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sábado, 4 de mayo de 2024

LECTURAS - 15 de julio de 1960 - España


SEÑORA MANN – SARA MONTIEL – MARÍA ANTONIA ABAD

Con veinte maletas y treinta y seis vestidos

SARA MONTIEL

ha emprendido de nuevo el camino de América

Actuará en Buenos Aires, Montevideo, Puerto Rico y Sao Paulo, lo que la tendrá alejada unos cuantos meses de su patria.

Asegura que la mayor satisfacción que le han proporcionado sus triunfos es la seguridad de tener a su madre tranquila y feliz.

Una entrevista de PEDRO LUÍS CAMPOS TEJÓN


Sarita, en sus preparativos para el viaje, no se olvida de incluir en su equipaje un buen número de sus fotografías, pues sabe bien le serán solicitadas por sus admiradores.

Lo primero que echo de ver, en Sara Montiel, apenas llevo hablando con ella unos minutos, es una faceta interesantísima y posiblemente desconocida por el gran público: su fidelidad a las personas y cosas ligadas a otros tiempos en que el éxito, la fama y la popularidad parecían metas inaccesibles: cuando no era más que María Antonia Abad Fernández, una chiquilla que de Orihuela llegara a Madrid dispuesta a echarle coraje a la lucha y a llegar arriba confiando en su belleza y, sobre todo, en su vocación; un hombre para ella desconocido, llamado Enrique Herreros, la descubrió –a través de una portada de “Semana”- para nuestro cine, y la situaba, con papeles cada vez más importantes, en nuestros “platós”. El nombre de Sarita Montiel comenzó a cotizarse en aquellos primeros años –“Te quiero para mí”, “Empezó en boda”, “El viajero del Clipper”, “Mariona Rebull”, “Confidencia”, “Alhucemas”, “Vidas confusas”, “Don Quijote de la Mancha”, “Locura de amor”, “El capitán Veneno”…-, pero Sarita Montiel siguió al lado de quien la lanzara. Y hoy, al cabo de varios años, y cuando las más dulces mieles del éxito llegaron a sus labios, ella sigue junto a la familia Herreros, como sigue idolatrando su patria chica –Campo de Criptana, donde acaba de estrenar un hotel-como sigue considerándose carne de los suyos. No es muy frecuente, porque el desagradecimiento, el olvido, el egoísmo, se adueñan fácilmente de quienes habiendo comenzado como ella, desde un modesto principio, llegan arriba.

Pero este introito, quizá demasiado largo, roba espacio a la entrevista celebrada a vuelapluma, cuando Sara está a punto de tomar el avión que se la llevará a Buenos Aires como primera etapa de este viaje profesional.

-¿Países que recorrerá?

-Realmente, eso no se sabe nunca. En principio, tengo contratos firmes para Buenos Aires, Montevideo y Puerto Rico. Probablemente también visite Santiago de Chile y San Pablo… Luego, a lo mejor surgen otros. Depende de las oportunidades que se ofrezcan. Es como la duración. Más o menos pienso estar algunos meses, pero en esta aventura, que supone toda presentación lejos de la patria, no se sabe cómo responderá el público.

-¿Le causa miedo su debut en Buenos Aires?

-No, miedo no. Curiosidad, nerviosismo, puede. El éxito de la artista está determinado, muchas veces, por imponderables imposibles de prever.

-¿Qué le gustará más traerse de este viaje: un éxito artístico o uno económico?

-En realidad, van unidos. A la actriz le satisface el artístico, pero éste suele aparejar el otro. Y aunque el dinero no lo es todo en la vida… es una parte muy importante.

-¿Cuál es la mayor satisfacción que le ha proporcionado su dinero?

-Una, sobre todas las demás: tener a mi madre tranquila y feliz; pensar que si antes no tenía para aceite o pan, ahora tiene para cremas y vestidos.

-¿La acompañará?

-Suele hacerlo. En este viaje no es posible.


Sara Montiel durante la charla que sostuvo con nuestro colaborador unos días antes de su partida.

-¿Y su marido? ¿Irá con usted?

(Sara Montiel está casada con el director cinematográfico norteamericano Anthony Mann, al que conoció cuando la dirigía en “Dos pasiones y un amor”).

-No. Empieza dentro de unos días “El Cid”, y le resulta imposible.

-¿De qué está usted arrepentida, profesionalmente?

-De nada. Las películas malas (he hecho bastantes, no crea) me sirvieron, al menos, para conocer mis propios fallos y no repetirlos.

-Cuando usted regresó de Méjico y Norteamérica para hacer “El último cuplé”, nadie creía que fuese capaz de cantar…

-Ni de cantar –me interrumpe, vivaz- ni de otra cosa. Todos creían que yo no sabía hacer nada de nada.

-¿Podrá usted hacer otra película del éxito popular de “El último cuplé”?

-Ya la hice; por lo menos, fuera de España, “La violetera” tuvo bastante más éxito. Contra tres semanas de la primera en Río de Janeiro, hay que oponer veintiocho de la segunda.

-Su extraordinaria popularidad, ¿hasta dónde la halaga y hasta dónde le molesta?

-Me va usted a creer insincera, pero es la verdad: no me molesta nunca. Yo uso gafas negras por la sencilla razón de que me molesta el sol, no porque pretenda pasar inadvertida. Me gusta que me reconozcan, y agradezco cuanto el público hace por demostrarme simpatía. La popularidad, no lo olvide, es el termómetro de la cotización artística.

-¿Sigue usted pensando, como hace cuatro años, que a la Prensa deben ustedes el ochenta por ciento de su carrera, de su vida profesional?

-¡Desde luego!


La voz de Sarita Montiel ha dado la vuelta al mundo cantando esos cuplés españoles que llenaron una época. Por haber alcanzado la cifra de un millón en la venta de sus discos, le fue concedido un premio consistente en un Disco de Oro.

No cabe duda. Porque si pensara lo contrario, no me habría recibido, como no hubiera recibido a otra colega que está esperando a que yo termine, y como no habría atendido a dos o tres llamadas, también de compañeros, durante la conversación. El trajinar de visitas es continuo mientras dura nuestra charla. Sara Montiel –rubia ahora, con un sencillo traje-sastre veraniego, fumadora y locuaz-, está disimulando, no me cabe duda, un gran cansancio.

-¿Cuesta mucho trabajo preparar una “tournée” como esta?

-¡No me hable! Sobre todo, de modistas.

-¿Qué equipaje lleva Sara Montiel a Buenos Aires?

-Unas veinte o veinticinco maletas. Treinta y seis trajes, mitad verano y mitad invierno, porque pasaré por las dos estaciones.

-¿Arriesga usted mucho, económicamente hablando?

-No, no. No soy Empresa, sino actriz contratada. Me lleva Luís César Amadori a uno de los mejores teatros de la capital argentina. Pero hay que cuidar mucho los detalles cuando se presenta una en una ciudad de cinco millones de habitantes.

-¿Teme usted a las huellas dejas allí por otras estrellas españolas?

-No, en absoluto. Por ejemplo, Conchita Piquer, que siempre fue un ídolo mío, armó un alboroto hace unos cuantos años. Pero yo llevo mi propia personalidad y estilo.

-¿Echa usted algo de menos en la vida?

-Creo que no, porque lo que más quiero en el mundo, que es mi madre, la tengo conmigo, sana, contenta y feliz.



Arriba: Campo de Criptana, la tierra donde vio la luz primera Sara Montiel, entonces María Antonia Abad.
Abajo: Sarita con su esposo Anthony Mann, en uno de los Festivales de Cine de Venecia.

-Pensando en lo que ya dejó atrás, ¿cree usted que la audacia le conviene a las estrellas de cine?

-A las estrellas de cine y a los representantes comerciales. Nadie puede triunfar sin ser audaz, quedándose en un rinconcito, esperando de los demás lo que debe salir de uno mismo.

-La actriz alcanza su puesto, ¿llegó al summun en cuanto a conocimientos o debe seguir estudiando?

-Yo atiendo al refrán: “a la cama no te irás sin saber algo más”. Y tengo una gran curiosidad por todo, y de todo quiero aprender siempre algo.

-No cabe duda de que, hoy por hoy, está usted encasillada en un tipo de personaje. ¿Le agrada?

-No. Lo que pasa es que hay que saber aprovechar el momento, el sitio en que a una la coloca el público, juez inapelable. Pero como toda actriz que se precie de serlo, quisiera otros personajes. Siempre soñé con, por ejemplo, María Estuardo. Una mujer que tiene ese formidable contenido humano, sería un personaje cinematográfico maravilloso. Como ve, por completo alejado de mi línea actual.

Enciende un cigarrillo y habla momentáneamente de no sé qué con el fotógrafo. Aprovecho para fijarme en ella. ¿Se parece a la Sara Montiel que vemos en la pantalla? Sí, naturalmente. Pero la encuentro… ¿cómo diría? Más humana, más simpática, más sincera que en sus personajes de ficción. Observo su perfil y pienso en que resulta una fabulosa verdad, pero que parece mentira, esto de que haya seres que salten así, en el breve lapso de unos años, de una esfera a otra, de la modestia de la fama, de la pobreza (Sara Montiel tiene a gala el haber sido una niña pobre), a la fortuna. Un millón seiscientas mil pesetas le valió “El último cuplé”. Las posteriores habrán incrementado, me figuro, esa cifra. Y, sin embargo, Sara Montiel se diferencia muy poco de María Antonia Abad, sobre todo, según confiesa, cuando se enfada.

-¡A mí que no me joroben…!

Y no resulta ordinaria, sino graciosa, por espontánea, esta frase en sus labios. Por cierto, hablando de éstos, observo una cosa curiosa. Cuando el fotógrafo se dispone a disparar su “flash”, un leve, imperceptible movimiento de su boca, transforma a Sara que tengo a mi lado en la Sara que he visto en la pantalla.

-La fama ¿proporciona más amigos que enemigos?

-Aparentemente, al menos, amigos. Pero cualquiera sabe la verdad.

-¿Vivirá usted ya siempre en España?

-Ese es mi deseo.

-En este viaje, ¿no hará cine?

-No puedo, aunque quisiera. Tengo comprometidos los años sesenta y uno y sesenta y dos en España. 


Sara conversa con Benito Perojo en la fiesta en que fue galardonada con el Disco de Oro.

Y quedan muchas, muchas cosas en el bloc de notas, pero el espacio impuesto se acaba. A decir verdad, y por el trabajo que me costó concertar esta entrevista, tenía otra idea de Sara Montiel. Quizás, en el fondo, fuese un poco predispuesto en contra suya. El resultado es que me ha conmovido su sinceridad y su espontaneidad. Bastante más que su belleza, con ser mucha.

-¿Vive usted en estrella?

-A ratos. Pero siempre me siento muy dueña de mí misma. A mí, por lo menos, no me ocurre eso de perder independencia por culpa de la fama. Sé vivir sola y con gente alrededor.

-Última pregunta: ¿ha tenido usted ocasión de ayudar a alguien, dentro del cine?

-He hecho lo que he podido.

La respuesta es modesta. Pero alguien que está con nosotros me muestra un disco, en el que se lee: “Grabado por Sara Montiel a beneficio de los actores ancianos acogidos en el Instituto Cervantes”. Y ese alguien me informa de que no es ésta, ni mucho menos, la única obra meritoria realizada por ella en beneficio de los menos afortunados. Y me parece adivinar, bajo la espesa capa de maquillaje, que se ruboriza cuando le pregunto si el éxito de sus películas se debe exclusivamente a ella.

A estas horas, Sara estará en Buenos Aires, adonde ha ido, sin que me lo haya confesado –las cosas se ven-, segura por completo de su triunfo. Al regreso seguiremos charlando para ustedes.

 

P.L.C.T.


EL RECORTE CCCLX

La presentación de Sara Montiel en Buenos Aires fue mítica pero no la única ni la primera. En 1958 se presentaba en Cuba. Así recogía la revista Primer Plano, 5 de octubre de 1958, su partida y llegada a la isla. 



(Pincha en la foto para verla más grande)

"LA VIOLETERA" RUMBO A LA HABANA
Se marchó SARA para cumplimentar el más fabuloso contrato que se ha firmado en la televisión cubana. Dentro de este mes volverá la Montiel para ser "CARMEN, LA DE RONDA". Una producción de BENITO PEROJO que distribuirá DIPENFA, S.A.


(Pincha en la foto para verla más grande)

SARITA MONTIEL LLEGÓ A LA HABANA
Estas son las primeras fotografías de la llegada de Sarita Montiel a La Habana, donde se le ha tributado un apoteósico recibimiento. En la capital cubana va a actuar en la televisión. Un numeroso público que la esperaba en el aeropuerto la recibió con grandes muestras de simpatía 
(Fotos Torremocha)


LA FOTO CCCLX


Sara Montiel en La Habana (Cuba) atiende a sus admiradores. 

viernes, 7 de septiembre de 2012

O CRUZEIRO - 16 de Febrero de 1959 - Brasil


SARITA MONTIEL

CANCION HECHA MUJER


Desde la calle resonante nos colamos en la caja de silencio refrigerado que es el ‘lobby’ del hotel Habana Hilton. Pasamos a un mundo menor y reservado, donde se cruzan huéspedes y visitantes. Todavía el ascensor nos guardó en su intimidad mayor de campana neumática, aspirándonos hasta el piso 21. En un trámite de minutos quedamos a dúo con el fotógrafo, pisando las alfombras de un largo pasillo, donde no hubo rastro de vida hasta que la puerta del ‘suite’ de Sarita Montiel se nos abrió. La cita era para gastar el día entero, cancelando todo otro programa. (Antes pasamos un penúltimo filtro: los detectives que cuidaban la repetición de un secuestro a lo Fangio).
‘¡Qué sola vive!’, confesamos a la belleza española, sin herir por alusión a su marido Anthony Mann. Ella no fue menos sincera: ‘Cierto, vivo en soledad’. El tema, por lo pronto, quedaría sin más comentario, porque se prestaba a una interpretación indiscreta. Habría tiempo para replantearlo… (En realidad, la Montiel tenía un agudo contrapunto que marcaba la música interior de su destino personal. Buscada y amada por los públicos, en la calle la esperan para pedirle una sonrisa, un autógrafo, una foto, una marca de rouge, un algo. La detienen y acarician, la abrazan, miman y hasta la arrugan y golpean: ‘Porque te quiero te porro’. Al final se libera de la muchedumbre y se refugia en la soledad de sus cuatro paredes, para hacer las pequeñas cosas cotidianas que hacen todos los demás).


Sarita recibe besos y cariño de sus admiradoras.

Esperaba las cámaras con una bata de casa, y, al descuido, los muslos se la escapaban, como en el romance lorquiano de ‘La casada infiel’. Sin más testigo que su civilizado Anthony, detallamos su estampa de muchacha, incendiaria como flor de llano manchego. Es un canto al torno humano. Y su cara tiene un par de ojos bien alumbrados y esa boca fotogénica, abundante, donde los labios son tan cálidos como la voz. Habla con reposo y con suavidad, y en cada frase se descubre un milagroso tono de niña grande que no ha perdido la sana gracia en el remolino de los sets peliculeros ni en el maquillaje de la publicidad. Sin embargo, el oficio del cine la tiene enterada de las posiciones en que sale mejor, y ella se mueve magníficamente, creando ángulos y motivos: ‘Ahora hacia acá, con fondo oscuro’; ‘Y la mantilla también’; ‘Creo que ya logramos un buen contraste’; ‘No tenemos que preguntarle mucho, porque usted lo dice todo’, la advertimos por cortesía. Punto y seguido, para ganarla, recordamos su Campo de Criptana, donde nació hace 26 años. Allá en la región de Montiel, donde su agudo descubridor Enrique Herreros –el humorista madrileño de ‘La Codorniz’ le dio el nombre y apellido a la artista. (Se llamaba María Antonia Fernández Abad; para la escena se llamaría Sara Montiel). ‘A que no sabe usted, hija de La Mancha, aquello que escribió Azorín: ‘Los molinitos de Criptana andan y andan’. Y los pájaros húmedos dijeron que sí, evocando la austera provincia y sus padres campesinos, las aspas lentas sobre la llanura bermeja, las lamparillas de los retablos y las puertas azules, familiares, por donde escapa el olor del pan de cada día. Pero la vida la había premiado, y salió de aquellos recuerdos con una suave alegría.



Intensamente atractiva y bella como el óleo de Portocarreño que hay al fondo.

Mientras posaba bajo los focos, nos entendimos con el norteamericano Mann, director en Hollywood, que acaba de presentar en el Festival de Venecia su versión de God’s little acre, la recia novela del compatriota Erskine Caldwell. Le conocíamos por otras producciones de ambiente militar: ‘Comando aéreo’, ‘Winchester 73’… Pero tenía en las manos el guión de ‘Espartaco’, y nos provocó la pregunta: ‘¿Va a realizar el ‘Espartaco’ de Howard Fast?’ Iluminando el rostro con simpatía razonó la fuerza de esa obra sobre Espartaco, esclavo tracio, -hijo y nieto de esclavos- un koruu –luchando contra la más corrompida época del imperio romano. ‘Salgo a filmarla, mientras ella cumpla otros compromisos. Luego nos reuniremos en California para rodar ‘Fruta amarga’ en los estudios que hemos comprado. Ella habla buen inglés y no habrá doblaje’… Doblaje es una mala palabra, una palabra corruptora en el idioma fílmico).
Ella se tomaba intervalos de modelo, entre vestido y vestido. El amplio ropero de Sarita Montiel es para desmayar a quien intente probarlo en su cuerpo. Pero su voluntad amistosa nos regalaba todo el día para repasar colores, telas, modistos. Y sin más ropa interior que su piel, se fue echando encima un raso blanco de Balenciaga, muy a lo Rembrandt, que los europeos llaman flamenco; un lamé con mostacillas, que copió Moniques de un cuadro de Goya; un exclusivo de Dior, negro, contorneador; un Pertegaz, otro Pertegaz, que es la etiqueta más solicitada. Y hasta un saco verde estampado: ‘El chemise está de moda y no se discute’.
Mientras iba y venía, se vestía y desvestía, usó varios pañuelos de chifón de seda. Pero no usó sus famosas esmeraldas –collares, artes, pulseras- y sencillamente se retocó con una base de Max Factor, el borde negro en las pestañas y un rocío de laca rosada sobre el pelo rojizo. Entre las evoluciones de sus pasos fuimos anotando sus criterios: ‘Los artistas no debemos callar las opiniones propias. No solamente pertenecemos al público en las pantallas, sino también en el resto de la sociedad. Si quieren conocer cómo pensamos, estamos en el deber de decirlo pronto y claro’.
‘La primera actuación en teatro y en televisión la acabo de cumplir en Cuba. Solamente había tenido la pequeña experiencia de aparecer haciendo reclamo a mis películas en algunas salas de Ciudad México’ (Fue simpático verla como novata, despistada de las lentes de TV. En seguida su calidad teatral superó la primera lección y resultó una graduada).


Sopla la brisa del mar de Cuba en su piso del Habana Hilton.

Un par de ojos brillantes y una boca fotogénica.

Gaspar Pumajero firmó contrato por 10 días de actuación ante las socias de Hogar Club y en el Canal 2 de televisión. Alternaba dos funciones diarias en el teatro Blanquita con su estreno en audio y video. 140.000 personas llenaron en 20 tandas el teatro mayor del mundo, para aplaudir delirantemente a la estrella del cine hispanoparlante, mientras los televisores saturaban las ondas de Escuela de Televisión. $25.000, libres, pasaron a la bolsa de la actriz. Pumarejo rechazó una oferta igual de un cabaret: ‘No tengo interés en que trabaje gratis para mí. Los $25.000 son para ella solamente’. Y ella exclamaba cada noche: ‘Me siento pequeñita dentro de este teatro enorme, de frente a 7 mil amigos. Creo que hay espacio para volar en avión’.
‘En mis horas de triunfo –añadía la Montiel- no olvido a Ladislao Vajda, quien me dio la primera oportunidad, casi siendo una niña. Ni a José Luís Sáenz, Julio Salvador, Gonzalo Delgrás, Jerónimo Mihura, José López Rubio ni Rafael Gil’.
Hicimos un repaso de su trabajo profesional, desde el pequeño papel de colegiala en ‘Te quiero para mí’, hasta ‘Locura de amor’, la inolvidable presentación con Jorge Mistral y Aurora Bautista, sin olvido de su extensa producción mexicana junto a Pedro Infante, Roberto Cañedo y Arturo de Córdoba. Además, el ingreso en Hollywood, donde compartió con Gary Cooper y Burt Lancaster los roles estelares de ‘Veracruz’, o en ‘Serenata’, junto a Mario Lanza y Joan Fontaine, bajo el sello de la Warner. Por fin caímos en la etapa del cuplé, que la tiene bajo los reflectores de la sensación en todos los escenarios de cine del conjunto de naciones que hablan la lengua castellana. Empinó su barbilla juvenil, asomó aún más los aleros –por fortuna no mide los excesivos 103 centímetros de la Mansfield- y perteneció al tema del cuplé, aunque antes le repetimos la incertidumbre del difunto Manuel Machado: ‘Pues yo no sé –ni nadie tal vez lo sabrá –lo que es el cuplé. -¿Será alguna cosa el cuplé?


La exhuberante belleza de Sarita Montiel, tiene algo del fuerte encanto de los paisajes soleados y llenos de perfumadas flores. 

‘Por lo pronto –agrega Sarita- llenó todo un tiempo que los historiadores musicales definen melancólicamente como ‘aquél tiempo del cuplé’. Es algo sentimental que nos liga al pasado inmediato de nuestros padres, pues a principios de siglo éstas canciones que ahora canto eran la pasión del público en las voces de las cupletistas’.
‘Pero usted es distinta a La Goya (Aurora Mañanos), a Raquel Meller (Francisca Marqués), y aún a La Fornaria (Consuelo Bello) a quien personifica ahora’, intercalamos, para oírle decir: ‘Tengo mi tono y digo mis canciones según mi temperamento’. Y rápida hacía un párrafo aparte para Enrique Herreros, también compañero de viaje y de entrevista: ‘A Enrique le debo mi éxito en ‘El último cuplé’. Tuvo confianza en mí y yo le correspondí con mi confianza. Tal vez lo demás sea suerte’.


Tampoco en el camerino termina el acoso del público y la publicidad. 

Ahí mismo el aludido entabló diálogo con su ahijada: ‘Conozco a Sara desde que tenía 14 años. Siempre me impresionó su estilo pausado, melodioso, bien distinto de las demás. Cuando concebí llevar a película la historia del cuplé, no tuve deudas de que era la protagonista. Tampoco me equivoqué. Sobre el magnífico guión de Juan de Orduña, lo demás fue trabajo incesante, pero también un triunfo sin precedentes. Durante 42 semanas consecutivas se mantuvo en el cine Rialto, en Madrid, donde luego se hizo relevo con ‘La violetera’. Sara lleva año y medio sin salir de la cartelera. Y aún puede seguir cantando en el cine buena parte del cancionero español, como lo hará de inmediato en ‘Carmen, la de Ronda’, otro seguro acierto dirigido por Benito Perojo. Su carrera musical aún está en marcha’. (‘El último cuplé’, con Armando Calvo, iba a tomar el mal título de ‘La reina del Moulin Rouge’, que poco diría a los públicos enamorados por nostalgia de la palabra cuplé).
‘Con todas esas razones de Sarita y de usted –advertimos al periodista Herreros- luce como que prefiere el arte dramático’. Por resorte, Sarita completó: ‘Así lo creo. Es mi más profunda vocación de arte. Pero… seguiré cantando, mientras el canto me traiga éxito’. (El mister Mann hace una mueca, porque nunca transigió con ‘El último cuplé’. El sostiene que su mujer está destinada a cosas menos frívolas).
De todas formas, la menuda manchega -5,5 pies de altura y 117 libras de peso promedio- ha regalado un soplo de juventud a los que ya tienen las cabezas blancas. Lo que de niños oíamos en las tonadas de nuestros padres, ha reencarnado como canción de cuna en los que ya somos hombres. La Montiel refresca aquella época de alusiones picarescas, cuando las revistas madrileñas traían grabados de floristas buenas mozas apostadas en la puerta de los teatros, o la sensual figura de la Meller, cantado ‘bajo los puentes de París’. Una reválida impresionante en un tiempo de radioactividad y rock’n roll. Eso lo sabe Sarita Montiel y la hace feliz.


En un teatro de La Habana, repartiendo violetas y sonrisas a los espectadores en ocasión de la exhibición de su película 'La Violetera'. Sarita derrocha su simpatía y su gracia. 

Pero los públicos piden más y más, y los que manejan las corrientes de opinión dan más y más. Por eso un Gaspar Pumarejo extrajo a la estrella del celuloide y la situó, en persona, delante de Cuba, la isla cubierta en todo su mapa por cadenas de televisión. Aunque en las horas libres de clamor, cuando la febril solidaridad de las muchedumbres la dejaban aislarse, Sarita Montiel se iba consigo, solitaria, sin renegar de su impacto popular. En la eterna y apacible soledad se reencontraba el alma sencilla, la Soledad de ‘La Violetera’.


Texto de FERNANDO G. CAMPOAMOR
Fotos de DELIO VALDES


EL RECORTE LXXXI
...los 50 fueron los años de esplendor de Sarita Montiel, su época dorada hollywoodiense, pero estos últimos años han sido los años en que Saritísima ha recogido infinidad de premios y reconocimientos, aunque la injusticia también se está haciendo presente.... Este recorte de la revista Pronto de Abril de 2008, muestra el homenajazo que su pueblo natal, Campo de Criptana, brindó a la estrella por su 80 cumpleaños. 

SARA MONTIEL
homenajeada en su tierra
Con motivo de su 80 cumpleaños, la artista descubrió una estatua y una placa conmemorativa en su pueblo natal, Campo de Criptana


La artista recibió el galardón de Gigante Universal de manos del alcalde de Campo de Criptana. 

Los gigantes universales de Campo de Criptana ya no sólo son aquellos que Cervantes inmortalizó en las conocidas luchas del Quijote. A partir de ahora, este pueblo manchego de magistrales molinos de viento cuenta con una Gigante Universal más, Sara Montiel, la primera mujer española que conquistó Hollywood y que, a sus 80 años recién cumplidos, acaba de recibir uno de los homenajes más bonitos y emotivos de su vida. El pasado 28 de marzo, la actriz y cantante volvió a su tierra para recibir el cariño de los suyos y de cientos de personas que acudieron de diversas partes de España, Francia o México.
Acompañada de su hijo, Zeus (Thais no pudo asistir al homenaje porque acababa de ser operada de las muelas del juicio), la artista inició su homenaje descubriendo la estatua que se ha alzado en su honor en un parque de la localidad. Entre el gentío y los gritos de ‘¡guapa!’, ‘¡esa manchega!’ o ‘¡viva la madre que te parió!’, la artista se trasladó posteriormente a la casa donde nació, donde descubrió una placa conmemorativa. Finalmente, su recorrido acabó en el Cerro de la Paz, donde el molino ‘Culebro’ acaba de ser convertido en el nuevo museo de Sara Montiel. Allí, el alcalde de la localidad, Santiago Lucas-Torres, dijo: ‘Este lugar mágico, este lugar cervantino por antonomasia, en las noches despejadas es un perfecto observatorio de estrellas. Pero la más grande está hoy aquí, a plena luz del día. Brilla con luz propia y se llama Sara Montiel. No existe mejor sitio posible que éste para ubicar el Museo de Sara Montiel, un museo en un molino que recientemente hemos restaurado para dar cabida a enseres que Sara ha cedido de sus películas más famosas y actuaciones más memorables, un museo que se convierte en destino turístico y lugar de peregrinaje para los seguidores y aficionados del mundo del cine y de la canción’. Tras sus palabras, el alcalde, junto con el presidente de la Comunidad de Castilla La Mancha, José María Barreda, le otorgó a la manchega el título de Gigante Universal. ‘Recordaba ahora lo que dijo tu madre cuando naciste con 7 kilos: ‘Ya de pequeña es grande’. Pues ahora es un gigante, un gigante universal del que todos sus paisanos nos sentimos muy orgullosos’, dijo Barreda, que posteriormente le dio a Sara la Medalla de Oro de Castilla La Mancha.



Sara, muy emocionada, dijo: ‘Yo estoy procurando no demostrar la emoción que tengo. Agradezco de todo corazón todo el cariño que me estáis demostrando y que siempre me habéis demostrado toda la gente de Campo de Criptana. Yo sé que he trabajado mucho, que he querido conseguir que la gente, al verme en las películas, se emocionara, por mi manera de cantar o por mi manera de actuar. He trabajado mucho, sigo trabajando, llevo desde el año 43 hasta hoy sin parar, lo cual para mí es un orgullo muy grande. Estos han sido los 80 años más maravillosos que he podido cumplir con el cariño que vosotros me habéis demostrado. Muchas gracias y a seguir viviendo, que vivir es un placer genial y sensual’, dijo ante la gente, que empezó a cantarle el ‘Cumpleaños feliz’.


Sara Montiel junto a la estatua levantada en un parque de la localidad, que la muestra en todo su esplendor. 

Tras este emotivo homenaje, en PRONTO pudimos hablar con Sara, que nos dijo: ‘Me he podido sostener, no llorar por no hacer el ridículo, pero dentro de mí llevo una emoción tan grande que a mi edad puede ser peligrosa’.
-¿Cómo te sientes ante este gran homenaje, Sara?
-Muy feliz, me siento cerca del cielo, y desde aquí mucho más.
-Sara, tienes 80 años, estás fantástica, la gente te quiere…y, además, estás enamorada.
-Sí. Estoy muy contenta con el hombre que tengo. Ya llevo tres años con él.
-Pero estáis separados.
-Bueno, ha estado cinco días conmigo en Madrid, antes de que me marchara yo a Melilla. Él ahora está trabajando en Marruecos, porque es arquitecto. Tiene 59 años.
-¿Es difícil mantener la relación así en la distancia?
-No, porque yo voy y él viene, así que no pasa nada. Nuestro encuentro será la próxima semana en Fez. Ahora es que estoy ensayando, porque preparo un espectáculo musical para presentarme en mayo, junio y julio por España con una gira.
-¿Qué te aporta tu novio?
-Es una persona muy tranquila y muy amorosa. Nos divertimos mucho.


Texto: ARACELI MANZANARES
Fotos: MIGUEL ÁNGEL MOYA


LA FOTO LXXXI


Sarita Montiel cautivando los objetivos americanos de la Warner Bross.