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domingo, 31 de mayo de 2020

AMA - Septiembre/Segunda Quincena - 1.964 - España


SARA MONTIEL
EN SU NUEVA CASA
Tiene muchos adornos orientales que trajo de su viaje de novios

En el rincón japonés Sara posa junto a dos figuras de porcelana que trajo de su viaje de novios. 

Sara Montiel no es hoy la guapa actriz de “El último cuplé”, “La violetera” y tantas otras películas. Hoy es sencillamente María Antonia Abad de Ramírez, una recién casada que va a estrenar con gran ilusión su nueva casa: un piso alto y soleado, decorado por ella misma, que se asoma por su terraza a la Plaza de España, y desde el que se ve a lo lejos, un paisaje apretado de casas chiquitas.
María Antonia o Sara –como ustedes quieran llamarla- ha estado unos días en la playa. En Zarauz y en Palamós. Su piel bronceada contrasta con el traje de hilo amarillo.
Sarita es una mujer de una gran vitalidad, natural y espontánea. Jamás mide el efecto que pueden causar sus palabras, porque tiene la virtud de mostrarse siempre tal cual es. Sin recurrir a poses ni a actitudes premeditadas para expresar su felicidad y su alegría, Sara habla mucho. Sonríe mucho. Se mueve mucho.
-Ya empiezo a tener todo preparado para venirnos aquí muy pronto. En este piso había vivido yo de soltera, pero lo hemos transformado completamente. Faltan todavía unos detalles de obras. Tendrán que venir los albañiles. Odio los albañiles.


La vitrina del cuarto de estar tiene figuras orientales. 


Sara coloca un objeto japonés sobre la mesa, sostenida por dos elefantes de porcelana. 

Recorremos el piso, totalmente alfombrado de moqueta azul, menos el salón, que la tiene de color beige. Azul y rojo son los colores fundamentales en la decoración de la casa.
-Aquí falta colocar un banquito y una mesa de mármol. Aquí, un armario para la vajilla y unas plantas…
En el salón, frente al tresillo y a la chimenea de ladrillo rojo, hay una vitrina con varias figurillas de estilo oriental: dos perros de porcelana fabricados en Tokio, una pareja de loros de colores vivos de Honolulú. Son cosas que trajo de su viaje de novios.
-¿Cuál fue el sitio que más te impresionó de todo el viaje?
-Moscú. Tiene un algo misterioso y tétrico que atrae.
Entramos en la cocina. Es de gresite azul con dibujos. Los armarios relucen. Está ya totalmente terminada. Sara abre los armarios. Los cierra. Posa para el fotógrafo de cien formas distintas. Y se ríe, se ríe mucho cuando le preguntamos si es una buena cocinera. Sí, sí, a ella le gusta la cocina…, sólo que los huevos fritos se le dan bastante mal. ¡La que organiza Sara en su cocina cuando intenta hacer un par de huevos fritos!


La cocina es de gresite azul. Dibujos en las paredes y en el cristal de la ventana. Está ya totalmente terminada. Los armarios relucen. 


La habitación tiene el suelo de moqueta azul, del mismo tono que las faldas de las mesitas. La colcha, granate. La pared forrada de damasco beig. 

Cosas de la vida y cosas del cine
La fama no permite vacaciones. Sarita y Chente no han podido salir de veraneo este año. Algunas escapadas a la playa. Total, nada.
-Tres veranos seguidos sin vacaciones. ¡Ni siquiera veinte días como un empleado corriente!
La actriz prepara el rodaje de su próxima película “La dama de Beirut”. La acción transcurre en Barcelona, París y Beirut. En octubre se darán las primeras vueltas de manivela.
-¿Cantas algunas canciones en la película?
-Sí, unas cuantas. Los productores se empeñan siempre en que cante. Interpreto algunos números de Augusto Algueró; otros de Aznavour. También canto una de Gilbert Bécaud. Esta vez nada de cuplés. Las canciones son totalmente actuales.
Ahora Sarita ensaya los números musicales y, sobre todo, estudia el guión. Es preciso leerlo una y otra vez. Tiene buena memoria para las situaciones, pero le cuesta retener las palabras exactas. Lo mismo le ocurre con las canciones…
-La letra, la dichosa letra, es la que siempre se me olvida. Una vez que presentaba en Brasil una película mía, el público empezó a pedirme que cantase “La rumba chamelona”. Pero no hubo forma. Tuve que decirles: si no me dicen la letra, no hay nada que hacer.
-¿Tienes otros viajes en proyecto antes de la película?
-Sí, iremos a París y quizá unos días al Perú para conocer a unos familiares de mi marido. También pensamos hacer alguna escapadita a Palamós a casa de mis cuñados. Me gusta andar y navegar en fuera borda. Lo malo que tienen estos días de descanso es que siempre vuelvo con unos kilos de más. La cerveza y las gambas a la plancha tienen la culpa.


El modelo de Balenciaga es de muselina negro, cuajado de volantes. 

-¿Sigues un régimen de comidas muy severo?
-Severísimo. ¡Si paso más hambre que cualquier mendigo! Mira, a hora mismo tomo cada día: un té solo para desayunar, un youghourt a media mañana, y de comida y cena, pescado y fruta. A veces tengo que pasar sólo con vitaminas días enteros. Cosas de la vida. Antes tenía que trabajar para comer; ahora no puedo comer para poder trabajar.
Sara juega al tenis, hace deporte. Pero, a pesar de todo, la lucha contra los kilos continúa implacable. Su aspecto saludable ha traído más de una complicación a los productores. En una de sus películas representaba el papel de Dama de las Camelias. Tenía que morir tuberculosa. Pero se hacía difícil imaginar a Sarita tosiendo, víctima de una tisis galopante. No hubo más remedio que cambiar el guión. Y a la fragilísima Dama de las Camelias tuvieron que matarla de un ataque al corazón. Cosas del cine.


Lola, la doncella, coloca los trajes en el armario de la nueva casa. 

Cuando Sara descansa le gusta, entre escena y escena, leer y escuchar música. Música clásica, sobre todo.
-Lo malo que tiene la música clásica es que si te acostumbras a ella, no te gustan después las canciones normales. Ocurre lo mismo que con la pintura. Si vas demasiado al Museo de Prado, después ya no te interesa ninguna exposición.
-Sara, ¿tú eres muy aficionada a la pintura, no?
-Sí. Tengo un Goya en mi casa.
Un Goya auténtico. Y otros cuadros de buenos pintores.
-Tengo entendido que era además una buena pintora.
-Bueno, la verdad es que lo hago bastante mal. Tengo motivos para no estar entusiasmada con mi arte. Figúrate que un día pinté un paisaje de Madrid y me preguntaron si aquello era Viena. Un día intenté pintar en el puente de Segovia. Pero la que organicé. ¡Todo el mundo parado mirándome y los camioneros echándome piropo tras piropo!

Sus modistas favoritos: Balmain, Balenciaga y Christian Dior
Trajes de noche de Christian Dior
Lola, la doncella, es la mano derecha de Sara. Lleva siete años a su servicio, y es la que se ocupa de arreglar sus trajes, de tener la casa a punto, de acompañarla cuando va a rodar. Lola –andaluza por los cuatro costados- es la que coge siempre el teléfono, y se arma a veces un verdadero lío con los nombres, sobre todo si son amigos del señor y se apellidan algún endiablado nombre vasco.


Un retoque al pelo en el espejo adosado al tabique del vestíbulo. 

Además, Lola es una mujer de recursos. Cuando llaman por teléfono preguntando por Sarita, dice con aire indiferente: “Pues voy a ver si está en casa. No tengo ni idea, porque acabo de llegar del mercado ahora mismo, ¿sabe usted?” Lo malo es que –la fuerza de la costumbre- Lola dice a veces la famosa frasecita a las doce de la noche…
Hoy la doncella ha traído una maleta llena de trajes, que cuelga cuidadosamente en el armario de la actriz. La habitación tiene el suelo de moqueta azul, unas mesitas redondas con tapetes también azules y unas bonitas lámparas de pie. La colcha de la cama es de terciopelo rojo oscuro.
A Sara, como a todas las mujeres del mundo, le gusta hablar de trapos. Dentro de pocos días marchará a París para elegir los trajes que va a lucir en la película y también su vestuario de invierno.
-¿Qué clase de conjuntos prefieres?
-Me gustan las cosas sencillas y muy chic.
-¿Tu color preferido?
-El negro. Me alegra que este año esté de moda. Siempre me ha gustado muchísimo. De pequeña me encantaba ponerme el uniforme del colegio, porque era negro. Mi madre me llamaba “La viuda alegre”.
Para demostrarnos su preferencia por el negro se pone un elegante modelo de Balenciaga de muselina negra totalmente cuajado de volantes.
-¿Tu modista habitual?
-En realidad tengo varios. En España me viste casi siempre Inés Higueras. En París, Balenciaga, Balmain y Dior. Los trajes de noche de Dior me sientan muy bien, sobre todo los que están inspirados en Oriente. Siempre me han dicho que los rasgos de mi cara tienen algo de orientales. Hasta en el Japón me lo dijeron.


El cocodrilo disecado podría ser un original adorno para la casa. 

-¿Llevas alguna vez zapatos bajos?
-Jamás. Ni siquiera las sandalias playeras. Encuentro que la elegancia de una mujer es incompleta sin llevar tacones. Además se anda con muchísima más gracia.
Sara se cambia de peinado con una facilidad asombrosa. Al llegar llevaba el pelo recogido; después ha querido variar para las fotos y en un santiamén se ha organizado un graciosísimo peinado de melenita corta.
-Siempre me peino yo y me maquillo yo sola. Hasta para el cine. Llevo el mismo maquillaje ante las cámaras que para andar por la calle.
Se ha hecho tarde. A Sarita le espera el maestro Arozamena en su piso de San Bernardo para ultimar algunos detalles del guión. Antes de marcharnos  nos enseña todas las habitaciones del piso que no habíamos visto. En el salón del fondo hay un bonito rincón japonés y una mesa de cristal sostenida por dos elefantes de porcelana que la actriz compró a la duquesa de Alba. Al lado, una terraza que piensan convertir en galería. Sólo que para eso hace falta que vengan los albañiles. Y ya sabemos: Sarita odia los albañiles.
Dentro de pocos días el matrimonio Ramírez vendrá a vivir a su nueva casa. Un piso amplio… para dos personas. Quizá más adelante necesiten más espacio. A Sara le gustaría que vinieran muchos hijos.
Cuando bajamos a la Plaza de España son las nueve y media de la noche. El tráfico está en pleno apogeo. Ahora la actriz viste un saladísimo vestido hawaiano estampado, de tonos blancos y verdes, que compró en su viaje de novios… Un grupo de chicas que pasa se para para mirarnos. Y una de ellas exclama ya en el colmo de la emoción:
-Pero si es Sarita Montiel, ¡palabra!

Texto: JOSEFINA FIGUERAS
Fotos: ALEJANDRO


EL RECORTE CCCXLVIII
La década de los '60 fue la de su boda con Chente, la realización de su más famosa filmografía y, también, la de los primeros grandes homenajes. Hola, en su número de 2 de Enero de 1965, llevó a sus páginas el ofrecido en Orihuela. El pueblo que la vio partir al estrellato. 

HOMENAJE A
SARITA MONTIEL
EN ORIHUELA

Sarita Montiel es aclamada por el vecindario de Orihuela, donde a la actriz se le tributó un cariñoso homenaje por parte de sus paisanos. 

ORIHUELA.-Ha visitado Orihuela la estrella Sarita Montiel. Sarita dio sus primeros pasos en esta localidad, y Orihuela guarda para ella su mejor recuerdo. A los actos en su homenaje se unieron las autoridades, entre ellas el gobernador civil de Alicante. Sara Montiel ha vuelto a convertirse en María Antonia Abad, la muchachita que en 1942 abandonó Orihuela para convertirse en Sarita famosa. Los actos se prodigaron por toda la ciudad, e incluso Sarita tuvo que cantar “La violetera” ante la reja de un convento de monjas dominicas de clausura.


Sarita con su madre y otros familiares en su casa de Orihuela. 


Sara Montiel postrada ante la Patrona de Orihuela, a quien ofrendó un precioso ramo de claveles. 


En el Ayuntamiento, a la popular actriz le fue ofrecida una placa como homenaje de admiración y simpatía. 


El público estacionado en la puerta del Ayuntamiento, para expresar a la actriz su simpatía y cariño. 


LA FOTO CCCXLVIII


Bellísima, en un rincón de su casa. 

viernes, 4 de enero de 2019

ESTÚDIO - 5 de Abril de 1.957 - Portugal


NA CAPA: Sarita Montiel, em "A flecha sagrada", da R.K.O.

La diva aparece sólo en la portada. 


EL RECORTE CCCX
Durante cuatro semanas vamos a compartir una biografía que la revista Mucho Más le dedicó a la artista en Enero y Febrero de 1.991. Tiene cuatro capítulos. Aquí va el primero. 

Serie –DETALLES ÍNTIMOS DE SU VIDA – Capítulo 1
SARA MONTIEL
DE NIÑA POBRE A FULGURANTE ESTRELLA
“Nací por casualidad, porque mi abuela hizo abortar a mi madre”

Sarita Montiel vino al mundo el 10 de marzo de 1928. 

Diosa del público, musa de poetas y diva predilecta de actores y directores, Sara Montiel, nuestra entrañable violetera, no es una estrella. Es toda una constelación. A sus 62 años –que son como 62 soles-, la negrura de sus ojos, la expresividad de su sonrisa y esas piernas de quitar el hipo brillan en el firmamento del espectáculo con la misma fuerza que cuando enamoraba a Gary Cooper en Veracruz, fascinaba a Marice Ronet en Carmen, la de Ronda o compartía desayunos con el duro Marlon Brando. A su favor tiene, además, un carácter sencillo y hogareño y un espíritu que se pone a la edad por montera –como demuestra con su actual show, Saritízate- y que resiste a cantar su Último cuplé. Sara, actriz de fama, madre amantísima de Thais y Zeus, flor de otoño, es como un sombrero mágico, siempre lleno de sorpresas; un sombrero que ahora, en estas memorias, nos desvela sus resortes y sus misterios, entre los que se cuentan alegrías y alguna tristeza.
“Nací por casualidad”
Nada en los comienzos de Sara Montiel auguraba un futuro tan maravilloso como el que tuvo. En realidad, su infancia y su propio nacimiento estuvieron rodeados de penurias y tristezas.
Vino al mundo –según confiesa- cuando en Europa se apagaban los sones del charleston, un 10 de marzo de 1928, en un pueblecito de la Mancha llamado Campo de Criptana (Ciudad Real). Sus padres, Isidoro Abad y María Vicenta Fernández, labradores, la bautizaron como María Antonia, Alejandra, Vicenta, Isidora, Elpidia Abad Fernández. Este sonoro nombre no fue acompañado de un gran recibimiento.
En realidad, el nacimiento de Sarita en una familia pobre y ya con cuatro hijos, no suscitó grandes alegrías, sobre todo en su abuela materna. “Mi abuela –explica Sara Montiel- se enfadó mucho al saber que mi madre estaba embarazada. La llevó a casa de una mujer del pueblo que practicaba abortos. Mi madre recordó siempre aquellos momentos como un verdadero infierno. Nací merced a la casualidad de que en el vientre de mi madre se gestaban dos vidas y la mujer que realizó el aborto no supo verlo. Mi abuela nunca me quiso. Yo tampoco quise nunca a mi abuela, aunque de mayor comprendí que su vida había sido extremadamente difícil y poco feliz”.


La estrella, con dos años, cuando su familia pasaba hambre. 


Fue una jovencita muy guapa. Entonces, ya se adivinaba la gran belleza que enamoraría a Gary Cooper o Maurice Ronet. 

“Durante la guerra, pasamos mucha hambre”
Sus primeros años están marcados por la miseria y la visión de su padre trabajando la tierra casi hasta matarse. Hubo un momento, sin embargo, en el que las cosas parecieron mejorar. Sucedió cuando la pequeña María Antonia tenía siete años. Su padre, cansado de la esclavitud del campo, “tiró el arado –recuerda la estrella- y nos marchamos a Orihuela (Alicante). Nos instalamos en el primer piso de una casa con dos balcones que daban a la calle de la Acequia. Como mi padre poseía un talento natural, un gran don de gentes, no tardó en encontrar trabajo. Lo contrató un almacenista como catador de vinos, un tema en el que mi padre era todo un entendido”.
Este pueblo colocó a la familia Abad en una situación económica más holgada, pero la felicidad duró poco. Inmediatamente llegó la Guerra Civil y con ella el hambre y la desolación. “Lo pasé fatal porque siempre he sido muy tragona. Comíamos las cortezas de las patatas, las de las naranjas y un pan de color amarillo, de maíz amasado, que en mi casa decían que era muy malo. Esto me hizo aprender a valorar los alimentos. Con esta cuestión yo sigo teniendo un espíritu muy pobre, porque todos los alimentos, de la clase que sean, me parecen maravillosos”.
En tal situación, sus contactos con el mundo escolar fueron muy fugaces. En casa la necesitaban para echar una mano en las tareas domésticas, en trabajillos, y no había dinero ni ocasión para los estudios. Aun así, asistió algún tiempo al convento de las Madres Dominicas y, posteriormente, al colegio Jesús María. Gracias a las pocas clases que recibió en estos centros y la gran voluntad que puso por su parte, Sara aprendió a leer y a escribir. “Mi padre y mi madre murieron analfabetos, aunque eran unas personas con mucha sensibilidad para lo artístico. Yo aprendí a leer prácticamente sola, a fuerza de intentar leer el periódico a mi padre”.


Sarita, muy risueña, el día de su Primera Comunión, en Orihuela (Alicante). Lucía para la ocasión un sencillo vestido de organdí.


Una pose artística. De pequeña, le gustaba cantar seguidillas, tarantas, soleares y martinetas. 

“Comencé cantando flamenco”
Sara heredó de sus padres la pasión por el arte, la sensibilidad para escuchar música y cantar. Gracias a esto y a su enorme belleza, ya evidente en su infancia, pudo salir adelante. “Fue en el año 1937 o en el 1938, no recuerdo bien, cuando vi la película Carmen la de Triana, que interpretaba Imperio Argentina. Las canciones de la banda sonora, los preciosos vestidos de Imperio y la expresividad de sus gestos… En ese momento supe cuál era mi vocación. Y me la tomé muy en serio”.
Por aquellas fechas, la familia de Sara pasaba por momentos realmente malos. Ella y su hermana mayor, Ángeles, guardaban colas enormes para conseguir leche para su padre, entonces gravemente enfermo, y ayudaban a la economía doméstica hilvanando patrones para una modista del pueblo. “Fueron años muy duros. En casa no había ni agua corriente. Tenía que bajar al río para lavar los platos y hacer la colada. Pero lo hacía con alegría. Mientras trabajaba, canturreaba alguna de las canciones que iba aprendiendo. Así, el día me resultaba mucho más fácil”.
El tipo de música que más le gustaba era el flamenco. “Me encantaba entonar por soleares, seguidillas, tarantas y martinetes. Es decir, el cante grande”.
Tanto la piropearon y la ensalzaron en el barrio que, finalmente, Sara decidió presentarse en Murcia para cantar saetas durante la Semana Santa. Fue un bombazo. Las personas que contemplaban las procesiones se quedaron maravilladas con aquella voz. “¿Pero quién es esa niña? –decía el público- ¡Es la del Isidoro!”
Tras este éxito, Sara continuó cantando hasta 1944, año en que decidió viajar a Madrid para probar suerte en un concurso de cantantes infantiles organizado por Cifesa, una conocida productora de cine. La aguardaba el éxito, nunca soñado.

Paloma Escario
Efe/Reportajes
Próximo capítulo: Su primer sueldo en el cine: 2.500 pesetas.


LA FOTO CCCX


La diva posa en la habitación que la vio nacer... el 10 de Marzo de 1.928 en Campo de Criptana. 

viernes, 20 de enero de 2017

GACETA DEL CINE - 1.960 - España


SARA MONTIEL
DISPUESTA A TRIUNFAR EN HOLLYWOOD… TRIUNFA EN ESPAÑA
LOS PRODUCTORES ESPAÑOLES NO CREÍAN EN ELLA
¡Y ELLA SOLA UNIVERSALIZÓ EL CINE ESPAÑOL!     

Sara Montiel en "Cuando se quiere de veras", uno de sus desafortunados films mejicanos. 

Fue en el año 1.944 cuando el realizador cinematográfico húngaro Ladislao Vajda preparaba el rodaje de la película “Te quiero para mí”, con la pareja Antonio Casal e Isabel de Pomés –pareja que en aquellas fechas gozaba de popular simpatía y que, por ello, aparecieron juntos en diversas cintas-, cuando en el reparto de su película añadió el nombre de una muchachita desconocida por completo en los medios cinematográficos. Se llamaba Sarita Montiel –era la época de los diminutivos, ¿recuerdan?-. Fue el conocido humorista Enrique Herreros, padre, quien vio en Sara las grandes posibilidades interpretativas y la extraordinaria y deslumbrante hermosura de la joven futura actriz, y por ello hizo todos los posibles para que Ladislao Vajda, íntimo amigo suyo, la incluyera en el reparto de su película. El papel de Sara Montiel en “Te quiero para mí! Era de escasísima importancia, pero, sin embargo, marcó una fecha muy importante en la vida de la joven actriz. Su rostro, contrastado e insinuante, y su figura, fueron popularizándose a través de varias otras películas, tales como “El misterioso viajero del Clipper”, “Se le fue el novio”, “Vidas confusas”, etc.


Si bien el cometido artístico confiado a ella fue de poco relieve, el talento de la actriz fue suficiente para que el público se fijara en Sarita, precisamente cuando el cine español pasaba por momentos muy difíciles de cara al público, por la escasa calidad de sus películas, hecho que reformó aún más el pequeño pero prometedor triunfo de Sara Montiel. Sus personajes, casi siempre secundarios, adquirían gran importancia al ser representados por ella.
Recordamos su “Aldara”, la mora de “Locura de amor”; sin duda éste fue el primer papel con verdadero relieve confiado a Sara Montiel, y, como era natural, su nombre ganó muchos puestos en la lista de las “favoritas”. Su extraordinaria belleza resaltó como en ninguna de sus anteriores películas; Aldara era una muchacha de sangre inquieta, vengativa, impetuosa en sus amoríos… El carácter de Aldara tenía lo que no tuvo ninguno de los personajes interpretados con anterioridad por Sara Montiel: personalidad.


La primera interpretación destacada de Sara Montiel: "Locura de amor". En esta escena la acompaña el actor Fernando Rey. 


El gran triunfo: "El último cuplé". Junto a ella, el actor Armando Calvo. 

Incomprensiblemente, la cinematografía española no supo ver a la rutilante actriz que tenía y no se dio a Sara Montiel la importancia que ella se merecía. Después de “Locura de amor”, efectivamente, la Montiel tuvo infinidad de ofertas, pero ninguna de ellas mereció la atención de la actriz. Se trataba casi siempre de papeles secundarios, sin relieve, ni vida ni humanidad, cualidades imprescindibles en un personaje digno para interpretar.
Desilusionada, Sara Montiel, partía poco tiempo después hacia Méjico. En la cinematografía azteca trató de encontrar lo que no encontró en su patria: buenos papeles. Peor no tardó en darse cuenta de que no había llegado aún “su” momento, y tuvo que aceptar ofertas muy interiores a las recibidas por los productores españoles. Interpretó diversas películas –“Necesito dinero”, “Ya viene Martín Corona”, “Jimmy”, “Piel Canela”, “Cuando se quiere de veras”, etc.-, pero ninguna de ellas era producción de primera categoría. Sin embargo, he aquí que la suerte que ambiciona toda actriz europea, la de trabajar en Hollywood, se le presentó inesperadamente. Robert Aldrich y Burt Lancaster, director y co-productor, respectivamente, de “Vera Cruz” se encontraban en Méjico en busca de una actriz mejicana para el segundo papel femenino del film, que iban a interpretar el propio Burt Lancaster, Gary Cooper y la actriz gala Denise Darcel. Sara Montiel obtuvo, sin demasiado esfuerzo, el papel. La película, no obstante, se filmó enteramente en Méjico, pero bastó para que Sara Montiel fuera conocida en Hollywood, a donde se trasladó para intervenir en su primera película allí filmada: “Yuma”, al lado de Rod Steiger. Poco después intervenía, junto a Mario Lanza y Joan Fontaine, en “Dos pasiones y un amor” (Serenade).


¡Sara Montiel se codea ya con Burt Lancaster y Gary Cooper! La foto pertenece a "Vera Cruz", primer gran film internacional de la "estrella". 

La vida sentimental de Sara Montiel encontró también su meta al contraer matrimonio con el famoso realizador norteamericano Anthony Mann. El nombre de Sara Montiel era ya suficiente para mover multitudes. Juan de Orduña, realizador hispano que la había dirigido en “Locura de amor”, la requirió para interpretar el papel que, sin duda, más ha repercutido en su vida artística: el papel principal de “El último cuplé”. Del éxito alcanzado por Sara en este film, huelga hablar, por bien conocido de todos. Inmediatamente después, interviene en un film surgido gracias al éxito de su anterior: “La violetera”, y el triunfo es doble. Sara Montiel reactualiza toda una época casi olvidada ya por pocos y no vivida por muchos.
La trilogía se cumple con su tercera película hispana, en su segunda época, “Carmen, la de Ronda”.
Sara Montiel, que nació en Campo de Criptana, con el nombre de María Antonia Abad, ha conseguido mucho más que un rotundo triunfo artístico: ha demostrado a los muchos que no creían en ella, que por sí sola podía lograr lo que la cinematografía hispana toda no había conseguido en varios lustros: ¡universalizar el cine español!
Y he aquí que ya se ha divulgado la noticia del inmediato rodaje de otra película cuyo éxito se espera anule o eclipse el de todas sus anteriores: “Mi último tango”, que Sara interpretará bajo las órdenes de Luís César Amadori, el que fue su director en “La violetera”.


Con el astro italiano Raf Vallone, en un momento de su segundo gran éxito hispano: "La violetera". 

ATISBANDO POR AHÍ…
Sara Montiel ha iniciado ya –o está a punto de iniciar- el rodaje de su nueva película: “Mi último tango”. Luís César Amadori, el realizador argentino que la dirigió en “La violetera”, es quien lleva la batuta directriz, basándose en un guión de José María Arozamena. 


EL RECORTE CCXXXIII
Los '60 son, para Sara, los años de mayor proyección como estrella, en la concepción clásica del término. Claro ejemplo es el 'súper' homenaje que le regaló su pueblo adoptivo: Orihuela. Así lo recogía Gaceta Ilustrada en su número de 2 de Enero de 1965. 


LA VIDA SIGUE
SARA
y las monjas

Sara Montiel en Orihuela: ha vuelto a su infancia y ha encontrado una entusiástica acogida entre los que la conocieron en su niñez. 

Sara Montiel en Orihuela
Sarita Montiel nació en Campo de Criptana, pero todavía muy niña la llevaron a Orihuela. En el bello pueblo murciano, el padre de Sara estableció junto al río una taberna de vino manchego. Y la pequeña María Antonia Abad vivió en Orihuela diez años de su infancia. Por una jornada, la famosa “estrella” ha vuelto al escenario de estos años. En su intimidad se sentía de nuevo la María Antonia que cantaba alegre “La muñeca de trapo” en su corretear alegre por las calles. Los oriolanos han oído ahora soñar su voz en la ciudad, pero todo tenía una emoción distinta. Porque Orihuela rendía homenaje a la “estrella” que conoció de chiquilla.
Camino de Orihuela, Sara Montiel se detuvo en Murcia para hacer una visita a la Virgen de la Fuensanta. Para ella eran caminos bien recordados: los transitó muchas veces de chiquilla. También su primera visita en Orihuela fue para la Virgen de Montserrat. Acudió a orar en su camarín, donde depositó unas flores. Hizo su entrada en la ciudad bajo el repicar de las campanas y el estallido de los cohetes. La rodeaba la multitud entre aclamaciones. Sara está habituada a estos tumultos, pero éste tenía una dimensión distinta. Entre las voces que la vitoreaban reconocía a algunas que le eran familiares. Incluso muchos la llamaban María Antonia, como entonces.


Sarita, acompañada de su esposo, charla con don Felipe Arche, gobernador civil de Alicante. 


Hay siempre una honda emoción al retornar a los lugares de juventud. Sara está ligada a estas tierras de Orihuela. En su cementerio tiene enterrado a su hermano. La visita en vísperas de la Navidad poseía un entrañable latido. Escoltada por el vecindario llegó al Ayuntamiento. El alcalde, señor Cartagena, le entregó una placa de oro que perpetúa el homenaje de la ciudad. Sara tuvo que asomarse al balcón para saludar a los que la ovacionaban.
Vino luego el acto más emocionante de la estancia. Sara acudió a visitar a las monjas dominicas de clausura. Hizo el mismo camino que tantas veces recorrió de niña. Las monjitas aguardaban en grupo tras la celosía de la clausura. Y a su través, Sara Montiel cantó “La violetera”. No había piano, ni orquesta que la acompañara, pero la canción tuvo una conmovedora resonancia. Sara entregó su regalo a las monjitas. Ellas la obsequiaron con sus pasteles de gloria confeccionados en la clausura.


Sarita canta "La violetera" para las monjas dominicas de clausura. 

Los oriolanos también escucharon su voz. En el Teatro Circo se estrenaba “Samba”, su última película. Una función a beneficio de la Centuria Romana, una cofradía de abolengo en la célebre Semana Santa de Orihuela. Después de la proyección, Sara cantó en el escenario. Por la noche paseo por la ciudad, besó a los niños, acarició a viejecitas que la habían conocido de chiquilla, comió el arroz con costra que le era familiar. En todas partes una escolta de voces cariñosas y admirativas. La Tuna del Oratorio Festivo la nombró su madrina y en su honor interpretó sus alegres canciones entre el flamear de las capas. María Antonia Abad ha vuelto a la Orihuela de su infancia, sólo que ahora traía su fama bien ganada.

Fotos: CALDERÓN


LA FOTO CCXXXIII


Otra instantánea de Simón López que perpetúa la impresionante belleza de la actriz al comienzo de los años 60. 

sábado, 20 de septiembre de 2014

CLIMA - 11 de Enero de 1958 - España


NUESTRA PORTADA
Sarita Montiel ocupa una vez más la portada de nuestra revista. La guapísima actriz acaba de empezar el rodaje de “La violetera” y ha tenido la gentileza de enviarnos, con algunas fotos de cinta, este magnífico primer plano. Por otra parte, hemos de consignar el éxito que ha tenido la publicación de su biografía en nuestras páginas. Sarita Montiel está de moda. Justificadísimo. Porque además de guapa es una excelente artista.

 SARITA MONTIEL
CUENTA SU VIDA
María Antonia Abad se convierte en Sara Montiel. – “Yo era una niña muy repipi”
En los trenes que llegan a Madrid desde todos los puntos de España no sólo viajan novios de provincias, hombres de negocios y alcaldes de pueblo que traen en un papelito anotadas las gestiones que piensan realizar en ministerios y despachos. En los trenes que llegan a Madrid cada día viene una niña, con un lazo tieso –como una gran mariposa disecada en lo alto de la cabeza-, de la mano de su madre o un muchacho que viaja solo y a solas con sus pensamientos y que de vez en cuando silba suavemente una alegre, ingenua e intrascendente cancioncilla.
Nadie se detiene a mirar los millares de esos muchachos que inician la aventura de su vida en la capital como si apostasen todo cuanto tienen a un solo paño y de una única jugada.
Cada mañana o cada noche se inician una, dos, tres… ¡quién sabe cuántas pequeñas historias!


Desde el muchacho que salta del estribo de un departamento abrazado a un violín, hasta la niña que lleva bajo el brazo un método de solfeo de Eslava.
Un día, hace todavía muy pocos años, una niña de medias blancas con borlas y ojos muy vivos entró por la Gran Vía como llega un creyente a La Meca.
-Mamá, fíjate cuántos cines. ¡Aquí sí que no se pueden ver todas las películas en un día!
La niña había llegado aquella misma mañana de Orihuela para participar en un concurso de canciones organizado por Cifesa en el Retiro.
-Me vistieron con un traje negro de terciopelo y al adelantarme hacia el público tropecé y me caí; entonces yo me levanté muy seria, como si eso de caerse fuese costumbre, me sacudí las manos y canté mi cancioncita, la que me llevaba mejor sabida.
-¿Y que cantó usted, Sarita?
-Aquello de “la morena de mi copla”. ¿No sabe usted cuál? Dice: “Julio Romero de Torres pintó a la mujer morena…” Éramos treinta concursantes. Como se podrá ver había mucha competencia.
La niña que había venido de Orihuela casi casi con un melón debajo del brazo se ganó el primer premio del concurso de canciones.
-¿Cómo te llamas niña? –le preguntó Bobby Deglané ante los micrófonos.
-María Antonia Abad Fernández.
-¡Qué bonito nombre! ¡Pero si tienes nombre de reina! ¿Y de dónde eres tú?
-De Campo de Criptana, pero vivo en Orihuela.
-Muy bien; perfectamente. Aquí tenemos la más esperanzadora promesa artística de la provincia de Ciudad Real, donde tan buenos amigos conservo.
Fue avisado el padre de la muchacha para firmar el contrato que le ofrecía la casa productora Cea, que consistía en costear durante un tiempo determinado los gastos de estudio en Madrid.
-La subvención consistía en quinientas pesetas mensuales, que entonces era una cantidad considerable, y una institutriz para que me acompañase, ya que mi padre requería cuidados porque ya estaba algo enfermo y mi madre había tenido que volver a Orihuela.

LA VIOLETERA
Estamos en los Estudios Cea, donde se está rodando “La Violetera”. Sarita está sentada ante un velador de mármol, en un “music-hall” de principios de siglo.
Enrique Herreros habla con la madre de Sarita Montiel, que está sentada en una silla plegable. Es una dama de buen empaque.
-Enrique, ¿cómo se llama este sitio en la película?
-Salón Bolero.
-¡Qué mono!. ¿verdad? ¡Salón Bolero!
En el Salón Bolero hay unos corredores a modo de palcos en cuyas balaustradas se apoyan los caballeros del cuello alto y las castizas de mangas de jamón. Están terminando la toma.
-Sarita, que no te retires porque te vamos a hacer fotografías.
-¡Que no quiten la luz!
-Pero, hombre, acérquese usted más, que parece que me tiene usted miedo. Así, como que estamos hablando, ¿no es verdad? ¡Diga usted que sí!
Al fondo del estudio están hacinados decorados que han utilizado o que van a utilizar. Enrique Herreros ha conseguido, para que podamos hablar cómodamente, dos sillas plegables junto a una estufa eléctrica.
Lleva Sarita un vestido verde de larga cola, con un jubón de terciopelo negro. Su doncella, al pasar, le ha colocado un chal azulenco con bordados de hilo de plata.
-Bueno, pues con aquellas quinientas pesetas con que me subvencionó Cifesa me quedé en Madrid para ir al Conservatorio. Allí estudié declamación con doña Anita Martos, hija del ministro don Cristino Martos.
-¿Y qué hacía usted, Sarita, además de estudiar declamación con doña Anita Martos?
-Iba al cine. Bueno, mejor podría decir que vivía en el cine. Me llevaba un bocadillo de jamón y me llenaba los bolsillos del vestido de pipas.
Benito Perojo habla en francés con un viejo actor. Sarita firma fotografías para sus compañeros de reparto.
-Sarita, que vamos a empezar.
Sarita se desprende del chal al pasar. Pisa el pitillo. Salta tubos de goma y se agacha, escabulléndose como un gato entre los trípodes de dos enormes focos.
Desde la cámara a la nariz de Sarita extienden una cinta métrica; luego le arriman un enorme fotómetro.
Un muchacho les grita a los figurantes de los cuellos altos y las mangas de jamón.
-Aprovechen a fumar, señores; saquen los pitillos y muevan los labios, pero sin hablar.
El muchacho reparte cigarrillos “Peninsulares”.
La “script”, con un sueter azul, un pañuelo anudado al cuello y unos estrechos pantalones de franela se acerca al plató con su guión acribillado de anotaciones en rojo.
Benito Perojo dialoga con un grupo de actores.
El de la chaqueta sale con su cartel y dice, poniéndoselo delante de su nariz, a Sarita Montiel:
-Violetera, 506 y 507, segunda.
Una vez dicho esto, es de la chaqueta se agacha y sale arreando. El director del film, Amadori, con el bolsillo de la chaqueta lleno de estilográficas y lápices de plata, grita:
-¡Silencio, cá… ma… ra…, rueden!
La toma dura pocos minutos. Un tipo pequeñín, desde el fondo del estudio lanza bocanadas de incienso.
-¿Se ha fijado usted que huele a catedral?
-¡Claro, hombre, es que están incensando! Así se produce el ambiente cargado del “Salón Bolero”. Sí se produjese humo de verdad no habría quien parase aquí.
Vuelve Sarita a abandonar el plató.
-Yo era una niña muy repipi. Cifesa me mandó a Barcelona para hacerme unas pruebas. Juan de Orduña fue quien me dirigió. Recuerdo que por primera vez en mi vida me pintaron las uñas para aquellas pruebas. Yo no sabía lo que era pintarme nada. No veas, Enrique, cómo me aproveché. Me ponía las manos en la cara y en el cuello y llené todas las pruebas de manos. ¡No faltaba más! ¡Tenía que lucir mis manos! Las pruebas las hice declamando “La santa virreina” de Pemán.


Un pitillo para Sarita. Estamos otra vez sentados.
-Cuando regresé a Madrid me llevaron a casa de Gyenes para hacerme unas fotografías. Gyenes llamó por teléfono al director Ladislao Vajda, y le dijo: “Vente por mi estudio, que está aquí una muchacha que quizá te interese para la película”.
Fue Vajda al estudio. Vio a la muchacha. La película que iba a rodar se titulaba “Te quiero para mí”.
-El papelito era muy gracioso, de colegiala traviesa. Eso me iba muy bien, porque yo era muy repipi y muy avispada.
La revista “Semana” publicó en la portada una de las fotografías de Sarita hecha por Gyenes.
-Era una fotografía que yo creía de mujer fatal. Me había puesto un escote así, de dos deditos, y a mí me parecía que quedaba muy vampiresa. ¡Pobrecita de mí! La fotografía apareció con el nombre de María Alejandra.
Filmófono preparaba “Empezó en boda”.
-Enrique Herreros vio la fotografía de “Semana”… Herreros se ríe.
-Yo creí que se trataba de una muchacha mayor, por lo menos de veinte años. La mandé llamar a mi despacho, y cuál no sería nuestra sorpresa al ver que era una niña con calcetines y trenzas, con una cara de colegiala…
-¡Pobrecita de mí, Enrique! ¡Si es que de verdad era una niña! ¡Cómo no iba a llevar trenzas si debía tener catorce años!
-Nosotros de dijimos: “Bueno, niña: vete a casa, di que te vistan de mujer y vuelve”.
-¡Ya lo creo que me vestí de mujer! Fui a casa, cogí un vestido de terciopelo de la señorita de compañía, me puse tacones y me peiné así para arriba: ¡Qué vampiresa me encontraba yo!

COMO CAMBIO DE NOMBRE
Enrique Herreros le dice a Sarita que me cuente cómo empezó la competencia de Sarita Montiel.
-Eso fue una cosa muy bonita tuya, Enrique. Estaba yo rodando en Aranjuez –explica Sarita, dirigiéndose a mí- cuando llegó Enrique muy serio y me dijo: “Oye, niña, ya no eres la estrella más joven. Ha salido estos días una estrella de la que se hablará mucho”. Yo me quedé muy preocupada. Entonces Enrique me dijo: “Esa estrella que ha surgido se llama Sarita Montiel y ha nacido en Campo de Criptana”. Desde entonces me llamé Sarita Montiel.
Los figurantes forman grupos en el estudio, aguardando el aviso de rodaje. Se han puesto el abrigo y algunos se sientan donde pueden.
-Sarita, ¿qué hacía usted en Madrid con su señorita de compañía?
-Vivir en el cine, como le decía. No salía del Voy del Muñoz Seca. Me llevaba la merienda, y ya se podía hundir el mundo… Iba todos los días al Conservatorio, a mí clase de declamación. Doña Antia Martos me decía: “Pero niña, si con ese acento de la provincia de Ciudad Real no puedes salir a la escena”. Entonces me llenaba la boca de piñones y me gritaba: “Ahora habla, criatura! ¡Vamos, habla!” Así fui dejando de comerme las eses.
En Orihuela se habían quedado los hermanos mayores de la muchacha, rezongando de que quisiese ser estrella de cine.
-Mis hermanos no querían ni que me acerase al cine. Los he tenido siempre de enemigos, porque soy la pequeña de la casa, y ¡ya sabe usted!
La “script”, con un sueter azul, un pañuelo anudado al cuello y unos estrechos pantalones de franela se acerca al plató con su guión acribillado de anotaciones en rojo.
Benito Perojo dialoga con un grupo de actores.
El de la chaqueta sale con su cartel y dice, poniéndoselo delante de su nariz, a Sarita Montiel:
-Violetera, 506 y 507, segunda.
Una vez dicho esto, es de la chaqueta se agacha y sale arreando. El director del film, Amadori, con el bolsillo de la chaqueta lleno de estilográficas y lápices de plata, grita:
-¡Silencio, cá… ma… ra…, rueden!
La toma dura pocos minutos. Un tipo pequeñín, desde el fondo del estudio lanza bocanadas de incienso.
-¿Se ha fijado usted que huele a catedral?
-¡Claro, hombre, es que están incensando! Así se produce el ambiente cargado del “Salón Bolero”. Sí se produjese humo de verdad no habría quien parase aquí.
Vuelve Sarita a abandonar el plató.
-Yo era una niña muy repipi. Cifesa me mandó a Barcelona para hacerme unas pruebas. Juan de Orduña fue quien me dirigió. Recuerdo que por primera vez en mi vida me pintaron las uñas para aquellas pruebas. Yo no sabía lo que era pintarme nada. No veas, Enrique, cómo me aproveché. Me ponía las manos en la cara y en el cuello y llené todas las pruebas de manos. ¡No faltaba más! ¡Tenía que lucir mis manos! Las pruebas las hice declamando “La santa virreina” de Pemán. 


"Los guiones, con bombones, saben mejor", parece decir Sarita Montiel.

Otra vez llaman al plató. Corren los figurantes, componiéndose la indumentaria. Encienden los pitillos.
-Sarita, cuidado con la cola del vestido, que la vas arrastrando y esto está perdido de polvo.
Sarita va hacia el plató. Enrique Herreros entra en el estudio con una bufanda liada al cuello y un traje marengo.
-Si queréis acercaros a Madrid, os llevo.
Aceptamos; pero apenas si puede uno sentarse en el coche.
-Sentaros sobre las cartas, es igual.
Cientos de cartas dirigidas a Sarita Montiel.
-Son de aficionados que escriben pidiendo fotografías y autógrafos. Algunos hasta se declaran y todo. Por Dios, no piséis ninguna que hay que contestar a todos…
El coche va lanzado por la autopista de Barajas. Herreros está muy impresionado con el color del cielo.

(Es un reportaje de Agencia FIEL).
(En el próximo número, III capítulo).



EL RECORTE CLXXXVI
En el Otoño de 1997, la revista Lecturas elegía a varios famosos para que dijesen cuál era su ciudad favorita. Nuestra estrella, recordando el estreno de "La violetera", evocaba Toledo como ese lugar en el que siempre le gustaba perderse. 

LOS FAMOSOS NOS PRESENTAN SUS CIUDADES FAVORITAS
Para algunos es su ciudad natal, para otros no. Pero, en cualquier caso, es el lugar donde les gusta “perderse” siempre que pueden.
SARA MONTIEL:
“Estar en Toledo es como estar en mi casa”

Con la ciudad a su espalda, Sara recuerda sus visitas de niña  y el estreno en ella de "La violetera".

Toledo, la imperial Toledo, erguida en medio de la llanura que rodea al Tajo, es la ciudad preferida de Sara Montiel. La famosa manchega de Campo de Criptana hablaba ya en los años cincuenta a Clark Gable,  a James Dean y a Gary Cooper de esta ciudad sin igual. Nunca había desvelado Sara que un día Clark Gable le hizo una confesión: “Me confesó que tenía unos parientes en Nueva York, de origen judío sefardita, cuyos antepasados habían tenido casa en Toledo, cerca de la Gran Sinagoga, y aún conservaban las llaves”.
SARA HA VUELTO A TOLEDO ENCANTADA
Sara ha vuelto encantada a la ciudad donde, en el sigloVI, los reyes visigodos establecieron su corte convirtiéndola en capital política y religiosa del reino. “Me siento orgullosa de esta capital imperial que el mundo entero reconoce como propia”. Recuerda Sara sus primeros viajes a esta ciudad con su familia. “Y tengo recuerdos maravillosos de mis actuaciones aquí. Estar en Toledo es como estar en mi casa. Por ejemplo, recuerdo el estreno “La violetera” en el Teatro Rojas, que entonces era un cine. Se produjo un desmadre tan impresionante que tuve que refugiarme en una casa…”.


Sara, ante una entrada de la muralla. "A esta ciudad el mundo entero la reconoce como propia". 

TOLEDO, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD
Considerada una segunda Jerusalén en el siglo XV, Toledo fue un modelo de convivencia de judíos, musulmanes y cristianos y Carlos V la convirtió en capital imperial. Sus tesoros de todas las tendencias artísticas imaginables hicieron  que la ciudad entera fuera declarada Patrimonio de la Humanidad. “Siempre que recibo a mis amigos extranjeros les llevo a Toledo”, asegura Sara Montiel.



Reportaje realizado por Europa Press


LA FOTO CLXXXVI


Bellísima en "La violetera".