos días del estreno doña Sara “pinchó”; se puso malísima y hubo que suspender el espectáculo. No faltaron las lenguas viperinas que dijeron que lo del soponcio fue una estratagema de la Montiel para acabar con su show en la Latina porque era un fracaso económico.


Sus películas


Derroche de plumas en "El último cuplé", una "tarta" en la que nadie creía.

1944, Te quiero para mí (Ladislao Vajda); Empezó en boda (Rafaello Matarazzo); 1945, Bambú (José Luís Sáenz de Heredia); Don Quijote de la Mancha (Rafael Gil); Alhucemas (José López Rubio); 1948, Locura de amor (Juan de Orduña); La mies es mucha (J. L. Sáenz de Heredia); 1950, El capitán Veneno (Luís Marquina); Pequeñeces (J. de Orduña); Aquél hombre de Tánger (Richard Elwyn y Luís Delgado); s1951, Necesito dinero (Miguel Zacarías); Cárcel de mujeres (Miguel M. Delgado); Ahí viene Martín Corona (M. Zacarías); 1953, Reportaje (Emilio Fernández); 1954, Veracruz (Robert Aldrich); 1955, Donde el círculo termina (Alfredo B. Crevenna); 1956, Dos pasiones y un amor (Serenade, Anthony Mann); Yuma (Run of the arrow, Samuel Fuller); 1957, El último cuplé (J. de Orduña); 1958, La violetera (Luís César Amadori); 1959, Carmen, la de Ronda (Tulio Demicheli); 1960, Mi último tango (L. C. Amadori); 1961, Pecado de amor (L. C. Amadori); 1962, La bella Lola (Alfonso Balcázar); La reina del Chantecler (R. Gil); 1963, Noches de Casablanca (Henri Decoin); Samba (R. Gil); La dama de Beirut (L. Vadja); 1965, La mujer perdida (T. Demicheli); 1968, Tuset Street (Luís Marquina); Esa mujer (Mario Camús)… Varietés, Cinco almohadas para una noche…

 

TVE

Programación del lunes 21 al domingo 27 de marzo de 1983


El viernes en “Sesión de tarde”, nada menos que DOÑA SARA MONTIEL en un filme de hace veinte años, “La reina de Chantecler”, donde luce esplendorosa.


 15,35 SESIÓN DE TARDE (108’)

“La reina del Chantecler”,

1963

Dirección: Rafael Gil

Guión: Jesús María Arozamena

Intérpretes: Sara Montiel, Alberto de Mendoza, Luigi Giuliani, Milagros Leal, Amelia de la Torre, Gerard Tichy.


Madrid, 1916: El Teatro “Chantecler” es, a la sazón, el centro de la vida alegre de la capital. Su clientela, formada indiscriminadamente por hombres de todas las clases sociales, es arrastrada hasta allí por el provocativo encanto de su hermosa cantante, “la Bella Charito”. Durante una de las representaciones, y entre los aplausos y las aclamaciones de los asistentes, Charito distingue fugazmente a un joven desconocido que la observa con gran admiración, provocando en ella una sensación extraña… Poco después, impulsada por un desengaño amoroso, Charito decide tomar un breve descanso y apartarse de su mundo habitual, marchándose una temporada a San Sebastián.



EL RECORTE CCCLXVI

Intercalar los espectáculos con actuaciones personales y giras internacionales, fue la combinación perfecta para que Sara siguiese derrochando la estela de su mito, los admiradores la siguiesen disfrutando y todo el mundo, al margen de que le gustase o no, se siguiese sorprendiendo. Protagonistas, 27 de agosto de 1981, nos cuenta una actuación benéfica en Palma de Mallorca y el impacto que causó su vestuario.  


Sara Montiel

exhibió uno de los vestuarios más costosos que se recuerdan

Cubierta de millones

Sara Montiel estrenó vestuario. Paco Rabanne fue el artífice. Enric Majó se encargó del traslado. Y entre pagar al modisto y agasajar a sus amigos, la actriz ha gastado más de cinco millones de pesetas. Pero valía la pena.


Sara Montiel dicta sus memorias a Terenci Moix en su chalé de Palma, adelgaza trece kilos y prepara su “rentree” prevista para el mes de septiembre en Madrid. Le acompañarán en su nuevo espectáculo Moncho, Ramón Calduch y José Guardiola. Los trajes que lucirá Sara son de impresión, uno de ellos le ha costado más de un millón y el precio de cada uno de los otros ronda el medio millón.

“He comenzado a grabar las memorias de Sara en casettes. Ella se explica y yo recojo. De momento es todo muy profesional, todavía no salen trapitos sucios”, nos explicó Terenci Moix que está encantado de poderle escribir las memorias a su admiradísima estrella. “Sara es fascinante –siguió Terenci- de su físico me gusta la cara. Las tetas no, ya ves. Sobre todo me gusta cuando lleva el cabello recogido así. En lo espiritual me emociona porque es una gran persona, muy generosa. Nunca olvidaré que me dejó tres cuartos de millón sin ninguna firma para que pudiera hacer frente a una querella…” Añadió que Sara no se retirará nunca: “Esta mujer morirá en el escenario. Sin esto se encuentra muy sola. Ah, cuidado, que soy más verde que el perejil, je, je”.


Sara estrenó dos de sus vestidos en una gala en pro de los niños subnormales que tuvo lugar en el patio del Castillo de Beliver de Palma. Paco Rabanne es el modisto y fue el actor Enric Majó, también admirador incondicional de la artista, quien se los trajo de Barcelona. “Son un diseño exclusivísimo para ella y como todos han podido ver, le caen de maravilla”, nos explicó el propio Enric que no cabía en sí de gozo. “Sólo en vestidos me he gastado más de cinco millones”, dijo Sara. “Estoy magnífica, tenéis Sara para mucho rato”, añadió ufana. 


Sara Montiel junto a su amigo y admirador Enric Majó.


Terenci Moix se encargará de escribir las memorias de Sara.


En este maravilloso modelo, Sara Montiel invirtió la nada despreciable cifra de medio millón de pesetas.

El régimen de Sara Montiel lo ha dirigido, como en anteriores ocasiones, el doctor Fábregas. “Mi secreto es no comer y beber tres litros de agua cada día. Ni pastillas ni nada, no hay truco”, explicó y apostilló: “Si estoy tan joven a pesar de mis cincuenta y pico es porque me siento joven, lo importante es el corazón”.

 

Toni Torres

Fotos: Manuela



LA FOTO CCCLXVI


Sara Montiel en su espectáculo "Doña Sara de la Mancha" (1981-1983).