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martes, 16 de julio de 2013

SEMANA - 2 de Mayo de 1944 - España



La diva aparece sólo en la portada.
Este es el texto que acompaña la fotografía de la actriz, de Gyenes, en la primera de muchísimas portadas a lo largo de toda su trayectoria en todas las partes del mundo:

OTRA "ESTRELLA" NUEVA
Esta vez no se trata de añadir un nombre exótico a la ya extensa lista de descubrimientos cinematográficos americanos. He aquí a María Antonieta Abad, la más joven actriz de cine española, que, en punto a belleza, nada tiene que envidiar a esas caras nuevas que Hollywood nos remite periódicamente. 


EL RECORTE CXX
...y pasaron los años y Sara, hasta el momento de su muerte, siguió levantando pasiones y admiración.... En Julio de 2001, con motivo de la maravillosa sesión fotográfica que le realizó el genial Víctor Cucart, la divísima concedía esta entrevista a la revista Hola. El encabezamiento nos hablaba del otoño de la artista, pero en cualquier estación de su vida, 'la Montiel' siempre lució bellísima y deslumbrante. 

SARA MONTIEL
EN EL FASCINANTE OTOÑO DE SU VIDA
“El destino lo escribe uno mismo”

Enigmática y misteriosa. Así aparece en estas dos imágenes Sara Montiel, siempre noticia. Dijo adiós al cine hace ahora veinticinco años y hace poco saludó a la literatura con su libro de Memorias. Una mujer, sin duda, también polifacética


Esta mujer aún hermosa, que me recibe, a estas horas de la mañana, para poner un largo pie a estas fotos de ayer mismo, en las que demuestra el milagro de su eternidad, no tiene orejas. Y eso es un milagro, porque se ha acostado a las siete de la mañana, tras una larga noche de ‘reina del Chantecler’ en olor de popularidad, luego de un pregón rosa –muy aplaudido-, y además te viene de frente sin afeites, con la carita lavada, abiertos los ojos verdes aceituna, según su propia declaración de principios. Insisto, sin orejas, lo que demuestra, en principio, que para hacer válido el refrán popular, ‘no está queriendo de veras’. Pero no está sola Sara Montiel, siempre de palpitante actualidad, porque hace unos días la vimos radiante y enmedallada en el homenaje que la Universidad cervantina de Alcalá de Henares le rindió, que no en vano a María Antonia Abad la llaman, y con justicia, ‘Doña Sara de la Mancha’, porque no sólo nació en Campo de Criptana, como todo el Globo sabe, sino que ejerce de manchega. Y a mucha honra.
Es por eso que le debo preguntar:
-Sara, ahora ‘El Quijote’ tiene mucho rollo. Como sabes, se habla mucho de él en estos días. Dime: ¿te gusta a ti su musa adorada, doña Dulcinea del Toboso?
Y ella, aunque es nieta de gente buena de La Solana, la patria de la zarzuela, hija de labriegos de Argamasilla de Alba y, por si fuera poco, nacida en Criptana, me responde, que Sara no tiene vacíos de memoria, ni a estas horas de la mañana:
-A mí lo que más me gusta de Doña Dulcinea, que fue la musa de Don Quijote, pero que sólo existió en su sueño, es la verdad de Dulcinea, que es Aldonza Lorenzo. Yo, querido Tico, como sabes, soy una mujer que tiene los pies en el suelo.
Siempre fue una campesina esta leyenda, que lleva ya doce ediciones de su último y reciente y discutido e indiscutible libro de Memorias, que está siendo un ‘best-seller’ en Estados Unidos.
-Me han dicho que habrá segunda parte…
-Pues te han dicho mal, porque lo que tenía que decir lo he dicho ya, y punto, así que no tengo nada más que contar.

ESTA DEJANDO EL TABACO
Además, le espera un verano duro. Por lo pronto, se acercará a Buenos Aires, donde tiene que dar un par de conciertos, cantando. Y en cuanto pueda, subirá hasta Barcelona, donde iniciará los ensayos de su próxima comedia musical, titulada ‘Sara es un placer’, aunque ella misma me dice que está dejando el tabaco.
-Es que dos puros diarios, Sara…
-Sí, ya está bien, aunque ya sabes que yo no me trago el humo… Claro, que es una consecuencia de mi forma de ser, porque, como sabes, yo no me trago nada.


Sara, siempre Sara. Tiene galas para este verano en su agenda y, si tiene tiempo, se irá a Palma de Mallorca con sus hijos, Thais y Zeus, para pasar allí unos días en su casa. 

Condición y figura. Hace unos días se nos fue ‘La Bella Dorita’, a los cien años, que fue en su tiempo reina del Paralelo y a la que Sara conoció personalmente. Y también ha hecho mutis por el foro el gran Jack Lemmon, al que Sara también conoció en sus días dorados de Hollywood, cuando su boca de fresa era una revelación.
-Pero hay que sobrevivir. Esas historias tristes, inevitables y cercanas son necesarias, porque te demuestran que así es la vida. Lo que pasa es que hay que seguir adelante.
Si tiene tiempo se dará unos baños en el Mediterráneo, donde, como siempre digo, reposan las cenizas de Pepe Tous, su último marido. Pero será en la casa de una buena amiga, viuda como ella, en la Costa Brava.
-Yo adoro el sol, y prefiero el verano al invierno, que es un tiempo que me deprime mucho.

“CADA UNO EN SU SITIO”
Y lo dice desde su otoño eterno. Antonia hoy, como todos los días de calor, se bañará en su piscina de este ático, donde vive en Madrid, porque a Sara siempre le gustó vivir en un piso alto, en el más alto, a ser posible, porque, pienso, ‘ella no quiere que nadie le pise la cabeza’. Y como estamos hablando de proyectos, le pregunto si está en la actualidad con novio cerca, y Sara me afirma:
-Pues no. No tengo novio.
-¿Y el italiano Giancarlo?
-Pues ahora, ‘ni fú ni fá, ni chicha ni limoná’. Ahora, cada uno en su sitio. Hemos pasado muy buenos años juntos, pero ahora estamos distantes.


-Entonces debo preguntarte, dada la enorme expectación que está despertando, querida Sara –nos reímos un poco los dos, como viejos cómplices que somos-, por ese chico cubano del que hablan, que tiene bastantes años menos que tú y que dicen que está muy cerca de ti.
-Ah, sí… Es un chico estupendo, muy joven y muy buen seguidor mío de siempre… pero nada más.
-Que se llama…
-Tony, se llama Tony, y es muy buena gente, pero tiene treinta y siete años y, como sabes, a mí nunca me gustó la gente muy joven para esto.
-Pero no se puede decir que de ‘esta agua no he de beber’, Sara. El destino…
-El destino, por lo general, se lo escribe uno mismo.

“NUNCA ME IRE DE ESTO”
Tiene galas en su agenda, el perro fiel está cerquita, termina de leer una biografía de Isabel II y ayer mismo recibió un nuevo guión de cine para hacer, que ha devuelto cortésmente, porque Sara dejó de hacerlo en el 76, y desde entonces, ni una película más. Se cuida, me muestra su piel –que es la de una doncella, palabra-, y cuando hablamos, observo que aún conserva en sus hombros restos de las estrellitas de anoche.
Así está ‘Doña Sara de la Mancha 2001’, por la que no pasan las estaciones del año. Capaz de ‘enamorar’ a la cámara como nadie lo hace, que no hay más que asomarse al ‘glamour’ de las fotos de esta historia. Hubo un tiempo en que ella se ponía frente al objetivo del mejor fotógrafo del mundo, el que fuera, y le miraba a los ojos, y luego al cristal de la cámara, y le decía:
-Ahora colócame una luz ahí arriba, y que esta parte esté envuelta en una sombra.
Se las sabe todas Sara Montiel, la hija de aquel labriego tan guapo de Levante, a cuyo recuerdo acudí yo un día con ella. Despertando la nostalgia hasta las tierras de esparto y Luna de Orihuela. Las monjas recordaban a aquella niña tan linda, que tenía los ojos más grandes que los pies –era un piropo de la época- y que siempre soñó con ser artista.
Pero nada heredó Antonia, porque hasta hace unos días en La Solana, donde hace tiempo la engalanaron con la Rosa del Azafrán de Oro de la zarzuela –este año lo han sido, Gala, Esperanza Roy y Nati Mistral, que fue a recoger la que le concedieron el año pasado-, todo el mundo de hace años recordaba a la niña Antonia como la más manchega entre las manchegas.
Hoy, rodeada de sus recuerdos, de sus joyas, de sus buenos cuadros, con su perro cerca, en este ático de Madrid, camina entre sus obras de arte y su memoria, junto a esa foto, por ejemplo, de ella con Severo Ochoa, en actitud para foto, o, aquella de Pepe Tous, su marido, o en un lugar especial, el documento gráfico que recoge el momento en que los Reyes don Juan Carlos y doña Sofía saludan al matrimonio con afecto, en el curso de una audiencia oficial.
Antonia no se sabe, no se siente sola, en la calle es una leyenda, y además está atenta a sus hijos, a si llegan tarde en la noche, como todos los chicos de su edad, o a organizarles su próximo viaje a Palma, donde quieren pasar unos días en su casa, acabados los exámenes, que han sido buenos. Mientras tanto, ella se pinta las uñas de colores, porque le da la gana y porque le gusta llevarlas así, y se fuma sus dos buenos puros al día, aunque, como ha confesado más adelante, ‘se quiere quitar del vicio’. Lee, colecciona pareos, recuerda lo que quiere, aunque tiene la memoria de un elefante, y olvida todo aquello que no quiere recordar. Y si tiene que decirte algo te lo dice en esa voz baja suya, que no es necesario gritar para que te hagan caso.
-Que no te olvides de decir, Tico, lo de Alcalá de Henares, que eso ha sido una cosa muy importante.
Le escriben cartas pidiéndole de todo, incluso a través de ‘e-mail’ que maneja su hijo, se hacen con su teléfono –menos el móvil, que es secreto, como el cajón último de ese bargueño dorado que hay en el ‘hall’ de la entrada- y se le declaran todavía. Ella se deja querer, y recuerda a su madre, mucho, cada día más, aunque está cerca su hermana. En la casa hay dos chicas de color canela, de la otra orilla del océano, que sacan lustre a la plata, sacuden las alfombras persas y echan vaho a los cristales de las vajillas. Y Antonia, en la mitad de este mundo interior al que no todo el mundo tiene acceso, se pone sus gafas para leer, acaricia a su perro o se pinta, como una niña caprichosa, las uñas de los pies. Pero, sobre todo, sabe que mientras ella quiera será de las más grandes, porque la gloria bien administrada no se olvida.


Mira Sara con fuerza a la cámara, con esos ojos que cautivaron a Hollywood. El paso de los años no ha mitigado su belleza. Va a preparar una comedia musical para septiembre y se irá a Buenos Aires a ofrecer dos conciertos. 

-Estás en todos sitios, Sara, se te ve en todas partes.
-Si me pide el cuerpo ir, voy; donde no estoy es donde sé que no tengo por qué estar. Mira, yo nunca me iré de esto, porque disfruto en el escenario cuando canto. Aún conservo mi voz, o la he mejorado incluso. ¿Por qué voy a dejar de hacer lo que me gusta, entonces?
Así que, ahí está, al pie del cañón, repasando esta buena colección de fotos –Sara, de verde limón, haciendo juego con la mirada; Sara, de rojo, color pasión, todavía; Sara, de azul; Sara, de maja vestida-; sus hijos cerca, dispuestos a pasarse unos días en la casa que aún conservan abierta en Palma. Sara-Aldonza-Dulcinea, manchega, con los ojos en el cielo, pero con los pies en el suelo. Luego me acompaña hasta el ascensor y me regla:
-Que ya sabes que me alegra mucho siempre volver a verte, Tico.
-Lo mismo digo, Sara. ¿Y sabes por qué? Pues porque me das ganas de vivir y de seguir luchando.

TICO MEDINA
Fotos: VICTOR CUCART


Celebrando los 50 años de
'La Reina del Chantecler'


LA FOTO CXX


Sara, de SARA, en otra instantánea de esa maravillosa sesión que le realizó en 2001 Víctor Cucart. 

sábado, 16 de febrero de 2013

HOLA - 21 de Octubre de 2002 - España


EXCLUSIVA
El cuarto matrimonio de la artista y el segundo del novio, treinta y cinco años más joven que ella
Boda civil de
SARA MONTIEL
Y TONY HERNANDEZ


Verano del año 2001. Sara Montiel, siempre sorprendente, sorprendía, una vez más, cuando en estas mismas páginas anunciaba en exclusiva que se había enamorado de un joven operador de cine cubano treinta y cinco años más joven que ella. Los dos posaban juntos por primera vez. La artista ya anunciaba que aquello se trataba de algo serio, no de un viaje de ida sola y vuelta acompañada. Hubo quien no se lo tomó en serio. Tampoco le auguraban mucho tiempo juntos. Hasta se habló de ‘un capricho de la Montiel’. No fue un tiempo fácil, de todos modos. El allí y ella aquí. Dos mundos bien distintos. Dos entornos perfectamente diferenciados. Un gran abismo en cuanto a edad. Dos hijos de  Sara, una hija de Tony…  La prueba del amor estaba servida.
Otoño de 2002. Prueba superada. Sara Montiel y Tony Hernández se casan civilmente en Majadahonda. Tan sólo dos testigos: el doctor Claudio Mariscal y Luís Fernando Carrasco. Un alcalde, el de la citada localidad, Guillermo Ortega, que ofició la ceremonia. Una hija, la de Tony, Daylín, de once años, que llegó desde Cuba para asistir a la boda de su padre. No así Thais y Zeus, los hijos de Sara, que no estuvieron presentes. Su madre luego explicará el porqué. Sara fue vestida por Antonio Ardón con un dos piezas en seda bordada de cristal y paillettes color champán. Una corona de flores naturales –traídas desde La Mancha- sobre la frente. Sin ramo de novia.
José Luís fue el restaurador encargado de servir la cena nupcial en el ático madrileño de Sara. Poco más de ochenta personas para degustar un menú donde no faltaron ni el foie, ni la perdiz, ni el rioja Viña Olagosa, de las bodegas Perica. Carmen Sevilla, con espectaculares joyas, y Norma Duval, con cuatro kilos de menos, entre los invitados. Ellas iban a ser las encargadas de entregar las alianzas a los novios de haberse celebrado la boda en el domicilio de la artista, como estaba previsto desde un principio. Una negativa del juez veinticuatro horas antes cambió todos los planes. Había que comenzar de nuevo. Un volver casi a empezar para Francisco Fernández, administrador de Sara, organizador de todo o casi todo. Buscar un nuevo sitio y un nuevo juez o alcalde. En apenas unas horas se eligió Majadahonda. Antes de la cena conversamos con la nueva señora de Hernández. En su cuarto matrimonio. El segundo para su marido. 




-Día feliz, Sara.
-Mucho. Se han callado muchas bocas. No daban una perra gorda por nosotros.
-¿Qué les diría ahora?
-Que nos deseasen lo mejor a Tony y a mí, al igual que yo se lo desearía a cualquier pareja que se casase.
-No ha sido para ti el primer matrimonio, Antonia, y, por tanto, las sensaciones de ahora quizá hayan sido diferentes a las de la primera vez.
-Por supuesto. Ahora me he sentido mucho más feliz que la primera vez que me casé, con Anthony Mann, ya que lo hice en ‘articulo mortis’. (Mann había sufrido un infarto y los médicos temían por su vida. Posteriormente, una vez él recuperado, volvieron a casarse.) Como ves, no fue una boda para nada feliz, aunque estuvimos casados durante siete años. Nos divorciamos porque él me llevaba mucha diferencia de edad. Nos dimos cuenta de que yo empezaba a vivir y Anthony a decaer.




-De Pepe Tous sí guardas un magnífico recuerdo del día de vuestra boda, ¿no?
-Sí. Estuvimos juntos nueve años en ‘pecado mortal’. Toda la sociedad mallorquina me volvió la espalda cuando me hablaba con Pepe, ya que yo estaba casada y no tenía la separación ni la anulación. Había vivido siete años con Giancarlo Viola, a quien dejé al conocer a Pepe.


-Luego esta boda con Tony es, digamos, la más ‘normal’ de todas, por decirlo de alguna manera.
-Efectivamente. Yo estaba viuda y Tony, divorciado. No teníamos que dar cuenta a nadie. Pero esta boda ha sido toda una odisea.
-¿Una odisea?
-Sí, porque al final ningún juez quería casarnos en casa.
-Pero si había uno dispuesto a ello.
-Lo había, sí, pero veinticuatro horas antes dijo que no para no sentar un precedente.
-¿Y?
-A la vista de lo que sucedía, hablé con un gran amigo mío que había sido alcalde de Majadahonda. Me dijo que no me preocupase, porque el actual edil era muy amigo suyo y una maravillosa persona y que se lo diría inmediatamente. Entonces, esa misma mañana Tony se acercó hasta Pradillo para cambiar los papeles, ya que estaban preparados para que el matrimonio se celebrase en mi casa.
-¿Los testigos?
-Luís Fernando Carrasco, que es como si fuera mi hermano pequeño. Desde los once años ha estado entrando en mi casa. Tras morir su madre, como todos sus hermanos eran mucho mayores que él, se vino a vivir con mi madre y con nosotros. Salió de casa para hacer la ‘mili’.
-¿El otro testigo?
-El doctor Claudio Mariscal. 





-¿Un paso muy pensado o un impulso tu boda con Tony?
-Nosotros ya lo estábamos contemplando desde el verano del año pasado.
-Si os acababais de conocer.
-Bueno, en las Navidades de ese año vinieron Tony y su madre y allí ya se habló del tema.
-Podrías no haberte casado, Sara.
-Ya, pero me he casado porque quiero mucho a Tony y me siento muy a gusto a su lado. Por otra parte, yo no puedo esperar a casarme dentro de uno o dos años, porque, como ya he dicho en más de una ocasión, yo no tengo futuro, sólo presente. Tony me ha llenado de cariño, de tranquilidad y de paz.
-Como si Tony fuera, en este caso, el reposo de la guerrera.
-No, porque yo soy muy guerrera. Si tengo reposo, me aburro.
-No ha sido mucho el tiempo que habéis tenido para conoceros de verdad.
-Hombre, es cierto que se desconocen muchas cosas, pero todos tenemos defectos, como todo el mundo, al igual que cualidades maravillosas.
-Revela alguna cualidad tuya.
-Me considero una buena persona y una buena mujer, algo, por otra parte, que creo haber demostrado a lo largo de todos estos años de mi vida. Y lo digo a mis setenta y cuatro años.
-Recuerda cuando Tony te puso el anillo en el dedo.
-Me emocioné. También eché muchísimo de menos a mis hijos, Thais y Zeus. Les he echado mucho, mucho de menos.
-Quizá se pudiera haber arreglado todo, Sara.
-Días antes de la boda yo fue a hablar con ellos, pero no hubo nada que hacer, aunque respeto su decisión.
-Muchos y muy grandes habrán tenido que ser sus motivos para no estar en la boda de su madre, Sara.
-Hubo una temporada en que ciertas personas comenzaron a hablar muy mal de Tony. Le calificaron de ladrón, que si el atraco de mi casa lo había hecho él en complicidad con mi hermana Elpidia…
-Sí, sí –interviene Tony por primera vez-, que Elpidia había sido cómplice mía.
-Que si era homosexual –continúa Sara-, que si había llevado las joyas y el dinero a Cuba. Y claro, mis hijos se dejaron influir por todos esos comentarios, aparte de que dos íntimas amigas mías, a una de las cuales tenía como una hermana, predispusieron a mis hijos en contra de mí.
-Dirás en contra de Tony.
-Si se ponen en contra de Tony también se ponen contra mía. Por Tony no han querido venir a la boda y no han querido saber nada de nosotros.
-No ha habido manera, entonces.
-No ha habido forma, en absoluto.
-¿Quién estaba más firme en su postura, Thais o Zeus?
-Thais. La han estado malmetiendo contra Tony a lo largo del último año.




-Pero Tony conocía a tus hijos.
-Sí. La primera vez que Tony vino a España fue con motivo de mi cumpleaños. El verano pasado estuvieron quince días juntos mis hijos y Tony perfectamente bien.
-Parece como si existiera una ruptura total entre tú y tus hijos.
-¡Para nada! ¿Cómo se va a romper por no haber querido venir a una boda? Entonces, todas las viudas y viudos con hijos que se casan…
-Quieres que todo se arregle entre vosotros.
-Por supuesto. ¡Yo no me he casado con un terrorista! En el caso de haberlo hecho, entendería la postura de mis hijos, pero Tony es un hombre normal, un hombre que trabaja y un hombre que no tiene un pasado turbio, como han dicho aquí. En primer lugar, es muy difícil que un hombre de treinta y nueve años tenga un oscuro pasado.
-A lo mejor tiene que pasar un tiempo para que tus hijos acepten finalmente a Tony.
-Eso se tiene que arreglar. Mi padre enviudó con tres hijos y se casó con mi madre, quien, a su vez, aportaba otro hijo a ese matrimonio. Luego, tres años después, llegué yo. Digo esto porque no querían que mi padre se casara con mi madre.



-Antonia, hay un pregunta en el ambiente, y es si te has casado en régimen de separación de bienes.
-Por supuesto que sí. Tony lo quiso y lo solicitó así.
-Sí, sí –interviene Tony.
-Cuando decidimos casarnos –añade Sara-, Tony me dijo que se casaba con la condición de que fuese en régimen de separación de bienes, porque él no quería un peso.
-Yo no quería –reflexiona Tony- que se pudiera pensar que yo me casaba por el dinero de Sara.
-También tenemos capitulaciones matrimoniales completas –revela Sara-, de tal forma que si algún día llegásemos a divorciarnos, yo no podría poner ningún impedimento ni Tony tampoco.
-Puede resultar un poco desilusionante haber redactado ya capitulaciones ante notario, Sara.
-Yo ya lo hice con todos mis maridos. Y más habiendo hijos por medio.



-Hablemos de los regalos de boda.
-A Tony le he regalado un reloj –Tony descubre su chaqueta a la altura de la muñeca para mostrarlo- y Tony a mí una pulsera de oro que está aún en la joyería para grabarla. La compramos en la misma joyería de Melilla donde elegimos las alianzas de casados.
-Sara, unos anillos para nada convencionales.
-No. La mía lleva brillantes y la de Tony, un brillante chiquitín de caballero.
-¿No llevan ninguna inscripción los anillos, Sara?
-¡Tenemos que ponerla!
-Quizá algo más que la fecha.
-No lo hemos pensado, pero me imagino que como la sortija que yo llevo de la madre de Pepe.
-¿Y qué pone en su interior?
‘A mi Fernando –como se llamaba el padre de Pepe- de tu Rosa’. Entonces yo pondré: ‘A mi Tony de tu Antonia’.




-Tony, quizá ahora ya te quedes a vivir en España.
-No. Yo no tengo un trabajo fijo aquí, y sin trabajo no puedo quedarme. Mi trabajo y mi vida están en Cuba. Vendré cada vez que pueda, y Sara irá cada vez que pueda.
-Puede salirte algo en España.
-Sí, como, por ejemplo, los corresponsables del ballet de Cuba en España, que vienen y van. Si pudiera hacer algo así, lo haría.
-Tony, pero ya eres el marido de Sara Montiel y, a lo mejor, tu mujer puede buscarte algo.
-No –afirma Sara rotunda-, porque Tony tiene un trabajo en Cuba que le gusta mucho y en el que lleva quince años. No es que sea difícil, ¿sabes?, pero Tony tendría que trabajar en lo mismo que en Cuba. Tony se va a Cuba el treinta de octubre y en diciembre yo me reúno con él para preparar la boda religiosa.
-¿Por la Iglesia, también, Antonia?
-Tony es católico y yo también. Me casé con Pepe civilmente porque él era ateo, pero yo no lo soy.
-Pepe ha salido mucho en esta conversación, Antonia. ¿Qué crees que diría él de tu boda con Tony?
-Esté donde esté, sabrá que he hecho una cosa buena, porque Tony se merece haberse casado conmigo y yo con él.




-Antonia, ¿cómo suena eso de señora de Hernández?
-Muy bien. No me suena raro. Para nada.
-Tony, tú, el marido de Sara Montiel. Ahí es nada.
-Ya lo tengo asumido. Y es un gran orgullo para mí.
-Lo que puede llegar a cambiarle a uno la vida, Tony.
-Pues sí. Fíjate en lo que se ha convertido lo que comenzó como el sueño de un adolescente.
-Como el cuento de la Cenicienta en versión masculina.
-Sí, sí. Un cuento de hadas hecho realidad. Ha sido un cambio muy fuerte. Algo que nunca imaginé y que nunca pensé, pero mira, lo logré. Con esto se demuestra que los sueños se pueden hacer realidad siendo perseverante.
-Al principio de esta conversación hablábamos de cualidades y defectos, Tony. ¿Algo que tu mujer tendría que corregir?
-Además de dejar de fumar, que se acostumbrara a dormir sin luz y sin radio.
 -Han sido muchos años sola, Tony.
-Es una costumbre que tengo desde siempre –dice la artista-. Me gusta buscar las noticias.




-Aparte de a tus hijos, ¿a quién has echado hoy de menos, Antonia?
-A mi madre. Era una mujer maravillosa a quien yo honré muchísimo. Murió en el sesenta y nueve con cuarenta y un años.
-No has llevado ramo de novia.
-No lo he considerado oportuno, pero en la religiosa creo que sí lo llevaré, porque el traje será más de novia y con cola. He elegido un modelo del siglo dieciséis maravilloso. Me inspiré en uno que solía llevar a las cenas de gala de la Corte la madre del hijo del pintor El Greco, que murió al dar a luz.
-¿Un traje blanco, Antonia?
-No, de blanco no iban a la Corte, sino de dorados, plateados…, todos materiales muy ricos. Y también llevaré un gran velo gris maravilloso.



-Te estamos viendo últimamente en el vídeo que has grabado para los premios musicales MTV.
-Se emite en todo el mundo. Es muy gracioso. Me pagaron veintiséis millones de pesetas.
-Lo dices así, sin más.
-¿Por qué no? Veintiséis millones.
-Maravilloso, ¿no?
-Sí. ‘M-a-r-v-e-ll-o-u-s’.


Fotos: VICTOR CUCART
(Texto: TICO CHAO.
Fotos: SANCHEZ ESPEJO Y OSCAR MORENO.)


EL RECORTE CIII
...y todo apuntaba a que la boda civil no sería nada con la prevista por la Iglesia en La Habana.... las circunstancias hicieron que todo cambiase. Así lo recogía la revista Hola en Febrero de 2003. 


La pareja contrajo matrimonio el pasado mes de octubre en Madrid y tenía pensado celebrar el enlace religioso en la catedral de La Habana
SARA MONTIEL
“Tony y yo hemos decidido que no nos casaremos por la Iglesia”



Sara Montiel y Tony Hernández han decidido que finalmente no contraerán matrimonio religioso, tal y como tenían previsto tras la celebración de la boda civil, el pasado 17 de octubre en el Ayuntamiento de Majadahonda (Madrid). La popular artista así lo anunció en una conexión telefónica con el programa de Antena 3 Televisión ‘Como la vida’, que presenta Alicia Senovilla.
Sara no quiso, sin embargo, desvelar los motivos por los que han anulado el enlace. Tan sólo comentó:
-Hemos decidido que no nos casamos. El por qué es una cosa nuestra, íntima.
La pareja siempre manifestó su deseo de celebrar la boda religiosa a mediados del pasado mes de enero en la catedral de La Habana, Cuba, de donde es Tony y donde reside habitualmente. Una desafortunada caída de Elpidia, hermana mayor de Sara, causó que la artista prefiriera no viajar a Cuba para estar más cerca de su hermana y apoyarla en su recuperación. Entonces dijo que el enlace religioso con su cuarto marido se posponía unos meses, pero que no se anulaba.
Entre las posibles causas de la decisión que han tomado Sara y Tony podrían estar los hijos de la artista, Thais y Zeus. Extremo éste que ha sido negado por la artista. Aunque ellos dejaron la casa materna cuando Sara anunció su boda con Tony, la popular artista mantiene una buena relación con ambos, a los que ve con frecuencia.



Celebrando los 50 años de
'La Reina del Chantecler' 



LA FOTO CIII


Sara Montiel, radiante y espectacular, por el objetivo de Ibáñez. 

domingo, 5 de febrero de 2012

HOLA - 17 de Julio de 2003 - España


EXCLUSIVA
La demanda fue presentada el pasado 2 de julio en un juzgado de Madrid
SARA MONTIEL
SE SEPARA LEGALMENTE DE TONY HERNANDEZ PARA QUE SUS HIJOS VUELVAN A SU LADO


No es una historia de desamor, ni tampoco de traiciones o de desgaste de una pareja. Es simplemente la decisión de una madre llamada Sara Montiel de romper su matrimonio con Tony Hernández por sus hijos, Thais y Zeus. Así de crudo, así de duro, así de drástico… y así de claro también. Porque muy claro tiene Sara, y con hechos así lo demuestra, que sus hijos son antes que nada y que nadie, aunque para ello tenga que renunciar a su propia felicidad como mujer, según ella misma reconoce. No quiere hablar Sara de egoísmo o de actitudes justas o injustas, pero lo cierto es que no se había visto a la popular artista tan triste ni resignada en los últimos tiempos. Hasta se emociona a veces durante la entrevista.

UN ORDAGO CON LAS CARTAS MARCADAS
Ha tenido Sara que elegir, como ella cuenta, porque sus hijos le han obligado. La elección estaba clara: sus hijos. Un órdago a la grande con las cartas marcadas. Por una cara, la felicidad de una madre al tener a sus hijos a su lado; por la otra, la pátina de dolor de una mujer enamorada. Porque Sara aún continúa queriendo a Tony Hernández, su todavía marido hasta que la justicia se pronuncie próximamente tras haber presentado ella la demanda de separación en un juzgado de Madrid el pasado 2 de julio. Una conversación con Sara desde el rigor, con la alegría y la pena sentadas a ambos lados de la mesa tras haber posado junto a sus hijos.
Un excepcional reportaje por cuanto la influencia de Thais y Zeus ha contribuido de forma determinante a que su madre haya tomado la decisión de separarse, unido al mucho tiempo que ellos llevaban sin posar para los medios de comunicación, especialmente Thais, que siempre se ha mostrado muy reacia a esos menesteres. Un documento periodístico que bien podría denominarse “las fotos de la reconciliación”.



“LA ILUSIÓN ME ESTÁ DURANDO MUCHO”
-Sara, la ilusión parece haberse acabado…
-Perdona, pero la ilusión me está durando mucho.
-Pero tú has sido quien ha dado el paso de separarte.
-Sí. El motivo estaba clarísimo: mis hijos nunca han aceptado mi matrimonio. Jamás han aceptado que yo estuviese casada con hombre alguno, llámese Tony Hernández o Pepo Flores, como yo digo, y tampoco que viva con nadie. Nunca aceptaron a Giancarlo.
-Estamos hablando de Tony, Sara.
-Sí. Me enamoré de él después de estar dos años hablándonos. Luego nos casamos y hemos vivido ocho meses juntos sin separarnos, aunque después de la boda Tony tuvo que irse a Cuba por motivos de trabajo en la Escuela de Cine. Y yo también he ido a Cuba. Pero nada, mis hijos, erre que erre, con su decisión de no aceptarle, y yo con unos disgustos horrorosos. Hasta que un día decidí poner todo en una balanza.
-Te refieres a Tony y a tus hijos.
-Efectivamente. Son mis hijos y tenía que sacrificarme por ellos. Como así he hecho. Como te decía, no ha habido manera de que aceptaran al “cubano”, como llaman mis hijos a Tony.



“UNA DEPRESION MUY GRANDE”
-Podrían al menos haber intentado conocerle.
-Ya, pero no hubo manera. Yo he estado con una depresión muy grande; porque, claro, si estaba enferma, mis hijos no me llamaban ni venían a verme, pero incluso sin estar Tony a mi lado. He encajado toda esta situación a base de tomar tranquilizantes y de ponerme pastillas debajo de la lengua cuando la tensión me subía hasta veinte.
-Hasta que tomaste cartas en el asunto.
-Sí. Me fui a Londres a ver a mi hija, aunque previamente, el día dos de marzo, Thais me había llamado por teléfono para decirme que me divorciara, que ellos no querían ser los últimos de la fila y que yo les había abandonado por “el cubano”. Que si no me divorciaba, entonces no me tendrían jamás.
-Terrible momento, Sara.
-Terrible. Como te decía, caí en una depresión muy grande. Luego vino Tony a España y le conté lo que estaba sucediendo. Le dije: “Mira, Tony, mis hijos están tremendos con nuestro matrimonio y me dan unos disgustos de muerte, así que tengo, tenemos, que decidir si nos vamos a Cuba o qué”.
-¿A Cuba los dos?
-Sí, porque mi marido tampoco quería vivir en España. Me comentaba: “Amor, yo no soy feliz aquí”. Por eso él había arreglado su casa de Cuba para que los dos nos fuéramos allí.

“ESTAN LOS DOS EN EL AIRE”
-Vamos, poner tierra de por medio.
-Sí, pero no podía hacer eso. Yo no puedo dejar a mis hijos; uno con veinte años, que está terminando los estudios y sin saber lo que va a hacer con su futuro, y mi hija, sin terminar aún la carrera y también sin decidir lo que hará. Están los dos, como se dice, “en el aire”. Llevan dos años viviendo fuera de casa y yo les pago todo.
-Así se puede vivir fuera de casa.
-Les mantengo porque están estudiando y no tienen nada, sólo lo que yo les doy. No puedo hacer otra cosa porque están estudiando. Thais está cursando ICADE en Madrid. Por otra parte, Zeus necesita estar muy cerca de mí y yo de él. Estaba muy delgado. Ahora ha engordado seis kilos. Zeus mide un metro ochenta y nueve de estatura y sufrió una caída hace cuatro años, cuando estaba en Palma de Mallorca.
-Eso lo llamaría maternidad responsable.
-Mira, no quiero  que les pase algo porque su madre se haya casado y esté en Cuba. A mis setenta y cinco años y a estas alturas de mi vida tengo que amparar a mis hijos y tenerles en mi casa. Y la única forma es separándome de mi marido.



“HAY COSAS QUE MIS HIJOS YA NO ACEPTAN”
-Muchas veces, los hijos hacemos uso de la edad que tenemos de acuerdo a cómo sople el viento.
-Hay una cosa que es cierta: hasta los dieciocho años, los hijos no quieren separarse de tus faldas porque saben que lo pasarían mal. Pero cuando cumplen la mayoría de edad legal, entonces ya campan con su propia vida.
-Y nos volvemos, a veces, más intransigentes.
-En algunas cosas, sí. Por ejemplo, hay cosas que mis hijos ya no aceptan y que a mí me parecen insignificantes: que me rice el pelo, por ejemplo. Yo tengo un pelo maravilloso, y entonces me dicen: “Ay, no, mamá, ponte el pelo como tú te lo pones, raya en medio y liso, porque eres más tú y además para tu edad te va muy bien”.
-Ese, “para tu edad”…
-Hombre, a mí no me hieren por decirme “para tu edad”, pero sí me gustaría que me dijeran: “Mira, mamá, estás guapísima, ya sea con el pelo rizado, con raya en medio, con canas o teñida de rojo”.
-Mujer, a lo mejor no han caído.
-Me gustaría que un día me dijeran: “Mamá, estás guapa de todas las maneras y puedes hacer lo que quieras porque para eso eres la mujer más célebre de España y del mundo”. Porque yo sí disfruté con mi madre.



“MI MADRE DEJO A UN NOVIO POR SUS HIJOS”
-Tu padre murió cuando tú eras aún una adolescente, ¿no?
-Yo tenía dieciséis años cuando murió. Pero a mi madre la disfruté hasta que tuve cuarenta y un años. Y fíjate que ella dejó a un novio que estaba muy bien por sus hijos. Dijo: “No, ni hablar. ¿Yo, por mis hijos? Vamos. ¡Quita, quita, quita!”.
-La historia parece repetirse años después, Sara.
-Mi madre se vino conmigo a México, donde vivió durante seis años. Luego nos vinimos a España y murió a mi lado en mil novecientos sesenta y nueve. Mi madre me vio luchar desde los dieciséis años. Yo la he querido y respetado muchísimo. Nunca he sido egoísta con mi madre. Ahora bien, si me preguntas que si los hijos son egoístas, te diría que la mayoría.
-¿Con los padres, Sara?
-Puede ser. Mira, yo nunca metí a un amante en mi casa hasta que me casé con Tony.
-De todas formas, vaya papeleta para Tony.
-Desde luego. Mi marido está muy mal y muy dolido. Es un hombre que ha sido rechazado por las buenas, porque yo he partido de un hachazo nuestro matrimonio.
-¿Habéis firmado ya la demanda?
-Sí. Una persona de mi confianza viajó a Cuba con la documentación y Tony firmó ante el cónsul de España sin poner ni una sola pega.
-¿Se ha fijado algún tipo de pensión compensatoria para él?
-No. Todo ha sido de mutuo acuerdo. Nos casamos en régimen de separación de bienes y capitulaciones matrimoniales.

“TONY VENDRA A ESPAÑA A DEFENDERSE”
-¿Llegarás al divorcio?
-Por supuesto que sí. Tony tiene mucha vida por delante, un porvenir, un futuro, y no tiene por qué estar amarrado a mí. Si él no hubiera estado divorciado de su primera mujer, nunca se habría podido casar conmigo.
-¿Volverás a verle alguna vez?
-Vale. Me separo de Tony por ellos, pero, ahora bien, espero que mis hijos me dejen hablar con él. Porque sé que Tony vendrá a España para defenderse de las acusaciones que van a verter contra él cuando esta entrevista salga a la luz.
-¿Tus hijos podrían estar adoptando una postura egoísta?
-No. Yo no culpo a mis hijos, porque un hijo no tiene nunca culpa de nada.
-Hasta un cierto punto, Sara.
-Sí, bueno, pero somos los padres quienes tenemos que sacrificarnos por los hijos. Fíjate hasta dónde llego, que pienso que nunca habría debido, no ya casarme con Tony, sino comenzar nuestra relación.
-Al menos tus hijos serán conscientes de tu sacrificio.
-Lo único que voy a decir al respecto es que a mí nadie me puso una pistola en el pecho para ir a Brasil a por mi hija, como tampoco a Alicante a por mi hijo.
-Una cosa no quita la otra.
-Mis hijos son mis hijos, aunque sean adoptados y yo no los haya parido.



“MI HIJO YA VIENE A COMER TODOS LOS DIAS”
-Y ellos ya están en tu casa como si nunca hubiera pasado nada.
-Mi hijo ya viene a comer todos los días. Se  baña en la piscina y luego se queda conmigo hasta las ocho o las nueve que se va porque ha quedado con alguna amiga o amigo. Mi hija también viene de vez en cuando. A veces a comer y otras por la tarde, y ya se queda a cenar. Ya están tranquilos porque me separo. Ya están en su terreno. ¡Tuve hasta que enseñarles la demanda de separación para que me creyeran!
-Quizá el día que tus hijos se enamoren de verdad sepan lo que has hecho por ellos.
-Ya sabes, la juventud de ahora es así.
-Me refiero a dentro de unos años.
-La vida ha cambiado mucho y muchas familias ya no están tan unidas como antes. Ahora hay más libertad para los hijos y luego éstos se dan unos golpes que para qué.
-Pueden madurar rápido.
-En el caso de mis hijos se trata de dos “polluelos” que aún no han salido del cascarón; no saben lo que es la responsabilidad de un trabajo para ganarse un duro y poder pagar a Hacienda o comprarse unos zapatos, tener un seguro de enfermedad…

“A LA EDAD DE MI HIJA YO PARABA LOS COCHES POR LA CALLE”
-Nadie nace sabiendo, Sara.
-Sí, estoy de acuerdo; pero no olvides que a la edad de mi hija, es decir, a los veinticuatro años, yo ya paraba los coches por la calle. A esa edad ya había hecho “Veracruz”, ¿comprendes? Y ya no te digo a los diecisiete años, cuando ya era dueña de España trabajando y sabiendo lo que era un hombre.
-También eran otros tiempos y, además, tú eres una mujer de otra raza, de otra fuerza.
-Sí, será así, pero mis hijos quieren estar conmigo a base de mi sacrificio y de que únicamente esté con ellos. Thais y Zeus me han dado la felicidad como madre, pero me han hecho desgraciada como mujer. Los años que me falten ya no podré sentir que estoy viva, que quiero, que amo y que estoy amando. En este sentido soy muy infeliz, mucho.
-¿Crees que la vida es´ta siendo justa contigo?
-No lo creo. Yo he sido una persona con todo mi pasado y mi presente. Tuve un marido maravilloso durante siete años que se llamaba Tony Man. Pedimos el divorcio porque él pasaba de los cincuenta años y yo tenía veintinueve. Con el tiempo, él me puso en su testamento, a pesar de que tuvo un hijo con una chica maravillosa.
-No nos desviemos del tema, Sara, y perdona que vuelva a hablarte del posible egoísmo en la reacción de tus hijos.
-Eso lo dices tú.
-Y a lo mejor otros que puedan leer tus declaraciones.
-La verdad es que me da pena que mis hijos no puedan verme feliz como mujer, porque el amor de un hijo es muy distinto al amor de un hombre. Ya sólo me queda ser feliz como madre, y si después de todo tampoco recibo el cariño de mis hijos, pues que venga ese nuevo Talgo que atraviesa media España, me pongo delante y digo: “Anda, cógeme, porque yo no tengo ya otra salida”


“MIS HIJOS SE ENFADRAN POR ESTAS DECLARACIONES”
-Mira que si tus hijos se enfadan con tus declaraciones…
-¡Para nada! Si lo único que estoy diciendo es la verdad. ¡Pobrecitos míos! Ellos me lo dijeron muy claro desde el primer día: que no aceptaban al “cubano”, como ellos le llamaban.
-¿Cuándo se mudan a tu casa?
-Quieren venirse ya a vivir. Mi hija ha dicho que va a pintar su dormitorio. Cuando ella estaba aquí era de color rosa y luego yo lo pinté salmón. Tiene también una cama maravillosa del siglo diecinueve.
-¿Y quién mandó pintar el dormitorio?
-Lo hice yo, porque cuando se fueron mis hijos arreglé las habitaciones. Puse dos camas en la de Zeus. Aún están durmiendo allí, pero ya van a dejar su casa alquilada porque me estoy gastando un dineral en balde. Me ha costado un ojo de la cara mantenerles fuera.
-¿Quién estuvo más intransigente en su postura, Thais o Zeus?
-Los dos.
-Se habían confabulado.
-Como te decía, se cerraron en banda.
“NUNCA, NUNCA, NUNCA”
-A lo mejor has echado de menos a Pepe Tous en estos días.
-No. Por desgracia, ya hace once años que Pepe murió y nada tiene que ver nuestra vida de ahora. Además, de haber enviudado, él habría rehecho su vida. Lo habíamos hablado veintiocho mil veces. ¡Por favor, si Pepe murió con cincuenta y nueve años!
-Pongamos que Pepe tuviera un nuevo amor, ¿cuál habría sido entonces la postura de vuestros hijos? ¿Crees que hubieran sido tan intransigentes con él como contigo?
-¡Ah! Eso ya no lo sé. El pobre Pepe tendría que verse en esa situación, y ya veríamos.
-Dicen que Thais y Zeus nunca llegaron a cruzar palabra alguna con Tony en todo este tiempo.
-Nunca, nunca, nunca. Recuerdo que mi marido me decía: “Amor, yo no lo comprendo. Está bien que estén enfadados conmigo, pero si tú estás enferma, lo normal es que tus hijos te llamen por teléfono y te pregunten que cómo te encuentras”. Es más, Tony tuvo que acompañarme a una operación muy difícil a la que tuve que someterme y de la que nadie se enteró porque mis hijos no querían estar conmigo.
-Tú siempre has sido una mujer muy familiar.
-Yo me he criado en una familia muy unida. Maravillosa. Tengo sobrinos carnales por los que doy la vida igual que ellos por mí. Entonces, imagínate lo familiar que yo seré con mis hijos.


REPITE UNA Y OTRA VEZ QUE TODO LO HACE POR SUS HIJOS
Damos por concluida la entrevista. Sara repite una y otra vez que todo esto lo hace por sus hijos. La sensación de tristeza es todavía permanente en su rostro. Está vestida con una especie de túnica blanca. Fuma un habano. Muy cerca de ella está su hermana. En silencio. Thais y Zeus ya se han ido. Han quedado para volver. Muy pronto inundarán de nuevo la casa con sus voces y su presencia.
Por los ojos de Sara, bellos y expresivos como nunca, parece pasara la película de ese amor ilusionado que se inició hace dos años por el hilo telefónico, recordando aquella calurosa tarde de agosto junto al palmeral de Elche aguardando la llegada de un Tony asustado y superado –nunca hasta entonces había salido de su Cuba natal- por el momento que estaba viviendo.

HOMENAJEADA AL DIA SIGUIENTE
Un Tony pálido y mareado por el largo viaje, que se tumbaba en un sofá para descansar sin perder de vista a Sara. Unos momentos que parecen pasar deprisa por la retina de la artista. Una ilusión que aún continúa en su corazón al recordar el comienzo de su bonita historia con el joven cubano, sazonada por comentarios de muy distintos sabores. Tuvieron que luchar lo suyo y, al final, lo que creció despacio ha sido ahora cercernado de un tajo. Palabra de Sara.
No quiere hablar ya. No más. Ya tiene un hilo de voz. No está nerviosa y sí segura. Se acomoda en el sofá y se dispone a conversar con una amiga que ha ido a pasar unos días con ella. Cuenta en voz alta y sin miramientos que los nervios le han hecho engordar. Así se lo había dicho el doctor Mariscal, su auténtico “ángel de la guarda”, además de testigo de su boda civil con Tony en el Ayuntamiento de la madrileña localidad de Majadahonda. La misma persona que pasaría a recogerla a la mañana siguiente para acompañarla a tierras onubenses, donde Sara iba a recibir un homenaje.
Las manos de la artista, cuajadas de impresionantes joyas, como siempre, señalan las fotos esparcidas por el abigarrado salón. Imágenes de una vida. Sus hijos, Pepe Tous, Tony, momentos inolvidables y quizá, quién sabe, otros para olvidar. En el ático, en ese mismo lugar donde hace escasos meses Sara celebrada su boda con Tony, se agolpan cuadros y objetos. Casi no cabe un alfiler.

A CARA O CRUZ
Hay silencio en un ambiente que está perfumado con la vitola típica de los momentos trascendentales en la vida de cada uno. Sentido en la elección de Sara sin haber dado oportunidad a los términos medios. No era posible. A cara o cruz. Un peaje de compromiso para alguien que bien podría estar protagonizando en la realidad la gran película de su vida. Una nueva versión de “No sin mi hija”, en este caso sería “No sin mis hijos”.


TICO CHAO
Fotos: VICTOR CUCART


EL RECORTE LIII
...y finalmente se casó con el cubano..... y finalmente se divorció. Entre medias, portadas, entrevistas, exclusivas y horas y horas de televisión. Y artículos de todo tipo. Entre ellos este que le dedicaba la revista Qué Me Dices en 2002, poco tiempo antes de su cuarta boda. Toda una sección llena de ironía y buen humor. (Pinchar en la foto para ver en su tamaño original).





LA FOTO LIII


...y que a nadie se le olvide que Sara fue, sigue siendo una gran estrella, quizá la gran estrella.... Aquí en otra foto de estudio de la Warner Bross.