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sábado, 12 de enero de 2019

PRIMER PLANO - 23 de Junio de 1.957 - España


La diva aparece solo en la portada. Este es el texto que acompaña:
SARA MONTIEL. La bellísima y magnífica intérprete de "El último cuplé" ha firmado un importante contrato con el productor Benito Perojo para cuatro películas, siendo la primera "La violetera", bajo la dirección de Luís César Amadori (Foto Ibáñez)


EL RECORTE CCCXI
Número dos de la biografía que le dedicó la revista Mucho Más en Enero y Febrero de 1.991. 

Serie –DETALLES ÍNTIMOS DE SU VIDA – Capítulo 2
SARA MONTIEL
DE NIÑA POBRE A FULGURANTE ESTRELLA
Del éxito en México a la llamada de la
 Meca del cine

La deslumbrante belleza de Sarita hizo que le llegaran contratos de Hollywood y trabajar con los grandes del cine. 

En 1944, Sara Montiel, con apenas 16 años, llegó a Madrid dispuesta a ganar el concurso de cantantes infantiles organizado por Cifesa, la famosa productora de cine. Estaba muy nerviosa, pues era la primera vez que iba a actuar delante de personas entendidas, pero la fortuna y su preciosa voz estaban de su parte. Vestida con un traje largo de color rosa, el primero que le hacían, interpretó La morena de mi copla y deslumbró al jurado. “Gané el primer premio –recuerda Sara-, que consistía en unos cursos de declamación que impartía doña Anita Marcos y un premio en metálico de 500 pesetas mensuales, que naturalmente envié a mis padres”.
Tras el concurso de Cifesa, la suerte de María Antonia Abad estaba echada.
Como una Cenicienta moderna
Era todavía una niña, pero los productores cinematográficos no tardaron en llamarla. Ladislao Vajda la contrató para hacer de jovencita rebelde en Te quiero para mí, trabajo con el que ganó 2.500 pesetas, una millonada en aquellos tiempos. Sarita, que entonces todavía se llamaba María Antonia, se sentía como una Cenicienta moderna.
Se instaló en la casa de sus amigos José Ángel Ezcurra y Pura Carrillo y, con ayuda de ellos, luchó por abrirse camino. Envió fotografías a estudios de cine, de radio, de publicidad… “Un buen día –dice Sara- me llegó una oferta de trabajo de la productora Filmófono. Había salido un reportaje mío en la revista Semana y querían conocerme. ‘Si es como aparece en las fotos, nos sirve’, dijeron los de la productora. Desde luego, yo era la misma de la revista, aunque por poco no me dan el papel por ser menor de edad”. La película se tituló Empezó en boda y compartía cartelera con Fernando Fernán Gómez. “No se me olvidará nunca. Me llevaron al gabinete de belleza de Rosa Zavala. Me tiñeron el pelo de rubio, me enseñaron a vestirme…”
El filme se estrenó en octubre de 1944, tuvo buena aceptación y, además, contribuyó a dar fama a la joven estrella.
“Por mi participación, gané 7.000 pesetas, que gasté en regalos a mi familia”.
Después de Empezó en boda, Enrique Herreros se convirtió en su representante. “Él me bautizó como Sarita Montiel. Mientras ojeaba una Biblia me dijo que me apellidaría Montiel, por los campos donde había nacido, y de nombre, Sara”.


En la mítica Veracruz, de Robert Aldrich, tuvo como compañero de reparto al galán Gary Cooper. Para Sara Montiel fue como un sueño. 


Junto a Jorge Mistral en Locura de amor, un filme del que guarda ingratos recuerdos. En su rodaje, Sara enfermó de tuberculosis. 

Enferma de tuberculosis
Conocida ya por el nombre artístico de Sara Montiel, la actriz desempeñó numerosos papeles en películas como Mariona Rebull, Don Quijote de la Mancha, Confidencias o Locura de amor, sin duda la más famosa.
Sin embargo, a pesar del éxito de este filme, en el que trabajó con Fernando Rey y Aurora Bautista, Sara no se llevó un buen recuerdo de él. El rodaje se realizó en Burgos, en pleno mes de enero. Las temperaturas eran bajísimas y el director ordenó que los actores tuvieran hielo en la boca para que no se les notara el vaho. Esta medida hizo que todo el equipo contrajera unas fuertes anginas. Pero en el caso de Sarita fue peor. Con un historial médico repleto de gripes, resfriados y problemas respiratorios, la joven actriz enfermó de tuberculosis. Ingresó en el sanatorio madrileño de San Rafael y allí permaneció un año entero. “Parecía que la vida se me había terminado –recuerda Sara-, mis ilusiones como actriz, todo se me caía por el suelo en aquel año. Además, la película fue un gran éxito para Aurora, pero no para mí. Las críticas ni siquiera me nombraron”.


En México, rodó Cárcel de Mujeres, un título en el que Sara tuvo que demostrar su valía como actriz dramática. Lo consiguió plenamente. 

A la conquista de América
Quizá no recibió ninguna crítica, ni positiva ni negativa, pero el público se quedó prendado de su rostro. Pedía a gritos su presencia en las pantallas. Además, en aquella época de desesperación contó con el apoyo de personalidades como el escritor Miguel Mihura, que se convirtió en su Pigmalión. “Yo no era una chica con cultura, ni siquiera tenía los conocimientos suficientes para desenvolverme en el medio que había elegido. Mihura fue el primero en ayudarme intelectualmente. Me aconsejó sobre los libros que debía leer y luego me alentó a viajar a México”. Sara siguió al pie de la letra los consejos del dramaturgo.
En 1950, recibió una invitación del gobierno mexicano con motivo de la celebración de las Fiestas de la Primavera. Aceptó de inmediato. “Mi madre me acompañó. Los mexicanos me trataron muy bien. Primero, me surgieron dos películas y luego muchas más. Recuerdo especialmente Cárcel de mujeres, El enamorado, La furia roja y Piel canela, que fue la que me dio mayor popularidad y la que me abrió las puertas de Hollywood”.
Tras convertirse en la actriz favorita del cine mexicano, Sara decidió dar el gran salto a los Estados Unidos. No le resultó difícil. Allí habían proyectado Piel canela, y público y profesionales del medio quedaron entusiasmados con aquella muchacha de aterciopelados ojos negros.


Una escena de Serenade, con Joan Fontaine y Vincent Price. Sara Montiel, ya estaba a la altura de las grandes estrellas de Hollywood. 

Pareja de Gary Cooper
Al poco de llegar, la United Artist, productora con la que trabajaban actores como Gary Cooper o Burt Lancaster, le ofreció un contrato muy sustancioso. Con ella rodó tres grandes películas: Veracruz, de Robert Aldrich, con los intérpretes antes mencionados; Yuma, bajo la dirección de Sam Fuller y junto a Rod Steiger, y Serenade, de Anthony Mann, con Joan Fontaine y Vincent Price. La experiencia no pudo ser más positiva. “Cuando me llamaron de Hollywood para hacer Veracruz probaron conmigo a otra muchacha. Sin embargo, la rechazaron y me eligieron a mí. Aquella chica se llamaba Shirley MacLaine.” Sara Montiel estaba en la cumbre de su carrera y llena de sueños para el futuro. Alejados los recuerdos de la tuberculosis y del desdén en la crítica de cine española, Sarita volvió a sentirse Cenicienta. Mientras, en España empezaron a oírse rumores del éxito de la actriz en Hollywood. Hubo quienes se mofaron de ellos, pero fueron los menos. En realidad, el público ya la adoraba y pedía su vuelta para permitirle lo que ella deseaba: destacar en su tierra.


Paloma Escario
Efe/Reportajes
Próximo capítulo: Su primer matrimonio: con Anthony Mann


LA FOTO CCCXI


Durante su época norteamericana en una joyería. 

domingo, 9 de julio de 2017

ALTEROSA - Agosto de 1.957 / Primera quincena - Brasil


La diva aparece únicamente en la portada.


EL RECORTE CCL
A su muerte, producida el 8 de Abril de 2013, la revista Fotogramas, en su número de Mayo de 2013, le dedicaba esta reseña - homenaje a la actriz.



HOMENAJE 1928 – 2013
SARA MONTIEL
ESA MUJER
Fue una pionera en Hollywood, sí, y reventó taquillas cantando cuplés, también. Pero, por encima de todo, Sara Montiel fue una mujer adelantada a su tiempo, una superestrella en mayúsculas. La homenajeamos a partir de las entrevistas que nos concedió.

La modestia nunca se contó entre las virtudes (o, según se mire, los defectos) de María Antonia Abad Fernández. Soy una estrella, nos decía en una entrevista a FOTOGRAMAS en verano de 1975. Soy un mito en España y fuera de España. Es una grandísima responsabilidad para mí, claro. ¿Que qué es ser estrella? Pues tener una gran personalidad, eso es ser estrella: tener una grandísima personalidad. La que la empujó a emigrar a México cuando solamente era una aspirante a celebridad en un cine español marcado por las producciones de época y las comedias de teléfonos blancos. La misma personalidad que le permitió compartir protagonismo con Gary Cooper y Burt Lancaster cuando en Hollywood apenas eran capaces de situar en el mapa la Península Ibérica. Fue una pionera, cierto, y la actriz mejor pagada de su época. Y supo mantener después su aura: cuando se percató que su carrera cinematográfica languidecía, se reconvirtió, mantuvo el personaje de divina que se había creado durante décadas y nunca perdió cierto cariño popular, pese a los desmanes de su (en ocasiones ridícula) presencia en las portadas de prensa rosa.


ESTRELLA DE NUESTRAS PORTADAS
Una selección de las 11 portadas de nuestra revista que Sara Montiel protagonizó, desde julio de 1954 (compartida con Gary Cooper, su partenaire en 'Vera Cruz'). La actriz dejó constancia de la categoría de superestrella que atesoraba en aquella España de la posguerra.

No en vano, María Antonia, o Sara Montiel desde que así la bautizara su casi eterno representante, Enrique Herreros, siempre fue consciente de su poder y magnetismo. Manchega de Campo de Criptana (Ciudad Real), donde nació (oficialmente, porque su fecha de nacimiento siempre se puso en cuarentena) el 10 de marzo de 1.928, la futura diva fue descubierta por uno de los mandamases de la productora CIFESA cuando cantaba en una procesión de Semana Santa en Orihuela, donde su familia se había trasladado. Tras un breve y mínimo proceso de aprendizaje, saltó al ruedo en Te quiero para mí (Ladislao Vajda, 1944) y, tras films como Se le fue el novio (Julio Salvador, 1945), Mariona Rebull (José Luís Sáenz de Heredia, 1947), o, sobre todo, Locura de amor (Juan de Orduña, 1948), Sarita vio en México la oportunidad de crecer. Yo era una joven con ganas de abrirse camino, escribía en nuestras páginas a principios de los 70. Me fui en busca de mis Américas sin más bagaje que una pequeña maleta, la compañía de mi madre, la promesa de un contrato y todo un mundo por delante.


PRIMERA PARADA: MÉXICO
Hasta 11 largometrajes (todos dramáticos, encarnando a mujeres malas o desgraciadas. Folletines, melodramas, a los que debo el curtirme en el trabajo en los platós y ser el trampolín que me permitió dar el salto a Hollywood) rodó en su estancia mexicana. Fue un periodo artísticamente discutible pero en el que se codeó con la flor y nata de la alta cultura: Pude introducirme en el mundo de aquellos intelectuales (los Neruda, León Felipe, Alfonso Reyes o Nicolás Guillén). Siempre me decían que si estaba calladita me dejarían estar presente en sus tertulias, nos escribía.
Sara empezaba a tenerlo claro: Mi marcha a México fue muy beneficiosa, nos explicaba en una entrevista en 1957. Allí no pasé inadvertida. El artista no debe tener fronteras. ¿Resentida con el cine español? Al contrario: aquí me lanzaron y en México me reconocieron. Tanto que la llamaron desde Estados Unidos, a donde acudió para robar plano con su belleza racial a dos primeras espadas como Gary Cooper y Burt Lancaster en la estupenda Vera Cruz (Robert Aldrich, 1954).
Los dos eran simpatiquísimos, contaba en FOTOGRAMAS durante la filmación de su siguiente film norteamericano, Dos pasiones y un amor (Anthony Mann, 1956). En esa entrevista también se confesaba, a medias, sobre su vida privada: Amo este país porque aquí he encontrado mi destino. No puedo decirle nada más. Es un americano, un hombre, magnífico. Le gustará a usted, no es actor. Yo estoy loca por él. No es alto ni guapo, pero es único. Él ha estado casado ya, pero será la primera vez que yo lo haga, la primera y la última. Sara se refería a su director, pero erró en sus previsiones: Mann sería solamente el primero de sus cuatro maridos.
LA GLORIA DE LA CUPLETISTA
El periodo yanqui de la Montiel se redondearía con otro western, Yuma (Samuel Fuller, 1957). Pero unas vacaciones en España cambiarían su destino: su amistad con el realizador Juan de Orduña la llevó a aceptar participar en un drama musical de bajo presupuesto, El último cuplé (1957). El resultado fue un inesperado éxito estratosférico (el film estuvo más de un año en las carteleras de los cines de estreno; en los pueblos se fletaban autocares que llevaban al público hasta localidades mayores donde se proyectaba la película), condicionado y beneficiado por una coyuntura que había dejado a los espectadores españoles sin cine norteamericano (por un boicot al gobierno franquista de la MPAA, que asociaba a los grandes estudios de Hollywood). Para la actriz, supuso un contrato millonario y la tan perseguida condición de superstar en su tierra.
Si la jugada le salió redonda a nivel económico y de impacto popular, lo cierto es que sus trabajos siguientes en la gran pantalla acabarían repitiendo hasta la saciedad la fórmula. Los dramas trufados de canciones se repetían, y la Montiel veía aumentar fama y beneficios monetarios. Pero su carrera se estancaba, aunque ella no compartiera esa visión: No creo haberme encasillado; en todo caso me habrán encasillado, nos decía años después, durante el rodaje de Cinco almohadas para una noche (Pedro Lazaga, 1974), la que sería su última película oficial (en 2011 volvería al cine interpretándose a sí misma en Abrázame, de Óscar Parra de Carrizosa). Que me den un  buen guión, sin canciones y lo haré, haga de vieja, de joven, de buena o de mala; llorar o reír… No estoy totalmente de acuerdo en lo de estar encasillada, pero en todo caso la elección ha sido de parte de los productores, de los señores que ponen el dinero para hacer una película. Y hasta ahora no he arruinado, como otros, a ninguno. A mí me contratan para cantar y canto.


Y es que la trayectoria de la actriz durante la segunda mitad de los años 50 y la década de los 60 vino inequívocamente marcada por el bombazo de El último cuplé. El público quería verla sufriendo, amando y cantando. Y ella, y los avispados productores que la contrataban, se dedicaron a explotar el filón: de La violetera (Luís César Amadori, 1958) o Carmen la de Ronda (Tulio Demicheli, 1959) a La Dama de Beirut (L. Vajda, 1965) o Esa mujer (Mario Camus, 1969), pasando por La reina del Chantecler (Rafael Gil, 1962) o Noches de Casablanca (Henri Decoin, 1963). Sara Montiel sabía lo que querían de ella, y no tuvo reparos en ofrecerlo una y otra vez.
Mis películas son fabulosas porque consiguen que el público pase dos horas bárbaramente, nos decía en una entrevista publicada a principios de los 70. Y, encima, tienen al frente a una señora muy importante que siempre está rodeada de señores estupendos, cosa que busco pensando en las mujeres. Es lógico que ellas se regalen la vista, como los señores hacen conmigo. La mujer también tiene derecho a disfrutar visualmente. Ya que la censura no nos deja hacer cosas más importantes…
Todo un discurso de modernidad, en el que declaraba su perpetua batalla contra las prohibiciones que, en los últimos estertores de la dictadura franquista, todavía se resistían a desaparecer. España puede competir con cualquier país en cuanto a gente: tiene maravillosos escritores clásicos y modernos, lo mismo ocurre en la pintura. Lo que pasa es que todos, y sobre todo yo, tropezamos con la censura, que nos corta las alas. Si hubiera una censura más amplia, una libertad mayor, asombraríamos al mundo entero, sostenía en 1975. Y es que la carnalidad de la Montiel abrió la espoleta del erotismo a un más bien casto cine español que no supo cómo parar la sensualidad que la artista desbordaba.


SARITA EN HOLLYWOOD
Además de rodar tres film, Sara se codeó con la flor y nata del cine USA.
1, 2 y 3. En el set de ‘Gigante’ (George Stevens, 1956): con Taylor y Armando del Moral (periodista que creó los Globos de Oro), y con James Dean en las últimas fotos en vida del mítico actor.
4. En el plató de ‘Ellos y ellas’ (Joseph L. Mankiewicz, 1955), con Marlon Brando, amigo del matrimonio Mann-Montiel, al que solía preparar huevos fritos.
5. Con Henry Fonda.
6. Con Ton, hija de Anthony Mann, y Kirk Douglas.
7.Junto a Alfred Hitchcock.

ESTRELLA CON PERSONALIDAD
En cualquier caso, y volviendo a su carrera cinematográfica, Sara Montiel se defendía con uñas y dientes de las malas críticas: Si en mi carrera salió algún petardo fue inconscientemente, lo juro, publicábamos en un número especial de FOTOGRAMAS casi íntegramente dedicado a la estrella, firmado por Terenci Moix en 1971. Siempre trabajo con toda la ilusión. No me canso de aprender, decía.
La actriz continuaba, orgullosa de su estatus, y haciendo gala de su falta de modestia: ¡Soy una vedette! ¿Mis películas dan o no dan muchos millones de pesetas? Son las que más dinero dan… ¿Que dicen que soy la estrella de los líos? ¡Será porque soy Sara Montiel! ¿Es que no sabían lo que yo gano? Soy, con Liz Taylor, Sophia Loren y Marlon Brando, la figura más cotizada del mundo. La Taylor y la Loren, estrellas con las que le encantaba compararse. A principios de los 70, afirmaba, un punto provocadora: Soy más fotogénica y mucho más bella que Sophia. Ella mide 1,73 y yo estoy en 1,68. Porque por delantera somos primas hermanas… Y tan fotogénica como Liz, pero menos bella.
Y en otra charla con FOTOGRAMAS, en verano de 1975, mantenía: Liz Taylor no necesita cantar en sus películas. Claro, he hecho cosas a veces que no me gustan mucho. También nos podemos equivocar. Mira los errores que ha tenido Sophia Loren últimamente: quitando Los girasoles (Vittorio De Sica, 1970), ha hecho cinco películas seguidas de esas que no se pueden ver, que yo he pasado una vergüenza espantosa viéndolas. Y te nombro a señoras a las que les han servido todo en bandeja de plata, aquí y fuera de España. ¿Yo? Ni de plata, ni de cobre, ni tan siquiera bandeja. A mí me ha costado mucho, y me cuesta, llamarme Sara Montiel.
En esa entrevista, la actriz, cuya relación con la industria del cine español nunca fue fluida, seguía explicitando su malestar por el reconocimiento que se le dispensaba en su propio país: En otros lugares se cuida a las estrellas con amor. Y aquí se tira a degüello. Tengo miles de ofertas, las que quiera, de México, Rumanía, Checoslovaquia… Y no quiero. Aquí me quedo.
Y se quedó, aunque por poco tiempo: tuvo una desastrosa experiencia en Tuset Street (Jorge Grau, 1968), en la que vivió un serio conflicto con el director (no consiento que Grau ponga a mí público contra mi película, exclamaba, quiere hacerse famoso a costa de mi nombre. Le pagué 600.000 pesetas, cantidad exorbitante para un desconocido como él). Se marchó antes de terminar el rodaje (que finalizó Luís Marquina). Aquí muchos directores tienen miedo de dirigir a Sara Montiel, temen que la personalidad de Sara anule la suya. Y están equivocados, se defendía ella.
Sara Montiel inició los años 70 despidiéndose del cine; apenas rodaría dos films más (quitando su aparición en La Casa de los Martínez, en 1971): Varietés (Juan Antonio Bardem, 1971) y Cinco almohadas para una noche. Los gustos del público habían cambiado, y el Destape y la Transición no dejaban espacio al cuplé. Empezaba la reinvención de la diva.



PARTICULARÍSIMO
1.María Antonia de niña.
2.Con Miguel Mihura, al que conoció con 17 años. En sus memorias dijo: “Fue el primer hombre de mi vida, el primero con el que estuve como mujer”.
3.Su primer matrimonio, con Anthony Mann, duro entre 1957 y 1963.
4.En su segunda boda, con Chente Ramírez Olalla, con el que estuvo casada dos meses (1964).
5.En una sesión fotográfica para FOTOGRAMAS, en tiempos del destape.
6.En sus memorias confesó que en 1951 vivió una relación con el premio Nobel Severo Ochoa, entonces casado.
7.Pepe Tous, su tercer marido (1979-1992) y el hombre de su vida.
8.En 2002 se casó con el cubano Tony Hernández, llenando páginas de la prensa rosa.
9.Con sus hijos, Thais y Zeus, que adoptó con Tous.

LA NUEVA CARA DEL MITO
Su  tercer marido, Pepe Tous (su segundo matrimonio, en 1964, con Chente Ramírez, apenas duró dos meses), fue clave en ese lavado de cara: fue quien le organizó los espectáculos teatrales (como Saritísima) y los conciertos, que junto a los discos (a las grabaciones de sus clásicos cabe añadir trabajos concebidos para la personalidad de la estrella a cargo de fans del pedigrí de Joaquín Sabina o Javier Gurruchaga, en discos como Purísimo Sara o A flor de piel) y la televisión (con programas como Sara y punto o Ven al Paralelo) fueron el nuevo campo de expresión de Montiel.
Fumadora de puros (solía contar que fue Ernest Hemingway quién le dio a probar el primero, en Cuba), Montiel se convirtió en carnaza habitual de la prensa del corazón, sobre todo con el cambio de siglo y a raíz de su boda-montaje con el cubano Tony Hernández. Siempre desafiante (posó desnuda en varias ocasiones, por ejemplo, en una edad en que la mayoría piensa, o vive, en su jubilación), rompedora y libre, casi siempre con capacidad de reírse de sí misma, su actitud la hizo blanco de críticas sangrantes. Pero ella siguió a lo suyo, como recordando las predicciones que nos lanzaba en 1974: ¿Qué cómo me imagino en la vejez? Nunca lo he pensado. Supongo que seré una señora mayor y estaré en el mundo del espectáculo, como empresaria o directora de cine o teatro, buscando obras, promocionando gente. Me veo muy en activo.
Nunca dirigió cine, pero no levantó el pie del acelerador. Hace tres años grabó un videoclip con Alaska. Estuvo perfecta, aguantó casi 20 horas de rodaje y nos tumbó a todos, aseguraba su compañera de filmación. Sara inventó una forma de interpretar, como actriz y cantante. Se hizo un traje a medida, y de alta costura. Guapísima, siempre ha sabido favorecer a la cámara, con ese gesto tan suyo, esa leve inclinación de cabeza que sólo saben hacer ella y las transformistas maravillosas que la veneran.
Adorada por el colectivo gay, la diva fue siempre una adelantada a su tiempo, icono sexual en épocas de vacas flacas y una personalidad apabullante, con la que tuvieron que lidiar empresarios y directores, compañeros de reparto y aquellos fotógrafos que acabaron haciendo famosos los trucos que usaban para mantenerla siempre joven. Se puede ser fea y tener una fotogenia increíble. Y se puede ser guapa y retratar mal. Mi caso es de una fotogenia increíble. ¿Qué les exijo a mis fotógrafos? Que valoren los cambios de luz, que logren para la escena una luz tenue, sin descuidar la cara, nos decía en una entrevista en los años 70. No tengo un lado malo. Generalmente se tiene un tres cuartos mejor que el otro. Le pasa a todo el mundo. El lado izquierdo de mi cara retrata de una manera más bella, más bonita y perfecta. El derecho, sin embargo, retrata joven y con la nariz pequeñita. Me sale una cara menos importante y sofisticada. Es el lado que utilizo para hacer de ingenua.
El 8 de abril, Montiel falleció en su casa madrileña del barrio de Salamanca. Un coche fúnebre recorrió las calles de la ciudad y en Callao proyectaron imágenes de El último cuplé y La Violetera. María Antonia se había ido. Sara, el mito, seguía, sigue y seguirá vivo.

Por Álex Montoya.
Fotos: Archivo de FOTOGRAMAS


LA FOTO CCL


Sara, desde el objetivo de Ibáñez, a fines de los 50. 



sábado, 7 de febrero de 2015

DIEZ MINUTOS - 25 de Agosto de 1995 - España


La internacional manchega, con unos kilos de más
SARA MONTIEL,
¡rebosante!
De vacaciones en Mallorca con sus hijos, se baña y toma el sol en top-less

No hay duda de que es Sara Montiel porque está fumando un puro en cubierta. 

Si hacemos caso al anuncio, no pesan los años sino los kilos. Deben referirse a gente joven y en plena madurez, porque cuando se llega a unas edades, pongamos por caso los 67, además de los michelines, pesan, y mucho, en determinadas partes del físico, las primaveras cumplidas. ¡Ay! si Pepe Tous levantara la cabeza. ¡Qué susto, Señor, qué susto!
Lo ha dicho la propia Sara, más Saritísima que nunca este verano del 95 en Mallorca: “A modo de testamento, Pepe me dejó una carta en la que me decía que no engordara, que no me dejara y estuviera siempre arreglada y que rehiciera mi vida”.


Marejada y fuerte oleaje
Después de lanzarse al agua hasta con las aletas puestas, cambió el clima. Menos mal que antes de que se anunciara marejada y fuerte oleaje, Sara Montiel tuvo tiempo de hacer ejercicio en el mar para perder los michelines que ha acumulado durante el invierno. Seguro que de aquí a septiembre ha perdido, al menos, dos tallas. 



Más dura será la subida
Lanzarse al agua no reviste mayores complicaciones. Lo malo viene después, a la hora de encaramarse al barco por unas escaleras empinadas y estrechas. Una ayudita por favor. Que a Sara se le baja el bañador y del simpático erotismo podríamos pasar a la pornografía. 

Fuera las medias tintas
Por lo visto, la manchega sólo le ha hecho caso en el último punto. Primero mantuvo un extraño “affaire” con Giancarlo Viola y, últimamente, andaba en amores –andaba porque el pollo podría arrepentirse- con Joaquín, ya que a decir de Sara, “él está muy enamorado de mí, pero yo lo considero un amigo”.
Saritísima siempre ha sido una mujer de extremos. Las medias tintas nunca le han gustado. Su trayectoria personal y profesional es un ejemplo. En plena dictadura se declaró socialista, casándose cuatro veces, dos con el mismo marido. Adoptó no uno, sino dos hijos. Hizo películas en España y en el inalcanzable Hollywood. Es actriz, cantante y, si se tercia, presentadora de televisión. Trasladen todo esto a su vida cotidiana y obtendrán como resultado que la Montiel se ponga el mundo por montera y sin recato alguno se despoje de parte del bañador para tomar el sol, aunque el pudor de la edad no lo aconseje. Porque, las cosas como son, si Sara tiene que arreglarse, se pone de punta en blanco. Más sofisticada que nadie. Maquillaje espeso, peluca a juego con el vestido y tantas joyas encima como en el escaparate de Tiffanys.


A Saritísima le sobraba el cruzado mágico del bañador para tomar el sol plenamente.


Una plácida siesta
A los más jóvnes, Thais y Zeus, no había quien los sacara del agua. A los mayores, sin embargo, el cuerpo les pedía siesta. Después de tanta natación, Saritísima se concede a sí misma un plácido sueño reconfortante y reparador. 

Pero todo tiene su lugar y su momento. El lugar para veranear con sus hijos Thais y Zeus, es su Mallorca de tan gratos recuerdos. El momento para tomar el sol, dormir la siesta o bañarse en top-less, cuando una cree que los fotógrafos están lejos de alta mar. Pero resulta que no, que alguno andaba a la caza y captura de famosos y encontró una rebosante Sara Montiel, cuyo parecido con aquella inolvidable india de “Veracruz” es mera coincidencia. No importa. A ella, le da igual. Si en Hollywood fue la musa de Anthony Mann, ahora lo es de Botero.


Agencias


EL RECORTE CCXI
Cierto que la revista Diez Minutos de 1995 hizo que la diva entrase en un litigio con la publicación, pero eso también la llevó a protagonizar su última portada de Interviú con 67 años. En cualquier caso, Sara siempre se tomó a risa casi todo y de sus domingas hizo su bandera. Nunca tuvo pudor en mostrarlas y, en aquellas épocas, reconocerlo. Este breve recorte es de Julio de 1981, Interviú. 


SARA MONTIEL
¡qué mujer!




Aquí está de nuevo Sara Montiel! Sarítisima en todo su maduro esplendor, sin maquillaje y sin rodeos. Tal como es ella entre sus íntimos, tomando el sol como una española más, rodeada de su esposo y de un amigo. Esta es la Sara íntima. Las fotos fueron realizadas recientemente en Mallorca, el exilio dorado del matrimonio Pepe Tous – Sara Montiel, sin colorines, sin la pedrería y el plumaje de las grandes estrellas. Sara, tal cual. Sara, a secas.
Un desnudo turgente, un desnudo que conserva el vigor de la juventud de alma y la madurez de piel. Sara, a todo destape. Ella, sí, la de las “famosas domingas de INTERVIU”. Sin trampas, a pecho descubierto, mostrándonos que Saritísima no hay más que una: la de las playas de Mallorca. Sara, la confiada; Sara, la que se deja fotografiar por sus amigos. Sara, la que no sabe que estas fotos saldrán en INTERVIU. Sara, Sarita, Saritísima… ¡Qué mujer!


LA FOTO CCXI


La sensualidad y erotismo de Sara Montiel nunca necesitaron quitarse la ropa. Mírenla en esta foto de Ibáñez de la promoción de "Mi último tango". 

viernes, 12 de septiembre de 2014

CINE MUNDO - 25 de Mayo de 1957 - España


La diva aparece sólo en la portada. Esto es lo que se dice de ella:
LLEGA SARA MONTIEL
Procedente de Hollywood, ha llegado a nuestra capital, para agradecer personalmente al público y a la crítica la acogida que le ha sido dispensada recientemente por su brillante actuación en "El último cuplé".
Foto Warner Bros


EL RECORTE CLXXXV
"El último cuplé" inmortalizó a Sara Montiel para siempre y sus reposiciones a lo largo de los años siempre contaron con alguna entrevista de la estrella. El 29 de Enero de 1972, la revista Semana recogía un reportaje en el que Sara contemplaba a Sara en la pantalla a raíz de tres películas suyas emitidas por TVE. Entre ellas, su mítico film. 


SE HAN PASADO POR LA TELEVISION
“LOCURA DE AMOR”
“EL ULTIMO CUPLE”
Y “MI ULTIMO TANGO”
SARA MONTIEL
ha revivido sus primeros años de triunfo

Fueron tres noches de intensa emoción.
-¿Lloró?
-Pude haber llorado…
Y sonríe por primera vez. Sonreiría (también reiría) muchas veces más en el transcurso de la entrevista. ¿Cómo es la sonrisa de María Antonia Abad? Es una sonrisa hecha de melancolía y nostalgia. También de malicia y desafío. Pudo haber llorado…
-No por mí, que yo soy fuerte, y ya hay pocas cosas en la vida que consigan hacerme llorar… Es que me acordaba de mi pobre madre. ¡Hubiera sido tan feliz volviendo a ver mis primeras películas! He pensado mucho en ella estas noches…
Estoy ante una mujer que, digan lo que digan sus detractores, los que no la conocen más allá de los focos y las cámaras, es todo sentimiento. “Sé con quién me gasto los cuartos”, suele decir. A veces le obligan a sacar las uñas, bien afiladas… Esta noche, no. Esta noche, Sara Montiel es, más que nunca, María Antonia Abad, nacida en un lugar de la Mancha del cual sí quiere acordarse, Campo de Criptana: tierra de sueños, ilusiones y quimeras.
La pequeña pantalla del televisor se inunda con la gracia, la belleza y la picardía de María Luján, protagonista de “El último cuplé”. Y Sara Montiel se siente orgullosa de sí misma; no puede ocultarlo. (Ni quiere).
-¡Estás maravillosa! –exclama José Rubio.
-¡Bravo, María Antonia! –la felicita Vicente Parra.
-¡Formidable! –se le escapa a la madre de Vicente.


Ya en sus primeras películas, tres de las cuales hemos visto recientemente en la pequeña pantalla, los directores destacaban la gran belleza de Sara Montiel en audaces y comprometidos primeros planos. En las fotografías que les ofrecemos en esta página también destaca la personal belleza de nuestra gran estrella. 


PRIMERA NOCHE: “LOCURA DE AMOR”
Porque Sarita quiso ver sus “viejas” películas junto a sus buenos amigos. Y allí estuvimos nosotros, en casa de Vicente Parra. ¿Por qué en casa de Vicente Parra? Se nubló la altiva sonrisa de Sara cuando nos explicó con voz quebrada por el sentimiento.
-Vivo en casa de Vicente Parra desde hace varios meses. Somos buenos amigos de toda la vida y vecinos desde hace varios años. Mi casa estaba en este mismo edificio, varias plantas más arriba. Cuando murió mi madre pensé que no me sería posible vivir allí más tiempo, a solas con su recuerdo. Intenté resistir, superar la crisis… No pude. Y decidí vender el piso. Vicente, amablemente, me invitó a vivir en su casa hasta que encuentre la mía propia, ya sin el recuerdo de mi madre entre sus paredes… Quizá me traslade a un chalet, en las afueras de Madrid. Quiero tranquilidad…
Aquí en casa de Vicente Parra, ahora su casa, ha vivido Sara tres noches de inolvidable emoción. Tres películas suyas, proyectadas por TVE dentro del ciclo dedicado al cine español, han despertado en ella mil y un recuerdos que permanecían, si no dormidos, sí aletargados… Primero, “Locura de amor”.
-Cuando Juan de Orduña me llamó para encarnar a la mora Aldara no se me ocurrió pensar, ni por equivocación, en que mi vida cambiaría fundamentalmente a partir de entonces…


“Locura de amor”, el mayor éxito del cine español de todos los tiempos (todavía sigue exhibiéndose con creciente éxito), abrió a Sara Montiel las puertas de América, Méjico, Argentina… y Hollywood, meta soñada de todas las estrellas del mundo. En La Meca del Cine encontraría Sara grandes éxitos internacionales… y el amor: contrajo matrimonio con el famoso director Anthony Mann.

SEGUNDA NOCHE: “EL ULTIMO CUPLE”
-Varios años después regresé a España para visitar a mi familia… Entonces surgió de nuevo en mi camino Juan de Orduña, que me ofreció el papel protagonista de “El último cuplé”, una película en que nadie creyó en los años cincuenta. Juan hizo la película con cuatro perras, pero con mucha inteligencia y sensibilidad. ¡Y ahí están los resultados!
-¿Usted cantaba?
-Yo siempre he cantado, aunque pocos lo sabían. Estaba decidido que los cuplés los cantaría una famosa cantante de entonces, que me doblaría en los números musicales. Pero Orduña disponía de tan poco dinero que no pudo dar a aquella cantante el dinero inicial que exigía. La orquesta del Gran Teatro del Liceo de Barcelona estaba preparada en el estudio. Y los coros. ¿Qué hacer? Juan me llamó urgentemente al hotel. “¡María Antonia, ven a toda prisa!” Fui y me dijo que tenía que cantar yo. “De acuerdo, pero a mi manera”, condicioné. Se bajaron los tonos sobre la marcha…y canté.
Y toda España cantó durante varios años los antiguos cuplés que en la voz, en la mirada y en la figura de Sara Montiel cobraban nueva e insospechada vida. Su voz grave y sensual, su mirada maliciosa, su resplandeciente belleza, hicieron de Sara Montiel la estrella más internacional del cine español.
-¿Quién canta en España los cuplés mejor que usted?
Me mira con sorpresa. Hay mucha guasa escondida en esta mirada…
-No conozco a nadie que los cante mejor que yo. No digo que yo sea la mejor. Digo que si hay alguien mejor… yo no lo conozco.


Todos están contentos. Vicente besa a Sara, mientras José Rubio no oculta su entusiasmo.


Fueron tres veladas de intensa emoción ante el televisor. Sara, que vive ahora en el piso de Vicente Parra, reunió a un grupo de amigos para ver sus tres películas en televisión. En nuestra fotografía vemos a Sara con Vicente Parra, José Rubio y la madre de Vicente. 




cuplé”?
-Cien mil pesetas, ni una más. Ya digo que nadie creía en esta película. Orduña la vendió por dos reales. ¡Luego ganaron con ella millones y millones!
Por cierto, además de fama… ¿les debe usted a los cuplés muchos millones de pesetas?
-¿Yo? Los productores se han forrado con mis películas. Yo, no. Hombre, no trabajo por dos cincuenta, pero las grandes fortunas han ido a parar al bolsillo de otros. Yo he ganado para ir tirando…

TERCERA NOCHE: “MI ULTIMO TANGO”
No sabe o no puede estarse quieta. Aprovecha los intermedios para ponerse en pie y dar breves paseítos alrededor de la mesa, accionando “a la italiana”, soltando su pintoresca conferencia con el gracejo, a veces desgarrado, que le caracteriza.
-He sido y sigo siendo una jornalera…
Y se queda tan fresca.
Suena el teléfono una y otra vez en casa de Parra. Admiradores anónimos de Sara que desean felicitar a su ídolo. Llegan telegramas. También flores. Como si estuviéramos viviendo una triunfal noche de estreno. Y Sara, tan orgullosa, tan altiva, tan satisfecha de sí misma. En la pantalla, “Mi último tango”.
-¡María Antonia, cómo te estarán poniendo! –dice de pronto, poniendo gesto de espanto.
-¿Quiénes?
-Algunas colegas mías. Las que no me perdonan mis éxitos y mi belleza.
Ahora estalla una carcajada en el salón. La carcajada triunfal de una mujer muy segura de sí misma.
-¿La envidian?
-La envidia es un pecado muy extendido en este país.
-¿Le preocupa que la envidien?
-Por el momento, no. Dentro de diez o quince años… ya veremos.
Vemos un bellísimo primer plano de Sara.
-¿Cómo se ve en la pantalla?
-¡Fenomenal!
-¿Qué significó “Mi último tango en su carrera”?
-Con “La violetera” marcó el comienzo de mis películas musicales de gran espectáculo. Nunca, hasta entonces, habían utilizado los productores españoles tan grandes presupuestos. Y empezaron a venir los galanes extranjeros… Raf Vallone, Maurice Ronet… “La violetera” dio solamente en Méjico dos millones de dólares. ¡Soy la estrella española que más divisas ha proporcionado al país!




Sara revivió sus primeros grandes éxitos. En este reportaje recogemos las íntimas sensaciones de nuestra gran estrella ante sus películas. 

CONTENTA Y TRISTE
Como Brigitte Bardot en Francia, Los Beatles en Inglaterra, Sofía Loren en Italia… Pero Sara, según ella, no es ahora ni rica ni pobre, sino todo lo contrario… ¡Con el Fisco hemos topado, Sancho!
En “Mi último tango”, Sara bailaba un “tangazo” con Carlitos Gardel, encarnado en la pantalla por el argentino Milo Quesada. Y cantaba tangos célebres con acento porteño.
-Me gusta mucho que la gente haya programado ahora mis películas de hace años. Como estoy en ellas guapísima y canto muy bien, el público joven que no pudo verlas, entre otras razones porque no eran toleradas para menores, comprenderá por qué soy quien soy. ¡Por qué sigo siendo la primera!
Tres noches de intensa emoción. Tres noches triunfales. Sara está lanzada… Televisión Española la ha reclamado para realizar un gran “show” musical de una hora de duración que aquí veremos en febrero, en blanco y negro, y en otros países –afortunados ellos- en color. Es como si Sara Montiel quisiera reafirmar su “aquí estoy yo”, que lanzara a los cuatro vientos hace veinte años.
-Estoy encantada por todo –dijo al final de las tres noches-. Y un poquito triste porque en estos años han muerto muchas personas queridas, y me acuerdo de ellas…
María Antonia Abad pudo haber llorado…

Hebrero SAN MARTIN
(Fotos J. Larrú)



SARITA, MADRINA DE LA HIJA DE SU PELUQUERA


A Sara le encantan los niños. Ella lamenta no haber sido madre, pero no pierde ocasión de mostrar su cariño hacia los pequeños. Hace unos días fue madrina del segundo hijo de su peinadora, Ester Martín, que lleva peinando a la famosa estrella once años. La ceremonia se celebró en la parroquia del madrileño barrio de La Estrella, y, junto a Sarita, actuó de padrino Vicente Parra. Sara hizo un regalo de rumbo a su ahijada, y en la calle hubo tumulto en honor de nuestra gran estrella, de palpitante actualidad debido a la revisión televisual de tres de sus películas.


LES FUERON IMPUESTOS LOS VIP’S DE ORO EN UNA FIESTA DE GALA
SARA MONTIEL
Y ANTONIO MINGOTE, “personas muy importantes” de 1971

Sara Montiel y Antonio Mingote, "personas muy importantes", de 1971, tras recibir los Vip's de Oro, abrieron el baile de gala. 

Sara estuvo en la fiesta acompañada por Vicente Parra, su actual "casero", pues, como es sabido, desde que vendió su piso vive en el del actor. 


Sarita cantó uno de sus más famosos cuplés. 


LA FOTO CLXXXV


"Si tú me quieres mi niño, cariño, yo te daré un clavelito bonito..."